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lunes, 2 de noviembre de 2026

ACABA DE APARECER: "DE PEREJIL A CEUTA - 23 años de guerra híbrida contra España"

Lo que se inició en el islote de Perejil en 2003 se fue desarrollando en los siguientes 23 años, hasta concluir en la invasión de Ceuta y no parece que vaya a detenerse mientras España y la Unión Europea, no impongan a Marruecos “líneas rojas”. Muchas. Porque en estas últimas décadas, las deslealtades, los incumplimientos de acuerdos firmados y las operaciones hostiles de “inteligencia”, se han ido acumulando por parte de Marruecos. En su afán expansionista y en su rapacidad, el rey de Marruecos –y el Majzén que lo circunda y constituye su penúltima línea de defensa– ha podido aprovecharse de una Unión Europea que, desde principios del milenio, perdió el norte y renunció a ordenarse en torno a  una Constitución formal, y de unos gobiernos españoles que destilaban debilidad disfrazada de “generosidad”, y han terminado siendo una verdadera gangrena para el pueblo español y un auténtico abono orgánico para las aspiraciones marroquíes.

Hemos llegado a un punto en el que ya no es posible mirar a otra parte, ni ignorar la situación real: Marruecos es un peligro para España y para Europa. No puede chantajear por más tiempo con la amenaza de abrir los grifos de la inmigración si no se satisface su rapacidad económica. No puede seguir sirviendo productos agrícolas de dudosa calidad, etiquetado equívoco y saturados de pesticidas, vermicidas, fungicidas, insecticidas, prohibidos por la UE. No puede realizar reiteradas operaciones de espionaje sobre los líderes y ciudadanos europeos, no puede comprar diputados europeos para que actúan contra los intereses de quienes los han elegido. No puede seguir exportando delincuentes hacia el norte, ni ofreciendo “puentes de plata” a los yihadistas nacidos sobre su territorio... No puede sellarse ni un acuerdo más, con el país que utiliza todas estas tácticas; más bien, se trataría de revisar los acuerdos ya suscritos, modificar la legislación europea en materia de expulsiones de inmigrantes ilegales y obligar a Marruecos a que mire hacia su lugar natural: África y abandone su fantasía europea.

Así pues, esta obra, parte de la base de que esa “guerra de baja cota” (que ha pasado a ser, como veremos, “guerra híbrida”) sigue en marcha aquí y ahora. Y lo que vamos a repasar es, su evolución en estos últimos 23 años y su estado actual.

Líneas rojas: el gobierno español digno de tal nombre, que sea capaz de trazarlas y mantenerse firmes en su defensa, conseguirá desactivar las reiteradas ofensivas de Rabat. Tal es el mensaje que pretende transmitir estas páginas.


SUMARIO:

Introducción
PRIMERA PARTE - Veinte años de política marroquí.
    1. Desarrollo y pobreza 
    2. Los partidos en una teocracia autoritaria
    3. Las reformas realizadas y las reformas pendientes
    4. El cuello de botella del Majzén
    5. Geopolítica y aspiraciones de Marruecos
    6. El mito del poder militar de Marruecos
    7. Las oscilaciones del islam marroquí
SEGUNDA PARTE - El estado de la “guerra de baja cota” contra España.
    1. El arma de la inmigración masiva
    2. El arma de la delincuencia
    3. El arma de la droga
    4. El arma económica
    5. El arma del espionaje
TERCERA PARTE - Maruecos afrontando su futuro
    1. El dramático historial clínico de Mohamed VI
    2. Muley Hassán, Hassán III, el enigma del futuro
Conclusiones


CARACTERÍSTICAS

Tamaño: 15 x 23 cm.

Páginas: 480

Impresión en papel de 89 grs.

Portada plastificada

Previo de Venta al público: 32,00 euros

Pedidos: DE PEREJIL A CEUTA

Correspondencia: eminves@gmail.com





viernes, 29 de mayo de 2026

MEMORIA HISTORICA DEL FRANQUISMO: LAS "CRISIS AFRICANAS"

Tras la Segunda Guerra Mundial, el movimiento nacionalista marroquí, liderado por el partido Istiqlal (Independencia), ganó fuerza. En 1947, el sultán Mohammed V comenzó a distanciarse de las autoridades francesas, y en 1953 fue depuesto y enviado al exiliado por Francia, lo que radicalizó aún más la lucha por la independencia. Este país, todavía bajo la impresión de haber perdido ominosamente Indochina en 1948, tras su derrota decisiva en Dien Bien Phu el 7 de mayo de ese mismo año, afrontaba el inicio de la guerra por la independencia de Argelia que se prolongaría con una intensidad salvaje entre 1954 y 1962.

