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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Crónicas desde mi retrete (41) ¿VOTAR? ¡SI YA SABEMOS QUE EL TITANIC VA Y SE HUNDE!


La ventaja que tiene el haberse dado de baja de los envíos de propaganda es que, mientras ve como los buzones de correo de sus vecinos están repletos de publicidad, el propio figura limpio como una patena. Yo animaría a que, en las elecciones siguientes, cada vez más gente se diera de baja de las listas destinadas a los partidos políticos. Lo que nos cuentan en esos envíos no suele ser muy edificante y está al alcance de cualquiera con solo introducir una sigla en el Google.

Alguna me dirá: “Pero, hombre, es que no te interesa saber lo que proponen los partidos para votar en conciencia”. Servidor, a sus 67 años se siente joven para hacer muchas cosas, pero ya ha votado demasiadas veces y eso de acumular decepción tras decepción, o tener la certidumbre de que su voto no sirve absolutamente para nada, o tener la duda de lo que se hará con ese voto o la convicción de que tendrá como resultado engordar el ego o el bolsillo de candidatos no particularmente preparados, es lo que me hace sentirme mayor para el domingo 10 de noviembre, acercarme a las urnas y votar a cualquiera de las siglas.

Nunca he apreciado particularmente el “derecho al voto” presentado como la quintaesencia de la democracia. He vivido en el campo durante muchos años y, en el fondo, tengo algo de campesino, así que conozco los problemas de ese mundo. ¿Puedo admitir que mi conocimiento sobre la materia lo exprese mediante un voto apoyando la posición de tal o cual partido sobre cómo resolver los problemas de la agricultura, para que luego venga un urbanita que lo ignora todo sobre la realidad agrícola y ese voto valga lo mismo que el mío? Tengo algunas nociones de economía, pero no las suficientes para opinar sobre la efectividad de programas económicos, sin embargo, mi voto vale lo mismo que el de un doctorado real en economía. Mi voto y el de un ignorante total en economía, dejarían en minoría al de un economista con criterio. Creo que soy una de las personas que han seguido el problema de la inmigración en España desde mediados de los años 80 y que mejor conoce la situación de la inmigración en Europa. Sé perfectamente, que dos votos de inmigrantes con nacionalidad recién adquirida, no sólo neutralizaría el mío, sino que lo anularía. Y, por lo demás, me temo que votar al único partido que ha introducido algunas reservas contra la inmigración masiva, no baste para resolver el problema, especialmente porque me da la sensación de que algunos de sus responsables se han dado cuenta del potencial del eslogan, pero no de sus repercusiones.

Dicho de otra manera: he votado demasiadas veces -hemos votado todos mucho en las últimas décadas para pensar que se va a solucionar algo. No, desde luego, poniendo una papeleta en una urna sagrada, ante los sumos sacerdotes del rito, y creyendo luego que el recuento servirá para transformar la suma de las “voluntades populares individuales” en una “voluntad popular colectiva” de la que saldrá la mejor de las políticas posibles para nuestro país.

Es el “sistema”. Ya, pero el sistema no termina de funcionar. De hecho, no ha funcionado nunca. Y mucho menos en un proceso de aculturización creciente, pulverización del espíritu crítico, manipulación mediática y frivolidad, presiden las votaciones. Quizás tengan razón los que dicen que el “sistema” ha servido para que, desde 1977 no nos estemos matando unos a otros. No nos matamos, pero tampoco resolvemos los problemas.

Se me ocurre que, en ocasiones, las sociedades precisan medidas que deben tomarse en dirección contraria a la “voluntad popular”, tan dúctil y tan fácil de manipular. Es duro reconocerlo y es políticamente incorrecto, pero es así.

Por eso me he dado de baja de los envíos de publicidad electoral, por eso no sigo debates, ni veo informativos: porque tengo la convicción de que estas elecciones no solucionarán nada. Conozco, además, el resultado: ganarán los partidos que ocupan la “centralidad política” (ver atículo Un modelo geométrico para entender la política española) y gobernará alguno de ellos. Aplicarán la “única política posible”, se aferrarán al “pensamiento único” y ninguno, por la cuenta que le trae, criticará la globalización o el “nuevo orden mundial”.


