El penúltimo Tintín (Tintín y los
Pícaros, si exceptuaos el inacabado Tintín y el Arte Alfa), era casi
multicultural. El general Tapioca había pasado de ser dictador a jefe
guerrillero. De ser un Melgarejo (dictador boliviano que declaró la guerra a
Inglaterra e hizo fusilar a su propia camisa) a ser un Fidel Castro, mediaban
treinta años de evolución e, incluso, de cansancio y decepciones de su autor.
Pero, de entre todas las aventuras de Tintín, una especialmente es
habitualmente criticada por los defensores de lo “políticamente correcto” y
partícipes del “pensamiento único”: Tintín en el Congo.
Se trata de una aventura en la
que son evidentes las características de la época en la que Hergé lo diseño:
colonialismo, paternalismo, eurocentrismo, están presentes en cada página del
cómic y, ya sabe, que todo esto, en la actualidad es sinónimo de “xenofobia y
racismo”. En varias ocasiones, ciudadanos africanos residentes en Europa han
denunciado a las autoridades dicho cómic por “xenofobia y racismo”. Obviamente,
las denuncias han sido rechazadas e incluso el propio Hergé, siempre atento a
los cambios de vientos políticos, modificó el cómic en algunos detalles.
