jueves, 7 de mayo de 2026

Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (4 de 6) – La construcción ¿buen o mal negocio?

5. La construcción: un negocio de escaso “valor añadido”

La idea según la cual los “constructores” se dedican a una actividad particularmente lucrativa y construyen el principal factor desencadenante de los ascensos en el precio de la vivienda, era cierto en el pasado… pero ya no lo es. La mala fama de los “constructores” ha sido sustituida hoy por la voracidad de las diferentes administraciones del Estado que se llevan uno de cada cuatro euros del precio de la vivienda

Desde siempre, la construcción ha presentado niveles de productividad y valor añadido inferiores a los de otros sectores como la industria manufacturera o los servicios tecnológicos. A nivel mundial, la productividad en la construcción ha crecido apenas una cuarta parte de lo que lo ha hecho la industria manufacturera en las últimas décadas y, al menos en España, apenas se han registrado avances tecnológicos en el sector. A diferencia de las empresas dedicadas a la “obra pública”, concentradas en pocas grandes empresas con contratos desmesurados y uno de los principales factores de corrupción y cobro de comisiones ilegales, las empresas que construyen viviendas son mayoritariamente pequeñas empresas y autónomos, frecuentemente bajo la forma de “sociedades limitadas”, lo que dificulta las economías de escala y la inversión en I+D. Los beneficios netos suelen oscilar entre el 5% y el 10%. En España, por ejemplo, construir vivienda es un 12,5% menos rentable que en el resto de Europa debido a costes crecientes y carga fiscal.

La tendencia de los sectores más avanzados del sector es a la “construcción industrial”, módulos prefabricados que se arman como un “lego” en el emplazamiento de la obra. Esto, apenas se hace en España, en donde existe muy poco personal que conozca estas técnicas que están penetrando muy lentamente y de forma absolutamente minoritaria. España sigue siendo el país en donde un albañil “espabilado” decide trabajar por su cuenta en lugar de para un patrón. Incluso en estos tiempos, más que a la construcción de nuevos edificios, este albañil suele dedicarse a “reformas”.

A pesar de su escaso valor añadido y de la nula penetración de las nuevas tecnologías (salvo en el estadio del diseño), el valor indirecto del sector de la construcción es importante para la economía nacional al movilizar a la industria de materiales, servicios financieros, arquitectura e ingeniería. Globalmente, representa en estos momentos en España entre el 5,3% - 5,7% del PIB. Es también un motor fundamental de ocupación, con más de 1,4 millones de afiliados en España en 2024-2025.

Ahora bien, en el sector de la construcción estamos lejos de los salarios que cobraban peones y oficiales albañiles o yeseros a principios durante la primera década del milenio y que indujo a una parte de nuestra juventud a abandonar los estudios y dedicarse a la construcción. Aunque los salarios actuales pueden parecer mayores en cifra absoluta, no han crecido al mismo ritmo que la inflación y el coste de vida, lo que se traduce en una pérdida de poder adquisitivo. Para hacerse una idea del desastre salarial del sector, estos simples datos bastan: en 2007 un oficial de 1ª cobraba mensualmente entre 2.000 y 3.000 euros, en 2.026, apenas cobra entre 1.800 y 2.100 euros, mientras que un peón en 2007 percibía entre 1.200 y 1.500 euros y actualmente entre 1.100 y 1.300. Y esto sin contar la inflación acumulada que en España entre enero de 2007 y mayo de 2026 es de aproximadamente un 48%... En otras palabras, lo que en 2007 costaba 1.000 €, hoy requiere unos 1.480 € para mantener el mismo poder adquisitivo.

Esto explica, por sí mismo, dos fenómenos que están protagonizando el sector de la construcción en estos momentos: por una parte, los salarios no han subido lo suficiente para atraer a los jóvenes españoles, quienes prefieren otros sectores con condiciones laborales menos penosas por sueldos similares; por otra, la inmigración masiva se ha incorporado al sector de la construcción (hoy, uno de cada cuatro trabajadores es extranjero, pero, en realidad, a esto hay que sumar los extranjeros que han obtenido nacionalidad española, con lo que estamos en torno a 50% de trabajadores españoles y 50% de origen extranjero), con un fenómeno nuevo e inédito: un altísimo nivel, récor histórico, de absentismo laboral.

