2. ¿Ha existido alguna vez política de la vivienda en España?
Si,
con Franco (con perdón…)
Lo cierto es que estas cifras son casi ridículas
con las que ofreció el régimen franquista a la “memoria histórica”. En efecto,
durante los años 60, España alcanzó un porcentaje de vivienda de protección
oficial (VPO) significativamente más alto que el actual en términos de
producción, aunque no como parque público de alquiler permanente. Entre 1961 y
1975, ¡el 52,48% de todas las viviendas construidas estuvieron bajo algún
régimen de protección estatal! Se
mostraba el cartel metálico en cada edificio, con el emblema de las cinco
flechas y el yugo. En los años 60 se llegaron a construir hasta 200.000
viviendas protegidas al año y el régimen entregó más de 4 millones de viviendas
con protección oficial entre 1961 y 1975.
Buena parte de esas viviendas eran de propiedad,
como decía el eslogan franquista: el régimen buscaba una “sociedad de
propietarios, no de propietarios”. El Estado avalaba y subvencionaba la
construcción, pero el objetivo final era que el trabajador comprara la casa a
precios asequibles… con la condición de que no la vendieran ni la alquilaran en
los 20 o 30 años posteriores. Compárense esas cifras con las de los años 2023-2025,
donde la cifra de construcción de vivienda protegida ha caído drásticamente,
situándose en apenas unas 9.000 a 18.000 unidades anuales. En la actualidad
apenas se construye el 10% de lo que se construía en los años 60, cuando la población
del país era de apenas 30.000.000.
Lo “parajódico” es que la población que vive en
España crece hoy a más velocidad que en los años 60. En 10 años, entre 1960 y
1970, la población española pasó de 30’5 a 33,9 millones, con un crecimiento constante
del 1% interanual: 1960: +256.000
habitantes, 1961: +284.250 habitantes, 1962: +284.116 habitantes, 1963:
+273.285 habitantes, 1964: +312.544 habitantes, 1965: +345.097 habitantes, 1966:
+328.902 habitantes, 1967: +399.753 habitantes, 1968: +430.187 habitantes, 1969:
+327.920 habitantes. La natalidad se mantuvo muy elevada debido a la bonanza
económica de los años 60 y a las políticas de incentivos de la época. Además,
descendió la mortalidad gracias a la modernización sanitaria y la mejora en la
alimentación. A pesar de la fuerte emigración hacia Europa (Alemania,
Suiza, Francia), el crecimiento natural (nacimientos menos defunciones) fue tan
alto que compensó con creces la salida de trabajadores.
La “pequeña diferencia” es que hoy la población no
crece por la demografía española sino por la política de inmigración que,
básicamente, consiste en que cualquiera que quiera beneficiarse del estado del
bienestar creado POR LOS ESPAÑOLES con el esfuerzo y el trabajo de las
generaciones que nos precedieron, puede hacerlo sin ningún impedimento (como demuestran las regularizaciones masivas
acometidas por Zapatero y Sánchez) y gozar, desde el minuto uno de su estancia
ilegal, de los beneficios sociales pagados por nuestros impuestos.
3. Por qué ha ido subiendo más y más el precio de la vivienda
Parece muy claro que, cuando un gobierno permite que la población crezca
a una velocidad mayor que su capacidad (o voluntad) de construir viviendas,
según la ley de la oferta y la demanda, el precio de la vivienda crece: a más
demanda y menos oferta, el precio se dispara (de la vivienda y de cualquier
producto de mercado).
Por tanto, aquí y ahora, el precio de la vivienda crece, porque la
población residente en España está creciendo a causa de la inmigración
descontrolada. Desde el zapaterismo, los
gobiernos socialistas son perfectamente conscientes de que solamente pueden
alardear de “progreso” manejando cifras “macroeconómicas” (esto es, alejadas de
la “economía real” en la que se mueve el ciudadano de a pie). Una de estas
cifras es el PIB, verdadero tótem del socialismo. A más PIB, más “crecimiento
económico”, nos dicen… sin embargo, la experiencia y las cifras demuestran que
el crecimiento del PIB, en estos momentos, va parejo al crecimiento de la pobreza.
¿Cómo es posible? Simplemente por que la inmensa mayoría de los
recién llegados, o bien trabajan en las franjas salariales más bajas y de forma
esporádica, o bien, ni siquiera han venido a trabajar, sino a beneficiarse del “estado
de bienestar” que, para ellos se reduce a “vivienda gratis” (okupación,
inquiokupación), “telefonía gratis”, “energía gratis” (o a cargo de los ayuntamientos),
“subsidios múltiples” (a más hijos, más subsidios; a más personas a su cargo,
más subsidios; y, a la adquisición del título de “vulnerables” que,
prácticamente, se regala aun sin solicitarlo, y que permite tratamiento
preferencial en toda las ayudas sociales e impiden desokupaciones), buena parte
de los transportes públicos gratuitos, “medicina gratuita”, “asistencia legal
gratuita”, incluso la mayoría de delitos menores (y no tan menores) salen
gratis para la nueva delincuencia, que no tiene ni vivienda fija, ni nombre
fijo, ni siquiera se sabe de dónde viene, ni cuáles son sus antecedentes, ni su
estado de salud físico no mental….
