lunes, 14 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (15) ¡YA VALE CON EUROVISION!


El pasado sábado tuvo lugar la nueva edición del Festival de Eurovisión. Lo parajódico de esta edición ha sido que nuevamente ha ganado una cantante procedente de un país no europeo. El Estado de Israel, al parecer, produce fenómenos freakys a mogollón. Hace unos años fue una especie de travestí barbudo, ahora es una chica de aspecto sanote y de voz más que deficiente. A pesar de tener las hechuras iniciales de aquella Rosa de Operación Triunfo que tenía una voz difícilmente igualable (y una dicción que, cuando no cantaba era imposible entender lo que decía, por cierto), la ganadora de la última edición hacía gala de un tono quebrado propio de vieja borracha. Bastante lamentable en todos los sentidos. Pero no me quejo de eso.

Ni siquiera me quejo de que, desde los años 60, España haya tenido una participación poco brillante. Tampoco me quejo de que allí se haya enviado a fracasar desde cantantes de gran categoría y voz hasta simples payasos conscientes de que lo eran, mujeres de tronío, gays de porcelana,  o julays como en esta edición, ni de la calidad de lo que allí han cantado “los nuestros”.

DE LO QUE ME QUEJO ES DE LA EXISTENCIA MISMA DEL FESTIVAL DE EUROVISIÓN.

La época de los grandes festivales de música queda muy lejos. Fueron los años 60: España compitió con el Festival de la Canción de Benidorm y con aquel otro Festival de la Canción Mediterránea. El primero se prolongó entre 1959 y 2006, esto es entre el inicio del despegue económico y del desarrollismo en la España franquista hasta el boom de la construcción. El Festival del Mediterráneo, era pura promoción del ayuntamiento de Barcelona y duró de 1959 a 1967. Estaban invitados los “países mediterráneos” de las dos orillas, incluido Israel. Estos festivales se formularon al estilo del Festival de la Canción de San Remo que va por su 68 edición, pero que hace mucho tiempo dejó de llamar la atención. La fórmula ha muerto hace mucho. En Barcelona, cuando aparecieron los nuevos estilos (incluida la nova canço y las diversas variedades de rock) entendieron que era inútil tratar de promocionar la ciudad por ahí). El de Benidorm murió de muerte natural y el de San Remo como algo específicamente italiano, una especie de Operación Triunfo de una noche.

Y, sin embargo, Eurovisión sigue. ¿Para qué seguir llamando “eurovisión” a algo que, en realidad es “tutivisión”?  Red creada en 1954 a partir de la Unión Europea de Radiodifusión, fue inicialmente una red para intercambio de programas, material de archivo y material informativo. Pero hace tiempo que dejó de ser algo “europeo”. De hecho, hoy cuenta con 56 países… aún cuando la Unión Europea cuenta con 28 países a los que hay que sumar los que, hasta 43, no están incluidos en la malhadada federación. Uno se pregunta: ¿Qué diablos hace Azerbaiyán en Eurovisión? ¿O Armenia? Por no hablar de Israel, Marruecos y Turquía que son cualquier cosa menos “Europa”.

El festival estaba en crisis en los 10 años anteriores y posteriores al 2000. Sin embargo, sobrevive. Quienes le han inyectado vida artificial son dos sectores: los países marginales, no europeos (que han ido ganando: Turquía en 2003, Azerbaiyán en 2011, e Israel reiteradamente, en 1978, 1979, 1998 y 2018) y, sobre todo, el movimiento gay de los países occidentales. Y me quejo de que alguien a quien no le interesa ni el movimiento gay o mira un mapa de Europa y dice “¿Eurovisión? Esto debe ser cosa de europeos”, no tiene porqué soportar en el mes previo a la celebración del certamen el machaque de canciones mediocres, intérpretes que, al margen de su calidad real o supuesto, jamás ganarán porque en ese festival el voto es político o de vecindad.

ME QUEJO DE QUE LA FÓRMULA PERTENECE A MEDIADOS DEL SIGLO XX Y YA ES UN ARCAISMO EN LA MODERNIDAD. Y aburre PORQUE HACE TIEMPO QUE NO APARECEN CANCIONES PEGADIZAS NI DE CALIDAD NI LOS GANADORES RESULTAN SER INTÉRPRETES CON CARISMA. Lo del Chiquilicuatre tuvo [des]gracia… Después de aquello, por dignidad, hubiera bastado con retirarse del festival. Diez años después, seguimos esperando.

¿PARA CUÁNDO ENTERRAMOS AL FESTIVAL DE LA MEDIOCRIDAD Y EL KITSCH?


domingo, 13 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (14): ESAS DEVOLUCIONES DEL CAMBIO MAL DADAS



Me quejo de que la tasa de errores a la hora de devolver el cambio en los comercios está subiendo desmesuradamente en los últimos años. Compras una barra de pan que cuesta ochenta céntimos, pagas con un billete de cinco euros y te devuelven dos veinte euros… ¿Y los otros dos euros? Pueden ocurrir dos cosas: que lo adviertas o que no lo adviertas. Lo sorprendente es que si lo adviertes y reclamas, quien te ha dado el cambio, ni siquiera examina las monedas que le muestras: te devuelve los dos euros sin mediar disculpa y con expresión de acordarse de tus muertos. Simplemente, te ha querido engañar. Si no lo adviertes, los dos euros van a parar a la caja B de su bolsillo. En las grandes ciudades esto se ha convertido en el pan de cada día.

Uno tiene que permanecer constantemente en guardia para evitar que le timen pequeñas cantidades. Ciertamente, no es como para presentar una denuncia, pero la reiteración es lo suficientemente grave como para pensar que hay cientos de personas al día a los que les hacen el mismo truco y no lo advierten. ¿A qué se debe todo esto?

Personalmente lo atribuyo a tres causas:

1) La formación de primaria en matemáticas es tan básica y poco exigente que una parte de los alumnos salen de las aulas sin saber realizar una simple resta. No lo hacen por mala fe, sino que se equivocan. Lo digo, porque en alguna ocasión, me ha ocurrido lo contrario: he visto que me daban más cambio del que correspondía. Problema grave que, por sí mismo, denota el fracaso de nuestro sistema de enseñanza. Los niños van pasando de curso en curso a pesar de tener las asignaturas suspendidas. Y al final resulta que no les sale un cálculo diferencial-integral simplemente porque no tienen facilidad para multiplicar ni restar…

2) Ha aparecido un grupo social nuevo, bruscamente, en los últimos veinte años, que está habituado en sus países de orígenes a realizar este tipo de trucos o bien que ha llegado con la idea de que en España todos atamos los perros con longaniza así que ni siquiera nos preocupamos, si damos un billete de cinco, de veinte o de cincuenta euros, del cambio. Como nos sobra el dinero, no lo miramos. E incluso, como algunos españoles de a pie es, por término medio, son algo paradillos, aunque lo advierta, prefiere no reclamar. Sí, me estoy refiriendo a la inmigración. Siempre ha dicho que los inmigrantes son mucho más “listos” que los de aquí, que tienen más instinto de supervivencia. Y lo ponen en práctica con mucha facilidad, no sólo en los cambios, sino en las reclamaciones y la exigencia de beneficios sociales.

3) Y luego está, claro, la mezquindad salarial que también influye. Determinados empleos se realizan a cambio de salarios de miseria. El empleado debe compensar de alguna manera esta carencia y lo hace, simplemente, buitreando cambios a los clientes que es menos comprometedor que escatimando productos del propio comercio. Cuando trabajaba en radio, aquello era un hervidero de becarios sin sueldo o con sueltos que no cubrían ni siquiera los transportes que utilizaban: no era raro que CD que llegaba a la emisora regalado por las distribuidores y para que se emitiera en el curso de los programas, se lo quedaran los becarios. La sala de archivo de CDs era periódicamente sometida a saqueo hasta el punto de que Luis del Olmo, en Onda Rambla, optó por contratar un segurata para evitar el expolio (prefería pagar uno de estos servicios, antes que subir 100 o 200 euros el “salario” a los becarios…).

