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jueves, 10 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (11): LOS ALARIDOS DEL NIÑO DE LA VECINA



Establezcamos un axioma (proposición suficientemente evidente como para no necesitar demostración): LOS NIÑOS ESPAÑOLES SON MÁS CHILLONES QUE EN CUALQUIER OTRO PAÍS DEL MUNDO (incluidos los países más chillones del tercer mundo). Me quejo de eso: NO SABEMOS EDUCAR LA VOZ DE NUESTROS NIÑOS. CUANDO JUEGAN, LO HACEN A TRAVÉS DE ONOMATOPEYAS Y ALARIDOS. Cualquier viajero sabe que esto ocurre solamente en España. Harina de otro costal es explicarse el por qué.

En cierta ocasión, sentado en un restaurante, la niña de apenas tres años de la mesa de enfrente empezó a gritar, sus padres y familiares no la calmaban así que comenté en voz alta lo inútiles que eran y que ni siquiera se preocupaban de educar a su hija para que no molestara en los locales públicos. Por increíble que pueda parecer, los padres –que me habían oído perfectamente- prefirieron abandonar el local antes que enseñar a la niña que en lugares públicos no se chilla. En los últimos años, confirmando la anécdota, debo decir que no he visto a padres que se esforzaran en educar la voz de sus hijos (que es como educarlos a ellos mismos). Da la sensación de que la actual generación de padres considera que cualquier reconvención, regañina o simplemente intento de rectificar el carácter de su vástago, vaya a castrarlo y sea algo inhumano. El resultado es que, cuando alcanzan los 14 años, ya resulta imposible que aprendan a modular la voz.

Por lo demás, una de las muestras del fracaso educativo de la enseñanza primaria es que en España, los niños se comunican POR ONOMATOPEYAS, MUCHO MÁS QUE CON FRASES CONSTRUIDAS MEDIANTE VOCABLOS. Y esto,  también, es algo que solamente existe en España. He contado en varias ocasiones que, en cierta ocasión, en Praga, dentro de un par, en la mesa de al lado, estaban sentados merendando un grupo de cuatro niños de 12-13 años ¡y hablaban entre ellos! ¡ni gritaban, ni se comunicaban por onomatopeyas, ni mediante alguna red social! ¡ESTABAN HABLANDO! Era algo que hacía tiempo no veía en España. En otra ocasión, en Québec, en un fast-food en el que me encontraba, entraron como 90 jóvenes escolares. Me horroricé: algo así en España equivalía a tener que evacuar el local ante los gritos, los chillidos, las peleas, la música, etc… Al cabo de poco rato vi que los profesores tenían perfectamente controlada la situación: TODOS ELLOS SE COMPORTARON CÍVICAMENTE.

¿El balance? ESTAMOS FORMANDO ENERGÚMENOS A FUERZA DE RENUNCIAR A EDUCARLOS. Educar quiere decir RECTIFICAR las tendencias y transmitir hábitos sociales correctos. Implica, naturalmente, ejercer presión sobre el niño: pero es rigurosamente necesario. O de lo contrario, lo que va creciendo es una raza asilvestrada incapaz de vivir en sociedad y de comunicarse de manera racional. ESTO ES LO QUE TENEMOS HOY. Corresponde a los sociólogos y educares explicar cómo hemos llegado hasta ese punto. Pero es una situación que resulta imposible de soportar.

En mi pueblo, procuro no salir a la misma hora que sueltan a los niños de los colegios. Cada día que veo el espectáculo de los niños saliendo de la escuela, no sé por qué, recuerdo aquellas películas del Oeste en las que se producía una estampida de búfalos. Pues lo mismo.

LO ESENCIAL PARA MANTENER LA CONTINUIDAD DE UNA SOCIEDAD ES ESTABLECER CÓDIGOS DE COMUNICACIÓN ENTRE SUS MIEMBROS: CUANTO MÁS SOFISTICADOS SON ESOS CÓDIGOS Y MÁS ELABORADOS, MAYOR ES EL NIVEL CULTURAL Y EDUCATIVO DE ESA SOCIEDAD –implica que todos sus miembros se han esforzado en alcanzar unos mismos estándares aceptados por todos- CUANDO MÁS SIMPLES, PRIMITIVOS Y ONOMATOPÉYICOS SON ESOS CÓDIGOS, MÁS PRIMITIVA ES UNA SOCIEDAD. Si hemos de vivir los decibelios que emiten las jóvenes generaciones, hay que reconocer que la sociedad española se ha degradado al nivel de los neandertales recién bajados del árbol.

La generación en la que me eduque y la generación en la que he educado a mis hijos eran capaces de gritar más y mejor que la de ahora. PERO SABÍAMOS CONTROLAR EL SONIDO, MODULAR LA VOZ Y SUBORDINAR NUESTRO IMPULSO A LA NORMA SOCIAL ACEPTADA DE NO CAUSAR MOLESTIAS A LOS VECINOS. De eso me quejo. De que de esto ya no quede ni rastro.


miércoles, 9 de julio de 2014

¿España es el país más ruidoso del mundo?


Info|krisis.- España es un país ruidoso. Es más, es el país más ruidoso del mundo. No solamente la modernidad genera ruidos mecánicos más allá del umbral de lo tolerable, sino que la sociedad española es la más ruidosa de todo el globo. El ruido es tan abominable como el silencio es el caldo de cultivo de todo aquello de lo que la humanidad puede estar orgullosa. Las civilizaciones tradicionales han sido civilizaciones del silencio y de la serenidad. Se cultivaba el silencio porque se intentaba que cada cual fuera él mismo. Si hoy, en nuestra España bulle la más ruidosa de todas las sociedades es porque ocupamos un lugar avanzado en la degradación de las costumbres y en los procesos de desintegración social. No es, precisamente, como para estar orgullosos, pero así están las cosas… Vale la pena reflexionar sobre ello.

¿Somos el país más ruidoso del mundo? El 24 de abril de 2013 el diario ABC publicada una pequeña noticia acompañada de vídeo en el que respondía a esta cuestión: No, no somos el país más ruidoso del mundo (http://www.abc.es/videos-espana/20130424/espana-segundo-pais-ruidoso-2324696589001.html), el título corresponde al Japón, nosotros nos debemos contentar con una discreta segunda plaza. La noticia venía a cuento de que los inspectores de GAES (empresa dedicada a la venta de prótesis auditivas) habían recorrido las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla para concienciar a la población sobre los altos niveles de ruido y cómo pueden afectar a la salud. Era el Día Mundial contra el Ruido. Durante la jornada se detectaron en España sonidos muy por encima de los niveles recomendados por la OMS. El óptimo son 65 decibelios; lo registrado en España estaba siempre muy por encima. Estos estudios de la OMS situaban a España en segundo lugar como país ruidoso, tras el Japón. Pues bien, no. Creo que podemos reivindicar el primer puesto.