domingo, 17 de mayo de 2026

CRÓNICAS DEL FINAL DE LA MODERNIDAD (2) – CHINA EN EL PRINCIPIO Y EN EL FIN DE NUESTRO CICLO


La traducción del libro de Albert Puyou, conde de Pouvourville, La Vía Metafísica, nos ha permitido recordar la antigüedad (casi estaría tentado de decir, lo “originario”) de la civilización China. Y esto nos ha inducido a meditar sobre el principio y el fin de los ciclos históricos. De la lectura de los dos puntales del “pensamiento tradicional”, Julius Evola y René Guénon, se deduce que, cuando un ciclo histórico termina, hay que considerar ese fin, no como un “desarreglo” caótico y casual, con características propias, imposibles de prever, sino que se trata de una fatalidad necesaria dentro del orden cósmico universal cuya primera ley es que todo lo que nace termina muriendo. Así pues, podemos hablar del “nacimiento” y de la “mortandad” inevitable de las civilizaciones. Y, entonces se aplica la segunda ley natural de la vida y de la muerte: el momento de la muerte tiene unas características propias que, en sí mismas, constituyen la inversión completa del nacimiento.


VIDA Y MUERTE DE CIVILIZACIONES Y DE PERSONAS

En efecto, en esos dos momentos trascendentales para el nacimiento de un ser vivo, están presentes los mismos rasgos que en el momento de su muerta, solo que invertidos. El recién nacido respira por primera vez al abandonar el seno materno; el ser humano que abandona la vida lo hace por última vez. Su piel es cetrina, arrugada, gastada, mientras que la del ser recién nacido es tersa, suave, luminosa. A partir del nacimiento, el ser humano empieza a recopilar recuerdos e impresiones en su mente; todas estas terminan disolviéndose en el momento de la muerte. El recién nacido tiene por delante, todas las posibilidades que ofrece la existencia humana, mientras que, para el moribundo, ese instante supone un momento irreversible en el que ya no le queda ninguna opción. Podemos deducir, por todo ello, que vida y muerte, son los dos polos de la existencia y que uno es, justamente, la inversión del otro.

Ahora bien, lo que es cierto para el ser humano ¿lo es también para las civilizaciones?

En tanto que occidentales, parecemos haber olvidado que China, si bien no fue la civilización más antigua, si es la única que se ha mantenido presente y constante a lo largo de casi 5.000 años, si damos como cierto el arranque de la civilización china en el año 2.852 antes de Cristo (a.C). Desde entonces ha existido una continuidad, sin interrupción, hasta ahora. Esto implica que la civilización china tiene 4.878 años.

Es cierto que la civilización egipcia es más antigua que la civilización china en términos de organización como Estado unificado y registros históricos. Egipto se unificó como Estado bajo un solo gobernante alrededor del 3.100 a.C. Sus primeras fases culturales y asentamientos agrícolas datan incluso de fechas anteriores, cerca del 4.000 a.C. Pero, de toda aquella civilización solamente quedan restos arqueológicos. El Egipto moderno no tiene absolutamente nada que ver con el Egipto faraónico y apenas tiene relevancia en nuestro tiempo. A diferencia de China, en Egipto no ha existido “continuidad” de civilización, por mucho que su civilización haya sido más “antigua”. La cultura del Antiguo Egipto desapareció tras las conquistas griega y romana, la cultura china ha mantenido un hilo conductor ininterrumpido (escritura, filosofía y tradiciones) desde sus inicios hasta la actualidad.

La lectura de Evola y de Guénon parecen demostrar que “originariamente”, los valores de las civilizaciones orientales eran muy parecidos a los de las occidentales. Sin embargo, hay un momento en el que, Occidente empieza a “despegar” a una mayor velocidad que Oriente. Este fenómeno se conoce en la historia económica como la "Gran Divergencia", según la cual, el período en el que Europa empezó a cambiar y a acelerar su desarrollo por encima de China se sitúa entre los siglos XVI y XVIII.

A pesar de que China fue la civilización más avanzada tecnológicamente durante gran parte de la Edad Media, el ritmo de cambio europeo se disparó debido a que, mientras los chinos parecían desinteresados de lo que ocurría fuera de su espacio geopolítico natural, los europeos experimentaron a partir de finales del siglo XV un irreprimible deseo de viajar a otros continentes.

CHINA – OCCIDENTE, PRIMEROS CONTACTOS

Ya en el siglo XIII, Marco Polo había llegado a China, descubriendo una civilización adelantada que los europeos de la Edad Media ni siquiera podían imaginar, hasta el punto de considerar sus descripciones de los inventos de aquel país como supercherías: uso del papel moneda para intercambios comerciales, del carbón para calentarse, la pólvora utilizada para fuegos artificiales, medidas higiénicas tan necesarias como olvidadas en Europa, servicios logísticos que cruzaban el imperio en tiempo récord, barcos con compartimentos estancos.

