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martes, 6 de octubre de 2020

"LACONSPIRACION ABIERTA" (3 DE 3) - CÓMO HA INFLUIDO LA OBRA DE WELLS EN LA MODERNIDAD?

 

Vale la pena hacer un inciso en este punto. Con frecuencia se ha atribuido a la Sociedad Fabiana una importancia desmesurada. Pero, en realidad, los horizontes de sus miembros fundadores solamente llegaban a ser una alternativa estratégica para la transformación de una sociedad democrática y capitalista, en sociedad socialdemócrata, mediante la aplicación de reformas graduales realizadas, especialmente, en los ayuntamientos (como hemos dicho se le llamó “socialismo municipal”). No parece haber nada conspirativo, ni nada oculto en esta intención, sino que, más bien, demuestra ser una variante pequeño-burguesa de la socialdemocracia, lo más a la que podían llegar unos honestos y altruistas burgueses medios en el período post-victoriano.

Ahora bien, la importancia de la Sociedad Fabiana no deriva de sus teorías, sino de tres factores completamente diferentes:

- La creación de la London Economic School que se convirtió en la escuela por la que pasaron los hijos de las dinastías económicas de todo el mundo. La institución, pronto adquirió prestigio y nunca olvidó en su plan de estudios el formar promociones inspiradas en los principios de la Sociedad Fabiana y del propio Wells. Es a través de esta School que los principios del “socialismo gradualista” y las obsesiones del matrimonio Webb, de Bernard Shaw y de Wells, llegaron a las mentes de los hijos de los hombres más poderosos del mundo.

- La marcha de la Guerra Fría que en 1959 obligó a la socialdemocracia alemana (SPD) a enunciar el llamado “programa de Bad Godesberg”. Por primer vez, un partido socialista, renunció a sus principios extraídos directamente de las obras de Carlos Marx y de Federico Engels, y se declaró partidario de armonizar capitalismo y socialismo. Hubo que esperar quince años para que los principios enunciados en Bad Godesberg llegaran a España y, concretamente, al PSOE en el Congreso de Suresnes. En cualquier caso, los promotores de estos cambios en el socialismo mundial se habían formado en las aulas de la London Economic School.

- La revaloración del socialismo utópico después de mayo del 68 que se muestra también en las propuestas ecologistas y en la aparición de partidos ecologistas o en movimientos como la New Age que aspiraban a realizar un “cambio gradual”. Personajes como Wells habían bebido, más que en las fuentes de Marx y de los clásicos del socialismo científico o de la socialdemocracia, en las de los últimos socialistas utópicos británicos: Ruskin y Morris.

Obviamente no puede atribuirse al matrimonio Webb, a la Sociedad Fabiana o al propio Wells responsabilidad y voluntad de que las cosas sucedieron como lo hicieron a partir de 1945. Lo cierto es que los fabianos planificaron un cambio en la sociedad… que, efectivamente, se produjo pero no en la dirección que ellos aspiraban. Este proceso suele ocurrir en el devenir histórico: si las conspiraciones a largo plazo son imposibles de realizar se debe a lo que en filosofía se llama “heterotelia de los fines”: en efecto, siempre, sin excepción, cuando un plan de reformas en profundidad se pone en marcha, el resultado al que se suele llegar es completamente diferente al que sus promotores pensaban inicialmente.

Desde luego, no es por casualidad que las élites económicas mundiales que han modelado el mundo de la segunda mitad del siglo XX y el proceso globalizador que se dio después de la caída del Muro de Berlín, estén inspiradas en principios que encontramos con facilidad enunciados por la Sociedad Fabiana y por Wells (una especie de “despotismo ilustrado” en versión siglo XXI). Pero ese “despotismo ilustrado” que encuentra en las obras de estos intelectuales su justificación no es exactamente el que sus creadores tenían en mente. Para ellos, era necesario aumentar el papel del Estado y su presencia especialmente en las industrias estratégica, sin embargo, en la actualidad, lo que estamos viento es justo lo contrario: una desregulación absoluta, la privatización de la inmensa mayoría de servicios y la renuncia del Estado a alcanzar mayores niveles de justicia social y distribución de la riqueza.

Ahora bien, ¿cuál es el papel de la obra de Wells (y, por extensión de los fabianos) en todo este proceso? Es muy simple: en el Reino Unido de los últimos años del siglo XIX y del primer cuarto del siglo XX, aparecieron una serie de autores que integraron elementos procedentes de muy distintos orígenes:

1) El deseo de llegar a un mundo más equitativo que yacía en el interior de los Webbs, Bernard Shaw o Wells.

