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lunes, 27 de enero de 2020

REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE SIRIA (1 de 3)



> INTRODUCCIÓN

Siguen existiendo algunos rescoldos e, incluso, zonas dominadas por algunas de las fuerzas que, en los primeros momentos del conflicto, tuvieron alguna iniciativa (kurdos en el norte, los fundamentalistas islámicos en el Este y los títeres de los norteamericanos (el Ejército Libre Sirio)… pero es preciso entender esta realidad: la guerra civil siria ha concluido con una victoria innegable y definitiva. ¿De quién? De Rusia y, en concreto, de su presidente Vladimir Putin. Negar este hecho es negar la gravedad. Si partimos de la base de que lo que queda en este momento, son rescoldos del conflicto y que, salvo el ejército sirio, el resto de contendientes ocupa posiciones muy comprometidas y que, a todas luces, perderán en los próximos meses, e incluso que las zonas estratégicas del país están íntegramente en manos del presidente Bashar al-Asad, estaremos en condiciones de realizar un análisis completo de lo que ha ocurrido.

Vale la pena decir que, una cosa es lo que ha ocurrido realmente, otra lo que nos han estado contando los medios de comunicación occidentales (que han aceptado casi siempre la versión del conflicto que nos ha llegado de los EEUU) y otra muy diferente lo que ha ocurrido en realidad. La primera mentira, por tanto, que hemos creído oportuno desvelar es que la “guerra civil siria sigue”: no, lo que sigue es la actividad de desesperados que ya solo piensan en salvar la piel, pero las tropas de al-Asad, en estos momentos mantienen el control de las zonas estratégicas importantes y grupos como el DAESH están en franca desbandada.

Ahora bien, el conflicto ha tenido repercusiones geopolíticas importantes que no se han apreciado durante los años en los que ha dudado: la brutalidad de algunas imágenes, las noticias confusas sobre lo que estaba ocurriendo allí y sobre la naturaleza de los contendientes, ha contribuido a que casi nunca se valorara en su justa medida los sucesos que estaban ocurriendo.
Entre otras, las principales repercusiones internacionales del conflicto han sido:
1) EEUU e Israel han sido derrotados. El primero une al fracaso en las intervenciones en Iraq y Afganistán, esta nueva derrota, bien es cierto que no sufrida directamente, pero sí experimentada por sus aliados interpuestos (los mercenarios sirios que dieron lugar al Ejército Sirio Libre  a la Coalición Nacional Siria).
2) Turquía ha cambiado de bando. En principio, alineada inequívocamente con la OTAN y con los intereses de los EEUU, la posición de este país se ha ido deslizando, progresivamente, y aproximándose a la percepción rusa del conflicto. La firma de los “acuerdos de Sochi” en octubre de 2019, es el certificado del cambio de actitud turca.
3) Durante diez años la inmigración masiva a Europa se ha justificado a causa de los “refugiados”. Solamente en el verano de 2015 llegaron a Alemania, un millón de “refugiados” en unos pocos meses. La excusa era “humanitaria”, pero si este país admitió a esa cantidad desmesurada fue simplemente por motivos económicos (para reajustar el valor estadístico de los salarios después de las devaluaciones de la moneda chica).
4) Los simpatizantes del DAESH en Europa desencadenaron oleadas de atentados en apoyo del “califato” y enviaron miles de combatientes yihadistas a la zona que demostraron que en el siglo XXI el único terrorismo que se ha experimentado en el continente es de matriz yihadista.
 
Luego veremos cada uno de estos elementos con más detalle. Vale la pena advertir que si realizamos este estudio es ante la imposibilidad de entender el contenido de “webs de referencia” (Wikipedia y otras) en las que la abundancia de información contribuye, una vez más, a ocultar lo esencial y, sobre todo, a evitar extraer las conclusiones correctas. La Guerra Civil Siria ha sido el episodio de mayor trascendencia internacional desde que en 2001 los EEUU decidieron intervenir directamente en la zona, exterminar al gobierno de Saddam Hussein, pensando que podían apropiarse y garantizar los inmensos recursos petroleros de Oriente Medio. Su resultado indica que, a 30 años del final de la Guerra Fría, el vencedor de entonces, ha sido el derrotado ahora.

