martes, 21 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (114) – EL YIHADISTA ERA GAY


Más allá del drama que supone el que un pillao, muera a tiros en el interior de una comisaría de los Mossos, uno se pregunta a qué extremos estamos llegando en esto de las migraciones y cómo diablos, España sigue siendo el único país del mundo en el que estos movimientos masivos son tomados como algo irrelevante y que hay que aceptar como inevitables. Ayer mismo en Costa Rica, se produjeron manifestaciones violentas –en un país, fundamentalmente tranquilo- por la masiva presencia de “nicas”, llegados ilegalmente del vecino país y por los problemas que están generando, asesinatos incluidos. Quejarse de que en España no hay ninguna reacción, ni siquiera se oye en tertulias en los 17 parlamentos regionales, en los cientos de ayuntamientos, opiniones sensatas sobre la materia, no tiene sentido: España esa así y los españoles somos apáticos e indolentes por naturaleza. Así que no pidamos peras al olmo, que aquí no hay nada que hacer. De lo que me quejo es de que esto de la inmigración se ha convertido en una tragicomedia.

Cornellá era uno de esos lugares destinados por la burguesía catalana como guetos para la inmigración interior en los años 50 y 60. Todavía hoy es difícil encontrar allí gente que hable el catalán y es, junto con Hospitalet y otros pueblos del “cinturón industrial” de Barcelona, una de las zonas menos catalanizadas de la región: la verdadera pesadilla de la Generalitat independentista. A esas zonas, fue a las que Pujol fue orientando la llegada de inmigrantes foráneos a partir de los años 80. Dado que cuando empezó la inmigración masiva en Cataluña (hacia 1996 cuando Aznar abrió las puertas, porque él y no otro es el responsable de la invasión que tuvo lugar en los ocho años siguientes y de la que ZP no fue más que el continuador) la Generalitat pensó que era posible integrar a los inmigrantes magrebíes con la misma facilidad que se había integrado a los del resto del Estado, no se adoptó ninguna medida especial de observación ni de seguimiento del fenómeno, ni siquiera se documentaron sobre las dificultades de integración que los magrebíes presentaban allí donde fueran. Sabemos lo que ocurrió.

El fenómeno se agravó con la radicalización de sectores islamistas. Inútil repasar lo que han sido estos últimos 20 años en Cornella, que han terminado ayer con el revuelo ciudadano organizado por un argelino con el cerebro carcomido por la religión, casado con una andaluza 12 años mayor que se islamizó, y que quería aparentar lo que no era. Porque el tipo, en los últimos tiempos, había descubierto que era, mira por donde, gay. Lo tenía todo: argelino (los marroquíes mayoritarios en Cornellá se llevan muy mal con los argelinos y tienen fama de pendencieros allí donde vayan), gay (en una comunidad cuyos imanes no han prohibido todavía los chistes de gangosos), islamista, con un matrimonio que no debía terminar de ir bien y, dato importante, sin trabajo, ni medios de vida salvo subsidios que no le daban para el Porsche al que aspiraba.

Me pregunto varias cosas:

1) Si en España los gays salen de la ebanistería apelotonándose, ¿cómo es que los gays argelinos siguen sintiendo vergüenza? ¿No sería bueno reconocer este hecho en la publicidad sobre “igualdad sexual” y realizar campañas en lengua árabe dedicada al grupo etno-cultural-religioso que parece seguir teniendo prevenciones, no sólo contra gays, sino incluso contra la mujer? Lo mismo cabría decir sobre la violencia de género: ¿por qué no se orienta hacia los grupos, en la lengua, de los que estadísticamente está demostrado que la ejercen?

2) No me cabe la menor duda de que este pillao no era un “terrorista islámico”, por mucho que los Mossos insistan en que sí lo era porque les atacó al grito de “Allá Akbar”… Hay que distinguir a los locos de los terroristas, si bien en todo terrorista hay un loco manifestado, pero para que se pueda considerar un acto como “terrorista” debe de haber sido ejecutado por  militantes organizados en un grupo. Y este, estaba, simplemente, loco.

3) Podríamos intelectualizar el tema hablando de “choque de culturas”, de “diferenciales antropológicos” o de la “soledad del inmigrantes en tierra extranjera” (teniendo en cuenta que en Cataluña 1 de cada 4,5 habitantes es inmigrante, cuesta algo que se sientan solos)… pero no vale la pena. La realidad es que hay grupos de inmigrantes mas conflictivos y pelmazos y otros menos conflictivos. Los argelinos figuran –que se lo pregunten a los franceses- entre los más de los más: allí donde van, allí crean problemas. Es su imagen de marca. Y si, además, necesitan ayuda del doctor Freud, más a mi favor. El caso que nos ocupa pertenece a este bloque: pillao argelino. Si no hubiera  entrado en una comisaría de los Mossos, habría intentado el destrozo en una mercería y, si no en la charcutería extremeña de la esquina.


Pregunta : ¿y nosotros tenemos que aguantar todo esto? ¿tenemos que aguantar que, además de chorizos, de electroimanes iluminados, terroristas sa tutiplé, e islamistas enloquecidos, además rompan nuestra plácida y bobalicona normalidad, chalados subsidiados que tiran de navaja porque se sienten gays y les da horror? ¿Pero qué nos ha llegado con la inmigración? ¿Por qué ahora en Cornellá, los jubilados que se han pasado una vida para cobrar pensiones justitas, tienen que vérselas con lo peorcito y más colgao de cada etnia?

Respuesta: porque aquí tenemos lo que nos merecemos. Y un pueblo de apáticos merece un gobierno de irresponsables.

Valdría la pena preguntarse por qué en Hungría o en Polonia, en Chequia, no hay este tipo de inmigración molesta, porqué la mitad del electorado francés, buena parte del inglés, el italiano, el austríaco, sectores crecientes de Alemania están reaccionando contra la inmigración y por qué aquí, cada vez más, la inmigración está resultando cada vez más molesta y esto se ha convertido en el sumido migratorio de Europa.

De eso me quejo, de que una pregunta tan obvia no haya partido ni grupo social alguno que se la formule.



domingo, 19 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (113) – LA RAZA DE LOS TERTULIANOS


Los años 80 fueron la edad de oro de tertulianos. Su ocaso se produjo al iniciarse la guerra de Irak, cuando todos, absolutamente todos los opinadores, fuera cual fuera la opinión que habían mantenido hasta ese momento, todos sin excepciones, fueron las correas de transmisión de aquel juicio que todos, Aznar el primero, sabía que era falso: la existencia de “armas de destrucción masiva”, con la que justificar la invasión de Irak. Unos pocos años antes, a menor escala, también hubo unanimidad cuando alguien decretó que Serbia esta oprimiendo al “pueblo de Kosovo” y que era preciso detener la carnicería (que nunca existió) con bombardeos masivos de la OTAN. Le cupo al carpetovetónico sociata, Luis Solana, el ejercer como telefonista entre el Pentágono y las bases militares americanas. Desde entonces, nunca, absolutamente nunca más volvimos a creer ni en su sinceridad, ni en sus buenas intenciones, ni siquiera en su capacidad de análisis o en que, simplemente, supieran de lo que estaban hablando. Me quejo de que esa certidumbre ha ido aumentando con el tiempo.

Hoy, el opinador que se precie debe, necesariamente, defender las ideologías de género y la inmigración masiva. De lo contrario, nunca accederá al “cuerpo de zapadores” de la Brunete Mediática. De tanto en tanto, en algún programa, que quiere alardear de “objetividad”, especialmente en especiales informativos, se abren las puertas a “disidentes”. Solamente aparecerán una vez en su vida en los medios. Frecuentemente, esta objetividad se completa –en Cataluña lo hemos visto recientemente- colocando en el mismo saco a eventuales opinadores-petardos y a opinadores disidentes, como diciendo, “vean lo que opinan los que no son independentistas”. Siempre el tonto, eclipsa al que presenta argumentos asumibles. Lo importante, para la industria de la opinión políticamente correcta, es nunca presentar la opinión disidente como bien argumentada y si –como en el caso del independentismo catalán- los sectores disidentes son importantes, hay que desvalorizarlos poniendo en el mismo plano al chalado analfabestia con la opinión ponderada y argumentada.

