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jueves, 14 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (291) – GRIETAS CADA VEZ MÁS PROFUNDAS EN EL MUNDO INDEPE


Las noticias que se reciben de Cataluña en el resto del Estado y en el extranjero, tienen desde hace un mes una única dimensión: el proceso por aquella filfa de referéndum del 1-O. Afortunadamente, Cataluña es algo más que un proceso… Pero ¿lo es? Se demostrará en el próximo maratón electoral.

En los comentarios de la población, el proceso no registra el más mínimo interés. La prensa, eso sí, todos los días, da cuenta de las novedades y las cámaras fijas presentan las declaraciones de los testigos… ¿Hay alguien que las vea? Quizás las familias de los acusados directamente implicados en la declaración de tal testigo, los becarios de las redacciones que quedan encargados de seleccionar los clips que mejor convienen a la política de la empresa propietaria del medio y poco más.

Para los independentistas, el proceso se hace sin garantías judiciales y los acusados están indefensos… El problema es que el proceso se está viendo en todo el mundo y los juristas o aspirantes a tales, tienen la ocasión de ver si el proceso se atiene a los estándares judiciales dominantes en todo el mundo, o se trata de un proceso estalinista en el que un vociferante fiscal, a lo Andrei Vichinsky, el que llevó la acusación en las purgas de Moscú de los años 30. Así mismo, los juristas pueden tomar nota de las alegaciones de los defendidos que se basan en esto: “convocar un referéndum no es delito”… olvidando que, en todos los países, hay unos mecanismos constitucionales y legislativos para ello. Y ese es el problema: que todo el mundo está viendo a unos pobres tipos, víctimas de su prepotencia, de su fanatismo y de las engañifas que el “capitán Araña” y de los armadores del “procés”, les lanzaron en este fenomenal embrollo, pillados, unos en su ingenuidad, otros en sus ambiciones y casi todos en su tontería. Que acaben ya el “proceso al procés” que el circo debe continuar con otros números.

Y el circo en estos momentos, en Cataluña, es, sobre, todo, electoral. Pocas elecciones como estas van a ser tan significativas: que ERC se llevará el título de partido mayoritario parece cantado. Pero esa no es la cuestión, sino lo que hará desde la gencat: ¿reconocer que toda la vida política catalana ha estado varada desde aquella malhadada idea del pobre Maragall de iniciar la tramitación de un “nou estatut”, aguas primigenias que han traído estos lodos y que ya es hora de pasar página? O bien ¿seguirá insistiendo en la vía muerta del referéndum, eufemismo para aferrarse a la independencia imposible, inviable y demodé? La primera implicaría el declive definitivo del nacionalismo (¿qué nacionalismo es ese que reconoce la inviabilidad en la construcción de una nación?) y la segunda es más de lo mismo.


Fuera de ERC -con sus diferencias interiores de criterios, con su ausencia de estrategia en este momento, con un déficit en sus análisis políticos y un inmovilismo en sus objetivos, no sea que vayan a decepcionar al elector independentista- el resto de formaciones que apoyaron el procés están envueltas en una crisis de la que difícilmente saldrán: la CUP y el PDCat.

No sin cierta lógica, la CUP ha decidido que no participará en las elecciones generales. Si no se consideran parte del Estado Español, ¿para qué participar en unas elecciones? Buen argumento que cae ante el visible debilitamiento de esta sigla tras los fracasos mayestáticos de las manifestaciones del 21 de diciembre de 2918 y del 27 de febrero de 2019 que debía ser una huelga general y ni siquiera llegó al estadio de embotellamiento general. No es que se ausentes por este motivo o porque reconocen por anticipado la derrota que les aguardaría. Prudentemente, la CUP ha decidido replegarse y concentrarse en las elecciones locales en donde tienen perspectiva de salvar el sueldo a unos cientos de concejales. Veremos si lo consiguen… porque, de momento, lo único que han logrado es que una de sus tendencias interiores, Poble Lliure, sí se presenten y con ellos se una el grupúsculo Som Alternativa de aquel argentino espabilado, Dante Fachín, que dejó en la estacada a Podemos, tras ser su secretario general en Cataluña, y que, tras su “brillante” declaración en el proceso por el 1-O aspira a seguir viviendo del cuento.

