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lunes, 24 de octubre de 2022

Jean Marie Le Pen, 94 años. Homenaje, agradecimiento y recuerdo (III) - EL FINAL DE LA TRAVESÍA DEL DESIERTO

FORCES NOUVELLES CONTRA EL FRONT NATIONAL

El grupo motriz que dinamizaba los Comités Faire Front estaba formado por el equipo de prensa y propaganda de Ordre Nouveau, eran periodistas y agitadores, una buena combinación. De los comités Faire Front surgió el Parti des Forces Nouvelles en 1975 que, más o menos, se extinguió a principios de los años 80 sin haber alcanzado ningún éxito notorio, salvo el estar en el candelero al constituirse como sección francesa de la «euroderecha», junto a Giorgio Almirante y Blas Piñar. Una de sus primeras manifestaciones, en 1975, fue ante el consulado español en solidaridad con el régimen franquista cuando se produjeron los fusilamientos de septiembre de aquel año. Estaba dirigido por un antiguo cuadro de Ordre Nouveau, Pascal Gauchon, allí reencontramos a Galvaire, más tarde a Tixier y a otros muchos personajes que fueron quedando en la cuneta de la extrema-derecha en los años 60.

Pero no hubo nada que hacer, ni su lujosa revista, ni el céntrico local, ni una apariencia muy depurada, pudieron operar el milagro de hacerlos despegar. En las pocas elecciones en las que se presentaron fueron superados por el Front Nacional, y entre ambos se repartieron entre el 1 y el 0’25%. Y para colmo, Alain Robert tenía la presunción de que Le Pen le había robado su «invento», el Front National, así que cada vez que tuvo ocasión le torpedeó. En mayo de 1977, el recién constituido Front Nacional de la Jeunesse, rama joven del lepenismo, intentó realizar un mitin en la facultad de Assas. No hubo forma, Robert desplazó allí a sus gorilas que cerraron el paso a Le Pen.

A todo esto, en el Front se habían producido incorporaciones. Un periodista e historiador, François Duprat, del cual se contaban las más extrañas historias –que si trabajaba para la CIA, que si trabajó para los servicios especiales franceses en el Congo, aunque probablemente fueran falsas–, exdirigente de Ordre Nouveau, ocupó la secretaría general del partido. Duprat incorporó a sus muchachos, unos pocos supervivientes de Ordre Nouveau, tan jóvenes como radicales. Atendían al terrorífico nombre de «Grupos Nacional Revolucionarios de Base». Aun resulta increíble que Le Pen les diera acogida en el interior del partido y tolerase sus frecuentes exabruptos. Quizás lo hizo por que en el desierto cualquier compañía es de agradecer. Duprat y su adjunto Alain Renault, gobernaban un grupúsculo eficaz y muy activo. Semanalmente publicaba un boletín de noticias ciclostilado que reproducía novedades del ambiente. Así, durante 2 años pudo seguirse la evolución de la extrema-derecha francesa. En febrero de 1977, la revista de Duprat anunció que se había incorporado al Front un pequeño grupo, Action Solidarista, escisión de una escisión, de una escisión de un movimiento que había evolucionado a partir del llamado Mouvement Jeune Revolution a los que se solía considerar como los «leninistas» de la extrema-derecha por su énfasis en la «construcción del partido». Apenas una docena de «solidaristas»siguieron a sus líderes, Jean Pierre Stirbois, Michel Schneider y a sus respectivas esposas. Todos estos nombres tendrán una importancia manifiesta en la evolución política de Le Pen y del Front National en los años que seguirán.

En plena travesía del desierto, en mayo de 1977, un extraño atentado aún no aclarado, vuela por los aires el automóvil de François Duprat, con él dentro. Nadie sabe de donde procede la autoría. Suena el nombre de un grupo trotkysta antifascista que por aquellas fechas se preparaba para «aplastar al fascismo en el huevo». Otros opinan que fue la CIA, otros el SDECE francés. Sea como fuere, el atentado sigue impune y Alain Renault ocupó la secretaría general del Front National en los años siguientes. Había continuidad pues, no en vano, Renault era el adjunto de Duprat. Por entonces el Front National tenía un pequeño local en la rue Suresnes, las más de las veces vacío de militancia. A raíz de la muerte de Duprat, todas sus iniciativas desaparecieron con él. Quizás este período fue el más duro para Jean Marie Le Pen. Nuestro hombre hubiera podido decir con Nietzsche que «el desierto crece».

En esto tienen lugar en marzo de 1981 las elecciones que entronizaron en el Elíseo a François Mitterand. La historiografía francesa todavía no se ha pronunciado sobre los 12 años de gobierno del socialista, para unos se trató del período más corrupto en la historia de Francia; para otros de un tiempo de esplendor y grandeur. Quizás haya de lo uno y de lo otro. Para Le Pen, significó, desde luego, la llegada a un oasis. Las cosas fueron así.