Digan lo que digan los que aparecen regularmente en los espacios televisivos, es que no muestren sus opiniones personales, ni su capacidad crítica, sino que deben encarnar las posiciones de los distintos partidos mayoritarios. Deberá haber, necesariamente, una opinión de centro-derecha, otra de centro-izquierda, otra de centro-centro y, como máximo una situada ligeramente más a la derecha y otra levemente más a la izquierda. Eso es todo. Sus opiniones deberán coincidir con las cuatro opciones mayoritarias. Durante 40 años, la “banda de los cuatro” estuvo formada por PP, PSOE, PNV y CiU. En los últimos cinco, esta composición se ha alterado: visto lo aportado por los nacionalistas regionalistas y visto que la aparición de Cs y Podemos, ha desvalorizado completamente lo que podían aportar los primeros, estas dos siglas han tomado la sustitución. Lo importante es no cuestionar el régimen autonómico, seguir defendiendo la ficción de que es ineludible y confirmar a diario el hecho de que nuestra constitución es una gozada y da gloria verla de joven que está y de lustrosa… cuando todos saben que, desde mediados de los años 80 había quedado prematuramente avejentada.

Dado que los programas del corazón han establecido que el televisionario se engancha a pares en disputa, la figura de dos tertulianos que se llevan como el perro y el gato se ha trasladado a los opinadores. Es necesario que, de tanto en tanto, especialmente sobre temas poco interesantes, estallen rifirrafes controlados, parezca que están por llegar a las manos y algunos simulen ataques de nervios y enfatizar sus posiciones. Combates con tongo. Créanme. Cosas que tiene la sociedad del espectáculo. Como cuando las ruedas de los trenes chirrían algo más en algún tramo de los raíles. Son mercenarios, nada más.

Finalmente, el tertuliano debe tener determinados reflejos condicionados. Por ejemplo: si se trata de un atentado islamista, se tratará de destacar que la población a reaccionado sin caer en la “islamofobia” y se denunciará con el mismo énfasis al que prendió la mecha de la bomba que al que recordó que, mira por donde, era de profesión islámica y venía del norte de África. Si se trata de “migrados”, no habrá que aludir a lo que es evidente, que buscan la sopa boba, sino a su condición de “refugiados”. Si son manteros, se destacará que “de algo tienen que vivir”. Se insinuará que todos se van a integrar con una facilidad pasmosa y que, de hecho, el que muestren voluntad de trabajar ya indica su “potencial”. Ningún tertuliano que quiera aparecer otra vez pondrá en duda que han venido para pagar la pensión del abuelo. Y, claro, nunca se destacará que la única causa que ha hecho crecer en los últimos 20 años el primitivismo, la delincuencia, la violencia de género, en Europa, el único fenómeno nuevo que podría explicarlo, es precisamente la llegada de estas buenas gentes angelicales y con las que hemos contraído una deuda tan grande que deberemos anteponer a la que tenemos con nuestros hijos o con nuestros mayores…


¿Tertulianos? Ninguno tiene honestidad suficiente para decir: “Sobre este tema, coño, es que no tengo ni repajolera idea”. O aquello otra de “Sobre esto, prefiero no opinar, para no perder las amistades”. O incluso reconocer: “Tengo mi opinión, que no es la vuestra, ni la dirección del programa, pero me van bien los euracos que pillo, así que permitidme que no la exponga”.

¿Tertulianos? Su período dorado ha quedado muy lejos: vendedores de humo, tan desinformados como el ciudadano medio, ciegos que guían a ciegos, correas necesarias de transmisión para mantener esa ignorancia y desinformación, reflejos engañosos de una libertad de expresión que circula entre límites estrechos… conformistas sin principios y, frecuentemente, sin criterio. ¿Una tertulia? Cambiar de canal. Cerrad la tele. Forjaros vosotros mismos vuestra opinión. Me quejo de que el pensamiento crítico ha desaparecido


365 QUEJÍOS (112) – EL DECLIVE DE LO HUMANO


Soy un hombre optimista. Tengo esperanza en que, cuando la ONU alude a más de 5.000 especies animales en vías de extinción, se incluya también a los vecinos de arriba. Más cerca de la animalidad que de lo humano, sólo un perverso concepto de “igualdad”, es el clavo ardiendo para considerarlos “humanoides”. ¿Exagero? En realidad, no son los únicos: si el Diablo es el "mico de Dios”, ese imitador de lo humano que es el vecino del quinto y su rebaño, tienen de humanos lo mismo que la piara de cerdos de Casa Tarradellas. Bromeo, pero por poco. Me gustaría cómo nos explicaría Teilhard de Chardin o el propio Darwin cómo evoluciona la humanidad, cuando en realidad, todo induce a pensar que ocurre justo al contrario. Y de eso me quejo, de que se aplique la etiqueta de “humano” a quien, nació siéndolo, pero ha dejado atrás tal condición por voluntad y decisión propia.

¿Cómo? ¿Qué el “hombre es portador de valores eternos”? ¡No se engañe, joven! Lo bonito de la frase no puede ocultar su inactualidad. Claro, lo dijo José Antonio y, José Antonio, en tanto que católico, debía decirlo. Además, en los años 30 el catolicismo tenía gran predicamento y se sabía dónde estaba el Papa de Roma y lo que implicaba ser católico. Dicho de otra manera, entonces el magisterio de la Iglesia era incuestionable –especialmente para las gentes de derecha o que se ubicaban en las inmediaciones-. Hoy no. Hoy, puestos a cuestionar, incluso podemos cuestionar este dogma: hay seres humanos que lo único que portan, como valor y enseña, es su estupidez. No han nacido con ella –quiero creer- pero ha sido responsabilidad suya, incuestionablemente- es dilapidarla y sustituir lo que es el rasgo distintivo de lo humano, por valores que, ni siquiera están al mismo nivel que la pura animalidad, sino muy por debajo.

Porque el animal todavía conserva instintos básicos (agresividad, territorial y de reproducción). Pero en algunos homínidos tales instintos se han atenuado, incluso hasta desaparecer. El internacionalismo y la globalización están muy por debajo del instinto territorial de los mamíferos superiores. En cuanto al instinto de reproducción, en algunos casos, no llega desde hace generaciones –en Cataluña, por ejemplo, era “nación” en estado permanente de “deconstrucción”- ni a la tasa mínima de supervivencia. Y sobre el instinto de agresividad, el colgao de turno, con el cerebro empachado de videojuegos ultraviolentos, las neuronas saturadas de porros y la dejadez instalada en cada fibra, quizás esté contra la guerra y contra la afirmación enérgica de algún valor, pero no le lleves la contraria, porque tiene malas reacciones, como todo el que tiene la sesera en fase de licuefacción. Díganme pues, tras haber pasado revista, a estos instintos básicos, si están por encima o por debajo de los de las especies animales. Son propios de especies –los etólogos lo saben- en vías de desaparición. Como el orangután, única especie que defeca donde duerme: si ciclo vital ha concluido y esto se manifiesta por los síntomas de abandono y dejadez.

http://eminves.blogspot.com/2018/07/iberia-alternativa-mision-y-destino-de.html

La igualdad no existe en la naturaleza. Existe la ley de la diferenciación progresiva. Si, en algún momento, se tiende a la igualdad es porque algo está fallando y, siempre, óiganme bien, siempre, será una igualdad, por lo bajo, no por los valores propiamente humanos y que, desde los primeros cromagnones han caracterizado a nuestra especie. La regresión que vive lo humano en la actualidad nos remite a períodos pre-neanderthales.

