jueves, 12 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (74) – LO REVOLUCIONARIO HOY ES SER NORMAL


Me quejo de que la modernidad ha generado tal alteración en la sociedad que, en el límite, al que hemos llegado en los últimos dos o tres años, no solamente se hayan alterado todos los valores, sino que los comportamientos canónicos que hasta ahora se consideraban “normales”, simplemente, han dejado de serlo. Y lo que es más significativo, resulta incomprensibles e intolerables para los promotores de la corrección política. Y esto nos ha llevado hasta el punto en el que hoy lo más revolucionario y contracorriente es, coño, ser normal. De eso me quejo.

En una conferencia, hace unos años, puse un ejemplo muy gráfico de lo que está ocurriendo: “Miren mi mano. Está cerrada. ¿Qué dirían si alguien les convenciera de que la muestro abierta? Seguirían diciendo que la mano está cerrada y que alguien está tratando, simplemente, de tomarles el pelo… porque la mano, véanla ustedes mismos y no se engañen, está cerrada”. Y esto tiene mucho que ver con lo que está pasando. El otro día en un debate televisivo en la primera cadena, a las 13:00, en la que todas sus protagonistas son mujeres de distintas  tendencias (ni un solo hombre… seguramente por aquello de que la “igualdad” es pura ficción) una de las tertulianas –ciertamente con mirada de trastornada- decía: “Hoy que los hombres quieran llevar falda o no es un debate interesante…”. Señora: esto no es Escocia, aquí los hombres  visten pantalones. Eso es lo normal.  Quien no acepte unas nociones mínimas de normalidad, está perdido y demuestra ser solamente un neurótico que, en lugar de ser tratado como tal, ve su obsesión “comprendida” y adquiere, inmediatamente, carta de ciudadanía como “una opción”: hombres con faldas, transexuales de quita y pon que tan pronto se operan castrándose como al día siguiente aspiran a volver a la mesa de operaciones para que les pongan testículos y picha de plexiglás (¿en el fondo, por qué no? ¿quién es la naturaleza para establecer el sexo con el que nacemos? El sexo se puede elegir como se elige el color de una camisa…).

Todo resulta comprensible, todo se acepta, todo es lícito porque todo es, en el fondo, un ejercicio de libertad y la libertad, como se sabe, solamente es tal cuando no tiene límites ni cortapisas. Así que si quiero casarme con una merluza o con un besugo puedo hacerlo y nadie podrá impedirme tener hijos que puedo adoptar en la lonja del pescado o en cualquier mercadillo de compra venta de niños africanos o asiáticos. No hay nada como mostrar lo absurdo de los extremos para empezar a vislumbrar el origen del problema. Y este origen es que se ha perdido la noción de “normalidad” en todos los terrenos.

¿Qué puede considerarse como normal? Lo que impone la naturaleza de la que nosotros mismos formamos parte de manera ineludible Ésta, por ejemplo, es conservadora (algo que el progresismo nunca le ha perdonado): la biología enseña incluso que ni siquiera los caracteres adquiridos se transmiten por herencia. Así que es preciso negar a la naturaleza. A esto se le llama titanismo: el Titán mitológico era aquel que emprendía una acción superior a él… y fracasaba allí donde el Héroe (la otra raza rival) triunfaba. Habitualmente, el Titán no medía sus capacidades ni la dimensión de la empresa en la que se embarcaba. Negar la naturaleza es mal asunto porque, como la mano que está cerrada, antes o después, la realidad se impone: yo no quiero “tener hijo”, quiero tener DESCENDENCIA de mi sangre y por la que discurra la sangre de sus antepasados. No quiero casarme con una merluza ni con un besugo, quiero casarme con una mujer. ¿Qué ocurre? ¿Qué no he encontrado al “hombre de mi vida”, que soy un “reprimido homófobo”? No, hombre, no: es que quiero que mi hijo salga del vientre de una mujer, no de una probeta, no quiero comprarlo al peso en un mercadillo persa, ni buscar un sucedáneo con un perro o un gato. Y, además, quiero hacerlo así porque es lo NORMAL. El Titán pretendía que la noche no siquiera al día, el “políticamente correcto” intenta otro tanto en nombre de “la libertad”. Pero lo normal es que el día suceda a la noche.

El ministerio de la verdad orwelliano ha actuado subrepticiamente a través de la UNESCO, la máxima difusora de los mitos políticamente correctos y de las ideologías de género. “La verdad es la mentira y la mentira es la verdad”. La mano que está cerrada, vamos a convencer a la masa de que, en realidad, está abierta. Hay que ser “libre” incluso de nuestros propios sentidos. Hay que destruir la idea de normalidad en todos los terrenos… Se aproximarán, pero no lo conseguirán. La especie humana tiene un rasgo que la distingue de los animales: dispone de conciencia de sí mismo y de la racionalidad. Borre usted al ser humano esos elementos y lo habrá convertido en un animalico. ¿Entendéis ahora porque las “ideologías de género” no pueden defenderse con argumentos racionales, sino que son los nuevos mitos de la modernidad, indiscutibles e intocables? De eso me quejo y por eso me siento más revolucionario que cuando quería incendiar el mundo con una tea: porque soy NORMAL.



miércoles, 11 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (73) – CIEGOS QUE GUÍAN A CIEGOS


Me refiero a psicólogos y psiquiatras. Por esos mundos de Dios he conocido a muchos de ellos (no como paciente, hay que decirlo, para evitar insinuaciones y bromas, pero sí como periodista, amigo o conocido) y siempre me ha sorprendido que gentes que suelen tener problemas psicológicos –y en algunos casos muy graves- traten de ayudar a otros a resolver los suyos. Es como cuando un médico te recuerda que el fumar es perjudicial para la salud y acto seguido lo ves en la puerta del consultorio fumándose un pito. O cuando el tipo que te tenía que reparar la tostadora te sugiere que hagas como él y compres otra. Me estoy quejando de que la ayuda psicológica en la sociedad moderna, está en manos de un personal que, en muchísimas ocasiones, no da la sensación de estar muy fino. Una vez más, me quejo de que sean ciegos los que guíen a ciegos.

Se conocen los problemas y las obsesiones de Freud (que si era adicto a la cocaína, que si estaba enamorado de su cuñada, que si lo reducía todo al sexo y lo quería interpretar todo en función de los recuerdos y experiencias de la infancia, que si era celoso de su autoridad, intolerante y excluyente) o el hecho de que, como mínimo, uno de sus discípulos disidentes, Wilhelm Reich, acabara encerrado con muestras más evidentes de desequilibrios psíquicos y tras vender “cañones destructores de nubes” o “armarios orgónicos”. Ahora que se ha estrenado la película sobre Lou Andreas Salomé, otra discípula de Freud y la primera mujer miembro del Círculo de Viena, parece evidente que la chica, aparte de lo brillante de su personalidad (encandiló a Nietzsche, Rilke y al mismo Freud, así que algún encanto tendría) mostraba una psique que no terminabande funcionar bien, por mucho que uniera el psicoanálisis de Freud a la filosofía de Nietzsche y que estudiara la sexualidad femenina con conocimiento de causa. Pero no hace falta ir tan lejos…

