sábado, 4 de abril de 2026

45º Aniversario del 23–F, fallecimiento del Tte.Cnel. Tejero y desclasificación de documentos (3ª parte) - LA QUINTA RED. OBJETIVO: EL FRACASO DEL GOLPE

¿Y el 5º proyecto? ¿en qué consistía? Aquí estamos en la “Zona 0” de todos los equívocos que se han producido en las interpretaciones sobre el 23–F. Entre los detenidos por su participación en el 23–F figuraba el Comandante Cortina, entonces director de Operaciones Especiales del CESID, embarcado en la especial operación de organizar el no–golpe, o lo que hemos definido como el ”golpe para acabar con todos los golpes”.

Cortina, a poco de salir de la Academia Militar, se descolgó inexplicablemente, como ya hemos visto, adiestrando a un grupo de falangistas en las técnicas de la guerrilla rural. Los alegres falangistas de Cortina (que entonces utilizaba el alias de ”Restarazu” y su hermano el de ”Roncal”, ambos de resonancias vascas) se entrenaban en la Casa de Campo y recibían formación sobre las distintas corrientes tercermundistas con las que los falangistas se sentían más identificados. Nunca sumaron más de 200 personas que utilizaban el nombre de Fuerza Social Revolucionaria en sus panfletos, aunque entre ellos aludieran a “la familia”. El grupo estaba dirigido por los dos Cortina y por un tercer personaje, no menos misterioso, Esteban Sierra Muñiz, que vivía en Francia. En el curso de la peripecia de este atrabiliario grupo contactó con Julio Alvárez del Vayo, capitoste republicano en el exilio y que aparecía como ingrediente esencial en todas las salsas antifranquistas de la época, contra más extremistas mejor. Del Vayo –del que Azaña dijo que era un ”tonto con ideas” y en eso seguía– había ido creando grupos fantasmales: que si Tercera República, que si el Frente Español de Liberación Nacional (FELN)… y en eso estaba cuando Sierra Muñiz lo contactó en París (posteriormente sería el mascarón de proa del FRAP).

Los contactos de la “Fuerza Social Revolucionaria” con Álvarez del Vayo se produjeron en 1964. Pocas semanas después, en junio del mismo año, la policía lograba detener a Andrés Ruiz Márquez (a) “Coronel Montenegro”, un pobre diablo, prácticamente el único miembro del FELN en el interior de España que había sembrado el país de pequeños artefactos explosivos, firmados con la sigla de la organización. Cargado de explosivos en la calle Serrano, condenado inicialmente a muerte, conmutada la pena por prisión a perpetuidad, solo salió a la calle con la amnistía de 1977. Prácticamente ilocalizable, la única forma de detener a un solo individuo sin contactos, era mediante la creación de un grupo favorable a la “lucha armada”, (la Fuerza Social Revolucionaria) con la que el FELN podría ampliar sus acciones… El “gancho” produjo su efecto sobre Álvarez del Vayo y entrañó la “caída” del “Coronel Montenegro”. Fue una brillante operación de inteligencia. Sin más. Pero, el hecho de que TODOS los que participaron en ella volvieran a estar presentes el 23–F, indica que esta red se había mantenido en pie desde 1964 hasta 1981: ¡17 años!

Dado que la "Fuerza Social Revolucionaria" era casi una “empresa familiar” de los Cortina no era raro que otro de sus dirigentes, Fernando Cadarso Preciado, estuviera también emparentado con ellos

Los testimonios de Cadarso y de Sierra Muñiz fueron claves en la defensa del Comandante Cortina tras el 23–F. Cadarso era un amigo personal y colaborador estrecho de Cortina. En el contexto del juicio, fue identificado como una de las personas que mantenía contacto frecuente con el comandante, lo que sirvió a la defensa para intentar demostrar que las actividades de Cortina eran de carácter personal o social y no conspirativas. Declaró que el domingo 22 de febrero (el día previo al golpe), llamó a Cortina a su residencia en El Escorial. Según su testimonio, el objetivo de la llamada era informarle sobre asuntos de interés o “novedades”, reforzando la coartada de Cortina sobre su paradero y ocupaciones ese fin de semana. Aunque era civil, fuentes periodísticas y libros de investigación (como los de Jesús Palacios o Pilar Urbano) sugieren que Cadarso formaba parte de una red de colaboradores no oficiales que la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) utilizaba para pulsar el ambiente en sectores civiles involucionistas.

