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martes, 14 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (107) – OPORTUNISTAS EN POLÍTICA


El oportunismo es una práctica corriente en política. Se define como oportunismo a aquella actitud acomodaticia para obtener un beneficio y a la subordinación de los propios principios a ese objetivo. Al menos, así lo debe definir el diccionario de la RAE. Pero eso supondría que el político tiene “principios”, cuando en realidad tiene uno solo: gozar de las mieles del poder, no porque el Estado, la gobernabilidad del país o cualquier ideal le importen un poco, sino porque el poder le puede dar una situación privilegiada en la sociedad. Ya se sabe: el que vale, vale y el que es ambicioso y no vale, que se meta a político. Porque está visto que los buenos negocios solamente se hacen a la sombra del poder. Y si no, te toca trabajar como un cabrón. Pero no es de esto de lo que me quejo, porque esto es suficientemente conocido por todos y resultaría ocioso repetirlo. Me quejo de la noticia que leo hoy en El Confidencial: “Éxodo de cargos de PP y PSOE antes de las elecciones”. Y todos dicen “Me identifico más con Cs”. Al parecer, Cs es el partido que está de moda. Y de eso es de lo que, en última instancia, me quejo: de que puedan existir “modas” en política.

En política existe hoy, como máximo, buena gestión o mala gestión. Y lo que debería existir es: buena gestión en función de unos valores y principios o buena gestión en función de otros valores y otros principios. Pero hace ya mucho tiempo que los principios (y, no digamos, los valores) dejaron de estar presentes en política. Recuerdo el soliloquio de Bruto tras la muerte de César, pintado por Shakespeare (la versión de Estudio 1 es fenomenal, por cierto y la recomiendo). Los valores estaban presentes en tiempos del autor inglés y mucho más en los primeros pasos de la Roma de los Césares. Recuerdo, la obra de Enrique Ibsen, El enemigo del pueblo, y veo que, a principios del siglo XX todavía quedaban valores e incluso el bueno de Ibsen y su protagonista no se dejaban arrastrar por la corrección política y el oportunismo que ya hacían gala el resto de vecinos. Incluso más tardíamente, en la época de los fascismos y del bolchevismo, hay que pensar que la mayoría de sus militantes, vivían peligrosamente para hacer real unos ideales de reforma social en los que, equivocados o no, creían firmemente.

Pero de todo esto hace casi un siglo. En los últimos 80 años hemos visto a poca gente que creyera sinceramente en lo que defendía. Poco a poco, se ha ido imponiendo el adaptacionismo y no sólo porque la ambición al materialismo (esto es al disfrute de poder y de bienes materiales) se ha convertido en la tendencia dominante, sino porque, paralelamente, las ideologías (esto es, los intentos de explicar el mundo y la vida en función de un esquema rígido que pronto pierde actualidad) se han hundido y no han aparecido otras nuevas, ni, a lo que parece aparecerán en el siglo XXI. El hundimiento de las ideologías es lo que ha impulsado a la clase política a utilizar los argumentos más tontorrones y melifluos para justificar su presencia en tal o cual opción política. Pero, si un político está bajo la férula de una sigla y no de otra, es por puro azar, porque de alguna manera ha podido auparse, por pura casualidad, en ella y no en su competencia. Los partidos políticos hoy, son como un dado cúbico que no tiene marcado ningún valor en ninguna de sus causas. Da igual la cara por la que caigan, valdrán exactamente lo mismo.

La prueba del nueve es la noticia que comentaba al principio y que El Confidencial subtitulaba así: “Alcaldes y concejales de muchas provincias españolas decepcionados con PP y PSOE llaman a la puerta de Ciudadanos en busca de una opción en la que se sienten más representados”… De Ciudadanos solamente se saben dos cosas: una que son antinacionalistas y que nacieron en Cataluña como respuesta al nacionalismo, a la vista de que el PSOE, literalmente, “papalloneaba”, y que el PP nunca perdía la esperanza de que CiU volviera a apuntalar una mayoría de derechas como hizo el día después del “Pujol enano, habla castellano” y tras saber que “Aznar hablaba catalán en familia” (¿qué había fumado ese día?). Lo otro que se sabía de Cs es que era “centrista” que es como decir que no era ni de derechas ni de izquierda, sino todo lo contrario. Preocupados por la equidistancia, unas veces adoptan posiciones de izquierda y en otras de derecha… ¿en función de qué? De los réditos electorales que pudiera aportar.

No creo que vote en las próximas elecciones, ni en las siguientes, ni en las otras, ni creo que valga la pena: ninguna de las seis caras del dado se diferencia excesivamente de las otras, ni, desde luego, creo que ninguna de las opciones en liza (al menos de las que tienen alguna posibilidad de llegar a algo) tiene ni el análisis correcto de la situación, ni los remedios. Y lo que hoy hace falta, que diría Costa, es un CIRUJANO DE HIERRO, no un auxiliar de hospital que ni siquiera es diestro en medir la tensión, ni en aplicar el termómetro. Ahora toca la migración del PP y del PSOE hacia Cs, como hace unos años se produjo la migración temporal del PSOE y de IU hacia Podemos. ¿Y qué pasará? Pasará que, cada cuatro años nos daremos cuenta de que el país está peor y de que a otra generación de políticos le ha ido mejor. Es la historia de España en estas últimas décadas. Muchas. Demasiadas. Me quejo, a fin de cuentas, de que en este país nadie quiera asumir el papel de CIRUJANO DE HIERRO y en su lugar sigamos teniendo oportunistas de la peor especie hecho de la misma materia de los blandyblups. Porque eso y no otra cosa es Cs.





sábado, 5 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (6). LO PEOR DE LA CLASE POLÍTICA ES...



