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miércoles, 24 de mayo de 2023

PORTUGAL: BILDELBERG EN PORTUGAL Y EL RESTO DE “SOCIEDADES DE PODER MUNDIAL” (2ª parte) - Nuevas “Asociaciones de poder mundial” en la Tercera Revolución Industrial

 

Las reuniones del Club Bildelberg llaman la atención mediática a causa de su secretismo y, por eso mismo, constituyen uno de los focos de las doctrinas conspiranoicas; la hora de la Comisión Trilateral parece haber pasado y sus reuniones ya no generan interés en los medios. Por otra parte, a pesar de que el CFR y el RIIA siguen vivos, operativos e, incluso mantienen niveles de actividad propios de sus mejores años y surten de cuadros a las administraciones británica y norteamericana, están completamente olvidados por los medios. Ahora se habla de Bildelberg y se especula con lo que pueden haber deliberado real o fantasiosamente sus miembros, y el interés se centra en las reuniones realizadas a la luz pública del Foro Económico Mundial, también llamado el Foro de Davos.

Lo sorprendente es que en los patronatos de ambas organizaciones se encuentran algunos nombres comunes: Larry Fink, por ejemplo, el todopoderoso seños de “Black Rock”, el mayor fondo de inversiones mundial o David Rubenstein, big-boss de Carlyle Group, el mayor gestor mundial de activos. Y, sin embargo, los objetivos de Bildelberg y los del Foro Económico Mundial son bien diferentes.

1. El Foro Económico Mundial

Ya hemos hablado de Bildelberg, queda ahora establecer la diferencia con el Foro de Davos y resumir cuál es la novedad de esta organización de “poder mundial”.

Fundado en 1971, inicialmente no era nada más que una iniciativa personal de su fundador, Klaus Martin Schwab, quien ese año convocó a 450 ejecutivos de empresas de Europa Occidental en el “Primer Simposio de Gestión Europeo”. Schwab había logrado que la Comisión Europea patrocinara el encuentro (y lo financiara) con la excusa de trasladar a Europa las técnicas de gestión de las empresas de EEUU. A partir de ese momento, cada año, siempre en Davos (Suiza) se fueron organizando encuentros y en 1974, por primera vez, se invitó a dirigentes políticos. Por entonces, Europa vivía las consecuencias de la crisis económica que puso fin a los “30 años gloriosos” de la economía mundial, a causa de la guerra árabe-israelí de 1973, a la que siguió el embargo petrolero decretado por los países de la OPEP. Es evidente que la primera idea de Schwab era proveerse de una red de contactos personales que favorecieran sus negocios e inversiones, pero también convertir aquel encuentro en un “big bussines” (lo que, desde luego consiguió: en la actualidad el Foro Económico Mundial factura 5.000.000.000 de dólares anuales).

A medida que la organización se fue fortaleciendo y cada vez conseguía la presencia de personajes de mayor envergadura, fue ampliando su ámbito de estudios y trató de facilitar la mediación en distintas crisis políticas: en el final del “apartheid” en Sudáfrica, en las negociaciones entre Shimon Peres y Yaser Arafat, incluso en rebajar la tensión con Corea del Norte y con la República Popular China.

A diferencia del resto de asociaciones del “poder mundial” que hemos visto, la asistencia al Foro Económico Mundial está abierta a todos los que estén dispuestos a pagar lo exigido por la organización (que depende del número y del nivel de conferencias a los que quieran asistir, estando en 2020 el precio de la “entrada” en como mínimo 19.000 US$). Suelen asistir unos 3.000 participantes que pagan esa cantidad, con derecho a asistir a parte de las conferencias. Sin embargo, una cosa es la asistencia a las conferencias del foro y otra la “membresía”. Existen distintos grados de miembros: cualquier individuo puede “afiliarse” a cambio de 52.000 US$ anuales, existe también un segundo nivel de “socio industrial” reservado a CEOs de empresas que pagan 263.000 US$ anuales y, finalmente, “socios estratégicos” con una cuota anual de 527.000 US$. Ahora veremos qué ofrece el Foro de Davos a cambio de estas abultadas cantidades.

Estos ingresos abultados, así como subvenciones procedentes de la UE, de organismo internacionales e ingresos procedentes de inversiones realizados por el propio Foro, se utilizan para realizar informes empresariales, políticos, estratégicos, estudios antropológicos y culturales, informes de prospectiva, etc, que son servidos a sus miembros y que pueden utilizar para orientar sus negocios o prever “macrotendencias”. Casi nada en estos encuentros es “secreto”: las reuniones del Foro son cubiertas por medio millar de periodistas que tienen libre acceso a los pasillos del congreso y libertad para entrevistar a los asistentes y a los especialistas que imparten las charlas. Esto favorece el que las tesis del Foro de Davos tengan mucha más repercusión que las de cualquier otra asociación del “poder mundial”.

Por supuesto, lo que Schwab pretendía inicialmente era constituir un “espacio de socialización” entre las élites económicas occidentales. Luego amplio está perspectiva a las élites económicas y políticas. Más tarde, tras caer el Muro de Berlín, Schwab se centró en promover la globalización. Y hasta aquí, nada esencial diferenciaba al Foro Económico Mundial de las asociaciones de “poder mundial” descritas en la entrega anterior y propias de la Segunda Revolución Industrial.

Poco a poco Schwab se fue dando cuenta de que se estaba configurando un “nuevo orden mundial” en el que lo importante no era sólo quien había hasta ese momento detentado el poder político-económico, sino quién lo ostentaría en el futuro. Percibía un fenómeno que había escapado a todos los analistas internacionales y estrategias: el valor de la técnica y lo percibió simplemente mirando las listad Forbes de las principales fortunas de todo el mundo. Es cierto que la fortuna de las grandes dinastías económicas acumuladas durante siglos, no figuraban en esta lista y que eran conscientes de que la discreción y el secreto eran la mejor garantía para dejar fluir sus negocios. Pero, Schwab percibió, en apenas 15 años, que había aparecido una nueva generación de “milmillonarios” que debían sus ingresos a las “nuevas tecnologías”. Tras la primera gran crisis de la globalización, el fenómeno por el que había apostado sin restricciones, se dio cuenta de que los niveles de capitalización en bolsa de las “big-tech” (Amazon, Facebook, Google, Apple y Microsoft) era extraordinariamente superior al de las multinacionales convencionales que protagonizaron las últimas fases de la Segunda Revolución Industrial. Y, además, su extraordinario “valor añadido” y sus niveles de beneficios se obtenían con un número entre 10 y 20 veces menor de trabajadores. Además, estas empresas eran las que pagaban salarios más altos a sus empleados, eran absolutamente independientes del crédito bancario, cuando se decidían a cotizar en bolsa eran capaces de ofrecer los mayores beneficios y, para colmo, invertían sus beneficios en otras empresas que tenían que ver, siempre, con “nuevas tecnologías”.

Observando este fenómeno y, sobre todo, extrayendo consecuencias del análisis histórico e informándose sobre las posibles evoluciones de estas tecnologías, sorprendido además por la brutalidad de la crisis de 2007-2012, extrajo algunas conclusiones. En 2015 publicó en Foreig Affairs un primer artículo sobre la “Cuarta Revolución Industrial” que pocos leyeron, pero el tema saltó a la primera plana de la actualidad en la siguiente reunión del Foro de Davos en 2016. Celebrado entre el 20 y el 23 de enero de ese año, el tema repercutió en todos los medios de comunicación y, a partir de ese momento, hablar sobre la “Carta Revolución Industrial” se convirtió en algo obligado.

Schwab se dio cuenta de que esta nueva “revolución” no era una extensión y una ampliación de la “tercera” (que sería la revolución de la microinformática y de los microchips y la aparición de las redes mundiales de comunicación vía internet). Lo que veía era algo mucho más profundo y peligroso para gentes como él, habituadas a invertir y desarrollar sus negocios en el marco de la Segunda Revolución Industrial en su fase multinacional, primero, y globalizadora, después. Advertía que estaba apareciendo una nueva clase de “emprendedores”, cuyos productos generaban grandes excedentes de capital en un tiempo récord y que, esta tendencia, se iría ampliando en el futuro.

En efecto, Schwab identificó dos fenómenos: lo que llamó “tecnologías convergentes” y las “megatendencias”.

- Por lo primero entendía tres ramas de las “nuevas tecnologías” que habían nacido independientes, pero que, necesaria y automáticamente tenderían a converger: la ingeniería genérica, la Inteligencia Artificial y la nanotecnología.

- Por megatendencias entendía tres ramas: la Física (robótica, 3D, tecnología del grafeno, exoesqueletos, etc), la Digital (Inteligencia Artificial, blockchain, internet de las cosas, tecnología 5G, etc) y la Biológica (ingeniería genética, medicina personalizada, criogenia, nanotecnología, prolongación de la vida, etc.).

