Los economistas clásicos distinguen dos niveles de crisis: la recesión y la depresión, la primera es pasajera (como un gripe), la segunda es más grave (equivalente a un pneumonía), como la crisis de 1929. Existe un tercer nivel, nunca contemplado, equivocadamente, por los economistas oficiales: el crash, comparable a un cáncer. Mortal. El último tuvo lugar a principios del siglo V con el hundimiento del Imperio Romano de Occidente. Fueron necesarios mil años para recuperarse. Estos son algunos factores de desencadenamiento posibles del apocalipsis económico:
1. Un mecanismo especulativo internacional fundado sobre robots numéricos y desconectado de la economía real.
El especulador va del fondo de pensiones al pequeño ahorrador pasando por los bancos y otras instituciones financieras, con los fondos soberanos y los importantes inversores privados. Las bolsas no dependen ya de órdenes concretas de los poseedores de acciones, pero las órdenes de compras y de ventas, instantáneas, son definidas por algoritmos informáticos, simplemente controlados, pero no dedicidos inteligentemente, por “financieros” pegados a sus pantallas de ordenador. Son miles de robots interconectados quienes deciden vender, comprar, prestar, pedir crédito… Gigantescos flujos de dinero, fuera de control y totalmente virtual enconan el planeta a una velocidad y con una instantaneidad fenomenales. Esto no tiene ninguna relación con la economía real y puede crear burbujas explosivas. El término de “economía de ruleta”, creado por el Premio Nobel de Economía Maurice Allais se aplica hoy mucho más que en su tiempo.