En efecto, el absentismo en el sector de la construcción en España alcanzó en 2025 su máximo histórico, situándose en el 6,2% de las horas pactadas. Aunque tradicionalmente ha sido el sector con menor absentismo en comparación con la industria o los servicios, la tasa ha crecido de forma alarmante, duplicándose en la última década. Lamentablemente, para los que explican que la inmigración es la solución a todos los problemas, un análisis superficial indica que el único elemento nuevo que ha aparecido en la ecuación en los últimos diez años, ha sido la incorporación masiva de inmigrantes al sector. Cada trabajador del sector perdió una media de 113 horas anuales (unas 14 jornadas completas o casi tres semanas de trabajo). Se estima que, en la práctica, por cada 16 trabajadores contratados, solo 15 están trabajando de forma efectiva. Las bajas por enfermedad común o accidente concentran el 72% del crecimiento del absentismo desde 2018. Desde hace dos décadas, es habitual que marroquíes con alguna dolencia de espalda, entren a trabajar en una empresa de construcción y al poco tiempo acudan al médico para gestionar una “incapacidad laboral” que les da derecho a percibir una pensión. Por otra parte, han aumentado las bajas “psiquiátricas” muy difíciles de determinar si son auténticas o meras excusas para realizar “chapuzas” o “ñapas” para vecinos, amigos o familiares. Si tenemos en cuenta que las cifras que hemos presentado han sido dadas por el ministerio de trabajo y que éste tiende siempre a enmascarar los datos reales (se estima que el paro real en España, por ejemplo, es casi el doble del admitido oficialmente), es posible que todas estas cifras sean mucho más dramáticas aún.

Según la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), el absentismo tiene para las empresas un coste superior a los 3.500 millones de euros anuales, lo que equivale al 1,7% de las ventas totales del sector.

En 2025, el número de trabajadores extranjeros en el régimen general de la construcción se sitúa en torno a los 243.480 afiliados. Oficialmente, representan el 23,2% de todos los empleados inscritos en el sector. Los colectivos más numerosos en el sistema de Seguridad Social (incluyendo otros sectores) proceden de Marruecos, Rumanía, Colombia y Venezuela. El 88,6% de los trabajadores extranjeros en España ya cuenta con un contrato indefinido, una tasa ligeramente superior incluso a la de los trabajadores nacionales (88,4%), siempre según cifras oficiales.

En las obras del Estadio del Barcelona (verdadero “parto de los montes” que arrancó en 2023 y todavía distan mucho de haber concluido, funcionando el estadio en el momento de escribir estas líneas al 60% de su capacidad total), buena parte del impresionante retraso se ha debido a conflictos laborales y altercados violentos entre grupos nacionales de trabajadores inmigrantes: octubre de 2024, pelea multitudinaria en la que participaron entre 20 y 30 operarios de nacionalidad albanesa y rumana; el enfrentamiento incluyó el uso de palos y barras y se saldó con seis heridos leves; mayo de 2024: altercado previo fuera del recinto, en la calle Arístides Maillol, que terminó con dos heridos y cuatro detenidos; la mayoría de los involucrados en las peleas pertenecían a empresas subcontratadas externas y residían temporalmente en hoteles de Calella. El FC Barcelona ha instado a la constructora principal, la turca Limak, a extremar la seguridad y el control de estas subcontratas tras repetirse estos episodios.

El sector de la construcción será, aparentemente, uno de los más beneficiados por el proceso de regularización extraordinaria de 2026, ya que permite formalizar la situación de miles de personas que ya trabajaban de forma irregular, ayudando a cubrir las vacantes que las empresas no logran llenar con personal local… eso, al menos, es lo que dice la publicidad oficialista. Pero la realidad es muy diferente: la inmensa mayoría de los inmigrantes que han llegado a España desde principios del milenio carecían por completo de formación laboral. La han ido adquiriendo a lo largo de su estancia en España y, por lo demás, un buen albañil o un buen peón, no nacen de la concesión de los papeles de regularización, sino de su experiencia previa en el sector. De lo contrario, en una obra resulta extremadamente peligroso contratar a personal sin conocimientos expresos y prácticos en una obra. Incluso en los sectores en los que el trabajo es más simple (albañiles “en seco” o pladuristas), hace falta experiencia y “rodaje” para poder efectuar correctamente el trabajo. Además, por supuesto, de conocer bien el idioma… lo que no es el caso de la inmensa mayoría de los que se acogerán a la regularización que carecen de lo uno y de lo otro. Así pues, nos atrevemos a prever que la “regularización” masiva, lejos de resolver el problema de la construcción terminará agravándolo aún más.

Luego, está la subida en el precio de los materiales de construcción (un 5,46% en el último año). Cemento y hormigón, son los materiales que más presión mantienen debido a los costes energéticos de su fabricación. El cemento ha acumulado subidas de hasta el 45% en los últimos cinco años y se prevé un alza adicional del 2% al 5% en 2026. Muy afectados por la transición energética (demanda de cables y perfiles solares), tendrán un incremento de entre el 5% y el 8% para este año. La cerámica y los revestimientos siguen a un alza del 12% debido al encarecimiento del gas necesario para los hornos.