En otras palabras, el PIB crece, simplemente, paralelo al
crecimiento de la población: que, en estos momentos, es solamente a causa de la
inmigración masiva. Hoy existe inmigración por que está simplemente
subvencionada, por mucho que el gobierno no haya preguntado a la población si
deseaba esta fórmula o la rechazaba. El aumento del PIB se consigue
inyectando subvenciones a todas las actividades que redundan en un aumento de
consumo: 150 personas, por pobres que sean, consumen más que 100. La
diferencia es considerada un “éxito” para el gobierno… a pesar de que,
paralelamente, la pobreza vaya en aumento. Diferente sería, si en lugar del
PIB, el progreso se midiera mediante el “PIB per cápita”: la totalidad del
movimiento económico dividido por el total de la población… como la lógica más
elemental implica. Pero la lógica no rige ni para el sanchismo, ni para la
economía liberal, ni para la UE.
Así pues, esta diferencia entre crecimiento poblacional y
escasa construcción de vivienda pública y privada, es la PRIMERA CAUSA del
aumento del precio de la vivienda.
Se argumentará que en períodos anteriores en los que el fenómeno
de la inmigración no era tan impactante y en los que se construía mucha más
vivienda pública y privada, los precios se habían, igualmente, disparado. Esto
es cierto solamente en un momento: durante el período en el que Aznar ocupó la presidencia
del gobierno y llegó a su clímax con Zapatero hasta el “estallido de la burbuja
inmobiliaria”. Pero el problema entonces era muy parecido al de ahora, pero se
añadían algunos otros elementos inéditos y ausentes en la actualidad.
Durante ese período 1996-2008, el precio de la vivienda respondió
a condiciones de mercado
alteradas por factores financieros, demográficos y regulatorios que crearon la
famosa “burbuja inmobiliaria”. La
Ley del Suelo aprobada en 1998 aspiraba a bajar los precios aumentando la
oferta de terreno urbanizable, sin embargo, los precios se dispararon por tres
factores:
1) Aumento de la demanda de vivienda impulsada por
el crédito fácil: La entrada de
España en el euro y la política monetaria del Banco Central Europeo provocaron
una bajada histórica de los tipos de interés. Esto, sumado a la
facilidad con la que los bancos concedían hipotecas (a veces por más del 100%
del valor, e, incluso hasta el 120%), disparó la demanda de compra muy por
encima de las necesidades reales de vivienda.
2) La vivienda se convirtió en un activo de
inversión a partir de la crisis bursátil
de finales del milenio (la crisis de las “punto.com”) y los inversores vieron
en el "ladrillo" un valor refugio más rentable y seguro. Esto
convirtió a la vivienda en objeto especulativo con la esperanza de revender más
caro en un próximo futuro, lo que alimentó una espiral de precios que la mayor
oferta de suelo no pudo frenar.
3) Variación de los factores demográficos. Por primera vez, la llegada masiva de inmigrantes
durante ese período (6.000.000 entre 1997 y 2008) generaron un aumento real de
la demanda “natural”. A este elemento que apareció por primera vez, se añadió
otro que, también había podido preverse: la generación de los 70 llegó a la
edad de emancipación y necesitaba vivienda.
4) Fallos en la oferta de suelo. Los ayuntamientos mantuvieron el control sobre las
recalificaciones, lo que limitaba la velocidad a la que el suelo llegaba al
mercado. El suelo urbanizable no bajó de precio porque se habia convertido en
un bien escaso y estratégico para los promotores, quienes acumulaban terrenos
para controlar su salida al mercado.
En el fondo, el gran fracaso del modelo económico
de Aznar (consistente en combinar la construcción como elemento clave del
dinamismo económico, con el acceso barato al crédito, salarios bajos y una
política de inmigración masiva) constituyó un autentico suicidio para la
economía nacional, especialmente en un país en el que la burocracia municipal
era (y sigue siendo) lenta y cara, no solo para recalificar suelos, sino
también para dar permisos de construcción, y, lo que aún es peor, para poner
terreno público a disposición de la construcción.
Pero si la política de Aznar constituyó “pan para
hoy y hambre para mañana”, peor todavía -si cabe- lo hicieron las
administraciones sucesivas que carecieron completamente de política económica,
al margen de la impuesta por la UE, y que reprodujeron todos los errores que
habían llevado al estallido de la burbuja inmobiliaria entre 2008 y 2011.
De hecho, si en la actualidad, el riesgo de
estallido de la burbuja es menor, no se debe a las políticas del gobierno
Sánchez, sino más bien a la experiencia adquirida por los bancos que niegan
hipotecas a quienes tienen una sombra de duda sobre su solvencia presente y
futura, y a la subida de los tipos de interés.