El resultado de todo esto sería que nos encontramos en el camino de un mundo nuevo que no va a tener nada que ver con el anterior, una propia y verdadera “revolución industrial” similar a la que supuso la introducción del vapor, o del motor de combustión interna o de la electricidad y que va a marcar a la humanidad entre 2020 y 2050. Y será mucho más profunda que las revoluciones industriales anteriores, porque la técnica estará integrada en lo humano y formará parte de lo humano

Pero decir esto era decir poco: lo esencial, no era esto, sino que, en cada revolución industrial, los propietarios de las nuevas tecnologías eran los que marcan las reglas del juego político, económico y social. Y no resultaba difícil prever que se iba a producir un desplazamiento desde el capitalismo clásico, industrial y financiero, que había sido hegemónico en las tres primeras revoluciones industriales y que podemos llamar “el dinero viejo”, producto de las acumulaciones de capital logradas por las dinastías capitalistas y por los CEOs de las multinacionales, hacia el “dinero nuevo” acumulado por las big-tech.

De ahí la gran diferencia entre el Foro Económico Mundial y el resto de asociaciones del “poder mundial”: mientras que estas -Bildelberg, la Comisión Trilateral, el CFR, la RIIIA- habían nacido en el seno de la segunda revolución industrial, el grupo de Schwab quería tender una mano e integrar a las “big-tech” y evitar que estallara una lucha entre “dinero nuevo” y “dinero viejo”. De momento, el proyecto dista mucho de haber tenido éxito. Las “jóvenes big-tech” permanecen de espaldas a este conjunto de “ancianos”, inversores de bajo valor añadido, especuladores bursátiles, multinacionales que cada vez dependen más de las “big tech” y “faraones” caducos del viejo capitalismo. Los “cables” lanzados por Schwab a estos sectores, asumiendo, en la reunión de enero de 2023, del Foro de Davos, los presupuestos de la “doctrina transhumanista” o dando cabida a una conferencia telemática de Elon Musk (que se permitió criticar todo lo criticable del “dinero viejo”), no parecen haber tenido éxito.

El hecho de que Schwab haya insistido en la creación de un “capitalismo con rostro humano”, insistiendo en las ideas de “economía de las partes interesadas” que lanzó en 2020, va en la misma dirección: se trata de un capitalismo cuyo objetivo ya no sería el marcado por Milton Friedman de maximizar beneficios que, luego, beneficiarían a toda la sociedad. Este planteamiento, cínico, falsario y erróneo. Schwab rectifica esta posición afirmando que los capitalistas deberán, a partir de ahora, tener en cuenta los intereses de otros grupos sociales -sus empleados, por ejemplo-, y los del “medio ambiente”. ¿Cómo hacerlo? Aumentando la cooperación entre las empresas y los Estados, considerados como cristalización política de las sociedades. Schwab trata de matar con esta idea dos pájaros de un tiro: de un lado lanzar una mano tendida a los sectores más progresistas, lanzando esa idea de “capitalismo social”, y de otro confirmando el viejo sueño liberal de un mundo empresarial que domine sobre la política y marque la agenda a la política que es, a fin de cuentas, lo que implica esa “colaboración”. Tales son las ideas para “reformar” el capitalismo, hacerlo agradable a los sectores más progresistas y tender un puente hacia un futuro dominado por las “big-tech”.

Esto no implica que el Foro Económico Mundial no siga siendo el espacio de socialización de las élites económicas, políticas y mediáticas -uno más entre otros muchos- y una iniciativa rentable para las arcas del propio Schwab. Lo que sí parece claro es que este grupo trata de adecuar el viejo capitalismo a la nueva sociedad hipertecnologizada que se dibuja para el futuro inmediato y en el que las “big-tech” (no solo las “five big” occidentales, sino las empresas tecnológicas chinas e indias) serán los dueños de la situación y quienes, presumiblemente, dicten las reglas.

El Foro de Davos y el trabajo personal de Schwab se ha trasladado -como no podía ser de otra forma- al resto de asociaciones del “poder mundial”. La sensación que da es que, en la actualidad, el panorama está marcado por dos contradicciones:

- la existente en Occidente entre el “dinero viejo” y el “dinero nuevo”, es decir, entre el capitalismo industrial y financiero clásico y las acumulaciones de capital procedentes de las tecnológicas;

- y, por otra parte, la contradicción entre las empresas tecnológicas occidentales y las empresas tecnológicas chinas.

Estas contradicciones hay que enmarcarlas dentro de la ruptura de la globalización que empezó con la crisis de 2007-2012 y que demostró que las cadenas de suministro se habían extendido demasiado y eran inviables, lo que quedó demostrado al aumentar los precios de la energía y, por tanto, del transporte, y quedó sellado con las sanciones impuestas por “Occidente” bajo presión de la administración Biden, contra Rusia a raíz del conflicto ucraniano. Este conflicto, por lo demás, demostró una nueva contradicción internacional: la existente entre “Occidente” (la UE + el mundo anglosajón) y “Eurasia” (Rusia y China).

Lo cierto es que, en el informe presentado por Klaus Martin Schwab en la última reunión del Foro de Davos, ya no estaba presente, ni el optimismo económico mostrado en anteriores ediciones en las que lanzó la idea del “gran reset” como plataforma para nuevas iniciativas, ni siquiera alternativas claras en ningún terreno, sino tópicos buenistas y manos tendidas, de un lado hacia la Agenda 2030 y de otro hacia las corrientes Transhumanistas. En cuanto a la Asociación de Jóvenes Líderes, vinculada al Foro que, en teoría, debería de formar jóvenes llamamos a gobernar sus países en el futuro, solamente ha conseguido situar en el poder a Elliot Trudeau, posiblemente, el político más nefasto de Canadá desde la fundación del país. No parece un resultado particularmente brillante.

Tal es la situación en 2023 del Foro Económico Mundial.

2. El club de Roma

Así como el Foro Económico Mundial puede ser definida como una organización nacida durante la última fase de la Segunda Revolución Industrial que tiende a adaptarse a la Cuarta, el Club de Roma es otra organización nacida, más o menos en la misma época, durante las convulsiones de 1968 y que tuvo su momento estelar al entrar en la Tercera Revolución Industrial, pero que no ha estado en condiciones de adecuarse a los presupuestos de la siguiente. No es raro, por tanto, que algunos se pregunten hoy si el Club de Roma sigue existiendo o ha desaparecido: existe, pero todos sus presupuestos, uno tras otro, que dieron lugar a esta organización han terminado por hundirse o desaparecer, de tal manera que los estudios que regularmente sigue publicando no son más que informes de muy escaso valor que se sitúan en la estela de las resoluciones de los funcionarios de la ONU sobre la Agenda 2030 o de los funcionarios de la UNESCO. El hecho de que siga existiendo nos induce a dedicarle algunas líneas, especialmente porque es un ejemplo de “grupo de eminencias grises” que han proliferado especialmente en el ámbito anglosajón desde el siglo XIX.

El Club de Roma nació vinculado a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, cuyo presidente, Alexander King, cofundo el círculo junto a Aurelio Peccei, presidente de Olivetti y de Italconsult que asesoraba a las principales firmas italianas. Peccei se especializó en inversiones y desarrollo de Iberoamérica y su conocimiento del área le llevó a iniciar una estrecha cooperación con Dean Rusk, secretario de Estado USA con JFK y Jhonson.  También estableció contactos con medios de la URSS (con el yerno de Alexei Kosygin, primer ministro del país). King y Peccei, apoyados por medios empresariales europeos y en concreto por la Fundación Agnelli) y norteamericanos, convocaron distintos ciclos de conferencias abiertas al público, que tendían a analizar los cambios que estaban sucediendo en los años 60, situar los nuevos problemas y establecer soluciones a largo plazo. De estos ciclos nació el Club de Roma.

Con todo, hasta 1972, las actividades del Club pasaron casi desapercibidas para la opinión pública. Fue ese año cuando publicaron el estudio titulado Los límites del crecimiento (en el que, por primera vez alertaban sobre el futuro agotamiento de energías no renovables, los problemas de producción alimentaria y las implicaciones del crecimiento continuo de la producción), estableciendo que sería precisa una “cooperación global” para afrontar los nuevos desafíos. Ese mismo año, Peccei contribuyó a la fundación del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) con sede en Austria, destinado a realizar estudios interdisciplinarios sobre problemas demasiado complejos para ser afrontados por un solo Estado o por una sola disciplina académica. Fue en ese entorno en el que nació la ideología del “cambio climático”, el concepto de “desarrollo sostenible” y formas de neomalthusianismo (enmascarado como estudios sobre “reproducción humana”, “política y planificación de la educación”, “salud y mortalidad”, “envejecimiento”, realizados a través del Centro Wittgenstein para la Demografía y el Capital Humano Global, constituido por la IIASA). En 2016, haciendo gala de ese malthusianismo, promovió la política del “hijo único” para los países industrializados (en el estudio titulado Reinventar la prosperidad)

Tanto en Club de Roma como el IIASA, apostaron por la globalización antes de que la caída del muro de Berlín la hiciera posible. De hecho, hasta el final de la URSS, ambas organizaciones, eran partidarias de una cooperación Este-Oeste que superara la Primera Guerra Fría. La muerte de Peccei en 1984, llevó a King a la presidencia que ostentó hasta 1990. Desde 1988 a 1990, el español Ricardo Diez-Hochleitner fue vicepresidente del Club y desde ese año hasta el 2000, su presidente.

