Mostrando entradas con la etiqueta animalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animalismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de noviembre de 2022

PROBLEMAS DE LA MODERNIDAD (2 de 8) - NO TENGA HIJOS, TENGA MASCOTAS Y ABORTE (SOBRE TODO SI ES EUROPEO)


DE LA “OBSESIÓN ABORTISTA” A LA “MUJER EMPODERADA”

Habría que esperar a 1994 para que se diera la siguiente vuelta de tuerca. En teoría se trataba de una “conferencia mundial sobre población”, lo que sugería que asistirían delegados designados por los gobiernos de las 179 naciones que acudieron, pero el protagonismo recayó en las 1.245 ONGs invitadas, y entre ellas, la voz cantante la asumieron las dedicadas a la “salud reproductiva”. Esta conferencia es fundamental para entender la evolución de los acontecimientos a partir de ese momento: empieza oírse un concepto nuevo, “el empoderamiento de la mujer” (empowerment of women), aumenta la presión para que los Estados reconozcan el “aborto libre y gratuito” entre los derechos de la mujer y el embrión es considerado como “objeto de derecho” (con el que se puede hacer cualquier cosa). La diferencia es importante, porque pasar de ser “sujeto” a “objeto”, implica pasar de ser protegido a poder ser destruido y esto no se ha modificado a pesar de que la genética ha demostrado que, desde la primera división celular ya es posible identificar, ya no estamos ante un simple amasijo de células desordenadas, sino ante lo que será potencialmente el ser en los meses de la gestación y, por tanto, en su vida futura.

En la conferencia de El Cairo se demostró cuál era la nueva estrategia: si bien los Estados Nacionales desconfiaban de imposiciones sobre demografía y control de la población, viéndose sometidos a giros derivados de los cambios de gobierno, plantear el tema del aborto como un derecho individual de “mujeres empoderadas”, sería la nueva estrategia. Ya no se trata de “controlar el crecimiento de la población” por vías directas, sino de hacerlo priorizando aquellos elementos que hagan imposible la reproducción.

Es en ese momento en donde los “estudios de género” empiezan a cobrar una importancia decisiva, cuando se entrará en el feminismo versión 3.0. (después del sufraguismo de finales del XIX y del primer tercio del siglo XX y del feminismo surgido de la contestación y de la contracultura de los 60). Será una forma de feminismo mucho más radical que enlazará con las tesis postmodernistas que anuncian el “fin de los grandes relatos” (cristianismo, marxismo, racionalismo, capitalismo) sustituidos por los “pequeños relatos” (individuales o de pequeños grupos alejados de los estándares de “normalidad”). En la práctica, todas estos “nuevos estudios de género”, tienden a establecer una barrera cada vez más insalvable entre los sexos y a estimular cualquier forma de relación y de identidad que no tenga como posibilidad la reproducción. Cualquier conducta que sea “estéril” debe ser reconocida como “saludable”. Cualquier otra que tenga como resultado la procreación, debe ser examinada con lupa, no vaya a ser que se trate de relaciones no consentidas, abusos o violaciones. En cualquier caso, el aborto debe ser defendido desde el primer momento y en los nueve meses restantes como un recurso a considerar. Incluso algunos sostienen que, en los primeros días de vida de un recién nacido, todavía no ha alcanzado el nivel de “persona” y, por tanto, puede seguir considerándose como un feto, esto es como un “objeto”.

En el momento de escribir estas líneas está en estudio el proyecto de “Ley de libertad de personas embarazadas de 2022” (Ley SB 669) en el senado del Estado de Maryland. Se confirma, como no podía ser de otra manera, que el feto carece de derechos (“Nada de lo dispuesto en esta sección se interpretará en el sentido de conferir personalidad o derechos al feto”, se lee en el proyecto). Se propone evitar las investigaciones y sanciones por aborto en cualquier momento del embarazo y muertes “perinatales” causadas por “falta de acción” entre las 22 semanas de gestación y las primeras 4 semanas de vida del bebé: “Esta sección no puede interpretarse para autorizar ninguna forma de investigación o sanción para una persona: Que termine o intente terminar el propio embarazo de la persona; o experimente un aborto espontáneo, muerte perinatal relacionada con una falta de acción o muerte fetal”, leemos en el proyecto. Así mismo, de aprobarse esta ley sin modificaciones, quedaría despenalizada la muerte por negligencia durante los primeros 28 días de vida del bebé. No solo eso, sino que el proyecto autorizaría a los sospechosos de causar este tipo de muertes a que actuaran civilmente contra quienes planteen investigarlos.: “Una persona puede presentar una causa de acción por daños y perjuicios si la persona estuvo sujeta a arresto ilegal o investigación criminal por una violación de la sección” como resultado de “experimentar un aborto espontáneo, muerte fetal o muerte perinatal”, se lee en el proyecto del Senado de Maryland.

