jueves, 26 de febrero de 2026

¿"QUÉ ES EL FASCISMO?" un artículo desconocido de George Orwell…

George Orwell, voluntario de las Brigadas Internacionales (y, por lo tanto, poco sospechoso de “fascismo”). Orwell decidió combatir en España con la idea de «matar fascistas porque alguien debe hacerlo».​ Así se lo hizo saber a su amigo Henry Miller en París en las navidades de 1936, quien le intentó convencer de que era «una idiotez».

Tras su “experiencia en España” (en donde salvó la vida por los pelos durante la guerra civil dentro de la guerra civil que estalló en la Cataluña de Companys cuando éste traicionó a los anarquistas y se arrojó en brazos de los agentes de la NKVD, en mayo de 1937), reflexionó y, como hombre razonable que era, se dio cuenta de que la palabra “fascismo” y “fascista” se empleaba demasiado a la ligera, por todos y sin que nadie supiera exactamente a lo que se refería. Ochenta y cinco años después de esta reflexión orwelliana, nada ha cambiado: los analfabetos estructurales de la izquierda (y no solo ellos, a decir verdad) siguen utilizando abusivamente el término, incluso desde las esferas del gobierno. Orwell propone una solución que no pasa por una redefinición del término (algo que ahora corresponde a los historiadores, en tanto que el fascismo es Historia), sino por la utilización del adjetivo que dice exactamente lo que la utilización impropia del término “fascista” querría sugerir para quienes lo utilizan de manera interesada.

Cuando escribió estas líneas, Orwell ya habia meditado suficientemente sobre su “experiencia española”. A poco de llegar la percibió el control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. Durante la represión ordenada por la NKVD soviética y ejecutada con fidelidad perruna por el gobierno del miembro del PSOE Juan Negrín contra el POUM, Orwell estuvo a punto de ser asesinado en Barcelona. Por entonces ya empezaba a preocuparse por los conceptos que unos pocos años después le harían famoso con Rebelión en la Granja (1945, un año después de estas líneas) y 1984 (1949). Moriría al año siguiente.

Este artículo, rescatado del olvido y traducido por primera vez al castellano, nos indica la categoría de un hombre que, ante todo, colocaba sus convicciones (que fue perfilando a lo largo de su corta vida) y la defensa de la verdad por encima y por delante de todo.

¿Qué es el fascismo?

(George Orwell, À ma guise, 24 de marzo de 1944)

De todas las preguntas de nuestra época que siguen sin respuesta, quizá la más importante sea: «¿Qué es el fascismo?».

Una empresa estadounidense de sondeos planteó recientemente esta pregunta a un centenar de personas y obtuvo respuestas que iban desde «Es la democracia perfecta» hasta «Es el mal absoluto». En nuestro país, si se le pide a una persona corriente que reflexione un poco y defina el fascismo, generalmente responderá señalando los regímenes alemán e italiano. Pero esto sigue siendo muy insatisfactorio, ya que incluso los principales Estados fascistas difieren mucho entre sí en su organización y en su ideología.

Es difícil, por ejemplo, encajar a Alemania y Japón en el mismo marco, y aún más difícil con algunos pequeños Estados que pueden calificarse de fascistas. Por ejemplo, se admite generalmente que el fascismo es, por naturaleza, belicoso, que se desarrolla en un ambiente de histeria bélica y que solo puede resolver sus problemas económicos mediante preparativos de guerra o conquistas. Sin embargo, este no es claramente el caso de Portugal ni de las diversas dictaduras sudamericanas. También está el antisemitismo, que se supone que es una de las características distintivas del fascismo, pero algunos movimientos fascistas no son antisemitas. Las controversias académicas, de las que se han hecho eco las revistas estadounidenses durante años, ni siquiera han permitido determinar si el fascismo es o no una forma de capitalismo. Sin embargo, cuando aplicamos el término «fascismo» a la Alemania, el Japón o la Italia de Mussolini, sabemos más o menos lo que queremos decir con ello. Es en la política interior donde esta palabra ha perdido todo rastro de significado. Una lectura atenta de la prensa muestra que prácticamente no hay una sola categoría de individuos (en cualquier caso, ni un solo partido político o agrupación constituida) que no haya sido calificada de fascista durante los últimos diez años.