> CONFLICTOS SUPERPUESTOS EN EL MISMO ESCENARIO

La Guerra Civil Siria no fue una guerra preparada desde el interior contra un régimen tiránico y atrasado. Fue un conflicto inducido desde el exterior, inseparable de las “primaveras árabes” que cambiaron el mapa de buena parte del Norte de África. Las “primaveras árabes” se presentaron en Occidente como un deseo de “democratizar” las zonas en donde estallaron. Era falso: los movimientos que se produjeron en Argelia, Túnez, Libia, Egipto y Siria, era evidente que no iban a conducir a una democracia “a la occidental”, sino que iban a tener a un único beneficiario: el fundamentalismo islámico.

En la mayoría de esos países el islamismo era el principal grupo social de oposición (otro tanto ocurría en Siria, donde el régimen laico de los el-Asad, tenía el apoyo de cristianos, chiitas y alauitas, pero no del grupo religioso mayoritario, los sunnitas). Derribar a gobiernos estables o que, al menos, mostraban beligerancia contra el fundamentalismo islámico, no iba a suponer “democratizar” estos regímenes, sino generar una situación caótica en la que los únicos beneficiarios iban a ser los sectores fundamentalistas. ¿Y eso por qué? Por que pueblos atrasados, con un altísimo grado de atavismos religiosos, con un capitalismo poco evolucionado, sin apenas clase media, nunca iban a generar democracias formales y porque, como ya se había demostrado en Argelia en los 90, el factor religioso era el determinante.

Movimientos de este tipo resultan de la confluencia de distintos factores.
- Unos son factores objetivos (sentimiento extendido en esos países de crisis y pobreza que generó el crecimiento del islamismo radical, deseo de cambio, explosión demográfica y falta de expectativas de los jóvenes).
- Otros son factores subjetivos (ambición de políticos de oposición, intereses económicos contrapuestos de grupos que creen que sus intereses mejorarían en otras circunstancias) y
- Finalmente existen factores externos (que derivan del intervencionismo de gobiernos extranjeros que pretenden jugar una partida estratégica en zonas geográficas concretas).
Para que se produzca un cambio es preciso que estos tres elementos estén suficientemente desarrollados y presentes. Lo que nos han contado, por ejemplo, los medios de comunicación en el caso de Libia es que las primeras manifestaciones de protestas a principios de 2011 fueron reprimidas violentamente y que esa violencia contribuyó a que el pueblo libio intentara liberarse de un dictador que, por espacio de cuarenta años había tenido atenazada a la sociedad. Así pues, lo ocurrido en Libia -caso extremo en aquellos momentos, luego solamente superado por la Guerra Civil Siria- no fue más que un “movimiento popular”. Error.

Desde el principio, las “primaveras árabes” fueron programadas en los laboratorios de inteligencia de dos potencias: EEUU y Francia. A eso contribuía el hecho de que Francia estuviera dirigido por un presidente mediocre, sin nociones de política exterior y con una sociedad desmoralizada y con una polarización de la oposición en torno al Front National, lo que implicaba que debía de hacer algo en política exterior de lo que todos los ciudadanos franceses estuvieran orgullosos: restaurar la democracia en Libia, supondría acabar con una dictadura y ganar un aliado estratégico en el Magreb, a la vista de que la influencia francesa había disminuido, hasta evaporarse en Argelia y Marruecos. Fue Francia, la que, a diferencia de otras “primaveras árabes” quiso actuar mediante ayudas a rebeldes, facilitando dinero, armas y asesoramiento, transfiriendo cantidades para lograr deserciones de jefes militares próximos a Gadafi y para reclutar fuerzas que pudieran hacerse con el control del país. Pero,  destruyendo al régimen de Gadafi, se destruyó un “poder” que mantenía estable a la zona. Gadafi no era más despótico que otros gobiernos del Magreb, en donde la democracia, tal como se entiende en Europa es pura ficción. Pero, lo cierto es que el petróleo es lo que “quemó” a Gadafi. Eso y sus veleidades nacionalistas: a diferencia de el-Asad que permitió el establecimiento de bases rusas en el mediterráneo sirio (en Latakia y Tartos) y, por tanto, recibió la ayuda que le ha permitido sobrevivir, Gadafi fue siempre remiso a la presencia de asesores soviéticos y a una excesiva aproximación a Rusia. Este país, por su parte, consideraba, además, que Libia estaba alejado de su zona de influencia y conocía las veleidades nacionalistas y panarabistas de Gadafi que no entraban en su diseño estratégico: por tanto, simplemente, lo dejó solo a merced de los intereses franceses y de los mercenarios pagados por Hollande.


