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lunes, 2 de mayo de 2022

ORGANIGRAMA DE LAS IDEOLOGÍAS DE LA MODERNIDAD (4 DE 5) - 6. El “evolucionismo cristiano” de Teilhard du Chardin versus post-humanismo

Lo más sorprendente es que el pensamiento de Teilhard, leído hoy, a pesar de su retórica y de sus ínfulas teológicas y de su loable afán de conciliar “ciencia” y “catolicismo” (que sería algo parecido a querer conciliar la geometría plana con la hidráulica), parece hoy un “pensamiento mágico” en el peor sentido de la palabra. Sin olvidar los puntos negros (o como mínimo conflictivos) de la trayectoria humana de Teilhard (especialmente, su proximidad a fraude del “Hombre de Pildtown” e incluso al casi seguro fraude del “Sinantropus Pekinensis”, no demostrado por “desaparición” de los restos).

El caso es que, a pesar de que el pensamiento de Teilhard parezca (y sea) de otra época, no termina de ser enterrado del todo: en los años 50, cuando el Cardenal Ottaviani ya había abierto “investigación” sobre la obra de Teilhard (en la película -y novela de Morris West- Las sandalias del pescador (1968), su figura aparece como “padre David Telemond”, interpretado por Oskar Werner), su pensamiento estaba “desahuciado” por la Iglesia; lo que no era obstáculo, sino más bien un aliciente, para que Teilhard cimentara su amistad con Julien Huxley, entonces director de la UNESCO. Stanley Kubrick lo rescató como temática de fondo de su película 2001 una odisea espacial (1968): el nacimiento del “niño cósmico” es una idea teilhardiana. Estas dos películas y una promoción en semanarios progresistas, fue lo que aumentó su fama… cuando ya sus teorías eran consideradas por quienes las conocían, como hojarasca intelectual. Al hablar de “nueva era” y evolución, uniendo jerga científica y teológica, interesó a los que se reclamaban de esta corriente, que incorporaron algunas de sus ideas en los años 80. Pero el fondo de las mismas seguía careciendo de bases sólidas. Para colmo, el movimiento transhumanista, ha reavivado la fama de Teilhard. Hoy, puede ser considerado como uno de los vectores del pensamiento moderno. Teilhard es la “medicina” para que los católicos converjan con el transhumanismo.

Inicialmente, Teilhard, teólogo y paleontólogo, afirmaba querer hacer digerible el evolucionismo darwinista con el catolicismo. Faltaba el “eslabón perdido” y se dedicó a buscarlo. De ahí que se viera implicado en el fraude de Pildtown y en el “presunto” fraude del “Sinantropus Pekinensis”. Recibió dinero para sus investigaciones de las grandes fundaciones norteamericanas ligadas a las dinastías económicas, especialmente a los Rockefeller. Su idea era que la evolución de la humanidad no ha terminado, sino que prosigue… ¿hasta cuándo? Hasta que la humanidad alcance el “punto Omega”, fin de la evolución. ¿Y cuándo será eso? Cuando la totalidad de la humanidad se identifique con “el Cristo cósmico”. A esta evolución hacia el “punto Omega”, Teilhard le llamaba “cristogénesis”. ¿Cómo la concebía? Respuesta: Cristo encarnado en una humanidad que, teniendo conciencia de sí misma, y siguiendo la lógica evolutiva -siempre en busca de estadios más avanzados y perfeccionados de desarrollo- termina identificándose con Dios. Del “alfa” (el primate), hemos acabo en el “omega” (el cristo cósmico o la perífrasis simbólica de una “humanidad cristificada”). No hay, pues, problema, porque la “evolución” hará que todos, usted y yo, y el vecino del quinto, nos convirtamos en “Cristo”, de aquí a poco…

El problema no es solamente que, tal como declaró la Iglesia en 1962, “... en el plano filosófico y teológico, sus obras están repletas de ambigüedades e incluso errores graves que ofenden a la doctrina católica”, sino que, ni siquiera era un pensamiento original, sino que había surgido de distintas fuentes que, o bien eran prácticamente desconocidas en Europa (porque procedían de círculos rusos poco accesibles) o bien eran de matriz ocultista (como veremos), o bien eran meras divagaciones personales (como su idea de que el “espíritu” -el alma- es “materia evolucionada”).

- La noción de “noosfera” (la “esfera del pensamiento”), en la que, según Teilhard, se desarrolla la actual etapa de “evolución” de la humanidad, no es suya. Ha sido tomada prestada -como hemos visto- del cosmista Vladimir Ivanovich Vernadski.

- La noción de “Cristo Cósmico” y de “Punto Omega” deriva de otro sacerdote católico, atraído por el ocultismo en el siglo XIX, el abate Roca, hoy completamente desconocido y que resultó suspendido a divinas tras el Vaticano I al declararse contrario al dogma de la infalibilidad papal.