Era evidente que Francia no tenía capacidad para afrontar un nuevo conflicto por el control del protectorado de Marruecos que obtuvo su independencia el 2 de marzo de 1956. España, que controlaba la otra parte del protectorado, se vio forzada a seguir los pasos de Francia.

El 7 de abril de 1956, España firmó una declaración conjunta reconociendo la “plena soberanía e independencia de Marruecos” y comprometiéndose a respetar su “unidad territorial”. Este acuerdo bilateral firmado en Madrid puso fin al Protectorado español, que había existido desde 1912. En octubre de 1956, la Zona Internacional de Tánger, administrada por varios países (incluidos España, Francia y Reino Unido), fue reintegrada a Marruecos mediante el Protocolo suscrito en esa misma ciudad.

Cuando parecía que la relación con el nuevo país sería idílica, las cosas empezaron a torcerse. Marruecos empezó a organizar disputas sobre otros territorios que nunca habían formado parte del protectorado.

En efecto, Franco y la inteligencia española ignoraban en aquel momento la doctrina del “Gran Marruecos” que constituía el “mito” movilizador del Istiqlal, el Partido Nacionalista Marroquí que era, a fin de cuentas, quien movía los hilos de la independencia. Esta doctrina, que puede ser calificada como una “ficción geopolítica” fue elaborada por Allal El Fasi (fundador del Istiqlal), durante su exilio en Egipto mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial. Era una teoría muy influida por las concepciones y reivindicaciones de los países del Eje, sostenía que los límites históricos y “vitales” de Marruecos se extendían desde el norte de África hasta el Sahel.

Sin apenas apoyos históricos, basándose solo en la contigüidad geográfica, El Fasi incluía en esta “ficción” a las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, así como las plazas de soberanía (Islas Chafarinas, Peñón de Alhucemas, Peñón de Vélez de la Gomera, Isla de Perejil y las llamadas “islas adyacentes”), todo el territorio del Sáhara Occidental, la zona de Sidi Ifni y Cabo Juby, las provincias argelinas de Tinduf, Béchar y el Touat, finalmente, la totalidad de Mauritania, partes del norte de Mali, el norte de Senegal e, incluso, las Islas Canarias.

Es importante señalar que los “militares africanistas” (y el propio Franco entre ellos), ignoraban la existencia de esta “ficción geopolítica” que fue elaborada posteriormente a su presencia en el Protectorado. Hasta prácticamente el inicio de los años 70, uno de los puntos de apoyo de la política exterior de España era subrayado con la tópica frase de “nuestra tradicional amistad con los árabes”. Pero la visión “africanista” anterior a 1945, no tenía nada que ver con la que apareció después, en plena euforia descolonizadora. El panorama había cambiado mucho. Marruecos, no sólo no agradeció la independencia incruenta y negociada de la parte española del Protectorado, sino que, el nuevo país asumió, desde el primer momento, la ficción del “Gran Marruecos”.

Inmediatamente después de la independencia estalló la Guerra de Ifni, la “Guerra Olvidada”, cuando bandas irregulares del llamado “Ejército de Liberación Marroquí”, apoyadas directamente por Marruecos irrumpieron en aquel territorio. En noviembre de 1957, esta organización lanzó una primera ofensiva sorpresa para ocupar los puestos militares españoles en Ifni. Ante la superioridad numérica del enemigo y la dificultad de defender puestos aislados en el desierto, las tropas españolas se retiraron y formaron un perímetro defensivo alrededor de la capital, Sidi Ifni. Esta ciudad quedó sitiada durante meses, siendo abastecida únicamente por mar y aire. También hubo fuertes combates en lugares como Edchera y El Aaiún, donde destacó la intervención de la Legión Española. Ante el estancamiento de la situación, España y Francia (que temía por sus intereses en Mauritania y Argelia) lanzaron una operación aérea y terrestre que logró expulsar a los rebeldes marroquíes del Sáhara en pocas semanas. 