Existirá, claro está, una “periferia política” (ver el mismo artículo), con aspiraciones, más que a “reformar el sistema”, a ascender al círculo de la “centralidad”. Y todo el conjunto pivotará en torno al poder económico que no está sometido al escrutinio electoral y que nadie dirige, salvo una serie de principios doctrinales situados en la cúspide del sistema, intocables por definición y que constituyen la norma obligada para los “señores del dinero” (ver artículo 20 bases religiosas de los Señores del Dinero). ¿Alguien cree que todo esto puede resolverse poniendo un papelito a nombre de tal o cual sigla y confiando los destinos propios y de la propia familia al tipo que, a codazos, a conseguido situarse en la lista electoral? ¡Claro que no! Dejadme con mi credo personal, mi “código”, (expresado en el artículo Manifiesto personal por un “pensamiento fuerte”) y forjad el vuestro a vuestra medida.

No todos son iguales, desde luego, y no voy a ser yo quien sugiera a muchos de mis amigos que no voten a Vox, sin ir más lejos. Casi les animaría a que lo hicieran. Sin fe, claro, sin esperanzas, sin respeto. Y, sobre todo, que no se lo tomaran muy en serio. Estas elecciones no resolverán gran cosa y es presumible, incluso, que contribuyan -como las anteriores y como las de antes de aquellas y las de antes y aún las que les precedieron- a embarullar más y más el panorama político: ganará el espacio de “centralidad” y es muy probable que si las simetrías electorales no son favorables para que el PSOE pacte con algún partido de la periferia (lo que quede de Cs), el voto de la galaxia Podemos les permita gobernar y que si esto tampoco es posible, finalmente, Casado y Sánchez se abracen en nombre de la “convivencia”, la “constitución”, “ y demás chorraditas. Es como ir a ver la película Titanic: al final va y se hunde. ¿Para qué pagar una entrada si conocemos el final? ¿por el espectáculo solamente?
- O gobierno del PSOE con ministros de Cs

- O gobierno del PSOE con el visto bueno de la galaxia Podemos
- O “gran coalición” PSOE-PP.
Estas van a ser las fórmulas para los próximos años y con las que Sánchez deberá bregar para resolver la crisis indepe y para afrontar la crisis económica que se viene encima. Cualquier otra opción es, política y matemáticamente, inviable. ¿Sigues animado a votar? ¿Sigues creyendo que tu voto, pobre, triste, único y miserable va a servir para algo?

viernes, 11 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (26) LA SEMANA DECISIVA QUE ESTÁ POR LLEGAR


Todo induce a pensar que la próxima semana será decisiva en la política española: por una parte deberá resolverse, finalmente, el largo, cansino y miserable episodio de los traslados de los restos de Franco, cuando ocurra, la información se superpondrá, claro está, a la publicación de la sentencia sobre el 1-O y, por su esto fuera poco, los espectadores de Gran Hermano Vip verán cómo se resuelve el espinoso caso de la aparición de piojos en la casa de Guadalix de la Sierra… Demasiadas emociones para este pobre país y para esta sociedad que se deshacen en un azucarillo y todavía agradece que no sea en un baño de sulfúrico.

Franco es historia y la historia es inamovible. La izquierda no conseguirá que los libros de historia dejen de explicar que los 40 años de franquismo fueron el colofón a tres años de caos absoluto de la Segunda República, ni que el desarrollismo español de los 60, superó el subdesarrollo del país. Pero desde 1976 la izquierda se propuso rescribir la historia de España y autoeximirse de cualquier responsabilidad en la guerra civil ante una derecha que prefería dejar hacer y seguir mirando a la cuenta de beneficios. Aquellas aguas, trajeron estos lodos. Los pactos de la transición dejaban en suspenso, superados, una serie de elementos que respetaron ambas partes hasta que se produjo el desmoronamiento ideológico de la izquierda: y fue en ese momento, cuando los Zapateros y secuelas, optaron por reafirmar la identidad de la izquierda en función no del presente, sino del pasado ancestral.