No me refiero aquí al uso oral de la palabra «fascista». Me refiero a lo que he leído en los textos. He visto las expresiones «simpatizante fascista», «de tendencia fascista» o «fascista» (sin más) aplicadas con la mayor seriedad a las siguientes categorías de personas.

Los conservadores. Todos los conservadores, sean o no partidarios de la política de apaciguamiento (1), son considerados subjetivamente pro-fascistas. Se supone que el dominio británico en la India y en las colonias no se diferencia del nazismo. Las organizaciones que podrían calificarse de patrióticas y tradicionalistas son etiquetadas como «cripto-fascistas» o «fascistizantes». Entre ellas, los boy scouts, la policía metropolitana, el MI5 y la Legión Británica (2). La frase clave es: «Las public schools son viveros del fascismo».

Los socialistas. Los defensores del capitalismo tradicional (Sir Ernest Benn, por ejemplo) afirman que el socialismo y el fascismo son una misma cosa. Algunos periodistas católicos sostienen que los socialistas fueron los principales colaboradores en los países ocupados por los nazis.

La misma acusación fue lanzada, pero desde un punto de vista diferente, por el partido comunista en sus fases de extrema izquierda. Entre 1930 y 1935, el Daily Worker solía calificar al partido laborista de «laborista-fascista» [social-fascista en otros países, NdT]. Esta acusación fue retomada por otros extremistas de izquierda, como los anarquistas, por ejemplo. Algunos nacionalistas indios consideran que los sindicatos británicos son organizaciones fascistas.

Los comunistas. Una corriente de pensamiento muy importante [representada, entre otros, por Rauschning, Peter Drucker, James Burnham y F. A. Voigt (3)] rechaza cualquier distinción entre los regímenes nazi y soviético; sostiene que fascistas y comunistas tienen esencialmente los mismos objetivos, e incluso que, en cierta medida, son los mismos individuos. Los editoriales del Times (antes de la guerra) calificaban a la URSS de «país fascista». Desde un punto de vista diferente, es un juicio que comparten anarquistas y trotskistas.

Los trotskistas. Los comunistas acusan a los trotskistas propiamente dichos (es decir, a los miembros de la organización de Trotski) de ser una organización cripto-fascista a sueldo de los nazis. Esta idea estaba muy extendida entre la izquierda durante el periodo del Frente Popular. En sus fases de extrema derecha, los comunistas tienden a lanzar la misma acusación contra todos los movimientos situados a su izquierda: el Common Wealth o el Partido Laborista Independiente (ILP), por ejemplo.

Los católicos. Fuera de sus propias filas, la Iglesia católica es considerada casi universalmente como pro-fascista, tanto objetiva como subjetivamente.

Los opositores a la guerra. Los pacifistas y todos los opositores a la guerra son acusados con frecuencia no solo de hacer el juego a las fuerzas del Eje, sino incluso de tener simpatías fascistas.

Los partidarios de la guerra. Los opositores a la guerra suelen basar su argumentación en la idea de que el imperialismo británico es peor que el nazismo, y tienden a aplicar el término «fascista» a cualquiera que desee una victoria militar. Los partidarios de la Convención del Pueblo (4) llegaron casi a afirmar que querer resistir una invasión nazi era un síntoma de simpatías fascistas. Desde su creación, la Home Guard fue denunciada como una organización fascista. Además, toda la izquierda tiende a meter en el mismo saco el militarismo y el fascismo. Los simples soldados con conciencia política tratan casi sistemáticamente a sus superiores de «fascistas» o «fascistas natos». Las maniobras, limpiarse los zapatos, saludar a los oficiales son actividades consideradas como un camino directo hacia el fascismo. Antes de la guerra, alistarse en las fuerzas territoriales (5) se consideraba un signo de inclinaciones fascistas. Tanto el servicio militar obligatorio como el ejército profesional son denunciados como fenómenos fascistas.

Los nacionalistas. El nacionalismo es considerado universalmente como fascista por naturaleza, pero esto solo se aplica a los movimientos nacionalistas que se desaprueban. El nacionalismo árabe, polaco, finlandés, el Partido del Congreso Indio, la Liga Musulmana, el sionismo y el IRA son calificados de fascistas, pero nunca por las mismas personas.