¿Cómo? ¿Qué usted se considera humano? ¡Demuéstrelo y no haga el canelo repitiendo la misma cantinela que podría repetir cualquier loro! La condición humana es algo con lo que se nace… como el primer pelo que lleva el recién nacido y que cambiará a los pocos meses. Decía Leopoldo Alas aquello de que él no nació, “le nacieron”.  El mérito de nacer corresponde siempre a otros; no es el origen de todo derecho. De lo que se trata es de si el nacido será capaz de seguir manteniendo su condición humana a lo largo de toda su vida, si valdrá para ser hombre o si degenerará en homínido, hominicaco o subhumano. ¿Derechos Humanos? No creeré nunca en los “derechos humanos” mientras no se defina con claridad la condición humana (esto es, el “campo de aplicación”) y, antes de creerse uno merecedor de tales derechos, muestra con claridad los rasgos que se corresponden a ese estadio. A eso se le puede llamar post-humanismo, en la medida en que no extiende a todos los que tienen forma humana los derechos que le corresponden solamente en exclusiva a quien, además, de parecer hombre, mira por dónde, hasta resulta que, en su día a día, demuestra serlo, Y no se crean, que no hay tantos como a primera vista parecería. De eso, coño, de eso es de lo que me quejo. De que, cada vez, los humanos vamos siendo menos.

viernes, 17 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (111) – MASACRES ESTÉTICAS


Yo no sé, verdaderamente, en qué tienen la cabeza determinadas personas (habitualmente mujeres, pero también machitos hechos y derechos) para entrar voluntariamente en un quirófano sin que su vida les vaya en ello y someterse a las operaciones más absurdas que hayan ideado mentes similares a las del doctor Frankenstein. Todo esto viene a cuento de que, ayer, en uno de esos banales cambios de canales sin esperanzas de encontrar algo de interés en las televisiones generalistas, me veo una tertulia femenina en la que aparece una chati extraña de la que cuentan que se trata de la versión 2.0. de Melanie Griffith y con la que cualquier parecido con su propia versión 1.0. era pura coincidencia. La cosa sería banal si no fuera porque da que pensar sobre las masacres estéticas que se hacen, no solamente las divas o ex divas de Hollywood, sino también las chonis poligoneras de nuestros lares. Cada cual es libre de masacrarse como quiera, pero, digo yo, ¿cómo es que nadie les advierte que todas las que han pasado por la sala de cirugía o se han arreado latigazos de bótox, han empeorado físicamente? De eso es, precisamente, de lo que me quejo: de que la industria de la cirugía estética no sea considerada “crimen contra la humanidad”.

Desde muy pequeño, en los años 50, he oído hablar de la cirugía estética. Incluso un antiguo conocido se ha dedicado a ello y, desde luego, con más fortuna que los que estudiaron con él y hoy remedian enfermedades o realizan operaciones a vida o muerte sobre pacientes terminales. En los años 50 y 60 era muy evidente a quién operaban de lo que se solía hacer en la época: corregir narices femeninas demasiado aguileñas. El resultado era siempre el mismo: una nariz que se notaba retocada, pero que, en cualquier caso, era más discreta que la original, aunque llamaba la atención porque parecía hecha a troquel. Todas las narices de esa época –y había varias entre las actrices de televisión de aquellos años- salían iguales.

Luego empezó a ponerse de moda cierto tipo de espectáculo en el que la vedette no era tal, sino un tipo nacido varón pero que, por alguna malformación genética o mental, tendía a imitar los comportamientos femeninos. Hubo varios conocidos. Los amores entre Amanda Lear y Salvador Dalí, que la tenía como cristalización del mito del andrógino que le obsesionaba, hicieron que tras el travestimos, el transexualismo se convirtiera en algo, raro, pero, en cualquier caso, posible. En Brasil, país con pocas guerras y mucho culto al cuerpo, los cirujanos estéticos en lugar de remedios los destrozos ocasionados por la metralla, se preocuparon mucha más de remediar, en la medida de lo posible, los destrozos generados por la edad. De allí partió lo que en la actualidad se ha convertido en la casquería estética. Cuando las técnicas llegaron a EEUU y empezaron a ser compartidas por los divos de Hollywood, aquello se convirtió en un negocio universal.

De poco importaba que rostros agradables y bonitos se convirtieran en tristes irrisiones de lo que fueron un día. Sus portadores vivían de su imagen y querían conservarla joven. Pero engañar el tiempo resulta vano. Puedes intentarlo, pero el tiempo, finalmente, termina dando el verdadero rostro a lo humano. A partir de los 50 años, cada cual tiene el rostro que merece. Modificarlo es una muestra de titanismo: es decir, la posibilidad de ser derrotado –y de qué manera- por los dioses del tiempo. Y estos son inexorables. Cronos, su titular, se comió a sus hijos y fue el dios con el que comenzó la Edad Oscura.  No se puede engañar al tiempo, como no se puede engañar al hambre chupándose un dedo.

El resultado son rostros deformes, labios amorcillados, pómulos cornúpetas, tetas de imitación, siempre inexpresividad facial, caras de pasmo. Dicen que el diablo es el “mico de Dios”, el imitador. Habitualmente, lo que se obtiene con los tránsitos voluntarios por los quirófanos de estética, incluso por la simple silla de peluquería en donde te arrean el pelotazo de bótox, es convertirse en una imitación de sí mismo, en una irrisión patética, triste.

No importa quién, no importa el nivel del destrozo estético, siempre que alguien se amorcilla los labios o se hace un retoque, deja de ser él para convertirse en una mala imitación de sí mismo. Nos dejamos de fijar en él como persona, para no poder evitar centrar toda nuestra atención en ese labio anómalo o en el ese pecho que de tan artificial parece modelado por un orfebre poco dotado. Y en todas partes cuecen habas: en la Buchinger de la Costa del Sol van con tiento, en Hollywood andan desbocados y en los antros frecuentados por nuestra chonis poligoneras, los destrozos son de juzgado de guardia. Pregunta final: ¿Qué tienen el común los rostros que lucen hoy Isabel Preysler, la pobre Mellanie Griffith o la carpetovetónica Belén Esteban? Respuesta, sus versiones 2.0. son una caricatura de la versión original.

Es posible que el paso del tiempo vuelva tarumba a algunos. Pero, mil diablos, ¿es que sus hijos, sus amantes, sus amigos más íntimos, sus confidentes o un escrito anónimo no les dicen que han cometido un gran error entrando voluntariamente y sin necesitarlo en un quirófano? Me quejo de que la falta de sinceridad es uno de los males del siglo.

http://eminves.blogspot.com/2014/03/baltikum-de-dominique-venner.html


365 QUEJIOS (110) – EL 11 DE SEPTIEMBRE DE CADA AÑO


Los indepes llevan preparando desde hace algunas semanas el 11-S. Se diría que para ellos, la vida es un ciclo que se mide de 11 de septiembre de un año, a 11 se septiembre del siguiente. Pero lo que ha ocurrido en estos 365 días no ha jugado de ninguna manera a favor de la jaculatoria indepe, sino todo lo contrario. El peor jugador resulta ser siempre aquel que no se quiere enterar de que ha perdido la partida. Y los peores contrincantes son quienes no le dicen claramente que se ha quedado desplumado. Pues bien, dado que esto es lo que ha ocurrido en este último año, de lo que me quejo es que vamos a asistir a otro fenomenal circo indepe dentro de un par de semanas. Calentando motores están. Me quejo de que estos no mejoran, ni con los años, ni con los patinazos, ni con la pérdida de calidad de su clase política, ni siquiera con el repliegue de sus sostenes populares. Sé que es vano quejarse, porque un indepe es un indepe y para él solamente existe su fijación obsesiva: la independencia de Cataluña.