EL DESPEGUE

En 1983 a alguien se le ocurrió que en un programa de televisión, similar a «La Clave» que, por entonces se emitía en España, «Les Dossiers de l’Ecran», dedicado a la inmigración podía invitarse a algún personaje de extrema-derecha; total, no era peligroso; hacía años que quedaban lejos las efervescencias electorales de Tixier, Poujade o Isorni, también había desaparecido casi completamente la militancia ultra de las calles, así que se tenía la presunción de que la presencia de Le Pen –¿a qué otro «notable» hubiera podido invitarse? Alain Robert tenía un puesto de tercera fila en la Centro Nacional de los Independientes y los «estrategas» del PFN se habían dispersado en todas direcciones– así que cubriría el papel de pim-pam-pum al que todos los demás contertulios utilizarían como señuelo. Y ocurrió el milagro: los grandes líderes de opinión de los partidos mayoritarios quedaron anulados por Le Pen que, por primera vez en veinte años, pudo tener una tribuna desde la que dirigirse a toda la nación francesa. A medida que el programa avanzaba era evidente que el «todos contra Le Pen» se había convertido en un «mamá, sálvanos de Le Pen». Superó la prueba de las audiencias. Y esto le catapultó a una reverdecida fama. A partir de ese momento, cada vez con mayor énfasis, el informal «frente republicano» declaró la guerra a Le Pen: no debía haber lugar para él en el reparto de la tarta del poder.

En principio se revisó su pasado, pero no había mucho donde pescar. Salió un antiguo miembro del FLN que afirmó que el propio Le Pen le había torturado en tanto que legionario paracaidista. La información fue filtrada a partir de Le Canard Enchainé y Liberation. Dio mucho que hablar. Demasiado, por que la juventud francesa que no había vivido la guerra de Argelia, supo que de entre todos los candidatos a presidente de la República, hubo uno que «machacó» a los argelinos –«esos que ahora veían vender heroina en toda Francia»– y que, además, fue soldado valeroso. Claro está que la izquierda –que siempre se posicionó a favor del FLN– encontró en todo esto nuevas excusas para demonizar a Le Pen, pero también es cierto que muchos franceses de edad recordaron todo el proceso que llevó a la pérdida de Argelia y que, desde luego, no había sido un modelo de gestión.

Por lo demás, un sector de la sociedad francesa empezaba a estar harto de que el paisaje de sus ciudades estuviera cambiando. Creían, con razón o sin ella, que empezaba a haber demasiados inmigrantes, casi tantos como parados. Lo habían escuchado de labios de Le Pen en el famoso programa de televisión: «Dos millones de parados son dos millones de inmigrantes de más». En 1985 presentó querella contra el semanario humorístico Le Canard Enchainé y el diario Liberation, con motivo de que ambos hicieron referencia a su pasado en Argelia, en el que se le acusaba de practicar la tortura con prisioneros de guerra. Ambas querellas las perdió, pero contribuyeron a enconar posiciones en torno suyo, tanto a favor como en contra.

EL LENTO AVANCE ELECTORAL

Le Pen volvió a ser una figura pública a partir de 1983, pero su partido todavía seguía estando vacío de militantes, si bien logró concentrar en torno suyo a todas las energías de extrema-derecha. Se presentó a las elecciones al Parlamento Europeo, celebradas en 1985, encabezando la lista del Front. Resultó elegido junto a otros cuatro candidatos. Fue un bombazo, con perdón. En las elecciones legislativas francesas de 1986 el Front cosechó un 10% del total de los votos lo que supuso el acceso a la Asamblea Nacional de Le Pen y otros 35 diputados más. Otro bombazo.

Esto era intolerable para la República, así que se cambió la legislación: a partir de entonces los diputados que no obtuvieran en la primera vuelta la mayoría absoluta pasarían a la segunda, que se dirimiría entre las dos listas más votadas… sistema ideal para evitar que los partidos hasta entonces mayoritarios dejen de serlo. Una especie de válvula de estabilidad del sistema.

En la primera vuelta de las elecciones a la Presidencia de la República Francesa, celebradas el 25 de abril de 1988, su partido consiguió casi un 15%. Sin embargo, en las legislativas del 12 de junio de ese mismo año, sólo consiguió un escaño en la Asamblea Nacional a raíz de la nueva legislación electoral.

El 18 de marzo de 1991, el Tribunal de Versalles hizo público un veredicto, en el que se condenaba a Le Pen, presidente del FN, a indemnizar con 100.000 francos a cada una de las nueve asociaciones de deportados judíos, que le denunciaron por haber dicho en 1987 que las cámaras de gas utilizadas por los alemanes fueron «un detalle en la historia de la Segunda Guerra Mundial». Además, debía pagar una cantidad simbólica de 10 francos a un movimiento de defensa de los deportados judíos y los gastos derivados de la inserción de esta sentencia en cinco diarios franceses. En total la multa ascendió a unos 200.000 francos (22 millones de pesetas).

