Info|krisis.- Hemos sentido vergüenza ajena al escuchar fragmentos de los mítines de
los grandes partidos retransmitidos por TV. Nadie puede creer ninguna de las
promesas de los grandes partidos, ni siquiera sonreír con las maldades que
suelen decirse unos candidatos contra otros. En temporada de campaña el buen
gusto, la sensibilidad, el rigor y la inteligencia son aparcados por todos los
partidos. Lo que queda ahora es ver cuáles son los porcentajes electorales, el
número de diputados por cada sigla, y cómo puede articularse un gobierno
estable para un PSOE que se verá obligado a pactar. Sobre las distintas
posibilidades que se abrirán dentro de siete días tratan estas líneas.
Lamento, denuncia y grito contra la “democracia formal”
Ningún partido en período
electoral quiere definirse sobre con quién se entenderá tras conocerse los
resultados. Todos apuestas por obtener la “mayoría absoluta”, a pesar de que
todos saben, igualmente, que el período de las mayorías absolutas en la
historia de España ya ha quedado atrás y lo que tenemos por delante es una
creciente atomización del mapa político que hace inevitable la formación de
bloques, coaliciones y entendimientos más o menos espurios. Excluyamos, de
partida, una posibilidad: la formación de coaliciones por “motivos ideológicos”,
“afinidades de programa” o “proximidades políticas”. Ya no existe partido
alguno que defienda una doctrina irrenunciable y permanente; de hecho,
cualquier cosa que suponga un “principio” queda fuera de las intenciones de la
clase política, lo que existe, en cambio, son “tendencias” y, sobre todo, “look”.
El “look” de un partido no es más que la proyección sobre la opinión pública de
la imagen que éste quiere dar. Tiende a generar estímulos positivos (como si el
elector fue un “perro de Paulov”) en un sector del electorado, obtener su
confianza por métodos subliminales (esto es, apelando al inconsciente y a lo
irracional). Para ello, basta un rostro, un color, una frase entresacada de un
discurso, una línea de un programa, diez segundos de retransmisión de un
discurso. Poco más. Cada grupo social vota en función de que tales estímulos
sean lo suficientemente fuertes como para merecer su atención.
