Molenbeek, uno de los diecinueve barrios de Bruselas y de
verdadero nombre Molenbeek-Saint-Jean para los valores o Sint-Jans-Molenbeek
para los flamencos, cuenta con 80.000 habitantes mayoritariamente magrebíes. El
40% de los habitantes son musulmanes y la comunidad mayoritaria es marroquí (de
Tánger, Tetuán y el Rif), junto a turcos y a congoleños islamizados. Los
caminos del reciente yihadismo europeo, antes o después, terminan confluyendo
en Molenbeek, pero, aún así, los medios se obstinan en presentar el barrio como
“modelo de convivencia”.
Esta utopía idílico-mediática promovida por los lobbys de la
inmigración, es constantemente desmentida por la realidad. El 10 de junio un
coche de policía, un Volkswager Tiguan,
fue incendiado en plena calle, mientras los policías acudían a una llamada de
socorro. Lo sorprendente no es el hecho en sí –cotidiano y habitual en zonas
con fuerte presencia magrebí- sino el hecho de que las escenas que fueron
filmadas por los presentes y colocadas en youtube demostraran el jolgorio de la
población magrebí, como si se tratara de una fiesta. Esa es la “normalidad de
Molenbeek”.