Sea cual sea el motivo que induce a unos empleados a sistematizar los errores en la devolución de los cambios, de lo que me quejo es de tener que estar permanentemente en guardia. La base para la sostenibilidad de una sociedad es la confianza entre vecinos, no el estar permanentemente en situación de “prevengan” como se decía en la mili. Y además, reconozco que estoy harto de decirle a la de la panadería: “Me has dado mal el cambio” o de ver como uno de cada X clientes se ve obligado a repetir la misma frase. Estos harto de listos, de listillos y de listones. ¿A quién no le ha pasado esto?

sábado, 12 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (13): ESOS BADULAKES QUE VAN DE PALO


Me hacen gracias los amigos que se han obstinado en ser defensores de “el pequeño comercio”: lamento deciros que el “pequeño comercio”, el de siempre, el de proximidad, el que vivieron nuestros padres, ha muerto. Es terrible, y todo eso, pero es la realidad: se lo han cargado las grandes superficies. La primera de estas que vi en Barcelona debió aparecer hacia el 1962, era un Pryca en Balmes - Travesera de Gracia. No prosperó, unos años después cerró y bastante más tarde, en la transición, en su lugar apareció otro. Luego estaban los Spar, pequeños y recoletos, que convivieron durante un tiempo con las “tiendas de ultramarinos”. Pedías en estas arroz y te lo servían. Pedías aceite y le daban a la bomba de un barril Brent. Pedías galletas y te abrían una caja de hojalata. Eso era el pequeño comercio. Inició su ocaso en la transición y murió antes de llegar a la crisis de 2007. Pero, entre tanto, a partir de mediados de los 90 se produjo otro fenómeno nuevo: llegaron inmigrantes magrebíes y abrieron lo que podría ser considerado como primeras muestras de “comercio étnico”. Apenas vendías unas pocas cosas: refrescos, frutas, frascos de legumbres, latas… Pero la verdadera avalancha empezó a finales de los 90 cuando los pakistaníes que utilizaban la manga ancha española en materia de inmigración para saltar al Reino Unido e instalarse allí, decidieron que España era mucho más barato y menos explotado: entonces empezaron a abrir su badulakes.

Los pakis no podían competir en calidad, vendían lo mismo que en cualquier super. Pero, inicialmente, lo vendieron más barato. Además, tenían la ventaja de estar abiertos a horas extremas, desde las 6:00 hasta las 12:00, incluso más tarde. Competían en horario. Luego, empezaron a aprender que, una vez ganada la fama de que eran comercios baratos, podían ir subiendo paulatinamente el precio. Dejaron de competir en precio y pasaron a competir solamente en horario. No les ha ido mal. Han ocupado una franja del comercio de la que, inexplicablemente, desertó el comercio español. Y se han hecho los dueños de esa franja del mercado.

No voy a quejarme de que en nuestros barrios el pequeño comercio autóctono haya desertado y que en cada esquina proliferen como hongos los badulakes pakis. Sería absurdo, porque cuando las ganas de hacerte una birra aprietan a las 22:00, igual solamente encuentras un paki que te vente una lata. 

DE LO QUE ME QUEJO ES DE QUE CADA VEZ HAY MÁS BADULAKES QUE VAN DE PALO. Me explico.

El otro día en Barcelona, me apetecía un Burn, bebida energética a base de taurina. Veo a un paki que la vende a 85 céntimos. Precio normal: de 80 a 90. Aceptable, por que el resto de marcas, Monster, especialmente, van a 1,50 euros, con el mismo litraje, contenido en taurina y cafeina. Cojo una lata de Burn, me dispongo a pagar: ¡y, como la cosa más natural del mundo, me lo pasa dos veces! Es cierto que apenas hablaba castellano, pero sabía perfectamente como decir: “son 1,70 euros”. Ahí se quedó el Burn. Otra muestra: en un badulake de la costa compro una lata de Cider Magners (sidra irlandesa). Ochenta céntimos. Bien. Ta güeña. A la semana siguiente vuelvo al mismo badulake, compro lo mismo. Precio: uno ochenta euros… Ni siquiera se tomó la molestia de realizar una discreta subida escalonada en unas semanas.

El principio ético-moral  de este “comercio étnico”: “si pagan más es que son tan primos como parecen; por tanto, voy a probar…”. De eso me quejo. De que en los badulakes, simplemente, nos toman por tontos. No creo que ninguno tenga libro de reclamaciones, ni listado de precios, ni siquiera estén al día con las licencias municipales. Son así: plena anarquía.

¿Este es el “pequeño comercio” que hay que defender? Es el único que queda. Yo me pregunto, por qué, los jóvenes españoles no se unen dos o tres y abren pequeños comercios autóctonos, retornando a aquellos tiempos en los que el “tendero” conocía a su clientela, hablaba su idioma y, además, no hubiera sido capaz de ofrecer mierda seca a precio abusivo, so pena de quedar mal con sus vecinos. De eso me quejo.

viernes, 11 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (12): HUYAMOS DE LA PUBLICIDAD



Hará algo así como dos décadas, estaba claro que la publicidad se había desmadrado y que los canales generalistas ofrecían excesiva publicidad. Por no hablar de la radio en al que por cada hora de programación, entre 20 y 25 minutos estaban destinados a cortes publicitarios. Una ley quiso regularlo… ley no derogada pero si olvidada. Hoy, nada impide que cada canal coloque de manera abusiva publicidad y más publicidad hasta matar a la gallina de los huevos de oro. ME QUEJO DE LA PUBLICIDAD OMNIPRESENTE E INTERMINABLE, CHIRRIANTE Y CON UNA FALTA DE ORIGINALIDAD RAYANA EN LA INDIGENCIA INTELECTUAL.

¿Puede verse una serie de 20 minutos con dos y tres cortes publicitarios, el último de los cuales se da a pocos segundos de terminal? ¿Pueden soportarse secuencias de cortes publicitarios de 10 e incluso 15 minutos, separadas por un minuto de programación? Bueno, pues ese es el resultado de las televisiones privadas que nacieron en los años 80 y que se ha renunciado a controlar. Carloti, el baranda de Tele 5 ya lo dijo hace algunos años: “yo vendo publicidad, y tengo que poner contenidos para que la gente vea los anuncios”. Imposible ser más claro: la televisión pasó de ser un servicio público a un negocio publicitario desbocado.

Si cuando era un servicio público, nos quejábamos de que solamente había un par de canales nacionales y media docena de canales autonómicos-oficialistas, la irrupción de las televisiones privadas marcó el inicio de la era dorada de las mama-chichos, los culebrones y la telebasura.  Y en eso estamos. Abandonad toda esperanza: a medida que se degrada el nivel cultural de las masas, lo que precisan no son productos sofisticados, sino pura mierda enlatada. Eso es lo que hoy sirven las televisiones generalistas. Y ese ha sido el resultado y más notorio resultado de las televisiones privadas que han cumplido ya las tres décadas.

Lo más sorprendente es que la publicidad ha llegado a invadir algunos canales de pago. Lo que se ha generado ha sido una fuga masiva hacia la televisión es streamming después de una década en la que bajar contenidos a través de programas P2P se había convertido en algo habitual. ¿Podía esperarse otra cosa? El problema de las televisiones privadas, no era que vivieran de la publicidad, sino que han querido vivir demasiado bien.

