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miércoles, 1 de junio de 2016

LA IGLESIA ¿SABE DONDE VA? ¿O VA A DONDE LA ENVÍA EL MUNDIALISMO?


En 2006, Benedicto XVI en el curso de una homilía en Regensburg se atrevió a recordar la existencia de un vínculo entre “violencia” e “islam”. En la actualidad, el “multiculturlismo” está instalado entre las ruinas de la Iglesia. ¿Dónde están las “misiones” evangelizadoras? En Filipinas, en Brasil, en África. Nunca en Europa: el primer continente en el que arraigó el cristianismo y en el que desde hace cuarenta años sigue un proceso creciente de debilitamiento. Tampoco las comunidades cristianas de Oriente Medio (que existen desde antes incluso que las europeas) merecen mucha atención por parte del Papa Bergoglio.

En efecto, entre los últimos viajes pastorales del Papa no se encuentra ningún país Europeo: Brasil. Corea, Kenia, Uganda, Filipinas, México, Albania (Albania pertenece al mundo islámico más que al europeo)… Europa no es, desde luego, una prioridad para la Iglesia. Y esto es lo que sorprende: cuando Bergoglio recibió el Premio Carlomagno el pasado 6 de mayo, amonestó a los gobiernos y a la sociedad europea, por la actitud tomada ante la inmigración y, entre otras barbaridades de traca, el “infalible” Bergoglio explicó con una seriedad pasmosa que “La identidad de Europa es ,y siempre ha sido, una identidad multicultural”. Y, para colmo, como si no estuviera suficientemente clara su alineación con el “mundialismo” defendió la necesidad de “alcanzar una nueva síntesis” en un lenguaje parecido al de la new–age o los sectores más extremos de la ideología mundialista. Nadie puede dudar de que cuando Bergoglio alude a esa “nueva síntesis” está aludiendo, igualmente, al fin de la Iglesia.  Lo que es peor, a la renuncia a resistir, a contra atacar o, simplemente, a defender las propias posiciones.