En las elecciones regionales y cantonales celebradas el 22 de marzo de 1992, el FN recibió 3.4 millones de votos, un 13’9% del total del electorado, cuatro puntos más que en las regionales de 1986 y las legislativas de 1988. Fue entonces cuando Jean Pierre Stirbois falleció víctima de un accidente de circulación. El 28 de mayo de 1993, sin embargo, el partido perdió su único representante en el Parlamento al no resultar elegida su diputada, Marie France Stirbois, esposa del fallecido secretario general, en la segunda vuelta de las elecciones legislativas.

En las elecciones al Parlamento Europeo del 12 de junio de 1994 el Frente Nacional obtuvo el 9,5% de los votos, lo que supuso sentar a 11 diputados en Estrasburgo. El 18 de septiembre de ese año Le Pen anunció su candidatura a las elecciones presidenciales francesas del 23 de abril y 7 de mayo de 1995. En la primera vuelta no sólo superó la cota del 15% (15,15), sino que fue el más votado en varios departamentos. En las elecciones legislativas, cuya primera vuelta se celebró el 25 de mayo de 1997, el FN consiguió el 14,94% de los votos, y Le Pen obtuvo el único escaño de su partido en la Asamblea tras la celebración de la segunda vuelta el 1 de junio de ese año.

INCIDENTES. PEQUEÑO ANALISIS

Durante esta última campaña protagonizó un incidente que tendría graves repercusiones para él. Vale la pena realizar el análisis del episodio, tomando como fuente imparcial, la Agencia EFE, para tenerlo como punto de referencia.

En lo que la prensa llamó «un intercambio de puntos de vista» con la candidata socialista Annette Peulvast-Bergeal que disputaba un escaño con la hija de Le Pen, Marie Caroline, aquella recibió un tortazo propinado por el presidente del Front National. Fue nuevamente procesado. Tras agotar todos los recursos, primero ante el Tribunal Correccional de Versalles y en segunda instancia ante el Supremo, Le Pen fue condenado el 23 de noviembre de 1999 por el Alto Tribunal a un año de inhabilitación, tres meses de cárcel exentos de cumplimiento y una multa de 769 euros.

Pero este incidente hay que examinarlo con lupa o, de lo contrario, nos llevaríamos una falsa impresión. La agesión a la candidata socialista hay que «contextualizarla».

La chica no era un alma cándida que pasaba por allí. Le Pen, en efecto, llegó a Mantes-la-Jolie a apoyar la candidatura de su hija, Marie Caroline. A la izquierda no le gustó su presencia y se manifestó contra él; no debían ser muy pacíficos por que –y la información es de EFE– Le Pen y sus partidarios soportaron una lluvia de huevos y piedras y debieron refugiarse en un café. EFE explica que el dueño del bar hechó abajo la valla metálica de la entrada y reconoce que los contra manifestantes eran dirigidos por la candidata socialista Annette Peulvast-Bergeal. Eran unos 200 y seguían a Le Pen y a los suyos donde quiera que fueran. Esto no es, que digamos, muy demócrata; suena más bien a intento de impedir el ejercicio de la libertad de expresión. Al menos tal como lo cuenta EFE que añade: «Durante los incidentes resultó contusionada la candidata socialista Annette Peulvast-Bergeal, que había tenido un enfrentamiento más que verbal con el propio Jean Marie Le Pen». Los manifestantes lanzaron después huevos contra un bar en el que entró el líder ultraderechista, y el dueño del establecimiento tuvo que bajar la valla metálica de la entrada. Para evitar más incidentes –y EFE es quien sigue contándolo– Le Pen «decidió dejar la ciudad y salió del establecimiento protegido por el servicio de orden, mientras los manifestantes le lanzaban huevos». En el mismo parte se aprovecha para explicar que «la sede electoral de un candidato del FN en una de las circunscripciones de la ciudad de Orange (sur) resultó destruida parcialmente esta madrugada por un incendio provocado» y «dos jóvenes del FN, que dormían en el primer piso del edificio en el que está la sede electoral del candidato Jacques Bompard, resultaron ligeramente intoxicados».

Miren, todo esto resulta extremadamente turbador: candidatos socialistas que pretenden impedir el derecho a la libertad de expresión, candidatos del Front National amenazados, tiendas a punto de ser saqueadas por antilepenistas, jóvenes partidarios de Le Pen que están a punto de morir por un incendio... Todo esto da como resultado un sector agredido y un sector agresor. Deduzcan ustedes cual es. Sin embargo Le Pen fue condenado. Y esto le daba la razón cuando afirmaba que en Francia existía un país legal y un país real. En aplicación de la sentencia, el 23 de febrero del año 2000 fue suspendido de su cargo de consejero regional de Provence-Alpes-Côte d’Azur (PACA), que había obtenido en las elecciones regionales del 15 de marzo de 1998. Por la misma razón, el 22 de abril del año 2000 se publicó un decreto gubernamental por el que Le Pen fue privado de su escaño en el Parlamento Europeo, que había conseguido en las elecciones del 13 de junio de 1999. El decreto, con fecha 31 de marzo, fue firmado por el primer ministro, Lionel Jospin, el socialista que fue relegado a un infamante tercer puesto en las presidenciales del 2002. Sin embargo, debido al recurso presentado ante el Consejo de Estado, la presidenta del Parlamento Europeo, Nicole Fontaine, esperó a que este órgano se pronunciara el 6 de octubre del año 2000, y anunció su inhabilitación el 23 de octubre (si bien posteriormente se suspendió esta decisión).