En Siria, lo que hemos visto ha sido un choque entre partidarios de un poder laico (el-Asad, el baasismo sirio, las ramas del cristianismo sirio, los alauitas (a los que pertenece el propio el-Asad) y la mayoría sunnita del país (un 70%) que opinaban que, al ser mayoría, Siria debía estar en sus manos. Hay que recordar, por lo demás, que tras estos grupos sunnitas se encontraban las fracciones más extremas del radicalismo islámico (un 20% de los sunnitas han apoyado al DAESH). Por su parte, los kurdos del norte de Siria, esperaban la ocasión para reivindicar el Estado Kurdo en el Norte del país.

Ninguna de estas dos fuerzas, por sí mismas, se hubiera sentido lo suficientemente fuerte como para intentar la aventura de una guerra civil, pero sí desde el momento en el que detrás de cada una de estas fuerzas se situaban intereses de otros países.

En cierta medida, los apoyos a cada una de las partes derivaban del fraccionamiento religioso del mundo islámico dominado en la zona por el enfrentamiento entre los poderes regionales: la Arabia Saudí, salafista (esto es, rigorista en materia religiosa), que apoyaba a los sunnitas sirios) contra el Irán de los ayatolas chiitas. De hecho, Arabia Saudí ha alimentado a los grupos armados de la oposición a al-Asad (concretamente a las milicias yihadistas).

Estaba claro que otro país, Turquía, iba a estar interesado en los sucesos de la zona: lo que pretendía evitar es que el norte de Siria se convirtiera en base de operaciones del PKK kurdo contra la integridad del territorio turco. Y este era el factor que se había escapado a los programadores de la “primavera árabe” en su versión Siria y que tendría unas consecuencias catastróficas para los EEUU y para la OTAN.

Porque, a pesar de que el conflicto tuviera una deriva local (luchas por el poder en Siria, que, en realidad era una lucha entre laicistas e islamistas), a pesar de que era inevitable que las dos potencias regionales (Irán y Arabia) entraran en el conflicto mediante fuerzas interpuestas, lo cierto es que, finalmente, en la zona se dirimían también los intereses entre
- los EEUU (deseoso de asegurarse el suministro de petróleo -el hecho de que Siria albergue grandes reservas de petróleo y de gas y el hecho de que sea el “frente mediterráneo” del mundo árabe, eran los factores determinantes para el interés de los EEUU que, además, en segundo lugar, generando un cambio de gobierno en Siria creían contribuir a la seguridad del Estado de Israel)
- y Rusia (país que no podía tolerar una espina clavada en su flanco sur que formara parte de la cadena de contención histórica que el mundo anglosajón siempre ha impuesto a Rusia, cerrándole la marcha hacia los mares cálidos).
Así que, a fin de cuentas, la Guerra civil Siria formaba también parte del conflicto entre dos visiones de la política internacional: el unilateralismo norteamericano y el multilateralismo ruso aparecido con el gobierno de Vladimir Putin.

Es sobre la base de estos elementos cómo debemos de analizar lo ocurrido en los casi diez años de Guerra Civil Siria. Ha vencido Bashar al-Asad… pero también, con él se ha impuesto Irán a Asabia Saudí. Y, sobre todo, ha vencido Rusia que ha descompuesto el flanco sur de la OTAN, logrando acuerdos directos e históricos con la Turquía de Erdogan.