NO TENGA HIJOS, TENGA MASCOTAS

Estamos muy lejos de casos en los que la malformación del feto puede causar muerte de la madre o de fetos con problemas que harán imposible su vida normal, sobre fetos surgidos de violaciones, casos sobre los que jurados de bioética deberían pronunciarse caso por caso. De lo que se está empezando a hablar es, incluso, de eutanasia de recién nacidos. Cabe preguntarse el motivo por el que “legisladores” priorizan este tipo de proyectos de ley. Existen otros muchos derechos que deberían discutirse antes del “derecho a matar a un recién nacido”. En realidad, discutir algo así puede parecer monstruoso y, de hecho, lo es. Una ley en Maryland no es algo que, en principio, deba preocuparnos en España, salvo por el hecho de que la actual Ley del Aborto, otra de las joyas legislativas, del “pedrosanchismo”, no solamente tiene como función “blindar” la interrupción del embarazo en la sanidad pública, sino sobre todo, regular los “derechos sexuales y reproductivos de la mujer”. Esto tiene una serie de implicaciones. 

Los menores de 16 y 17 años, por ejemplo, no precisarán consentimiento paterno para abortar, la sanidad pública será la red de referencia para abortar y se creará un registro de objetores de conciencia que e nieguen a abortar, quedan eliminados los días de reflexión previa, la “píldora del día después” será gratuita y las píldoras anticonceptivas de última generación serán también financiadas por la Seguridad Social. La gestación subrogada queda terminantemente prohibida… Probablemente, lo más razonable como alternativa a esta ley hubiera sido una simple campaña por el uso de preservativos y de métodos anticonceptivos, o por una utilización de la sexualidad de manera responsable. Pero los objetivos del “ministerio de igualdad” tenían otros objetivos y otras obsesiones: desvalorizar por completo la natalidad, anular el papel de la mujer como “dadora de vida”, algo que, si unimos al otro “gran proyecto” del “pedrosanchismo”, igualmente estimulado por su sector “podemita”, nos dará un cuadro completo de la situación. Nos referimos a la “Ley de Mascotas”, actualmente en fase de anteproyecto. 

Así como el feto es degradado de sujeto de derecho a objeto de derecho, la mascota es elevada al rango de “ser sintiente” y, por tanto, pasa a ser digno de toda protección por parte del Estado. No solamente se está diciendo a la población: “evite por todos los medios tener hijos”, sino que, se añade: “sustituya hijos por mascotas”. El “animalismo” irrumpe en la escena (había tratado de irrumpir tímidamente durante el "zapaterismo" cuando se ofreció, incluso, la tribuna parlamentaria para promover el "proyecto gran simio").