Hará unos años entrevisté a un psicólogo notable que pasaba por ser el introductor de la psicología traspersonal y dirigía una asociación que agrupaba a profesionales de esta escuela. El tipo era, simplemente, un pelmazo. Dios no le había adornado con el noble arte de la amenidad, sus explicaciones eran farragosas, aburridas, densas y opacas (como farragoso, denso y opaco, por cierto, es la psiquiatría de Carl Gustav Jung). No atendía ni a mi lenguaje corporal, que indicaba hastío, ni siquiera a mi lenguaje verbal que le decía una y otra vez que la entrevista había terminado y que con el material que tenía ya había suficiente. Me resultaba imposible pensar que alguien cuya profesión debería de servir para ayudar y conocer a alguien era incapaz, no solamente de reconocer en mis reacciones la sensación de distancia y alejamiento, sino de no conocerse a sí mismo. Unos meses después entrevisté a otro “terapeuta” que se jactaba de haber fusionado la antigua frenología (considerada como superchería desde finales del siglo XIX), con la fisiognomía y con la psicología. Exactamente igual que el anterior: incapaz de contener su riada de explicaciones acientíficas, era, además, agresivo y compulsivo: quería que se publicara esto o aquello, salir favorecido, vamos, y que la entrevista incluyera más material del que el espacio reservado para ella podía albergar. En programas de radio, conocí y entrevisté a más terapeutas y psicólogos transpersonales, muchos de ellos daban clases para formar a otros. La alumna de uno de ellos me confesó su sorpresa cuando creía estar entre gente razonable y el terapeuta ordenó el ejercicio de sacar la agresividad golpeando una colchoneta. Mi amiga, de repente, se vio rodeada de una decena de energúmenos de salvajismo evidente que agredieron hasta despanzurrar por completo la colchoneta. Y parecían normales. Nunca más volvió a verlos como gente normal…

Historias de estas, tengo todas las que quieran. Son discutibles y subjetivas, ya lo sé, pero no por ello menos significativas e incluso empíricas. Pero, de la misma forma que cuando uno conoce a los jueces en fiestas y celebraciones, cuando no llevan la toga, y se sorprende que la justicia esté en manos de algunos de ellos que son simplemente impresentables, se sorprende también de que “terapeutas” que pretendan curar las dolencias psicológicas de unos no sean ni siquiera capaces de curarse a sí mismos.

No me extraña que al final terminen recetando cualquier fármaco. Por lo que recuerdo de mi infancia, algunos curas en el confesionario eran verdaderos “directores espirituales” y no me extraña que en España hasta la guerra civil, los mejores libros de “autoayuda” fueran escritos por jesuitas… esto es, por gentes a los que se les había enseñado desde el seminario a conocerse y controlarse a sí mismos. Para eso servían los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, ciertamente. Me quejo de que, también en este terreno, hoy haya demasiados ciegos que traten de guiar (hacia el precipucio) a legiones de ciegos.

martes, 10 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (72) – JUBILACION LEJANA


Me quejo de que la tendencia de los gobiernos europeos es a alejar cada vez más la edad de jubilación. Que si primero a los 62, luego a los 65, a los 67 y, finalmente, en algunos países europeos ya se piensa en los 69 años como edad para jubilarse. La cosa no acabará aquí. La tendencia es a hacer coincidir la edad de jubilación con la de fallecimiento. Eso y escatimar la cuantía de las pensiones. El 1º de mayo ya me quejé de unos sindicatos inutilizables que firman todo lo que patronal y gobierno les pone por delante a cambio de unos euracos. La carne de sindicalista se cotiza bajo. Ahora de lo que me quejo es de ese permanente cambio en la edad de jubilación para ajustarla a las posibilidades oficiales del país.

Seamos claros: el argumento de que “cada vez vivimos más”, es falaz y falso. Vivimos lo mismo que se ha vivido siempre. Es una mentira estadística. Lo que ocurre en realidad es que la mortalidad infantil ha descendido y eso ha hecho que la media de edad parezca que aumenta: Carlomagno en el siglo VIII, vivió 72 años y el Emperador Tiberio, llegó a los 79 en el siglo I. Por citar unos ejemplos. Sin embargo, hasta no hace mucho, los niños tenía una alta posibilidad de morir en el parto o poco después (y a las madres no les iba mucho mejor por culpa de lo que se conocía como “fiebres puerperales”). Pero, una vez reducida la mortandad infantil, era evidente que la edad media de las poblaciones, tendería a aumentar. Claro está que las condiciones de vida tienen su parte… pero no tanto como se cree: la gente ya no muere tan a menudo de tisis o de sífilis, pero lo hace de cáncer o de infarto, así que, lo comido por lo servido.

Lo que ocurre es que en la actualidad, cuando las exigencias de la economía, podrían permitir que nos jubiláramos a los 50 años para dar paso a otras generaciones de trabajadores más jóvenes en una economía deslocalizada y robotizada, lo que ocurre es todo lo contrario, que cada vez los gobiernos retrasan más la edad de jubilación. El motivo es triple: 
- de un lado mala administración de los recursos del Estado, 
- de otro, la exigencia de nuevos grupos sociales de absorber subvenciones y subsidios (concretamente inmigración) y, 
- finalmente, la reticencia de los Estados a que la gente tenga tiempo libre para pensar y energías para actuar. Porque el absurdo de la actual ordenación del mundo occidental, en caso de ser advertida por grupos con suficiente cultura, inteligencia y capacidad de análisis, podría dar lugar a movimientos reivindicativos imparables: así que es mejor que se deje a los jóvenes empanaos con los porros y a los adultos preocupados por si les llegará o no la pensión a fin de mes.

El Estado, nos dicen los políticos, piensa en los jubilados… por eso se ha creado el INSERSO, que no está muy claro si es un sistema de vacaciones para la tercera edad o un intento de que palmen antes con atracones en hoteles y bufetes libres, o simplemente, por llevar a los abuelos a zonas donde las olas de calor son más deletéreas. Y, además, tampoco hay tantas plazas para el INSERSO, ni los destinos van más allá de los tópicos destinos turísticos.

Lo peor y lo que suscita mi queja es que el régimen (y sus “agentes sociales”) lo que pretenden es que el jubilado quede aparcado en un rincón de la sociedad, se contente con una paga que debe de administrar con cuidado de no gastar ni un euro de más (porque en primavera viene el tío Paco con la rebaja en forma de Declaración de Hacienda) y que le dé suficiente para alimentarse de sopa de ajo. 

Pero la vida es otra cosa, tanto en su versión apolínea como dionisíaca: porque cuando llega la jubilación uno ya no está para muchas alegrías y le da la sensación de que le han escatimado la vida. Cuando tenía 25 años escribí un pequeño opúsculo que se llamaba “La jubilación a los 18 años”. Eran los tiempos en los que se pedía “votar a los 18 años”, yo tenía conciencia de que esa reivindicación iba a ser completamente inútil. Y que los jóvenes a esa edad, lo que deberían es vivir como jubilados: preocuparse de formarse, meditar, gozar sin trabas y vivir sin tiempos muertos. ¿Votar? Eso para los que no saben hacer otra cosa que decir "sí" a este o a aquel. Hoy, con algún matiz, claro está, sigo pensando lo mismo. Aquel título provocador, hoy lo hubiera modulado: “¿Votar? En el basurero. ¿La jubilación? Lo antes posible, ¿La vida? Siempre”.

Me quejo de que los jubilados siguen siendo (dentro de unos meses yo me incluiré en la categoría) una clase “pasiva” silenciosa, permanentemente engañada y a la que se le puede engañar porque no hay partido, ni sindicato con entidad suficiente para asumir que la edad de jubilación no debe retrasarse sino adelantarse, exigir que la cuantía de las pensiones más bajas se duplique. Me quejo de que el Estado gaste tanto y subvencione en tanta gilipollez, pero escatime a los jubilados pensión y dignidad: porque considero indigno e insultante que un recién llegado cobre solamente un poco menos que un jubilado que se ha pasado décadas trabajando o que un colgao que a los 35 ya es un desecho social, sanitario y mental y necesita una pensión mensual para seguir liando porros.

domingo, 8 de julio de 2018

376 QUEJÍOS (71) – IR A LA PLAYA ES MORIR UN POCO


La natación es un sanísimo ejercicio para el cuerpo humano,  una actividad poco agresiva, propia del verano y que puede practicarse en playas, ríos, lagos, presas y piscinas. En algunas regiones de España y en algunos años, puede irse a la playa desde principios de mayo. Si en el invierno el mejor deporte es caminar, en verano el título se lo lleva la natación. Los que vivimos cerca del mar nos podemos permitir el chapuzón todos los días. Así pues no me voy a quejar de la buena vida sino de que cuando se inicia la temporada turística (julio y agosto) las playas, incluso de zonas no particularmente saturadas, se convierten en algo masificado que llega a lo desagradable. Me quejo de que las formas modernas de ocio han transformado el placer en una experiencia lamentable.

