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domingo, 22 de mayo de 2011

La protesta española y sus límites (II)


Infokrisis.- Esto no es una revuelta, ni mucho menos una revolución. No es una algarada porque hasta ahora no se han producido incidentes notables. Tampoco es una revuelta porque para eso hace falta una energía una combatividad que de momento no ha aparecido por ninguna parte. Si el movimiento es algo es una asamblea de mártires (la “gente normal” que manifiesta su indignación) en un país martirizado por una clase política inútil, depredadora e incapaz. En esta segunda parte del artículo vamos a intentar completar nuestro análisis de lo que de positivo y negativo hay en este movimiento.


5. El gran éxito: el movimiento ha robado protagonismo electoral


Cuando se inició la campaña electoral para las municipales y autonómicas, los partidos mayoritarios se las prometían muy felices: a un lado el PP era consciente de que su esperada victoria coronaría su larga marcha de retorno a la Moncloa y el PSOE aspirada a limitar los daños y todo su problema consistía en saber si Rubalcaba o la Chacón dirigirían el socialismo en el tiempo de su recuperación. Y bruscamente la protesta iniciada el 15 de mayo les ha desplazado completamente de la actualidad. La campaña electoral y lo que dijeran los candidatos ha pasado a segundo plano –acaso porque no tenían gran cosa que decir- ante el movimiento de los indignados. Al menos, esta campaña ha tenido como aliciente el confirmar que los partidos políticos no interesan a los españoles. Ni poco, ni mucho: nada.