Esteban Sierra Muñiz, testificó también a favor de Cortina en el Juicio de Campamento por los sucesos del 23–F (Causa 2/81).  Durante la vista oral, declaró haber mantenido contacto con Cortina los días previos al golpe; declaró haber llamado al comandante la noche del 21 de febrero para concertar una cita el domingo 22, día en el que, según algunas versiones, se habrían ultimado detalles logísticos. Sierra Muñiz declaró que el comandante le invitó a cenar esa noche, pero que él declinó la invitación. Trabajos periodísticos posteriores han señalado que era “colaborador civil” del CESID. Por su parte, Fernando Cadarso Preciado fue una figura civil clave en la defensa del comandante José Luis Cortina durante el juicio por el golpe de Estado del 23–F. Al igual que Esteban Sierra Muñiz, su relevancia reside en su testimonio para reconstruir los movimientos de la jefatura de la AOME (inteligencia del CESID) en las fechas críticas del golpe. Formaba parte de una red de colaboradores no oficiales que la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) utilizaba para pulsar el ambiente en sectores civiles involucionistas. Estas declaraciones tendían a desmentir la posibilidad del encuentro en el que Tejero habría recibido la orden del comandante Cortina de tomar el Congreso al día siguiente, el 23–F.

El quid de la cuestión es que Tejero declaró que había recibido taxativamente la orden de tomar él mismo el Congreso de los Diputados en el 1.º C del edificio situado en la calle de Biarritz, número 2, en Madrid. Mientras que Tejero mantenía que la reunión tuvo lugar allí, el comandante Cortina siempre lo negó, asegurando que nunca se había visto con Tejero en ese domicilio. Esta discrepancia fue uno de los puntos clave del juicio, ya que Cortina fue finalmente absuelto al no poderse probar fehacientemente dicho encuentro. Dos años y medio después del 23–F, el 1 de agosto de 1983, el piso fue escenario de un incendio provocado por los asaltantes para ocultar el asesinato de Antonio Cortina (padre), quien se encontraba solo en la vivienda en ese momento. A pesar de que se habló de una “venganza” de extrema–derecha por la participación del comandante cortina el 23–F, lo cierto es que se trató de un crimen protagonizado por delincuentes habituales.

Los partidos de izquierda y la prensa, en las jornadas posteriores, al 23–F aludieron constantemente a la “actitud sospechosa” del CESID en el golpe y a que varios de sus exponentes se habían visto implicados en la trama. Y así era, en efecto: pero no en una “trama golpista”, sino, más bien en el “golpe para acabar con todos los golpes”. Habitualmente, en los puestos claves de la seguridad del Estado, los gobiernos tienden a colocar a los responsables que consideran más “seguros” y de fidelidad demostrada. En el momento en el que se produjo el 23–F, el CESID estaba dirigido por el coronel Narciso Carreras que ocupaba el cargo de forma accidental desde mayo de 1980. Su gestión finalizó el 22 de mayo de 1981, cuando el Gobierno de Leopoldo Calvo–Sotelo nombró al entonces teniente coronel Emilio Alonso Manglano como director titular. En otras palabras, en el momento del golpe, el “hombre fuerte” del CESID no era el coronel Carreras, sino el Comandante Cortina. El “informe Jáudenes”, encargado por Carreras en el mes de marzo de 1981, estableció que ningún miembro del CESID había participado en la trama. Y eso era, relativamente cierto: en efecto, ninguno había trabajado para el triunfo del golpe de Estado, pero, sin embargo, si habían participado en las distintas tramas golpistas, unos con fines de información y otros con fines de neutralización. “El que quiere peces, necesariamente, debe mojarse”, dice otro viejo adagio frecuentemente empleado en inteligencia.