LAS SOMBRAS SOBRE LA HEGEMONÍA CHINA
Existen sombras en el portentoso desarrollo chino.
Y lo que es aún más significativo: los proyectos del Estado están superando con
mucho la dimensión humana y son cada vez más “locos”. Por el momento, son
viables y garantizan poner a China en vanguardia de la tecnología, pero su
desmesura sugiere la aparición de un titanismo desesperado: como si el dejar de
crecer económicamente implicara la muerte. Vamos a dar algunos ejemplos
extraídos de la prensa cotidiana para demostrar el volumen de ese “titanismo”.
China ha iniciado la construcción del colisionador
de partículas más grande del mundo, que triplicará en tamaño al CERN de Suiza. Será
un anillo subterráneo de 100 kilómetros de circunferencia, pensado para ser una "fábrica de bosones de
Higgs" para desentrañar los secretos de la materia oscura. Con ello China se
pondría a la cabeza de la investigación física hacia el 2030. Un telescopio
de neutrinos sumergido a 3.500 metros bajo el Mar de China Meridional,
utilizará el agua del mar como un filtro para capturar neutrinos (partículas fantasma)
que atraviesan la Tierra, ayudando a entender el origen de los rayos cósmicos
más potentes del universo.
China está desplegando una red de miles de
cámaras de combustión en las montañas del Tíbet para interceptar el vapor de
agua que viaja por el aire. El objetivo es desviar la lluvia hacia las
regiones áridas del norte, creando un flujo de agua artificial en el cielo
equivalente al caudal de un río real. En teoría, el clima quedaría así
modificado a escala regional… pero nada garantiza qu8e este cambio no afecta a
toda la climatología del globo.
Pero, en una civilización tecnológica, lo que
garantiza su subsistencia, mantenimiento y desarrollo es la energía. Por eso, China
ha apostado por la energía de fusión en la que Occidente también lleva
trabajando desde finales del siglo XX. Se trata de reproducir de manera
controlada el mismo proceso que ocurre de manera natural en el Sol gracias a
las elevadas temperaturas que permiten que los átomos venzan a las fuerzas de
repulsión y se fusionen liberando cantidades masivas de energía. Este proceso
daría lugar a combustible inagotable, energía limpia eficiencia y seguridad. Los
chinos han logrado mantener plasma a 120 millones de grados centígrados (ocho
veces más caliente que el centro del Sol) durante periodos cada vez más largos.
En exploración espacial están investigando la fabricación
de nanotubos de carbono lo suficientemente largos para conectar la Tierra con
una estación espacial. El
objetivo es reducir el costo de enviar carga al espacio de miles de dólares a
solo unos pocos cientos por kilo mediante un “ascensor espacial”.
La revolución en las comunicaciones afecta también a la vida urbana. A 100 km de Pekín, el gobierno está construyendo desde cero una ciudad, Xiong'an, que no tiene semáforos ni cables a la vista, todo el tráfico será autónomo y subterráneo, para ser gestionada íntegramente por una IA central que optimiza la energía, los residuos y el flujo humano en tiempo real. Es el experimento de control urbano más grande de la historia.
Xiong'an, la "ciudad del futuro" es ya
una ciudad funcional desde principios de 2026. Se ha diseñado en tres niveles: en el primero, a ras de suelo, zonas
verdes, parques y edificios de altura limitada (no hay rascacielos masivos), diseñada
para caminar. Por debajo, en la ciudad subterránea, circula todo el tráfico
pesado, la logística de entrega de paquetes y los servicios (agua, luz, fibra)
en túneles inteligentes. Finalmente, el tercer nivel es un "gemelo
digital" exacto de la ciudad con existencia solo en los servidores del
gobierno. Cada semáforo, tubería o farola tiene un sensor que reporta su estado
en tiempo real a una IA central. No hay semáforos, los vehículos (muchos de
ellos autónomos) se comunican con la carretera y entre sí mediante tecnología V2X
(Vehicle-to-Everything) y el flujo de tráfico es ajustado por la IA
ajusta la velocidad de los coches y el ritmo de los cruces para que el tráfico
nunca se detenga. Si un dron de emergencias necesita paso, la ciudad entera “se
aparta” digitalmente antes de que el vehículo llegue. Ya no existe dinero
físico, con el reconocimiento facial se puede realizar cualquier compra. Todo
está vinculado al e-CNY (Yuan Digital). A cada ciudadano se le dará un “crédito
social integrado” según su comportamiento cívico o el respeto a las normas de
convivencia que se traducirá en descuentos en transportes o beneficios en
servicios públicos. La IA ha ayudado a diseñar la ubicación de cada servicio
para que ningún ciudadano esté a más de 15 minutos a pie de una clínica, una
escuela, un centro de mayores o una zona verde. Esto elimina la necesidad de
tener coche propio, algo que el gobierno incentiva activamente. Si una tubería
tiene una microfuga, la IA la detecta por la caída de presión y envía un robot
de reparación antes de que el vecino note que sale menos agua. Si un anciano
que vive solo no ha abierto su puerta en 24 horas, el sistema alerta
automáticamente a los servicios sociales. Cuenta con carreteras inteligentes
patrulladas por miles de perros robot con IA y sensores que calculan rutas de
emergencia óptimas en tiempo real. Por el momento la construcción de esta
ciudad desde cero, ha costado 100.000 millones de dólares.