ME QUEJO DE QUE LA PUBLICIDAD ES UNO MÁS –NO EL ÚNICO, PERO SÍ UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES- DE LOS FACTORES QUE HAN CONTRIBUIDO A LA DECADENCIA IRREVERSIBLE DEL MEDIO TELEVISIVO. Y no tenía por qué ser necesariamente así.

- Un medio saturado por publicidad directa e indirecta, no es un medio que pueda transmitir otro valor que los contenidos de los propios anuncios.

- Una publicidad masiva no puede ser sino una publicidad zafia, hecha, no para la satisfacción de la media intelectual de la audiencia, sino al nivel de los estratos de más baja cultura.

- Una publicidad omnipresente desvaloriza cualquier otro contenido televisivo, resta interés, rompe la continuidad de las películas y las series y termina siendo una tortura para el espectador.

- Una publicidad tan poco imaginativa, tan machacona y reiterativa como la actual, además, resulta ser engañosa y en absoluto útil para el espectador.

A lo que habría que añadir los efectos subliminales de los que nadie habla pero que seguramente siguen existiendo (¿o es que alguien ha pensado que el estudio de las técnicas subliminales se interrumpió en los años 50 y nadie se ha interesado desde entonces por ellas?).

Obviamente, no todo son quejas contra la publicidad. LE AGRADEZCO EXTRAORDINARIAMENTE QUE EL RECHAZO A LA PUBLICIDAD HAYA OPERADO EL MILAGRO DE QUE DESDE HACE CASI 20 AÑOS NO VEO TELEVISIÓN, SINO QUE YO MISMO SELECCIONO LOS CONTENIDOS QUE ME INTERESAN. NO ME IMPORTA PAGAR POR VER… LO QUE ME IMPORTA ES QUE NO POLUCIONEN MI CEREBRO CON CIENTOS DE ANUNCIOS POR HORA DE PROGRAMACIÓN.  


jueves, 10 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (11): LOS ALARIDOS DEL NIÑO DE LA VECINA



Establezcamos un axioma (proposición suficientemente evidente como para no necesitar demostración): LOS NIÑOS ESPAÑOLES SON MÁS CHILLONES QUE EN CUALQUIER OTRO PAÍS DEL MUNDO (incluidos los países más chillones del tercer mundo). Me quejo de eso: NO SABEMOS EDUCAR LA VOZ DE NUESTROS NIÑOS. CUANDO JUEGAN, LO HACEN A TRAVÉS DE ONOMATOPEYAS Y ALARIDOS. Cualquier viajero sabe que esto ocurre solamente en España. Harina de otro costal es explicarse el por qué.

En cierta ocasión, sentado en un restaurante, la niña de apenas tres años de la mesa de enfrente empezó a gritar, sus padres y familiares no la calmaban así que comenté en voz alta lo inútiles que eran y que ni siquiera se preocupaban de educar a su hija para que no molestara en los locales públicos. Por increíble que pueda parecer, los padres –que me habían oído perfectamente- prefirieron abandonar el local antes que enseñar a la niña que en lugares públicos no se chilla. En los últimos años, confirmando la anécdota, debo decir que no he visto a padres que se esforzaran en educar la voz de sus hijos (que es como educarlos a ellos mismos). Da la sensación de que la actual generación de padres considera que cualquier reconvención, regañina o simplemente intento de rectificar el carácter de su vástago, vaya a castrarlo y sea algo inhumano. El resultado es que, cuando alcanzan los 14 años, ya resulta imposible que aprendan a modular la voz.

Por lo demás, una de las muestras del fracaso educativo de la enseñanza primaria es que en España, los niños se comunican POR ONOMATOPEYAS, MUCHO MÁS QUE CON FRASES CONSTRUIDAS MEDIANTE VOCABLOS. Y esto,  también, es algo que solamente existe en España. He contado en varias ocasiones que, en cierta ocasión, en Praga, dentro de un par, en la mesa de al lado, estaban sentados merendando un grupo de cuatro niños de 12-13 años ¡y hablaban entre ellos! ¡ni gritaban, ni se comunicaban por onomatopeyas, ni mediante alguna red social! ¡ESTABAN HABLANDO! Era algo que hacía tiempo no veía en España. En otra ocasión, en Québec, en un fast-food en el que me encontraba, entraron como 90 jóvenes escolares. Me horroricé: algo así en España equivalía a tener que evacuar el local ante los gritos, los chillidos, las peleas, la música, etc… Al cabo de poco rato vi que los profesores tenían perfectamente controlada la situación: TODOS ELLOS SE COMPORTARON CÍVICAMENTE.

¿El balance? ESTAMOS FORMANDO ENERGÚMENOS A FUERZA DE RENUNCIAR A EDUCARLOS. Educar quiere decir RECTIFICAR las tendencias y transmitir hábitos sociales correctos. Implica, naturalmente, ejercer presión sobre el niño: pero es rigurosamente necesario. O de lo contrario, lo que va creciendo es una raza asilvestrada incapaz de vivir en sociedad y de comunicarse de manera racional. ESTO ES LO QUE TENEMOS HOY. Corresponde a los sociólogos y educares explicar cómo hemos llegado hasta ese punto. Pero es una situación que resulta imposible de soportar.

En mi pueblo, procuro no salir a la misma hora que sueltan a los niños de los colegios. Cada día que veo el espectáculo de los niños saliendo de la escuela, no sé por qué, recuerdo aquellas películas del Oeste en las que se producía una estampida de búfalos. Pues lo mismo.

LO ESENCIAL PARA MANTENER LA CONTINUIDAD DE UNA SOCIEDAD ES ESTABLECER CÓDIGOS DE COMUNICACIÓN ENTRE SUS MIEMBROS: CUANTO MÁS SOFISTICADOS SON ESOS CÓDIGOS Y MÁS ELABORADOS, MAYOR ES EL NIVEL CULTURAL Y EDUCATIVO DE ESA SOCIEDAD –implica que todos sus miembros se han esforzado en alcanzar unos mismos estándares aceptados por todos- CUANDO MÁS SIMPLES, PRIMITIVOS Y ONOMATOPÉYICOS SON ESOS CÓDIGOS, MÁS PRIMITIVA ES UNA SOCIEDAD. Si hemos de vivir los decibelios que emiten las jóvenes generaciones, hay que reconocer que la sociedad española se ha degradado al nivel de los neandertales recién bajados del árbol.

La generación en la que me eduque y la generación en la que he educado a mis hijos eran capaces de gritar más y mejor que la de ahora. PERO SABÍAMOS CONTROLAR EL SONIDO, MODULAR LA VOZ Y SUBORDINAR NUESTRO IMPULSO A LA NORMA SOCIAL ACEPTADA DE NO CAUSAR MOLESTIAS A LOS VECINOS. De eso me quejo. De que de esto ya no quede ni rastro.


martes, 8 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (10) ¿PERO ES QUE NO HAY NINGÚN TOMATE CON SABOR A TOMATE?



Llevamos 20 años en los que lo esencial del cultivo de tomates viene del norte de África gracias a la UE y a la falta de habilidad y de carácter de los que negociaron la entrada de España en este organismo. Allí no existe ni la famosa “trazabilidad” que garantiza cómo se han cosechado los tomates, cómo se les ha abonado y de dónde proceden, ni siquiera garantías de que lo que vamos a comer sea lo que parece que es. Las semillas modificadas genéticamente han hecho el resto. La última vez que comí un tomate con sabor a tomate me lo cultivé yo mismo. Me quejo de que ya nada sabe a nada de lo que debía saber. Fresas que saben a agua, croissants que dejan en el paladar un aroma de grasa pastosa, pan que no aguanta más de tres horas sin adquirir rigidez portmorten, carnes imposibles de freír y que, una vez en la sartén, se hierven en su propia agua, congelados que a temperatura normal pierden el 50% de su volumen, jamones con el más fino buqué del plástico industrial, zumos “concentrados” con el 5% de fruta, carne que a poco que se mite el etiquetado anuncia que no es carne sino “preparado de carne” y así sucesivamente. ME QUEJO DE QUE NO SÉ LO QUE COMO.