Le Pen ha sido juzgado en numerosas ocasiones por sus declaraciones violentas y racistas. Detenta el record de peticiones de suplicatorio en el Parlamento Europeo: siete en dos legislaturas, aunque en cuatro de ellas no se concedió por cuestiones de trámite. Se concedió en 1989, cuando fue juzgado por insultar a un ministro, en 1990, por declaraciones anti judías, y en 1998, considerar que las cámaras de gas fueron un «simple detalle» en la Segunda Guerra Mundial.

Por entonces ya se había consumado la escisión de los megretistas tal como analizamos en otro capítulo de esta obra. En realidad, tras la aplicación de esta sentencia, el papel político de Le Pen quedó reducido a sus funciones como presidente del Frente Nacional, cargo para el que fue reelegido en el XI Congreso del partido, celebrado el 29 de abril del año 2000. Este fue el primero celebrado tras la escisión de diciembre de 1998, cuando Bruno Megret, hasta entonces número dos del partido y hombre de confianza de Le Pen, fue suspendido de militancia y a continuación fundó el Movimiento Nacional Republicano. 








 

viernes, 21 de octubre de 2022

Jean Marie Le Pen, 94 años. Homenaje, agradecimiento y recuerdo (II) - 92, RUE D'ASSAS, POUJADISMO, GUERRA DE ARGELIA, TRAVESÍA DEL DESIERTO...

En los años 50 solamente había grupúsculos de extrema-derecha en Francia. Ninguno de ellos había llegado muy lejos, pero varios de sus miembros estaban llamados a tener cierto protagonismo en la vida política gala. Eran años de crisis y repliegue colonial. Francia, que salió vencedora de la guerra mundial, al cabo de diez años se encontraba con su imperio colonial mermado. Diem Bien Phu fue una afrenta al orgullo francés y en esa época el FLN argelino empezaba a practicar el tiro en la nuca contra representantes de la administración colonial.

En 1949 aparece el primer grupo de estudiantes de extrema-derecha (ellos se autotitulan «nacionalistas» y frecuentemente dicen no estar ni en la derecha ni en la izquierda). No parecían muy originales; adoptan como nombre el de su condición, «Etudiants», y de mayo de 1949 a junio de 1950 suelen enfrentarse en las aulas y en el Barrio Latino a los estudiantes comunistas de la UNEF que apoyan al Vietminh. El 21 de enero de 1949 logran dispersar una manifestación comunista de apoyo a la independencia de Vietnam. Puestos a pelear también mantienen enfrentamientos con los monárquicos de Acción Francesa. Estos nuevos ultras de derechas se dicen nacionalistas pero también hablan de Europa y de su unidad frente a Estados Unidos y a la URSS. Para los monárquicos todo lo que no sea el nacionalismo clásico es anatema. Entre otros miembros de este grupo figura Roger Nimier, futuro intelectual de derechas muerto prematuramente cuando ya había alcanzado renombre. En el curso 1950-51 unos cuantos miembros de «Etudiants» se escinden y crean el Mouvement d’Action Universitaire et Culturelle y la revista «Occidente».  Le Pen figura entre ellos.

Ciertamente su primera acción casi parece una pelea universitaria, pero es algo más que eso. Le Pen ese año se hace con el control de la facultad de Derecho logrando la mayoría absoluta de representantes. Desde entonces el centro del 62 rue d’Assas, será el bastión de la extrema-derecha en el Barrio Latino. Aun hoy lo sigue siendo. De aquel período se recuerda a un Le Pen, ya buen orador, excepcionalmente dramático en sus alocuciones, tan patriota como anticomunista y preocupado por restaurar el honor francés. Cuando había peleas –algo frecuente– Le Pen siempre estaba allí. Uno de sus compañeros de la época nos cuenta: «Il ne reculait jamais», no retrocedía nunca.

El siguiente capítulo tiene lugar ese mismo año, 1950. El que fuera abogado del Mariscal Petain, Jacques Isorni, un hombre de indudable prestigio en Francia, junto con las asociaciones petainistas y la Asociación de Intelectuales Independientes crea la Unión Nacional de los Independientes y se presenta a las elecciones generales. En París, los comunistas y la LICA (Liga Internacional contra el Antiseminismo) obstaculizan los mítines electorales de la UNI en nombre de la «lucha antifascista». Ahí vuelve a aparecer Jean Marie Le Pen con sus estudiantes defendiendo a Isorni que, finalmente, logra unos honorables 280.000 votos y… ningún diputado.

