jueves, 7 de mayo de 2026

Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (2 de 6) – La “memoria histórica”… - ¿Por qué sube hoy el precio de la vivienda?

2. ¿Ha existido alguna vez política de la vivienda en España?
    Si, con Franco (con perdón…)

Lo cierto es que estas cifras son casi ridículas con las que ofreció el régimen franquista a la “memoria histórica”. En efecto, durante los años 60, España alcanzó un porcentaje de vivienda de protección oficial (VPO) significativamente más alto que el actual en términos de producción, aunque no como parque público de alquiler permanente. Entre 1961 y 1975, ¡el 52,48% de todas las viviendas construidas estuvieron bajo algún régimen de protección estatal! Se mostraba el cartel metálico en cada edificio, con el emblema de las cinco flechas y el yugo. En los años 60 se llegaron a construir hasta 200.000 viviendas protegidas al año y el régimen entregó más de 4 millones de viviendas con protección oficial entre 1961 y 1975.

Buena parte de esas viviendas eran de propiedad, como decía el eslogan franquista: el régimen buscaba una “sociedad de propietarios, no de propietarios”. El Estado avalaba y subvencionaba la construcción, pero el objetivo final era que el trabajador comprara la casa a precios asequibles… con la condición de que no la vendieran ni la alquilaran en los 20 o 30 años posteriores. Compárense esas cifras con las de los años 2023-2025, donde la cifra de construcción de vivienda protegida ha caído drásticamente, situándose en apenas unas 9.000 a 18.000 unidades anuales. En la actualidad apenas se construye el 10% de lo que se construía en los años 60, cuando la población del país era de apenas 30.000.000.

Lo “parajódico” es que la población que vive en España crece hoy a más velocidad que en los años 60. En 10 años, entre 1960 y 1970, la población española pasó de 30’5 a 33,9 millones, con un crecimiento constante del 1% interanual: 1960: +256.000 habitantes, 1961: +284.250 habitantes, 1962: +284.116 habitantes, 1963: +273.285 habitantes, 1964: +312.544 habitantes, 1965: +345.097 habitantes, 1966: +328.902 habitantes, 1967: +399.753 habitantes, 1968: +430.187 habitantes, 1969: +327.920 habitantes. La natalidad se mantuvo muy elevada debido a la bonanza económica de los años 60 y a las políticas de incentivos de la época. Además, descendió la mortalidad gracias a la modernización sanitaria y la mejora en la alimentación. A pesar de la fuerte emigración hacia Europa (Alemania, Suiza, Francia), el crecimiento natural (nacimientos menos defunciones) fue tan alto que compensó con creces la salida de trabajadores.

La “pequeña diferencia” es que hoy la población no crece por la demografía española sino por la política de inmigración que, básicamente, consiste en que cualquiera que quiera beneficiarse del estado del bienestar creado POR LOS ESPAÑOLES con el esfuerzo y el trabajo de las generaciones que nos precedieron, puede hacerlo sin ningún impedimento (como demuestran las regularizaciones masivas acometidas por Zapatero y Sánchez) y gozar, desde el minuto uno de su estancia ilegal, de los beneficios sociales pagados por nuestros impuestos.

3. Por qué ha ido subiendo más y más el precio de la vivienda

Parece muy claro que, cuando un gobierno permite que la población crezca a una velocidad mayor que su capacidad (o voluntad) de construir viviendas, según la ley de la oferta y la demanda, el precio de la vivienda crece: a más demanda y menos oferta, el precio se dispara (de la vivienda y de cualquier producto de mercado).

Por tanto, aquí y ahora, el precio de la vivienda crece, porque la población residente en España está creciendo a causa de la inmigración descontrolada. Desde el zapaterismo, los gobiernos socialistas son perfectamente conscientes de que solamente pueden alardear de “progreso” manejando cifras “macroeconómicas” (esto es, alejadas de la “economía real” en la que se mueve el ciudadano de a pie). Una de estas cifras es el PIB, verdadero tótem del socialismo. A más PIB, más “crecimiento económico”, nos dicen… sin embargo, la experiencia y las cifras demuestran que el crecimiento del PIB, en estos momentos, va parejo al crecimiento de la pobreza.

¿Cómo es posible? Simplemente por que la inmensa mayoría de los recién llegados, o bien trabajan en las franjas salariales más bajas y de forma esporádica, o bien, ni siquiera han venido a trabajar, sino a beneficiarse del “estado de bienestar” que, para ellos se reduce a “vivienda gratis” (okupación, inquiokupación), “telefonía gratis”, “energía gratis” (o a cargo de los ayuntamientos), “subsidios múltiples” (a más hijos, más subsidios; a más personas a su cargo, más subsidios; y, a la adquisición del título de “vulnerables” que, prácticamente, se regala aun sin solicitarlo, y que permite tratamiento preferencial en toda las ayudas sociales e impiden desokupaciones), buena parte de los transportes públicos gratuitos, “medicina gratuita”, “asistencia legal gratuita”, incluso la mayoría de delitos menores (y no tan menores) salen gratis para la nueva delincuencia, que no tiene ni vivienda fija, ni nombre fijo, ni siquiera se sabe de dónde viene, ni cuáles son sus antecedentes, ni su estado de salud físico no mental….

