Querido diario:
Hay días que uno está más animado
que otros. Hoy, ando preparando las maletas para ausentarme un largo período de
España y me alegro de no estar presente aquí cuando se celebren las elecciones
generales. ¿Cuándo unas elecciones han resuelto algún problema en algún país?
¿Van a resolver estas elecciones los problemas de fondo que se van acumulando,
más y más, a espaldas de los españoles? ¡Claro que no! Lo más probable es que
aumente la inestabilidad política (será inevitable, por primera vez, en
democracia que se forme una coalición de gobierno… habíamos perdido la
costumbre de estas coaliciones desde que los tecnócratas, los católicos y los
falangistas ya no formaban sus gobiernos de coalición presididos por Franco),
que cualquier reforma que se haga se cosmética (puro parcheo) y que todo siga languideciendo
como hasta ahora. Si “democracia” son elecciones, empiezan a aburrir y ya va
siendo hora de reconocer que la eficacia de este sistema no es la esperada. En
un país en el que llevamos 16 ediciones de El
Gran Hermano, donde la telebasura es omnipresente y el sistema educativo
lleva quebrado tres décadas… ¿es posible convocar a la ciudadanía para que
vote, fiándose de que es capaz de discernir y elegir en consecuencia? La
respuesta es no: bastaría con una simple encuesta para saber el estado de
opinión de las masas, sin necesidad de la sacralidad de más y más elecciones. ¿Y
quién gobernaría? Los mismos que ahora, colega: el dinero ¿O es que acaso
alguien es tan insensato de pensar que gobiernan los “elegidos por el pueblo?”.