Pero fue solo a partir del periplo de Colón en 1492 cuando Europa empezó el “despegue” económico de China. La “Era de los Descubrimientos” permitió abrir rutas comerciales hacia América y Asia que se tradujeron en importantes avances económicos y científicos (especialmente, a partir del siglo XVII). Estos “avances” dieron nacimiento a una nueva mentalidad en Occidente y también a desequilibrios cada vez más frecuentes, mientras que China seguía encerrada en su propio territorio, sin emprender aventuras exteriores y enfocada a mantener la estabilidad interior. China seguía siendo “confucionista”, mientras que en Europa triunfaba el pensamiento científico y cada descubrimiento era un acicate para el siguiente, siempre más y más sofisticado.

Hasta 1750, las regiones más ricas de China tenían un nivel de vida similar a las regiones más prósperas del Reino Unido (protagonista de la Primera Revolución Industrial). Pero a partir de ese momento, el progreso tecno-científico (y, por tanto, económico) opera un despegue creciente de los estándares de vida europeo, mientras que la vida parece hacerse detenido en ese momento en China.

La distancia se convierte en abismal hacia el primer tercio del siglo XX.

A lo largo del siglo XIX, mientras Europa e Inglaterra estaban ya cruzados por ferrocarriles, fábricas de vapor y armas de fuego avanzadas, China seguía siendo una economía agraria. Esta superioridad tecnológica europea se hizo evidente en las Guerras del Opio, donde la tecnología militar occidental derrotó fácilmente a las fuerzas imperiales chinas. El fondo de la cuestión en las Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860) fue el choque entre el libre comercio occidental y el proteccionismo aislacionismo chino.

En el siglo XIX, Europa (especialmente Gran Bretaña) se había convertido en la gran consumidora de productos originarios de china (té, seda, porcelana…). Pero no ocurría a la inversa: los chinos estaban completamente desinteresados por todos los productos fabricados en Europa, esto dio lugar un desequilibrio económico, agravado por el hecho de que China solo aceptaba plata como pago. Cuando las reservas británicas de plata de Gran Bretaña estaban a punto de agotarse, los británicos empezaron a introducir ilegalmente opio (producido en su colonia de la India) en China.

Fue seguramente, una de las medidas más innobles y miserables que adoptó el gobierno británico: el opio era tan adictivo que la balanza comercial se invirtió. China pasó de recibir plata a ver cómo su plata salía del país para pagar la droga. Y lo peor era que, a esto se unía el que millones de chinos se convertían en adictos. Esa adicción se notaba cada vez más en las calles e incluso en el ejército. En 1839, el emperador ordenó confiscar y destruir toneladas de opio británico en Cantón, justa medida de gobierno exigida para mantener la soberanía nacional y la salud pública…. Pero los británicos, clamaron contra lo que consideraban un ataque a la “propiedad privada” y un obstáculo al “libre comercio”.

La destrucción del cargamento de opio constituyó el “casus belli” utilizado por Gran Bretaña para atacar a China. Los tres objetivos británicos fueron alcanzados: se eliminaron los aranceles chinos al opio, se abrieron más puertos al comercio internacional (centralizado hasta entonces solo en el de Cantón) y se otorgó a los diplomáticos occidentales el trato de iguales al emperador- Hasta ese momento cuando los diplomáticos británicos llegaban ante el Emperador, los funcionarios chinos les exigían realizar el Kowtow: arrodillarse tres veces y tocar el suelo con la frente tres veces más en cada ocasión. Sin este gesto, no podía haber trato comercial ni diplomático. Para los británicos, arrodillarse ante otro rey era visto como una humillación inaceptable para un caballero inglés. Pero, para los chinos era el reconocimiento de que el emperador era el garante del orden cósmico y el centro del Universo. Desde Fo-hi, se considera que el Emperador era el Tianzi (Hijo del Cielo) y que su autoridad no terminaba en las fronteras de China, sino que era el gobernante legítimo de "Todo lo que se encontraba bajo el Cielo". Cuando Gran Bretaña exigió ser tratada “como igual” en los tratados, estaba destruyendo la base de la legitimidad imperial. Si el Emperador aceptaba que la Reina Victoria era su igual, admitía que él no era el único Hijo del Cielo...

Los chinos llamaban a los occidentales "bárbaros de pelo rojo" (Hong Mao Fan). Creían que Occidente no tenía una cultura real y que su único interés era el dinero. Por su parte, los occidentales veían a los chinos como una civilización estancada y arrogante que se negaba a entrar en la "modernidad" del derecho internacional.

Cuando una civilización se siente vinculada a sus propios orígenes, su relación con cualquier otra es difícil, sino imposible. El desenlace de las guerras del opio, supuso el inicio del “siglo de la humillación” para China. Aceptar la igualdad de rango entre el Emperador y los diplomáticos ingleses fue más doloroso que la entrega de Hong Kong a la administración londinense.

A partir de las derrotas en las Guerras del Opio, algunos miembros de la élite cultural china, fueron conscientes de que el país debía “imitar” el modelo occidental. El llamado “Movimiento de Autofortalecimiento” que se desarrolló en el último tercio del siglo XIX fue el primer intento serio de modernización. La dinastía Qing intentó adoptar la tecnología occidental sin cambiar su esencia confuciana; se construyeron los primeros arsenales modernos y astilleros, se instalaron telégrafos, fábricas textiles, las tecnologías europeas mejoraron el sector minero. Fue en esos años cuando los primeros estudiantes chinos se matricularon en universidades occidentales. Se trató de un movimiento paradójico, porque los reformistas chinos llamaban a los occidentales “bárbaros”, pero argumentaban que debían “aprender las técnicas superiores de los bárbaros para poder controlarlos”.