Nunca se ha hablado tanto de la guerra civil como desde el momento en el que Zapatero asumió por la carambola de 210 asesinados el 11-M, la presidencia del gobierno. En 2004, hablar sobre la guerra civil, es decir, sobre lo que había ocurrido 70 años antes, era como si a los escolares de los años 50, los franquistas hubieran seguido dando la matraca con las guerras carlistas y ajustando cuentas con los isabelinos. Y lo peor no es eso, sino que, ante la irremediable tristeza que genera el panorama ideológico de la izquierda (ideología de género + ecopacifismo + inmigracionismo + neoliberalismo), mucho nos tememos que después del episodio de la tumba de Franco seguirán otros veinte o treinta años más de búsqueda de “fosas”, de cambios de nombres de calles que, por algún motivo, pudieran relacionarse con el franquismo.


En democracia, un clavo saca a otro clavo, o más bien, un cadáver tapa a otro. Más claro: el cadáver de Franco, tapará al cadáver del proceso soberanista. No es por casualidad que la semana que se iniciará el 14 de octubre, será decisiva para encarar todos estos problemas, cerrados los cuales se iniciará la campaña electoral propiamente dicha. Y, claro está, lo que suceda, puede alterar el resultado de las elecciones. ¿O es que alguien duda de que el electorado es como una caña al viento, incapaz de tener criterios sólidos y que se inclina según el clima y los rumores que logra percibir de los informativos?

El 12 de octubre se verán banderas nacionales en Barcelona. Veremos lo que ocurre en estos tiempos de disminución de afluencia a las manifestaciones. Sea lo que sea, lo que indican los sondeos es que el independentismo bajo y el unionismo sube, por mucho que ni uno ni otro estén dispuestos a movilizarse en las calles. Sabemos lo que ocurrirá: unos elevarán la cifra a cientos de miles y otros dirán que entre 6 y 8.000 personas… Lo normal, vaya. Como siempre, la realidad y la objetividad son los más perjudicados en esta guerra de cifras. A fin de cuentas, ¿si lo hacen unos por qué no van a exagerar los otros?

Y luego tocará la sentencia. La ANC y el Omnium, siempre tan “comedidos”, han pedido que se paguen los tres días de huelga general que exigen como protesta. Imaginemos lo inédito de la situación: una huelga pagada por la patronal para protestar contra una sentencia. Hace ya mucho tiempo que el independentismo está instalado en el absurdo y que ha desnaturalizado el concepto de “huelga general”, para entenderlo considerar que un embotellamiento y el “paro por el qué dirán” puede ser tenido como algo a considerar más allá de la anécdota. Porque la realidad es que el proceso independentista está acabado y solamente queda el fleco de aclarar responsabilidades.

De no ser por TV3 y porque el independentismo tiene las llaves de la caja y ha subsidiado desde hace 10 años a todo un entramado de entidades creadas para atizar las brasas, en Cataluña nadie atribuiría gran importancia a la sentencia que no es más que el primer colofón (a esta sentencia seguirán otras de segundones y otra más de figurantes) de aquella inmensa locura obsesiva que fue el “procés”.


Ahora bien, dado que TV3 lleva años afirmando que lo que se dirime es la “libertad de expresión” y la “libertad” en general, es cierto que un sector de la población puede tomarse todo esto en serio y olvidar el hecho esencial: que un proyecto independentista alocado, mal calculado, como cualquier acción en la vida, tiene sus repercusiones y que alguien tiene que pagar la factura. El tribunal supremo dirá cuanto y cuando. Los procesados están muy seguros de que la ANC pagará las costas y las multas y que el departamento de prisiones de la Generalitat convertirá su estancia en agradable y breve. Y, claro está, calculan salir como héroes aclamados y con la garantía de que las inhabilitaciones serán compensadas con asesorías y sueldos dados por fundaciones que viven del dinero público. Más difícil lo tienen los procesados en la segunda y tercera hornada.

El gobierno teme incidentes y que la situación se le descontrole, lo que podría suponer el 11-M de Sánchez y del PSOE, sólo que a la inversa. No es tanto lo que separa la intención de voto del PP del PSOE. Por tanto, no es raro que Sánchez, fiel a ese oportunismo sin principios que le caracterice, se reserve el dar palo al mono o negociar con él, según pinte la situación y según le indique Tezanos. Pero si hace falta una noticia que cubra lo que pueda ocurrir en Cataluña, al menos en el resto del Estado, para eso está el cadáver de Franco, cuya profanación -porque eso es, a fin de cuentas- será presentada como una “victoria socialista”.