Antes, el tendero de la esquina no te iba a vender mierda seca bien aplanada, porque al día siguiente, podía perder clientela: no había “redes sociales”, pero si “relaciones sociales” en los barrios, así que si algún tendero te daba gato por liebre, al día siguiente se encontraba sin clientela. Hoy, en cambio, compramos en grandes superficies en las que ni siquiera los que trabajan conocen a los “responsables” de lo que se vende, los complementos los vamos a comprar a badulakes pakis, abiertos a cualquier hora y a los que tú y los tuyos no les interesáis un carajo. Lo que compráis no se cultiva al lado de donde vives, sino que viene de allende los  mares, habitualmente cultivado por alguien desganado y mal pagado o por un iletrado incapaz de leer las recomendaciones que rezan en los envoltorios de fungicidas, vermicidas, abonos, insecticidas, sobre los “plazos de seguridad” (luego gentes que no deberían morir de cáncer, con buenos hábitos de vida y genéticas envidiables, mueren a edades tempranas). Algunas de las marcas blancas vendidas en ciertas cadenas de supers, simplemente “Hacendaño”, en casi todas la calidad de lo que se vende no corresponde al etiquetado. Así que, a estas alturas, ¿a alguien le extraña que los tomates tengan sabor a agua, piel blindada y un remoto recuerdo de lo que, en otro tiempo, fue el tomate de nuestra infancia.

Tengo en el recuerdo las yescas de pa amb tomaquet i pernil de mi infancia: pan de payés, tomate de la huerta y el jamón producto de la matanza hecha en casa. Comparar uno de aquellas meriendas en el pueblo con lo que comemos ahora es comprar lo excelso con los subproductos del basurero.

¡Y APENAS SE OYEN VOCES DE PROTESTA! ¡NINGÚN PROGRAMA DE NINGÚN PARTIDO PROPONE RECUPERAR LOS SABORES AUTÉNTICOS! EN ESTOS TIEMPOS DE MASTER CHEF Y DE CULTO A LO GASTRONÓMICO NADIE SE PREOCUPA PORQUE UN PUTO TOMATE TENGA SABOR A LO QUE SU FORMA SUGIERE QUE DEBERÍA TENER!

De eso me quejo.  NO SABEMOS, EN REALIDAD, LO QUE ESTAMOS COMIENDO. 

He vivido en el campo y desde un ultraligero he visto como, cada año, se iban abandonando parcelas y más parcelas, como donde había un bancal se ha construido un chaletito, pequeñito y redondito con piscina, he visto como los campesinos han abandonado cultivos ancestrales para echarse, todos a la vez, a cultivar la variedad que en esos momentos más subvenciones recibía de la UE, he visto como se subvencionaba la colocación de cepas y como la misma UE subvencionaba… el arranque de esas mismas cepas, he visto como, masivamente, todos los campesinos de una comarca pasaban de un año a otro al cultivo del girasol, y como al cabo de unos años se tiraban a la vid, he visto naranjales en las afueras de Valencia abandonados con sus frutos tiñendo el suelo y luego comer allí mismo naranjas argelinas o israelitas… He visto incluso campesinos que compraban en el super tomates o frutas que ellos mismos podían cultivar en sus propiedades abandonadas (claro está que también he visto a bandadas de inmigrantes saquear esas propiedades y llenar furgonetas enteras con lo robado). Por la imagen, he visto a seis tomates en rama dentro de un blíster con los tallos verdosos en el centro, todo del mismo tamaño, todo extraordinariamente simétrico: con unas simetrías que no se dan en la naturaleza…

NO ME DIGAIS QUE NO HEMOS ENTRADO EN EL REINO DEL ABSURDO ALIMENTARIO.

Lo triste es que, por primera vez en la historia, la generación de nuestros hijos vivirá peor y seguramente disminuirá su esperanza de vida, en relación a la actual. Los motivos son simples: quizás los avances tecnológicos sean mayores, pero la calidad de la vida será mucho peor; de hecho está empeorando ante nuestros ojos. La comida es uno de esos frentes en los que el proceso degenerativo de nuestras sociedades es más patente. Y lo peor es que no hay remedio. Solamente puedes saber lo que comes, si lo cultivas o lo crías tú. Imposible, claro está. De eso me quejo.





365 QUEJÍOS (9): ¡PERO QUE PASA CON TANTO BAR DE CHINOS…!



Hasta ahora, aquel que quería zamparse un rollito de primavera, un chop-suey con gambas, un pollo agridulce o un pato laqueado, no tenía nada más que irse al restaurante chino de la esquina y por un módico precio saciarse. Igualmente, quien deseaba una herramienta de baja calidad, un cacharro de cocina poco sofisticado o un juguete para el Terminator de turno, solamente tenía que ir a un “Todo a 100” chino y ahí sabía que podría hacerse por unos pocos euros con unas objetos que prácticamente quedarían inservibles a poco de estrenarlos. Nos habíamos habituado a eso y lo dábamos como normal. Así que no me quejo de nada de todo ello.

El problema es que China tiene, más que cualquier otro país del mundo, una población excedentaria y sus dirigentes están contentísimos con que abandonen las fronteras nacionales y se busquen la vida en cualquier otro país del mundo. Por aquello de las reglas no escritas de la globalización, parece como si China tuviera la venia para exportar cualquier volumen de inmigrantes vulnerando las leyes nacionales de inmigración, especialmente en algunos países como España. Por otra parte, estos nuevos recién llegados cobran salarios de miseria, pero, de manera increíble, han conseguido hacerse con miles y miles de bares en todas las ciudades españolas. No han cambiado apenas la decoración, intentan servir lo mismo que antes y hacer como si nada hubiera cambiado.

De dónde llegan los capitales para pagar los traspasos de los bares, es un misterio que nadie parece interesado en explorar. Y sería interesante. Pero lo cierto es que, un buen día, en cientos de barrios de esta España entristecida y cuernilarga, uno va a tomar el café con leche de todas las mañana y se encuentra con que, en lugar del camarero que conocíamos desde siempre, nos encontramos con un chino hermético que apenas conoce las palabras: “café con leche”, “café solo”, “cubata”, “cerveza” y poco más. Los nuevos camareros de estos bares no parecen haber seguido ningún curso de “manipulador alimentario”, ni desde luego han salido de las aulas de ninguna escuela de hostelería. Y ahí están. De eso me quejo.

Las tapas les llegan por catering. Si antes podía identificarse por el sabor un bar propiedad de gallegos o de andaluces, si en los bares de extremeños el jamonaco partía con la pana, e incluso las cazuelas de habas a la catalana podían encontrarse en muchos bares del reino de Puigdemont, lo cierto es que ahora, se tome la tapa que se tome, en la provincia que sea, si detrás de la barra hay un rostro chino, todas saben igual y todas parecen haber salido de la misma factoría.

ME QUEJO DE QUE INCLUSO NUESTROS BARES ESTÁN PERDIENDO LAS SEÑAS DE IDENTIDAD. Se dirá que es el signo de los tiempos: globalización, mundialismo y clientela poco exigente.

Es así, pero no necesariamente debería serlo. De hecho, no es bueno que así sea. La mayoría de bares chinos tienen a un personal contratado subpagado. Ni les interesa hacer clientela, ni les interesa nada de lo que pueda interesar a los clientes. Sin olvidar que, buena parte de los que están al  otro lado de la barra –vale la pena recordarlo, y me resisto a llamarlos “camareros”- apenas sabe hablar castellano. Aquí tenemos otra muestra de empobrecimiento de la vida urbana (de la urbana y de la rural, porque nos hemos encontrado bares chinos en pueblos del interior de apenas 100 habitantes).