En cuanto a Europa ha sido el “gran mudo”, el “actor ausente” que contribuye a confirmar que la “política exterior y de seguridad común de la Unión Europea” (PESC) es una ficción tan inofensiva como inexistente, tan tenue como y frágil como el resto de los acuerdos de Maastrich (1993), nacida de aquel pacto apresurado y poco meditado y en vigor actualmente.



miércoles, 29 de enero de 2020

REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE SIRIA (3 de 3)


> LAS TRES FASES DEL CONFLICTO

La guerra civil inducida desde el exterior en Siria, ha tenido tres fases.
- Inicialmente, desde 2011 (cuando se inician los combates) hasta 2013 (cuando ya se han generalizado), parecía que iba a extenderse a este país el efecto de las “primaveras árabes”: el régimen de al-Asad, daba la sensación de que caería pronto y el mandatario sirio sufriría una suerte análoga a la de Gadafi. Si bien es cierto que las grandes agencias informativas y las correas de transmisión mediáticas del Nuevo Orden Mundial, sugerían que las fuerzas “de la oposición democrática” controlaban la mayor parte del territorio, lo cierto es que -como luego se demostró- existía un equilibrio de fuerzas que se intento desequilibrar en favor de la oposición cuando se alegó en 2013 que Siria había utilizado “armas químicas” (algo que dista de haberse demostrado, pero que no impidió que la ONU obligara a destruir las reservas de este tipo de armas en poder del ejército sirio, algo que este país hizo sin problemas, acaso porque nunca las había utilizado. En esta fase el apoyo de EEUU a algunas facciones de la “oposición democrática” (y a su rama militar formada por desertores del ejército regular sirio y mercenarios) es claro y descarado, pero mucho menos claro es el apoyo prestado a los grupos islamistas radicales, mucho más efectivos en los combates. Turquía especialmente, pero también Israel, aunque mucho más discretamente, fueron los impulsores de esta dirección.

- La segunda fase se caracteriza por la creación del “califato”, el DAESH o Estado Islámico de Irak y el Levante, o ISIS, de carácter salafista y que recibía también apoyo de Arabia Saudí. Es el momento en el que se publican las fotos de los asesinatos y abusos cometidos por los integristas salafistas en la zona y cuando los sucesos de Siria repercuten en Europa, primero por los grupos que apoyan al DAESH entre la inmigración islámica presente en Europa Occidental y que se traduce en un período de atentados continuos de núcleos -a menudo inorgánicos- que intentan apoyar al “califato”. También es el periodo en el que contingentes de esa inmigración musulmana en Europa, muchos de ellos nacido en Europa de padres inmigrantes, se suman al DAESH que parece estar próximo a alcanzar una realidad como Estado. También en esa época, a partir del 2015, se produce la “crisis de los refugiados”. El conflicto, en efecto, había generado desplazados al Líbano, Jordania y Turquía, pero la mayoría de ellos aspiran a instalarse en Europa Occidental.
- La tercera fase se inicia entonces, en 2016, cuando la victoria del DAESH parece inevitable, al-Asad pide a Rusia una implicación más directa. El inicio de los bombardeos sistemáticos por parte de la aviación soviética, el envío de nuevo y moderno material en carros de combate y artillería, y los asesores rusos, bastan para decantar la situación definitivamente en favor del régimen legal sirio que reconquista Homs, Palmira y Alepo, así como la destrucción de los núcleos rebeldes que habían llegado a pocos kilómetros de Damasco, evidencian el cambio de signo de los combates. Desde entonces, el Estado Islámica se bate en retirada, mientras que la “oposición democrática” permanece cada vez más aislada y los propios EEUU entienden que la presencia rusa ha hecho inevitable el vuelco. Este dominio de al Asan, irá seguido por las negociaciones Rusia-Turquia y por el cambio de actitud de este último país. La llegada de Trump a la Casa Blanca, hará que los EEUU se desinteresen por la zona, con gran desesperación del Pentágono que solamente tendrá como premio de consolación al asesinato del general Cassen Soleimán, una de las personalidades más populares de Irán.