2) La tendencia que empezaban a estar de moda y que proponían la organización del mundo por encima de los Estados Nacionales.

3) La aparición de corrientes neoespiritualistas que llevaban estos principios al universo del misticismo, empezando por la Sociedad Teosófica y sus derivaciones, Khristamurti (el “gurú de los millonarios”) y las tesis de Alice Ann Bailey y que proponían “una nueva religión mundial para la Nueva Era”.

Durante el primer tercio del siglo XX estos movimientos tuvieron pocas repercusiones a nivel popular, pero fueron fermentando en círculos elitistas encerrados en sí mismos. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial salieron a la superficie y cristalizarían en distintas iniciativas internacionales (concretamente en la Organización de las Naciones Unidas y en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) cuya importancia fue creciendo en las décadas posteriores y hasta llegar al siglo XXI.

Estas organizaciones nacieron con la voluntad de “unificar al mundo”. En ellas se percibe perfectamente, que fueron la cristalización de las doctrinas elaboradas por Wells en La Conspiración Abierta. Y, sin embargo, el mundo siguió siendo cada vez más violento, inestable e injusto: ¿muestra del fracaso de estas teorías? En absoluto, muestra dos cosas: en primer lugar, la aludida “heterotelia de los fines” y, en segundo lugar, y muy especialmente, el que el Nuevo Orden Mundial que se impuso a partir de 1945 estaba formado por una doble tenaza:

- de un lado la carga emotiva y sentimental de ideas, sugestiones y principios ideales, idealizados e idealizadores que están presentes en documentos como la Carta Fundacional de las Naciones Unidas o en la Declaración de Derechos Humanos de la UNESCO o los principios del llamado  “Derecho de Núremberg” que anteponían consideraciones superiores y límites a la soberanía nacional.

- de otro lado, las necesidades de la estructura más fuerte que anidaba en el interior del “mundo libre”: la estructura capitalista de la sociedad que fue evolucionando progresivamente en el período 1945-1989, pasando del capitalismo industrial clásico al capitalismo multinacional y, a partir de 1989 a una economía globalizada (eliminada la concurrencia del enemigo comunista), en la que el sector financiero –y no el productivo- se convirtió en determinante.

No es que los “capitalistas” actuaran de manera conspirativa: en realidad, lo que ocurría era que el propio capitalismo se regía por sus leyes internar y marchaba de manera irremediable a sus últimas finalidades (una creciente acumulación de capitales cada vez en menos manos). Es cierto que han existido y existen organizaciones en las que las élites capitalistas se reúnen periódicamente y que son, en el fondo, el Estado Mayor de la plutocracia: la Comisión Trilateral, el Club de Bildelberg y media docena de organizaciones menores del mismo estilo (desde el Foro de Davos, hasta el Club de Roma, desde la Pilgrims Society hasta el Word Economic Forum, desde el Council on Foreing Relations hasta el Instituto de Estudios Estratégicos).

En general, estos grupos –al menos los más significativos de ellos, el Club Bildelberg y la Comisión Trilateral- se configuran como clubs de encuentro e intercambio de información entre políticos, plutócratas y magnates de la comunicación. Su tarea, contra lo que se ha dicho, no es “programar el futuro”, sino “seguir la evolución del capitalismo”: única posibilidad para salvaguardar sus intereses, dado que el “sistema económico mundial” ha dejado de estar controlado por un Estado o un grupo de familias y es más bien un “sistema” autónomo que se rige por una lógica y unas leyes internas que escapan a todo control. En estas conferencias, se realizan aproximaciones a las situaciones reales de tal o cual marco geográfico, de tal o cual sector económico, y se “aconsejan” políticas y actitudes, se “presentan” a políticos que reciben las bendiciones de los “señores del dinero” o se condenan determinadas vías económicas. A partir de ahí, cuanto termina la reunión, cada uno de los asistentes sabe cuál es la “tendencia” que el mundo del dinero habrá “bendecido” y qué principios hay que apoyar. No es que el empresario o el país, el medio de comunicación o el político, que se resistan a ir por esos caminos, o que crean que pueden obtener mayor rentabilidad con otros enfoques vayan a ser malditos y condenados al ostracismo: es que siempre la vía más segura es la que acepta la mayoría.