El Club de Roma no es más que uno de tantos thing-tanks especializados que contratan especialistas para realizar estudios que aporten puntos de apoyo y base a las orientaciones que luego serán asumidas por gobiernos, organizaciones internacionales, ONGs y sociedades de “poder mundial”. Cuando se extinguieron los ecos de Los límites del crecimiento (cuyos datos y prospectiva se demostraron falsos) pareció como si el Club de Roma dejara de llamar la atención de los medios. Sin embargo, el Club sigue existiendo: aun hoy es uno de los puntales más destacados de las corrientes globalizadoras, insiste en tender puentes entre las dos partes confrontadas en la presente “segunda Guerra Fría” y ha conseguido que sus sugerencias fueran incorporadas a la Agenda 2030 y sirvieran, en gran medida, como su soporte “científico”.

Si hemos elegido al Club de Roma como muestra de la proliferación de thing tanks creadas para definir las temáticas que luego serán sistemáticamente asumidas por otros foros más importantes e influyentes, es por que sus tesis se encuentran en el arranque de buena parte de las temáticas sistemáticamente asumidas por las asociaciones del “poder mundial”. Nacida durante la Segunda Revolución Industrial, intentó, en su primer estudio importante, describir -a su manera- cómo sería el mundo de la Tercera Revolución Industrial.

3. La coordinación entre las big-tech

Resulta significativo que ni en el Foro Económico Mundial ni en el submundo de los Thing-tanks, estén presentes de manera significativa los big-tech, ni siquiera puede decirse que exista una estructura que las coordine y que marque una agenda propia. Se diría que cada una de ellas actúa independientemente del resto y que excluyan cualquier forma de cooperación o renuncien a la defensa de los intereses comunes. Esta percepción es auténtica, pero es preciso realizar algunas precisiones.

En primer lugar, las “five bigs” occidentales son relativamente recientes y se han ido desarrollando a partir de los avances operados en microinformática y computación. El aumento de su poder e influencia seguirá dependiendo de la posibilidad tecnológica de construir cada vez microchips con mayores capacidades de procesamiento de datos. No dependen de sus alianzas, ni de sus proyectos comunes, sino de la profundización de las nuevas tecnologías. Los vientos soplan a su favor, no precisan estructuras comunes de colaboración, cabalgan con la época.

Por otra parte, también es cierto que sus gestores son conscientes de que, para ellos, el mayor peligro, no son las empresas nacidas y desarrolladas en las revoluciones industriales anteriores, sino las rivales tecnológicas que aparecen en “el otro lado” del mundo globalizado. El mayor enemigo de Facebook o de Microsoft, no es ni el sector de químicas, ni el metalmecánico, sino Tik-tok y los gigantes tecnológicos (incluso empresas de tamaño medio) nacidos en China. El adversario de Amazon no es Wallmart o El Corte Inglés: es Alibaba el gigante chino de la venta a través de Internet. El rival de Google no es la Enciclopedia Espada sino las distintas empresas que están hoy desarrollando IA, en buena medida chinas.

Todas estas empresas crecen a una velocidad que en apenas una o dos décadas conseguirá generar concentraciones de capital, como mínimo, tan importantes como las que están en manos de las dinastías capitalistas y de los grandes fondos de inversión o de gestión de activos. No precisan coordinarse entre sí, ni siquiera están en condiciones de hacerlo: el conflicto ucraniano ha roto la globalización, ha hecho entrar en la “segunda Guerra Fría” y lo que preocupan a las big-tech occidentales es que, bruscamente, a raíz de este nuevo conflicto, su campo de aplicación se ha reducido a la mitad de la población mundial y que, la “otra parte”, cuenta con el apoyo del Estado chino y, por tanto, se desarrolla a más velocidad aún que las tecnológicas occidentales.

Por lo demás, el hecho de que compartan sedes comunes (Silicon Valley) y que todas ellas dependan del desarrollo de tecnologías asociadas, el que sus ingenieros suelen rotar de empresa en empresa, las hacen, objetivamente, solidarias: son ellas y no el “dinero viejo” el que va a dominar el escenario internacional en las próximas décadas y que nadie dude que van a ser ellas las que modelen el futuro y las formas de poder. En realidad, estas empresas tecnológicas, en sí mismas, cada una de ellas por separado, pueden ser consideradas “organizaciones de poder mundial” en la medida en que, gracias al “big data” almacenan más información sobre cada uno de nosotros, élites incluidas, que el mejor servicio de inteligencia e información clásico.

 

CAPÍTULOS

1) Censo de “asociaciones de poder mundial” surgidas en la SegundaRevolución Industrial

2) Censo de “asociaciones de poder mundial” surgidas en la TerceraRevolución Industrial

3) Censo de “foros intergubernamentales”

4) Algunos nuevos y viejos “círculos de influencia”

5) Balance global y líneas surgidas de las reuniones del “poder mundial” en 2023.








 


martes, 18 de octubre de 2022

LAS TRES LINEAS MAESTRAS DE LA MODERNIDAD

Resumir en 45 minutos un tema como éste no es sencillo. Y hacerlo de forma escrita, tampoco. Hace unos meses y a la vista de que tenía que dar varias charlas, opté por elaborar un “guion”, al que no siempre me he atenido, pero que, en cualquier caso, resume las líneas maestras de lo que trataba de comunicar. Creo que puede interesar como resumen de las “megatendencias” que estamos sufriendo en estos años y que ayudará a entender los mecanismos de la modernidad, sus objetivos, sus tendencias y sus organismos.

*      *      *

Cuando me preguntaron sobre qué tema podría hablar propuse inmediatamente el transhumanismo. Y esto por un motivo: tengo fresco por haber dado varias charlas en relación al cine. Mi papá ya me lo había advertido: “No hables nunca de aquello que no conoces bien”. Películas como los clásicos 2001 Una Odisea espacial, Blade Runner o las más recientes Alita: ángel de combate, Ghost in the Shell, y, sobre todo, Trascendence de Johnny Deep, etc., abordan precisamente la temática transhumanista.

Pero luego pensé que algunas de esas conferencias ya están colgadas en redes sociales, así que lo esencial del tema era materia conocida, por lo que decidí que sería bueno reorientar la cuestión.

Mirad: siempre me ha preocupado entender mi tiempo, la naturaleza de la época en la que estaba viviendo. Y esto, ahora que tengo 69 años, siempre ha requerido cierta necesidad de observar los principales movimientos de la realidad. Esta es cambiante: por ejemplo, cuando algunos dicen “la masonería MUEVE el mundo”… aunque más valdría decir: “la masonería MOVÍA al mundo”; fue el artífice de todas las revoluciones liberales, pero estas quedan ya muy lejos. Hoy, la masonería sigue teniendo algo de fuerza por aquello de que, donde ha habido mucho, siempre queda algo, pero es una organización residual y arcaica. Otros dicen “el marxismo cultural domina la escena en Europa”. Error, eso ocurrió en otro tiempo. Lo que hoy se llama “marxismo cultural” tiene de marxismo solamente su aspecto materialista (que, por cierto, es común a cualquier otra  tendencia de la modernidad). No ocurría así en los años 60 y especialmente en los 70. En los 80, el marxismo, como ideología, y el bolchevismo como su práctica, pasaron al basurero de la historia. Hoy no podemos examinar la realidad con la lógica de la guerra fría (como hace la OTAN), ni siquiera con la situación creada tras la caída del Muro de Berlín, ni aún con la perspectiva del 11-S de 2001, ni siquiera con la de la crisis económica de 2007-2011.

Precisamente, cuando remitió la crisis, apareció el cuadro en el que hoy nos movemos y que está dominado por tres elementos:

- de un lado por las teorías sobre la Cuarta Revolución Industrial [a partir de ahora 4RI] lanzadas en 2015 por Helmuth Schwab, presidente del Foro Económico Mundial.

- pero esas ideas no eran suyas, sino que habían surgido en medios marginales, en lo que se ha llamado transhumanismo. Schwab las adaptó y las hizo presentables.

- pero las ideas sobre la 4RI no podían ser aplicadas por el Foro Económico Mundial, así que fueron asumidas por la ONU para ser directrices de aplicación obligatoria para todos los gobiernos en lo que se ha llamado Agenda 2030.