Del 20 de octubre al 10 de noviembre van a ser 20 días en los que se hablará mucho de la situación. Sobre lo que ocurra en Cataluña y sobre el cadáver de Franco. No se hablará absolutamente nada de la hecatombe económica que se avecina, nada sobre el desmoronamiento moral de la sociedad, de la criminalidad que asola las grandes ciudades, absolutamente nada sobre el que Erdogan haya amenazado a la UE con dejar pasar a millones y millones de “refugiados”, nada sobre la corrupción y sobre la mala gestión de municipios, comunidades autónomas y Estado, nada sobre los procesos pendientes encallados en los tribunales en Cataluña y Andalucía por las exacciones cometidas por los gobiernos autonómicos, absolutamente nada por el hundimiento del sistema de enseñanza y por el deterioro creciente de la sanidad, nada, nada, nada.

Todo esto será sustituido en los 20 días de campaña electoral por la polémica sobre el traslado de un cadáver del que pocos se acordaban y sobre una sentencia del proceso que, en definitiva, no es más que el resultado de un calentamiento irreflexivo de unos dirigentes políticos miopes que tras décadas de repetir que Cataluña era una nación se lo creyeron. Pase lo que pase, me temo -mucho me temo- que el país, a estas alturas, como el avestruz, prefiere mirar a otra parte, a los chinches, piojos, pulgas y garrapatas que han invadido la casa de Guadalix (y nos referimos a insectos clasificados por la entomología y no a los humanos que allí residen).

Y si creéis que este país tiene algún remedio, esperad a lo que ocurra la semana que viene y a los resultados del 10-N.

jueves, 3 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (19) CÓMO LOS PARTIDOS PIERDEN LA PERSPECTIVA


Hace cien años, René Guénon, el maestro del “tradicionalismo integral” teorizaba sobre las “civilizaciones que devoran el espacio” y las “civilizaciones que devoran el tiempo”. Las primeras estarían guiadas por una “fiebre de movimiento” y de “conquista del espacio”, producirían medios mecánicos capaces de reducir distancias, acortar intervalos y unir puntos que están dispersos a través del globo. Se verían favorecidas por la técnica y facilitarían los intercambios de comunicaciones, la velocidad, la transmisión de información etc. Los cambios tecnológicos tienen, especialmente, como objetivo “acortar distancias”, “acelerar tiempos”, “facilitar comunicación”, “conectar”, en una palabra.

Las otras, en cambio, las “devoradoras de tiempo”, en la medida en que aspiran a la serenidad interior y parecen volcadas a prolongarse en la eternidad, consumiendo tiempo. Las primeras, claro está, son vertiginosas e inestables, las segundas serenas e inalterables. Nuestra generación no ha conocido a estas últimas de las que solamente tenemos constancia mediante el análisis histórico. Hoy vivimos un período de “aceleración” (concepto íntimamente vinculado a la velocidad y al espacio) histórica que hará que el mundo, no solamente sea muy diferente, casi irreconocible, del período que recordamos de nuestra infancia, sino, incluso, de los últimos veinte años. Sería en esos momentos en los que más necesario sería prever, anticiparse, establecer planes de futuro, en definitiva, cuando los Estados y los gobiernos más deberían de pensar en el futuro… Sin embargo, son devorador por el espacio y optan por ignorar el paso del tiempo. Lo vemos, especialmente, en períodos electorales.

En momentos en los que se produce un cambio acelerado en la civilización, los sistemas políticos, no solamente, no se adaptan a tales cambios, sino que permanecen anclados en una rigidez suicida. Hagamos una progresión de fechas:
- en 1849, la llamada “primavera de las naciones”, una oleada revolucionaria que confirma las “revoluciones burguesas” de naturaleza democrática. Momento de formación de muchas naciones europeas, de reforma de los sistemas políticos de otras, de confirmación de los avances de la primera revolución industrial (vapor) y de transformación hacia la segunda (motor de explosión e hidrocarburos).

