jueves, 7 de mayo de 2026

Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (1 de 5) – Las promesas electorales del sanchismo, brindis al sol

Miente quien diga que el problema de la vivienda no tiene solución y miente todavía más quien dice que “el gobierno hace todo lo que puede” para controlar los precios de la vivienda de propiedad y de alquiler. En realidad, no es que no solamente no hace lo que puede, sino que las muy escasas medidas que ha adoptado, han sido torpes, ignorantes y han terminado complicando aún más el tema. Vivienda es otro de esos temas en los que las políticas de gobierno y oposición deberían de estar unificadas: el tema es lo suficientemente importante y decisivo para la sociedad como para que se imponga el sentido común por delante de los intereses partidocráticos. La función de este artículo es, por una parte, examinar la situación global de la vivienda en España a fecha de hoy y, en segundo lugar, establecer por qué cada día que pasa se pone más imposible. Lo que nos llevará, casi directamente, a establecer algunas líneas para resolverlo.

1. ¡Ah! ¿pero existe una política de la vivienda?

En las anteriores elecciones, el sanchismo todavía creía poder atraer el voto juvenil. Como en todos los procesos electorales, lanzó las promesas más absurdas e imposible de cumplir (entre otras cosas por su desmesura, pero también por la falta de voluntad política). Cuando se convocaron las elecciones de 2023, ya había margen más que suficiente para tener la absoluta certidumbre de que Sánchez era un mentiroso compulsivo. Había accedido al poder con una moción de censura en 2018, tras las elecciones generales de 2019, fue investido nuevamente en enero de 2020, liderando el primer gobierno de coalición de la democracia reciente junto a Unidas Podemos. En 2023, llevaba, por tanto, ejerciendo el poder desde el 2 de junio de 2018 y NI UNA SOLA de las promesas realizadas en la moción de censura contra Rajoy, se habían cumplido.

En aquella ocasión, adquirió el compromiso de lograr una “regeneración democrática”. Palabras. En 2023, ya estaba más que claro que los aforamientos seguían igual que en los 40 años anteriores, a pesar de haber prometido acabar con ellos en “60 días”; no digamos en lo que a lucha contra la corrupción se refiere: en 2016, antes de asumir la presidencia del Gobierno, se refirió en el debate electoral ‘a cuatro’ del 26 de junio a ese código ético y a la obligación de “asumir responsabilidades cuando un político se sienta en el banquillo”. Hoy sabemos que, a los imputados, o se les da una patada para arriba, o se les busca abogado o se hace gala del “derecho a la presunción de inocencia”, incluso con condenas en firme. Y, si se trata de condenados por las máximas instancias judiciales, se les indulta y en paz. Por no hablar de las promesas de campaña del partido de reducir a dos los mandatos presidentes (Sánchez va por el ternero e insiste en su intención de concurrir como candidato en las próximas elecciones generales. Tras reprochar a Rajoy abusar de reales decretos ley, en 2025 estaba más claro que Sánchez era, con mucho, el presidente que más decretos había firmado (155 en 7 años, contra 129 de Felipe González en 14 años, los 127 de José María Aznar, los 108 de José Luis Rodríguez Zapatero y los 107 de Rajoy en siete años). En 2018 también sostenía el “compromiso” de “unos servicios públicos de información y, por tanto, una RTVE que no esté al albur ni al dictado de ningún Gobierno ni de ningún partido”… pero, desde el primer momento convirtió a RTVE en un mero instrumento mediático al servicio de sí mismo. Y todavía estaba por llegar los giros copernicanos que ha ido dando a su política exterior, por no hablar de los casos de corrupción que ya pueden considerarse como patrimonio indisoluble de su período de gobierno…

Por tanto, no era de extrañar que también en el terreno de la vivienda, sus promesas electorales, realizadas a lo largo de la campaña electoral de 2023, fueran papel mojado. Básicamente, en aquella ocasión las promesas se centraron en construir un gran volumen de inmuebles… para facilitar el acceso a los jóvenes. Las cifras fueron variando a medida que se aproximaba la fecha de las elecciones: desde 183.000 hasta un cuarto de millón. Solamente en la “Operación Campamento” prometió construir 10.700 viviendas públicas y asequibles en terrenos militares en desuso. Tras años después, exactamente el 12 de enero de 2026, Sánchez se fotografió delante de un tractor que inició los trabajos de demolición del antiguo acuartelamiento "Teniente Muñoz Castellanos" en Madrid… que, tras la foto, prosiguieron con inusitada lentitud. Se prevé que las “primeras viviendas” se entregarán en 2028, si es que se entregan, esto es, después de las próximas elecciones generales…