Inicialmente, el “movimiento de liberación animal” irrumpió como “movimiento abolicionista de liberación animal”. En sus primeros pasos, se trataba de conseguir que los laboratorios de investigación científica dejaran de utilizan animales para experimentar con ellos. Esto puede tener cierta lógica, como la tiene cualquier forma de ensañamiento con un ser vivo (no en vano, uno de los rasgos del comportamiento psicopático desde muy niño es ejercer tortura contra animales o insectos), pero deja de tenerlo cuando los “doctrinarios” del animalismo enfatizan su oposición al “especismo” (consideración de los animales como especies inferiores y que, por tanto, el ser humano puede utilizar en beneficio propio; palabra que sustituirá a la de “racismo” en relación a los animales). Esquilar a una oveja podría ser considerado como “especismo”: ni se obtiene la conformidad con la oveja, sino que esta, incluso, se resiste a ser esquilada y, desde luego, el producto obtenido sirve como beneficio de los humanos en forma de jerseys… No hablemos ya de los cueros. Así pues, inicialmente, el “animalismo” buscaba abolir el “especismo”. A pesar de ser promovido con algunos ejemplos desagradables, el animalismo permaneció dentro de círculos muy restringidos. En la práctica el “animalismo” es uno de tantos movimientos que intentan difuminar y borrar las fronteras que definen los rasgos de identidad. El ser humano, dicen en el fondo, no tendría el derecho de beneficiarse de los animales si este beneficio supone para ellos una “merma de los derechos de estos”. Olvidan, claro está, que la evolución del ser humano ha sido solamente posible gracias a las armas y gracias a que éstas supusieron una ayuda evolutiva que le permitió, desde la aparición de su especie, competir con otras más fuertes y mejor dotadas para la predación. El simple cinturón de hojas de parra o de higuera no habría bastado al ser humano para protegerse de los rigores del frío y garantizar su subsistencia. Necesitó una mandíbula de gacela como cuchillo y un fémur de antílope como cachiporra, para salir adelante (algo que recordó Robert Ardrey en los años 70). Así que, en principio, parecía que el “techo” del movimiento animalista permanecería siempre muy bajo. 

Y, entonces llegaron las políticas antinatalistas.

Ya no se trataba de no tener hijos o de que tenerlos se había vuelto una tarea casi imposible, económicamente inviable para muchos. Pronto, los análisis sobre la política del hijo único en China, o sobre los resultados de lo que suponía la política de “empoderamiento de la mujer” (que generaba automáticamente al alejamiento del varón), o los problemas de fertilidad cada vez más frecuentes (y cuyos orígenes están completamente identificados a causa de aditivos en los alimentos y de fertilizantes en los campos o, incluso por problemas relacionados con el ritmo y el estilo de vida, ¡y hasta productos cosméticos!), indicaron que generaban inseguridad ante el futuro, soledad en el presente y falta de perspectivas y estímulos. Así pues, era necesario encontrar una alternativa que contrapesara estos problemas. Fue así como la mascota que, hasta ese momento había sido habitual en casas rurales y se reducía en el hogar a pecera, jaula de canario, incluso terrario para la tortuga, pasó a ser el sustitutivo de los hijos, el remedio para la soledad y la compensación a la esterilidad o a la negativa a tener descendencia. Las noticias sobre que tal millonaria ha legado su fortuna a su gato de Angora, ya no aparecen como excentricidades propias de personas trastornadas, sino que se acepta como normal por buena parte de la población. A fin de cuentas, ellos tienen mascotas y deben pensar en el futuro de estas…

Pero todo esto que parece anecdótico, termina siendo un problema de civilización: un momento histórico en el cual, cualquier remedio es bueno para no tener hijos, es un momento histórico que demuestra que la historia se mueve con un movimiento similar al péndulo de Foucault: entre mayores niveles de progreso técnico que vienen parejos a menores niveles de moralidad y de identidad. Porque, el animalismo lo que, genera, en el fondo, es la atenuación de las barreras entre la “animalidad” y la “humanidad”: el “humanizar los derechos de los animales” viene parejo a una “degradación de los comportamientos humanos” y sobre todo de la identidad humana. Matar a gatitos recién nacidos para evitar su proliferación escandaliza a los mismos que proclaman el derecho al aborto y se prestan a discutir sobre si matar a neonatos de 28 días no es una prolongación de tal derecho.

EL ABORTO COMO NEGOCIO DE LA “CIENCIA SIN CONCIENCIA”

¿Y por qué ese interés en extender el aborto un mes más posterior al nacimiento? En la razón encontramos otro de los rasgos que explican por sí mismos la degradación moral de nuestro tiempo. De la misma forma que los tejidos procedentes de fetos no son arrojados al basurero, sino que se utilizan especialmente en cosmética (casi es irónico que la muerte se utilice para el “look”), determinados experimentos sobre tejidos humanos solamente son posibles con tejidos que alcanzan cierta madurez en la investigación sobre el VIH, el Parkinson y la diabetes. En otras palabras, lo que está en juego es la posibilidad de obtener inmensos beneficios (la “industria del aborto” los ha reportado a la “industria cosmética”).