En los últimos días, los combates se están centrando en el Sur de la provincia de Iblid, apenas a 100 km de la base rusa de Latakia, en el Norte de Siria. Se trata de “operaciones de limpieza”, habituales en las fases finales de los conflictos, cuando el adversario está y se sabe derrotado, más que de guerra convencional.

Por mucho que las armas no hayan callado todavía, lo cierto es que el conflicto se ha decantado claramente a favor de un bando y las nuevas circunstancias políticas impiden que se reavive por mucho que haya, especialmente en los EEUU y en el Estado de Israel, sectores que intenten promoverlo.


> ALGUNAS CONCLUSIONES Y ENSEÑANZAS DEL CONFLICTO SIRIO

1) Final de la “estrategia del caos” diseñada en el período Bush-Obama.- De la política norteamericana en Oriente Medio solamente quedan dos objetivos en pie (amistad con Israel y con Arabia Saudí), pero estos objetivos estratégicos se quedan sin tácticas que permitan ampliarlos y hacerlos efectivos. El repliegue norteamericano de Oriente Medio y el reconocimiento por parte de Trump de que EEUU no deberían haber puesto nunca el pie en la zona, supone dejar solos a Arabia Saudí y a Israel, ante Irán y ante el mundo chiíta.
2) Demostración de que los cambios de alianzas son posibles.- Turquía que empezó armando y entrenando a los núcleos que dieron vida al DAESH, bruscamente, al comprobar que la creación de un santuario kurdo en su territorio supondría una amenaza, dio un giro copernicano a su política: se distanció de la OTAN y se aproximó a Rusia para evitar lo que llama “el corredor del terror”.
3) Confirmación de la irrelevancia de la Unión Europea en materia internacional.- La UE se ha limitado a ir a remolque de los EEUU y admitir a bastante más de 1.000.000 de refugiados que se han establecido en los países “mas suculentos” (es decir, con más subsidios para la inmigración) de Europa Occidental, especialmente Alemania. Hoy, cuando Europa necesita un Bismark, apenas tiene a una Merkel decrépita e incapaz de elaborar una política exterior para una zona que ha perdido coherencia y posibilidades de influir en el mundo.
4) Debilitamiento de la posición de Arabia Saudí y del salafismo en la zona y aumento de la influencia iraní.- El balance del conflicto sirio supone un duro golpe para el salafismo saudí que ha visto como surgían milicias chiitas, no solamente en el Líbano (Hezbolá), sino en Siria y en Irak, además de las propias de Irán. La retirada norteamericana de la zona contribuye aún más a este debilitamiento de la posición saudí: los que están a la desbandada en Siria son las fuerzas que estuvieron apoyadas, armadas y entrenadas también por los saudíes y que respondían a sus prácticas rigoristas.
5) Supervivencia del régimen baasista sirio gracias a su alianza con Rusia.- Así como China ha preferido abstenerse de actuar en una zona que escapaba a su ámbito de influencia geopolítica, optando por participar solamente en la reconstrucción de Siria, Rusia se ha implicado directamente, demostrando que la decisión es la madre de todas las victorias. Allí donde los EEUU albergaban dudas y políticas diferentes cada ocho años, en Rusia la alianza con al Asad, la defensa de sus bases en el Mediterráneo sirio y la naturaleza de sus enemigos han estado siempre claras, permitiendo elaborar estrategias y tácticas coherentes y eficaces.
6) Debilidad creciente del Estado de Israel tras el repliegue norteamericano.- El mantenimiento del conflicto sirio interesaba especialmente a Israel como forma de descongestionar la tensión especialmente en Gaza. Un gobierno aliado en Siria, o al menos una “estrategia del caos” que hiciera olvidar la tensión permanente con Israel, garantizaban la presencia y el paraguas norteamericano sobre la entidad judía. Pero Trump está poco interesado en permanecer en la zona. En el enfrentamiento Irán-Arabia Saudí, gana Irán, es decir, el único Estado que puede competir con Israel en la cuestión atómica. A partir de estos datos, una realpolitik implicaría que Israel negociara con los palestinos una solución definitiva, a la vista de que hoy está más solo en la región que hace un lustro.