La derrota china en la guerra contra el Japón (que vivió una situación similar, pero que se había “occidentalizado” a mayor velocidad) entrañó el fin del primer intento. Había que ir más allá de una mera copia de las estructuras científico-productivas de Occidente. El emperador Guangxu intentó una reforma radical para convertir a China en una monarquía constitucional a la europea. Pero el intento fue aplastado en solo 103 días por un golpe de estado de la emperatriz viuda Cixi.


 

 

 

 







CRÓNICAS DEL FINAL DE LA MODERNIDAD (1) – TRUMP EN CHINA: PREGUNTAS Y RESPUESTAS BREVES

El viaje de Donald Trump a China, del que todavía es pronto para medir las consecuencias, supone una nueva modificación en la política internacional de la Casa Blanca. Contrariamente a lo que presentan los “analistas” y “tertulianos” habituales, no se trata de otra “excentricidad” del presidente norteamericano, sino de la enésima muestra de la rapidez con la que toma decisiones en tiempos cuidadosamente medidos. Vamos a realizar un primer análisis, escueto y sintético de lo que supone este viaje y de por qué se produce ahora:

¿Cuál era el plan inicial de Trump?.- Respuesta: en las primeras semanas de su segunda presidencia, Trump trató de fraguar una alianza antichina con Moscú que no encontró en Putin al interlocutor predispuesto que esperaba. Putin teme que, tras los cuatro años de mandato de Trump, vuelva a sentarse en el Despacho Oval un presidente que crea en la globalización y vuelva a elegir como “enemigo principal” a Rusia.

¿Cuál es el enemigo principal para Trump?.- Respuesta: China, solo China y nada más que China. El realismo se impone en la Casa Blanca: el único competidor mundial que tiene EEUU es China, en tecnología, en potencial económico, en capacidad energética, en geopolítica mundial.


¿Qué iniciativas previas al viaje a China ha acometido Trump?.- Los ataques a la Venezuela Maduro y al Irán de Jamenei tenían como trasfondo el cortar una parte importante del suministro de petróleo a China. Si baja el suministro de crudo, baja también la velocidad de desarrollo de la economía china.

¿Por qué ha elegido Trump este momento para viajar a China? Respuesta.- Las acciones en Venezuela e Irán han demostrado que Trump no duda a la hora de desencadenar conflictos para defender los intereses de EEUU ante China. Ahora Xi Jinping sabe que Trump no quiere ser solo “Premio Nobel de la Paz” sino que sabe emplear la fuerza. A esto se une el que China ha ralentizado su crecimiento económico, y la sociedad china afronta problemas económicos generados por los aranceles y los embargos de determinados chips, a los que se unen errores y fracasos de políticas anteriores (la política demográfica y el endeudamiento de los gobiernos locales). Es, por todo ello, un buen momento para negociar.

¿Servirá para algo el viaje de Trump a China? Respuesta: sí, a corto plazo. Se aleja el peligro de guerra mundial durante unos años y se cambian piezas de ajedrez: China tiene las manos libres para negociar la anexión de Taiwán y EEUU para liquidar conflictos abiertos en Irán, o lograr neutralidad china en Cuba y el descenso de la presión de Pekín en Iberoamérica.

¿Y cuál es el papel de Rusia en este contexto? Respuesta: Rusia es un territorio interminable a los dos lados de los Urales y no ha demostrado ningún interés expansionista en ninguna dirección. Solo quiere garantizar su seguridad (y de ahí el conflicto ucraniano), la prosperidad del país y llevar a la práctica una política “convivencia pacífica” con las otras dos superpotencias.

¿La política exterior de Washington se dirige desde Tel Aviv? Respuesta.- contrariamente a los argumentos antisemitas que ven en el eje Trump-Netanyahu una muestra de que EEUU está dispuesto a embarcarse en cualquier guerra en defensa de Israel, es justamente lo contrario lo que ocurre: la administración de Tel Aviv ve en la política de la Casa Blanca el principal ariete para impedir que Israel siga siendo la única potencia nuclear en la zona y actúa en consecuencia, como aliado de EEUU tratando de que la destrucción de Irán (el único país con tecnología y capital suficientes como para asumir la aventura nuclear) sea lo más completa posible, reforzando con sus misiles la acción acometida por el Pentágono sobre Irán. Dicho de otra manera: Netanyahu se “acopla” a las acciones de Trump y no al revés. El objetivo de Trump no es solo Oriente Medio, es mucho más ambicioso: atacar a Irán para recortar las garras del dragón chino.

¿Y el papel de Europa y de la OTAN? Respuesta: hace lustros el escenario de la economía mundial se ha trasladado del Atlántico Norte al Océano Pacífico, por lo tanto, la OTAN y la UE han dejado de ser capitales para el comercio norteamericano y para el Pentágono. Europa es hoy un “actor” secundario y pasivo en este conflicto, gracias a las políticas de la UE y a los partidos que han gobernado el continente desde 1945: centro-derecha y centro-izquierda.