La cuestión es si la ciencia debe avanzar deshumanizando lo humano o puede hacerlo por otros caminos. La investigación sobre las “células madre”, parece confirmar que así es. En 2015 estalló una famosa polémica a raíz de vídeos que mostraban una negociación entre miembros del “pool” abortista, Planned Parenthood y directivos de Biomax Procurent Services sobre el regateo del precio de tejidos fetales obtenidos en abortos que vendían los primeros. Biomax resultó ser una empresa ficticia creada por la asociación provida Centro para el Progreso Médico. Quedó demostrado que el interés de algunas ONGs proabortistas no era defender derechos de las mujeres, sino, simplemente, obtener beneficios económicos (el presupuesto anual de Planned Perenthood asciende a 1.300.000.000 de dólares de los que algo más de la tercera parte proceden del gobierno federal de los EEUU y el resto de fundaciones y contribuciones privadas que solamente en 2014 realizó 324.000 abortos).

Ahora bien, en la Ley del Aborto española, hay un elemento que llama la atención: la exigencia de que la educación sexual esté presente de forma obligatoria en todas las etapas de la primera infancia “para que los menores conozcan mejor sus cuerpos, sus relaciones se basen en el consentimiento y se prevengan de enfermedades de transmisión sexual… Y aquí si que cabe preguntarse, por qué buena parte de las obsesiones progresistas están enfocadas hacia la infancia. La sexualidad es algo que nace solo, por sí mismo, la educación sexual es, de todos los aspectos de la educación, el más inútil en la medida en la que surge por sí mismo en el momento en el que la biología alcanza la madurez necesaria. Es en ese momento, cuando el niño que hasta ese momento se había considerado “niño” e identificado con los que son como él, empieza a verse atraído por la “niña” (y viceversa). La maduración de la sexualidad empieza en ese momento. Educar sexualmente a los niños desde el mismo momento en el que pisan la escuela equivale a empezar enseñanza cálculo diferencial-integral a alumnos que todavía no han superado aprendido a multiplicar y dividir. Es, anticipar algo que debe madurar con el resto de la personalidad. Y esto explica el porqué buena parte de la infancia ya consulta regularmente pornografía a los 9 años y que, en su primera relación sexual, intenten realizar con su partener un fistfooking o la más retorcida parafilia pensando que se trata de algo “normal”. Una vez más, las fantasías progresistas generan monstruosidades.

DESDE 1994 HASTA HOY. ALGUNAS CONCLUSIONES

Desde la conferencia de El Cairo (1994) se han celebrado distintas “asambleas generales” para tratar sobre la aplicación de los acuerdos allí alcanzados. La más importante hasta la fecha ha sido la Cumbre de Nairobi que se celebró entre el 12 y el 14 de noviembre de 2019 (y que la ONU llama CIPD+25, indicando los años que habían pasado desde la conferencia de El Cairo. En la web de la ONU puede leerse el resumen de la conferencia. De él “cortamos y pegamos” lo más significativo:

Sobre lo que significó la conferencia de El Cairo: “En la histórica Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) de 1994, representantes de 179 países se reunieron en El Cairo y adoptaron el Programa de Acción de la CIPD, que reconoció la salud reproductiva y el empoderamiento de la mujer y la igualdad de género como pilares del desarrollo sostenible.”

Sobre los asistentes a la Cumbre de Kenya: “El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Gobierno de Kenya acogieron la Cumbre de Nairobi, que reunió a gobiernos, agencias de las Naciones Unidas, organizaciones del sector privado, grupos de mujeres y redes de jóvenes para discutir y acordar iniciativas para seguir avanzando en la ejecución del Programa de Acción de la CIPD.”

Sobre lo que se había logrado desde El Cairo 1994: “El mundo ha reducido la mortalidad materna y ha avanzado la igualdad de género, pero no lo suficiente”.