Tales son las principales conclusiones que pueden establecerse tras estos nueve años de combates y ante la victoria de al Asad y de sus aliados y leales. Pero el análisis sobre esta cuestión, nos lleva necesariamente a otra que abordaremos en los próximos días: la cuestión kurda y el nuevo curso de la política turca.

PRIMERA PARTE : CONFLICTOS SUPERPUESTOS
SEGUNDA PARTE : VENCEDORES YPERDEDORES

viernes, 30 de octubre de 2015

Diario de la Desesperanza (LI)


Querido Diario:

Mi reino por una zarzaparrilla. Hace como cincuenta años (quizás más) esta bebida hizo mutis en España. Creo recordar que la última marca que se anunciaba en aquella entrañable radio española de los años 50 era la Zarzaparrilla 1001. Luego llegaron las colas, más tarde las bebidas energéticas y la honesta y vulgar zarzaparrilla, como antes había hecho el “agua de cebada”, emprendió el camino del olvido: cenizas y oscuridad. Hoy he encontrado un par de marcas de zarzaparrilla en un mini–super de delicatesen aquí en San José. He podido recordar brevemente aquellos aromas de mi infancia en una España que nada se parece a la actual. Era un tiempo en el que todo era más fácil, más ingenuo, más simple. No es que añore ese tiempo (desde hace mucho sé que el pasado, es pasado y no vuelve; sé también que mirar atrás termina produciendo tortícolis), es que estoy persuadido de que la mayor parte de hábitos de vida modernos son insanos; no es que me guste más aquel tiempo gris de mi infancia, pero es que entonces el pan sabía a pan, el tomate a tomate. Y abrir una botella de zarzaparrilla se convertía en un pequeño/gran placer. Todo era más lineal. Más sencillo. Seguramente, más auténtico. Hay algo en nuestro momento histórico que me parece propio de una innoble representación teatral: nunca como hoy hemos tenido tan al alcance de la mano la felicidad gracias a las nuevas tecnologías, pero nunca como hoy existe una civilización tan neurótica y trastornada compuestas en su mayoría por gentes que se derrumbarían si no pudieran guasear o tuitear histéricamente, la pantalla de plasma no tuviera energía para conectarse o desapareciera el wi–fi, o si tuvieran que andar los 200 metros que separan la puerta del hogar de la panadería más próxima. Seguramente la zarzaparrilla no tiene el aroma contundente de las colas que la sustituyeron, pero en esa falta de sofisticación radicaba su simplicidad y su atractivo. Mientras me la bebía he recordado que solamente sobreviven las civilizaciones que insertan en su alma el principio de la austeridad. Cuando a una civilización le alcanzan los niveles de sofisticación, sus gentes se ablandan y terminan sucumbiendo. Y nuestra civilización se recordará como aquella que prefirió elogiar la blandenguería y el humanismo antes que exaltar la fuerza y lo comunitario… por eso nuestra civilización ya ha llegado al límite y tiene más de medio cuerpo fuera de la ventana. La caída es inevitable.

lunes, 2 de marzo de 2020

LA LUCHA POR EL LIDERAZGO EN EL MUNDO ISLÁMICO Y EN ORIENTE MEDIO (2 de 6) -> DOS HISTORIAS TAN PARALELAS Y TAN REMOTAS


Desde la caída del Sha en febrero de 1979, ambos países, cuyas relaciones hasta ese momento habían sido amistosas (en ambos casos, se trataba de monarquías autoritarias que contaban con el paraguas protector de los EEUU), iniciaron una espiran de enfrentamientos en varios terrenos que prosigue hasta hoy y que se ha dado en llamar “guerra subsidiaria”.

Se trata de un tipo de conflicto -también llamado “guerra proxy”- en el que dos potencias optan por no enfrentarse directamente, pero favorecen a otros actores secundarios para que lo hagan por ellos. En ocasiones se generan movimientos guerrilleros y grupos terroristas, se desestabiliza un país para tratar de debilitar a la otra potencia, aliada de éste y, como es el caso de Siria, se puede llegar al conflicto abierto. Este tipo de conflictos no son una novedad. La propia Guerra Civil Española fue un conflicto subsidiario entre las potencias del Eje y la URSS, y durante la Guerra Fría, en Vietnam, Corea, ambos bloques chocaron indirectamente, mediante peones interpuestos.