El conflicto terminó formalmente con el Acuerdo de Angra de Cintra en abril de 1958. España entregó a Marruecos la zona de Cabo Juby (Tarfaya), pero mantuvo el control solo de la ciudad de Sidi Ifni (como una provincia de ultramar) hasta 1969, cuando finalmente fue entregada a Marruecos tras presiones de la ONU. Se estima que hubo cerca de 300 assesinados, 80 desaparecidos y unos 500 heridos en el bando español. 

Un año antes de la entrega de Ifni, culminó el proceso de descolonización de Guinea Ecuatorial, el 12 de octubre de 1968. Inicialmente, debía tratarse de una “descolonización ejemplar”. El futuro gobierno soberano de Guinea Ecuatorial heredaba, en aquel momento, el país con mejor nivel de vida de África, después de la Unión Sudafricana. Incluso en los últimos meses previos a la independencia, España dotó al futuro país de estudios autónomos de televisión, grabación, montaje, sonido y producción. Hasta finales de los años 50, el territorio era considerado una provincia más de España. Guinea Ecuatorial dejó de ser “colonia” para convertirse en las “provincias españolas de Fernando Poo y Río Muni”. Pero, tanto élites ambiciosas locales, como la ONU, querían una independencia total y sin restricciones.

El 15 de diciembre de 1963, un referéndum aprobó un sistema de autogobierno. Así nació oficialmente Guinea Ecuatorial, con una Asamblea General (parlamento) y un Consejo de Gobierno presidido por Bonifacio Ondó Edu, aunque el gobierno español mantenía amplios poderes. En noviembre de 1965, la ONU pidió a España que fijara una fecha para la independencia. Tras aceptarlo en 1966, el proceso se aceleró.

La Conferencia Constitucional se celebró entre el 30 de octubre de 1967 y el 22 de junio de 1968 en Madrid, presidida por el ministro español Fernando María Castiella. Castiella apostaba por una independencia inmediata y conjunta para mejorar la imagen exterior de España, mientras que el vicepresidente Carrero Blanco aconsejaba una independencia lenta y separada (isla y continente) para proteger los intereses económicos españoles. Mientras, en Guinea, la mayoría de los partidos querían un país unificado. Solo la Unión Bubi (de la isla de Bioko) llegó a plantear una independencia separada o seguir bajo administración española, lo que generó tensión étnica con la mayoría continental fang. La Constitución, finalmente, resultó de corte liberal y democrático. Establecía un estado unitario, separación de poderes y derechos fundamentales. Sometida a referéndum el 11 de agosto de 1968, supervisado por la ONU, fue aprobada por el 64,32% de los votantes.

Entre el 22 y el 29 de septiembre se celebraron elecciones presidenciales y parlamentarias. El favorito era Bonifacio Ondó Edu, apoyado por los colonos españoles y que representaba un cambio más gradual. Sin embargo, el vencedor fue Francisco Macías Nguema, un exfuncionario de la administración colonial que difundió un discurso radical, anticolonial, antiblanco y populista. Fue el primer traspiés. El 12 de octubre de 1968, en una ceremonia presidida por el ministro Manuel Fraga, España transfirió la soberanía a la nueva República de Guinea Ecuatorial, con Macías Nguema como primer presidente. Y ocurrió lo que era de esperar y ante lo que el gobierno de Franco no preparó a la opinión pública…

Menos de un mes después de la independencia, el país estaba paralizado e, incluso, la televisión había dejado de funcionar por pura desidia y mala gestión. Cualquier problema de la población era inmediatamente atribuido a “España” y a la “colonización”. Los vientos eran cada vez más hostiles, el país recién independizado parecía ingobernable y, desde luego, el gobierno de Macías Nguema, cuando mayores eran los problemas, más agresivo se mostraba contra España. A los seis meses de independencia, la mayoría de los 8.000 españoles que vivían en Guinea (funcionarios, empresarios, misioneros), ante esta situación y en previsión del mismo baño de sangre que se había producido en otros países africanos recién independizados, optaron por abandonar Guinea, llevándose capital y experiencia. La economía colapsó y hasta el hallazgo de petróleo en los años 90, Guines Ecuatorial pasó de ser el segundo país africano en nivel de vida, a figurar en el pelotón de cola.

Macías suspendió la Constitución de 1968, prohibió los partidos políticos, se declaró presidente vitalicio e instauró un régimen de terror durante el cual, desde 1968 hasta su derrocamiento en 1979, un tercio de la población fue asesinada o huyó al exilio. La mayoría de los líderes independentistas que participaron en la Conferencia de Madrid, como Bonifacio Ondó o Atanasio Ndongo, fueron detenidos y asesinados.