El cliché étnico y el tópico dice que los chinos son “guarros”. No sé si será cierto o no e incluso afirmarlo podría ser delictivo en esta España políticamente correcta, paraíso del pensamiento único. Pero la fama de “guarros” les acompaña y contribuye a disuadir a muchos, entre ellos a mí, de frecuentar bares con chinos al otro lado de la barra. Además, de tanto en tanto, me gusta conversar con el camarero. Sobre todo si lo veo todos los días. No me gusta tener a un chino hermético al que sé de sobras que no le importo nada, ni que comparte nada de aquello que me pueda interesar.
Los hijos del mandarinato tienen poco que ver con los hijos de la Vieja Europa.

¿Boicot a los bares chinos? Si quiero un restaurante indonesio, tengo un restaurante indonesio; si quiero cocina balinesa, seguro que encuentro algún local y si me apetece un kebab como los servidor en Siria o en Ankara, no faltarán. PERO COMO MUESTRA DEL ABSURDO DE LA MODERNIDAD Y DE LA GLOBALIZACIÓN, SI EN EL ENSANCHE BARCELONÉS, EN EL BARRIO EN EL QUE NACÍ, QUIERE UNAS TAPAS ESPAÑOLAS ¡¡NO LAS ENCONTRARÉ!! 

A cambio, eso sí, tendrá decenas de bares en donde me servirán el mismo café aguado, la misma ensaladilla rusa amazacotada, olivas del mismo sabor, cubatas de garrafón, todo eso sí, servido con expresión hermética. Ni siquiera podré discutir de Lao-Tsé o de Confucio con el que está al otro lado de la barra: porque apenas le interesa otra cosa más que el juego y los culebrones chinos, es hijo de su tiempo, ni siquiera de la China de siempre.

Me quejo de todo eso: de que ni siquiera los chicos de los bares son los descendientes de los constructores de la Gran Muralla o los educados en las filosofías contemplativas.

¿BAR CON CHINOS? SERÁ TU BAR, NO EL MÍO.


lunes, 7 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (8): NUNCA TAN CONECTADOS, NUNCA TAN AISLADOS



Me quejo de que nunca como hoy hemos tenido tantos recursos a nuestro alcance para sentirnos “conectados” a todo y a todos, y nunca como hoy la sensación de aislamiento es tan fuerte en el ser humano. Las “redes sociales” están por todas partes. Mirad en los trenes o en los bares: la gente ya no habla, chatea, postea, se envía interminables mensajes y, como ya comenté, una tecnología excepcional se ha convertido en un objeto más de alienación.

En filosofía se sabe que a partir de una proposición falsa puede demostrarse cualquier cosa. Lo recordaba Bertrand Russell en su paradoja: “… yo soy el papa de Roma”. En efecto, si 2 + 2 = 5 y restamos 2 a cada parte de la igualdad, resulta que 2 = 3. Si invertimos la igualdad (3 = 2) y restamos 1 a cada parte tendremos: 2 = 1. Dado que el Papa y yo somos dos personas, pero 2 = 1, yo soy el Papa… Pues bien, en esto de las redes sociales la proposición falsa es que “unen”.

En realidad, la proposición verdadera es que el ser humano en el siglo XXI es un ser roto y aislado en un mundo absurdo:

1) Está desconectado de sí mismo, ignora su verdadero rostro, su verdadera personalidad, su vocación. Lo sabemos todo del mundo, pero muy poco sobre nosotros mismos.
2) Esta desconectado del otro sexo, y en guerra de sexos tal como proponen los ideólogos de las nuevas “liberaciones sexuales”. Nada une un sexo a otro porque incluso se cuestiona que los dos sexos puedan encontrar placer juntos.
3) Está desconectado de sus hijos y sumergido en una “guerra de generaciones” a la que se une la velocidad a la que discurre la historia y que destruye cualquier posibilidad de comprensión de una generación a otra.
4) Estamos desconectados de la naturaleza (de la que formamos parte) y, no solo eso, sino que actuamos contra esa misma naturaleza.
5) Estamos desconectados del mundo de lo espiritual porque no concebimos más que realidades materiales y se diría que el impulso a la trascendencia lo tenemos neutralizado, pero en lugar de ello; en lugar de creer en religiones tradicionales creemos en supersticiones.
6) Estamos desconectados de la ciencia y de la economía que se han convertido de instrumentos para mejorar la vida del ser humano a fines en sí mismos.
7) Estamos desconectados de la política que ha tomado una dirección en la que solamente hay cabida para parásitos, oportunistas sin escrúpulos, aventureros y psicópatas.
8) Estamos desconectados de nuestras ciudades (cada vez más inhabitables) y de nuestros trabajos (alienados y que nos repugnan), de nuestros estudios (que no terminamos de ver para qué sirven) y de nuestras leyes (elaboradas por otros y siempre por detrás de la realidad social).
9) Estamos desconectados de nuestras familias, progresivamente más atomizadas y atacadas por las ideologías de género y por la destrucción sistemática de la familia y de la natalidad.
10) Estamos desconectados de nuestras naciones en un mundo globalizado que liquida las identidades  y la personalidad.

¡PARA QUE AHORA VENGA ALGUIEN Y NOS DIGA QUE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y LAS REDES SOCIALES NOS “CONECTAN”! EN REALIDAD, NO SON MÁS QUE COBERTURAS AL NIHILISMO QUE NOS IMPIDEN RECONOCER EL HECHO FUNDAMENTAL: QUE ESTAMOS QUEDANDO AISLADOS DETODO Y DE TODOS, INCLUSO DE NOSOTROS MISMOS.

Siento una inmensa tristeza cuando veo todos los pasajeros de un vagón de tren intercambiando post en cientos de redes sociales y pensando que tienen 200, 2.000 y 5.000 “amigos”, cuando en realidad tienen ese mismo número de entelequias que piensan lo mismo y que han olvidado que “lo humano” no son una serie de impulsos eléctricos transmitidos por ondas que se emiten y reciben, sino la existencia de CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU, biología, psicología, trascendencia, y que, el orden social del siglo XXI ha destruido las tres estructuras orgánicas con las que se relacionaba con otros: el MARCO SOCIAL URBANO O RURAL, EL MARCO LABORAL-CORPORATIVO Y EL MARCO FAMILIAR.

Las “redes sociales” a los únicos que conectan es a los individuos que viven en Matrix. ME QUEJO DE QUE MATRIX ESTÁ SUSTITUYENDO CADA VEZ MÁS A LA REALIDAD. De ahí el éxito de las “redes sociales” digitales.

domingo, 6 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (7): ¿POR QUÉ NO LE PINTAS EL CULO A TU PADRE?



Vaya por delante que soy un gran admirador del arte urbano y que allí donde voy procuro fotografiar los grafitis de más valor artístico. He visto grafitis memorables en Montréal y Québec, los he visto portentosos e imaginativos en Lisboa, en Praga, en Budapest, en Edimburgo e incluso uno de mis hijos fue contratado para realizar varios grafitis por esos mundos de Dios. Pero, una cosa es hacer, más que “grafitis”, pinturas murales de más o menos calidad, lo que podríamos llamar “arte urbano” (impermanente por definición), y otra muy diferente ir emborronando paredes, trenes, metros y muros con firmas, con inscripciones gilipollescas o con imágenes simplemente mal concebidas y peor ejecutadas. De todos, sin duda, pintar los transportes públicos es una de las muestras más palpables de que hay mucho memo suelto por ahí. Ayer, sin ir más lejos, a las 3 de la madrugada un grupo de estos payasos apedreó en Barcelona un tren cuando estaban haciendo pintadas en la estación de Plaza de Cataluña. Porque, además, estos tipos creen que tienen el derecho a ensuciar paredes y transportes. Me resisto a llamarlos “grafiteros”. Se quedan en simples EMBORRONADORES.