Sobre los compromisos adoptados: “Defender los derechos humanos de todas las personas, incluido su derecho a la salud sexual y reproductiva, y acelerar todos los esfuerzos en apoyo a la igualdad entre géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, haciendo hincapié en los más vulnerables y desfavorecidos, garantizando que nadie se quede atrás”. “Intensificar los esfuerzos de todo el sistema para eliminar todas las tasas de mortalidad y morbilidad materno-infantil prevenibles, erradicar la violencia por motivos de género contra las mujeres, las niñas y los jóvenes, y eliminar la carencia de servicios de planificación familiar que restringe los derechos y el bienestar de millones de mujeres y jóvenes y limita sus posibilidades”.

Sobre el papel de los gobiernos nacionales: “Respaldar a los Gobiernos nacionales en la aplicación plena y acelerada del programa de la Conferencia, en concordancia con la aplicación nacional de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprovechando las sinergias en todo el sistema de las Naciones Unidas”.

Sobre el encuadre de la conferencia: “Incorporar los resultados de la Cumbre de Nairobi como un componente integral del Decenio de Acción para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Y esto nos permite llegar a algunas conclusiones que son, en el fondo, las tendencias por las que discurre la “postmodernidad” y/o la “modernidad tardía”:

1) Para la ONU, el control demográfico derivado de la estricta observancia del maltusianismo, sigue siendo una prioridad y forma parte de la Agenda 2030. En el fondo la Agenda 2030 es una agenda de estricta observancia malthusiana enmascarada con otras consideraciones pero que, en su conjunto, apuntas todas hacia la reducción de la población.

2) El tráfico de órganos y de tejidos procedentes de fetos, queda encubierto con el lenguaje “soft” y con una pretendida “superioridad moral” utilizado por la ONU para justificar el aborto

3) La ONU y sus agencias, se apoyan en ONGs, creadas y financiadas por ella misma para justificar y difundir sus tomas de posición; todo lo cual supone una intromisión a la soberanía nacional de los Estados, y un falseamiento de la opinión pública, excediendo con mucho los fines originarios para los que había sido creada.

4) Allí donde las medidas antinatalistas han sido puestas en práctica, se han revelado como catastróficas para las sociedades: especialmente en China (en donde se han revelado como un fracaso –la política del “hijo único”- y abandonadas), y por “Occidente” (especialmente en Europa Occidental), pero no así en las zonas en donde existe mayores riesgos de natalidad descontrolada y de enfermedades, esto es, en el mundo islámico y en África. Ante las actuales tasas de natalidad puede afirmarse que solamente una raza, la blanca, está en peligro de desaparición, especialmente en Europa Occidental.

5) Si se tratara solo de maltusianismo estas políticas y no contaran con subsidios, subvenciones y el estímulo de los grandes centros de poder internacional, hace años que la genética habría dado el carpetazo a la polémica abortista: existe ser humano desde la primera partición celular en el útero materno cuando ya puede identificarse todos sus elementos constitutivos. La gran novedad es que el aborto está ahora vinculado a otros “grandes temas” tratados por la ONU y todos -sea el “cambio climático”, sea la “igualdad”, sea el “empoderamiento de la mujer”, sean los “estudios de género”- va orientado hacia un descenso de la población. Y muy en especial de la población de países “occidentales”.

6) Para justificar los grandes flujos de población en dirección a Europa procedentes de África y Asia se recurre a negar la existencia de las “razas”, como argumento previo para promover el “multiculturalismo”, fenómenos en los que el postmodernismo ha insistido en su centralidad como valores de sustitución a los valores tradicionales 

7) Cuando se examina la gestión de los gobiernos nacionales, no es a ellos a los que se debe culpar por la aprobación de leyes que avalen la locura abortista o las “políticas de género”, el “empoderamiento”, sino que todo este conjunto de medidas han sido ideadas por el cuerpo funcionarial de Naciones Unidas y de sus agencias (a los que nadie ha elegido democráticamente) y trasladadas a los distintos gobiernos como “normas de obligado cumplimiento” si se quiere seguir perteneciendo al “concierto de las naciones”. Es a estos cuerpos funcionariales a los que debe culparse de estas políticas. 








domingo, 17 de octubre de 2010

Psicopatología del amor a los animales y otras nureosis (II de II)

Infokrisis.- Despues de la introducción que hemos dado en la primera parte de este pequeño estudio, pasamos en esta segunda y última parte a enumerar las distintas formas de neurosis que puede encubrir el "amor a los animales". Hemos puesto particular énfasis en una de las más llamativas que afecta, especialmente, a algunos detractores extremistas de la fiesta del toreo. Con esto liquidamos un tema que nos parece, curioso y digno de que fuera investigado en las facultades de psicología.