En la actualidad, Irán está recibiendo apoyos de Rusia y China, mientras que Arabia Saudí está apoyada por EEUU. Pero lo que está en juego es cuál de los dos países detentará en las próximas décadas la hegemonía regional. Siendo, inicialmente, una parte de la llamada “Nueva Guerra Fría”, el control que ambos contendientes regionales tienen sobre sus respectivos peones es determinante.

Los episodios de estos enfrentamientos se han ido sucediendo a una cadencia cada vez más trepidante y sangrienta: desde la masacre de peregrinos iraníes en La Meca el 31 de julio de 1987 (400 peregrinos muertos, de ellos 275 iraníes) durante una manifestación antiamericana, seguida del asalto a la delegación saudí en Teherán con secuestro de funcionarios, incidentes que llevaron a ambos países a la ruptura de relaciones diplomáticas, hasta, finalmente, el ataque con drones llevado a cabo el 14 de septiembre de 2019 a instalaciones petroleras saudíes en Abpaip y Kurais y que los saudíes atribuyeron a Irán (algo que Teherán negó), los treinta años que median entre ambos episodios están repletos de incidentes y choques, directamente o, lo más frecuentemente, mediante actores interpuestos, como ocurre de manera particularmente visible en la guerra civil siria en la que son muy visibles las dos partes y los apoyos que cada una de ellas recibe (ver muestro estudio sobre este conflicto: Reflexiones sobre la guerra de Siria).

Durante las décadas de la postguerra en las que, tanto en Irán como en Arabia, reinaban dos “monarquías petroleras” protegidas por los EEUU, no existió ningún tipo de tensión geopolítica entre ambos países. Sin embargo, desde el momento en el que, en 1979, el ayatolah Jomeini se hizo con el poder en Teherán e instauró una República Islámica, todo cambió. La caída de un régimen monárquico que, a pesar de las diferencias y de su algo nivel de occidentalización, no era completamente diferente a las monarquías de Kuwait y Arabia, les alarmó. Así mismo, la radicalización religiosa generó inquietud también en los países vecinos gobernados por movimientos políticos laicos (Iraq, Siria y Líbano) y la alarma creció todavía más en los años siguientes a la vista de la forma de islam que había triunfado en Irán era el chiismo (20% del total del mundo islámico) contrapuesto al sunismo de los vecinos. Las rebeliones islámicas que se produjeron en cadena en el interior de los países de la zona (Arabia en 1979, Egipto en 1981, Siria en 1982, Líbano en 1983) confirmaron estos temores: se estaba produciendo un “efecto contagio” en el mundo sunnita.

La única potencia capaz de detener a Irán era el Iraq de Saddam Hussein, el cual utilizó el miedo creciente generado por los ayatolahs iraníes para congraciarse con Occidente y aumentar su papel geopolítico. Tenía cualidades para ello: petróleo, un gobierno laico y fuerte, estructurado en torno a las FFAA y al BAAS y buenas relaciones diplomáticas con la mayor parte de países de la zona deseosos de que alguien evitara el contagio con la “revolución islámica”.

Incluso en conflictos como el de Afganistán durante la invasión soviética y en la guerra civil libanesa, se pudo ver con claridad que ambos contendientes, Irán y Arabia, utilizaban a sus peones locales e intentaban ganar influencia en la zona. Irán consiguió en Libia una posición preponderan gracias al concurso de Hezbolah. Posteriormente, tras la sucesión de tres guerras del Golfo (la de Irán contra Irak a partir de 1981, la de Kuwait en 1989 y la invasión americana de 2003) desestabilizó completamente a la zona y consiguió aumentar la influencia en Irak, a través de las “milicias chiitas” (Unión de Movilización Popular) en la actualidad extraordinariamente extendidas y que controlan buena parte del país. Así mismo, en Siria, antes del compromiso efectivo y abierto de Rusia, el régimen de al-Assad contó con el apoyo incondicional iraní, la ayuda y el envío de armamento.