- en 1929, se produce la gran crisis del capitalismo. La “segunda revolución industrial” está en su apogeo. La ciencia vive un momento de expansión que se traduce en aplicaciones técnicas nunca antes soñadas: la radio se ha consolidado como medio, se están haciendo las primeras pruebas con la televisión, la aviación ya no tiene secretos y se configura como un medio de transporte seguro, el automóvil empieza a ser un fenómeno de masas.

- en 1989, se produce otra mutación histórica: el orden mundial establecido tras la derrota de los fascismos, y que había llevado al hundimiento del imperio británico, a la derrota de las naciones formadas a raíz de la “primavera de las naciones”, a “empequeñecer” el mundo y dividirlo en dos zonas de influencia, lideradas por los EEUU y la URSS, cae. El “bilateralismo” de la postguerra, es sustituido por un breve “unilateralismo” de EEUU, pero, inmediatamente por la globalización. Se entra en la “tercera revolución industrial”, la de la microinformática.
- en 2019, se viven los efectos de la primera crisis de la globalización -de intensidad máxima entre 2007 y 2012- se experimentan todavía y muestran que la complejidad del mundo y sus riquezas son difíciles de superar por la existencia de un sistema económico mundial. La suma de ingeniería genética, inteligencia artificial, criogenia, robótica, etc, nos introduce en la “cuarta revolución industrial” que, entre 2030 y 2050, configurará un mundo completamente diferente al que hemos conocido.

Podemos establecer una secuencia matemática en todas estas fechas. De 2019 a 1989, apenas han pasado 30 años. Pero entre 1989 y 1929, transcurrieron 60 años. Y entre esa última fecha y las revoluciones de la “primavera de las naciones”, transcurrieron 120 años. Así pues, la secuencia es 120 – 60 – 30… y esto permite confirmar lo que ya hemos apuntado: que la cuarta “revolución industrial” entrará en su apogeo en apenas 15 años, es decir, que lo veremos en 2034… Es, claro está, una teoría y, como tal, susceptible de variar, pero que confirma lo escrito por Guénon sobre la civilización que devora el espacio y que, a su vez, es devorada por un tiempo que también se acelera y acorta sus plazos.

Todo esto puede discutirse más o menos, a la hora de elegir las fechas clave en la historia de la humanidad reciente. Podríamos afinar aún más la secuencia y retrotraernos a 240 años antes de la fecha de 1848, para encontrarnos al principio del siglo XVII, época en la que se asienta el “nuevo paradigma científico mecanicista” que se iniciará con Descartes y Francis Bacon, encontrando su concreción poco después con Newton. Y entonces tendremos una secuencia de 240 – 120 – 60 – 30 – 15 que nos llevará desde 1609 hasta 2034. Por eso puede establecerse que nuestra civilización “devoradora de espacio” es, a su vez, “devorada por el tiempo”.

Pero el problema es que, si bien, en las primeras fases del ciclo, las formas de organización social y política fueron variando y adaptándose, a partir del desenlace de la Segunda Guerra Mundial se produjo un estancamiento: los avances técnicos y científicos iban variando nuestro mundo sensiblemente, pero las estructuras políticas y representativas quedaban atrapadas en un dogmatismo que se remontaba al siglo XVIII, a los valores de la ilustración, el liberalismo y la revolución francesa. Y así hemos llegado hoy a la contradicción entre un mundo tecnológicamente situado en puertas de la “cuarta revolución industrial”, pero que se rige por los valores aparecidos en las fases iniciales de la “primera revolución industrial”. En otras palabras: se intenta dirigir el mundo del siglo XXI con valores y estructuras propias del siglo XVIII. Los EEUU con su sistema electoral, es el paradigma de lo que decimos.

La radicalización de esta tendencia ha sido la “corrección política” que remite a una observancia estricta del paradigma de la revolución francesa: “libertad – igualdad – fraternidad”, valores asumidos desde 1945 por las Organización de Naciones Unidas y por su laboratorio ideológico, la UNESCO.