La ciudad de Xiong'an es un experimento en el
que se observarán meticulosamente los resultados para implantarlo en todas las
grandes ciudades. Hay dos aspectos que merecen ser tenidos en cuenta:
- en un marco así, la privacidad desaparece por completo. Vivir en Xiong'an implica aceptar que cada movimiento, compra y emisión de residuos es un dato que la IA procesa para “optimizar” tu vida y la de la comunidad. El “crédito social” se convierte en un chantaje para el ciudadano que debe adaptarse a todas las normas que dicta el Estado, riesgo que se une a la falta de privacidad. Pero el otro problema es todavía más inquietante:
- el objetivo del gobierno es construir una ciudad “libre de ruidos”. Si las grandes capitales chinas (o de cualquier otro país), están invadidas por un caos sonoro, el silencio en Xiong'an es uno de los aspectos que más desorienta a los visitantes. El gobierno alude al “silencio tecnológico” como una conquista. Alega que el 100% del transporte público y la gran mayoría de los vehículos privados son eléctricos, por tanto, el ruido generado por los motores de combustión está totalmente ausente. La aerodinámica de los vehículos solamente produce un leve zumbido casi imperceptible y, en cuanto a los neumáticos rozan un pavimento especial diseñado para absorber el sonido, a esto se une el que la carga y descarga y los camiones de basura, solamente discurren por el subsuelo. Toda la ciudad está diseñada para absorber cualquier sonido. Se han plantado millones de árboles y creado humedales que actúan como barreras acústicas naturales. Las fachadas de los edificios y el mobiliario urbano utilizan materiales porosos que evitan que el eco rebote, haciendo que las conversaciones a nivel de calle se sientan más íntimas, casi como si estuvieras en un parque incluso estando entre edificios de oficinas. Gracias a la gestión de la IA central, los coches no se encuentran con atascos imprevistos ni peatones cruzando por donde no deben, con lo cual el uso del claxon de los vehículos desaparece. A pesar de que todos los estudios de salud indican lo beneficioso de esta ausencia de ruidos, los residentes describen que, al principio, el silencio es “inquietante”, se sienten como en el escenario de una película o en una ciudad vacía, aunque esté llena de gente.
El gobierno chino espera poder convertir Xiong'an
en su principal “producto de exportación” tecnológico.
No se trata de un proyecto aislado, sino de uno
de los objetivos del XV Plan Quinquenal que abarca entre 2026 y 2030. Se trata
de “abrir” una Ruta de la Seda Digital (DSR, por sus siglas en inglés) que
consiste en una búsqueda de la mejora de la conectividad digital global
mediante la exportación de infraestructura, servicios y estándares tecnológicos
chinos hacia otros países, especialmente en el Sur Global.
Esta “ruta” se centra en el
"ciberespacio" y las telecomunicaciones: despliegue de redes 5G y
fibra óptica a través de empresas como Huawei y ZTE, instalación de cables submarinos
de datos de alta velocidad que conectan Asia con África, Europa y América
Latina, inversión en Inteligencia Artificial (IA), computación en la nube (cloud
computing), ciudades inteligentes y comercio electrónico, promoción de la
alternativa al GPS norteamericano, el sistema de satélites de navegación BeiDou.
Esta nueva “ruta de la seda” debería imponer los estándares tecnológicos
chinos, convertir a África y Asia en mercados emergentes para las
multinacionales chinas y, en definitiva, crear una “comunidad de destino común”
en el ciberespacio bajo la supervisión de Pekín… con todos los riesgos que
ello implica.
A esto pueden añadirse iniciativas faraónicas,
imposibles de acometer por cualquier país occidental, pero posibles solamente
en China debido al gigantismo de todo lo que rodea a aquella sociedad. Se
trata de obras públicas e infraestructuras que parecen inspiradas por la
ciencia ficción.
Tenemos noticia, por ejemplo, a través de videos
de youtube y de noticias en revistas científicas, de la construcción del puente
del Cañón de Huajia, inaugurado a principios de este año, oficialmente el puente
más alto del mundo sobre un cañón de 526 metros. No es solo una obra pública,
es también “espectáculo”: durante la temporada de lluvias, el puente está
diseñado para liberar agua de embalses cercanos directamente desde su tablero,
creando una cascada artificial de más de 600 metros que se usa para
espectáculos nocturnos con proyecciones láser.