¿Por qué algunos medios europeos insisten en que “el peligro es Putin”? Respuesta: porque eso les permite transformar la industria del automóvil europea, que pronto colapsaría ante las importaciones de vehículos chinos, en industria de guerra y, para eso hace falta excitar el fantasma del “peligro ruso”. Excitar el “peligro” ruso implica armarse frente a un riesgo inexistente.

¿Por qué sigue activo el conflicto ucraniano? Respuesta: La UE difunde la falacia del “peligro ruso” para rearmarse sabiendo que, de otra forma, la ciudadanía no admitiría la subida del gasto militar, ni la transformación de la industria automovilística alemana en industria militar convencional. Rusia tiene lo que quiere desde las primeras semanas de conflicto (confirmar el control sobre las repúblicas del Donestk y sobre la franja costera que las une a Crimea, zonas que, por otra parte, siempre han sido rusas). Luego está el control sobre las “tierras raras” sobre lo que ya se pusieron de acuerdo Putin y Trump en las primeras semanas de mandato de éste. Es solamente los medios liberal-demócratas norteamericanos y el gobierno franco-alemán que, con sus ayudas, mantienen vivo al régimen de Zelensky.

¿Qué resultados tendrá el viaje de Trump a Pekín a largo plazo? Respuesta: parece inevitable que China alcance la hegemonía tecnológica durante la Cuarta Revolución Industrial. Su política interior, su política exterior y su política comercial no cambiarán: más producción, más exportación, más inversión tecnológica, más papel económico en todo el mundo, y, por consiguiente, más ventaja en la lucha por la hegemonía mundial. El Partido Comunista China es fiel garante de esta política que permanecerá constante e inalterable plan quinquenal tras plan quinquenal. Mientras, los cambios políticos y las administraciones se irán sucediendo y, con ellas oscilaciones en todas sus políticas. China, antes o después, terminará consolidándose, inevitablemente, como el país hegemónico en esta Cuarta Revolución Industrial.

Para demostrar este último punto, hemos elaborado un dossier que pretende ser lo suficientemente rápido como para demostrar de forma inapelable el destino de China. Para ello, vamos a incluir aspectos históricos, concepciones del mundo, datos económicos, consideraciones globales.

 

 

 

 







jueves, 7 de mayo de 2026

Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (5 de 5) – Cinco soluciones sencillas

6. Cinco soluciones radicales a un problema grave para el futuro de España

El problema de la vivienda tiene solución. Incluso es una solución sencilla que no puede desvincularse de otros problemas que afronta en estos momentos nuestro país. El que nos haya seguido hasta aquí, habrá intuido por sí mismo, las soluciones al problema. Podemos identificar, como mínimo, cinco:

PRIMERA SOLUCIÓN: REMIGRACIÓN

Empecemos por el “factor social”. Si se construyen menos viviendas de las que implica aumentar cada año la población en 300—400.000 personas, la primera solución que cae por su propio peso es : remigración. Vienen más de los que el mercado laboral puede acoger y, para colmo, vienen sin ningún tipo de preparación. Si bien su mero peso muerto hace aumentar el PIB año tras año, igualmente, al ser completamente improductivos y, más que eso, auténticos lastres para la economía, el PIB per cápita, va disminuyendo. En bruto: sobran entre cinco y siete millones de inmigrantes. O, dicho de otra manera: además del cierre de fronteras a la inmigración ilegal (“llegas ilegalmente, te deportamos rápidamente”), se impone el retorno de inmigrantes improductivos, en paro, y cuyo balance final entre “aportaciones por trabajo” y “recepción de subsidios” sea negativo para la economía nacional. Por supuesto, remigración de delincuentes, tras cumplir pena de prisión: retirada de nacionalidad, si es que la han obtenido, y repatriación y automática tras cumplir una pena. Estas medidas contribuirían a reducir el fenómeno de la okupación, dar garantías a los propietarios para animarlos a lanzar sus viviendas al mercado de alquiler y, simplemente, aumentar la oferta de vivienda, con lo que el precio de la venta y el alquiler bajaría, especialmente en las “zonas tensionadas”. Por otra parte, si alguien se sorprende de la consigna “españoles primero”, debería tomar cursos de lógica y viajar por el mundo. Especialmente, si recordamos que nuestro país, hoy, es el producto del trabajo de las generaciones que nos precedieron: es de lógica, pero también de justicia, que alguien recién llegado, ilegalmente o nacionalizado al cabo de unos años, tenga los mismos derechos que la población cuyos padres y demás antepasados han contribuido a la construcción del país.

SEGUNDA SOLUCIÓN: REDUCCIÓN DE LOS IMPUESTOS

El Estado y sus múltiples escalones burocráticos son responsables de buena parte del aumento del precio de la vivienda. Y es el “factor económico” sobre el que se puede operar fácilmente. La reducción de la inmigración parasitaria generará un ahorro en subvenciones y subsidios que permitiría bajadas drásticas de impuestos. Obviamente, si estas medidas fueran acompañadas de otros tendentes al ahorro en el gasto público (especialmente, reducción de los escalones administrativos, en gastos inútiles y en subsidios a entidades privadas -sindicatos, partidos, ongs- que, en tanto que, privadas, deben vivir de sus cuotas o de los fondos que ellos mismos recauden), debería permitir la reducción de los impuestos que implica la vivienda y su compra, entre el 50y el 70%. Esto, por otra parte, animaría la inversión privada a retornar al sector de la construcción de vivienda pública y, como siempre que se ha hecho, dinamizaría la economía. Hoy sabemos que las políticas “socialistas” a lo Robin Hood en el mejor de los casos (robar a los ricos para dárselo a los pobres… después de apartar la parte de la banda de ladrones) siempre implican la fuga de capitales, la falta de inversión y, en definitiva, etapas de languidez económica y aumento de la deuda pública. Empobrecimiento, en una palabra.