Lo que ha ocurrido este último año es que el 11 de septiembre de 2017, los independentistas todavía podían albergar una esperanza (el 1 de octubre habían convocado un referéndum y lo ganarían de calle, porque nadie había propaganda en contra y, además, lo había colocado la única autoridad válida en Cataluña, la Generalitat… que no era una entidad colaboradora del Estado Español en la gobernabilidad de una región, sino el gobierno de una nación que se había “construido” como quien construye un lego), pero hoy resulta imposible pensar en la “vía del referéndum”. Item más. En 2003, Carod-Rovira, decía que en 2014 Cataluña sería independiente… han pasado cuatro años desde la fecha icónica y Cataluña sigue siendo una región del Estado Español. Salvo que, claro, está el reloj independentista funcione con retraso.

Lo que me temo es que los indepes no se han enterado que su reloj no va con cuatro años de retraso sino con algo más de siglo y medio. Se hubieran podido independizar en el siglo XIX, cuando a España le salían sarampiones por todas partes y la formación de nuevas naciones era un sin parar, incluso en Europa. Pero entonces, la burguesía catalana hacía negocios demasiado buenos con el resto del Estado y el Estado la amparaba mediante un proteccionismo que iba bien para las dinastías burguesas catalanas, pero encarecía los productos para el resto de españoles. Nació el federalismo y del federalismo el regionalismo y, luego, del regionalismo, el nacionalismo y en su fase senil, el independentismo. 

No se crean, el independentismo catalán, es cosa relativamente reciente y solamente encontró su hueco cuando se hundió la dictadura y se hundió la monarquía. Es decir, cuando entró en crisis una idea de España. Pero, incluso entre 1931 y 1939, en este terreno a la República se le puede reprochar que se dejó engañar por el independentismo: se tomó el régimen estatutario como una forma de crear una administración de proximidad catalana en la que delegar asuntos del Estado a resolver en esa región. Pero Macià y su panda de alucinados, se lo tomaron como una especie de etapa previa a la independencia. No fue por casualidad que Cataluña se convirtiera en la región más turbulenta del Estado en ese período, por mucho que se aludiera al “oasis catalán” entre febrero y mayo de 1936 (se decía que en Cataluña había menos asesinatos políticos que en el resto del Estado… pero se olvidaban los muertos del 6 de octubre de 1934). Durante la guerra civil, el caos superó en Cataluña y durante los tres años, a cualquier otra zona de España.

Luego vino la democracia y el nacionalismo volvió a intentarlo: primero un régimen autonómico y luego, cuarenta años después de haber catalanizado con vaselina y fórceps, el país, ala, pedimos la independencia después de un referéndum que nos aseguramos, claro está de ganar… (por algo hemos tardado 40 años en hacer campaña mediática continua…). ¿Cuál era el problema? El problema es que no estábamos ni en 1848, ni estábamos en 1919, ni siquiera en 1945, ni tan sólo en los años 80, sino que estamos en el siglo XXI, el siglo de la globalización postnacional. Sólo eso. A buenas horas se despiertan estos queriendo tener una nación a sus hechuras. Cuando la fórmula Estado-Nación ha pasado a mejor vida.

Lo que ha derrotado al nacionalismo independentista no es el Estado Español (como máximo sería la Unión Europea), lo que lo ha derrotado es la marcha de la historia. Pero son fanáticos. Así que no hay que hacerse ilusiones. “Fanático” es un término que procede de “fanum”, templo: es, pues, un hombre de fe. Y da testimonio de su fe, poniendo colgajos en los balcones (todavía quedan banderolas del 1-O que animan a votar sí…) y realizando una romería anual. Mira por dónde, el 11 de septiembre. El aniversario en que el pueblo de Barcelona culminó la defensa de la causa austriacista, es decir, la presencia de un Habsburgo para la Corona de España

Así que, no puede ser una romería en la que se hagan valer derechos históricos, sino más bien de una fiesta colorista propia de julays y julaievs, pubillas y fadrins de pueblo, maestrillos con alumnado sumergido lingüísticamente incluido y padres de expresión lánguida y de carácter endeble, funcionarios de la Gencat y nipotes con cuentas cifradas en Andorra o en las Caimán, conversos y conripios (son así, yo qué quieren que les diga). No sé qué año hicieron una cadena desde el Pirineo al Ebro (rota por varios lugares), el otro año un gran X, y este año parece que quieren hacer una ola que salga en el Guiness de los récords. 

¡Ánimo! Estoy seguro de que lo conseguirán y de que, de paso, en veinte años, que seguirán con estas fiestas, obtendrán el Guiness a los más cabezones. Se lo merecen. A los que llevan décadas sin enterarse que han sido derrotados por la historia (¡y de qué manera! ¡y desde el 11 de septiembre de 1714!). Me quejo de que estos fanáticos de sus dogmas sigan siendo tomados en serio por alguien. Ni siquiera son un riesgo, son la irracionalidad personificada. Tomároslos como lo que son: la imagen misma de lo irracional y de la derrota.


miércoles, 15 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (109) – MAÑANA ES 17 A, EL DÍA QUE NO PASÓ NADA


Mañana hará un año que fallecieron 16 ciudadanos, en Cataluña, en el curso de un atentado yihadista. Dado que estábamos a 44 días del “referéndum” del 1-O, ninguna de las autoridades de la Generalitat estaba dispuesta a que 16 asesinatos quitaran protagonismo a la fase final del “prucés” o, lo que era peor: que se dudara de que la Generalitat y su policía habían gestionado la crisis a las mil maravillas. Y, para colmo, lo que hubiera sido más terrible –por encima de cualquier otra cosa- es que el crimen hubiera servido para estimular la “islamofobia”. Así que se armó una manifestación de protesta, que casi fue otra manifestación independentista, en donde salirse del guión, se condenaba con la expulsión, precedida por una pancarta que decía: “No tenemos miedo”. Pero lo teníamos. En realidad, toda Cataluña, estaba, literalmente, cagada, por lo que había ocurrido aquel 17-A. Me quejo de que todavía hoy  nadie quiere reconocer lo que pasó.

¿Y qué pasó? Pasó lo que tenía que pasar. Que la zona en donde la autoridad del Estado es más débil en toda Europa, la zona con más acumulación de islamistas, la zona que cuenta con un servicio policial improvisado y criticable en todos los sentidos, esto es, el eslabón más débil de Europa, en donde, además, las autoridades regionales estaban embarcadas en un proyecto quimérico, fue la zona elegida para un nuevo atentado yihadista. Dos meses antes había publicado un estudio sobre el terrorismo islámico y establecido que Cataluña era la zona por donde entraría. Blanco y en botella. No podía ser de otra manera.

Todavía hoy se discute lo que ocurrió. Como siempre, la versión oficial, no es la que más satisface a todos. No se entiende bien, cómo es que el imán de Ripoll se establece en Alcanar, para atentar en Barcelona. Y no se enciende porque Ripoll y Alcanar están situados en los extremos de Cataluña, una completamente al norte y la otra en el extremo sur, casi tocando con Castellón. Y, además, el atentado iba a ser en el centro de Cataluña: en Barcelona. Así pues, tres furgonetas deberían haber trasladado una tonelada de un explosivo artesanal, realizado con bombonas de butano, por carreteras de mucho tráfico, en algunos tramos vertiginosas y con controlar policiales por alcoholemia… y, para colmo, el explosivo era inestable y debía trasladarse bajo un sol de plomo veraniego.