Y aquí, estamos ante un círculo cerrado: ideología de la revolución industrial – transhumanismo – Agenda 2030. Si entendemos lo que son estos tres conceptos, entenderemos por dónde circula la modernidad.

Y solamente entendiéndola estaremos en condiciones de responder a ella.

Porque este conjunto de ideas marca una línea divisoria: o se está a favor o se está en contra. Existen, por supuesto, como veremos algunas líneas grises, pero el radicalismo de este conjunto de ideas es tal que se sitúa por encima de las derechas y de las izquierdas, hasta el punto de que quienes estamos en contra debemos considerar que este núcleo duro de la modernidad es el ENEMIGO PRINCIPAL Y QUE CUALQUIERA QUE NO COMPARTA ESTAS TEMÁTICAS, EN PRINCIPIO, ES MI “COMPAÑERO DE VIAJE”.

Por tanto, esta charla no es solamente teórica o expositiva. Conduce necesariamente a tomas de posición políticas y busca clarificar tales posiciones.

Vamos a pasar revista a las tres grandes corrientes de la posmodernidad para ver que están unidas

1.- EL TRANSHUMANISMO, PREVIENDO EL FUTURO A PARTIR DE LA CIENCIA FICCIÓN

Como decía antes, mi interés por el transhumanismo tuvo su origen a partir del cine de ciencia ficción. Películas como Blade Runner, 2001 una Odisea Espacial, Ghost in the Shell, Trascendence, El cortador de césped, etc, llevaban implícito un mensaje que resulta incomprensible si no se tiene en cuenta este movimiento cultural y sus orígenes. Matrix, en cierto sentido va en la misma dirección. Pero hay decenas. Así que, un buen día, a través de la crítica cinematográfica me topé con el “transhumanismo”. Antes, había colaborado con revistas que se interesaban por las “ciencias de vanguardia”. Creo ser de los primeros que publicó algo en España sobre nanotecnología y criogenización de cadáveres, incluso entrevisté a los representantes de Alcor en Madrid, una empresa dedicada a esta actividad. Pronto me di cuenta de que estas “ciencias de vanguardia” y aquellas películas extrañas y cautivadoras, iban en una dirección convergente. Pero no sería el final del milenio cuando el término “transhumanismo” empezó a aparecer entre las vanguardias culturales.

Hoy es una “nueva religión”, una especie de religión invertida que no mira al cielo para tratar de ver algún dios, sino para viajar a otros planetas, que solo se arrodilla ante los logros de la ciencia que siempre le parecen pocos, que rinde culto a la innovación y que, en definitiva, tiene odio y desconfianza hacia lo humano.

Esta nueva religión tiene sus “San Juan Bautista”, los precursores: los hermanos Huxley, el que fundó la UNESCO y el que escribió Un mundo feliz, Aldous y Julien.

Tiene su “viejo testamento”, formado por

- los escritos de Francis Galton y de los darwinistas del XIX que idearon la “eugenesia” inglesa;

- por la novela gótica estilo May Shelley y su Frankenstein o el nuevo Prometeo,

- por Stoker y su Drácula que ansía la inmortalidad a través de la sangre,

- por los discípulos rusos del filósofo Nikolai Fiódorov fundador del cosmismo,

- por Jekyll y Hyde de Stevenson, que se basa en la búsqueda de una droga que mejore las capacidades humanas;

- por el “evolucionismo cristiano” del padre Teilhard de Chardin;

- por la ciencia ficción de los años 50-60

Tiene sus apóstoles:

- Hans Movarec, investigador en robótica y IA. Futurólogo H+. La “paradoja de Movarec” resalta la contradicción entre lo fácil que resulta trasladar la razón a la computación, y lo difícil que es el imitar las habilidades sensoriales del ser humano. Sostiene que los robots evolucionarán en la década de 2030-40 hacia nuevas formas. Es el teórico de la conexión cerebro-ordenador y del volcado del cerebro en la “nube”.

- Marvin Minsky, padre de la Inteligencia Artificial. De origen judío. En 1951 creó el primer simulador de redes neuronales artificiales. Fue consejero de 2001: Odisea Espacial y de Jurasic Park. Sus escritos que puede leerse en su web en Internet anticiparon algunos aspectos del H+. Toca muchos de los temas que luego desarrollaron el resto de doctrinarios H+. Su obsesión era reemplazar el cerebro humano por la IA que llegaría a ser mucho más eficiente y así salvar a la muerte.

- FM-2030, Fereidoun M. Esfandiary, persa, futurólogo, fue el primer popularizador del H+, hijo de diplomático iraní, en 1970 se cambió el nombre por el de FM-2030, para celebrar su 100 cumpleaños esa fecha. Murió en 2000. Y para liberarse de las convenciones. Vegetariano. Su mejor frase: “Tengo nostalgia por el futuro”. Está conservado criónicamente en Alcor. Murió de cáncer a los 69 años. Fue el primer gran misionero del H+

- Raymon Kurzweil, judío neoyorkino como Minsky, director de ingeniería de Google. Especialista en IA. En 1999 escribió “La era de las máquinas espirituales”, su última parte es de predicciones hasta 2099. Definió la “singularidad” y el proceso de aceleración y cambio tecnológico. Vegano, toma 250 pastillas de complementos vitamínicos al día. Y también vino tinto para evitar la oxidación. Cree que la muerte es una enfermedad y que la vida eterna es el objetivo del ser humano.

- Max More, filósofo y futurólogo especialista en impacto de las tecnologías emergentes. Fundador del Instituto Extropiano (¿Qué es la extropia? Lo contrario de la entropía. El concepto no existe en física). Después de disolver esta entidad asumió la presidencia de ALCOR Life Extenxion Fundation que criogeniza cuerpos para revivirlos cuando se encuentra el remedio a sus enfermedades.

- Nick Bostrom, premio de filosofía la Escuela de Economía de Londres, transhumanista, pero que alerta sobre los riesgos. Digamos que sabe hacia dónde se orienta la tecnología, lo estima, la admira… pero también le teme, especialmente en el campo de la inteligencia artificial. Fundó en 2005 el Instituto parta el Futuro de la Humanidad. En 2015 firmo con Stephen Hawking, Elon Musk y otros, una carta advirtiendo de los peligros potenciales de la IA. Pero fue uno de los fundadores de HUMANITY PLUS, antes “Asociación Transhumanista Mundial” que fundó con Pierce en 1998. Su corriente podría definirse como “transhumanista moderada”, una especie de puente entre el movimiento H+ y otros ambientes interesados en las nuevas tecnologías (Klaus Schwab y el Foro Económico Mundial).

- David Pierce, filósofo británico, típico H+. Autor de El imperativo hedonista, no está traducido. Pertenece a la tendencia “hedonista” del H+: busca la “abolición del sufrimiento”, lo que llama “proyecto abolicionista”, y que es el único “imperativo moral” defendible. Esta abolición se realizará mediante drogas y tecnologías de autoestimulación craneal. Es vegano. Y ha desarrollado la teoría de que el medio ambiente se deteriora por culpa de los carnívoros.

- José Luis Cordeiro, venezolano, ingeniero, economista y H+, hijo de españoles. Es de los defensores de que la tecnología empuja hacia una era “posthumana”. Afirma que la muerte será “opcional” en el 2045.

Tiene su “nuevo testamento”: libros escritos por todos estos pensadores y su Credo, “La Declaración Transhumanista”, publicada en 2002 y que consta de siete puntos.

Tiene sus dogmas y sus ritos:

1) La evolución no ha concluido. La diferencia es que, antes la evolución dependía de mutaciones y ahora el ser humano puede tomar la iniciativa y acelerar esa evolución.

2)     La biología nos condena a muerte. La muerte ha sido hasta ahora el gran obstáculo para el progreso. Por tanto, hay que encontrar sustitutos a la biología. Estos sustitutos serán recursos de naturaleza tecnológica que iniciarán la ruta hacia la etapa última en la escala de la evolución.

3)     El próximo peldaño de la evolución es mejorar las capacidades humanas en tres ámbitos: longevidad, inteligencia y bienestar, para alcanzar “superinteligencia”, “superfuerza” y “superbienestar”.

4)     Estas tres “mejoras” podrán ser alcanzadas mediante el desarrollo de nuevas tecnologías, especialmente en el terreno de la genética, la Inteligencia Artificial, la nanotecnología, la robótica, la criogenia, la impresión en 3D.

5)     Hoy ya se está trabajando en todos estos campos para crear un Ser Humano 2.0, que no es más que un desarrollo y prolongación de las ideas del eugenismo inglés del siglo XIX, apoyado por las nuevas tecnologías.