Obviamente en este tipo de foros el mayor o menor poder o influencia vienen determinados por la mayor o menor concentración de capital que cada uno de los asistentes tiene detrás, respaldándolo. No es una “conspiración”: la historia demuestra que por mucho que se haya programado una revolución o un movimiento de cambio alternativo, los factores que entran en la ecuación y que definen el destino del proyecto son tales que siempre, inevitablemente, se producen alteraciones. Una simple sequía, una catástrofe natural, una epidemia inesperada, un movimiento de masas que puede aparecen aquí o allí, la desigual integración de representantes de unos países u otros en estas asociaciones mundialistas, hace imposible que se puede planificar a largo plazo y con seguridad absoluta.

No, lo que han hecho las élites mundialistas –especialmente a través de la UNESCO- es aprovechar las ideas de Wells para dar un contenido emotivo y sentimental a sus propuestas, dando la sensación de que se trata –como decía Wells- de iniciativas para “asegurar la paz mundial”, “crear condiciones para una época de progreso ilimitado” o “garantizar la defensa de los derechos humanos”… pero los alumnos salidos de la London Economic School tienen unos diseños mucho más prosaicos: obtener la máxima rentabilidad con el mínimo esfuerzo. A ellos no les interesa ni la “religión mundial”, “ni el gobierno mundial”, ni la “unificación mundial de pueblos y razas”. Lo que ocurre es que estos principios constituyen el telón tras el cual, va progresando una sociedad cada vez  más inestable –a la que nos está llevando la lógica interna del sistema capitalista incontrolable- que, lejos de haber “democratizado el poder y la soberanía” como pretendían los fabianos y Wells, ha ocurrido justo lo contrario.

En realidad, las teorías de Wells se han impuesto, pero no es la forma en la que él mismo pretendía: ciertamente, los Estados están debilitándose más y más y, por tanto, no asumen lo que Wells consideraba una necesidad (el que el sector estratégico de la industria estuviera en sus manos). Sin embargo, si sustituimos la idea del “Estado” por la de “estado mayor del dinero, la política y la comunicación”, veremos que, efectivamente, cada vez más la mayor parte de actividades que Wells atribuía a los Estados están en manos de esa pequeña élite que, a fin de cuentas, es la que posee la “soberanía real”.

Por supuesto, esta élite practica una especie de “despotismo ilustrado” de baja catadura: se muestra como generosa y filantrópica, está dispuesto a dar al “pueblo” lo que el pueblo “pide”, especialmente si se trata de productos culturales de mala calidad, coberturas sociales que impliquen “discriminación positiva” y todos aquellos beneficios a los grupos étnicos, culturales, religiosos y sociales que marchen en la dirección de la globalización y de la “unificación mundial” (religiosa, étnica, cultural, política…) y solo en la medida en que esas migajas tienen la forma de anestésicos.

Wells y los Fabianos, lo único que hicieron fue, a través de sus teorías y de libros como éste que presentamos a continuación, los elaboradores de una teoría “hiperhumanista” y “mundialista” que ha dado cobertura ideológica a la peor forma de explotación que jamás haya visto la historia.

viernes, 2 de octubre de 2020

LA CONSPIRACION FRANCA. (...O LOS VERDADEROS PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SIÓN) 1 DE 3

Introducción

La reedición de esta obra, publicada en castellano, inicialmente en 1930, traducida por Cansinos-Assens y que hemos respetado, variando solamente algunos arcaísmos, figura entre las menos conocidas y las más polémicas del genial novelista. Hoy solamente se acuerdan de ella aquellos que, o bien están realizando una tesis doctoral sobre H. G. Wells, o bien tienen algún tipo de curiosidad conspirativa o conspiranoica. Es por esto, por lo que la hemos traído en la colección de EMInves “Conspiranoia” y, sin duda, por lo que la hemos subtitulado “Los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión” aludiendo a que todo lo que en este libro está claro y asumido por su autor, original en su concepción, en el documento que inspiró buena parte del antisemitismo contemporáneo es ambiguo (se ignora su origen aunque pocos dudan que se trate de una mistificación), de origen desconocido (si bien se ha tratado con bastante fundamento de echarlo a la espalda de la Okrana, la policía zarista) y, en el fondo, no pasa de ser una adaptación de una novela anterior, el llamado Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Así pues, uno es indubitablemente un documento “auténtico” y el otro una falsificación. Ambos, en el fondo tienen un único leit-motiv, definir cómo será el mundo futuro y de qué manera se marchará hacia él. Las dos obras son consideradas como puntales del “nuevo orden mundial”, pero sólo uno lo es verdaderamente: La Conspiración Abierta (cuyo título original era The Open Conspiracy) escrito por Herbert George Wells.