En cuanto al túnel Tianshan Shengli, con algo
más de 22 km es el más largo del mundo, atravesando picos que superan los 3.000
metros de altura. El Enlace Shenzhen-Zhongshan combina ingeniería de
puentes y túneles para conectar dos grandes centros económicos. Es un corredor
de 24 km que incluye un túnel submarino de 6,8 km conectado a dos islas
artificiales.
Por último, China está desplegando la próxima
generación de sus trenes bala. El CR450 está diseñado para operar a una
velocidad comercial de 400 km/h (con pruebas que superan los 450 km/h). Y
podríamos seguir así con muchos más ejemplos que demostrarían que lo que hace veinte
años era ciencia ficción, se está haciendo realidad en China.
En realidad,
se engañan los que creen que China está exportando solamente “tecnología”,
manufacturas o inversiones… Lo que está exportando China es su visión de cómo
debe ser la civilización del siglo XXI: silenciosa, eficiente, altamente
tecnológica y rígidamente organizada desde un centro digital. Es el regreso a
la idea de Fo-hi (ordenar el caos mediante un sistema superior), pero utilizando
algoritmos en lugar de trigramas. Un “actuar sin actuar” (wu wei)
Todos estos logros tienen un pequeño problema.
Salvo que nos coloquemos en una posición de optimismo tecnológico, la lógica da
la razón al principio de Murphy: “Todo lo que puede estropearse, se estropea”
y a su primer corolario: “Cuanto más complejo es un mecanismo, más
posibilidades tiene de estropearse”. El modelo tecnológico chino es tan
absolutamente complejo que resulta imposible prever los eslabones más débiles
por los que podría romperse la cadena. Por otra parte, ni siquiera el gobierno
chino es consciente de lo que implica para la sociedad el tránsito de una
estructura feudal plurimilenaria a una de ciencia ficción en apenas 50 años (desde
la muerte de Mao hasta hoy).
En el momento de escribir estas líneas la economía
china enfrenta cuatro “sombras” o desafíos estructurales que los analistas
consideran sus puntos más vulnerables. Los analistas norteamericanos se apoyan en estas sombras para cuestionar
el que China pueda superar a los EEUU y convertirse en la potencia mundial
hegemónica.
En 1980, China estableció la “política del hijo único”,
sin duda, la medida de control demográfico más drástica de la historia moderna. Estuvo vigente hasta 2015. Consistió en frenar
el crecimiento descontrolado de la población, se prohibió a las parejas tener
más de un descendiente. El Estado utilizaba un sistema de multas económicas
severas, pérdida de empleo y beneficios sociales, e incluso métodos coercitivos
como abortos y esterilizaciones forzadas. Se estima que se evitaron 400
millones de nacimientos… pero las consecuencias a largo plazo están resultando
demoledoras. China envejece más rápido de lo que se enriquece. Las personas
mayores de 60 años representan hoy más del 20% de la población.
Lejos de aumentar, la población activa va
disminuyendo, el crecimiento económico se ralentiza y la automatización masiva
es, de momento, la única alternativa. La preferencia cultural por los
varones llevó a abortos selectivos e infanticidios femeninos, una atrocidad ante
la que el país calló, pero que hoy ha generado una "crisis de
solteros" psicológicamente afectados por no poder formar una familia.
Con todo, nacieron millones de segundos hijos mientras
se mantuvo la política del hijo único”, sus padres, habitualmente campesinos,
los ocultaron para evitar sanciones económicas, crecieron sin documentos
oficiales y, consiguientemente, no tuvieron acceso a educación o salud durante
décadas.
Los 35 años en los que se mantuvo esa política demográfica
suicida, la propaganda oficial insistió machaconamente, incluso
subliminalmente, en que tener un solo hijo es lo ideal. La idea caló
profundamente en el subconsciente de la población y, a pesar de que hoy se
permiten hasta tres hijos, los nacimientos en 2025 cayeron a mínimos históricos
(apenas 7,92 millones en un país de 1.500 millones de personas).
A esto se ha sumado el estancamiento del sector
inmobiliario en China, que es a fecha de hoy, el principal lastre de su
economía. Es el resultado de un
modelo económico insostenible. No es nada que no haya ocurrido en otros países,
sin embargo, el gigantismo chino hace que el problema revista una gravedad extrema
que es mucho menor en otros países. Las promotoras chinas cobraron durante
décadas los pisos por anticipado y con el beneficio compraban más terrenos
antes de acabar las obras, confiando en que los préstamos bancarios avalados
por sus activos, les permitieran cumplir las entregas de pisos. Pero, cuando
en 2020, el gobierno Chino estableció normas para frenar el endeudamiento, las
grandes promotoras vieron como se les cortaba el grifo del crédito (quiebra
de Evergrande y Country Garden).