En realidad, lo que se está jugando en el interior de la CUP es una lucha para ver quién controla el chiringuito. Se trata de una organización asamblearia que ya parece difícil que haya aguantado los sucesivos fracasos que ha promovido o en los que ha participado, utilizando un lenguaje “revolucionario” y perentorio, más propio de los años 60 y 70 que del siglo XXI. Pero todo se acaba y la sensación que dan las CUP es que hace mucho que llegaron a su techo máximo. Tras quemar a varias promociones de militantes, ahora les queda remitir. Y en eso están.

¿Se acuerdan de CiU? Las siglas dominantes durante el “pujolato” se extinguieron: UDC sigue existiendo como residuo testimonial y CDC se transformó en PDCat para huir de los muchos procesos que la anterior sigla tiene abiertos. La sigla CiU durante un largo ciclo de casi 40 años fue el paradigma de lo que se llamó “el nacionalismo moderado”, pero los casos de corrupción y el aventurerismo de Artur Mas, implicaron el declive de la sigla. Cuando apareció Carlos Puigdemont, el partido ya estaba en crisis y eligieron a un tipo de provincias para estar al frente.


Puigdemont sería eso que en los EEUU llaman un “paleto de la América profunda”, un tipo con pocas luces, pero ambicioso y que, fuera de la política y de la pastelería familiar, literalmente, no tiene donde caerse muerto. La primera jugada le salió bien: para evitar el “sorpasso” de ERC, les propuso una alianza, Junts per Catalunya. Y Oriol Junqueras se lo creyó. ERC renunció a ser el partido mayoritario en Catalunya para subsumirse en una coalición que debía llevar Cataluña a la independencia. Meses después, Junqueras se dio cuenta de que lo habían timado. Se sabe lo que ocurrió después: tras el 1-O todo estalló: Puigdemont se preocupó de salvarse a sí mismo y allí sigue, en su Waterloo particular. Junqueras, en cambio, lleva más de un año en prisión y luce sombrío en el banquillo de los acusados convertido en el predicador de dos religiones que pierden creyentes día a día: el catolicismo y el independentismo.

Puigdemont podía pasar hasta ahora como un político honesto que ha huido para seguir adelante con sus ideas… salvo por el hecho de que ahora se ha sabido que Puigdemont ocultó un informe interno que admitía corrupción masiva en la obra pública ejecutada en Cataluña. Dicho con otras palabras: la corrupción del 3-5% sigue viva y activa, es una herencia del “pujolato” que ha sobrevivido a la descomposición de CiU, al “procés” y que forma parte de la “construcción nacional de Cataluña” tanto como la sardana o los concursos de castellers de TV3. ¿Honestidad? Sí, pero con el 3%. Los datos que hoy presenta El Confidencial sobre este tema, por supuesto, son evitados en la titubeante prensa catalana e ignorados por los independentistas.

Al paleto de Waterloo le ha caído esta noticia, en uno de esos días de desgracia, cuando el gobierno español y el parlamento europeo han tirado por tierra su particular cuento de la lechera. Puigdemont aspiraba a presentarse a las elecciones europeas, ser elegido, recibir inmunidad parlamentaria y volver a España con lo que sería feliz y comería perdices. Le han dicho que no. Napoleón, al menos tuvo una isla para gobernar sus últimos años. Puigdemont solamente tiene su “república digital”. ¿La Crida per la República que promovió? Creada como tramoya “unitaria”, no logró atraer a nadie salvo a escasos sectores del PDCat.

En la última reunión del consejo de dirección del partido, compuesto por 440 miembros, solamente asistieron 176. Puigdemont impuso sus candidatos, recibiendo la hostilidad de buena parte de la organización, especialmente de las comarcas de Gerona (su tierra natal). Pocas horas después de conocerse las listas, 200 afiliados se dieron de baja. Las voces que claman para que el presidente del partido, David Bonvehí, sea sustituido, agravan la situación interior.

¿Qué ha ocurrido? Algo muy simple: a poco de crear Puigdemont La Crida Nacional per la República, se dio cuenta de que carecía de “tirón” y que su recorrido estaba agotado en la misma meta de salida. Así que ha decidido recuperar el control sobre el PDCat e imponer sus candidatos y sus puntos de vista… al margen de las opiniones de los afiliados. Lo que, en la práctica, implica que el centro político del independentismo (lo que en otro tiempo fue CDC) está ahora vacío: porque el PDCat es ya hoy un partido convertido en un mero títere de un paleto exiliado por sus propios errores y por sus torpezas.

