Info|Krisis.- Han pasado dos meses desde la convocatoria del referéndum soberanista
del 9 de noviembre y el independentismo sigue dando muestras de haber llegado a
su límite máximo. No solamente está remitiendo su influencia en la calle, sino
que los distintos partidos soberanistas están dando un poble ejemplo de cómo sus
declaraciones altisonantes se han terminado convirtiendo en mero tacticismo
electoralista. Para colmo, la irrupción de Podemos ha terminado por
desequilibrar las cuentas iniciales de los soberanistas. En un ambiente de
crisis, Artur Mas se prepara para afrontar los que serán sus últimos meses al
frente de la Generalitat. En esta situación extremadamente lábil y movediza, lo
más sorprendente es que los medios de comunicación de la Generalitat siguen
ejerciendo su particular tancredismo y, por aquello del, “corregilla y no
enmendalla”, se obstinan en seguir ignorando que su proyecto independentista
apenas fue votado por una cuarta parte del electorado catalán y, en este
momento, está descarrilado. Si no lo han advertido aún, la realidad se lo está
mostrando descarnadamente.
Una mentira mil veces repetida se
convierte en una verdad, frase atribuida falsamente a Göbbels y cuya verdadera
paternidad puede reivindicar Lenin (como demostró el historiador Joachim Fest),
parece ser el lema del equipo de comunicación al servicio de Artur Mas. Como si
aquí no hubiera pasado nada, como si el soberanismo fuera mayoritario en
Cataluña, como si existiera en las cuatro provincias un clamor unánime en favor
de la independencia, los medios de comunicación de la Generalitat, pagados por
todos, pero desde hace casi cuarenta años al servicio exclusivo del
nacionalismo, siguen repitiendo las mismas monsergas.