TERCERA SOLUCIÓN: COMPROMISO DE LOS AYUNTAMIENTOS Y SIMPLIFICACIÓN DE LA ADMON.

La burocracia debe racionalizarse al máximo. Lo cual es posible con los actuales avances de la informática y de la Inteligencia Artificial. Los partidos políticos se han convertido en verdaderas agencias de colocación de sus miembros en cargos administrativos que solamente deberían ofertarse por oposición libre. Hay más funcionarios de los necesarios, más niveles de administración de los que requiere la buena gestión (en Cataluña, además de la administración del Estado, de las Diputaciones Provinciales, de la administración autonómica -que quiere reproducir como fotocopia reducida la del Estado- y la administración municipal… para colmo, existen los “consejos comarcales” a los que se han atribuido funciones de muy escasa envergadura que cualquier otro nivel administrativo habría podido asumir. No es raro que Cataluña sea el líder en el Estado de pago de impuestos y que, el objetivo del nacionalismo independentista, sobre todo, sea la “condonación de la deuda pública”). Además, la administración municipal es lenta, farragosa, cara en lo que se refiere a permisos de construcción y plazos de aprobación de obras. Así pues, por sí mismo, se impone una reducción de la burocracia y un aumento de su eficacia: lo que implica que los puestos de funcionarios no pueden ser inamovibles, que todo funcionario que se siente en un despacho público debe de haber alcanzado su puesto por oposición, que a todo funcionario público debe exigírsele el mismo horario que en cualquier otro puesto de trabajo y que, a fin de cuentas, se trata de que en este terreno se racionalice la administración: menor costa y mayor eficacia. Además, los ayuntamientos son propietarios de suelo público. La lógica implica también que, si un ayuntamiento admite empadronar cada año a 2.000 nuevos ciudadanos… deberá liberalizar suelo y facilitar la construcción, como mínimo de entre un tercio y la mitad de viviendas par albergarlos (entre 700 y 1.000 viviendas) y puede hacerlo liberalizando suelo y reduciendo impuestos municipales.

CUARTA SOLUCIÓN: INDUSTRIALIZACIÓN DE LA CONSTRUCCIÓN

Es preciso racionalizar los procesos constructivos al máximo, introduciendo nuevas técnicas de construcción. Los actuales son lentos, exigen mucho personal cualificado, los costes de material son imposibles de detener en tanto que dependen de múltiples factores internacionales. Pero lo que si se puede tender es a la reducción de los tiempos de construcción y estos implica tender a las construcciones modulares, a los prefabricados, a la construcción industrial. Y esto es posible, especialmente en la construcción de viviendas, en un momento en el que escasea el personal cualificado y estamos en vísperas de la revolución de la robótica que, antes o después, penetrará en el sector. Así pues, el aumento en el precio de los materiales, podría compensarse suficientemente con un aumento paralelo de la automatización y la industrialización: la construcción de módulos en talleres no particularmente grandes, fabricados en serie, que luego pueden instalarse como piezas de un “lego” gigantesco, contribuiría a racionalizar las obras, evitar que unos días no se pudiera trabajar a causa del tiempo, que se produjeran la mayor parte de accidentes laborales, o que las viviendas construidas por operarios de poca o nula experiencia y con materiales deficientes, mermaran la calidad de las viviendas.

QUINTA SOLUCIÓN: ELIMINACIÓN DE LOS “PISOS TURÍSTICOS”

Las aplicaciones que tienden al alquiler de viviendas turísticas, simplemente, deberían cerrar. Sin excepción. El sistema anterior de contratación resultaba mucho más equilibrado para evitar los procesos de gentrificación en el centro de las grandes ciudades. Por lo demás, las empresas que se dedican a ese tipo de negocio quedarían forzadas a convertirse en empresas de hostelería convencionales, lo que aumentaría los volúmenes de contratación de personal y las plazas hoteleras, sin competencia desleal. En cuanto a los particulares que desearan alquilar habitaciones, especialmente para estudiantes o trabajadores de paso, simplemente deberían de darse de alta en webs gestionadas por los ayuntamientos. Esta medida, además de contribuir al negocio hotelero y hostelero, generaría puestos de trabajo y, obligaría a particulares y a propietarios, o bien a vender sus pisos o bien a situarlos en el mercado de la vivienda convencional, lo que, unido a las medidas anteriores, contribuiría a restablecer la normalidad del sector e, incluso, a rebajar los precios de la vivienda de propiedad y de alquiler al aumentar drásticamente la oferta.

