En los años 70,
personalmente tenía un deseo en política: que una vez terminado el franquismo
(que era evidente, concluía con la vida de su fundador), en España apareciera
un partido similar al Movimiento Social Italiano que, en aquel momento tenía
entre un 10 y un 12% de los votos. Ciertamente, no hay que idealizar a
aquel partido, bajo cuya sigla -como en todo partido- se cobijaba tanto lo
mejor como lo peor, pero si es cierto que, durante su medio siglo de
existencia, el MSI fue fiel a sus orígenes y, cuando estos quedaban ya muy lejanos,
concluyó su ciclo en una especie de harakiri gestionado por Gianfranco Fini.
Hace unos meses, traduje para el número 54 de la Revista
de Historia del Fascismo la obra escrita por Massimo Magliaro, que
fuera brazo derecho de Giorgio Almirante en materia de prensa, durante la etapa
en la que estuvo al frente de la Secretaría General del partido. Magliaro habla
perfectamente castellano, así que las pocas dudas que surgieron durante la
traducción, él mismo se encargó de solventarlas, e incluso, para la edición
española amplió el contenido de la obra. Actualmente el mismo volumen se
encuentra publicado por les Cahiers d’Histoire du Nationalisme,
dirigida por Roland Hélie y hace unos días el autor me pidió un postfacio para
la nueva edición italiana. La originalidad de este trabajo es que recopila, por
fechas, los principales hitos del MSI desde 1945 hasta 1995. En cuanto a la
edición española de esta obra, hoy mismo, hemos recibido la primera reimpresión,
siendo uno de los 60 números de la RHF que más interés ha atraído. No es para
menos.
La reimpresión de esta obra es lo que nos permite traerla a
colación a la hora de comparar los “nuevos populismos” con lo que fue el MSI. Hay
que deshacer un equívoco que permanentemente es reiterado por los medios de
comunicación: nada que ver entre “nuevos populismos” y “neo-fascismo”. El MSI
fue un movimiento neo-fascista: su inspiración originaria era la andadura de la
República Social Italiana y los files a esa forma final de fascismo, constituyeron
los primeros cuadros del movimiento. Éste, fue creciendo, absorbiendo, poco a
poco, el espacio de los monárquicos, luego el de los liberales e incluso royendo
las bases de la Democracia Cristiana. Muy fuerte en el Sur de Italia, fuerte en
el Centro y débil en el Norte del país, el MSI atravesó distintos períodos,
pero siempre contó con unas juventudes fuertemente ideologizadas y de las que,
frecuentemente, se desgajaron sectores que dieron vida a los llamados,
movimientos extra-parlamentarios neo-fascistas.
El neofascismo de los años 50-80, se nutría especialmente
por los que se reconocían en el fascismo histórico y en el fascismo de la
República Social, luego acaparaba una parte del voto de protesta y, en sus últimas
fases, el voto sensibilizado por la corrupción del sistema político italiano.
Murió cuando sus orígenes quedaban lejos y las nuevas generaciones ya lo
ignoraban casi todo del fascismo histórico y los que conocieron al fascismo
republicano de Saló estaban desapareciendo por la edad. Fini creyó que era un
buen momento para abrir el partido y declararse “post-fascista”. En realidad, la
transformación no fue todo lo bien que hubiera cabido esperar y el nuevo
partido terminó por difuminarse dentro del magna berlusconiano para luego
desintegrarse.
El populismo moderno
es otra cosa. A diferencia del MSI
-que siempre propuso un sistema corporativo-, los populistas no cuestionan la
forma actual de las constituciones de sus respectivos países, tampoco tienen
una doctrina política claramente definida, picotean de aquí y de allí, son
conscientes de la dificultad para elaborar un corpus doctrinal coherente y se
limitan a ser partidos de protesta (como lo fue el MSI, pero rebajando sus
exigencias a los límites constitucionales) y
alertan sobre los riesgos de la inmigración masiva, del neoliberalismo salvaje
y de la globalización, salen en defensa de los intereses del ciudadano de a pie
y, si en algo se parecen al viejo MSI,
es en cierto transversalismo, presente en unos más que en otros (entendiendo
por transversalismo, la inclusión en sus programas de temas propios de la
derecha en materia nacional y de la izquierda en materia social).
Para los que procedemos del neo-fascismo, las ideas y los
principios del “populismo” pueden parecer pobres y limitados, bienintencionados
en el mejor de los casos y oportunistas en el peor. Todo depende de lo que se pretenda: si se quiera “hacer política”, la
vía pasa -en Italia y en toda Europa, aquí y ahora- por el “populismo”. Si hoy lo
que se quiere hacer es “testimonialismo”, indudablemente, el ejemplo del MSI fue
el partido-faro del neo-fascismo. Si no se tiene claro este punto,
cualquier esfuerzo en una dirección u otra es tiempo perdido.
En España, hasta
mediados de los años noventa, todo inducía a pensar que un partido como el MSI
hubiera tenido cierto eco en el electorado. A pesar de que Fuerza Nueva
participó con el MSI (y con el Parti des Forces Nouvelles) en el primer intento
de crear un frente común en lo que fue la “eurodestra”, lo cierto es que el
partido de Blas Piñar estaba concebido según otros parámetros muy distantes del
MSI, especialmente en materia religiosa. La imagen paramilitarizada que dio
Fuerza Nueva había abandonada completamente por el MSI desde mediados de los
60.
Los errores se pagan y el tiempo de vigencia del “neo-fascismo”
se agotó sin que Fuerza Nueva pudiera estabilizarse, ni surgiera ninguna formación
posterior… hasta que en 2018 se produce la irrupción del “populismo” en Vox.
Parece claro que, fuera de algunas coincidencias generales, propias de partidos
situados a la derecha del espectro político, Vox y Fuerza Nueva se parecen como
un huevo a una castaña, por mucho que los tertulianos habituales tiendan a equipararlos…
como quien equipara un partido de estructura marxista-leninista, organizado en
función del “centralismo-democrático”, como fue el PCE, con el actual Podemos.
Vale la pena no
engañarse, ni engañar. Pero, a pesar de que la experiencia del Movimiento
Social Italiano sea irrepetible, incluso en Italia, vale la pena conocerla.
Precisamente, el hecho de que. en los años de la transición, incluso los que
daban la mano a Giorgio Almirante y arengaban a las masas junto a él, lo
desconocieran todo sobre este partido, fue lo que garantizó su fracaso. Porque,
en la transición española, hubiera sido mucho más adecuado adaptar el “formato
MSI” a nuestro país, que rescatar una especie de revival de Renovación Española
cuarenta años después de la desaparición de ese partido. Porque eso fue Fuerza Nueva,
en el fondo.