La muerte de todo ser humano es
triste y suele aprovecharse para loar sus cualidades, reales o inexistentes. Es
el caso del boxeador negro norteamericano CasSius Klay, más conocido a partir
de su conversión a los “musulmanes negros” como “Mohamed Alí”. Los medios de
comunicación han optado por silenciar que el “islam” al que perteneció era una
secta que tiene poco que ver con la doctrina de Mahoma y con cualquier
interpretaciones sunnita o chiíta. Se trata simplemente de una locura sectaria
“islamizada”.
Aquejado de parkingson y en los
últimos tiempos de Alzheimer, el venerable y decrépito, inofensivo anciano que
falleció el 3 de junio pasado, tenía poco que ver con el insolente, orgulloso,
violento y sectario, boxeador que fue en su juventud. Eran los primeros años
60: el presidente Kennedy había apostado por los “derechos civiles” de los
ciudadanos de color y sus partidarios entre la comunidad negra de los EEUU no
eran siempre moderados ni pacifistas seguidores de Martin Luther King. El Black
Panther y la ideología del “black power” estaban naciendo, pero había un
movimiento que tenía ya unas décadas de existencia: la Nación del Islam y que
fue al que se incorporó Clay en 1964.