Y así afronta el mundo independentista las próximas convocatorias electorales. ¿Qué puede esperarse? Victoria pírrica de ERC antes del mazazo que supondrán las sentencias del 1-O, con sus multas y sus inhabilitaciones. La obsesión por la independencia será sustituida por la petición de amnistía. Dos elecciones más y Rufián tendrá que vivir del paro…

Así está la Cataluña independentista. Menos mal que Cataluña es algo más que el independentismo, mientras que del independentismo se sabe que existe gracias a las noticias que van llegando sobre el “proceso al procés”.

domingo, 24 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (278) – GENTE QUE HE CONOCIDO… EN LA CÁRCEL


Si alguno no lo sabe, he pasado algo más de dos años de mi vida en la cárcel. No crean, no es nada grave, sobre todo si es por tema político. No es que esté particularmente orgulloso de haber pasado por la cárcel de la Santé, pero sí de que mi caso fuera el último que tratara la Cour de Sûreté de l’État, creada en 1963 para combatir a la OAS y que envió ante el pelotón de fusilamiento al teniente coronel Jean Bastién-Thiry por atentar contra De Gaulle. Lo mío fue mucho menos dramático: la policía me detuvo con varios pasaportes con mi foto, pero con otros nombres y tuve que pasar tres meses en la Santé por el delito de “uso y tenencia de documentos falsos”. Nada grave. Unos años después fui detenido por la policía española, gracias a una delación de un personaje lamentable, a causa de una orden de busca y captura por una manifestación que había tenido lugar en Barcelona en junio de 1980 contra la UCD. Fui juzgado y un juez particularmente polémico, Adolfo Fernández Ubiña, me condenó a dos años de cárcel, lo máximo que le permitía la ley. Luego, una vez ingresado en prisión y siendo la primera condena y un delito de nula peligrosidad social, disponer de estabilidad social y medios de vida, unido a los tres meses de prisión preventiva que pasé en Alcalá-Meco, hubiera debido de salir al cabo de dos o máximo tres meses. Sin embargo, a pesar de la “buena conducta” y de trabajar en los talleres, el equipo de clasificación y tratamiento -dependiente de la Generalitat- me retuvo el máximo posible en prisión, casi tres cuartas partes de la condena… por un triste delito de “manifestación ilícita” (hay etarras que han “pagado” menos por cada asesinato). Tal es mi “historial penitenciario” que se desarrolló en 1981 y luego entre 1986 y 1987… A lo hecho, pecho.

Ni me quejé entonces, ni claro está lo voy a hacer ahora. Fueron experiencias y como tal las tomé. Decía un antiguo conocido que, para saber de la vida, un hombre debe haber pasado por “un cuartel, un burdel y una prisión” … he pasado por los tres, pero, la verdad, sin detenerme excesivamente en cada uno de ellos. En todos ello, eso sí, he conocido a gente especial que vale la pena recordar.

Los asesinos es lo más curioso que tiene una cárcel. Todos ellos son gente particular, al menos en aquella época en la que la figura del “sicaria” todavía estaba ausente y en donde la gente mataba por lo que en Cataluña se llama “un rampell” (algo así como un impulso de rabia…). No elijo esta palabra catalana por casualidad, sino que viene a cuento de un artículo sobre el reavivamiento de la fe católica que se está produciendo entre los detenidos por el 1-O. Como se sabe, Junqueras, desde el principio de su estancia tuvo un impulso místico que le ha llevado a asumir el papel de “nazareno” en el juicio. Y ahora se cuenta que Cuixart también ha sido ganado por la causa místico-religiosa.

Lo más sorprendente del comportamiento de algunas personas en la cárcel es que, la sensación de que no hay posibilidades de salir “horizontalmente” hacia el mundo exterior, queda sustituido por la fuga “tejas arriba”, es decir, por la aparición de un “impulso místico” y repentinas conversiones religiosas. Les pasa a los delincuentes magrebíes: entrar en la cárcel y salen convertido en yihadistas. ¿Qué ha operado la transformación? La sustitución de la “horizontalidad” por la “verticalidad”. Lo he visto en muchos asesinos, créanme.

Un buen día pusieron en libertad “al Charro”, un compañero de celda especializado en hurtos, medio gitano, con algún trastorno intestinal que le impulsadas a tirarse sonoros pedos a destajo. Vivía cerca de la plaza Real; decía a quién quisiera oírle que iba a matar a su mujer porque no le había vuelto a ver desde que estaba en prisión. Al cabo de unos días, efectivamente, aparecieron en unas bolsas, cerca de la Plaza Real, con los restos de una mujer descuartizada. “¡El Charro!” pensamos todos. Pero no, era otra mujer y otro asesino, padre e hijo, que poco después llegó a la Sexta Galería de la Modelo. Lo bauticé como “Carnicerito”. Le pregunté: “Vamos a ver Carnicerito ¿cómo se te ha ocurrido cargarte a tu mujer?”. “Es que nos pegaba”, me contestó. Unos días después se hizo “evangélico”. Y ahí quería yo llegar.