6)     Dentro de poco será muy difícil distinguir entre “humanos” y “transhumanos” a medida que se vayan incorporaron prótesis artificiales, tratamientos genéticos, órganos impresos en 3D, por un lado, y, por otro, las máquinas gracias a la IA vayan alcanzando -hasta superarlo- el nivel de procesamiento del cerebro humano.

7)     Las capacidades del cerebro podrán ser volcadas en la “nube” y “recargadas” en androides situados lejos para realizar determinadas gestiones, o bien, cuando el cuerpo biológico ya resulta irreparable, sustituirlo por un androide.

8)     El cyborg, mezcla de humano y máquina, será un estadio intermedio entre la “etapa biológica” de la evolución y la “etapa post-biológica”.

9)     El fin último de la evolución, su punto Omega, la “posthumanidad”, será cuando toda la humanidad haya dejado atrás su “fase biológica” y todos sus conocimientos se hayan volcado en la “nube” creando una especie de “conciencia universal”. El primer paso para llegar a la “posthumanidad” es la conexión cerebro-máquina. La segunda es “la nube” convertida en lugar de residencia de cada “conciencia” originariamente individual. La tercera, la fusión de todas las “conciencias individuales" en una “conciencia universal”. El costo de ser “superhumanos” es, pues, dejar de ser humanos. El coste del progresismo consiste en dejar de “creer en Dios”, para “jugar a ser Dios”, esto es, “pasar del Homo Sapiens” al “Homo Deus”.

Las asociaciones internacionales H+ cuentan con abundante financiación que excede con mucho las posibilidades de sus miembros. No es extraño: están apoyados por la Fundación Rockefeller, la Fundación Carnagie y la Fundación Musk, entre otras.

LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DE KLAUS SCHWAB

En 2015, Klaus Schwab publicó un artículo en Foreing Policy en el que aludía a la “cuarta revolución industrial”. El artículo, a pesar de estar escrito por el presidente del Foro Económico Mundial, no tuvo apenas repercusión y pasó casi desapercibido. Schwab volvió a la carga el año siguiente, publicando un libro con ese nombre. A partir de ese momento, pareció como si en todo el mundo, se adoptara esa idea, incluso las Naciones Unidas se hicieron eco de sus propuestas. De ahí, y de programas anteriores de la ONU (los “Objetivos del Milenio”, los programas para recortar la población mundial, la idea del “calentamiento global”), nació la “Agenda 2030”.

La idea planteada por Schwab no era del todo frívola. Aludía a las tres revoluciones industriales que se habían sucedido desde 1784 (la revolución del vapor que dio origen a las primeras sociedades industriales), la segunda revolución, iniciada en 1870, en la que se incorporan cadenas de producción movidas por electricidad y motores de explosión. La tercera revolución industrial se iniciaría en 1969 con la automatización, la computación y la aparición de los primeros chips.

A cada una de estas “revoluciones” correspondían determinadas formas de organización de la sociedad:

- con la primera llegó la hegemonía de la burguesía, se afianzó el liberalismo, aparecieron las naciones propiamente dichas;

- con la segunda el sindicalismo, la producción en cadena, la democracia, la organización del trabajo, aparecieron formas tecnocráticas.

- con la tercera fue posible impulsar las sociedades multinacionales, se generalizaron nuevos medios de comunicación, empezó el “ocaso de las ideologías”, el sindicalismo perdió el pulso y se formaron grandes corporaciones industriales.

Por lo mismo, Schwab augura la llegada de una “cuarta revolución industrial” basada en lo que llama “tecnologías convergentes”, básicamente, ingeniería genética, inteligencia artificial y nanotecnología. Estas técnicas han nacido aisladas unas de otras, pero su propia dinámica interna tiende a hacerlas converger en un todo que supondrá una revolución inédita hasta ahora.

Esta revolución estará caracterizada por algunas ideas-fuerza centrales que intentaremos resumir:

1)     La cuarta revolución industrial es un desarrollo de la tercera, con la diferencia de que, mientras esta tardó 40 años en llegar a todo el mundo, la actual es de aplicación inmediata. Al mismo tiempo, mientras que la tercera afectaba especialmente al desarrollo de los microchips, la electrónica y las tecnologías de la información, la actual tiene una incidencia muy superior, afectando a prácticamente todos los órdenes de la vida humana. Schwab recuerda que en 2007 se lanzó el iPhone, pero en 2015 ya había 2.000 millones en todo el mundo.

2)     La percepción de que las nuevas tecnologías generarán cambios en los modelos de vida, de producción y de disfrute de bienes y servicios. Schwab, en su libro, pasa revista a todas estas tecnologías que, básicamente, son las mismas que ha tenido en consideración el H+, pero podadas de sus consideraciones más extremas sobre la inmortalidad biológica y centradas en su terreno: las nuevas posibilidades de negocio y cómo realizarlos.

3)     Schwab llega a conclusiones parecidas a las de los H+ cuando alude a las “tecnologías convergentes”, que han nacido de manera independiente, pero que terminarán, inevitablemente confluyendo: biotecnologías – inteligencia artificial – nanotectología. Esta convergencia hará que incluso debamos replantearnos lo qué es el ser humano y sus límites.

4)     A diferencia del H+, Schwab utiliza una “narrativa amistosa”: en lugar de “cyborgs” o del fin de la evolución biológica, opta por aludir a la “fusión de sistemas biológicos, físicos y digitales”, “necesaria para el progreso de la humanidad”, fusión, gracias a la cual, “todos estaremos mejor y construiremos, juntos, un mundo mejor”, “ecológicamente sostenible”... A diferencia de los H+ que no se preocupan por refutar a quien les critican, Schwab si lo hace: en su libro, la última parte está dedicada a plantear los “aspectos negativos de la revolución tecnológica”, que refuta… pero solamente aquellos que ha elegido él, en absoluto los más evidentes: la irrupción de estas nuevas tecnologías generará cientos de millones de parados en un par o tres de años: cuando funcionen los coches autónomos en todo el mundo, 300.000.000 de taxistas irán al paro. Millones de puestos de trabajo mecánicos y de baja formación, serán sustituidos por robots. Y no habrá ninguna posibilidad de reciclarlos laboralmente, porque los empleos creados serán pocos y requerirán mucha formación técnica y especialización.

5)     Schwab define “megatendencias”. Tres en concreto: físicas, digitales y biológicas. Las primeras estarán caracterizadas por la robótica avanzada, los vehículos autónomos, la impresión en 3D y los “nuevos materiales” a partir del grafeno (200 veces más fuerte que el acero, 1000 veces más delgado que un pelo). Las digitales girarán en torno al “internet de las cosas, al block-chain, a las aplicaciones móviles, y a la inteligencia artificial. Y, finalmente, menciona entre las biológicas la ingeniería genética y las medicinas personalizadas. Todo esto hará que exista una economía, una medicina, unos servicios “bajo demanda”. Para ello, será necesario que la tecnología que nos rodea no sea algo exterior a nosotros, sino que forme parte de nosotros.

6)     Para poder gestionar el mundo tecnológico de la cuarta revolución industrial será necesario que las corporaciones propietarias de las nuevas tecnologías trabajen con los gobiernos y las instituciones mundiales para poder implementarlas. Esto, en la práctica, supone ir un paso más allá del viejo sueño liberal, “más mercado y menos estado”, es, a decir verdad, la subordinación de la política a aquellos que controlan las nuevas tecnologías.

7)     Un aspecto muy extendido de esta revolución será la “economía colaborativa” (“no tenemos nada, pero podemos acceder a todo”), unas pocas centrales mundiales de comercio acapararán la venta de bienes a través de una logística sofistica con coches autónomos y drones. A partir del 2024-5 veremos cómo los robots empiezan a sustituir empleos convencionales. Los oficios de la construcción desaparecerán en grandísima medida, sustituidos por la impresión en 3D de casos cuyo precio se abaratará. Cambiará la dinámica productiva: no estaremos en un momento de cambio, sino que habremos entrado en una época de cambio permanente. La universidad deberá adaptarse a estos cambios (un estudiante recibirá una enseñanza tecnológica en los primeros años de carrera que ya estará obsoleta al titularse).

8)     El modelo industrial cambiará radicalmente: la IA hará que sean posibles “fábricas inteligentes” que elaboren pedidos “bajo demanda”. No habrá ni obreros, ni sindicatos, ni staff directivo: la IA controlará no solamente el trabajo de los robots, sino que tomará decisiones inmediatas. En otros campos, la inversión, por ejemplo, los brókers desaparecerán -están desapareciendo- haciendo un bot (programa que realiza tareas repetitivas optimizando riesgos) el mismo trabajo gracias a la “big data” y al cálculo estadístico de probabilidades.