Afortunadamente, el explosivo les estalló en las narices y los supervivientes debieron modificar los planes. Intentarían un atropello masivo. Pero esto no era el plan original. Basta mirar las inmediaciones de Alcanar para entender que, desde la urbanización hasta la central nuclear de Vandellós 2, apenas hay 60 km por una carretera recta, sin tráfico, discreta… y que podría haber puesto a las puertas de la central unas furgonetas explosivos que, sin duda, hubiera dejado sin luz a buena parte de Cataluña, Aragón y Valencia y quizás arrojado residuos nucleares a la atmósfera en los momentos en los que la aviación rusa, machacaba a las posiciones del DAESH en Siria. Puestos a minimizar –y en éste, como en todos los atentados yihadistas, de lo que se ha tratado siempre es de minimizar su importancia- era mejor aludir a un atropello masivo en las Ramblas que a un atentado contra una central nuclear.

Sea como fuere, lo importante es que los mozos  de escuadra no estuvieron a la altura. Tomaron la explosión de Alcanar como un accidente fortuito. Si la CIA o maría santísima les alertó antes es algo que quedará a título de inventario. Lo cierto es que la difusión del islamismo radical está descontrolado en Cataluña. Así que no puede extrañar que tantos las autoridades autonómicas, como la Colgau y el propio Rey Felipe V1, optaran por una actitud “viril”: “no tenemos miedo”. Pero lo tenían. Y Cataluña lo tenía también, por mucho que se hiciera todo lo posible por quitar hierro al crimen.

Me quejo de que en un año no hemos mejorado nada. Este año el número de islamistas ha ido creciendo en Cataluña. Es ostensible y evidente. El Estado no ha hecho nada para recuperar autoridad en esta región y la aplicación del 155 lo único que hizo fue peligrar la llegada de subsidios a los indepes. Hoy ya han restablecido el canal. Cada vez se ven más velos islámicos en las calles. Y al día siguiente  del atentado era posible ver los rostros alegres de marroquíes, especialmente jóvenes, que estaban visiblemente orgullosos de haber logrado aterrorizar a la gente. Era su revancha. Pero, eso sí, no teníamos miedo, porque todas las autoridades se habían puesto de acuerdo en el eslogan.
No me quejo de que queden todavía puntos oscuros del 17-A por explicar. Ni siquiera me quejo de aquel peripatético abrazo entre un electroimán y el padre de una víctima, escenificando que aquí no pasaba nada, y que no habían de quedar reservas ni resquemores. Me quejo de que, como en todo atentado, hay víctimas y verdugos. Y todo lo que no sea llamar asesino al verdugo, es engañarse. Me quejo de que todas las autoridades participaron en este fraude. Me quejo de que, a fin de cuentas, la manifestación de protesta por el atentado, la convirtieron en una manifestación contra la islamofobia.  Como si se hunde un puente y protestamos contra la inseguridad en el tráfico aéreo… De eso me quejo.

365 QUEJÍOS (108) – ¡EY, NEGRO…!


Escena presenciada ayer en un cercanías. A la vista de que, en la R1 de Cataluña el número de viajeros sin billetes ha aumentado, este verano se nota más la presencia de revisores acompañados por seguridad. Lo de ayer fue curioso: el revisor, en lugar de testear todos los billetes, se limitó a gritar: “Los que no lleven billete que bajen”… Y era curioso porque bajaron algo así como setenta o cien africanos que, por supuesto, quedaron esperando el siguiente tren en el que harían exactamente lo mismo: viajar sin billete. En realidad, estoy persuadido de que los controles no son por ellos. Se da por supuesto que van a subir en el tren sin billete (¿qué africano paga billete? ¿el 5%?). Los controles son porque, cada vez más españoles, están hartos de pagar el billete y de las subidas anuales desmesuradas para compensar a los que viajan sin pagar. Estas subidas en las tarifas de RENFE son otra forma de subsidiar a la inmigración. No, si no me quejo de esto. Me quejo de que esta presencia masiva de africanos, sabemos lo que va a implicar en el futuro. Los únicos que no lo saben son la clase política. Incluso las ONG que trabajan, me da, que son conscientes del marrón que tenemos por delante. De lo que me quejo es de la presencia africana en Europa. En general.

Otro detalle de ayer mismo. Hace ocho años, cuando me instalé en este pueblo, me llamó la atención una cosa curiosa: habían como una decena de familias que habían adoptado niños africanos. Sorpresa porque todos ellos eran jóvenes y, llama la atención que, en un pueblo de menos de 3.000 almas, diez familias no puedan tener hijos propios. La empresa que se los vendió (utilizaría la palabra “adoptar”, si se tratara de adopciones en las que no media el interés económico, pero los compraron y los pagaron y medio un beneficio empresarial, por tanto, fue una compra-venta) se ve que había encontrado algún filón fácil de explotar en algún país africano e inundó el pueblo con aquellos niños tan majos y tan simpáticos. Hoy, aquellos niños van por los doce-catorce años. A pesar de ser hijos de familias muy diversas, se han agrupado y es fácil verlos con los móviles a todo gas escuchando rap y hip-hop. En su cara no hay lo que se dice alegría: no es raro, están en un país que no es el suyo y reciben una educación que no tiene en cuenta su negritud . Todo lo que estudian tiene que ver con los “blanquitos”. Intuyen que todos los matemáticos, físicos e ingenieros que han dejado una huella en la historia, son blancos. Y eso les pesa como un plomo y no hay quien lo cambie. Además, se nota que su evolución no es la misma que la de los niños de su edad, nacidos en la zona. El período de adolescencia es mucho menor.

Item más. Leo algunas notas sobre la organización social en África. Para el africano, la familia es algo demasiado complicado. Supone tener responsabilidades, lazos de fidelidad en el tiempo y dedicación. Así que en África, no existe el mismo concepto de familia que entre los indo-europeos. Me limito a constatarlo, no a valorarlo. Lo que no se puede hacer en el marco de la familia (la educación de los hijos), en África lo hace la tribu: las tribus africanas tienen estructuras especializadas en la educación a la vista de que los padres se desinteresan de los hijos. La dimensión tribal, explica el porqué las naciones del continente africano son, en mayor o menos medida, “Estados frustrados”. El africano no percibe la “dimensión nacional” como se percibe en Europa desde la Odisea. Su horizonte organizativo es la tribu. Y esto, claro está, esto genera problemas insuperables de adaptación cuando llegan a un continente que no es el suyo: porque la tribu desaparece, al menos la “tribu tradicional”. No es raro que los hijos de africanos nacidos en Europa o en los EEUU arrastren problemas de integración social: en sus genes hay otro modelo organizativo que no se puede reconstruir fuera de su hábitat natural.

Otro terreno. Leo en la prensa que una española ha sido asesinada en Limón, Costa Rica. Conozco la zona. Su marido se ha quejado de que nadie le dijo que es una zona insegura. A mí tampoco me lo dijeron cuando estuve allí, tenía ojos y ví lo que había. Así que huí de allí como de la peste. Que es lo que hace cualquier turista que tiene ojos y ve. Luego me informaron que, efectivamente, la región de Limón es la más peligrosa del país, la que tiene un índice más alto de asesinatos por cada 1.000 habitantes (en un país fundamentalmente tranquilo) y la más convulsa y pobre. ¿Qué caracteriza a Limón de otras zonas de Costa Rica? Que allí existe la única colonia de africanos del país y todo va como va (la española, por cierto, fue asesinada por un nica).