Me pregunto qué busca la gente yendo a la playa a una hora punta: a partir de las 11:00 y hasta las 18:00, las playas del litoral español se convierten en zonas con una densidad próxima a los cuatro habitantes por metro cuadrado. Lo sorprendente no es que la gente acepte y asuma la masificación como algo natural e incluso agradable, sino que a esas horas el sol pica con más fuerza, la radiación solar es mayor y el riesgo de sufrir melanomas, aun rebozándose en cremas de protección solar, aumenta hasta lo indecible.

Servidor tiene dos métodos que recomiendo encarecidamente: en primer lugar tomarse las vacaciones fuera de los meses de verano. En junio o septiembre no existen rastros de masificación. La segunda es ir a la playa antes de las 11:00 o después de las 18:00, cuando no existe masificación o cuando ésta ya ha remitido. Con la ventaja añadida, de que a esas horas la radiación solar es menor.

Y me quejo de que esto, que parece bastante razonable, no es lo que suela realizar la mayoría de españoles y de turistas. Y, créanme, no es un plato de gusto acudir a una playa en la que el niño de al lado continuamente te está arrojando arena con sus carreras histéricas a un lado o a otro o con su pelotita de los cojones ante la mirada entre apática y pasmada de sus padres, peor si en lugar de niño es un perro pulgoso y peor aún si se combinan niño y perro (lo cual ocurre a menudo induciendo a pensar que el parque de padres masoquistas va en aumento), la que practica top-less y está a punto de sacarte un ojo con el pezón, cuando te tienes que enterar a la fuerza de la conversación de las marujas que tienes pegadas a tu toalla, cuando los horterillas de allá y aquellos otros allende sombrillas, emiten la peor música que pueda existir en sus móviles disonantes y atronadores, cuando el griterío de todos se hace ensordecedor y en lugar de deporte y tranquilidad, lo que  se vive son situaciones de estrés y tensión, cuando los colgados de uno y otro lado parecer haber entablado una competición para ver quién es capaz de liarse y fumar más porros en menos tiempos, cuando te pasan constantemente los que han venido a pagar las pensiones de los abuelos vendiendo baratijas, cuando los chorizos amenazan con llevarse tus gafas de sol, o tus deportivas, o el móvil, cuando a un lado y a otro ves personal arrojando latas vacías, envases de plástico, restos de comida y algún colgao –donde hay porros hay colgaos - que incluso se le ha roto la Xibeca y que el gilipollas hasta se ríe y todo (y no le digas que recoja los trozos de vidrio que no te entenderá); por si eso no fuera poco, el olor de sobaquillos, entrepiernas, pubises y culitrancos malolientes se mezcla con el de cremas protectoras de baratillo (que no estoy muy seguro si sirven para algo pero que, en cualquier caso, contribuyen a aumentar la explosión de aromas). Luego están, claro, los moritos que miran a ver si hay alguna pechuga generosa que se muestre y que se suman a los mirones carpetovetónicos (que no son pocos)… Esto es lo que se produce sobre la arena.

En las orillas de la playa la cosa no mejora. No siempre está limpia el agua. En ocasiones parece un caldo recién hecho. Cuesta llegar a un lugar en donde se pueda nadar. Siempre hay alguna canoa que corre el riesgo de hacerte la raya en la frente, gente practicando snorkel que, en realidad, mira los bajos de l@s bañistas, los niños y no tan niños que se tiran agua unos a otros y unos contra otros, cientos de personas que chocan entre sí, el colgao que le ha dado el pasmo por el contraste entre el calor y la temperatura del agua y que si se ahoga o no se ahoga porque lleva con el porro desde que se ha levantado y son las 17:00, los vigilantes de la playa que no se parecen en nada a los titulares de la serie por mucho que lleven la misma barquilla roja en mano y, ocasionalmente, las medusas y los medusos, los que al notar la temperatura del agua gritan y solamente son superados por otr@s que dan alaridos. Como para que vengan los giliflús de las cruces amarillas y hagan una “plantá”…

¿Lo ven cómo la masificación y el modelo de ocio moderno ha conseguido convertir a la natación y a los lugares paradisíacos de la costa en una especie de antesala del Infierno de Dante? Me quejo, claro está, aun a sabiendas de que es hora de que vaya preparando la mochila, porque es hora de ir a la playa. Eso o viviré lo que acabo de describir.


365 QUEJÍOS (70) - EL MONSTRUO AUTONÓMICO

Un país con 17 autonomías, en algunas con “consejos comarcales”, 40 diputaciones provinciales, 50 provincias, y además un Estado incluido en la Unión Europea constituye un entramado burocrático demasiado grande para un país demasiado pequeño como España. Todos lo reconocen pero ningún partido político se decide a eliminar ninguno de estos escalones. Ni siquiera a reducir su número. Claro que me quejo de esto y me quejo de que en el programa de ningún partido por posibilidades de gobernar esté presente una reducción RADICAL de todo este monstruo que recuerda más al mandarinato que a un Estado moderno.

Joaquín Sabina ha contado en muchas ocasiones que al fallecer su padre, la última cosa que le dijo, como intentando conocer una respuesta misteriosa y cabalística, fue: “¿Para qué sirven las diputaciones provinciales?”. Sirven para hacer lo que no puede hacerse en el marco de una provincia… Bien. Y entonces ¿para qué sirven las autonomías? Recordemos: las autonomías son “gobiernos de proximidad” a los que el Estado delega sus funciones. Nada más. Lo que ocurre es que su nacimiento fue equívoco: inicialmente, en 1977-80 se aludía solamente a las “autonomías históricas” y era raro porque, históricamente, quienes podían reivindicar una autonomía “histórica”, serían el Reino de Navarra, el Reino de Aragón, el Reino de Castilla, el Reino de León… y así sucesivamente. Pero se referían a las autonomías que se alumbraron durante la Segunda República:

- Cataluña: Macià quería la independencia y la proclamó el 14 de abril de 1931. Unos días después costó el envío de diputados catalanes a Barcelona para que le hicieran entrar en razón: Nadie había votado la independencia en Cataluña, ni el Estado Catalán, ni era lo que se había establecido en el Pacto de San Sebastián. Cambió independencia por Generalitat pensando que ésta era el primer paso para la independencia. Cuando las cortes republicanas recortaron el Estatuto de Nuria se quedó in albis, paralizado . Companys, su sucesor, al inicio de la guerra civil se echó en manos de la CNT-FAI. Resultados: descontrol, asesinatos masivos (entre 9.000 y 15.000, muchos de los cuales eran simples venganzas personales) y una incapacidad absoluta para gestionar, no ya la guerra, sino la sociedad.