Roca, en efecto, pertenecía a los círculos rosacrucianos franceses de finales del XIX. Sacerdote en Francia, al proclamarse la Tercera República pasó a Barcelona, cuando ya había adquirido ideas liberales, socialistas y anticatólicas, por las que sería sancionado por el obispado de la Ciudad Condal. Al volver a Francia, ya desvinculado de la Iglesia propuso ideas en las que auguraba la llegada de un “mundo nuevo” a través de un proceso de renovación a través de la “ciencia” (positiva y “oculta”). Roca aludía al “Cristo esotérico”, pero su concepción era muy parecida a la de Teilhard. Al morir, los medios ocultistas parisinos colocaron está lápida sobre su tumba: “Abate Paul Roda – Apóstol y mártir de Cristo Espíritu de la Humanidad”. Pues bien, esa idea del “Cristo Espíritu de la Humanidad” fue recuperada por Teilhard, enunciada de nuevo con mayor elegancia, presentada como una confluencia, no entre “Cristo” y el “ocultismo”, sino como la unión de la idea científico-evolucionista con la idea teológico-religiosa. Roca podría firmar el Himno a la Materia escrito en 1961 por Teilhard: Bendita seas, universal Materia, duración sin límites, éter sin orillas, triple abismo de las estrellas, de los átomos y de las generaciones, tú que desbordas y disuelves nuestras estrechas medidas y nos revelas las dimensiones de Dios”.

En El fenómeno humano, escrito en 1955, Teilhard menciona a Julien Huxley: “El hombre descubre, según la vigorosa expresión de Julien Huxley, que no es otra cosa que la evolución que llega a ser consciente de sí misma…”. Teilhard comparte esta visión en esa época: ha conocido personalmente a Huxley y ambos están unidos por una sensación de ser “almas gemelas”: el materialista ateo cientifista y el cientifista creyente teólogo, tienen conciencia de ir en la misma dirección. ¿Cuál? Que nos acercamos a una “nueva era” en la que la “evolución” proseguirá hacia su fin último: uno lo llamará “Cristo cósmico” y el otro considerará que, mediante la “eugenesia” puede acelerarse la evolución y mejorar sus performances físicas, intelectuales y biológicas. En ambos casos, de lo que se trata es de que la “humanidad” tome el “control de su desarrollo evolutivo”.

Teilhard y Huxley se conocieron en 1946 en París. Huxley dice de aquel encuentro: “él y yo estábamos en la misma búsqueda y habíamos estado persiguiendo caminos paralelos desde que éramos jóvenes a los 20 años”. Ambos son, en efecto, “humanistas”, ambos son “progresistas”, y, además, “evolucionistas” y “cientifistas”. Huxley atribuye a Teilhard la invención del término “noósfera” (cuando, la paternidad indiscutible corresponde a Vernadski). Hicieron buenas migas a partir de entonces. No es raro que, décadas después, la organización fundada por Huxley, dedicara un número de su revista, El Correo de la UNESCO, a Teilhar (el correspondiente a noviembre de 1981, año XXXIV)

La idea dominante en ambos y lo que, en el fondo, les hermana es que comparten su “fe” en el “padre” (el materialismo y/o la materia) y en el “espíritu santo” (el progreso). Teilhard (a diferencia del abate Roca, que se declaraba “socialista”), evitó asumir el socialismo y el marxismo como doctrina (si bien el Partido Comunista Francés, mediante su, entonces, ideólogo, Roger Garaudy, intentaron “recuperar” y “reciclar” a Teilhard). A pesar de no militar en el marxismo, había escrito en 1933: “En mi opinión es el comunismo el que, cada vez más, en la hora actual, representa y monopoliza el verdadero crecimiento humano”. Muere interesado por el marxismo, pero no como un movimiento “obrero revolucionario”, sino ¡porque es una doctrina que alude al “aspecto evolutivo” de la sociedad humana! No considera que el “hombre” y el “obrero” estén alienados, como pensaba Marx, sino que están “inacabados”. No importa: la evolución concluirá su obra. Si la obra de Huxley puede resumirse en uno de sus títulos, “religión sin revelación”, la obra de Teilhard podría resumirse así: “teología evolutiva”. No es raro que ambos se entendieran bien: sus pensamientos eran complementarios, solo que cada uno enunciado para un tipo diferente de “audiencia”.

Todo esto explica la posición que ocupa el pensamiento de Teilhard en la encrucijada de ideas de la modernidad:

1) De Teilhard al mundo católico -> Por una parte, su pensamiento arranca del materialismo y el evolucionismo a los que presenta de una manera que resulta aceptable para los católicos. Y esto es importante, porque en Occidente y, a pesar del creciente debilitamiento de la Iglesia desde el Vaticano II, la principal fuerza de oposición al materialismo y al progresismo, era el universo católico.