Es cierto que el precio de los materiales de construcción es el rubro menor en el sector de la construcción, pero estas alzas tienen su incidencia en el precio final de la vivienda. Con todo, el Estado y sus distintos y múltiples niveles administrativos, constituyen uno de los primeros factores de encarecimiento de la vivienda. Los ayuntamientos dependen mucho de la construcción para financiarse, por lo que rara vez bajan sus tasas. Por ejemplo, la mayoría de ayuntamientos aplican el impuesto máximo legal permitido (4% sobre el coste de la obra). Aunque algunos municipios bajan el tipo para incentivar reformas, la tendencia general es mantenerlo alto para compensar otros gastos. Las tasas por tramitación de licencias y ocupación de vía pública (vallas, andamios) suelen actualizarse anualmente con el IPC, lo que supone una subida constante en términos nominales.

Las 17 taifas autonómicas no suelen cobrar impuestos directos a la constructora como entidad, pero sí afectan a su negocio a través de impuestos que gravan la compra de suelo y las escrituras. Algunas comunidades ofrecen tipos reducidos para viviendas protegidas o para jóvenes, lo que ayuda a la constructora a vender, pero los tipos generales se mantienen estables o suben ligeramente para financiar servicios públicos (y/o el pago de comisiones y corruptelas generalizadas). Los cánones de saneamiento y residuos han subido en casi todas las comunidades para cumplir con las nuevas normativas medioambientales europeas sobre gestión de escombros…  

Las cotizaciones a la Seguridad Social y las aportaciones obligatorias al nuevo Plan de Pensiones del Sector de la Construcción han incrementado el coste real por trabajador para la empresa, lo que funciona como un "impuesto indirecto" a la actividad.

Para una empresa que cubra todo el ciclo (compra de suelo, gestión de la promoción y construcción propia), el beneficio neto promedio suele oscilar entre el 10% y el 15% sobre el valor total de la inversión (Ventas), aunque este margen se ha estrechado en los últimos dos años, mientras que los riesgos han ido en aumento. Ahora bien, es fundamental distinguir entre el beneficio de “construir” y el de “promover”, ya que son riesgos y rentabilidades muy distintos: la constructora tiene un margen neto muy ajustado: entre el 2% y el 5% y un riesgo alto debido a que cualquier subida inesperada en el precio de los materiales o retraso en la obra puede “comerse” todo el beneficio. Como vimos antes, con costes subiendo al 5,4%, muchas constructoras trabajan hoy al límite de la rentabilidad. Si la empresa compra el suelo y gestiona el proyecto su margen neto es mayor: entre el 12% al 18%, pero con un alto nivel de riesgo financiero y comercial si la obra no se vente o el suelo se deprecia por cualquier motivo. Al haber subido los tipos de interés también se ha elevado la “carga financiera” (pedir dinero al banco para construir sea mucho más caro que durante la década pasada). Además del salario de los trabajadores, las empresas pagan aproximadamente un 33-35% adicional sobre el salario bruto de cada albañil u oficial en concepto de Seguridad Social. Si un oficial cuesta 2.500 € al mes a la empresa, unos 800 € van directos al Estado antes de que el trabajador vea su nómina.

En cuanto a las “promotoras-constructoras”, en las que una misma empresa lo hace todo, el beneficio medio se desglosa aproximadamente en una vivienda de precio de mercado:

- Coste del Suelo: 20-25% del precio final.
- Coste de Construcción (PEM + Beneficio Industrial): 45-50%.
- Gastos (Licencias, financiación, marketing): 10-15%.
- Beneficio antes de impuestos (Margen del promotor): 10-15%.

En una promoción inmobiliaria estándar en España, la suma de todos los impuestos suele representar entre el 20% y el 25% del precio final de la vivienda. Una vez que la empresa descuenta todos sus costes (suelo, materiales, sueldos) y obtiene su beneficio neto, debe pagar una cuarta parte de sus beneficios al Estado: Si la empresa gana 100.000 € limpios, el Estado se queda con 23.000 € - 25.000 €. En las ventas de viviendas, se suma el 10% del precio de venta que paga el comprador, pero recauda el Estado. En locales o garajes independientes, sube al 21%. A lo que hay que sumar entre el 0,5% y el 1,5% (según taifa) por las escrituras de obra nueva y división horizontal. Luego está el “Impuesto de Construcción” que supone el 4% sobre el coste real de la obra (el presupuesto de ejecución material) que va directo al Ayuntamiento y las tasas municipales, licencias de obras, de primera ocupación y tasas de gestión de residuos (aproximadamente el 1-2% del coste de construcción).

Para las empresas de la construcción, el margen es, realmente, mucho más pequeño de lo que la imaginación popular deja entrever. El gran beneficiario y el gran responsable de la elevación del precio de la vivienda es el Estado y sus diferentes niveles burocrático-administrativos. Vale la pena no olvidarlo cuando se discute sobre las responsabilidades en el aumento del precio de la vivienda.