Lo sé: todos nos hemos quejado alguna vez de la clase política, pero en este inventario de mi tiempo no podía faltar. La existencia de nuestra clase política es el reflejo de que el sadomasoquismo es la parafilia más extendida en el siglo XXO: los odiamos, los aborrecemos, nos aburren, nos saquean… y, sin embargo, los votamos hasta en cuatro ocasiones en ciclos de cuatro-cinco años. Mal asunto esto de que te sodomicen sin que te guste y, además, no solamente les pagues la cama, sino los mantengas. Pues bien, eso es la clase política, seguramente el oficio más odioso del mundo.

Lo que le reprocho a la clase política y de lo que me quejo es, fundamentalmente

1) No de que vivan de la política (ya se sabe, “el que sirve al altar debe vivir del altar”), sino de que ni siquiera ejerzan bien su oficio. Es normal, si tenemos en cuenta que nadie les exige nada y que ellos mismos crean sus propios controles de calidad.

2) Que crean que un acto supersticioso, casi animista (entregarles nuestra inmarcesible parcela de soberanía en una papeleta), extraordinariamente banal, les crea con derecho de hacer y deshacer a su antojo y de obtener unos beneficios personales que usted y yo, y cualquier mortal, nos cuesta mucho disfrutar (si lo conseguimos alguna vez).

3) Que estén completamente desprovistos (y sin excepción alguna) de cualquier criterio ideológico o proyecto político y de otra voluntad que no sea el estricto lucro personal y el perseguir el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo.

4) Que den muestras de ceguera e incompetencia absolutas: todos son muy buenos para criticar al de enfrenta, todos son geniales a la hora de discursear, pero absolutamente ninguno tiene la más mínima idea de cómo hemos llegado hasta donde estamos, de cuáles son los verdaderos problemas de la sociedad y de cómo resolverlos. Todos ellos se entregan a las corrientes dominantes, siguen las modas y no son capaces de hacer otra que lo que les impone un guión que nunca han escrito ellos y que nunca cuestionarán.

5) Que para ellos el futuro no importe en absoluto: ni tengan noción de lo que es un Estado, ni una Nación, ni el sucederse de las generaciones, ni la construcción del futuro, ni lo que implican a medio y largo plazo,  sus actos de hoy. Para un político no hay más futuro que los cuatro años hasta las siguientes elecciones. El resto, simplemente no existe.

Podría seguir, lo sabéis vosotros y lo sé yo: lo que se puede haber reprochado a la actual clase política es que DISPONIENDO DE TODOS LOS ELEMENTOS –CIENTÍFICOS, ECONÓMICOS, TECNOLÓGICOS E HISTÓRICOS- PARA REALIZAR LA UTOPÍA QUE HABÍA RESULTADO IMPOSIBLE PARA LAS GENERACIONES PASADAS, HAYAN COMPROMETIDO NUESTRO FUTURO Y COLOCADO A UN PAÍS Y A UN PUEBLO, ANTE EL ABISMO.

¿Lo peor de todo esto?

LO PEOR ES QUE NO HAY REMEDIO. La actual clase política no tiene opciones alternativas. Cuando aparece un partido nuevo, lo hace adaptándose inmediatamente a la situación y convirtiéndose en lo que han criticado. Es ley de vida: simplemente, no hay remedio. Para que lo hubiera, debería de aparecer una clase política provista de valores más allá de los simplemente utilitaristas, con visión de futuro, con preparación suficiente, con capacidad de comprensión sobre los procesos deletéreos que se están desarrollando en la modernidad, con imaginación y, sobre todo, con honestidad suficiente para decir a la población, no aquello que la población desea oír (y el electorado “de izquierdas” y el de “derechas” quiere escuchar lo que le satisface EN ABSOLUTO LA VERDAD) y todo para obtener un miserable voto que les permitirá gozar del Olimpo de la política.

Y esto es de lo que me quejo en definitiva: NO SOLAMENTE DE LA MISERABILIDAD DE LA CLASE POLÍTICA ACTUAL, SINO DE QUE NO HAY NI LA MÁS REMOTA POSIBILIDAD DE QUE SEA SUSTITUIDA POR OTRA. Me quejo, así mismo, de la INGENUIDAD DE QUIEN PIENSA QUE HAY EXCEPCIONES: lo diré más claramente, el hecho de que aparezca tal o cual rostro nuevo, lo único que implica es que esa persona se ha dado cuenta de qué forma se vive mejor esforzándose menos. ESO ES TODO.