9)     Existirán réplicas del mundo físico a las que se accederá mediante software y hardware específico. La “realidad natural” fue el patrimonio de las dos primeras revoluciones industriales. Durante la tercera, apareció la “realidad artificial”, en 1980, que fue desarrollándose, especialmente, a través del a industria de los videojuegos. Aparecieron simuladores de realidad virtual, los avatares (FB VR te crea tu avatar a partir de las fotos que tienes almacenadas), la proyección de imágenes reales, la “realidad mixta” (pantallas CSI, que está siendo trabajado por Microsoft Mesh y se basa en la proyección holográfica), la “la realidad extendida” (el Metaverso) que supone una inmersión total en un mundo paralelo electrónico y que se presenta como la “evolución natural de Internet”: de la escritura, se pasó a los fotos y videos y ahora llega el metaverso.

10) Schwab percibe claramente que existe un problema de capitalización entre las empresas de la segunda y tercera revolución industrial y las de la cuarta y ofrece estos datos: en 1990 las tres mayores empresas de Detroit tenían una capitalización de mercado combinada de 36.000 millones, ingresos de 250.000 millones y 1,2 millones de empleados. Sin embargo, las tres mayores empresas de Sillicon Valley en 2014, tenían 1,09 billones de capitalización, generaban los mismos ingresos, pero con apenas 137.000 empleados.

11)  Así como una empresa tradicional precisa un gran capital, una empresa tecnológica no precisa depender exclusivamente de grandes inversiones, ni siquiera precisa de ellas. Luego hay otro elemento: la mayor empresa de taxis (UBER) no tiene un solo taxi, la mayor empresa de alquiler de inmuebles (AirBNB) no tiene un solo inmueble en propiedad, la mayor empresa de contenidos (FB) no aporta una sola noticia… WhatsApp apenas necesitó capital para crearse. El valor añadido de todas estas empresas es gigantesco. Son “empresas disruptivas”: adoptan nuevos modelos de negocio, rompiendo la oferta tradicional.

12) La aplicación de todas estas tecnologías corre el riesgo de “generar desigualdad”, “generar populismos incontrolables”, “generar trastornos sociales” y “reacciones neoluditas”. Schwab teme los retrocesos porque pondrían en peligro el fin último de su programa, el dominio de los consorcios sobre los Estados. Así pues, se trata de calmar a la población y demostrar que las ventajas de las nuevas tecnologías y del mundo al que nos encaminamos es superior a las disfunciones que pudieran aparecer.

13) Manejando un informe del FEM augura que “al ritmo actual de progreso, se necesitarán otros 118 años para alcanzar la paridad económica de género en todo el mundo”. Esta cifra remota contrasta con el problema inmediato: los puestos de trabajo que se perderán serán, por un lado, los que requieren bajos niveles de preparación profesional, y, por otro, aquellos que han sido ocupados tradicionalmente por mujeres. De ahí su interés en tranquilizar a estos grupos sociales.

14) La “salud del planeta” exige que las nuevas empresas sean “respetuosas con el medio ambiente”. Eso solamente, nos dice, se podrá lograr con la “economía circular” basada en el “reciclado”, en contraposición a la “economía lineal” que no tenía en cuenta el medio ambiente. Se basa en el “aprovechamiento de recursos” y en la “reducción de materias primas” para reducir la “generación de residuos”, “mejorar la eficiencia en el uso de agua” y “disminuir la emisión de gases de efecto invernadero”. Aquí hace una alusión al “internet de las cosas” y al “blockchain” que podría hacer más transparente, segura y fiable la información económica y datos de los Estados. En este punto, el libro ya se vuelve abracadabrante: las medidas “estrella” son “consumir menos electricidad”, “el consumo colaborativo” y soluciones poco sólidas.

15)  Los gobiernos serán los que deberán realizar mayor esfuerzo para adaptarse a todos estos cambios. Y dice: “Se trata de algo particularmente importante dado que ocurre en un momento en el cual los gobiernos debe ser socios esenciales en la configuración de la transición hacia nuevos marcos científicos, tecnológicos, económicos y sociales”. Y advierte: “Muchos de los avances tecnológicos que actualmente vemos no son correctamente tenidos en cuenta en el marco actual regulatorio y podrían causar una ruptura del contrato social que los gobiernos han establecido con sus ciudadanos”. Son páginas antológicas que hay que leer entre líneas, pero que van en una sola dirección: la democracia formal debe proseguir como forma de mantener al ciudadano tranquilo; pero lo esencial es la convergencia entre las corporaciones y el Estado: “los gobiernos, en colaboración con la sociedad civil y las empresas, necesitan crear las reglas, los controles y los equilibrios necesario para mantener la justicia, la competitividad, la equidad e incluso la propiedad intelectual, la seguridad y la fiabilidad”. En las líneas para un “gobierno ágil” figuran las políticas de inclusión.

16)  No oculta que, en principio, el gran problema de la aplicación de estas nuevas tecnologías será la “desigualdad”, y certifica el final de la clase media. Alude a que la técnica genera dos sensaciones: la de “empoderamiento” del ciudadano que hace y llega a cosas que antes no podía llegar ni hacer, y el “desempoderamiento” porque siente que su voto y su participación política, las elecciones, las instituciones, no sirven para nada.

17)   Esta revolución industrial afectará a la forma de comunicarnos, de interrelacionarnos y también generará el problema de la gestión de la información pública y privada. Pero, concluye, que “nuestro bienestar mejorará, en lugar, de perjudicar”

Hasta aquí, los contenidos más interesantes. A partir del capítulo 4º el libro de Schwab se convierte en mero relleno, con algunas interpolaciones de la psicología transpersonal (Maslov). En cuanto al apéndice es un conjunto de argumentos a favor de los cambios que se aproximan, acompañado por algunos “aspectos negativos” (obviamente, no están todos, ni siquiera los más estridentes) y por porcentajes muy discutibles sobre su origen y su realidad. No hay refutaciones a los aspectos negativos. Es, preferentemente, un catálogo de ventajas que aportarán las nuevas tecnologías sin atender a sus aspectos negativos.

La introducción de la edición española ha sido escrita por Ana Botín y el capítulo de agradecimientos ocupa dos páginas. Pero uno de estos agradecimientos llama la atención sobre todos los demás: “También doy las gracias a la notable serie de líderes en el campo del pensamiento que contribuyeron tan generosamente con su tiempo y sus conocimientos a este asunto durante la Cumbre sobre la Agenda Global 2015 celebrada en Abu Dhabi”. Porque, en efecto, las tesis que presenta Schwab son paralelas a las que han informado a la Agenda 2030. De tal manera que puede decirse que son hijas de la misma madre.

LA AGENDA 2030 DE LAS NACIONES UNIDAS

Vale la pena realizar un distingo entre lo que la gente cree que son las Naciones Unidas o la UNICEF y lo que son en realidad:

- Es habitual pensar que se trata de “foros” en las que todas las naciones están representadas en las “asambleas generales”.

- Pero, en realidad, son organizaciones vertebradas por sus propios funcionarios que, en su día a día, suelen actuar con independencia de las decisiones de sus “asambleas generales”.

Y estos “funcionarios” tienen visiones propias y puntos de vista propios de sectas seudoreligiosas. De hecho, varios de sus fundadores han sido miembros de sectas teosóficas. Robert Muller, por ejemplo, trabajó desde 1945 hasta 1985 en la entidad y fue secretario general adjunto de la ONU durante los mandatos de U’Thant, Waldheim y Pérez de Cuellar. Es conocido como el “filósofo de la ONU”, pero era, en realidad, el que organizaba la “agenda”. Aspiró en 1996 al cargo de secretario y fue nombrado varias veces para el Premio Nobel de la Paz. Era miembro de “Lucis Trust” y de “Buena Voluntad Mundial”, organizaciones creadas por una teósofa, Alice Ann Bailey. No es un caso único. Escribió un “libro de sueños para el milenio”, con 7.000 sueños, en el que está inspirada la Agenda 2030 y antes, “los objetivos del milenio”.

Cuando se fundó las NNUU en 1945, allí fueron a parar funcionarios procedentes de ambientes para-masónicos minoritarios, grupos ocultistas, todos ellos movidos por la idea de que la creación de esa entidad había inaugurado la “nueva era de la luz”. La organización filial, UNESCO fue creada a su vez por Julien Huxley, inventor del término H+ y cuyo hermano Aldous escribió Un mundo feliz en el que describía de manera ambigua ese ideal. Primero con Sean McBride (que favoreció especialmente a ONGs y, especialmente, a Amnistía Internacional de la que había sido presidente) y luego con Abou Mathar M’Bow (que redujo las actividades de la entidad a la lucha contra el “racismo” y a las reivindicaciones del “sur” pagaderas por el “norte”). Varios países -EEUU primero y luego el Reino Unido, Japón y otros- suspendieron su afiliación a UNESCO a causa de estas orientaciones. Sin embargo, la ONU ha tenido una existencia mas tranquila y esto ha permitido que fuera su casta funcionarial la que “preparara” las sesiones, los estudios y las iniciativas llevadas a la Asamblea General por parte de la Secretaría.