El grupo que se había sumado a la Iglesia Evangélica en prisión era de aúpa. Estaba uno (lo llamábamos “el padre Fran”) que había asfixiado a su madre con una almohada por un quítame allá esas pajas. Luego otro, favorito de los gays, con aspecto aniñado, adoptado por una amante exigente que la pagaba por servicio sexual completo. Cuando el chaval le pidió un aumento, la mujer se le rio: “Si eso no te sirve ni para mear”. Y la mató. Le cortó las piernas -imitando al Carnicerito- pero no tuvo cuajo para seguir, le dio la depre, se fue, volvió y se sentó a la entrada del edificio donde lo detuvo la policía. Luego estaba el perturbado que asesinó a la mujer del diputado Trías de Bes, un minusválido resentido que decía que la mujer en cuestión y su amiga, se rieron de él. Y luego estaba Antidio Saña, hermano del historiador anarquista, Heleno Saña, otra buena pieza. Se había cargado a unas abuelas. Todos estos asesinos, lo más granao de la Modelo, cayeron en la consabida “crisis de fe”.

En Alcalá-Meco había tenido “amistades” parecidas. E, igualmente, en la Santé, conocí a gente que había sufrido el mismo proceso de “revelación religiosa”. Uno de ellos me dejó una Biblia para ver si yo también me sumaba a su Iglesia Evangélica; pero, la verdad es que, desde los 16 años había cambiado la Biblia por Nietzsche y en aquellos mismos meses, cambié a Nietzsche por Evola y Guénon, así que nunca estuve muy predispuesto a volver al redil de la fe y mucho menos a sumarme a una confesión excéntrica para que me ayudara a pasar los días de prisión.

En el fondo, la cárcel es uno de esos lugares en donde tienes mucho tiempo para pensar y leer en todo aquello que no es tenido tiempo de pensar y leer. Así que opté por ampliar mi cultura y recuerdo todo aquel período como, intelectualmente, interesante. Sobreviví y conocí a una parte poco recomendable del zoológico humano. Lo hice con interés y curiosidad. Debo decir, además, que lo peor que conocí allí no fueron los presos, sino el “equipo de clasificación y tratamiento de la Generalitat”, cuyos responsables de la Modelo en esa época, finalmente fueron detenidos, acusados y condenados por “traficar con los grados penitenciarios”

Y esto me lleva a la situación de los presos independentistas. No albergo la menor duda de que, de todos ellos, el más interesante, es precisamente Oriol Junqueras. Seguramente es el que se ha tomado el proceso más en serio y cree sinceramente en lo que predica (nunca mejor dicho). Del resto tengo mis dudas. Alguno de ellos no pasa de ser el típico oportunista de pocos vuelos que, simplemente, se ha equivocado de rumbo y que lo mismo hubiera podido ir a parar a prisión en una redada anti-corrupción contra miembros del PP o del PSOE, si la vida le hubiera orientado hacia otro lugar.

He dicho en alguna ocasión que el independentismo corre el riesgo de derivar hacia el formato “secta religiosa” (ver artículo “El lazo amarillo y la secta religiosa”). Es lo que ocurre cuando la imposibilidad por hacer efectivo un ideal se entrecruza con la incapacidad para renunciar a él en busca de otros pastos más realistas. Cuando faltan argumentos razonables y racionales para defender las propias posiciones y se opta por asumir un conjunto de dogmas inamovibles presentados como “verdades reveladas” (ver artículo: “No sólo se es idiota por creer en la República de TV3”). El místico termina pensando que el mundo que aparece en sus delirios es el mundo real y toma a esa construcción interior como la única por la que vale la pena vivir y consagrarse.


Coincido con que algunos de los independentistas presos no son “delincuentes” en el sentido que abunda en las prisiones. Tampoco son “presos políticos”, sino más bien “políticos que están presos por haber vulnerado el ordenamiento legal vigente” en la medida en que lo demuestren los tribunales. Llevan año y pico en la cárcel. Tiempo suficiente como para que se hayan convencido de que lo que hicieron en su momento -aparte de una propuesta que si puede ser calificada de algo es de irreal- era inviable. Se equivocaron. Pero el no querer admitirlo es lo que hace que busquen confort espiritual en los páramos de la religión: están predispuestos para ello.

