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lunes, 16 de marzo de 2015

Los escenarios que se abren en Andalucía


Info|krisis.- Hemos sentido vergüenza ajena al escuchar fragmentos de los mítines de los grandes partidos retransmitidos por TV. Nadie puede creer ninguna de las promesas de los grandes partidos, ni siquiera sonreír con las maldades que suelen decirse unos candidatos contra otros. En temporada de campaña el buen gusto, la sensibilidad, el rigor y la inteligencia son aparcados por todos los partidos. Lo que queda ahora es ver cuáles son los porcentajes electorales, el número de diputados por cada sigla, y cómo puede articularse un gobierno estable para un PSOE que se verá obligado a pactar. Sobre las distintas posibilidades que se abrirán dentro de siete días tratan estas líneas.

Lamento, denuncia y grito contra la “democracia formal”

Ningún partido en período electoral quiere definirse sobre con quién se entenderá tras conocerse los resultados. Todos apuestas por obtener la “mayoría absoluta”, a pesar de que todos saben, igualmente, que el período de las mayorías absolutas en la historia de España ya ha quedado atrás y lo que tenemos por delante es una creciente atomización del mapa político que hace inevitable la formación de bloques, coaliciones y entendimientos más o menos espurios. Excluyamos, de partida, una posibilidad: la formación de coaliciones por “motivos ideológicos”, “afinidades de programa” o “proximidades políticas”. Ya no existe partido alguno que defienda una doctrina irrenunciable y permanente; de hecho, cualquier cosa que suponga un “principio” queda fuera de las intenciones de la clase política, lo que existe, en cambio, son “tendencias” y, sobre todo, “look”. El “look” de un partido no es más que la proyección sobre la opinión pública de la imagen que éste quiere dar. Tiende a generar estímulos positivos (como si el elector fue un “perro de Paulov”) en un sector del electorado, obtener su confianza por métodos subliminales (esto es, apelando al inconsciente y a lo irracional). Para ello, basta un rostro, un color, una frase entresacada de un discurso, una línea de un programa, diez segundos de retransmisión de un discurso. Poco más. Cada grupo social vota en función de que tales estímulos sean lo suficientemente fuertes como para merecer su atención.