Es así como llegamos a la Agenda 2030.

Primero explicaré un poco su origen y luego pasaré a describir sus líneas maestras.

A mediados de noviembre de 2015 y cuando Schwab ya había lanzado su libro sobre La Cuarta Revolución Industrial, mientras el terrorismo islamista se abatía sobre París, los “líderes” del G20 -que reúne a las economías más poderosas del mundo- firmaron en Turquía la agenda titulada “Transformando nuestro mundo: Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Hoy vivimos la resaca de ese acuerdo. La “hoja de ruta”, avalada por la ONU, consta de 17 objetivos “para el desarrollo sostenible”, 169 metras, así como una enumeración de medios para implementarlos. Esto último se decidió en 2017 e incluía concreciones para cada uno de los 17 objetivos. Este programa se conoce también con el nombre de “Objetivos de Desarrollo Sostenible” que deberían alcanzarse antes de 2030.

Al haber sido aprobado en la “Asamblea General de la ONU”, su contenido ha sido trasladado a todos los Estados miembros que han quedado comprometidos con su ejecución. Son la continuación de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, metas que se fijó la ONU en el año 2000 y que caducaron en 2015. El año bisagra.

Hay que reconocer que la marcha iniciada en el último cuarto del siglo XX, ya prefiguraba esos objetivos: por ejemplo, antes de que terminara el milenio, el VIH ya había pasado a ser una enfermedad crónica y la mortandad infantil estaba reduciéndose en África, los principales logros de aquella campaña. Pero el resto de objetivos quedaron prácticamente sin cubrir. Tampoco la reducción del hambre ha sido un resultado de aquella campaña sino de nuevas oleadas de la “revolución verde” y otro tanto puede decirse de “mejorar la salud materna”. La pobreza extrema, no solamente no se ha erradicado, sino que tiende a aumentar incluso en zonas desarrolladas. Y, en cuanto a “lograr la enseñanza primaria universal”, ocurre otro tanto: el número de analfabetos estructurales crece en los países occidentales. En aquella campaña se insistió en la “igualdad de sexos y el empoderamiento de la mujer”.

La retórica empleada no sirvió para mucho. Así que, a partir de 2015 se pusieron en marcha los nuevos objetivos “globales”, que se han popularizado con el nombre de Agenda 2030. Uno de los fracasos de los “objetivos del milenio” fue el desinterés inicial demostrado por las grandes corporaciones y el mundo del dinero. Pero en 2007-2011 se produjo el cataclismo económico mundial y entonces, las dinastías económicas, “el dinero viejo”, los fondos de inversión y el “dinero nuevo” procedente de las empresas tecnológicas, empezaron a preocuparse.

Nunca se habían interesado por la marcha de la ONU, ni de la UNESCO, pero, a partir de entonces vieron que si querían imponer “agendas” en todos los Estados para evitar lo que más les asustaba, regresiones y marchas atrás en el proceso globalizador, aparición de populismos que acompañaran a las crisis económicas, debían de “aliarse” con la clase funcionarial de estos organismo internacionales, garantizar su supervivencia económica, a cambio de asumir algunos de los objetivos que se debatían en el Foro de Davos (o Foro Económico Mundial, que se reúne desde 1971), una de las organizaciones que reunían a representantes de las dinastías económicas y de las corporaciones multinacionales más potentes. En principio, era un foro de discusión e información sobre eso que hoy se llama “megatendencias”, pero pronto descubrieron que tenían “poder”. De hecho, lo que buscaban era un viejo objetivo del neoliberalismo al que se adscribían: situarse por encima de la política de los Estados, evitar que estos interfirieran en el mundo de la economía y, por tanto, colocar a los intereses económicos de los poderosos por encima de los intereses políticos de los Estados y de los ciudadanos.

Para ello precisaban del prestigio de los “organismos internacionales”, a los que trasladaron sus propuestas, para que las adaptaran y las ofrecieran como “de obligado cumplimiento” para los Estados miembros.

No puede extrañar, por tanto, que el lenguaje utilizado en la Agenda 2030 y en el libro La Cuarta Revolución Industrial, sea el mismo.  Comparadlo vosotros mismos:

Encontraréis las mismas “palabras fetiche”:

a)   Objetivos globales

b)   Desarrollo sostenible” (término apareció en la Declaración de Río de 1992, organizada por la ONU, sobre el Medio Ambiente y el desarrollo).

c) Cambio climático antropogénico” (que sustituyó a la idea de “calentamiento global”).

d)  Perspectiva de género” (que en la Agenda 2030 aparece en los lugares más insospechados).

e)     Diversidad”.

f)   Inclusión” (diferente de “integración”: inclusión implica “fusión” y que el “todo” lo considere absolutamente normal.

g) “Empoderamiento”, (acceso al control de los recursos materiales que permiten alcanzar los objetivos de un grupo concreto).

h) Resiliencia” (cualidad de grupos que se adaptan a situaciones adversas).

i)  Gobernanza” (definido como “forma de gobierno basada en la interrelación del Estado, la sociedad civil y el mercado para lograr un desarrollo económico, social e institucional estable”.

Los “17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible”, difieren de los “objetivos del milenio”: se insiste en el “cambio climático”, en el “reciclado” y el “consumo responsable”, en la sustitución de las “agendas nacionales” por una “agenda global” (en la medida en que los problemas afectan a toda la humanidad), la temática “ecologista” está constantemente presente en las propuestas por la “energía no contaminante”; “renovable”, “limpia” y “no contaminante”.

Si bien es cierto que algunos de los problemas señalados, son auténticos, lo que sorprende son las “soluciones” propuestas. El interés por la ecología, por ejemplo, está presente en el “Objetivo 11” que aspira a lograr “ciudades sostenibles, inclusivas, seguras y resilientes”. ¿Cómo? Mediante medios de transporte no contaminantes, bicicleta y patinete.

En otros puntos, lo sorprendente es la pirueta con que se vinculan entre sí problemas que no tienen nada ver. El “Punto 13” propone la “lucha contra el calentamiento global”, y, por si no hubiera quedado claro, el “Punto 15” propone la “protección del medio ambiente”… que también se liga al Covid: “todas las enfermedades infecciosas nuevas en humanos (…) están estrechamente relacionadas con la salud de los ecosistemas”…

Esta presente también un elemento nuevo: “trabajo decente” (“Punto 8”) que se enuncia así: “Un crecimiento económico inclusivo y sostenido puede impulsar el progreso, crear empleos decentes para todos y mejorar los estándares de vida”. Nos cuenta que, “con el Covid”, “la mitad de todos los trabajadores a nivel mundial se encuentra en riesgo de perder sus medios de subsistencia”. En realidad, esto último es cierto ¡pero no por culpa del covid! ¡sino a causa de la robotización!

Sigue estando presente el tema de la “educación de calidad”, y el “hambre cero”, que “resuelven” con la irrupción brusca del “veganismo”, que se complementa con el “Objetivo 6” sobre el “agua sostenible”; y la “temática feminista” en el “Objetivo 5” (“Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas”).

Dado que todo el programa parece destinado mucho más al Tercer Mundo que a Occidente, el “Objetivo 17” explícitamente pide un esfuerzo en la “ayuda al desarrollo”: “Revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible” al que solamente puede llegarse, nos dicen, “con instituciones sólidas y cooperación”. Si no hay esta “ayuda”, amplias zonas del planeta quedarán desasistidas.

El “Objetivo 16” es el que alude específicamente a “instituciones sólidas”, sobreentendiéndose que una “agenda global” requiere un “gobierno mundial” y que, para eso están ¡las NNUU y sus filiales!

Pero, sobre todo, lo que sorprende es la presencia continua, en las ampliaciones y en la web oficial de la ONU, de la temática Covid. En todos los puntos se destaca que el Covid ha puesto en riesgo los “avances conseguidos hasta ahora”. Es un dogma, ni siquiera se toman la molestia de explicarlo. Si se habla de “inclusión”, acto seguido se añade que el Covid ha puesto este objetivo en peligro… ¿Por qué…? No se adjunta ninguna explicación.

En el “Objetivo 3”, “Garantizar una vida sana y promover el bienestar en todas las edades es esencial para el desarrollo sostenible”, tampoco se explica esa relación entre vida sana y desarrollo sostenible. Y, acto seguido se promueve la vacunación global.

Yo invito a que leáis este “programa” en la web de la ONU. Comprobaréis cómo el organismo internacional presenta datos absolutamente cuestionables o simplemente falsos, establece una dogmática imposible de razonar y al margen de las categorías del pensamiento lógico y amplia el “buenismo” hasta convertir el “ecologista” y las ideologías de género en su quintaesencia.