La guerra de Argelia, acentuó el proceso de liquidación del Imperio Colonial iniciado en Indochina. Esta crisis hace que la extrema-derecha que, hasta ese momento no había logrado levantar la pesada losa del petainismo y de la «colaboración» pueda disponer de ideas-fuerza y convertirse en un movimiento de masas que llega a amenazar a la República.

Le Pen en esos momentos milita en el «poujadismo». Por diversos motivos que escapan a nuestro estudio, los pequeños comerciantes se ven amenazados por la República y se organizan corporativamente en una organización reivindicativa, la Union et Défense des Commerçants et Artisans (UDCA), en torno a Pierre Poujade. Poujade tiene pasado político: ha militado en las juventudes del Partido Popular Francés durante la guerra, el partido de Jacques Doriot que más voluntarios envió al Frente del Este a luchar con los alemanes contra el comunismo. Sin embargo, esto no le impide contar con los comerciantes comunistas para su proyecto. Hay que recordar que el propio Doriot era alcalde comunista de Saint Denis y que el PPF se formó inicialmente con antiguos militantes comunistas.

La derecha desconfía de la UDCA hasta que en 1954 Poujade rompe con los comunistas. Entonces Le Pen se integra en el partido de los pequeños comerciantes con un núcleo de estudiantes. El número de suscriptores de sus publicaciones revela que no se trataba de un grupúsculo ultra aislado, vean: «L’Unión», portavoz del partido, cuenta con 460.000 suscriptores distribuidos en 47 ediciones regionales. Para las elecciones de 1956 los poujadistas celebraron 2000 mítines, actividad que les reporta trece diputados. Es una victoria momentánea pero suficiente para dar a conocer a la opinión pública francesa al diputado más joven de la Republica: Jean Marie Le Pen, con apenas 27 años. Poujade consiguió poner en pie su movimiento incluso en Argelia y no sólo entre comerciantes franceses, sino también entre musulmanes. Estos llegaron a ser mayoritarios en la colonia. Cuando se suscita el problema sobre la independencia argelina, Poujade duda, sus socios en Argel están a favor.

Le Pen intentaba por entonces crear Uniones paralelas a la UDCA, siguiendo el modelo leninista: la Unión y Defensa de la Juventud de Francia, Unión y Defensa de los Trabajadores de Francia, Unión y Defensa de los Campesinos de Francia, etc. Le Pen es el líder de la Unión de Jóvenes, pero Poujade, temeroso de hasta dónde pueda llegar decide aprobar en un Consejo Nacional la incompatibilidad del cargo de diputado con el de secretario general de una Unión.

Por entonces la unión de jóvenes ya se ha convertido en una fuerza importante en la universidad y en los liceos. Le Pen no está dispuesto a que Poujade le gane la partida y, en un gesto dramático se alista voluntario en las fuerzas paracaidistas que combaten en Argelia contra el FLN. Le sucede, Jean François Galvaire que luego será uno de los fundadores de Ordre Nouveau. En 1958 la UDCA apenas alcanza 400.000 votos y el movimiento termina disolviéndose como un azucarillo. Cuando eso ocurre, Le Pen ya ha regresado de la campaña argelina y pone en pie el Front National des Combattants, una estructura mucho más activista que el poujadismo y adaptada a las duras jornadas que se avecinan.

La única actividad de este nuevo movimiento será la lucha por la «Argelia Francesa». Le Pen, que ya se había mostrado antes como un genial organizador, vuelve a evidenciar sus cualidades poniendo en marcha caravanas automovilísticas que recorrerán las playas de Francia durante el verano. Sus militantes distribuyen panfletos, revistas y los megáfonos atruenan consignas inflamadas de patriotismo. Incluso un conocido cineasta, Jacques Dupont, realizará un film que será proyectado en las reuniones. Como es habitual menudean los choques con los comunistas. En febrero de 1958 celebran un mitin en París. Martel, uno de los oradores, llegado de Argelia, lanza por primera vez una llamada a la insurrección general. Cuando se produce el «pustch» del 13 de mayo, el FNC es todavía muy débil para jugar un papel efectivo, aun así, Le Pen viaja clandestinamente a Argel. Allí se fragua el Front National pour l’Algérie Française, creado oficialmente en junio de 1960 que cuenta con presencia de dirigentes de todos los movimientos nacionalistas, en especial de Jeune Nation y del FNC. El 4 de noviembre de 1960, el FNAF celebra su primer gran mitin en un clima de tensión creciente. Las manifestaciones del FNAF son sistemáticamente prohibidas por De Gaulle.

En medio de una situación cada vez más explosiva, el enero de 1961, nace la Organisation de l’Armé Secrète, en Madrid. En principio son solo un grupo de exaltados en torno al coronel Lagaillarde. Le Pen nunca tuvo relación con la OAS y, por tanto, en esa época, su papel disminuye. No en vano es una época en la que no se habla desde las tribunas de los oradores o con el megáfono en las manifestaciones, sino con la metralleta y el plástico. La aventura de la OAS terminó en febrero de 1963, pero las heridas no quedaron restañadas en el seno del ejército hasta mayo de 1968 (cuando De Gaulle precisaba apoyo de las unidades acantonadas en Alemania para hacer frente a lo que consideraba un golpe de Estado comunista y ultraizquierdista y el Ejército se lo dio… a cambio de una amnistía general para los presos y exiliados de la OAS). A la extrema-derecha le costaría bastante más superar la crisis: dos décadas.