Hoy podemos reconocer que, si bien las estructuras políticas representativas no han variado apenas desde principios del siglo XIX, si ha variado en cambio los valores: prácticamente a lo largo de los 100 años posteriores a 1789, la derecha era monárquica y la izquierda liberal, luego los monárquicos fueron desapareciendo del plano político y los liberales ocuparon el espacio de la derecha, mientras que a la izquierda los “partidos obreros” fueron desapareciendo y ese espacio se transformó en el paladín de la “corrección política” a nivel de valores, compartiendo desde el congreso de Bad Godesberg de la socialdemocracia alemana, la defensa del sistema liberal-capitalista, introduciendo únicamente pequeños correctivos sociales (en la actualidad, centrados exclusivamente en la inmigración). Salvo estos elementos, el sistema, devorador de espacio y, a su vez, devorado por el tiempo.

Todo esto, dista mucho de ser consideraciones teóricas. Tienen su aplicación política y su repercusión, especialmente, en períodos electorales. Votar -depositar un papel con una sigla en una urna- se considera un síntoma de libertad y la posibilidad de que decidamos sobre nuestro destino. Lo es, solamente, si aquel al que votamos tiene un “proyecto” político, económico, social, e incluso, histórico, concreto. No nos engañemos: nadie lo tiene. Ningún partido dispone de otro objetivo más que el de hacerse con el poder durante cuatro años y esperar no salir muy malparado para poder repetir otros cuatro. No hay ningún partido que piense en términos históricos, ni que, por tanto, adopte la más mínima medida para adoptar medidas que excedan esos cuatro años en los que va a estar en el poder.

Por ejemplo, hoy se sabe que, en apenas cinco años, 1 de cada 4 puestos de trabajo, un 25%, va a ser eliminado por la robótica. Los robots (o los drones) que hoy son novedades, mañana asumirán parte de los puestos de trabajo hoy existentes. Y es sólo el principio. No he leído en el programa de ningún partido, que se reconozca que amplios sectores de la población están abocados al paro total y para siempre. Es cierto que algún partido habla de “salario social”… eludiendo el espinoso tema de lo peligroso que es garantizar un mínimo para la supervivencia sin recibir nada a cambio y habitual a sectores amplios de la población a vivir subsidiados, o sin experimentar el más mínimo problema en reconocer que, en estos momentos, hay un excedente de más de 4.000.000 de inmigrantes improductivos que lastran cualquier sistema de ayudas sociales y cuyas posibilidades de reciclarse laboralmente, van decreciendo de día en día. Por citar solamente algunos ejemplos.

Los programas de los partidos no “prevén”, simplemente “proponen” algunas medidas inmediatas y, sobre todo, se preocupan de satisfacer a grupos “clientelares”: a los ancianos se les subirán las pensiones, a los jóvenes se les facilitará la vivienda, a los inmigrantes se protegerán sus derechos, a los funcionarios se les elevará el sueldo en función del coste de la vida, a las mujeres se las protegerá y se las impulsará, a los colgaos se les facilitará el consumo de droga y así sucesivamente. Y, todo esto, en medio de una ignorancia histórica creciente, en un momento en el que se acelera la historia, estamos en puertas de una “gran mutación” científico-social, ante la que los partidos ¡solamente piensan en arañar unos pocos votos que les permitan conservar el poder los cuatro próximos años en las condiciones que sea!

Ni hay responsabilidad histórica en NINGUNO de los actuales partidos, ni existen políticos que alberguen un mínimo de SENTIDO DE ESTADO, ni, por supuesto existen “estadistas”, sino tan solo mediocridades -en ocasiones lacerantes y muchas veces fácilmente diagnosticables como psicópatas en el peor de los casos, simples chorizos habitualmente o pobres oportunistas en el mejor- gestores accidentales de la “cosa pública”.

Cuando se producen desfases como los que estamos asistiendo en estos momentos, es imposible pensar que la situación podrá corregirse introduciendo reformas en el sistema político. De hecho, lo que estamos viendo es como la brecha entre sistema político y sistema económico se va ampliando, como más y más avances técnicos van modificando la sociedad y sus valores y… como el sistema político sigue con sus rutinas “democráticas”, idénticas en su fondo a las del siglo XIX.

