Vaya por delante, nuestro más sincero y sentido pésame a la
familia del Teniente–Coronel D. Antonio Tejero Molina. Tras esta frase, tan
sentida como obligada y que merece cualquier persona que haya hecho de su vida
un acto de servicio, debemos reconocer que, desde antes del pasado 23 de
febrero, teníamos pensado este artículo. Ha pasado casi medio siglo desde el
23–F y es bueno que las nuevas –y no tan nuevas– generaciones, conozcan cómo ha
sido la historia reciente de nuestro país, con sus claroscuros y sus misterios –como
éste del 23–F– mal explicados e, incluso, irresolubles. Lo que nos ha retrasado
la publicación de estas líneas, ha sido, en primer lugar, la publicación de algunos
documentos, tan reservados como intrascendentes, por parte del gobierno
sanchista en su afán de distraer la atención de sus reiterados fracasos
electorales y de la desastrosa situación en la que se encuentra el país que
oscila entre dos ejes: corrupción generalizada de las administraciones públicas
y nueva regularización masiva. Para colmo, el inesperado fallecimiento del
Teniente Coronel cuyo nombre ha quedado indisolublemente unido al 23–F, nos ha
obligado a respetar el dolor de su familia. Y, por lo demás, también es cierto
que no teníamos muchas ganas de recordar todos aquellos sucesos de hace casi
medio siglo.
Si usted está interesado en conocer lo esencial de lo que ocurrió
el 23–F, le rogamos lea las páginas que siguen y piense en cada frase a partir
de ¡ya! Vale la pena advertir que lo expuesto en
estas líneas era del dominio público en los días siguientes al 23–F por mucho
que hoy se haya olvidado. Se trata de elementos presentes en la prensa de la
época y que, a fuerza ignorarlos se han ido borrando de la memoria de los
españoles. Hoy, los archivos digitales de El Pais, La Vanguardia y ABC,
dan constancia de que todos los elementos que citamos en este artículo tuvieron
existencia real. Incluso el contenido de los documentos publicados por Moncloa
(y que pueden leerse en este enlace: DOCUMENTOS
DESCLASIFICADOS), respaldan lo que decimos a continuación. Así que, la
primera pregunta a realizar, es: ¿cómo es que se han ido “olvidando” a
medida que transcurría el tiempo, siendo, en el fondo, cruciales y la
explicación más simple a lo que ocurrió en aquellas jornadas?
Documentos ¿reservados?
Los documentos desclasificados sobre el 23–F
(febrero 2026), compuestos por unas 153 unidades de Defensa, Interior y
Exteriores, no revelan nada nuevo, ni nada particularmente importante. Todo lo
que muestran es lo “ya visto y conocido”: la implicación de miembros del
CESID en la intentona golpista (pero no explican el por qué, ni a las órdenes
de quién), planes para un gobierno militar (pero no exponen quién los elaboró,
ni cuándo) y transcripciones de las conversaciones de Tejero desde el Congreso,
de su esposa y de García Carrés (que no aportan elementos nuevos en ningún
caso). Los papeles apuntan a la existencia de varias tramas golpistas
simultáneas y revelan manuscritos que consideraban al Rey Juan Carlos I como un
“objetivo a batir”… pero estos documentos no tienen que ver con el 23–F, sino
más bien, con la llamada “Operación Cervantes” (ver más adelante) y su
publicación sólo indica el resentimiento de los golpistas que no fueron
detenidos el 23–F hacia la figura del Rey Juan Carlos I. Tampoco el
documento titulado “Panorámica de operaciones en marcha” aporta
algo que fuera desconocido y solo expone que, además del de Tejero, había otros
intentos golpistas en preparación…
Inicialmente, para los medios de comunicación “oficiales” u “oficiosos”,
se temía que los papeles que el gobierno anunció que iba a desclasificar,
redundaran en detrimento de la monarquía, revelando la connivencia entre el Rey
emérito y los golpistas. No ha sido así: más bien se trataba justo de lo
contrario.
Ya hemos dicho en alguna ocasión que las operaciones de los
servicios de inteligencia nunca concluyen. Porque el 23–F fue una “operación de
inteligencia”.
A lo largo de estos 45 años, especialmente en los aniversarios “redondos”
(el quinto, el décimo, el vigésimo y, ahora el vigésimo quinto…), siempre han
“aparecido” nuevos documentos filtrados a autores, historiadores e
investigadores, que han dado lugar a una literatura cada vez más prolífica.
Toda esa marejada literaria, lejos de esclarecer los hechos, ha generado una
maraña cada vez más densa de confusión para un enigma que, en el fondo era demasiado
simple: el 23–F no fue más que una “operación de inteligencia” cuyo
objetivo era “un golpe frustrado para acabar con todos los riesgos del
golpismo y asentar definitivamente la democracia”. Solo eso y nada más
que eso.
Como expondremos más adelante, se superpusieron distintas iniciativas golpistas, pero solamente una era “transversal” y estaba presente en todas ellas: el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). ¡Claro está que el CNI estuvo presente el 23–F! El problema es que su actuación no fue favorable al golpismo, sino que todos sus esfuerzos consistieron en que fracasaran los distintos golpes que se estaban preparando. Un viejo adagio de la inteligencia dice que “para cazar conejos, hay que hacerlos salir de la madriguera”. Y eso fue, precisamente, lo que realizaron determinados agentes del CNI. Fue, digámoslo desde ahora, una “brillante operación”, gracias a la cual se estabilizó la democracia y se consolidó la monarquía constitucional… y hemos llegado hasta nuestros días con un sistema político dirigido por una banda de corruptos, puteros y vividores. Lo que en 1981 no se intuía, lo conocemos hoy cuando el sistema político español, nacido de la transición y estabilizado gracias al 23–F, ha ido degenerando hasta convertirse en lo que es hoy. ¡Ha vencido la libertad!... gracias a la cual, debemos casi dos billones de euros, hemos ido perdiendo puestos e influencia incluso dentro de la UE, asfixia del campo, desindustrialización, presión fiscal intolerable, cifras récord de paro encubierto y subempleo, además de, entre un 20 y un 25% de población identificada con otras culturas, otras religiones y otras razas, delincuencia y delitos sexuales in crescendo, una nueva regularización masiva y, finalmente, un divorcio entre la “España real” y la “España oficial”, esto es, la España constitucional de 1978.
La publicación de los “documentos reservados” ha sido otro de los elementos de esa “operación de inteligencia” que todavía sigue abierta. Una vez realizada, se trataba en décadas siguientes de multiplicar la “intoxicación informativa” y la hojarasca selvática para mantener el fin propuesto: la defensa de la Corona y la legalidad democrática. En el fondo, la desclasificación de estos papeles seleccionados, ha sido el “pago” de Sánchez a la monarquía para hacerse perdonar desplantes, ofensas, viajes y declaraciones a las que ha obligado a Felipe VI.