En otras palabras, el PIB crece, simplemente, paralelo al crecimiento de la población: que, en estos momentos, es solamente a causa de la inmigración masiva. Hoy existe inmigración por que está simplemente subvencionada, por mucho que el gobierno no haya preguntado a la población si deseaba esta fórmula o la rechazaba. El aumento del PIB se consigue inyectando subvenciones a todas las actividades que redundan en un aumento de consumo: 150 personas, por pobres que sean, consumen más que 100. La diferencia es considerada un “éxito” para el gobierno… a pesar de que, paralelamente, la pobreza vaya en aumento. Diferente sería, si en lugar del PIB, el progreso se midiera mediante el “PIB per cápita”: la totalidad del movimiento económico dividido por el total de la población… como la lógica más elemental implica. Pero la lógica no rige ni para el sanchismo, ni para la economía liberal, ni para la UE.

Así pues, esta diferencia entre crecimiento poblacional y escasa construcción de vivienda pública y privada, es la PRIMERA CAUSA del aumento del precio de la vivienda.

Se argumentará que en períodos anteriores en los que el fenómeno de la inmigración no era tan impactante y en los que se construía mucha más vivienda pública y privada, los precios se habían, igualmente, disparado. Esto es cierto solamente en un momento: durante el período en el que Aznar ocupó la presidencia del gobierno y llegó a su clímax con Zapatero hasta el “estallido de la burbuja inmobiliaria”. Pero el problema entonces era muy parecido al de ahora, pero se añadían algunos otros elementos inéditos y ausentes en la actualidad.

Durante ese período 1996-2008, el precio de la vivienda respondió a condiciones de mercado alteradas por factores financieros, demográficos y regulatorios que crearon la famosa “burbuja inmobiliaria”. La Ley del Suelo aprobada en 1998 aspiraba a bajar los precios aumentando la oferta de terreno urbanizable, sin embargo, los precios se dispararon por tres factores:

1) Aumento de la demanda de vivienda impulsada por el crédito fácil: La entrada de España en el euro y la política monetaria del Banco Central Europeo provocaron una bajada histórica de los tipos de interés. Esto, sumado a la facilidad con la que los bancos concedían hipotecas (a veces por más del 100% del valor, e, incluso hasta el 120%), disparó la demanda de compra muy por encima de las necesidades reales de vivienda.

2) La vivienda se convirtió en un activo de inversión a partir de la crisis bursátil de finales del milenio (la crisis de las “punto.com”) y los inversores vieron en el "ladrillo" un valor refugio más rentable y seguro. Esto convirtió a la vivienda en objeto especulativo con la esperanza de revender más caro en un próximo futuro, lo que alimentó una espiral de precios que la mayor oferta de suelo no pudo frenar.

3) Variación de los factores demográficos. Por primera vez, la llegada masiva de inmigrantes durante ese período (6.000.000 entre 1997 y 2008) generaron un aumento real de la demanda “natural”. A este elemento que apareció por primera vez, se añadió otro que, también había podido preverse: la generación de los 70 llegó a la edad de emancipación y necesitaba vivienda.

4) Fallos en la oferta de suelo. Los ayuntamientos mantuvieron el control sobre las recalificaciones, lo que limitaba la velocidad a la que el suelo llegaba al mercado. El suelo urbanizable no bajó de precio porque se habia convertido en un bien escaso y estratégico para los promotores, quienes acumulaban terrenos para controlar su salida al mercado.

En el fondo, el gran fracaso del modelo económico de Aznar (consistente en combinar la construcción como elemento clave del dinamismo económico, con el acceso barato al crédito, salarios bajos y una política de inmigración masiva) constituyó un autentico suicidio para la economía nacional, especialmente en un país en el que la burocracia municipal era (y sigue siendo) lenta y cara, no solo para recalificar suelos, sino también para dar permisos de construcción, y, lo que aún es peor, para poner terreno público a disposición de la construcción.

Pero si la política de Aznar constituyó “pan para hoy y hambre para mañana”, peor todavía -si cabe- lo hicieron las administraciones sucesivas que carecieron completamente de política económica, al margen de la impuesta por la UE, y que reprodujeron todos los errores que habían llevado al estallido de la burbuja inmobiliaria entre 2008 y 2011.

De hecho, si en la actualidad, el riesgo de estallido de la burbuja es menor, no se debe a las políticas del gobierno Sánchez, sino más bien a la experiencia adquirida por los bancos que niegan hipotecas a quienes tienen una sombra de duda sobre su solvencia presente y futura, y a la subida de los tipos de interés.