Esas dos décadas son lo que Le Pen llama, sin nostalgia, su «travesía del desierto». En este tiempo caminó de fracaso en fracaso y quizás alguien con menos voluntad hubiera abandonado su combate político y se habría dedicado a administrar sus prósperos negocios, entre ellos el SERP, una casa discográfica.

Todo lo anterior es la primera vez que se publica en España. Al parecer ningún periodista se ha preocupado por establecer los orígenes políticos de Le Pen. Ahora sabemos que sus relaciones con el petainismo y la colaboración son estrictamente tangenciales y sólo pueden establecerse a partir de su apoyo a Isorni. Sabemos también que fue líder desde su período de estudiante y que su carácter era sanguíneo. Su hoja de servicios en el ejército fue inmejorable, llegando a teniente de paracaidistas, condecorado con la Cruz del Valor Militar del Ejército francés y de medallas conmemorativas de las guerras de Argelia, Indochina y Egipto. Y, finalmente, el poujadismo en el que militó y con el que obtuvo el acta de diputado, no fue un movimiento de extrema-derecha clásico sino más bien un grupo de protesta de los pequeños comerciantes. Hoy, tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, un muy anciano Pierre Poujade renegó de su discípulo: «Más me hubiera valido dejarme romper una pierna que haberlo hecho elegir diputado». Y es que los neochiraquianos querían impedir que los antiguos votantes del poujadismo se decantaran por Le Pen en la segunda vuelta en el otoño de su vida y sacaron a colación al viejo y olvidado líder.

Sabemos cómo se inició políticamente, pero no sabemos todavía nada de su vida. Es hora de dar unos cuantos datos, los clásicos que no está de más recordar siquiera brevemente.

PINCELADAS PERSONALES

Había nacido en Trinité-sur-mer, Bretaña, el 20 de junio de 1928, en el seno de una familia de pescadores bretones. Estudió Ciencias Políticas y Derecho, en la facultad de Assas. En la universidad fue elegido presidente de la Corporación de Estudiantes de Francia.

En la campaña electoral de 1958, en el curso de un mitin, un rival subió al estrado y le abofeteó. Le Pen perdió el ojo izquierdo y durante un tiempo tuvo que llevar un parche negro, hasta que le fue adaptado uno de cristal. Fue una mejora desde el punto de vista de su imagen, desde luego...

 En 1976 se hizo rico al heredar varios millones de un cementero simpatizante de Frente Nacional, aparte de un castillo en Saint Cloud. Divorciado de de su primera esposa, Pierrette, desde 1987 después de un conflictivo proceso, es padre de tres hijas. Su mujer protagonizó en esa época una serie de escándalos y no dudó en aparecer desnuda en varias publicaciones sensacionalistas. Está casado en segundas nupcias. Entre sus amistades se encuentra la actriz francesa Brigitte Bardot.

Regresemos al terreno de lo político. ¿Y el Front National? ¿cuándo se inicia la carrera del Front? ¿Qué ha hecho Le Pen desde que se perdió Argelia? ¿Cómo fue su travesía del desierto?

LA TRAVESÍA DEL DESIERTO: LA EXPERIENCIA TIXIER

En 1965, Le Pen estaba preocupado por sus asuntos personales. Había puesto en marcha una discográfica que editaba material didáctico e histórico, pero no se había desenganchado de la política. Ese año se convocan elecciones y los nacionalistas franceses consideran que había llegado la hora de aprovechar los dividendos de la lucha por la Argelia Francesa. Había ocurrido justo lo que ellos pronosticaron: la pérdida de la colonia y el establecimiento de un gobierno socialista que no ahorró masacrar a cuantos argelinos habían colaborado con la administración colonial. Y no eran pocos. En el sur de Francia se encontraban miles de «pieds-noires» (franceses de origen argelino) y «harkis» (musulmanes que colaboraron con Francia y lograron huir a tiempo).

Desde 1963 Le Pen tiene un proyecto que quiere trasladar a toda las fuerzas nacionalistas. Reagrupa a sus amigos, entre ellos varios antiguos diputados, en un Comité de Iniciativa para una Cantidatura Nacional. Sorprendentemente él no se postuló como candidato, sino que promovió a Joan Louis Tixier-Vignancour, gran orador, que había sido abogado defensor del General Raoul Salan y del coronel Bastien-Thiry. En el primer mitin de la campaña en la Mutualité de París, 4000 jóvenes entusiastas aclamaron a los oradores. Al salir, los militantes del recién estrenado Movimiento Occidente –entre los que se encontraba Raymond Madellin, candidato ultraliberal que alcanzó el 4’5% de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2002...– se enfrentaron duramente con la policía en incidentes en el barrio Latino que prefiguran en violencia los de mayo de 1968. Estos militantes de Occident crearon el Comité Jeunes Tixier que mostró gran dinamismo. Pronto, Roger Holeindre, antiguo de la OAS, al salir de prisión, se puso al frente de los comités. Holeindre, periodista de Paris Match fue atacado por extremistas de izquierdas mientras se encontraba en el interior de la exposición «Vietnam Vencerá», en el acto que supuso, históricamente, el inicio de los incidentes de mayo de 1968; años después sería elegido diputado europeo por el Front National.