Más aún. Veo las noticias sobre los manteros y sobre los desembarcos en las aguas del sur de España: el africano reconstruye la forma “tribu” a la que puede. De hecho, los manteros son hoy una “tribu” en sentido estricto. Y una tribu es una forma de identidad. Cuando desembarcan o saltan la valla de Ceuta y Melilla lo hacen como lo haría un termitero: masivamente

Se dirá que mediante la educación el africano se adapta. ¿Dónde? Salvo excepciones, esto no ocurre. Es más, cuando ocurre, afecta a africanos aislados que han decidido imitar a los blancos. Doy fe de que el africano aislado es un tipo simpático, trabajador y con grandes habilidades en mecánica y albañilería. Pero, en el momento en el que se une a otros africanos y rebasa una “masa crítica” en un punto, se reconstruye el modo tribu. Y no hay nada que hacer. El dogma de la igualdad étnica, como se sabe, es intocable y no vamos a cuestionarlo aquí, pero lo que si cuestionamos es que se imponga a todas las razas el mismo tipo de modelo eurocéntrico.  Eso sí es racismo: lo mío es mejor y, por tanto, te lo comes con patatas fritas, eso es lo que parecen decir los popes de la multuculturalidad. Pero el modelo africano es otro, así que.... No puede admitirse en Europa a gentes con modelos tribales o modelos religiosos que hace, entre 300 y 500 años que ya no tienen lugar en Europa. ¿Cómo evitarlo? Poniendo veto a la inmigración, obviamente, ¿cómo, sino?

Me quejo de que nuestros políticos no saben lo que están haciendo. No es la pobreza de los negros lo que me molesta (casi todos ellos cobran lo mismo que los pensionistas de las capas más modestas y, además, tienen otros ingresos), sino su formato organizativo tribal, y el que estén aquí porque es más fácil vivir de subsidios que del propio trabajo en el país de origen. Me quejo de que los políticos no veranean en playas en las que se produzcan desembarcos masivos, ni van en la R1, ni han comprado-adoptado niños negros, ni viajan a Limón, ni tienen que ver las caras de sus hijos cuando vuelven de clase y nadie les ha hablado (nadie está en condiciones de hacerlo) de un científico negro, un descubridor negro y un premio Nobel (de los de verdad, no de los de repesca) de su raza

Dentro de unos años, esos políticos van a tener que explicar a las tribus que se formarán aquí (¡que se están formando!), que el hecho de ser negro no implica que se lo merezcan todo. Pero de lo que me quejo es de la inevitabilidad del vaticinio final: gracias a una clase política compuesta por unos bragas incapaces, en 20-30 años tendremos en Europa el clima adecuado para una guerra civil racial y social. Y si no, al tiempo. 

Lo que han demostrado las “políticas de integración” en los últimos 40 años en toda Europa es que hay bolsas de inmigración ININTEGRABLES. Ni Aznar, ni ZP, ni Rajoy, ni el Sánchez éste, lo reconocerán jamás siguiendo los pasos de la Merkel: mantenella y no enmendalla. Lo que tienen los dogmas –y el de la igualdad racial, figura entre los más cuestionables- es que se lo creen solamente los que tienen fe… Desafío a que alguien me dé una versión razonada del futuro de los millones de africanos que se encuentran hoy en España. Y, de verdad, que me gustaría no tener razón...

martes, 14 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (107) – OPORTUNISTAS EN POLÍTICA


El oportunismo es una práctica corriente en política. Se define como oportunismo a aquella actitud acomodaticia para obtener un beneficio y a la subordinación de los propios principios a ese objetivo. Al menos, así lo debe definir el diccionario de la RAE. Pero eso supondría que el político tiene “principios”, cuando en realidad tiene uno solo: gozar de las mieles del poder, no porque el Estado, la gobernabilidad del país o cualquier ideal le importen un poco, sino porque el poder le puede dar una situación privilegiada en la sociedad. Ya se sabe: el que vale, vale y el que es ambicioso y no vale, que se meta a político. Porque está visto que los buenos negocios solamente se hacen a la sombra del poder. Y si no, te toca trabajar como un cabrón. Pero no es de esto de lo que me quejo, porque esto es suficientemente conocido por todos y resultaría ocioso repetirlo. Me quejo de la noticia que leo hoy en El Confidencial: “Éxodo de cargos de PP y PSOE antes de las elecciones”. Y todos dicen “Me identifico más con Cs”. Al parecer, Cs es el partido que está de moda. Y de eso es de lo que, en última instancia, me quejo: de que puedan existir “modas” en política.

En política existe hoy, como máximo, buena gestión o mala gestión. Y lo que debería existir es: buena gestión en función de unos valores y principios o buena gestión en función de otros valores y otros principios. Pero hace ya mucho tiempo que los principios (y, no digamos, los valores) dejaron de estar presentes en política. Recuerdo el soliloquio de Bruto tras la muerte de César, pintado por Shakespeare (la versión de Estudio 1 es fenomenal, por cierto y la recomiendo). Los valores estaban presentes en tiempos del autor inglés y mucho más en los primeros pasos de la Roma de los Césares. Recuerdo, la obra de Enrique Ibsen, El enemigo del pueblo, y veo que, a principios del siglo XX todavía quedaban valores e incluso el bueno de Ibsen y su protagonista no se dejaban arrastrar por la corrección política y el oportunismo que ya hacían gala el resto de vecinos. Incluso más tardíamente, en la época de los fascismos y del bolchevismo, hay que pensar que la mayoría de sus militantes, vivían peligrosamente para hacer real unos ideales de reforma social en los que, equivocados o no, creían firmemente.

Pero de todo esto hace casi un siglo. En los últimos 80 años hemos visto a poca gente que creyera sinceramente en lo que defendía. Poco a poco, se ha ido imponiendo el adaptacionismo y no sólo porque la ambición al materialismo (esto es al disfrute de poder y de bienes materiales) se ha convertido en la tendencia dominante, sino porque, paralelamente, las ideologías (esto es, los intentos de explicar el mundo y la vida en función de un esquema rígido que pronto pierde actualidad) se han hundido y no han aparecido otras nuevas, ni, a lo que parece aparecerán en el siglo XXI. El hundimiento de las ideologías es lo que ha impulsado a la clase política a utilizar los argumentos más tontorrones y melifluos para justificar su presencia en tal o cual opción política. Pero, si un político está bajo la férula de una sigla y no de otra, es por puro azar, porque de alguna manera ha podido auparse, por pura casualidad, en ella y no en su competencia. Los partidos políticos hoy, son como un dado cúbico que no tiene marcado ningún valor en ninguna de sus causas. Da igual la cara por la que caigan, valdrán exactamente lo mismo.

La prueba del nueve es la noticia que comentaba al principio y que El Confidencial subtitulaba así: “Alcaldes y concejales de muchas provincias españolas decepcionados con PP y PSOE llaman a la puerta de Ciudadanos en busca de una opción en la que se sienten más representados”… De Ciudadanos solamente se saben dos cosas: una que son antinacionalistas y que nacieron en Cataluña como respuesta al nacionalismo, a la vista de que el PSOE, literalmente, “papalloneaba”, y que el PP nunca perdía la esperanza de que CiU volviera a apuntalar una mayoría de derechas como hizo el día después del “Pujol enano, habla castellano” y tras saber que “Aznar hablaba catalán en familia” (¿qué había fumado ese día?). Lo otro que se sabía de Cs es que era “centrista” que es como decir que no era ni de derechas ni de izquierda, sino todo lo contrario. Preocupados por la equidistancia, unas veces adoptan posiciones de izquierda y en otras de derecha… ¿en función de qué? De los réditos electorales que pudiera aportar.