- País Vasco: el Estatuto fue aprobado el 5 de noviembre de 1933 en Guipúzcoa y Vizcaya, pero rechazado en Álava. Veinte días después, las derechas vencían en las elecciones y el Estatuto quedó, más o menos paralizado. Lerroux lo apoyaba a cambio de que el PNV le apoyara y la CEDA se opuso siempre. Los carlistas propusieron que Álava quedara excluida del estatuto. En febrero del 36 se reanudó la aplicación. En aquellas elecciones el PNV se había presentado con el eslogan: “¡Por la civilización cristiana, por la patria vasca y por la justicia social!”. Claro, el PNV formaba parte de la extrema-derecha de la época, lo que no impidió que tras la entrada de Franco en San Sebastián, el PNV entrara en el gobierno del Frente Popular para, en un alarde de coherencia, negociar luego la paz por separado con los italianos y rendir a sus “gudaris” en Santoña…

- Galicia: se aprobó el Estatuto el 15 de julio de 1936, tres días después estalló la guerra civil. Por cierto, el referéndum que lo aprobó fue calificado, incluso por los partidarios del estatuto, como “santo pucherazo”: en efecto, en una región en la que la reivindicación estaturaria había sido minúscula, las cifras del referéndum fueron de 993.351 votos a favor y 6.161 en contra, votando el 75% del censo electoral. En 1945, el estatuto se aprobó… en México y por parte de una escuálida minoría de diputados, más que nada para justificar la comilona que se regalaron luego.

¿Autonomías históricas? Pfff… esta es la historia. Como para estar orgulloso de ella. Y como en la España de 1977 cualquier descomposición mental que oliera a “libertad” era jaleada entusiásticamente, todos quisieron autonomías, incluso los que nunca las habían pedido, tenido, ni interesado. Suárez las promovió masivamente y nadie con entidad dijo que no.

Sostengo:

1) que la forma de organización Estado-Nación pertenece al pasado y carece de futuro,

2) que si a esta fórmula se le une la de “Estado de las Autonomías” lo que se consigue es introducir el caos en una estructura que ya de por sí hoy es ineficiente.

3) que hay alternativas: las 17 autonomías deberían reducirse a 3 (Cornisa Cantábrica, Antiguo Reino de Aragón, Antiguo Reino de Castilla) con poderes delegados del Estado y sin coñas de que si tal territorio es una “nacionalidad” o no lo es (si la nación-Estado ya no responde a las necesidades del siglo XXI, ¿qué puede pensarse de las “naciones de calderilla”?),

4) Liquidación radical de las diputaciones provinciales.

¿Objetivo? Reducir a la mitad el gasto público en burocracia, lo que supondría liberar a los españoles de cargas fiscales necesarias para mantener todo esto, mayor capacidad para la inversión pública, disminución del endeudamiento, aumento de pensiones y ayudas sociales… Me quejo de que ningún partido “con posibilidades” proponga nada de todo esto.

sábado, 7 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (69) – CATALUÑA TIERRA QUEMADA


La política, como he dicho en varias ocasiones, dejó de interesarme hace dos años, pero no puedo evitar sentir cierta amargura al ver lo que está ocurriendo en Cataluña que no es sino el resultado de la acción de una banda de aventureros políticos cegados por la sífilis nacionalista. Soy de la opinión que en Cataluña no ha ocurrido nada grave y que, el independentismo está derrotado desde el mismo momento en que decidió iniciar su peripatética aventura. Claro está que, en sí misma, la aventura es para quejarse de la cualificación de la clase política catalana, pero esto no es lo que me preocupa en este momento, sino de los efectos que el “prucés” está teniendo en la sociedad catalana, especialmente en amigos y conocidos. Y de lo que me quejo es de que los promotores del “prucés”, en su irresponsabilidad todavía no se han dado cuenta de las repercusiones de lo que han hecho. Me quejo de que Cataluña –y los catalanes- se están empobreciendo y nadie parece querer reconocerlo en aquella región.

Tomo como referencia lo que me ocurrió ayer en tanto que significativo: recibo dos post de dos amigos, se han quedado en el paro. La primera después de una temporada de moving laboral, el segundo, simplemente, despedido. Se trata en ambos casos de dos empleados cualificados: la primera en un conocido bufete de abogados, y el segundo como técnico de IBM. El mismo día, el diario La Vanguardia digital publica que el restaurante de Carme Ruscalleda en Sant Pol de Mar, chef de fama mundial y, sin duda, la segunda firma prestigiosa detrás de Ferrán Adriá, va a cerrar sus puertas en el mes de octubre. El mismo día, en la presentación de una película para críticos, una delegación de la revista Fotogramas aparecía para transmitir su desasosiego por el cierre de la redacción en Cataluña: algunos despedidos y otros puestos ante la opción de irse a Madrid o al paro. Alguien podrá pensar que estos tres elementos son puro azar y que ninguno tiene que ver con los otros. Y sin embargo, los tres están relacionados con el “prucés”.

Lo que ha ocurrido en Cataluña era lo que cabría esperar en un momento histórico en el que las empresas pueden desplazarse de un lugar a otro de la geografía mundial con sólo apretar la tecla de Enter. No vale la pena que miréis cuántas empresas de han ido de Cataluña desde el otoño de 2017, hay cifras muy diferentes, pero ninguna es inferior a 4.000 ni superior a 6.000. Los [i]rresponsables del “prucés” dijeron que eso no importaba, que las empresas volverían (¿cómo iban a abandonar Cataluña tierra de laboriosidad y empeño?)… pero, no solamente no han vuelto, sino que es ahora cuando empiezan a notarse sus efectos, sobre los que han quedado.

Cataluña se está empobreciendo día a día: no se trata de que las inversiones hayan disminuido en esta región mientras que han aumentado en el conjunto del Estado, de lo que se trata es de que la fuga de grandes empresas, su instalación en otras regiones, especialmente en Madrid, ha implicado el descenso del volumen de negocio de las empresas que se han quedado: la delegación de IBM tiene hoy menos campo de aplicación para sus programas de gestión comercial, los bufetes de abogados especializados en grandes asuntos internacionales han perdido a sus mejores clientes y tienen que reducir personal, revistas como Fotogramas ven cómo las presentaciones de películas, las llegadas de actores para promoción, se realizan sólo en Madrid y, en esas circunstancias, ¿para qué seguir manteniendo una redacción en la capital catalaan? Y la salida de entre 4.000 y 6.000 empresas ha hecho que miles de directivos ya no busquen un restaurante de prestigio para llevar a sus visitas, cerrar negocios o recibir a directivos de su propia o de otras multinacionales.

Y esto sólo ha hecho que empezar. Ningún medio en Cataluña reconoce que esto es así: cuando se conozcan las nuevas cifras del paro y del empleo, la Generalitat volverá a mostrarse exultante: “se está creando empleo”… claro, de camareros, de reponedores de supers, de repartidores de publicidad… pero el “gran empleo” que absorbe a técnicos, profesionales cualificados y en establecimientos de prestigio, ese, colegas, ese está en fase de extinción, especialmente porque los independentistas no quieren creer que han sido derrotados y se niegan a rectificar. Les ocurre como al recién guillotinado que todavía no se ha dado cuenta de que su cabeza anda rodando… De eso me quejo, de que antes de reconocer el fracaso y emprender otra vía, estos chalados, no se dan cuenta de que están aplicando políticas de “tierra quemada”. Claro que me quejo y lo doy como irremediable: la estupidez está en el ADN de algunos.

viernes, 6 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (68) – FARMACOS QUE NO CURAN


Leo hoy en La Vanguardia digital que el ministerio de sanidad ha retirado un centenar de medicamentos para la tensión. En condiciones normales la noticia ni me hubiera llamado la atención, pero dado que tomo unas pastillas para regular la presión arterial, la cosa era de mi interés porque lo que decía el medio era que “se ha detectado una impureza que podría provocar cáncer”. Si os estáis medicando por hipertensión os sugeriría que miraseis la noticia no sea que os zampando cada mañana cáncer con forma de remedio salvífico. La Vanguardia. Noticia originaria de la AEMPS en éste link  ¿Qué si me quejo? Claro que me quejo: me quejo de que nos vendan productos farmacéuticos que en lugar de sanar generen otras enfermedades.