Mi queja, de todas formas, no va contra ellos. De hecho, soy perfectamente consciente de que toda sociedad tiene una tasa de tarados que va en aumento. Y cada especialidad de estos tarados, hace solamente aquello que sabe hacer. Es, incluso, de agradecer que los “emborronadores” de este nivel sean sinceros y nos digan a través de sus “murales”: “soy un pobre diablo, no sé ni siquiera pintar, no tengo criterio artístico, sentido estético, ni sirvo para nada más que para pulsar un spray, ahí lo podéis ver, y por cierto, esta es mi firma”. Tanta sinceridad merece cierta compasión.

No, de lo que me quejo es de que desde hace más de una década, esta costumbre procedente de lo peor de lo peor de Nueva York (ciudad en la que, por lo demás, hay grandes muralistas y grafiteros y por la que ha pasado, entre otros notables, del género, Banshee), no tenga cabida en el código penal y no sea considerado como delito. ¿Para qué sirve el parlamento si no legisla? ¿Y para qué sirve el otro parlamentito autonómico si es incapaz de ver cómo están los transportes públicos de deteriorados por unas pocas docenas de pobres diablos que creen que así “afirmarán su personalidad”, en lugar de evidenciar sus carencias? Respuesta obligada: un parlamento que no legisla es como un jardín sin flores, miserable y deprimente, triste e inútil. Y lo mismo puede decirse a los ayuntamientos  que –como el de Barcelona- por boca de la Colgau se limitan a declarar “inaceptables” estas prácticas grafiteras… pero se niegan a tomar medidas, no sea que deba ejercer su autoridad…

¿Es un delito pintar las paredes? En mi época sí lo era. Si pintabas un muro con una consigna política y te pillaban, te podían acusar de una colección de delitos que te hacían arriesgar algún que otro año de cárcel. Hombre, tampoco es eso, pero si se  trata de atajar esta epidemia a la vista de la cretinización creciente de sectores de la juventud, víctimas del sistema de enseñanza, de la ausencia completa de escala de valores. No pido que pintar una pared o un transporte público: LO QUE PIDO ES QUE QUIEN LO HAGA ESTÉ OBLIGADO A LIMPIARLA, ESA Y CUALQUIER OTRA QUE EXISTA EN LA CIUDAD.

Porque se trata de restablecer la normalidad e incluso la belleza de barrios y transportes públicos (ya se sabe que los futuristas amaban la velocidad de trenes y vehículos) y alguien lo tiene que hacer. LO QUE ESTOY PIDIENDO ES:

1) Que se utilice esa tupida red de cámaras instaladas por todas las  calles, en los subsuelos, en los garajes, en las estaciones, para IDENTIFICAR A LOS EMBORRONADORES.

2) Para imponer a estos payasos la OBLIGACIÓN DE REPARAR LO QUE HAN EMBORRONADO (limpiando con cargo a su patrimonio: si tienen dinero para comprar sprays, tienen dinero para costearse legías, trapos y medios para limpiar)

3) Extender esa obligación a cualquier otra “firma” que hayan dejado por la ciudad.

4) El principio debe ser: el que emborrona, limpia; el que genera un gasto a la ciudad, paga ese gasto, el que molesta a sus vecinos debe compensarles.

5) Ya que se consideran una “tribu urbana” hay que tratarlos como tal: “aunque no sea tuya, esta basura la limpias tú”.

No creo que haya otra forma de combatir a estos emborronadores (que, por lo demás, siempre han demostrado ser muy agresivos).

Quizás alguien crea que se podría añadir la oferta de cursos gratuitos de formación artística. No, desengáñense, el nivel artístico de los emborronadores es cero. Ni sirven, ni servirán, como pintores, ni artísticos, ni industriales. Dudo incluso que sirvan para algo, ni-nis por derecho propio y para siempre.



sábado, 5 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (6). LO PEOR DE LA CLASE POLÍTICA ES...



Lo sé: todos nos hemos quejado alguna vez de la clase política, pero en este inventario de mi tiempo no podía faltar. La existencia de nuestra clase política es el reflejo de que el sadomasoquismo es la parafilia más extendida en el siglo XXO: los odiamos, los aborrecemos, nos aburren, nos saquean… y, sin embargo, los votamos hasta en cuatro ocasiones en ciclos de cuatro-cinco años. Mal asunto esto de que te sodomicen sin que te guste y, además, no solamente les pagues la cama, sino los mantengas. Pues bien, eso es la clase política, seguramente el oficio más odioso del mundo.

Lo que le reprocho a la clase política y de lo que me quejo es, fundamentalmente

1) No de que vivan de la política (ya se sabe, “el que sirve al altar debe vivir del altar”), sino de que ni siquiera ejerzan bien su oficio. Es normal, si tenemos en cuenta que nadie les exige nada y que ellos mismos crean sus propios controles de calidad.

2) Que crean que un acto supersticioso, casi animista (entregarles nuestra inmarcesible parcela de soberanía en una papeleta), extraordinariamente banal, les crea con derecho de hacer y deshacer a su antojo y de obtener unos beneficios personales que usted y yo, y cualquier mortal, nos cuesta mucho disfrutar (si lo conseguimos alguna vez).

3) Que estén completamente desprovistos (y sin excepción alguna) de cualquier criterio ideológico o proyecto político y de otra voluntad que no sea el estricto lucro personal y el perseguir el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo.

4) Que den muestras de ceguera e incompetencia absolutas: todos son muy buenos para criticar al de enfrenta, todos son geniales a la hora de discursear, pero absolutamente ninguno tiene la más mínima idea de cómo hemos llegado hasta donde estamos, de cuáles son los verdaderos problemas de la sociedad y de cómo resolverlos. Todos ellos se entregan a las corrientes dominantes, siguen las modas y no son capaces de hacer otra que lo que les impone un guión que nunca han escrito ellos y que nunca cuestionarán.

5) Que para ellos el futuro no importe en absoluto: ni tengan noción de lo que es un Estado, ni una Nación, ni el sucederse de las generaciones, ni la construcción del futuro, ni lo que implican a medio y largo plazo,  sus actos de hoy. Para un político no hay más futuro que los cuatro años hasta las siguientes elecciones. El resto, simplemente no existe.

Podría seguir, lo sabéis vosotros y lo sé yo: lo que se puede haber reprochado a la actual clase política es que DISPONIENDO DE TODOS LOS ELEMENTOS –CIENTÍFICOS, ECONÓMICOS, TECNOLÓGICOS E HISTÓRICOS- PARA REALIZAR LA UTOPÍA QUE HABÍA RESULTADO IMPOSIBLE PARA LAS GENERACIONES PASADAS, HAYAN COMPROMETIDO NUESTRO FUTURO Y COLOCADO A UN PAÍS Y A UN PUEBLO, ANTE EL ABISMO.

¿Lo peor de todo esto?

LO PEOR ES QUE NO HAY REMEDIO. La actual clase política no tiene opciones alternativas. Cuando aparece un partido nuevo, lo hace adaptándose inmediatamente a la situación y convirtiéndose en lo que han criticado. Es ley de vida: simplemente, no hay remedio. Para que lo hubiera, debería de aparecer una clase política provista de valores más allá de los simplemente utilitaristas, con visión de futuro, con preparación suficiente, con capacidad de comprensión sobre los procesos deletéreos que se están desarrollando en la modernidad, con imaginación y, sobre todo, con honestidad suficiente para decir a la población, no aquello que la población desea oír (y el electorado “de izquierdas” y el de “derechas” quiere escuchar lo que le satisface EN ABSOLUTO LA VERDAD) y todo para obtener un miserable voto que les permitirá gozar del Olimpo de la política.