Para situar esta obra y establecer su importancia, consideramos absolutamente necesario presentar esta introducción que tiende a valorar la obra en sí misma, la personalidad de Wells y el contexto ideológico en el que se movió. Así se comprenderá mucho mejor y se podrá situar de manera ponderada La Conspiración Abierta, un libro que, además de estudiosos de la obra de Wells y conspiranoicos empedernidos, también han leído y conocer los constructores del “nuevo orden mundial”.

¿Quién fue H.G.Wells?

El autor de La Conspiración Abierta es más conocido por sus obras de ciencia ficción escritas en un inglés que mejora con las traducciones. En efecto, Wells nunca tuvo un estilo literario excesivamente brillante; su fama deriva, más bien, de lo original, polémico e innovador de sus tramas. Si Julio Verne puede considerarse como el autor de novelas de anticipación sobre el siglo XX, Wells, en cambio, es por derecho propio, el fundador de la ciencia ficción moderna. Su obra La Guerra de los Mundos pasará a la historia como la primera gran novela en la que los que seres procedentes de un mundo exterior invaden la Tierra. Sin embargo, aun a pesar de que H.G. Wells pase a la historia de la literatura universal por sus novelas de ciencia ficción, en realidad, le correspondería un sitial preferente en el panteón de quienes aportaron ideas para reorganizar a la humanidad en los siglos venideros. Dos de sus obras, The New World Order (El Nuevo Orden Mundial) y la que aquí presentamos, The Open Conspiracy (La conspiración abierta o La Conspiración Abierta) diseñan con precisión el mundo del futuro: el que estamos viviendo en 2018. Y fueron escritas respectivamente en 1940 y 1928…

Resumimos los datos sobre un autor tan sorprendente como paradójico. Nació en Kent el 21 de septiembre de 1866 en el seno de una familia antaño perteneciente a la burguesía media que se había ido empobreciendo y que apenas se ganaba la vida con una modesta tienda de pocos ingresos. Este origen social y las penurias que recordó desde su infancia concedieron a su pensamiento un carácter “social” que tuvo buena acogida en los ambientes que fue conquistando a medida que aumentó su éxito como escritor y que explican la evolución y el destino de su pensamiento político.

Cuando apenas tenía ocho años, un accidente cambió su vida para siempre. Se rompió una pierna y debió quedarse en cama durante varias semanas. Su padre le traía libros de la biblioteca para que se entretuviera. A partir de ahí, entrevió su porvenir como escritor. Poco después, su padre sufriría un accidente y toda la familia debió buscar trabajo para asegurar ingresos en el hogar familiar. Los trabajos que recuerda de esa época los plasmó en distintas novelas: en todos ellos demuestra ese “sentido social” que había adquirido por su origen y situación económica. En 1884 ingresó con una beca en el Royal College of Science, permaneciendo allí tres años bajo la tutela de Henry Huxley. Sus estudios y lo exiguo de la beca hicieron que los tres años que prolongó sus estudios en esa universidad fueran extremadamente penosos por la falta de recursos económicos, retroalimentando su afán de justicia social. De ahí su ingreso en la Debating Society, un club juvenil, en el que propone transformaciones sociales profundas que, igualmente, postula en la revista The Science School Journal de la que fue cofundador y en la que publicó por entregas su primera novela: La máquina del tiempo (1895). Ahí demuestra que ya por entonces era un izquierdista convencido. La novela trataba fundamentalmente la lucha de clases. Los hermosos Eloi eran descendientes de los antiguos capitalistas, y los Morlocks de los proletarios, enterrados junto con las máquinas y la industria y que, en la novela, acaban por dominar a sus antiguos opresores. Las bases de la moderna ciencia ficción estaban lanzadas en plena era victoriana. Unos años después Wells criticaría también la hipocresía de la época victoriana.

Tras perder la beca abandonó sus estudios de geología, pero luego pudo graduarse en zoología en Londres. Tras establecerse en esta ciudad empezó a dar clases y fue uno de los fundadores y primer presidente de la Royal College of Science Association, siendo su primer presidente.