Entienden la Historia de Cataluña como una especie de “historia sagrada”, han dado dimensión mítica a algunos episodios (Pau Clarís, Francesc Macià, Prats de Molló, Terra Lliure) y creado otros de la nada (como la Biblia hizo con la “salida de los judíos de Egipto” de la que no hay rastros documentales por ningún sitio), han creído ver una “tierra prometida” allí en donde lo que hay son dos comunidades lingüísticas, convencidos de que la suya es la “elegida” para dominar a los demás.

Tienen sus ritos religiosos (fechas sagradas para ejercer los rituales de su fe: el 9-N, el 1-O, el 11-S…). Creen en el poder mágico de la transubstanciación de las urnas sagradas (esas cajas de plástico que venden los chinos y que convirtieron en urnas para las votaciones del 1-O), consideran que las papeletas depositadas en esas cajas de plástico, al contarlas, se transformaban en “soberanía popular” como si se tratara de un rito animista. Tienen sus mártires (cualquiera que haya recibido un zurriagazo el 1-O o diga que lo ha recibido, sino es mártir, si, al menos, se ha ganado la categoría de beato). Su santoral está repleto de personajes como Companys o Macià, de los que cantan sus vidas ejemplares sin que dar la oportunidad a poner ningún “pero” (como hacen los miembros de cada secta con su “fundador”), de los muchos que podrían ponerse a sus recorridos políticos y personales, reales. Los han santificado, simplemente.

Antes la Iglesia colocaba pendones morados en Semana Santa, ellos, mucho más devotos, colocan lazos amarillos a diestro y siniestro, intentando rivalizar con el color del Vaticano. En su bandera hay una estrella que evoca el espacio celeste infinito y planeante en el que está colocada su “republica butifarrera”, inexistente en este planeta de lo tangible. Incluso tienen a sus Judas en la persona de Santi Vila que nunca estuvo muy convencido de estar en el “buen camino”. Hasta Trapero tiene cara de Judas de escayola repintado antes de sacarlo en procesión.

Y luego está el mesías, más allá de cualquier juicio y sospecha, con su corte de discípulos, que imparte bendiciones urbi et orbe desde Waterloo. Nació, nos cuentan las crónicas, en una pastelería en el pequeño pueblo de Amer no de Galilea, sino de Gerona; los datos sobre su vida, estudios y titulación son tan opacos como los de Jesús antes de las Boda de Canaán. No digamos los de su Magdalena particular, Marcela Topor, de la que algún “espíritu santo” ha borrado huellas sobre su pasado y resulta un personaje virginal.

La nueva religión tiene a sus predicadores en los medios de comunicación de la gencat, cortados sobre el patrón y las hechuras de la Rahola, especie de profeta iracundo de Israel. Incluso podemos considerar que el antiguo presidente del Barça, Laporta, ejerce de José de Arimatea, el propietario del sepulcro en el que yacerá el Mesías. Y al igual que Israel, todavía no está claro, quien de todos estos sujetos es el verdadero Mesías: el independentismo, en estos momentos, como el pueblo de Israel cuando las legiones de Tito sitiaban Jerusalén, sigue peleándose dentro de sus altos muros.

Las conversiones o amplificaciones en la fe de los Junqueras y Cuixart son lo de menos. Un año más en la trena y Romeva puede acabar cantando el “Hare Krisna, Hare Rama, Krisna, Krisna, Rama Hare” y Carmen Forcadell ingresar en las Misioneras de la Caridad de la “madre Teresa de Calcuta”. Muchos de ellos van a tener que hacer “voto de pobreza” según salga la sentencia porque alguien va a tener que pagar lo que costó el referéndum (que no fue poco) y me temo que el juzgado se los va a cobrar con cargo a los patrimonios personales de toda esta peña.

Tengo para mí la sospecha de que el cristianismo de los primeros tiempos fue un movimiento político que reivindicaba la independencia de Israel y la revuelta contra Roma con un Mesías al frente que, en realidad, no era más que el líder político de la revuelta. Aplastada la resistencia, el movimiento político derivó hacia el formato secta religiosa. Como ven, no hay nada nuevo bajo el sol. Y antes de que alguien lo recuerde: no toda secta, se convierte en una gran religión que haya inspirado 2.000 años de vida europea. La mayoría se quedan como pequeños grupos de raritos que comparten creencias excéntricas.