Muchos ciudadanos vieron cómo sus ahorros
desaparecían en proyectos inacabados. El ladrillo era el primer recurso de las
familias para invertir sus ahorros con la convicción de que nunca bajarían de
precio. Cuando se produjeron
estas crisis, la demanda se estancó y los ahorros familiares se orientaron
hacia otros frentes. La caída demográfica (menos gente, menos casas) contribuyó
también a la ralentización del sector. Hoy existen millones de apartamentos
vacíos en ciudades pequeñas donde la población está disminuyendo.
Simplemente, ya no hay suficientes parejas jóvenes para llenar los edificios
que se construyeron pensando en proyecciones de crecimiento del pasado.
Pero esto tuvo un efecto directo sobre el
endeudamiento de los gobiernos locales. Estos obtenían el 30-40% de sus
ingresos vendiendo tierras a las constructoras. Al cesar bruscamente la
demanda, los ayuntamientos se han quedado sin dinero para pagar sus propias
deudas, lo que reduce la inversión pública y el crecimiento económico
general. Hoy, los ayuntamientos están endeudados lo que implica que no pueden
pagar y, por tanto, ven limitada su capacidad para invertir en nuevos proyectos,
los bancos estatales afrontan un riesgo que pone en jaque la estabilidad del
sistema.
Pero si esto es grave, los cambios que estos
problemas acumulados están teniendo especialmente en las familias de clase
media, son aun más profundos. Las familias chinas tienen, por tradición,
tasas de ahorro mucho más elevadas que en Occidente. Tras la crisis
inmobiliaria y la volatilidad de los últimos años, las familias chinas han
optado por ahorrar antes que invertir o gastar. Esto ha hecho que disminuyera
el consumo interno y que la economía china se haya hecho cada vez más
dependiente de las exportaciones. Y en este terreno, también se han
modificado las reglas del juego.
La llega de Trump a su segunda presidencia ha
hecho que China ya no sea considerado en los EEUU como la “factoría mundial”,
sino como un “competidor”. Especialmente los EEUU han levantado barreras
arancelarias masivas (especialmente contra sus coches eléctricos y tecnología
verde) y han restringido el acceso de China a los microchips más avanzados. Esto obliga a China a gastar miles de millones
en intentar inventar por su cuenta lo que antes compraba fuera, ralentizando su
progreso.
La educación universitaria masiva ha hecho que cada
vez más graduados universitarios especialmente en el sector tecnológico, estén
en el paro, reduciendo el dinamismo de la economía. La educación era la
alternativa generalizada para garantizar el ascenso social. Pero los cambios
sociológicos, unidos a la crisis de vivienda (el mayor activo con el que
contaban las familias de clase media), a la ralentización del consumo, está
desincentivando a especialmente a los jóvenes que empiezan a considerar que ya
no les compensa trabajar desde las 9 de la mañana a las 9 de la noche durante
seis días a la semana, para pagar hipotecas desproporcionadas. El
estancamiento de los salarios ha generado un resentimiento profundo e induce a
cada vez más jóvenes a dejar de competir y de comprar casas conscientes de que el
sistema ha dejado de compensarles.
La compra de una vivienda para un joven era hasta
ahora el esfuerzo de los dos padres y los cuatro abuelos que aportaban sus
ahorros para que el hijo único comprase un piso. Pero ver el ahorro de tres generaciones atrapado
en algo que no genera beneficios ha provocado que los padres presionen menos a
sus hijos para casarse, ya que el requisito tradicional de “tener casa propia
para casarse” se ha vuelto un riesgo financiero en lugar de una garantía. Las
familias cada vez ahorran más de cara a afrontar el futuro. Es lo que en
términos económicos se llama “ahorro preventivo”. En 2026, los depósitos
bancarios de los hogares están en máximos históricos porque la clase media
tiene miedo de gastar ante un futuro incierto.
En resumen, la economía china está hoy en una
transición crítica: está intentando cambiar su motor de “ladrillo y hormigón”
por uno de “chips e inteligencia artificial”, pero las sombras de la deuda y la
demografía hacen que el camino sea muy estrecho.
Todas estas sombras son, por lo demás, el
resultado de factores excepcionalmente complejos que cualquier pequeña
variación puede alterar en todos los países del mundo y bajo cualquier sistema
político. Pero en China todo es a escala gigantesca y las sombras que se
proyectan sobre su futuro es inquietante.
