Se casó y tuvo un hijo. Una dolencia pulmonar le obligó a abandonar sus tareas docentes y dedicarse por entero a la literatura. En este sentido, cabe decir que fue un prolijo escritor con más de cien títulos publicados. Entre sus obras más famosas figuran La máquina del tiempo (1895), su primera novela que constituyó un gran éxito y en la que ya realizaba una mixtura entre política, ciencia y literatura; más éxito aún tuvo El hombre invisible (1897) y las dos que siguieron: La guerra de los mundos (1898) y Los primeros hombres en la luna (1901). Sobre esta última, el ingeniero aeroespacial Werner Von Braun, director del programa Apolo que llevó a un hombre a nuestro satélite, reconoció que se había inspirado en ella para encontrar su vocación. En 1970, un cráter del lado oscuro de la Luna recibió el nombre de “H. G. Wells”.

El elemento esencial de estas cuatro novelas (que han sido llevadas al cine en varias ocasiones y con distintas fortunas) es la anticipación, la ficción tecnológica y lo que en la actualidad se conoce como “ciencia ficción”. Habitualmente este género ha servido para realizar perífrasis simbólicas sobre el mundo futuro, advertencias sobre los riesgos que corre la humanidad o bien ideas político-sociales encubiertas con el manto de la ficción. Pero, como podía esperarse por los antecedentes sociales y familiares de Wells, cuando hubo asentado su fama, se dedicó particularmente a escribir novelas sobre problemas sociales. Contra lo que cabría pensar, Wells no fue nunca un hombre de partido, pocas veces se afilió a una organización con pretensiones reformistas, ni cuando lo hizo, duró mucho tiempo. Su carácter era independiente e individualista y, aún hoy se discute si era más “social” que “socialista”. En cualquier caso, es rigurosamente cierto que perteneció a una corriente del socialismo británico (del Labour Party): el “socialismo fabiano”.

Antes de incorporarse a esa iniciativa, llamó la atención por publicar distintas novelas en las que retrataba la inestabilidad de las clases medias, las más afectadas en momentos de crisis y con cuyos problemas él, personalmente, se identificaba. Los protagonistas de este ciclo (Love and Mr. Lewisham en 1900, Kipps, the Story of a Simple Soul cinco años después y Mr. Polly en 1910, son novelas protagonizadas por gentes que aspiran a progresar socialmente, pero que, una y otra vez, fracasan y se estrellan), novela de extenso retrato de los personajes en la que, como en Kipps, describe con fina ironía el fracaso de las aspiraciones sociales de sus protagonistas irremediablemente. Se trata de relatos, casi humorísticos o, más precisamente, novelas de humor negro, a las que seguirán relatos amputados de esa componente irónica y netamente anticapitalistas.

El primer relato de este tipo es Ana Verónica (1909), una extraña novela en la que se pone del lado de las sufraguistas y asume la defensa de los derechos de la mujer. En ese momento, Wells se encontraba muy cerca de Annie Besant, segunda presidenta de la Sociedad Teosófica que, además de su vertiente ocultista, estaba caracterizada por ser una de las abanderadas del protofeminismo de la época y se reconocía en posiciones “socialistas”. Wells debía compartir también esas posiciones porque ese mismo año publica Tono Bungay que puede considerarse como su primer gran ataque al capitalismo industrial. A pesar de estas tendencias, lo cierto es que en su vida personal, las mujeres que “conquistó” las consideró como simples objetos sexuales.

A continuación manifestará sus reflexiones sobre la Primera Guerra Mundial en Mr. Britling va hasta el fondo (1916). Luego, en 1920, publicará junto a Julian Huxley una ambiciosa Historia de la Humanidad.

Al final de la primera postguerra, Wells empieza a reflexionar sobre el futuro de la humanidad. Es perfectamente consciente de que las destrucciones operadas a lo largo del conflicto que ensombreció a Europa entre 1914 y 1918 pueden volver a repetirse y, sin duda, serán todavía más destructivas. La supervivencia de la sociedad se convierte en el llamado “período de las entreguerras” en una verdadera obsesión para él. Y eso fue lo que le llevó a la Sociedad Fabiana.

A pesar de sus propuestas en positivo, Wells no pudo evitar ver el futuro de la humanidad de manera muy pesimista en sus últimos años de vida. De hecho, cuando murió, sólo creía que el programa de regeneración mundial que había propuesto en La Conspiración Abierta, era el único bálsamo que podría salvar a la humanidad de las fuerzas de destrucción que ella misma había generado. De hecho, ese pesimismo creciente, fue lo que generó su ruptura con la Sociedad Fabiana. Este pesimismo está implícito en sus últimos libros (42 to 44 aparecido en 1944, El destino del homo sapiens publicado al año siguiente). Murió el martes 13 de agosto de 1946 en Londres.