Este es el programa “progresista” trasladado a todos los gobiernos. No se habla en ningún lugar de los ejes centrales que plantea Schwab en su obra: pero sí de todo lo demás, se incorpora el mismo lenguaje, los mismos conceptos, las mismas categorías, el mismo buenismo que siempre es apreciado por los que creen en las bondades del “pensamiento positivo”.

Schwab lo plantea todo de cara a las ventajas que pueden acarrear las “nuevas tecnologías”, pero cuando el mismo programa desciende a la ONU, ésta traduce buena parte de los objetivos de Schwab, se centra en asuntos de ecología, medio ambiente, reciclado, cambio climático, emisiones de CO2, etc, etc. No se alude a la técnica porque el público al que va dirigido son gobiernos que, en grandísima medida están instalados en el Tercer Mundo y, para ellos, esta temática queda lejos. Así mismo, dado que los gobierno son los que deben aplicar estas orientaciones, están redactadas de tal forma que puedan convertirse en medidas concretas. Y, hay temas, ante los cuales no hay solución… por tanto, optan por no mencionarlos. Las nuevas tecnologías en primer lugar.

Las coincidencias entre los objetivos del Foro Económico Mundial y de la Agenda 2030 son:

1) Por una parte, la idea de que, con el Covid, llegó el “gran reseteo”, es decir, la posibilidad de dar un frenazo y replantear dinámicas económicas.

2) Por otra, la necesidad de anular la soberanía de los gobiernos y de los Estados nacionales, presente ya en el diseño de los funcionarios de la ONU que aspira a ser un “gobierno mundial” y en el diseño de los neoliberales con su monserga de “más mercado, menos Estado”.

3) El vocabulario empleado y las “palabras fetiche” es exactamente el mismo.

4) La idea de que la empresa privada debe converger con el Estado para “salvar el planeta”, “crear una sociedad más humanitaria” y “llevar la salud mejor”.

¿HACIA DONDE VAMOS?

1) Nos encaminamos hacia una sociedad tecnológica avanzada radicalmente diferente a cualquier otra cosa que hayamos podido ver antes en la historia y que va a suponer un cambio aún más radical que cualquier otra revolución histórica.

2) No vale la pena realizar un debate sobre aspecto parciales o en términos habituales hasta ahora: geopolítica, ideologías, liberalismo, etc. El centro del análisis y del debate en la modernidad va a ser el papel de la técnica en los cambios que se están produciendo.

3) Estos programas ideológicos muestran que existen en este momento solamente dos campos por los que optar, que ya no son ni los de derechas o izquierdas, ni patriotismo o internacionalismo, ni PP, ni PSOE: o se está del lado del FEM y de la Agenda 2030, o se en contra. Aquel que está en contra es mi amigo o, en cualquier caso, mi “compañero de viaje”. Aquel que está a favor es mi “enemigo”.

4) Utilizando excusas “humanitaristas”, el “pensamiento Alicia”, el “pensamiento soft”, genera excusas para ocultar el rostro siniestro del futuro en donde la humanidad estará dividida entre una pequeña capa de “poderosos” y una gran capa de “plebeyos”.

Las correlaciones de fuerzas son:

  • Los H+ realizan análisis tecnológicos exóticos y extremos.
  • Estos análisis son podados de sus consecuencias extremas por el FEM que los convierte en “presentables”.
  •  La FEM traspasa sus objetivos a la ONU para que los traduzca y los remita a los Estados miembros y, al mismo tiempo, elabore “políticas globales”.
Ahora bien, cada uno de estos grupos tiene detrás distintos intereses de parte:

  • Los H+, son los “activistas”, conferencias, charlas, debates, etc. Todos sus miembros proceden del campo de las “nuevas tecnologías”.
  • El FEM, mundo del dinero, de los negocios, del espectáculo, de la prensa, de la política, partidarios de la globalización económica.
  • Las clases funcionariales de la ONU en donde dominan los ideales generados por la masonería del XIX (que ya ha perdido toda fuerza fuera de estas instancias), el ocultismo teosófico, los partidarios de la “nueva era”, esto es, los círculos mundialistas.
Todos estos círculos tienen prisa: su objetivo es el 2030. Pero quieren alcanzar antes sus objetivos; temen que una crisis económica global produzca un vuelco populista en el electorado mundial. Por eso aprietan la marcha antes de que se puedan percibir los efectos sociales generados por las nuevas tecnologías.

 

Las próximas medidas que vamos a ver serán:

  • Reformas constitucionales que coloquen en primer plano las propuestas de la Agenda 2030. Ejemplo: los primeros artículos de la constitución chilena [que fue rechazada ampliamente por el electorado].
  • Recortes a las libertades y mayor presión sobre los grupos de oposición. Ejemplo: la represión contra los camioneros canadienses llevada a cabo por Justin Trudeau.
  • Establecimiento de un salario social que evite estallidos sociales ante el aumento de paro generado por las nuevas tecnologías.
  • Mayores recortes a la libertad de expresión dentro de las redes sociales.
  • Aumento deliberado de la inflación y de la emisión de moneda basura para desvalorizar el patrimonio de las clases medias y aumentar el de las élites económicas. Ejemplo: durante la pandemia se puso en circulación 1 dólar de cada 2 de los que actualmente circulan por el mundo. Las subidas de los tipos de interés no están justificadas por el “recalentamiento de la economía”, la causa de la inflación es la subida de los precios del carburante y de la electricidad, ante las que no valen políticas monetaristas.
  • Aumento de la psicosis sobre el cambio climático, batería de excusas para mantener entretenida a la población con debates absurdos (ejemplo: “perspectivas de género”, “inclusión”, etc), difusión de fármacos y de drogas sedantes.
  • Ataques contra la línea de flotación de los restos de estructuras tradicionales: familia, natalidad, Iglesia, educación, cohesión social, etc.
 ¿Cuáles son los puntos débiles de esta perspectiva?
    • El frente FEM-Agenda 2030 no es tan homogéneo como parece. Así como a la FEM la temática ecológica es una simple excusa, para algunos círculos mundialistas es tema capital.
    • En el interior de la FEM hay dos tendencias: el “dinero viejo” (procedente de las dinastías económicas, la especulación financiera, y las industrias tradicionales) y el “dinero nuevo” (las grandes acumulaciones de capital surgidas al calor de las nuevas tecnologías). El “gran reset”, la Agenda 2030, son acuerdos provisionales entre ambas tendencias. Pero el tiempo y los niveles de capitalización juegan a favor del “dinero nuevo” que, antes o después, entrará en polémica con el otro sector.
    • Los niveles de inflación, endeudamiento y malestar social van a ir en aumento en los dos próximos años y pueden estallar antes de que se instaure en todo el planeta el “salario social”, el metaverso y demás anestésicos sociales, en especial entre 2024 y 2028. El “lado oscuro” ha mostrado sus cartas demasiado claramente. Tiene prisa en alcanzar sus objetivos antes de que se produzca una reacción generalizada. La prisa es mala compañera.

¿Sobre qué bases puede establecerse una reacción?
  1. Sobre la certidumbre que ellos son “pocos” y su oposición es mucho más grande de lo que parece. Una vez realizada la distinción amigo-enemigo queda solo ponerla en práctica en cada país.Las estructuras tradicionales, aunque debilitadas, siguen existiendo, hay que reforzarlas: familia, sectores conservadores, confesiones religiosas, clases medias.
  2. Las nuevas tecnologías permiten crear redes sociales propias y recursos técnicos que posibilitan huir del control de las empresas del “lado oscuro”: Facebook, Google, Microsoft...
  3. Restablecimiento de valores absolutos, sin los cuales es imposible la existencia de sociedades estables. Hay que erradicar el “relativismo” generado por el “pensamiento crítico” de la Escuela de Frankfurt uno de los puntales de la posmodernidad.
  4. Se trata de rechazar la “ciencia sin conciencia”, aceptar los logros técnicos, pero aceptan que también conllevan una carga negativa que debe ser evitada.
  5. Reconocer que el mundo es demasiado diverso y desigual como para poder ser gestionado por un “gobierno mundial”, un “big brother”, o con las mismas orientaciones: los problemas de Europa y de África no se parecen en nada.
  6. Construir relatos alternativos (sobre los aspectos más significativos de nuestro tiempo y sobre su dirección) y un metarrelato (que va más allá, hunde sus raíces en la historia, en nuestras tradiciones y en nuestro pasado y se proyecta con fuerza hacia el futuro e integra los relatos previamente definidos).
  7.  Cuanto toque, salir a la calle y demostrar que “hasta aquí hemos llegado y hemos dicho basta”. Y esto implica fuerza, decisión, energía y convicción de que estamos cerca de la “lucha final” y que esto es como aquella saga de “los inmortales” de los años 80: sólo puede sobrevivir uno. H+, Agenda 2030, FEM, son incompatibles con la vida, con la persona, con el pensamiento no alienado (esto es, consciente de ser uno mismo).