2) De Teilhard hacia la “contracultura”, luego a la “New Age” y, finalmente al “Trans-Humanismo” -> Sorprendentemente, a pesar de su endeblez doctrinal y teológica, el pensamiento de Teilhard, una vez fallecido, fue aupado por sus partidarios primero hacia la “contracultura”, por sus connotaciones progresistas y su augurio de una “nueva era”, y, finalmente, por una visión del Punto Omega que es, justamente, la misma que han adaptado los doctrinarios transhumanistas: la evolución sigue, ahora somos dueños de la evolución y “la vamos a acelerar”. Esta idea es la que, enunciada de distintas formas, une a estos tres movimientos

3) El pensamiento de Teilhard se forma a partir de tres fuentes esenciales:

- el “ocultismo cristiano” (Abate Roca, que fue el primero en soñar la posibilidad de encajar progresismo, evolucionismo y “cristianismo auténtico”),

- las ideas evolucionistas de Darwin (que aspira a enlazar con la teología) y

- aspectos del “cosmismo ruso” (la idea del a “noósfera” de Vernadski) que quería hacer encajar con su “cristología” evolutiva.

Por todo ello -insistimos, a pesar de la debilidad estructural de su pensamiento, Teilhard, sigue inspirando -y es el recurso habitual- para los doctrinarios de la modernidad que utilizan su jerga para vehiculizar sus ideas, en especial, hacia sectores católicos, tratando de darle algo de “profundidad” y solvencia.

Dentro del movimiento Trans-humanista, Teilhard ha influido en el llamado “sector post-humanista” que ha recuperado sus tesis sobre el Punto Omega, limitándose a eliminar la referencia al “Cristo Cósmico”, pero manteniendo el mismo concepto teilhardiano: la humanidad evolucionará en la cuarta revolución industrial hacia el trans-humanismo, pero en el límite de este, será posible prescindir del cuerpo físico, para crear una “conciencia colectiva” que esté en contacto con el Universo y podamos tener acceso a “universos paralelos”. Lo que para Teilhard es la “humanidad cristificada” y llegada al punto límite de la evolución, se convierte en “información” para los post-humanistas: allí en donde ya no interesa lo humano, sino los “datos”, lo importante no será la biología, ni la espiritualidad, sino los bytes y la conciencia colectiva de la humanidad, trasladada a través de interfaces, de la conciencia individual de cada uno de sus integrantes, a la “nube” que terminará fusionando todos los “datos” de todos los, hasta ese momento, humanos, se transformará en “conciencia colectiva” y se fusionará con el universo permitiendo conocer todos sus secretos y posibilidades. ¿Y “lo humano”? ¿para qué querríamos lo humano que ha quedado atrás en el proceso evolutivo? Más allá de lo humano están los datos, la información, los bytes.

Se entiende el por qué Teilhard y Huxley sintonizaron tan bien: Huxley identificaba a “Dios” con la “conciencia del universo” y buscaba unificar al ser humano con la divinidad. Su único problema es que era ateo… Y entonces llega Teilhard y le plantea: El “universo” es Dios Padres, el Hijo son los “seres humanos”, el Espíritu Santo es el progreso que inevitablemente terminará llevando a lo humano hasta su plenitud: Dios. Huxley identificó esta misma idea en su obra Religión sin revelación. Ambos lo que pretenden es que, a través de la “evolución” y del “progreso”, el Homo Sapiens, se transforme en Homo Deus. Y así, ambos se dieron la mano y mantuvieron una estrechísima amistad que se prolongó hasta la muerte de Teilhard en 1955. 








 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

365 QUEJÍOS (213) – TRANS-HUMANISMO Y POST-HUMANISMO (3)


¿Cuáles son las fuentes del trans-humanismo? Si tenemos en cuenta de que en la actualidad, el trans-humanismo se plantea desde distintos sectores, podemos hablar de una “corriente filosófica”, otra “corriente científica”, una “corriente mística” y, finalmente, una “corriente ecológica”. Cada una de estas corrientes tiene distintos orígenes y, a pesar de que se etiquete a todas ellas como “trans-humanismo” lo cierto es que se trata de corrientes muy diferentes, si bien, todas ellas parten de la posibilidad de superar a lo humano. Tras esta entrega nos quedarán otras dos: un juicio crítico sobre el trans-humanismo y definir el concepto de post-humanismo.