Segunda parte: ¿QUE ERA LA SOCIEDAD FABIANA?

Tercera parte: ¿QUE CONTIENE LA "CONSPIRACION ABIERTA"?

Cuarta PArte: ¿CÓMO HA INFLUIDO LA OBRA DE WELLS EN LA MODERNIDAD?

lunes, 12 de marzo de 2018

LA CONSPIRACIÓN ABIERTA – H.G. WELLS – E. Milà


H.G. Wells fue el famoso autor de ciencia ficción que, además de algunos relatos en los que su portentosa imaginación anticipaba algunos desarrollos de la ciencia, fue también un pensador político vinculado a la izquierda universalista. Inicialmente, miembro de la Sociedad Fabiana, asistió a la creación de la London Economic School, y participó en los debates de la sociedad hasta su enfrentamiento con el matrimonio Webb y con Bernard Shaw. Mantuvo también relaciones con las primeras promociones salida de las aulas de la London Economic School, entre los que figuran representantes de las dinastías económicas anglosajonas. 

Sin embargo, esta ruptura no le alejó de la política y siguió manteniendo contactos con dirigentes políticos de todo el mundo especialmente en los años 30. Mantuvo amistad con Churchill y con Roosevelt y conoció a Stalin. En su obra, La Conspiración Abierta, describe su proyecto político para la humanidad futura. No se trata de una novela de ciencia-ficción sino que la obra se presentó como un ensayo de “prospectiva”.

En realidad es algo más que eso: es una definición realizada en los años 30 de cómo será el mundo futuro. Y sorprende la rigurosa exactitud entre lo previsto por Wells y lo que tenemos ante la vista en nuestros días, hasta el punto de que E. Milà en su introducción, define la obra como “los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión”, en relación a la mixtificación realizada por la OKRANA zarista culpabilizando a los judíos de un intento de dominio mundial teorizado en el Congreso Mundial Judío celebrado en Basilea a finales del siglo XIX. A pesar de lo que se ha dicho, las diferencias entre esta obra y la realidad que vivimos en el siglo XXI es cada vez más pronunciada, sin olvidar que la falsificación fue realizada en base a un texto anterior, Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu escrito por Maurice Joly a mediados del siglo XIX.

Sin embargo, La Conspiración Abierta no adolece de estas discrepancias entre lo expuesto en la obra y lo realizado. Lo que nos presenta Wells en su obra es un mundo globalizado, que para él es un logro y una utopía accesible.

En la introducción a la obra, Ernesto Milà, a lo largo de sesenta páginas, describe la vida y la obra de Wells, sus relaciones, sus contactos con las altas esferas políticas y económicas y lo que nos ha querido decir en su obra. La lectura de La Conspiración Abierta, confirmará en la idoneidad de calificarlo como “los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión”. El lector juzgará.

Sumario de la obra:

INTRODUCCIÓN 
Los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión
de Ernesto Milá     7
> ¿Quién fue H.G.Wells?     8
> ¿Qué era la Sociedad Fabiana?   13
> ¿Qué contiene La Conspiración Abierta?   35
> ¿Cómo ha influido la obra de Wells
   en la modernidad?   48

LA CONSPIRACIÓN ABIERTA
Planes para una Revolución Mundial
de H.G. Wells     57
 Prefacio   59
 I. Necesidad de una religión para la vida humana   62
II. La subordinación del Yo: la esencia de la religión   67
III. Necesidad de una reafirmación religiosa   70
IV. Expresión objetiva de la religión moderna   77
V. La trama de la tarea ante el género humano: la economía universal   82
VI. Amplias características de la economía mundial   86
VII. No se trata de ninguna utopía estable 103 VIII. La conspiración abierta debe ser heterogénea 105
IX. Los enemigos de la conspiración abierta 113
X. La conspiración abierta y los pueblos menos industrializados 132
IX. Resistencias entre nosotros mismos 145
XII. Conspiración abierta: explicación y propaganda 156
XIII. Labor constructiva inicial 170
XIV. Las posibles alianzas 185
XV. El hogar creador. El grupo social y la escuela. La seriedad joven 196
XVI. Desarrollo de las actividades de la  Conspiración Abierta 202
XVII. La Comunidad Mundial 209
Notas al margen de estas páginas de propaganda 212

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