No creo que vote en las próximas elecciones, ni en las siguientes, ni en las otras, ni creo que valga la pena: ninguna de las seis caras del dado se diferencia excesivamente de las otras, ni, desde luego, creo que ninguna de las opciones en liza (al menos de las que tienen alguna posibilidad de llegar a algo) tiene ni el análisis correcto de la situación, ni los remedios. Y lo que hoy hace falta, que diría Costa, es un CIRUJANO DE HIERRO, no un auxiliar de hospital que ni siquiera es diestro en medir la tensión, ni en aplicar el termómetro. Ahora toca la migración del PP y del PSOE hacia Cs, como hace unos años se produjo la migración temporal del PSOE y de IU hacia Podemos. ¿Y qué pasará? Pasará que, cada cuatro años nos daremos cuenta de que el país está peor y de que a otra generación de políticos le ha ido mejor. Es la historia de España en estas últimas décadas. Muchas. Demasiadas. Me quejo, a fin de cuentas, de que en este país nadie quiera asumir el papel de CIRUJANO DE HIERRO y en su lugar sigamos teniendo oportunistas de la peor especie hecho de la misma materia de los blandyblups. Porque eso y no otra cosa es Cs.





lunes, 13 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (106) – MASCOTAS EXÓTICAS


Hubo un tiempo en el que la gente tenía compañía porque tenía familia o estaba integrada en una familia. ¿Mascotas? Sí, claro que había mascotas: no había masía que no fuera guardada por un perro, lo más intranquilizador posible. Y luego estaban los que criaban pajaritos en la terraza (recuerdo ahora, por algún motivo, al marido de la protagonista de Plaça del Diamant, la novela de Mercedes Rodoreda) o el indiano que volvía con un animalico de aquellas lejanas tierras (habitualmente una cacatúa o un titi). Luego se impusieron las peceras (decían que inducían serenidad) y más tarde los perros de tamaño medio y los gatos. Una vecina tenía infinidad de gatos y me llamaba la atención porque toda su casa olía de forma particular. Otra, antigua corista venida a más, daba de comer a los que recorrían ociosos el solar de al lado. Pero fue en los años 90 cuando empecé a percibir que estaban irrumpiendo un nuevo tipo de animales domésticos: las especies exóticas. Y de eso me quejo: de que cada vez hay más.

Entiendo que algunas de estas especies se tengan en el campo. Yo mismo, opté por tener dentro de casa un murciélago, simplemente, porque se comía cualquier insecto que pudiera entrar. Su eficacia era mejor que la de cualquier insecticida. La única molestia es que, mientras estabas viendo la tele o leyendo, pasaba una sombra negra oscilante. Eso quería decir que había detectado algún insecto y se preparaba para ejercer su oficio. Luego conocí a un chica que tenía pirañas en la pecera. Luego cambio la piraña por una iguana (que se escapó) y la última vez que la vi iba con un hurón… Pero hay muchas más especies exóticas que gozan del favor de quienes quieren estar a la última moda: el minicerdo, el erizo africano, el dragón barbudo, la boa constrictor, el camaleón, etc, etc.
Hace unos años, estaba leyendo en un parque público de Barcelona por pura casualidad. Apenas había gente, pero apareció una pareja con una especie de gusano peludo y con patas, muy nervioso y al que llevaban con una correa. Era un hurón. El parque es grande, pero había poca gente. La parejita con el hurón se preocupó de pasar cerca de todos los que nos encontrábamos allí para que vieran que tenían una mascota exótica… Por cierto, aquel verano hubo una epidemia de pulgas en los parques barceloneses.

¿Mascotas? En ciudad, pocas. Tal debería ser el principio. ¿Exóticas? Menos aún. ¿Motivo? Están fuera de su hábitat y puede ocurrir lo que ocurrió en el parque que mencionaba antes. Mientras leía me di cuenta de que de un árbol en concreto llegaba un estruendo particular. Pude entender pronto lo que ocurría: había una colonia de cacatúas, especie hasta ahora inédita en los árboles de Barcelona. Seguramente, algunas cacatúas se habían escapado de sus jaulas o de los domicilio de sus propietarios y habían formado una colonia de cientos de cacatúas. Caso a tener en cuenta, porque, en general, todas las especies exóticas tienden a ser “especies invasoras” en hábitats que no les corresponden.

Habitualmente, una mascota “hace compañía” y sustituye a la familia que no se tiene o que está lejos (o se ha alejado). Es un simple “objeto de ocio”. El problema es que es un objeto vivo y requiere cuidados, de la misma forma que genera riesgos. Claro está que quienes tienen alguna mascota “la quieren mucho”, pero, cuidado: estamos hablando de una especie animal, irracional y que no quiere ni deja de querer. Defiende porque tiene instinto territorial, se siente próxima de aquel que le da de comer (otra amiga, por cierto, era propietaria de una empresa criadora de grillas; sí, de grillos vivos que se servían como alimento para estas especies exóticas), pero, no nos engañemos, ni nos entiende, ni se comunica con nosotros, ni nos quiere… eso son fantasías de quien quiere justificar tener una mascota en plena ciudad. Todo es, claro está, discutible, pero el problema es que en las grandes ciudades la mascota se comercializa como cualquier producto de teletienda: MASIVAMENTE. Y hoy, hace falta solamente asomarse a la calle para ver que hay demasiadas mascotas y que no solamente hace falta que el propietario de una se agache a recoger la caca, sino que debería también llevar una botella de seis litros de agua, para arrojar el pis a la alcantarilla: especialmente en verano.

Pero lo que ya está fuera de discusión es que las mascotas exóticas deberían de estar simplemente prohibidas: no es su hábitat, no pueden estar. ¿Y los propietarios? Yo les recomendaría que tuvieran hijos, que si necesitan compañía se apuntaran a algún club y que si quieren introducir el exotismo en sus vidas viajen. ¿Mascotas en ciudad? No, por favor. Peces, quizás. ¿Exóticas? Menos aún.

domingo, 12 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (105) – PLAYAS NUDISTAS CONTRA LA LÍVIDO


Vaya por delante que no tengo ningún prevención contra las playas nudistas. Hubo un tiempo en el que yo mismo no tenía inconveniente en ir a algunos. Si hace mucho tiempo he dejado de hacerlo es al percibir que cada vez estaban más saturadas, ¿de nudistas?, sí de nudistas, de exhibicionistas, de mirones y de inmigrantes sorprendidos de que en Europa las mujeres no vayan disfrazadas de bombonas de butano y muestren algo más que el tobillo y la muñeca. Sigo reconociendo que es muy cómodo tirarse al mar en bolas… pero no lo suficientemente cómodo para aceptar que pueda convertirse en espectáculo de masas. Además me quejo de que las playas nudistas rebajan la lívido. De hecho, la pulverizan. Y no es que me quejo entre nosotros, entre amigos, sino que esta queja la puse ya de manifiesto hará unos años en un programa de COM Radio en el que el tema era el nudismo en las playas y me las tuve que ver con unos simpáticos directivos de no sé qué asociación nudista catalana. Buena gente, no vayan a creer. Les presenté los mismos argumentos que resumo aquí.

El nudismo estuvo presente en Europa desde que el romanticismo reapareció. Como se sabe, el nacionalismo catalán es hijo putativo del romanticismo alemán y todo lo que hacían los nacionalistas de las orillas del Rihn, se trasladaba con mejor o peor fortuna a Cataluña. El nudismo también siguió ese tránsito. Aquí, hacia principios de los años 20 se creó la asociación “Los Amigos del Sol”, que todavía existe. Eran chicos excursionistas que hacían salidas al monte. Tenían varios departamentos, uno de ellos era el de nudismo y el otro de gimnasia rítmica: las chicas iban con túnica transparente y los chicos con sucinto taparrabos. En los años 20 participaba en esta sección de rítmica Miquel Badía, uno de los popes del independentismo de la época, llamado por los suyos, alias “Capitá Collons” y cuya muerte se suele atribuir al president Companys (otro al que el título de “honorable” le cuadra como un guante a un manco), al parecer, por picarle a la novia y, de paso, por causarle problemas dentro de ERC. Hay fotos de Badía en poses tan viriles que uno podría incluso dudar de su alias. Pero, a lo que vamos…

Tras la guerra no hubo más nudismo que en los sobreáticos de "Núñez y Navarro". Fue en el período socialista cuando el nudismo irrumpió de nuevo. Empezó a autorizarse en unas pocas playas. Iba poca gente. A veces te enterabas de que aquella era una playa nudista porque te pasaba una pareja en bolas a 50 metros. El boom empezó en los años 90, cuando se reconstruyeron las redes asociativas y empezaron a ir de misioneros. No fueron los únicos: el hundimiento del marxismo hizo que la progresía se orientase hacia horizontes sorprendentes (ONGs, antitaurinos, amor a los animales, apoyo a los inmigrantes, nudismo…)