¡Ah, y lo más bueno! Que la N-Nitrosodimetilamina (NDMA) en casi una veintena de fármacos producidos por prestigiosos laboratorios farmacéuticos ¡ha sido fabricada en China! Claro, como la “marca China” es sinónimo de chapuza, vamos a entregar a China la fabricación de moléculas que deberían sanar…

Durante muchos años he procurado evitar fármacos porque soy consciente de este tipo de problemas: es rigurosamente cierto que una infusión de hojas de olivo remedia, sin más, los problemas de la tensión arterial. De hecho, siempre que he vivido en el campo he procurado recurrir a la medicina natural de la zona y no me ha ido mal. No olvidemos que todos los remedios que se venden en las farmacias tienen principios activos salidos del mundo vegetal. Pero hay dos problemas: el primer de todos que uno ya no vive en el campo y el segundo que en cada época del año, el principio activo varía en cantidad en la naturaleza: No produce el mismo efecto, una infusión de hojas de olivo en verano que en invierno. Es la naturaleza. Y para remediar el problema está la farmacopea que te ofrece productos que tienen siempre la misma composición química y estabilizan lo que no está estabilizado en la naturaleza.

No es la primera vez que los fármacos antihipertensión generan problemas. Hace veinte años, los que estaban en el mercado tenían tendencia en determinados organismo a curar la hipertensión, pero su uso prolongado generaba parkinson. A partir de ese momento, los pacientes eran medicados para remediar esa enfermedad… pero los fármacos de la época parecían afectarles al corazón. Fue así como perdí a un amigo que tenía todavía mucha vida por delante.

Pero en los últimos veinte años parte de la producción farmacéutica internacional se ha trasladado a China. Y luego pasa lo que pasa. China, vale la pena no olvidarlo, es una dictadura en la que cualquier problema que pueda aparecer y que redunde en la pérdida de prestigio de su industria de exportación, puede ser considerada como “traición”, por tanto, fallos de seguridad, introducción de impurezas (como lo que ha ocurrido en este caso), son ignorados deliberadamente por los operarios y los técnicos, no sea que acaben en la mazmorra fría por años acusados de “sabotaje a la producción”.
En alguna otra ocasión he alertado sobre los riesgos de “la marcha China” (de ahí que no frecuente ni bares chinos, ni restaurantes chinos, ni todo a 100 chinos, no es por racismo es porque no quiero comer y utilizar bienes producidos sin el más mínimo respeto ni interés por los usuarios). Y ahora viene esto. También en los fármacos, en lo que debería curarnos, China ha introducido sus productos con el consiguiente efecto: lo que debería servir para curar alguna dolencia no particularmente grave, simplemente, nos apuntilla.

Lo peor es que el producto “posiblemente cancerígeno” (y sabemos lo que implica el “posiblemente” en esta materia) es que había sido aprobada por la FDA (agencia responsable de alimentos, medicamentos, cosméticos, etc) norteamericana en 1996… ¿Y Europa? ¿No tiene nada que decir Europa sobre esta aprobación? ¿Es que Europa debe limitarse a dar vía libre a todo lo que se aprueba en EEUU aun a sabiendas de que los “lobbys” serían capaces de vender a su madre si con ello obtuvieran un beneficio?

Me quejo de no saber ni lo que como, ni siquiera de si los fármacos que deberían curarme pueden generarme nuevas enfermedades.


jueves, 5 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (67) – VIDENTES Y DEMAS FAUNA PARANORMAL


Durante muchos años participé en programas de radio que habitualmente se financiaban con publicidad procedente de videntes y demás fauna paranormal. No puedo decir que todos fueran unos farsantes, pero sí que la mayoría habían desarrollado un sexto sentido para saber qué quería la otra persona que le dijera. No percibí en la inmensa mayoría, ni siquiera, una intuición superior a la normal o el desarrollo de alguna cualidad de anticipación. De ahí que me sorprenda el que todavía, a estas alturas, sea frecuente encontrar en revistas e incluso en la calle, publicidad de videntes que le van a arreglar el futuro. Me quejo de que todavía haya ciegos que guíen a ciegos.

El problema es que, los videntes no son solamente una de las muchas coberturas que la sociedad moderna tiene para gentes que no son capaces de andar por sí mismas por la vida y precisan muletas, sino que van acompañados de todo tipo de elementos supersticiosos e irracionales. Una vez más, hay que dar la razón a Oswald Spengler cuando decía que en el momento en el que se produce la caída de una religión tradicional, lo que la sustituye, no es una época de racionalismo, cientifismo y objetividad, sino más bien un tiempo de supersticiones y creencias excéntricas. Es lo que está ocurriendo ahora mismo y ante nuestros ojos.

Se ha dejado de creer en el cura de la parroquia de la esquina. Y he de decir que, a pesar de que hoy permanezca alejado de cualquier religión, en mis primeros años encontré a sacerdotes que eran verdaderos “directores espirituales” y cuyos consejos jamás olvidaré. También tengo que agradecer al catolicismo el que fuera la religión de mis padres y de mis abuelos y que les diera a todos ellos ideales para vivir y esperanza en el momento de la muerte. Pero nada de todo esto tiene que ver con las “nuevas religiones” o con el mundo de la videncia. El término “nuevas religiones” es un simple artificio para evitar pronunciar el nombre maldito: “sectas destructivas” o, lo que es peor “gilipolleces seudoespiritualistas”. Toda la “new age” hay que clasificarla dentro de este amasijo y allí se encuentran: videntes, “terapeutas”, “psicólogos transpersonales”, magos, brujos, grandes maestres e incluso obispos de iglesias virtuales, chamanes, ufólogos, babalaos y un largo, larguísimo etcétera.

La irracionalidad nos ha invadido y los “videntes” son solamente la punta del iceberg. Las “ideologías de género”, por ejemplo, forman parte de esa misma irracionalidad, como muchas de las decisiones de los gobiernos o de las actitudes personales. Hay momentos en la historia en los que la irracionalidad que cada uno de nosotros lleva dentro (porque forma parte de nuestra herencia animal) es modulado, conjurado o contenido por impulsos superiores (hacia la ciencia o hacia la espiritualidad, esto es, hacia las posibilidades de trascender el “ego”). Hay otros momentos en los que los diques se han roto y la marejada de lo irracional lo invade todo. Hoy hemos llegado a esos tiempos.

Conozco videntes que son incapaces de predecir si en un día nublado con relámpagos en el horizonte, va a llover. Conozco gente que me ha intentado vender “castañas mágicas”. He visto como otros han hecho publicidad de “colchones magnéticos”. Gentes que practicaban imposición de manos cuando te dolía un poco la garganta y cinco minutos después, en lugar de estar sanado, tenías 39º de fiebre. He visto “sanadores filipinos” diciendo que curaban el cáncer mediante “operaciones psíquicas”. Chamanes que decían administrar ayahuasca y lo único que hacían era dar LSD con colacao. He conocido estafadores de la peor especie y mariquitas saltarines haciéndose pasar por babalaos bendiciendo barcos o mirando orines y determinando que la culpa de una afección renal era el haber ofendido a Amaterasu diosa del mar. 