La corriente científica

Es, con mucho, la más interesante y, también la que tiene campos de estudio más diversos y prometedores. Todos ellos parten de la posibilidad de mejorar las condiciones de vida del ser humano mediante el método científico aplicado a sus distintos campos. Por una parte, incluye a tecnologías para evitar el envejecimiento, mantener la salud corporal mediante la aplicación de prótesis y organismo sustitutorios de otros dañados, aplicaciones de la ingeniería genética, de la nanotecnología, la robótica, perfeccionamiento de la realidad virtual, colonización espacial, etc. Esta corriente aspira, en buena medida, a reinterpretar las corrientes eugenésicas pero en clave técnica.

A pesar de basarse en el método científico y en la investigación tecnológica, algunos elementos de esta corriente pueden considerarse inspirados por las novelas de Aldous Huxley y de H.G. Wells. En la actualidad, los laboratorios de Silycon Valley, las aulas de Pincetown o los gabinetes en los que se investiga sobre “ciencias de vanguardia” es donde, en mayor o menor medida, aparecen ideas trans-humanistas (o interpretados en clave tran-humanista).

La corriente mística

Apareció vinculada a dos medios sin relación entre sí: por una parte, los grupos ocultistas herederos de la teosofía del siglo XIX basada en la creencia de que estamos atravesando un cambio de “era”, pasando de la Era de Piscis a la de Acuario, tránsito que entraña todo un cambio de valores y el hecho de que, a partir de ahora, la inmortalidad ya sea posible. La otra corriente deriva de la teología católica: parte de la base de que la humanidad sigue evolucionando hasta llegar al “Punto Omega” en el que alcanzará el estado del “Cristo Cósmico” su estado más alto de evolución con la identificación con la figura de Cristo.

Así pues, esta corriente deriva especialmente de la Blavatsky en su parte ocultista y del padre jesuita, teólogo y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin que le dio un soporte presentable entre los católicos e intentó hacer digerible para ellos el evolucionismo darwiniano.

La corriente filosófica

Aparece a finales del siglo XIX cuando algunos filósofos, sin relaciones entre sí, empiezan a cuestionarse el concepto de lo humano (Nietzsche) o bien a plantear lo que supone la inmortalidad como “revolución” definitiva. Estos últimos sostienen que todo sufrimiento es involuntario y puede ser eliminado mediante la aplicación de una ética basada en la tecnología. Las cavilaciones de esta corriente giran en torno a lo que supone la inmortalidad.

Se afirma especialmente con Fiodorov y con los “cosmistas” rusos, verdadera secta que actuó en el interior del Partido Comunista de la URSS en los primeros años de la revolución. Algunos exponentes de esta corriente sostenían que el secreto de la inmortalidad está en la sangre y que las transfusiones continuadas de sangre entre todos los seres humanos lograría alcanzar la inmortalidad al sumar las posibilidades de vida de cada individuo.  

La corriente ecológica

Aparece a partir de los teóricos de “Gaia” que parte de la base de que la tierra es un ser vivo que cuando se ve agredido, se defiende y que tiende a desarrollar sobre todo tecnologías medioambientales. De la misma forma que la Tierra “agrede” a los que la erosionan, tendería a favorecer a una humanidad reconciliada con ella.

Todos los partidarios de la “hipótesis Gaia”, herederos de la obra de James Lovelock, pueden considerarse en mayor o menor medida como “trans-humanistas”.

*      *      *

Sería un error pensar que cada una de estas corrientes es nítida y con los contornos bien definidos. En realidad, personajes como Teilhard de Chardin se sitúan a medio camino entre el universo “mágico” y el “científico”. Otros como Fiodorov y sus partidarios, parten de la filosofía para acabar en la “mística” y los hay que realizan un viaje en sentido opuesto: partiendo de posiciones ocultistas intentan reconstruir una ética filosófica adaptada a la “nueva era”. Los ecologistas aspiran a aplicar soluciones científicas para remediar el deterioro del medio ambiente, pero también tienden a desarrollar una “ética del medio ambiente”. Otros, partiendo de principios científicos darwinistas, combinándolos con doctrinas eugenésicas desviadas del tronco central, derivan hacia interpretaciones filosóficas…



Así pues, podemos definir el transhumanismo como un movimiento poliédrico, en absoluto unificado que tiende, desde distintos puntos de vista a pronosticar y preparar el advenimiento de un nuevo ciclo histórico caracterizado por la eliminación de las limitaciones que hasta ahora han sido propias de la naturaleza biológica del ser humano.

Ciertamente, no todos los científicos que en estos momentos están trabajando en los campos más prometedores e innovadores comparten estas posiciones: pero si que es cierto que los “gurús” de cada campo tienden a dar a las investigaciones en su terreno el rasgo de una verdadera revolución que determinará una mutación de la humanidad.

¿Hasta qué punto pueden ser tomadas en serio estas afirmaciones? ¿Qué implican en realidad? ¿Cómo puede juzgarse todo este movimiento? ¿Hasta qué punto puede ser tomado en serio o considerarse como un “signo de los tiempos”?