Y esto es de lo que me quejo en definitiva: NO SOLAMENTE DE LA MISERABILIDAD DE LA CLASE POLÍTICA ACTUAL, SINO DE QUE NO HAY NI LA MÁS REMOTA POSIBILIDAD DE QUE SEA SUSTITUIDA POR OTRA. Me quejo, así mismo, de la INGENUIDAD DE QUIEN PIENSA QUE HAY EXCEPCIONES: lo diré más claramente, el hecho de que aparezca tal o cual rostro nuevo, lo único que implica es que esa persona se ha dado cuenta de qué forma se vive mejor esforzándose menos. ESO ES TODO.

viernes, 4 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (5): ¡SÓLO PARA TUS OÍDOS GILIPOLLAS!


Dele una pistola a un niño y seguro que hace un destrozo. Entregue tecnologías avanzadas a trogloditas y conseguirá alegrarlos tanto como si le da a un tonto un lápiz, pero el problema es que solamente les servirá para hacer el ganso. Fíjense en el uso del móvil, sin ir más lejos.

¡Qué bueno un “teléfono móvil” que, además, nos evite cargar con el compact, el iPod, las agendas electrónicas, las cámaras fotográficas, la cámara de vídeo, la linterna o la cinta métrica, e incluso el e-reader, el ladtop y la cónsola de videojuegos: ahora, todo eso lo tiene usted en un artefacto extraplano de apenas 7 x 15 cm, de menos de 150 grs. Y, además, mire usted, sirve incluso para hablar, chatear, enviar correo, reforzar tus redes sociales y como alternativa a la tarjeta de crédito en algunos casos. No solamente cuando se inició la era de la informática (allá por los primeros años 80) uno podía prever que viviría tales adelantos, sino que, incluso, después, cuando irrumpió la telefonía móvil primero, internet después, nunca pensábamos que estas tecnologías iban a avanzar a tal velocidad. Esto es algo que lo todos sabemos y no va por ahí mi quejío. ME QUEJO DE LOS QUE NO UTILIZAN ESTAS TECNOLOGÍAS DE MANERA RESPONSABLE.

Sin ir más lejos:

1) ¿A mí qué diablos me importan las conversaciones telefónicas de la gente que viaja a mi lado en cualquier transporte público o que camina a mi paso en la calle?
2) Y lo que es peor: a mí ¿qué diablos me puede interesar la música del primer cretino que me cruzo con el móvil a todo volumen exhibiendo su mal gusto musical?

En los años 70 se criticaba a los que iban a la playa con el radiocasete a todo volumen.  Era el sinónimo del cutrerío. A nadie con un mínimo de educación y estilo se le hubiera ocurrido hace unas décadas ir exhibiendo sus gustos musicales. Especialmente, porque suelen ser malos. El otro día, haciendo un alto en un semáforo se me puso un gilijibia con el móvil atronando un rap. Se me escapó decirle: “¿Cómo diablos tienes tan mal gusto musical?”. No me entendió, claro, iba completamente empanao. Pero es así: por algún motivo, falta de educación, falta de sensibilidad musical y estupidez siempre van de la mano.

HASTA LOS AÑOS 50 EXISTIÓ LA ASIGNATURA DE “URBANIDAD”. SE ENSEÑABA EN LOS COLEGIOS A LOS NIÑOS A SER “EDUCADOS”. A DONDE NO LLEGABAN LOS PADRES, LLEGABA LA ESCUELA. La asignatura desapareció pronto (en los 60) y en los 80, para los nuevos planes de estudio socialistas, esto era un síntoma de “fascismo y dictadura”. El resultado es que hoy, tenemos a una nueva generación que ni siquiera se ha enterado que tiene mal gusto musical, sino que estos gipsykings han llegado a adultos sin tener ni idea de lo que es la corrección social, la educación o el estilo. Y LO MÁS TRÁGICO ES QUE NUNCA SABRÁN QUÉ ES TODO ESTO. Alguien dijo que “el estilo es la vida”. Parafraseándolo se podría decir que “quien carece de estilo ignora lo que es la vida”. O dicho de otra manera: “un mal estilo conduce a una mala vida”.

Que quede claro:

- no me interesa ninguna de las conversaciones que me veo obligado a oír en las calles.
- no me interesa esa mala música que me obligan a oir y que solamente muestra el cutrerío de quien la exhibe.

ME QUEJO DE UN ESTADO QUE HA RENUNCIADO A EDUCAR A SUS CIUDADANOS (quizás los alumnos que han superado la primaria, sepan los que es la Constitución, pero no sepan que eso de comerse los mocos está mal visto) Y DE UN SISTEMA SOCIAL QUE HA PERDIDO CUALQUIER NORMA Y CUYO ESTILO ES EL CUTRERÍO MÁS ACRISOLADO.

¿MI LEMA? ¡SOLO PARA TUS OIDOS, GILIPOLLAS!



jueves, 3 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (4): ¿NO SERÁ QUE HAY DEMASIADO PERRO?



Lo he dicho muchas veces: soy amante de los animales y he tenido perros siempre que he podido (es decir, cuando he vivido en casas de campo con amplios espacios de libertad para mí y para mis perros). Son una buena compañía (como las ocas con las que se llevan tan mal: ya se sabe que pelo y plumas nunca encajan), pero ME TEMO QUE ALGO SE HA DESMADRADO Y QUE HAY DEMASIADOS PERROS. Oficialmente, en una ciudad como Barcelona (1.500.000 de habitantes) un hogar de cada 10 tiene, como mínimo, un perro. Es decir que, como mínimo existen entre 50 y 100.000 perros con todo lo que ello implica. Por este orden:

1) Unos cuantos cientos de metros cúbicos de pis arrojados por todas partes (los pipican distan mucho de estar en todas partes) y alguna que otra tonelada de mierda por las calles (y, poco importa, si sus dueños arrojan los zurullos a papeleras). Podemos imaginar el efecto que todo esto tiene especialmente en verano.

2) A una sociedad en la que el nivel educativo es cada vez más bajo, corresponden perros sin el más mínimo adiestramiento, cuyos ladridos suponen una música de fondo más en ciudades ya de por sí ruidosas. Cuatro individuos con perro se encuentran y hablan (llevar un perro se ha convertido en una forma fácil de ligar)… mientras sus perros no dejan de ladrar a no importa qué hora…

3) La muestra del empobrecimiento de las relaciones sociales entre humanos: el perro es frecuentemente el sustitutivo de los hijos o el compañero del alma de los abuelos. Pero la soledad no se resuelve con un perro (ni con una pecera, ni con una jaula con plumas). El perro “no entiende”, parece que lo haga, pero es pura ilusión: se mueve por instintos, así que no se engañen.

4) Una creciente confusión de la escala de valores: un perro es un ser vivo y merece un respeto y un trato digno; pero no es un humano, no piensa, se mueve sólo por instinto, se adapta al medio mejor que usted y yo y no se le puede tratar como a un humano (so pena de desvalorizar lo humano y de que perdamos la noción de lo que es y no es humano).

5) La evidencia del fracaso de la educación en las familias: especialmente cuando se compra un perro para satisfacer el deseo de un niño, ignorando que los niños se desinteresan pronto por los juguetes nuevos y que el ciclo de vida de un perro se prolonga entre 10 y 14 años. Y, por cierto, ¡cuidado con meter en un piso de 50-70 m2 un niño pequeño junto a un perro! Puede ser que nos enteremos de que el perro tiene determinada enfermedad gracias a los síntomas presentados por el niño…

6) El empobrecimiento del terreno político en el que aparecen partidos dedicados a defender los “derechos de los animales”, como si no hubiera otros problemas infinitamente más acuciantes, llegando frecuentemente a extremos casi grotescos.

