Info|krisis.- Dos hechos que no tienen absolutamente nada que ver confirman que nos
encontramos en puertas de un nuevo ciclo político. De un lado, el pobrísimo
espectáculo de Pedro Sánchez en el debate presupuestario, teniendo como
oponente al ministro Cristóbal Montoro y la redada que ha llevado a varios
altos cargos del PP a la cárcel por un nuevo escándalo de corrupción,
demuestran que ambos partidos van a tener muchas dificultades para conservar a
buena parte de su electorado. Día a día, cada vez más, aparecen signos más
claros de que nos aproximamos al inicio de un nuevo ciclo político. La época
del “bipartidismo imperfecto” se está acabando ante nuestros ojos, a diferencia
del período franquista en el que las posibilidades de renovación estaban
condicionadas a la desaparición física del jefe del Estado, casi cuarenta años
después, el inicio del nuevo ciclo está condicionado a la desintegración de las
dos grandes fuerzas políticas de centro–derecha y de centro–izquierda que han
venido protagonizando los repartos de poder.
Pedro Sánchez, de la “gran apuesta” al “gran fracaso”
En Cataluña el PSC quedará
relegado en las próximas elecciones al quinto o sexto puesto, no le va a ir
mucho mejor en el País Vasco y en Navarra, la desintegración del PSOE madrileño
es algo cantado en este momento y nada podrá impedir que quede detrás –quizás
muy por detrás– de Podemos y del PP.
Tampoco en Valencia, la sigla PSPV se beneficiará de la caída electoral del PP
que se avecina y todo el misterio es si quedará en tercera o cuarta posición,
por detrás de Podemos, de Compromís y
del PP.
Lo peor no son los malos
resultados en estas autonomías, sino el hecho de que, matemáticamente, el PSOE
solamente puede alcanzar mayoría absoluta en todo el Estado cuando tiene éxitos
rotundos en Cataluña y Andalucía. Pues bien, el PSC es sin duda la “parte” del
PSOE más desecha por décadas de errores encadenados. En cuanto a Andalucía, aunque
el voto clientelar consiga minimizar la sangría, va a resultar muy difícil que Podemos no ocupe un cómodo espacio que terminará
por tener un espacio propio incluso en esa autonomía. En cualquier caso, lo que
parece claro es que el nombramiento de Pedro Sánchez como nuevo secretario
general, lejos de haber contribuido a “re–posicionar” la sigla histórica del
PSOE, ha acelerado su caída.