Psicopatología del amor a los animales y otras neurosis (I de II)

Infokrisis.- A pesar de lo que digamos en las líneas que siguen, nos gustaría que quedara claro que, desde muy pequeños, hemos tenido distintos animales y conocemos perfectamente lo que es el noble arte de la ganadería que nosotros mismos hemos practicado. Así que tenemos “títulos de nobleza” suficientes como para afrontar uno de los fenómenos más curiosos que ha llegado con la moderna civilización de masas: un gremio extraño y exótico autotitulado “amantes de los animales”, que se permiten dar lecciones de ética y moralidad... a los que tenemos cayos de tratar con animales. Va siendo hora de denunciar que este “amor a los animales” oculta solamente problemas interiores de quienes lo ostentan.

 


 

Memorando personal a modo de exorcismo

He tenido perros de todas las razas. En Francia viví durante un año en el Château de Reveillon acompañado por ocho perros de raza Leomberg. En España he tenido perros pastores belgas, mastines españoles y mastines daneses. ¿Por qué perros siempre tan grandes? Por que he vivido en el campo y un caniche estaría fuera de lugar. probablemente  un conejo le asustaría. Los perros se han de adaptar al medio en el que van a vivir. Campo grande, perro grande de grandes colmillos. Eso, o muere.

Item mas. He tenido rebaños de ovejas y granjas de pollos. He rechazado las técnicas modernas de estabulación porque desvirtuaban el noble arte de la ganadería. Si quiere que una costilla de cordero sepa a costilla de cordero y la lana de oveja huela a lana, sus ovejas deben estar libres por los prados. El rebaño de 200 ovejas que tuve en el Marne pastaba libre en los campos que la climatología volvía exuberantes durante la primavera y el verano y volvía solo –son animales pero su instinto es superior a su estupidez- al establo que cada noche cerraba. En invierno y en parte del frío otoño del Marne, tenía que “acolchar” la “cama” de los corderos con paja y darles de comer heno. Pero incluso en esos meses, la puerta del establo estaba abierta para que pudieran recorrer el prado. Sólo una se perdió en el curso de una tormenta.

En ese período de mi vida, dos vacas alimentadas de la misma manera más el grano necesario para que abrieran sus ubres y permitieran ser ordeñadas, me permitió alimentarme con leche natural (nada que ver con ese líquido teñido de blanco) que al desnatarla tenía el mismo sabor y textura que la leche que hoy se vende en los supers como "entera”, fabricar queso con la nata y, por supuesto, mantequilla, pues en Francia es frecuente freír con mantequilla. De todos estos derivados de la vaca debo decir que no tenían competencia en sabor y matices con los comprados en los comercios. De hecho, la mantequilla que con la que untaba pan en los hoteles de París sabía a parafina comparado con “mi” mantequilla, hecha por "mí" mismo.

Nunca he practicado la crueldad con los animales. Naturalmente, he matado animales (corderos, pollos, cabras) porque desde los albores de la civilización, el ser humano fue pastor y comió para sobrevivir. Debo confesar que no he experimentado una sensación particular al degollar a un carnero, colgarlo por los tendones, despellejarlo, abrirlo en canal, quitarle las vísceras, vaciar sus tripas y trocear los restos. He sentido, eso sí, cierta ternura al tener que hacer otro tanto con el único cerdo que he tenido en mi vida y que dio dos jamones de singular sabor. Sobre jamones, también debo decir que he curado jamones de pato que gozaron de cierta fama en la comarca.