Todo esto me genera un profundo quejío, especialmente porque hay perros que viven en pisos pequeños, cuyos dueños no los sacan a la calle, y el marco urbano no es, en ningún caso, el mejor para tener un perro. Los perros que he tenido han vivido en el campo, nunca han entrado en la casa, cuando han tenido frío ellos mismos han generado pelo inmediatamente para protegerse, la grasilla y la densidad de su pelo les cubre de la lluvia. Les he alimentado bien, pero ¡por Dios! no con esas “croquetas” hechas de residuos inaprovechables de animales, corchopán, harinas y serrín. Ellos mismos -¿habéis visto sus colmillos? son propios de depredador- se han procurado su alimento, han cazado pájaros ejercitando sus habilidades como depredadores que son, de la misma forma que su instinto les dice qué hierbas comer o cómo resolver sus problemas gástricos. Son puro instinto. Así que no hagamos de ellos una reproducción de los humanos (esos seres con el instinto disminudo…).

Me quejo, en definitiva, de que muy pocos propietarios de perros, son conscientes de lo que tienen, de lo que son sus perros y de que la gran mayoría los trate como al niño mimado de la familia (he visto propietarios que les habían comprado botas e incluso que los llevaban de aquí para allá en carritos)…

Me quejo, en definitiva, de que la superabundancia de perros sea la “respuesta europea” a las bajas tasas de natalidad. Tienen razón los moros cuando dicen que los europeos aman más a los perros que a sus hijos.


miércoles, 2 de mayo de 2018

365 QUEJIOS (3): SOY VARON Y QUIERO MIS DERECHOS. ¡COBRAR LO MISMO QUE ANA BOTIN Y ORINAR DE PIE SIN SALPICAR!



Abochornado de tener unos sindicatos cretinizados e inútiles y de ver cómo tras la excesiva “huelga general feminista” del día 8 de marzo, ayer, DÍA DE LOS TRABAJADORES, los propios sindicatos consideraban que no había más trabajadores que las de género femenino, planteo mi queja del día. Lo hago, no como perteneciente a una minoría oprimida (que lo soy: varón, de clase media y de linaje español, justo y razonable), sino como reflejo compensatorio a las pretensiones del POPULISMO DE IZQUIERDAS.

Dicho populismo está ideado para los que no piensan, para aquellos peces muertos que nadan a favor de la corriente (o, más bien, que son arrastrados por ella). Una  corriente que nade en los despachos enmoquetados de la UNESCO y que impone su dictadura urbi et orbe. Al parecer, el populismo de izquierda es el admisible y cualquier otro que no tenga al pensamiento único a las ideologías de género y al mestizaje multicultural y globalizador como elementos inspiradores, debe ser arrojado a los leones.

Pues bien: ¿igualdad  salarial entre hombres y mujeres? Hay economistas series que dice que se ha alcanzado hace mucho tiempo y que a trabajo igual, del mismo nivel, de la misma especialidad y de la misma empresa, corresponde, un salario igual. Yo me creo esta versión, más que cualquier otra, pero en fin, puestos a pedir, PIDO LA IGUALDAD SALARIAL POR LO ALTO. Y CON UNA MUJER, CON CARMEN BOTIN O’SHEA (O, EN SU DEFECTO, CON CUALQUIER MINISTRA O PARLAMENTARIA). Pero no solo eso: yo también tengo mi ideología de género.

Estoy harto de orinar cada mañana y salpicar fuera de la taza. ¿A qué se debe tamaño desafuero? A que los varones dignos de tal nombre, meamos de pie. Y estamos orgullosos de ello. Algo irrenunciable. Y, de la misma forma que en cada cuarto de baño, desde hace 100 años está presente el bidé para uso y disfrute de la mujer, REIVINDICO EL URINARIO A LA ALTURA DE MI VEJIGA Y RECEPTÁCULO DE LA MISMA.

No sé por qué, francamente, no está presente en los cuartos de baño. No quiero seguir salpicando  inevitablemente a causa del desfase entre la altura del WC y la de la aberutra externa de mi uretra (casi 50 cm en los que puede pasar de todo).

CREO HABLAR NO SOLAMENTE EN NOMBRE DE LOS VARONES CARPETOBETÓNICOS, SINO TAMBIÉN EN NOMBRE DE LAS MUJERES QUE SUELEN AFEARNOS POR UNAS GOTAS DESVIADAS DE SU DESTINO.

No sé si he logrado explicar mi quejío del día…


martes, 1 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (2): ¿SINDICATOS HORIZONTALES? ¡NO! ¡SINDICATOS INCLINADOS!



¿De qué se puede quejar uno el 1º de mayo? ¿De que no hay sindicatos? Los hay. Están ahí y los pagamos usted y yo a través de un gobierno que desde mediados de los 80 entendió que la carne de sindicalista sale barata. Desde entonces, los sindicatos “horizontales” (CCOO y UGT) han ido firmando “en nombre de los trabajadores” (“agentes sociales”) leyes y medias contrarias a los trabajadores. Se representan a sí mismo, en absoluto a ti y a mí, ni a los que son como tú o como yo. 

El sindicalismo es hijo del siglo XIX. Sirvió para moderar la ansiedad de rentabilidad de los capitalistas. De no existir los sindicatos, el capitalismo se habría hundido antes víctima de sus propias crisis de crecimiento. Los sindicatos hicieron que los patronos redujeron beneficios, aumentaran el nivel de vida de la clase obrera y convirtieran a los “trabajadores alienados” de los que hablara Marx, en “productores integrados” a los que aludió Umberto Eco. Pronto, los sindicatos se convirtieron en parte del engranaje del capitalismo, una especie de freno de zapata.

Hoy no son ni eso. Son arcaísmos vivos, productos de otro tiempo. Residuos de la época del capitalismo industrial, innecesarios e inadaptados a la época del capitalismo globalizador. Lenin entendió perfectamente que el “sindicalismo” jamás sería revolucionario… salvo que fuera un apéndice –una estructura horizontal- del “partido revolucionario”.

¿No conocéis el himno de UGT-CCOO? Sí, hombre, es aquella canción de Miguel de Molina, La bien pagá. Os la pongo para que la ensayéis.

Me quejo de unos sindicatos que hablan en mi nombre, cuando no tienen nada que ver ni conmigo ni con los míos. Si hablan de alguien que lo hagan de sus afiliados (si es que les queda todavía tontorrones que paguen la cuota), que lo hagan en nombre de sus cargos sindicales (los bienpagaos), que lo hagan en nombre de su patrimonio (que nos pertenece a usted y a mí), que hablen en nombre de sus “logros”: cero sobre cero en las últimas décadas; que se recuerde sus traiciones a los trabajadores, su venta al neocapitalismo. Sobre todo, hablan por sí mismos cuando:

1) Piden más inmigración y más libre… cuando los trabajadores españoles, sus afiliados, son los primeros afectados y
2) Piden la libertad de los “presos políticos” y se despreocupan de los jubilados teniendo como resultado su abandono del terreno sindical y su instalación en la vitrina del independentismo, como meros figurones a precio de ganga.

DE AHÍ QUE ME QUEJE DE QUE EN ESPAÑA  LOS “INTERESES DE LOS TRABAJADORES” NO ESTÁN DEFENDIDOS POR LOS “INTERLOCUTORES SOCIALES” QUE SE SIENTAN CON SUS AMIGOTES DEL GOBIERNO DE TURNO Y CAMBALACHEAN UNOS EURACOS DE AQUÍ Y DE ALLÍ A CAMBIO DE FIRMAR LO QUE SE LES PONGA BAJO LAS BABAS.

De eso me quejo. ¿Queda alguien con carné sindical? No seáis canelos y romperlo.  No más sindicatos inclinados.