Así se llegó a la campaña electoral de 1965. Por segunda vez Le Pen organizó a la militancia durante el verano en caravanas que recorrieron las playas. Sin embargo, en el interior de los Comités Tixier no había buenas relaciones entre el candidato –que, después de las reticencias iniciales, poco a poco, había ido introduciéndose en su papel– y Le Pen de un lado y los miembros de Europa-Action de otro (de este grupo, emanación de la Federation d’Etudiants Nationalistes, surgiría en junio de 1968 la publicación «Nouvelle Ecole» que sería el núcleo difusor del pensamiento de la «Nouvelle Droite».

Ya por esas fechas se encontraban entre sus filas, Fabrice Laroche (a) «Alain de Benoist», François d’Orcival, Dominique Venner, etc.). Para colmo, hubo un momento en que Tixier creyó verdaderamente en su victoria. Afirmaba que alcanzaría entre el 18 y el 22% en la primera vuelta y sería elegido en la segunda. Malvivió a esas elecciones con un escaso 5’1% de votos. Lo peor fue que, sin consultar a nadie, en la misma noche en que supo los resultados, llamó públicamente a votar al candidato de la Izquierda Unida contra De Gaulle. Y entonces estalló la crisis. Tixier atribuyó a Le Pen una maniobra para descabalgarlo de los Comités y no paró hasta eliminarlo; claro está que con Le Pen se fue lo más activo de los Comités que, reconvertidos por Tixier en Alianza Republicana por las Libertades y el Progreso se alejó temporalmente de la derecha para intentar –vanamente– buscar votos en el Centro Demócrata. En cuanto a Le Pen se encontró sin partido. Pero era un «notable» y, por tanto, recurrieron a él en varias ocasiones.

EL NACIMIENTO DE ORDRE NOUVEAU

El primero en llamar a su puerta fue Roger Holeindre –¿lo recuerdan?, antiguo de la OAS, periodista, etc.–; tras la disolución del movimiento Occident en junio de 1968,  Holeindre lanzó las Jeunesses Patriotes et Sociales que lograron agrupar entorno a 150 militantes. A lo largo de 1969 se curtirían en combates sin fin contra la extrema-izquierda. En mayo de 1969 la consigna fue «Unidad Francesa» y un mitin celebrado en el bastión de la facultad de Derecho de Assas terminó –¿se lo esperaban?– en violentos incidentes contra la extrema-izquierda maoísta que no permitía que hubiera más movimiento en la universidad que el suyo.

A partir de ahí se iniciaron conversaciones entre los distintos grupos activistas: asistieron el Mouvement Jeune Revolution, entre los que encontramos a Jean Pierre Stirbois y Michel Schneider, los estudiantes del Groupe Union Droit que habían conseguido recuperar el control de Assas y tenían mayoría en el claustro, los jóvenes de Pour une Jeune Europe, Pierre Sidos y su grupo La Obra Francesa y algunos independientes como Jean Marie Le Pen y el capitan Pierre Sargent (que luego seríe jefe del grupo de concejales del Front National en Perpignan hasta su fallecimiento). No hay acuerdo entre las partes. Holeindre se queda casi solo, sabiendo que tiene el apoyo de Le Pen. Por entonces, otros independientes que habían militado en Occident (Alain Robert, François Duprat, etc.) tienen menos ínfulas unitarias y se están preparando para lanzar el movimiento Ordre Nouveau.

A pesar de todo, en enero de 1970, Holeindre crea el Partido National Populaire, del que Duprat dijo que era apenas «una pálida copia del Partido Unitario» contemplado en el origen. Holeindre creía que Ordre Nouveau solamente podría captar adhesiones entre los jóvenes y que, finalmente, antes o después, tendrían que contar con ellos. A pesar de todo, el gran mitin de Ordre Nouveau el 13 de mayo de 1970 constituyó un duro golpe para Holeindre que apenas logra integrar a una fracción disidente del partido de Tixier y dar vida con ellos y con su PNP al Parti de l’Unité Française. Le Pen asiste a algunas cenas de esta formación y se convierte en orador habitual en los seminarios del grupo que sigue siendo minoritario. 