Que gobiernen unos o que gobiernen otros, como demostró la alternancia del sistema canovista de la Restauración o como ha vuelto a demostrar la constitución de 1978, cambia poco, tan solo la velocidad a la que se avanza hacia el abismo. Por eso, a la hora de votar, lo primero es si vale la pena hacerlo, mucho más que a quién hacerlo.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (18) A LOS DOS AÑOS DEL 1-O NO QUEDA NADA DEL 1-O


El 1-O, no fue gran cosa, salvo para los engañados por TV3 que se hicieron ilusiones de que aquello era serio y serviría para algo. Y, claro está, para los que iban a votar pensando que aquello iba a ser la “revolución de las sonrisas” y se llevaron a algún zurriagazo. Siempre hemos dicho que ver TV3 es malo para la salud. Los locutores de aquella fábrica de perder dinero no advierten que vivir de espaldas a la realidad jurídica de un país, puede resultar peligroso para los que lo proponen (ahí están esperando sentencias e intentando animal al personal con el “ho tornarem a fer”… sí, seguro, “lo volverán a hacer”, pero con otros poncios en el candelero; candidatos al martirio no faltan en .cat) y para los que se lo creen. Y lo del 1-O si puede ser definido de alguna manera piadosa es como “iniciativa poco meditada para lograr un proyecto inviable y mal diseñado”.

A partir de ahí, las cosas no podían ir bien: ni para la audiencia de TV3, ni para los promotores del proyecto, ni para los crédulos que se lo tragaron. Claro está, que la izquierda  tampoco contribuyó a que las cosas salieran mejor. El interés del PSC que jugó a la ambigüedad a lo largo de todo el “procés”, se debía a que el origen del disparate se encontraba en aquel “nou estatut” con el que Maragall quiso pasar a la historia. Aquellas aguas, vale la pena no olvidarlo, trajeron estos lodos y la manipulación de la que fue objeto Maragall por parte de Carod Rovira solamente se explica por lo que, en aquel momento, sabía toda la cúpula socialista: que Maragall no estaba en condiciones mentales de asumir la presidencia del ente autonómico.


Luego vino aquella oleada de referéndums simbólicos, a partir del que tuvo lugar en Arenys de Munt. Y es curioso, porque se trata de una muy pequeña población catalana de apenas 8.000 habitantes en 2009, cuando tuvo lugar el “referéndum simbólico”, actualmente con 9.500, de los que 4.000 son inmigrantes. ¡Cómo para preocuparse de “símbolos” cuando el 40% de la población son “nuevos catalanes” apegados a sus religiones, cultura y menas! Allí, la CUP es el partido más votado. Pues bien, aquel referéndum de muy escaso interés por lo irrelevante de la población fue el que prendió la mecha de otros referéndum similares que culminaron in el 1-O.

Imitando a los indepes de Arenys de Munt de hace 10 años, los de otro pueblo (del que reconocemos que ignorábamos incluso su existencia), Sant Julià de Ramis, de 3.461 habitantes en 2018 (y que nos tememos, a la vista de su crecimiento demográfico en los últimos 20 años, que también es zona de inmigración masiva) han dado el paso al frente y convocado otro referéndum para decidir si el 1 de octubres sería feriado. Ha ganado el si por un 75%. Si el referéndum se hubiera celebrado en otros puntos de España, con el mismo tema, hubiera dado, incluso, un resultado superior (a fin de cuentas, el 1 de octubre, feriado hasta 1975, se conmemoraba la “exaltación de Franco a la Jefatura del Estado”). A los indepes, sobre todo, se pierden por los “gestos”.

Pero lo cierto es que, la segunda conmemoración del 1-O no ha registrado presencia masiva de apoyos y, si bien, hoy se reproducirán manifestaciones en Barcelona -con la consiguiente guerra de cifras-, los balcones, las fotos y lo que se percibe es elocuente: menos interés, menos presencia de público, pero, eso sí, más radicales, incluso más desesperados. A los dos años del 1-O, todavía hay algunos que siguen colgando carteles de “votamos y vencimos”. Es el freakysmo, enfermedad terminal de los procesos más descarrilados y peor desarrollados.

Pero lo cierto es que las próximas jornadas se prevén duras y que lo que pase aquí puede alterar el resultado electoral del 10-N: si Sánchez no hace gala de energía, a la situación en la calle se desmadra mínimamente, él será el responsable directo. Y, tanto su filial catalana, el PSC, como las baronías regionales del PSOE, pueden resultar afectadas electoralmente. En esa hipótesis, el que proponga mano dura y prometa acabar de una vez con los flecos del problema, será el que se lleve los votos.