Como se puede ver, la palabra «fascismo» utilizada de esta manera carece casi por completo de sentido. En la conversación, por supuesto, se utiliza de forma aún más extravagante que en la escritura. Lo he oído aplicar a los agricultores, a los comerciantes, al Crédito Social (6), a los castigos corporales, a la caza del zorro, a las corridas de toros, al Comité de 1922, al Comité de 1941 (7), a Kipling, a Gandhi, a Chiang Kai-shek, a la homosexualidad, a los programas de Priestley, a los albergues juveniles, a la astrología, a las mujeres, a los perros y a qué sé yo qué más.

Sin embargo, bajo toda esta confusión, se esconde un cierto significado. En primer lugar, está claro que existen diferencias muy grandes, en su mayoría fáciles de detectar, aunque difíciles de formular, entre los regímenes llamados fascistas y los llamados democráticos. En segundo lugar, si «fascista» significa «que simpatiza con Hitler», algunas de las acusaciones que acabo de enumerar están claramente mucho más justificadas que otras. En tercer lugar, incluso aquellos que lanzan la palabra «fascista» a los cuatro vientos le atribuyen, como mínimo, un significado emocional. Por «fascismo» entienden, a grandes rasgos, algo cruel, sin escrúpulos, arrogante, oscurantista, antiliberal y contrario a la clase obrera. A excepción del pequeño núcleo de simpatizantes fascistas, casi todos los ingleses aceptarían «brutal» como sinónimo de «fascista». Es aproximadamente la mejor definición que se puede dar de esta palabra tan mal utilizada.

Pero el fascismo es también un sistema político y económico. Entonces, ¿por qué no conseguimos una definición precisa y aceptada por todos? Por desgracia, no lo conseguiremos, al menos por el momento. Sería demasiado largo explicar por qué, pero, en el fondo, es porque es imposible definir el fascismo de manera satisfactoria sin admitir ciertas cosas que ni los propios fascistas, ni los conservadores, ni los socialistas, sean del color que sean, están dispuestos a admitir. Todo lo que podemos hacer por ahora es utilizar la palabra con cierta cautela y no, como se suele hacer, rebajarla al rango de insulto.

George Orwell, À ma guise, 24 de marzo de 1944 (Agone 2008, p. 116).

Notas:

(1) Llevada a cabo principalmente por el primer ministro Neville Chamberlain entre 1933 y 1939, la política de apaciguamiento (appeasement) hacia Hitler consistía en realidad en ceder ante sus exigencias. Está simbolizada por los acuerdos de Múnich de septiembre de 1938.

(2) Más comúnmente conocida por el nombre de su cuartel general. Scotland Yard, la policía metropolitana, es la fuerza policial territorial responsable del Gran Londres. El MI5 (Military Intelligence 5) es el servicio de inteligencia británico, responsable de la seguridad interior del Reino Unido y del contraespionaje. La Legión Británica es el organismo de asistencia social de las fuerzas armadas británicas.

(3) Periodista, polemista y luego teórico de la gestión, Peter Drucker es autor de The End of the Economic Man: The Origins of Totalitarianism (1939), libro que, aunque se equivoca en los detalles, tiene el interés de haber predicho la alianza entre Alemania y Rusia. Periodista, F. A. Voigt fue uno de los pocos representantes de la prensa liberal o de izquierda que se opuso a la política de apaciguamiento. Su libro sobre la crisis de los años treinta, Unto Caesar (1938), anticipaba el antitotalitarismo de los años cincuenta, que insistía en las similitudes entre el fascismo y el comunismo.

(4) Sobre la Convención del Pueblo, véase supra. AMG 3, nota I. p. 45.

(5) Fuerza de reserva del ejército británico, compuesta por voluntarios.

(6) Movimiento creado en la década de 1920 por el mayor Douglas, el Crédito Social se basaba en la idea de que la cuestión social podía resolverse mediante una reorganización del sistema financiero y monetario.

(7) El Comité de 1922 agrupaba a todos los parlamentarios conservadores. Grupo de políticos e intelectuales presidido por J. B. Priestley, el Comité de 1941 tenía como objetivo una reorganización eficaz y racional de la economía para apoyar el esfuerzo bélico, pero también con vistas a la posguerra. La mayoría de sus miembros se afiliaron en 1942 al partido del Commonwealth.