En Ordre Nouveau estaban los grandes estrategas del momento dirigidos por Alain Robert. Inicialmente, Robert le había ofrecido la presidencia de Ordre Nouveau al abogado Jean François Galvaire que pronto abandonó la plaza. De 1970 a 1973, Ordre Nouveau se curtió en cientos de batallas callejeras. El maoísmo estaba desapareciendo rápidamente de las aulas y las calles para dejar paso a las distintas formaciones trostkystas mejor organizadas y más disciplinadas. Dirigidos por Alain Krivinne, Henri Weber y Daniel Ben Saïd, la Liga Comunista Revolucionaria caminaba hacia la insurrección armada de masas. No era raro que preparase comandos para la eventualidad de una insurrección proletaria que consideraban próxima.

La única forma de realizar gimnasia revolucionaria sin excesivos riesgos, era atacando a los vendedores de Ordre Nouveau e intentando dispersar sus mítines. Mal asunto, porque éstos copiaron las tácticas de sus rivales y a los pocos meses ya se habían enzarzado en verdaderas batallas campales. Distribuir una revista o colgar un cartel eran considerados acciones de guerra y planificadas como tal. El pequeño local de la rue des Lombards, en pleno París golfo, se reforzó con una puerta blindada infranqueable y los militantes aprendieron a utilizar el casco de motorista, las tapas de los cubos de basura como protección y las barras de hierro junto a los cócteles molotov y las bombas fumígenas. Incluso solían defender sus mítines con una gigantesca red que apresó en sus mallas a más de un izquierdista justo antes de ser apalizado. En el fondo no eran más que tribus urbanas con ínfulas de militancia política...

En los fragores de aquellos combates nadie se acordaba de Le Pen, hasta que en 1972 los estrategas de Ordre Nouveau cayeron en la cuenta de que no iban a ninguna parte. Se podía afrontar a los activistas de ultraizquierda  indefinidamente, pero ¿para qué? ¿qué sentido tenía todo aquello? En las escasas ocasiones en que Ordre Nouveau se presentó a elecciones parciales, sus resultados fueron más que mediocres. Así no había forma de despegar. Y Alain Robert quería eso precisamente, despegar. Así que apeló a la «unidad».

EL NACIMIENTO DEL FRONT NATIONAL

Y allí estaban los hermanos disidentes, formados en torno a Holeindre que había compartido militancia en Occidente con Robert. Como era de prever, finalmente, se encontraron y pactaron la creación de un Front National. Tanto el Parti de l’Unité Française como Ordre Nouveau seguirían existiendo pero actuarían orgánicamente como Front National ante las contiendas electorales. ¿Y qué mejor que Jean Marie Le Pen –el diputado más joven de Francia y el heroico soldado de Argelia no manchado en episodios de terrorismo de la OAS, ni en refriegas urbanas y tribales– para ser el mascarón de proa del Front?.

Para Alain Robert y sus estrategas estaba todo más que claro: «Le Pen tiene contactos, medios, notables, dinero, prestigio; nosotros –Ordre Nouveau– tenemos militantes, cuadros, juventud; ergo, el futuro nos pertenece». Era cierto que Ordre Nouveau tenía algo de todo esto, militantes unos dos mil, en torno a doscientos cuadros, juventud la mayoría de sus militantes… estrategas varios y a ellos se debía la planificación del Front. La joya de la corona era el «servicio de orden», 300 activistas preparados y adiestrados en la lucha callejera.

Pero el Front no fue bien en sus primeros pasos. Apenas logró atraer militancia nueva, sus mítines y manifestaciones no lograban superar como máximo el millar de participantes; poco o nada, en definitiva. Y para colmo, la extrema-izquierda seguía igual de agresiva. En 1974 se produce la disolución de Ordre Nouveau con la que el poder pretendía equilibrar la disolución de la Gauche Proletarienne, famosa porque Jean Paul Sartre accedió durante unas horas a distribuir su revista junto a Alain Geissmar joven dirigente del grupo maoísta.

La disolución supuso la demolición del proyecto de Alain Robert. Por de pronto, lo que debía ser la estructura de dirección del Front quedó desbaratada. Si bien es cierto que, inmediatamente, Alain Robert reagrupó a la militancia en los Comités Faire Front, lo cierto es que un 60% o se fue a su casa o siguió militando en el Front National, es decir, con Jean Marie Le Pen. Hacia principios de 1975 estaba claro que una cosa eran los comités de Faire Front y otra el Front National, una los seguidores de Alain Robert y otra los de Jean Marie Le Pen. Fue así como se inició la guerra civil en la derecha nacional francesa. Imaginen lo que es dos tipos atravesando el desierto y uno intentando apuñalar al otro; pues eso. Robert y sus estrategas  dieron un paso adelante. Querían constituir un partido que revalidase en Francia los éxitos del Movimiento Social Italiano. De hecho, el MSI había impreso los primeros carteles de Ordre Nouveau y el ejemplo estaba ahí. Se trataba, para ellos, además, de crear un partido alejado del extremismo activista de Ordre Nouveau que, si bien había atraído a jóvenes, había hecho de la formación un ejército juvenil en movilización permanente y no un partido político.