En cuanto a los “Avales del ICO para hipotecas” que debían cubrir hasta el 20% de la hipoteca de jóvenes menores de 35 años y familias con menores a cargo, no ha ido mucho mejor. No se trata de una deducción, ni siquiera de un préstamo, sino de un simple “aval” que obliga al usuario -el joven en busca de una vivienda- a pedir el 100% de la hipoteca, con lo que la deuda es significativamente mayor, lo que resulta en cuotas mensuales más altas durante 20, 25 o 30 años… lo que conlleva pagar más intereses totales al banco en comparación con una hipoteca estándar (del 80%). Regalo envenenado, le llaman… Por cierto, para acceder, uno de los requisitos más estrictos es “haber permanecido en España durante dos años”, lo que permite entender que, puestos a competir en necesidades, las familias inmigrantes con varios hijos, tienen prioridad sobre cualquier otro aspirante. La norma se dictó cuando ya era del dominio público que la inmigración tiene entre dos y tres veces más hijos (por tanto, más necesidades y, por eso mismo, prioridad absoluta) que las familias de origen español (con menos de un hijo por término medio).

Pero, quizás, la promesa más torpe fue el compromiso a consolidar y reforzar esta ayuda directa de 250 euros mensuales para facilitar la emancipación: lo que se conoce como Bono de Alquiler Joven. Cuando se realizó la promesa, el gobierno socialista de Zapatero ya había implementado un subsidio al alquiler, mientras Carmen Chacón era ministra de la vivienda, cuyo resultado hacía sido nefasto: los 200 euros de subvención se tradujeron desde el mismo día de establecimiento de la norma, en 200 euros de subida de los alquileres. Y, por lo demás, también aquí se establecieron “prioridades” que suponían una “discriminación positiva” para la inmigración (y, por tanto, una “discriminación negativa” para los autóctonos).

Pero, donde las promesas de Sánchez están más lejos de cumplirse es en el objetivo de elevar el parque de vivienda pública en España hasta el 20%, para aproximarlo a la media de los países europeos más avanzados en esta materia. Aquí y ahora, el parque de vivienda pública en España apenas representa entre el 2% y el 3,3% del total. Llegar al estándar del 20% de países como Dinamarca o Suecia, o al 30% de Países Bajos, requeriría construir o movilizar más de un millón de viviendas adicionales. Hoy, España cuenta con aproximadamente 318.000 viviendas públicas. La principal causa de este bajo porcentaje histórico ha sido la “desprotección automática” de las VPO, que pasaban al mercado libre tras unos años.

Y es que, aquí y ahora, España invierte unos 34 euros por habitante en vivienda, cuatro veces menos que la media europea. Y, si bien es cierto que, en 2026, el 20% de las viviendas iniciadas en España son protegidas (un aumento significativo respecto al 15% anterior), este ascenso se debe a que el número de viviendas construidas por empresas privadas ha descendido notablemente y está muy por debajo de las necesidades.

En 2025 se terminaron 110.000 viviendas terminadas, manteniendo la tendencia al alza del año anterior, prácticamente lo mismo que el año anterior y en 2023 se terminaron 88.230 viviendas aproximadamente (un 11,7% menos que en 2024). La media de pisos entregados durante los años del sanchismo indica que la población crece a mucha más velocidad que la construcción de viviendas públicas y privadas: anualmente, para satisfacer la demanda, hacen falta construir entre 150.000 y 200.000 viviendas anuales para equilibrar el mercado

Realicemos alguna comparación: en el año 2000, se terminaron 433.000 viviendas aproximadamente. De estas, la inmensa mayoría correspondieron a la iniciativa privada, ya que el peso de la vivienda protegida (VPO) empezó a descender drásticamente a finales de los 90. Al año siguiente ascendió a 450.000 unidades y en el 2003 se alcanzó un hito histórico al superarse por primera vez las 600.000 viviendas en construcción simultánea.

A pesar de esto, durante ese período el precio de la vivienda se disparó (hasta la explosión de la burbuja inmobiliaria y la crisis de las hipotecas ya en el período zapaterista). Más adelante explicaremos el motivo.