He visto tipos que me han tirado los buzios (las caracolas) y que no acertaban ni una. He visto “fisiognomistas” que no eran sino frenólogos con otros nombre y la misma carga de autosuficiencia. He visto echadoras de cartas que han respondido lo primero que les venía a la mente pensando que eso salía de “alguna intuición espiritual profunda”. Y luego les he visto sistemáticamente decir que si algo iba mal en la vida era por un mal de ojo que podía curarse gratis y solamente había que pagar la harina de mandioca, los velones y el polvo de ángel utilizados en la operación. Un fortunón, vaya. 

Y he visto pobres gentes, en el fondo buenas gentes, minusválidos sociales, que picaban y creían en todo esto, así como radios de gran audiencia que permitían estas publicidades. ¿Qué si me quejo? Si, me quejo y también me río de que la superstición ocupe un lugar axial en nuestro mundo. Que quejo de este fraude a la esperanza.

martes, 3 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (66) – PROGRAMAS DEL CORAZÓN


Hubo un tiempo –hará como 15 ó 17 años- solamente veía los informativos de televisión y alguna serie. Hoy ni eso. Es duro comprobar, no solamente la mediocridad de la clase política española y, lo que es peor, que cada pueblo tiene lo que se merece. Y en cuanto a ver series, resulta imposible visionarlas con cortes publicitarios de quince y veinte minutos. Así que la televisión se ha acabado para mí. No me voy a quejar de esto, sino que considero una bendición haberme liberado de la tiranía televisiva. Y, además, recomiendo a otros lectores que hagan lo mismo. Existen fórmulas alternativas para hacerse un ocio a la carta… si es que uno, claro está, tiene interés por algo. Porque la televisión generalista hoy está hecha y concebida precisamente para gentes apáticas y conformistas. Uno de los motivos por los que dejé de ver televisión fue porque me resultaba imposible digerir los programas llamados “del corazón”. Y de eso si que me quejo: de que esos programas y los personajes que cabalgan con ellos, sigan existiendo.

Hubo un tiempo en el que la “prensa del corazón” solamente se preocupaba de las novedades relativas a las Casas Reales, al mundo del superlujo y del glamour, a actores y actrices, es decir, a gentes que por su origen o su posición social “eran algo” o bien cuyo trabajo era lo suficientemente relevante como para que el público mostrara interés en sus vidas. La prensa del corazón mostraba “modelos de estilo”. Nunca me ha interesado la vida privada de los otros, así que esta temática (que conocía porque siempre en algún lavabo te encontrabas prensa del corazón en los inevitables momentos del día en que te sentabas sobre la taza del wáter) jamás tuvo interés.

Fue a partir de los años 90 cuando se produjo la eclosión del fenómeno. Antes, a mediados de los 80 la aparición de las cadenas de televisión privadas, ya supuso una primera ofensiva. Aquellas televisiones que deberían de haber elevado el nivel de la programación mediante la “libre concurrencia” y la ruptura del monopolio de las televisiones públicas, empezaron obsequiándonos con mama-chichos que se generalizaron en los 15 años siguientes. Luego vinieron los reallitys shows y finalmente, cuando empezó el período ZP, raro era el canal que no tenía uno de estos programas. Y el público los seguía (eso era lo peor).

Fue así como aparecieron sagas de ilustres mindundis, divorciadas peleonas dispuestas a cobrar algo más que la pensión de sus ex pero que no sabían hacer la o con un canuto, videntes que no se resignaban a fallar en sus predicciones y vendedores de intimidades, sin gloria y sin honor, que traficaban con sus miserias y las de sus próximos. Toda España se conmovía si alguno de estos personajes entraba en el quirófano a pegarse un latigado de botox o a hacerse un arregla. Lo que más morbo provocaba era que fulanita o menganito entraran en la cárcel o que se sospechara que se habían enganchado a cualquier droga. Surgieron declaraciones, reales o falsas, de ex amantes de uno u otro sexo, de chachas y baby sisters, de porteros. Saber las orientaciones sexuales de alguien o que saliera de la ebanistería se convirtieron en motivos de comentarios en todas las tertulias y trabajos. Los protagonistas de los reallitys vivían sus 12 meses de fama que luego declinaba y al cabo de un par de años solamente se acordaban de ellos en bolos por discotecas de tercera. Y luego estaba “la princesa del pueblo”, que no era Leticia, ni alguna infanta, sino la ex de un torero cuyo rostro había cambiado una y otra vez pero cuyo desparpajo cañí la hacía ídolo de todas las poligoneras que, de mayores querían ser como ella. Los gays hicieron su agosto y se normalizaron en el colorín. El armario parecía ser el camarote de los Hermanos Marx. La saga de los Pajares, la saga de la Pantoja, periodistas del corazón que al hablar sobre el último coito de tal o cual personajillo lo hacían con la gravedad de un conferenciante sobre geopolítica y guerra nuclear, individuos e individuas que no les importaba mostrar su tosquedad tanto como sus intimidades… De todo esto es de lo que me quejo: de que mi país viva hoy de toda la basura irrelevante, intrascendente y miserable que otro tiempo no hubiera suscitado el interés ni de la abuela del visillo. Claro que me quejo de que a un trabajador le cueste ganar el salario medio de este país (1,400 euros) y a unos bastardos vendedores de basura irrelevante, les paguen burradas por demostrar ante todo el país sus informaciones malolientes y su privacidad pestífera.

Aunque, claro está, no sé bien si quejarme de esto, o de que haya un gobierno que mantenga un “Ministerio de Cultura”. Aunque claro está, la elección de Màxim Huerta como Ministro de Cultura y su tránsito fugaz por la poltrona, es significativo del estado de la nación. Me quejo de que este no sea un “país”, ni un “Estado”, sino un reality chow permanente.

Acaba de aparecer: IBERIA – Alternativa, Misión y Destino de España y Portugal en el Siglo XXI


Presentación:

Este texto no constituye un manifiesto, sino unos simples apuntes para el debate. La primera parte es necesaria para entender la segunda que es, precisamente, la que da título al Cuaderno. No puede asumirse los postulados de la segunda parte, si previamente no se acepta el diagnóstico sobre el mal de España o si se ignora la situación internacional.

La lógica es lo que ha marcado la elaboración del presente textos: un análisis lleva a considerar una salida a la crisis española. Desde nuestro punto de vista no hay otra.
Lo que se propone, en definitiva, es superar nuestro “problema histórico”, simplemente, mediante un “fuga hacia adelante”.

El presente escrito pretende contestar a la pregunta que deriva directamente de la concepción joseantoniana de España: SI ESPAÑA ES UNA “UNIDAD DE DESTINO EN LO UNIVERSAL”, ¿CUÁL ES ESE “DESTINO” EN LAS ACTUALES CIRCUNSTANCIAS? Sin la respuesta a esa pregunta, la definición constituye una entelequia.  Hemos intentado responder de una manera lógica y racional. La reflexión de partida es de origen joseantoniano: la existencia de una nación es una lucha entre lo “espontáneo” y lo “difícil”. De la misma forma que antes de la “nación-Estado” existieron formas de organización de una comunidad, hoy, cuando hay que dar esta fórmula como definitivamente superada, es cuestión de plantearse qué puede sustituirla.

Todas estas consideraciones se tienen en cuenta a la hora de enunciar la fórmula para revitalizar a los pueblos de la Península Ibérica.