No era algo que no hubiera ocurrido antes en el resto de colonias africanas que demostraron a las claras que África no estaba hecha para el concepto eurocéntrico de Estado–Nación y que la “tribu” era la única forma aplicable en el continente. Sin embargo, la opinión pública española de la época se sintió decepcionada por la reacción, tanto de Marruecos como de la población guineana e, incluso el mismo gobierno, se mantuvo perplejo por todo lo ocurrido y a la espera de que las cosas empeoraran todavía más desde el momento, en el que, no sólo Marruecos reivindicó la soberanía sobre el Sáhara, sino que apareció un movimiento armado por Argelia de carácter independentista, el Frente Polisario, que, a principios de los 70, empezó a cometer atentados terroristas, incluidos asesinatos, contra soldados y civiles españoles.

Pero ésta ya es otra historia y pertenece a los instantes finales del franquismo.


miércoles, 19 de mayo de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: EL “ENEMIGO DEL SUR” … DANDO POR EL SUR, OLIENDO DEBILIDAD

En 2002 publiqué un libro que se vendió muy bien y en muy poco tiempo se agotaron los 2.000 ejemplares de la primera tirada. Se llamaba EL ENEMIGO DEL SUR (ahora lo tenéis en formado libro electrónico en Amazon). A cada presentación que hacíamos, el consumado más próximo de Marruecos, enviaba a sus “espías”: no decían ni una palabra, ni siquiera se movían, permanecían impasibles, siempre en parejas. Eran, evidentemente, marroquíes, pero nunca se nos ocurrió decirles nada. La democracia es así, tolerancia y todo eso… Bien, pero la democracia no debe olvidar que eso de que “todo el mundo es güeno”, es una falacia. Existen rivalidades entre naciones y, aunque tú no lo quieras, otros si se consideran tus enemigos. En el caso de Marruecos las cosas vienen de lejos.

En los años de la Segunda Guerra Mundial, los ideólogos del Istiqlal, partido nacionalista marroquí, exiliados en Egipto, copiaron -literalmente copiaron- de otros movimientos árabes de liberación, la idea del “Gran Marruecos” (existía en aquellos años la idea de la “Gran Siria” (defendida por el Baas), la idea del “Gran Líbano” (que sostenían las Falanges Libanesas), así que no les fue muy difícil improvisar la noción del “Gran Marruecos”. En la sala del trono del palacio real de Rabat se encuentra un tapiz con el mapa de los territorios del “Gran Marruecos”: en 1956 estaba formado por el protectorado francés, el protectorado español, la ciudad libre de Tánger, Sidi Ifni, el Sahara Occidental, Ceuta, Melilla y las Islas Adyacentes, los territorios de Tinduf y Bechar (hoy argelinos), Mauritania y parte del Camerún… Pues bien, la política exterior de Marruecos ha consistido en realizar la ficción geopolítica del “Gran Marruecos”. Dieron zarpazos a Argelia tras la independencia (“guerra del desierto”), intentaron asaltar Ifni ocasionando una pequeña guerra y luego el territorio se entregó a Rabat. Se quedaron con el Sahara después de la Marcha Verde. Lo intentaron en Perejil. Y ahora, habiendo olido debilidad y cobardía en La Moncloa, han abierto una nueva ofensiva para quedarse con Ceuta y Melilla. Esa es la triste, la cruda y la evidente realidad que todos los comentaristas políticos conocen, pero que no todos tienen el valor de afirmar: MARRUECOS SIGUE SIENDO “EL ENEMIGO DEL SUR”.

Ahora bien, ¿qué opina Sánchez? Su socio de gobierno, el partido de los catetos, los colgaos, los fumetas, los rastafaris y las ideólogas de género, mimos, menas y memos, ha dicho por boca de Iglesias que, si por ellos fuera, acabarían con la “situación colonial” de Ceuta y Melilla, las “devolverían” a Marruecos. Entre esta propuesta, el “papeles para todos” y lo de “nuestros niños” referidos a los MENAS, sabemos de qué material está hecho el cerebro de Iglesias y de los suyos: corchopán regado por horchata aguada.