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Creemos que estas cinco medidas están al alcance de un gobierno dispuesto a solucionar los problemas generados por la vivienda. La izquierda ha planteado este objetivo tomando como señuelos de sus ataques, a elementos muy secundarios y que no dependen más que de la coyuntura (como los ataques a la banca cuyos tipos de interés no los fijan ellos, sino el Banco Central Europeo). Los propios bancos han extraído lecciones de la crisis de las subprime y no están dispuestos a dar hipotecas por el 120% como hace 20 años. Por lo demás, la situación económica del país no permitiría un segundo rescate a la banca como el que realizo Zapatero durante la crisis.

Ninguna de estas medidas es contraproducente para la economía nacional. La remigración masiva solamente generaría una bajada del PIB, pero contribuiría también a que el precio de la vivienda de propiedad y de alquiler, se abaratara. No sería preciso construir tantas viviendas, porque la población del país se habría estabilizado y, a partir de ese momento, si sería ocasión de ofrecer incentivos fiscales a las nuevas parejas que desearan tener hijos. Por otra parte, aunque disminuyera el PIB, el PIB per cápita aumentaría.

Vale la pena meditar sobre el alcance de estas cinco medidas que, indudablemente, no podrían ser implantadas aisladamente, sino como aspectos integrados dentro de un programa de recuperación identitaria y de regeneración económico-social y promovido por un verdadero gobierno de “salvación nacional”.

 

 










Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (4 de 5) – La construcción ¿buen o mal negocio?

5. La construcción: un negocio de escaso “valor añadido”

La idea según la cual los “constructores” se dedican a una actividad particularmente lucrativa y construyen el principal factor desencadenante de los ascensos en el precio de la vivienda, era cierto en el pasado… pero ya no lo es. La mala fama de los “constructores” ha sido sustituida hoy por la voracidad de las diferentes administraciones del Estado que se llevan uno de cada cuatro euros del precio de la vivienda…

Desde siempre, la construcción ha presentado niveles de productividad y valor añadido inferiores a los de otros sectores como la industria manufacturera o los servicios tecnológicos. A nivel mundial, la productividad en la construcción ha crecido apenas una cuarta parte de lo que lo ha hecho la industria manufacturera en las últimas décadas y, al menos en España, apenas se han registrado avances tecnológicos en el sector. A diferencia de las empresas dedicadas a la “obra pública”, concentradas en pocas grandes empresas con contratos desmesurados y uno de los principales factores de corrupción y cobro de comisiones ilegales, las empresas que construyen viviendas son mayoritariamente pequeñas empresas y autónomos, frecuentemente bajo la forma de “sociedades limitadas”, lo que dificulta las economías de escala y la inversión en I+D. Los beneficios netos suelen oscilar entre el 5% y el 10%. En España, por ejemplo, construir vivienda es un 12,5% menos rentable que en el resto de Europa debido a costes crecientes y carga fiscal.

La tendencia de los sectores más avanzados del sector es a la “construcción industrial”, módulos prefabricados que se arman como un “lego” en el emplazamiento de la obra. Esto, apenas se hace en España, en donde existe muy poco personal que conozca estas técnicas que están penetrando muy lentamente y de forma absolutamente minoritaria. España sigue siendo el país en donde un albañil “espabilado” decide trabajar por su cuenta en lugar de para un patrón. Incluso en estos tiempos, más que a la construcción de nuevos edificios, este albañil suele dedicarse a “reformas”.

A pesar de su escaso valor añadido y de la nula penetración de las nuevas tecnologías (salvo en el estadio del diseño), el valor indirecto del sector de la construcción es importante para la economía nacional al movilizar a la industria de materiales, servicios financieros, arquitectura e ingeniería. Globalmente, representa en estos momentos en España entre el 5,3% - 5,7% del PIB. Es también un motor fundamental de ocupación, con más de 1,4 millones de afiliados en España en 2024-2025.

Ahora bien, en el sector de la construcción estamos lejos de los salarios que cobraban peones y oficiales albañiles o yeseros a principios durante la primera década del milenio y que indujo a una parte de nuestra juventud a abandonar los estudios y dedicarse a la construcción. Aunque los salarios actuales pueden parecer mayores en cifra absoluta, no han crecido al mismo ritmo que la inflación y el coste de vida, lo que se traduce en una pérdida de poder adquisitivo. Para hacerse una idea del desastre salarial del sector, estos simples datos bastan: en 2007 un oficial de 1ª cobraba mensualmente entre 2.000 y 3.000 euros, en 2.026, apenas cobra entre 1.800 y 2.100 euros, mientras que un peón en 2007 percibía entre 1.200 y 1.500 euros y actualmente entre 1.100 y 1.300. Y esto sin contar la inflación acumulada que en España entre enero de 2007 y mayo de 2026 es de aproximadamente un 48%... En otras palabras, lo que en 2007 costaba 1.000 €, hoy requiere unos 1.480 € para mantener el mismo poder adquisitivo.

Esto explica, por sí mismo, dos fenómenos que están protagonizando el sector de la construcción en estos momentos: por una parte, los salarios no han subido lo suficiente para atraer a los jóvenes españoles, quienes prefieren otros sectores con condiciones laborales menos penosas por sueldos similares; por otra, la inmigración masiva se ha incorporado al sector de la construcción (hoy, uno de cada cuatro trabajadores es extranjero, pero, en realidad, a esto hay que sumar los extranjeros que han obtenido nacionalidad española, con lo que estamos en torno a 50% de trabajadores españoles y 50% de origen extranjero), con un fenómeno nuevo e inédito: un altísimo nivel, récor histórico, de absentismo laboral.