Como ven, conozco el asunto de la ganadería, la he practicado y si algún día puedo volver a permitírmelo, mi vida ideal sería en una propiedad de 4-8 hectáreas, rodeado por dos perros de gran tamaño, una vaca, dos cerdos, cincuenta gallinas, treinta patos y seis ocas no para sacrificarlas sino como alarmas, seguramente más eficaces que cualquira de las electrónicas en venta.

Nosotros y los animales

No puedo decir que “ame a los animales”: los conozco, sin embargo, y considero que tienen una función ecológica y social. Por lo demás, comparto la opinión que me transmitió lama Chongyan Tsulstrin de que lo que caracterizaba a los animales era, simplemente, la estupidez. Puedes “querer” a tu perro, pero no puedes evitar la sensación de que su fatum es la estupidez cuando recorre las calles orinando en un árbol y en el siguiente y así hasta regresar al hogar, o cuando mira con cara de fascinación la comida que está en tu plato. Si tienes la tentación de hablarles, verás que en su rostro está grabada la expresión de “No entiendo nada, coño” o "Me importa un higo lo que puedas decirme". En efecto, la vida de un perro se resume en el paradigma 2P: "Pis y Papeo" y contra más, mejor.

Es lógico que sea así: nosotros, humanos –y no todos, lo puedo asegurar- somos la especie superior que puebla el planeta. No hay punto de comparación entre nosotros y los animales. Los únicos puntos de contacto son dos: la biología y el instinto.

La biología nos hace hijos de un padre remoto: el carbono. Lo que es malo para un organismo animal, es malo para el ser humano, de ahí que, puestos a experimentar nuevos fármacos o nuevas técnicas quirúrgicas sea bueno experimentar con primates antes que con el vecino del quinto por muy capullo que sea. Las ratas de laboratorio son contaminadas con las enfermedades más extrañas, no para que los experimentadores desahoguen un impulso sádico, sino porque las ratas sirven así a la humanidad. Y lo mismo cabe decir de los primates empleados en experimentos análogos.

Luego está el instinto: en los animales el instinto ocupa todo el cerebro. Si lamen la mano del amo y lo defienden es por instinto, si se unen a la hembra es por instinto y si atacan es para sobrevivir, es ecir, por instinto de supervivencia. Es falso que el hombre sea el único que mata a otros de su especie: he visto batallas entre dos hormigueros distintos y como ha quedado el “campo de batalla” después de estos choques, sembrado de fragmentos arrancados del adversario, que me han recordado los campos de batalla del Marne o de Verdún después de insensatas cagas a la bayoneta ante los nidos de ametralladora del adversario. Y, he visto como el macho-alfa de mis caballos –sí, también he convivido con ocho caballos y he aprovechado su mierda mezclada con paja para cultivar los mejores champiñones que he comido jamás y que perfumaban todo el sótano con un olor genuino que no encontraréis jamás en los champiñones del súper- perseguía a su propio hijo, lo agotaba, lo arrinconaba y le rompía la columna golpeándolo con sus cascos… El animal mata por instinto de supervivencia. Si mi macho-alfa lo hacía era para no tener competencia a la hora de reproducirse con las yeguas del grupo. Y no sólo matan a los de su especie, sino que  no dudan en matar a sus hijos.

En el ser humano, biología e instintividad existen como en los animales, pero modulados por la inteligencia. Esa es la diferencia. No busquéis inteligencia en los animales (ni siquiera en la clase política): encontraréis sólo instintos. Y el de supervivencia el primero de todos (este instinto está presente en la clase política y se llama "lucha por la poltrona").

Los gorilas y cualquier otro primate superior pueden manejar un palito, pueden incluso resolver problemas propios de un niño de tres meses. Poco más. Solamente hay una especie, extraña, anómala en la fauna en donde hay algo que va más allá: los delfines. Hay “algo” en los delfines que va más allá de lo animal. Los he visto seguir a los barcos, acercarse a las lanchas con el motor parado en pleno Mediterráneo. Y cuando los he tenido cerca he percibido algo que me ha estremecido: de alguna manera, os puedo asegurar, que están más cerca de lo humano que cualquier primate superior. Casi diría que el ser humano es el rey de la superficie y análogo título le corresponde al delfín como rey de las aguas. Pero esta es otra historia que nada tiene que ver con lo que nos proponíamos en estas líneas: estudiar la psicología de los amantes de los animales.