¿Y Sánchez? A Sánchez, simplemente, el destino de los ciudadanos españoles de Ceuta y Melilla, le importa un higo. Lo viene demostrando desde que se sienta en La Moncloa, como le importa igualmente poco cualquier cosa que no sea su ego. Lo que haga o deje de hacer, tenedlo bien en cuenta, no lo hará ni por los ciudadanos de aquellas plazas, ni para evitar la invasión que se está produciendo, sino que se tratará sólo de gestos para la galería. De momento, la crisis -iniciada por culpa de su ministra de exteriores que permitió al jefe del Polisario entrar en España sin ponerlo en conocimiento de Marruecos como era su obligación y dado el estado de guerra abierta entre Rabat y los polisarios- le ha cogido por sorpresa, antes de tomar una decisión (en este tema sólo la fuerza da resultados) deberá esperar que política le dictan desde el exterior: hará gestos para que Tezanos no tenga que multiplicar malabarismos en las encuestas del CIS y su sigla siga apareciendo como  partido mayoritario, pero hará lo que le “aconsejen” que haga otros: los “señores del dinero”, los EEUU y su admirado Biden (arteriosclerótico que ya ha tomado partido… por Marruecos), la UNESCO, los amiguetes de Davos, etc. Y sabemos lo que dirán: “cede, aquí no pasa nada, cuando más multiculturalismo, mejor, cuanta más inmigración menor, a fin de cuentas, Ceuta y Melilla están en África…, lo más ultraprogresista es ceder a los tiempos, no puedes hacer otra cosa: eso es progreso”.

Yo no me alarmo porque 7.000 marroquíes hayan cruzado la frontera obligando al ejército a intervenir por primera vez. Eso podía esperarse. De lo que me alarmo es de ver que El País y los principales medios de comunicación, incluidos varios canales de televisión, a primera hora de hoy, ponían el énfasis, no en la vulneración de miles de marroquíes de nuestras fronteras y de la legalidad internacional, no hablaban sobre la invasión ¡sino que ofrecían imágenes emotivas y sentimentales sobre uno que se ahogó, un par de niños, aparentemente desfallecidos, etc, etc.! Si alguien se pregunta ¿qué es la post-verdad? Pues bien, esas imágenes son la post-verdad.

La Verdad con mayúsculas importa muy poco en nuestra desgraciada era: vivimos tiempos en los que se trata de explotar lo emotivo y lo sentimental situándolo por delante de la Verdad, reemplazándola. Y, ni siquiera importa que esas fotos sean auténticas, de lo que se trata es de que, a fuerza de repetirlas, pasen a ser dogmas.

Es así como han entrado casi 10.000.000 de inmigrantes en España desde 1996.

Esas imágenes anticipan lo que va a ocurrir: los que entraron ayer, casi 2.500 MENAS, vienen para quedarse, para que usted y yo los mantengamos con nuestros impuestos. Cuando Marlaska dice que “se cumplirá la ley”, eso quiere decir que, dentro de poco, tendremos a esas 7.000 personas dispersas por todo el Estado pidiendo subvenciones en todas las ventanillas posible.

Pero la cosa no se detendrá aquí: Mohamed VI ha olido debilidad en La Moncloa: la derrota electoral madrileña, el hundimiento de Podemos, el hecho de que el PSOE mantenga el “gobierno de España” apoyado en la “no España” (podemos e indepes), le dar suficientes pistas como para pensar que, con un empujoncito de nada, si proyecto del Gran Marruecos dará otro paso adelante.

Porque, para Mohamed VI, el Gran Marruecos es el territorio actual, más Ceuta, Melilla y, no se olvide, Canarias. ¿O es que habéis olvidado que desde el otoño pasado se han multiplicado hasta lo indecible la llegada de pateras a Canarias?

No soy profeta, ni siquiera sé si hoy va a llover o no. Pero desde hace décadas, bastaba con conocer un poco la historia del Marruecos independizado y la doctrina del Istiqlal sobre el Gran Marruecos, para saber lo que sucedería… Bajo ese tapiz, con el mapa del Gran Marruecos, incluyendo territorios españoles, han desfilado desde Juan Carlos I hasta el último embajador español en Rabat. Ninguno ha advertido -seguramente, porque a ninguno le ha interesado- reconocer que Marruecos es “el enemigo del Sur”. No hay nada nuevo bajo el sol.

En situaciones así, o nos la envainamos o tomamos el Palacio de Invierno.