Contenido

1. Necesidad y oportunidad del planteamiento   
2. El punto de partida: lo espontáneo y lo difícil   
3. Los problemas de la Nación-Estado    
4. ¿Qué es el Estado-Nación y cómo irrumpe en la historia?         
5. Los problemas de la Nación Española en 2018
     - problemas derivados de nuestra historia
     - problemas derivados de los 40 años de franquismo
     - problemas derivados de los 40 años de democracia
     - problemas comunes a otros países europeos  
6. Tres salidas para un empantanamiento histórico          
     - preparar las condiciones para “hacer política”
     - las tres orientaciones de un proyecto iberista:
       a) Iberia mirando a Europa (la Unión Europea)
       b) Iberia mirando a Rusia (Iberia apéndice extremo de Eurasia)
       c) Iberia mirando a América (Iberia e Iberoamérica)
     - pros y contras de cada opción
7. Conclusiones
     - Objetivo propuesto
     - Estrategia
     - Tácticas
     - El Movimiento Histórico de la Revolución Ibérica
     - Hacia un nuevo modelo de sociedad postglobalizada

Características:

Formato: 15x22 cm
Páginas: 90
Colección: Cuadernos Básicos, nº 9
Precio de venta al público: 10 euros (incluidos gastos de envío a España)
Descuentos:
- por compra de 10 ejemplares: 70 euros (sin gastos de envío a España)
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365 QUEJÍOS (65) – ESA POLICÍA QUE NO ESTÁ DONDE DEBERÍA


Policías locales, policías regionales, policías nacionales, guardia civil, servicios de seguridad privados, cámaras de videovigilancia por todas partes, hasta en la sección de detergentes del super y todo para que cada vez haya más chorizos, la sensación de inseguridad sea cada vez mayor y al subir al metro de cualquier gran ciudad se nos advierta que “cuidado con los carteristas”. Para ese viaje no necesitábamos alforjas. De eso me quejo de que la seguridad que, a fin de cuentas, es el primer derecho humano, sin el cual, ninguno de todos los demás pueden ejercerse, esté cada vez más ausente de nuestras vidas.

Me voy a la playa. Dejo mis ropas y la toalla sobre la arena. Tengo que estar pendiente de que no me lo roben. Hay choros operando en la zona. Lo sabe todo el mundo e incluso todos los hemos visto. La policía les deja hacer. En otra zona no muy distante, los coches aparcados ven como sus vidrios son regularmente rotos y su interior saqueado. A pesar de que se trata ya casi de una “tradición”, por allí las dotaciones policiales pasan muy raramente. Están algo más adelante poniendo multas de tráfico. Luego hay otra zona, es la habitual de los pequeños traficantes de droga, allí es donde se hacen los bisnes. Tampoco es un lugar frecuentado por la policía. De hecho, incluso los pisos en donde se cultiva marihuana in door pueden localizarse por el olfato en las calles interiores del pueblo. Pero la policía local parece no tener el olfato en perfecto estado de revista. 

Y lo mismo pasa en la estación de la RENFE, en donde se reúne la escoria de las escorias para realizar sus pases descaradamente. También allí están los okupas con sus perros pulgosos y su mugre. ¿Lo más sorprendente? Que en todo el pueblo hay una casa ocupada ¡cuyas llaves guarda la policía local para los okupas en tránsito! Hay en este pueblo mío un paseo paralelo al mar en donde la policía local y los mossos d’esquadra pasean sus vehículos con frecuencia. Allí no ocurre nunca nada. Pero cuando acaba ese paseo y empiezan playas nudistas, es fácil ver a moros apostados en las rocas ejerciendo de simples mirones o masturbándose sencillamente. La agresión sexual está en el ambiente. Pero esto está ya fuera del alcance de las policías porque hay que ir a pie. En la parte alta del pueblo se han producido saqueos de pisos. Tampoco por allí se suelen ver dotaciones de la policía local. No digamos en las urbanizaciones vecinas. 

Cuando me voy de casa, siempre dejo alguna luz encendida para que los eventuales revientapisos entiendan que hay alguien dentro y se vayan al piso de al lado (solidario que es uno)… El día que fui a la policía local a denunciar que habían intentado robarme la mochila al descuido y que al salir tras el gitano rumano salió corriendo y la tiró, ni me hicieron caso. A fin de cuentas el robo no se había consumado. Cuando les dije que el trío de choros (un varón y dos hembras) habían pasado delante de las propias oficinas de policía y se dirigían a la estación de RENFE, ofreciéndome a identificarlos, me dijeron que ya me llamarían… Luego, por cierto, tuvieron un incidente en un Clarel y unos minutos después se las vieron con el del Todo a 100 chino.

Una pareja denuncia un robo en la estación y llama a la policía. Le dicen que las cámaras dentro del tren están solamente para que el maquinista pueda ver subidas y bajadas, pero que no filman. El chino la ha emprendido a porrazos con un descuidero. Las chicas del Clarel están soliviantadas porque las gitanas rumanas las han razziado. Un par de chicas jóvenes me vienen desesperadas y llorando: les han robado la cartera y lo que parece peor para ellas, el móvil. Que si he visto quién ha sido. Un par de colgados británicos con signos de no estar en sus cabales recorren el pueblo. Un exhibicionista de 70 años de la misma nacionalidad se pasea por las calles a todas horas. Nadie le dice nada…

Así es la vida en mi pueblo. No más de 3.000 habitantes. Eso sí, en el Ayuntamiento luce una bandera independentista, una pancarta por la liberta de los “presos políticos”, una bandera gay y otra pidiendo “libertad”… Habrá una docena de policías locales, todos chicos jóvenes, ninguno de los cuales parece apto para combatir a la delincuencia. Hacen bien en irse por donde no hay riesgo de que se crucen con algún choro. Otro tanto puede decirse de los mozos. Hacen bien, porque, total, aun deteniendo a algún ladronzuelo, el juez lo pondría en libertad, así que… para ir y volver, vale más no ir. Así es la vida en mi pueblo que está considerado como una zona idílica y tranquila. Claro está que me quejo de esta situación que ya todos los vecinos consideramos normal.

¿Qué si esto podría paliarse? Claro que sí: leyes más duras, menos contemplaciones, menos garantismo, juicios rápidos, exigencia de que las policías combatan el delito o se busquen agentes más eficaces (¿no sería bueno exigir a todos los que se presentan a uno de estos puestos que tengan experiencia militar?) y, sobre todo, derecho del ciudadano a llevar armas de fuego. Porque no me importa decir que si alguien entra en mi casa sin mi permiso, es hombre muerto. Vamos que, a estas alturas, no estoy para gaitas…


lunes, 2 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (64) – LA HORA DE LOS IDIOTAS


No me quejo de que España haya sido eliminada del Mundial de Fútbol por la fórmula del penalti después de la prórroga. Solamente un equipo puede ser el ganador y poco importa si quedan segundo o dieciseisavo: simplemente sólo uno gana y todos los demás son derrotados. En este caso le ha tocado a España. Cosas del fútbol, para el que les guste ver fútbol. Pero de lo que sí me quejo es de algo que me ha llamado la atención. Veo que en algunas poblaciones catalanas, no sólo en este último partido, sino en los anteriores, cuando algún equipo metía un gol a la selección española, estallaba el alborozo general. Se celebraba el gol del contrario con euforia y el de la selección española parecía inducir al suicidio de muchos espectadores. Bueno, a fin de cuentas, Cataluña hace tiempo que ha olvidado lo que es el “seny” y se ha entregado a la “rauxa”, así que no me extraña excesivamente, ni, por tanto, me voy a quejar exactamente de eso. Recuerdo, eso sí, la rabia y la frustración del nacionalismo moderado cuando España gañó hará ocho años la copa y que llevó a la guardia urbana a multar a los motoristas que hacían sonar el claxon…

El independentismo, ha perdido la partida. Y de qué manera. Y con qué falta de honor y de dignidad. Pero ni lo reconoce, ni lo reconocerá jamás, hasta el momento en que inicie su pendiente electoral, final obligado de todo nacionalismo frustrado. Es cuestión de tiempo. Ha ocurrido en el Québec canadiense y ocurrirá en Cataluña. Si no ha ocurrido antes ha sido por que la izquierda española, incluida la catalana, ve con cierta condescendencia todo lo que rompe la “unidad” del país considerada como un criterio franquista.  