Qué entendemos por amar a los animales

¿De qué está hecha la psicología de la estirada fémina que pasea por los bulevares acompañada de una mascota ridículamente atusada con lacitos que hace juego con el bolso o con los zapatos? ¿Y en qué tienen la cabeza esas chicas que anteayer, en Bruselas, mostraron su exultante anatomía a pelo, tiradas en el suelo con banderillas de atrezzo sobre el lomo protestando contra las corridas de toros? ¿Y qué me dicen de los que responden a la llamada de la ONG “Adopt an Orangután” o de Jane Goodall que prefiere la compañía de qué se yo que especie de primates? He conocido a mujeres maduras que tenían hasta 12 gatos en su propia casa que destilaba un insoportable hedor… a gato. Y también he conocido a una escultural vedette de El Molino alimentar cada mañana con la “cordilla” de los años 60 a una treintena de gatos del barrio (santa mujer, ésta). Finalmente, he conocido a algún propietario de perros que se esforzaba en mantener una postura tan fiera como su mascota, hasta el punto de que se sabía quien era el ser humano por los ojos de inteligencia del perro… ¿Cuál es la psicología de toda esta gente?

Hemos buscado en Internet y no hemos encontrado ninguna referencia válida que nos ayude en estas líneas, así que lo fiaremos todo a nuestras observaciones empíricas.

Lo primero sería definir exactamente cuál es el objeto de este artículo: definir la psicología y las motivaciones profundas de los amantes de los animales. Ya… ¿y qué es un “amante de los animales”? Es alguien que se siente más próximo a los animales de lo que es normal en su entorno cultural y antropológico. Si yo alimento a mis gallinas con pan mojado, hierba verde primorosamente cortada por mí mismo, maíz molido, y algo de pienso… estoy haciendo lo normal. Sé que así darán huevos grandes, de cáscara resistente y yema casi impenetrable de color amarillo rojizo, de lo contrario pondrán una especie de cagarro ovoide que dentro contiene algo parecido a una yema que suerte hay si no se rompe al abrirlo. Se que cuando, incubada por la gallina o salida de la incubadora, aparece el poyuelo, tengo que apresurarme a colocarlo bajo una lámpara de calor o sucumbirá y debo hacerlo sea que sea la hora del día o de la noche, y si quiero que sobreviva la mayoría deberé cuidarlo yo, en lugar de su propia madre. Esto es lo que he aprendido y que me han enseñado otros campesinos.

Ahora bien, si por una irreprimible tendencia a “amar a mis gallinas” las alimento con paella y puré de patatas enriquecido con queso fundido y si coloco a los poyuelos sobre un lecho de rosas y cubiertas con palio de seda, no estaré demostrando el amor hacia mis gallinas sino una anormalidad similar a la de aquellos que prefieren que a su compañera las monte en mastín que un amigo o, sin ir más lejos, él mismo.

Las condiciones antropológicas y culturales son las que definen el comportamiento “normal” con los animales. Las corridas de toros son propias de nuestra cultura mediterránea, pero no pidamos a un finlandés o a un negrito del Ngoron-goro que las ame con locura, ni siquiera que las entienda. Una filia normal puede pasar a ser fobia en otro marco antropológico. Dicen que los árabes –así lo he oído desde pequeño pero nunca he tenido ocasión de experimentarlo- muestran su satisfacción por una comida eructando, algo que sería una guarrada de tomo y lomo en nuestro marco geográfico.

La normalidad es lo que da el tono y hace que un comportamiento sea “normal” o neurótico.

El problema es que en estos tiempos de multiculturalidad, mestizaje y demás chorraditas telecomandadas en estos tiempos de buen rollito y originalidades varias, la noción de “normalidad” está más que desvirtuada. De ahí que la recuperación de un paradigma de normalidad sea la más alta tarea a la que puede aspirar nuestra generación en estos tiempos de crisis generalizada.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción del presente texto sin indicar origen.