Soy de los que nunca impedirán a alguien suicidarse. Si un tipo se quiere tirar por la ventana, sus razones tendrá, a mí no me compete entenderlas ni ir de redentor. De la misma forma, si alguien quiere ser nudista es algo que es cosa suya. ¿Por qué no lo fui ni lo seré? Porque quiero que mi sexualidad funcione bien hasta el último momento. Lo esencial de la sexualidad tradicional es el misterio que despierta el otro sexo. Es uno de los motivos que generan atracción. A fuerza de ver tetonas y güevones en la playa, hombre y mujeres ven como su líbido se rebaja en la medida en que se diluye el misterio. Ese es el principal motivo y esa es la explicación cultural al pudor. Creo que la sociedad debe mantener el pudor, no porque sea una cualidad de la condición humana, ausente en los animales, sino porque el pudor hace que conservemos vivo el deseo sexual. Elimina el pudor y no es que el deseo vaya a desaparecer, pero si que la polaridad entre los sexos tiende a rebajarse.

Luego está, claro, el prurito estético. Está muy bien eso de ver cuerpos fibrados y en forma, pero lo normal en playas nudistas es ver acumulaciones de celulitis, tripas cerveceras, destrozos ocasionados por la edad y por los malos hábitos de vida. Dicho de otra manera: además de reducir la lívido, cabría advertir que puede, incluso, desaparecer en las arenas nudistas.

Yo no consigo entender cómo la causa nudista es tan importante para sus misioneros, especialmente para los que no están arrastrados por las parafilias, el voyerismo, ni son viciosos. No entiendo cómo de algo tan tontorrón como la lucha entre “el textil” y “el nudismo” (para ellos, “el textil” es todo el que utiliza bañador…) merece la atención de alguien. Y, sobre todo lo que no entiendo es cómo no se miden todas las implicaciones de la falta de pudor. Pero, sobre todo, lo que no entiendo es cómo hoy mismo, me ha pasado a la altura de la nariz un tipo cuyos parecían colgar de un yo-yo, en una playa que no es nudista. Me da la sensación de que el exhibicionismo para algunos es una necesidad y en las playas nudistas, ya no llaman la atención ni de los islamistas.  

Información y ventas en este enlace





365 QUEJÍOS (104) – UNIFORMIDAD OBLIGATORIA


Me quejo de que en los colegios ha desaparecido la uniformidad obligatoria. Sólo de eso. Aparentemente, es una queja menor. A fin de cuentas ¿que supone el que los escolares vistan como quieran? Si hacen lo que les da la gana ¿por qué no van a poder extender su santa voluntad en el vestido? Además, como se sabe, eso de ir de uniforme es más facha que la gomina de José Antonio, así que, mejor que haya quedado atrás… Estas alegaciones, propias de progres, se generalizaron en la segunda mitad de los años 70 y, poco a poco, hicieron que todos los colegios –o casi todos- retiraran los uniformes a sus alumnos. He de decir que en mi colegio –los Escolapios de Balmes- jamás llevamos uniforme y nos limitábamos a una bata a rallas más finas que las de presidiario y menos tupidas que las del milrallas propio de los indianos. Pero, puedo dar constancia de que en Edimburgo, en Praga, en Budapest, en Canadá, en Costa Rica, en la mayoría de escuelas los alumnos siguen llevando uniforme y no se trata, precisamente, de países “fascistas” o con una educación autoritaria. Me quejo de que, en España, se ha olvidado lo que representa el uniforme.

¿El uniforme iguala? En cierto sentido, nos coloca a todos en la misma casilla de salida. Evita que quede evidenciada la situación económica de nuestros padres y que eso pueda ser motivo de discriminación… Además, resuelve un grave problema para los padres: ¿cómo vestir a sus hijos? Sí, todo esto es cierto, y por sí mismo, justifica el uso del uniforme y el porqué colegios de alto copete y de aldeas rurales sigan con el uniforme. Pero hay otras muchas razones y de mucho más peso que tienen que ver, no con los aspectos utilitarios y sociales, sino con el propio concepto de enseñanza.

¿Quiere usted que cada niño sea una individualidad en competencia con las otras y que, además, el suyo gane a los demás? Pues vístalo de marca, lo más caro posible, no valen prendas de mantero ni de mercadillo con la etiqueta pegada con cola blanca: tiene que vestirlo en las grandes firmas. Ni se le ocurra alguna prenda de baratillo. Si lo hace, el niño podrá no resultar competitivo entre sus compañeros. ¿Quiere que el niño tenga un look envidiable? Consulte las principales revistas de moda y entérese de cuáles son las boutiques infantiles y juveniles que parten con la pana. Porque si lo viste en otros lugares, su hijo no destacará en la escuela. Su hijo debe tener, tal es el mantra de la postmodernidad, una “acusada personalidad” si lo que quiere que destaque.

… Ahora bien, si lo que quiere es que su hijo se integre en un grupo, que este grupo sea lo más homogéneo posible, que los niños aprendan a ir a lo esencial y a no fijarse en el relumbrón y lo superficial, entonces habitúele a destacar por otras facultades (voluntad, capacidad de sacrificio, entrega, inteligencia, concentración, capacidad para el estudio) mucho más importantes. Así se integrará en el grupo de los que son como él. Una buena política para llegar a ello es la uniformidad. Antes de que tenga uso de razón (a los siete años) porque así aprenderá dinámicas de grupo, de equipo, aprenderá quiénes son los suyos y cómo reconocerse en ellos. Después de que tenga uso de razón porque si quiere destacar y tener una personalidad diferente deberá ser por méritos propios, no de la marca que utilice.

Hubo un tiempo no muy lejano que hasta los taxistas iban de uniforme. Y los funcionarios públicos. ¿Fascismo? Ciertamente, el fascismo elevó casi el uniforme a la categoría de hábito religioso. Los funcionarios debían ir de uniforme porque el servicio al Estado fue concebido por el fascismo como algo extremadamente importante, casi como una religión: no se servía a Dios, pero sí al ciudadano. Mejor esa concepción que la del burócrata miembro de una administración elefantíaca que está ahí en busca de estabilidad en el empleo, pagas dobles sin prorratear, trienios y jubilación.

Lo que más me convence para defender el uniforme, es que he visto que, con mucha frecuencia, forma parte del orden de la enseñanza. He visto salidas de alumnos de la misma edad en pueblos rurales de Costa Rica y de Panamá, en colegios privados de Escocia y en escuelas públicas de Budapest, en Bucarest, en Lisboa y en Praga y he visto salir a niños ordenados, esto es, CIVILIZADOS. He visto entrar y salir a niños de escuelas españolas públicas y privadas, y aquello parecía el patio de un manicomio. Oiganlo los que no quieren enterarse: nuestros niños son los más escandalosos del planeta, hay algo en su educación que falla y que les impide autocontrolarse, comportarse como seres civilizados, han sustituido el lenguaje hablado por onomatopeyas y, claro está, en la escuela están en el último lugar de Europa. No voy a decir que esos mismos niños tendrían otro comportamiento SOLO llevando uniforme, pero lo que seguramente ocurriría es que, como ocurre en casi todo el mundo, empezarían a tener preocuparse de lo esencial y no de llamar la atención. ¿Reforma de la enseñanza? Sí, desde luego, en España hace falta reformar desde la pre-escolar hasta los masters de postgrado, hay que trabajar mucho en muchas direcciones, pero una de ellas, ineludible, es el restablecimiento de los uniformes en la escuela. Y estoy seguro de que muchos padres están de acuerdo.