Todos los presidentes del gobierno pretenden no dar argumentos para la victimización que la Generalitat tiene como leit-motiv. El otro día en la inauguración de los Juegos Mediterráneos de Tarragona, el tipo este que pasa como presidente de la Generalitat, entregó al Rey un dossier sobre la “represión el 1-O”. El Rey, en ejercicio de esa función de representación del Estado, cogió la carpetilla con gesto de hastío y le dio la espalda al fulano. Todavía están con eso. Y en muchos balcones de paletillos de pueblo todavía aún se ven carteles animando a votar SI en aquel reférendum. El tiempo se ha parado para esta pobre gente que no quiere asumir que se han quedado solos en Europa y que no son más de ¼ parte de la población en su propia tierra. Su esperanza es que el PSOE “indulte” a los detenidos por aquella asonada. De momento, Sánchez intenta por todos los medios hacer las paces con el independentismo. Pero ahí está la mirada vigilante de Josep Borrell para que esta política de “buena voluntad” no se convierta en otro idilio del PSOE con los centrifugadores.

De hecho, el gran error de Sánchez no es éste, sino el atrasar la celebración de elecciones generales. Corre el riesgo de que la opinión pública termine añorando a Rajoy a la vista de los “planes de gobierno” del nuevo equipo de gobierno (insistir en el asunto del Valle de los Caídos y no ser capaz de afrontar al próximo millón de inmigrantes que entrarán en Europa a través de España y en los próximos meses. Lo del Aquarius ha sido un sondeo para ver la reacción y ésta ha sido la que cabía esperar de un gobierno socialista). Sánchez intentará llegar a las elecciones en buenas condiciones, pero lo que salga de las urnas será, casi con seguridad, un gobierno de coalición, en el que Ciudadanos dará el poder a uno o a otro (al PP o al PSOE y lo dará al que parezca menos erosionado). El otro problema es que la opinión pública olvidadiza termine apoyando de nuevo a un PP si este partido es capaz de dotarse de un liderazgo fuerte.

En cualquier caso, la “cuestión catalana” está zanjada: Cataluña no puede ser independiente sea cual sea la coalición de futuro (resulta impensable que el PSOE termine apoyándose en Podemos que sería, a fin de cuentas, la única combinación que daría cierto margen al independentismo: no se olvide que el PSOE está en el campo de la socialdemocracia y del gran capital), el independentismo irá perdiendo su posición privilegiada en Cataluña por puro desgaste y harían bien los independentistas en mirar en el espejo de sus colegas quebequeses y obtener alguna enseñanza.

Mientras, lo que parece evidente es que los independentistas se nutren de “pequeñas victorias” (el nacionalismo ha hecho siempre de la derrota una victoria en su particular interpretación histórica que parece sacada del lema del Ministerio de la Verdad orwelliano: “la mentira es la verdad y la verdad es la mentira”): la pérdida del partido España-Rusia fue una de ellas. Los tontorrones olvidar que hay varios jugadores de su club icónico en la selección. Pero, qué le vamos a hacer, son independentistas, no se puede esperar mucho de ellos. No, si de lo que me quejo es precisamente de eso: de que en algún momento alguien los pueda tomar por gente razonable.

365 QUEJAS (63) – LA REINA LETICIA


Soy monárquico. Qué le vamos a hacer. Reconocerlo puede parecer incluso excéntrico ahora cuando ni siquiera las monarquías son conscientes de lo que representan y cuando parece no haber reyes capaces de ser considerados y de ejercer como tales. Hoy, lo más provocador que puede hacerse es reconocerse monárquico. Sólo los conformistas y los políticamente correctos se tienen por “republicanos”. Pero, si vamos a eso, creo en la superioridad de la monarquía sobre la república. Era lo que le decía un ujier a un presidente del gobierno que quería tirar tabiques del palacio: “No puede ser. Usted se irá, pero el edificio se queda”. Por eso soy monárquico (aunque no haya monarquía a la que defender): porque me quedo con la estabilidad y con continuidad, con la tradición y con el linaje, antes que con la “participación popular”, “la modernidad” o “las elecciones”. En realidad, ni siquiera pretendo que se me entienda porque llega un momento en el que el lenguaje de la “tradición” está tan alejado del de la “modernidad” que resulta imposible hacerse entender. Y pierde el tiempo quien lo intente. Pero no es de esto de lo que me quejo, sino de algo mucho más evidente: no me gusta Leticia Ortiz como reina de España. Y me quejo de que lo sea.

En primer lugar, creo que los Reyes no se deben casar por amor. Eso de “casarse por amor” apareció con el romanticismo del siglo XIX, antes la gente se casaba por el linaje, para unir patrimonios, o para tener hijos sanos. Y un hijo sano garantiza la prolongación del linaje y éste dura mucho más que una arrebato amoroso (la pasión es producto de nuestro sistema hormonal y, como tal, dura no más de cuatro años). Pero, la “modernización” de las monarquías –institución incompatible con todo lo que es moderno y que no puede medirse ni valorarse por parámetros actuales, en tanto que al ser eterna está sometida a la tradición- ha entrañado el introducir a “plebeyos” en las familias reales. El error no solamente ha sido ese, sino que ni siquiera se ha cuidado de que esos plebeyos estén a la altura.

La cosa empezó con Diana de Gales, una neurótica incapaz de asumir su papel dignamente. Entre aquella boda  principios de los 80 y la de su hijo a ritmo de gospell con una mulata descolorida hace unas semanas, media la “popularización” de la monarquía y su inevitable decadencia. A España la cosa llegó con los tres hijos de Juan Carlos de Borbón y de Sofía de Grecia: y ahí tenemos a un cuñado del Rey en la cárcel de mujeres y a él mismo casado con una divorciada que le creará más problemas que otra cosa.

Soy de los que opina que la familia real griega tiene un estilo muy superior al de la rama española de los Borbón-Dos Sicilias. Por tanto, era de esperar que surgieran fricciones entre madre y nuera. Pero no me voy a quejar de eso que se ha convertido en material de la prensa del colorín, ni siquiera de que Leticia Ortiz cambie de aspecto cada vez que sale al extranjero: regrese después de haberse pegado unos latigazos de bótox, aquí y allí, modificado alguna parte de su anatomía, a pesar de que siga pareciendo anoréxica y su estancia haya causado todo tipo de rumores sobre desavenencias y conflictos diplomáticos (el último con Melania Trump). Tampoco me voy a quejar del pasado laboral de la reina, ni de sus amistades republicanas, está ahí porque alguien decidió que la monarquía debía “ser popular” y lo mejor era casar al Rey con una plebeya, divorciada y que ni siquiera sea monárquica.

Los reyes deben ser educados para ser reyes, no para ser personajes populares. El oficio de Rey exige mucho, de ahí que sea normal que las prerrogativas sean también muchas. Se debe renunciar a mucho, empezando por la vida privada. O te entregas al país o te entregas a tu amante. No hay término medio. No puede haber fallos en el oficio de Rey, ni siquiera en la gestualidad corporal. Quien no ha sido educado para ser rey desde la cuna, no podrá serlo nunca por mucha voluntad que ponga. Me quejo de que este principio lo han olvidado las monarquías.

La monarquía debería ser símbolo de unidad y continuidad. Hubo un tiempo en el que los monarcas eran el espejo de cómo debía comportarse y ser la sociedad. Hoy siguen siéndolo: deben ver el fútbol, tener a algún cuñao insufrible, tener disputas matrimoniales, ponerse bótox en la peluquería y braquets, incluso ser republicanos… De eso me quejo: de que incluso los reyes han olvidado su función.