Y luego está la economía que no pinta bien, no tanto por incapacidad del gobierno (a veces, un gobierno paralizado y en “funciones”, es mucho mejor para la economía que un gobierno con iniciativa) como por la coyuntura internacional. ¿O es que acaso os creísteis eso de que, al vivir unos años de crecimiento económico, había terminado la crisis que se inició en 2009? Recordamos que aquella crisis (primero de las subprimes, luego de la construcción, más tarde de la banca y, finalmente, de la deuda) fue la crisis de la globalización y demostró la imposibilidad de un sistema económico mundial globalizado, con áreas que trabajan en condiciones económicas y sociales muy diferentes y que, por tanto, practican “competencia desleal”, como por la fragilidad de un sistema basado en la inversión financiera y especulativa antes que en la producción industrial, el aumento y la distribución de la riqueza.


Pues bien, esa crisis nunca ha terminado de extinguirse. La prueba es que los Estados, incluido el español y, no digamos, el norteamericano, siguen acumulando deuda y más deuda, impagable e inextinguible y que los precios de la vivienda han repuntado desde 2011 y si no se reproducirá un estallido del sector inmobiliario que afecte a la banca, si que entre 2020 y 2023 se reordenará el sector y se detendrán las nuevas construcciones de inmuebles, aumentando consiguientemente el paro y la fiscalidad… sin que nadie logre ni quiera detener los flujos de inmigración masiva, verdadero lastre para nuestra economía y nuestros servicios sociales.
Cataluña + Economía, pueden ser la tumba de Sánchez o, al menos, alejarle de su objetivo de gobernar en solitario con lo que quede de Podemos o con el de lo que quede de Ciudadanos.
Y eso crea otro escenario: si la caída de votos del PSOE se confirma -y parece difícil que no se confirme, lo único que la contendría es mano dura y 155-, y la derecha recupera votos, estaremos de nuevo en una situación en la que podría resultar difícil formar nuevo gobierno. Nadie duda que ese “nuevo gobierno” tendría como único y prioritario objetivo gestionar la crisis económica que se avecina y liquidar el problema catalán, por este orden. Imposible pensar en la celebración de unas terceras elecciones generales, como imposible pensar que algún partido obtenga la mayoría absoluta. Y, además, hará falta ver el número de abstenciones.
Va creciendo la impresión de que, el gobierno que saldrá de las urnas del 10-N será débil si es un gobierno con el PSOE apoyado por grupúsculos perjudicados por las urnas y en vías de extinción. Solamente hay una combinación electoral que sería susceptible de aportar estabilidad por mucho tiempo: la “gran coalición”… PP+PSOE.
Lo que no está claro es cómo reaccionaría el electorado de ambos partidos ante tal posibilidad, especialmente, si han acudido a las urnas sin haber sido advertidos. Ni siquiera está claro que ambos partidos, que se profesan un “odio secular” desde los tiempos de Felipe y Fraga, estén dispuestos a pactar algo que en otros países sus partidos homólogos no dudarían en hacer. Además, esta sería la “coalición del 78” es decir, de los dos grandes beneficiarios de la constitución y que, por tanto, deberían ser sus principales defensores. ¿Es la solución? No, pero sería la coalición menos gravosa para el país.

Pero aquí se prefiere una opción provisional que irá consumiendo al Estado antes que admitir que la degradación del sistema político español, precisa un acuerdo de los dos grandes partidos en las grandes materias: autonomías y vertebración, reforma constitucional, política económica, inmigración, planificación del futuro…
Y la pregunta es: ¿hay gente en esos partidos consciente de lo que nos jugamos? Hoy, más que “Europa” somo “periferia europea”, debemos plantearnos si mañana queremos ser un país con iniciativa, seguridad en todos los aspectos, pujante, o bien una federación de taifas a la deriva, dirigidos por personajes irrelevantes.
Porque, si España pierde el paso de la modernidad (que es algo más que instalar kilómetros de fibra óptica y dotar a todos nuestros hijos de un terminal 5G), corremos el riesgo de africanizarnos, empezando por Cataluña, que tiene todos los puntos para convertirse en “nuevo país”… pero no europeo sino de la Liga Árabe”.