En efecto, el absentismo en el sector de la construcción en España alcanzó en 2025 su máximo histórico, situándose en el 6,2% de las horas pactadas. Aunque tradicionalmente ha sido el sector con menor absentismo en comparación con la industria o los servicios, la tasa ha crecido de forma alarmante, duplicándose en la última década. Lamentablemente, para los que explican que la inmigración es la solución a todos los problemas, un análisis superficial indica que el único elemento nuevo que ha aparecido en la ecuación en los últimos diez años, ha sido la incorporación masiva de inmigrantes al sector. Cada trabajador del sector perdió una media de 113 horas anuales (unas 14 jornadas completas o casi tres semanas de trabajo). Se estima que, en la práctica, por cada 16 trabajadores contratados, solo 15 están trabajando de forma efectiva. Las bajas por enfermedad común o accidente concentran el 72% del crecimiento del absentismo desde 2018. Desde hace dos décadas, es habitual que marroquíes con alguna dolencia de espalda, entren a trabajar en una empresa de construcción y al poco tiempo acudan al médico para gestionar una “incapacidad laboral” que les da derecho a percibir una pensión. Por otra parte, han aumentado las bajas “psiquiátricas” muy difíciles de determinar si son auténticas o meras excusas para realizar “chapuzas” o “ñapas” para vecinos, amigos o familiares. Si tenemos en cuenta que las cifras que hemos presentado han sido dadas por el ministerio de trabajo y que éste tiende siempre a enmascarar los datos reales (se estima que el paro real en España, por ejemplo, es casi el doble del admitido oficialmente), es posible que todas estas cifras sean mucho más dramáticas aún.

Según la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), el absentismo tiene para las empresas un coste superior a los 3.500 millones de euros anuales, lo que equivale al 1,7% de las ventas totales del sector.

En 2025, el número de trabajadores extranjeros en el régimen general de la construcción se sitúa en torno a los 243.480 afiliados. Oficialmente, representan el 23,2% de todos los empleados inscritos en el sector. Los colectivos más numerosos en el sistema de Seguridad Social (incluyendo otros sectores) proceden de Marruecos, Rumanía, Colombia y Venezuela. El 88,6% de los trabajadores extranjeros en España ya cuenta con un contrato indefinido, una tasa ligeramente superior incluso a la de los trabajadores nacionales (88,4%), siempre según cifras oficiales.

En las obras del Estadio del Barcelona (verdadero “parto de los montes” que arrancó en 2023 y todavía distan mucho de haber concluido, funcionando el estadio en el momento de escribir estas líneas al 60% de su capacidad total), buena parte del impresionante retraso se ha debido a conflictos laborales y altercados violentos entre grupos nacionales de trabajadores inmigrantes: octubre de 2024, pelea multitudinaria en la que participaron entre 20 y 30 operarios de nacionalidad albanesa y rumana; el enfrentamiento incluyó el uso de palos y barras y se saldó con seis heridos leves; mayo de 2024: altercado previo fuera del recinto, en la calle Arístides Maillol, que terminó con dos heridos y cuatro detenidos; la mayoría de los involucrados en las peleas pertenecían a empresas subcontratadas externas y residían temporalmente en hoteles de Calella. El FC Barcelona ha instado a la constructora principal, la turca Limak, a extremar la seguridad y el control de estas subcontratas tras repetirse estos episodios.

El sector de la construcción será, aparentemente, uno de los más beneficiados por el proceso de regularización extraordinaria de 2026, ya que permite formalizar la situación de miles de personas que ya trabajaban de forma irregular, ayudando a cubrir las vacantes que las empresas no logran llenar con personal local… eso, al menos, es lo que dice la publicidad oficialista. Pero la realidad es muy diferente: la inmensa mayoría de los inmigrantes que han llegado a España desde principios del milenio carecían por completo de formación laboral. La han ido adquiriendo a lo largo de su estancia en España y, por lo demás, un buen albañil o un buen peón, no nacen de la concesión de los papeles de regularización, sino de su experiencia previa en el sector. De lo contrario, en una obra resulta extremadamente peligroso contratar a personal sin conocimientos expresos y prácticos en una obra. Incluso en los sectores en los que el trabajo es más simple (albañiles “en seco” o pladuristas), hace falta experiencia y “rodaje” para poder efectuar correctamente el trabajo. Además, por supuesto, de conocer bien el idioma… lo que no es el caso de la inmensa mayoría de los que se acogerán a la regularización que carecen de lo uno y de lo otro. Así pues, nos atrevemos a prever que la “regularización” masiva, lejos de resolver el problema de la construcción terminará agravándolo aún más.

Luego, está la subida en el precio de los materiales de construcción (un 5,46% en el último año). Cemento y hormigón, son los materiales que más presión mantienen debido a los costes energéticos de su fabricación. El cemento ha acumulado subidas de hasta el 45% en los últimos cinco años y se prevé un alza adicional del 2% al 5% en 2026. Muy afectados por la transición energética (demanda de cables y perfiles solares), tendrán un incremento de entre el 5% y el 8% para este año. La cerámica y los revestimientos siguen a un alza del 12% debido al encarecimiento del gas necesario para los hornos.

Es cierto que el precio de los materiales de construcción es el rubro menor en el sector de la construcción, pero estas alzas tienen su incidencia en el precio final de la vivienda. Con todo, el Estado y sus distintos y múltiples niveles administrativos, constituyen uno de los primeros factores de encarecimiento de la vivienda. Los ayuntamientos dependen mucho de la construcción para financiarse, por lo que rara vez bajan sus tasas. Por ejemplo, la mayoría de ayuntamientos aplican el impuesto máximo legal permitido (4% sobre el coste de la obra). Aunque algunos municipios bajan el tipo para incentivar reformas, la tendencia general es mantenerlo alto para compensar otros gastos. Las tasas por tramitación de licencias y ocupación de vía pública (vallas, andamios) suelen actualizarse anualmente con el IPC, lo que supone una subida constante en términos nominales.

Las 17 taifas autonómicas no suelen cobrar impuestos directos a la constructora como entidad, pero sí afectan a su negocio a través de impuestos que gravan la compra de suelo y las escrituras. Algunas comunidades ofrecen tipos reducidos para viviendas protegidas o para jóvenes, lo que ayuda a la constructora a vender, pero los tipos generales se mantienen estables o suben ligeramente para financiar servicios públicos (y/o el pago de comisiones y corruptelas generalizadas). Los cánones de saneamiento y residuos han subido en casi todas las comunidades para cumplir con las nuevas normativas medioambientales europeas sobre gestión de escombros…  

Las cotizaciones a la Seguridad Social y las aportaciones obligatorias al nuevo Plan de Pensiones del Sector de la Construcción han incrementado el coste real por trabajador para la empresa, lo que funciona como un "impuesto indirecto" a la actividad.

Para una empresa que cubra todo el ciclo (compra de suelo, gestión de la promoción y construcción propia), el beneficio neto promedio suele oscilar entre el 10% y el 15% sobre el valor total de la inversión (Ventas), aunque este margen se ha estrechado en los últimos dos años, mientras que los riesgos han ido en aumento. Ahora bien, es fundamental distinguir entre el beneficio de “construir” y el de “promover”, ya que son riesgos y rentabilidades muy distintos: la constructora tiene un margen neto muy ajustado: entre el 2% y el 5% y un riesgo alto debido a que cualquier subida inesperada en el precio de los materiales o retraso en la obra puede “comerse” todo el beneficio. Como vimos antes, con costes subiendo al 5,4%, muchas constructoras trabajan hoy al límite de la rentabilidad. Si la empresa compra el suelo y gestiona el proyecto su margen neto es mayor: entre el 12% al 18%, pero con un alto nivel de riesgo financiero y comercial si la obra no se vente o el suelo se deprecia por cualquier motivo. Al haber subido los tipos de interés también se ha elevado la “carga financiera” (pedir dinero al banco para construir sea mucho más caro que durante la década pasada). Además del salario de los trabajadores, las empresas pagan aproximadamente un 33-35% adicional sobre el salario bruto de cada albañil u oficial en concepto de Seguridad Social. Si un oficial cuesta 2.500 € al mes a la empresa, unos 800 € van directos al Estado antes de que el trabajador vea su nómina.

En cuanto a las “promotoras-constructoras”, en las que una misma empresa lo hace todo, el beneficio medio se desglosa aproximadamente en una vivienda de precio de mercado:

- Coste del Suelo: 20-25% del precio final.
- Coste de Construcción (PEM + Beneficio Industrial): 45-50%.
- Gastos (Licencias, financiación, marketing): 10-15%.
- Beneficio antes de impuestos (Margen del promotor): 10-15%.

En una promoción inmobiliaria estándar en España, la suma de todos los impuestos suele representar entre el 20% y el 25% del precio final de la vivienda. Una vez que la empresa descuenta todos sus costes (suelo, materiales, sueldos) y obtiene su beneficio neto, debe pagar una cuarta parte de sus beneficios al Estado: Si la empresa gana 100.000 € limpios, el Estado se queda con 23.000 € - 25.000 €. En las ventas de viviendas, se suma el 10% del precio de venta que paga el comprador, pero recauda el Estado. En locales o garajes independientes, sube al 21%. A lo que hay que sumar entre el 0,5% y el 1,5% (según taifa) por las escrituras de obra nueva y división horizontal. Luego está el “Impuesto de Construcción” que supone el 4% sobre el coste real de la obra (el presupuesto de ejecución material) que va directo al Ayuntamiento y las tasas municipales, licencias de obras, de primera ocupación y tasas de gestión de residuos (aproximadamente el 1-2% del coste de construcción).

Para las empresas de la construcción, el margen es, realmente, mucho más pequeño de lo que la imaginación popular deja entrever. El gran beneficiario y el gran responsable de la elevación del precio de la vivienda es el Estado y sus diferentes niveles burocrático-administrativos. Vale la pena no olvidarlo cuando se discute sobre las responsabilidades en el aumento del precio de la vivienda.