Si tenemos en cuenta que, en la actualidad, las “milicias chiitas” iraquís cuentan con 150.000 miembros y son el equivalente a la Guardia Revolucionaria Iraní y al Hezboláh libanés, el cual dispone de un verdadero ejército privado dotado de blindados y mísiles tierra-aire de largo alcance, siendo hoy el principal grupo armado del país manteniendo bajo su control una amplia franja del sur fronteriza con Israel y el sector nor-este del mismo, así como algunos barrios de Beirut, lo que, en total, supone una tercera parte del Líbano. Hezbolá ha conseguido frenar y, en cualquier caso, dificultar las ofensivas israelíes contra el Sur del Líbano e intervenido en la guerra civil siria contra el DAESH, luchando junto al ejército de al-Assad. En cuanto a las milicias iraquíes, también consiguieron vencer al DAESH y detener su avance cuando se encontraba a pocos kilómetros de Bagdad, siendo inamovibles desde sus santuarios de Nayad.

Si nos hemos de fijar en los progresos, veremos que son favorables al gobierno de Teherán y a su causa. Es cierto que el gobierno saudí intenta ampliar su influencia en el mundo islámico, financiando la constitución de mezquitas en los países sunnitas e incluso en Europa Occidental y reforzando sus vínculos con países estables -o que aparentan serlo- como Marruecos. Pero los problemas se le han ido acumulando al gobierno de Riad, especialmente, en los últimos años: bajada de los precios del petróleo, inadecuación creciente de un régimen feudal a la realidad del siglo XXI, “monocultivo” petrolero en un momento en el que la “era del petróleo” inicia su declive, problemas tribales y tradición tribal en la península arábiga, sector privado muy débil ante la maquinaria pública, población subsidiada, incluso consumo compulsivo de pornografía

Por si esto fuera poco, la autonomía alcanzada por los EEUU en materia energética (gracias, en parte al fracking y a haber cambiado de proveedores petroleros), así como el repliegue de los EEUU y el traslado de su área clave, de Oriente Medio a la región Asia-Pacífico, generan una inquietud comprensible en Riad: el que, hasta ahora, era “paraguas protector” de la dinastía de los Saud, ya no lo es tanto, incluso puede dejar de serlo. De ahí que el gobierno (o, al menos, una parte) saudí haya emprendido una serie de reformas en cadena conocidas como el “Plan 2030” que deberían adecuar el país a la nueva situación.


En Irán, en cambio, las cosas van a otro ritmo: el gobierno salió fortalecido del pulso por el desmantelamiento de su industria nuclear y, en la actualidad, el país está muy unido a su dirección. Tras doce años de negociaciones (entre 2002 y 2014), la resolución final supuso una victoria moral para Irán que en el momento actual está en plena expansión y aumentando aliados e influencia en Yemen, Irak, Líbano y Siria. Desde que se produjo la invasión Iraq por los EEUU, Teherán comprendió que solamente había sido posible porque el vecino no disponía, precisa y paradójicamente, de “armas de destrucción masiva”: de haberlas tenido, Bush jamás se hubiera atrevido a vulnerar sus fronteras. Esto indujo a Teherán a recuperar un viejo proyecto de “nuclearización” del país que ya se había iniciado en tiempos del Sha, entonces de la mano de los EEUU.

Esta es la situación actual. Todo deja presagiar que estamos en el inicio de una década que supondrá grandes cambios en la zona, terminaba la cual estará clara cuál es la potencia hegemónica en Oriente Medio… teniendo en cuenta a los otros dos actores, Turquía y el Estado de Israel. Lo que ocurre allí, influirá decisivamente en ambos: Turquía ha optado por no inmiscuirse en los problemas entre Irán y Arabia, insistiendo solamente en su deseo de que los problemas que podrían generarse en el Kurdistán no le afecten. Todo induce a pensar que Erogán optará por jugar la carta del país que resulte vencedor en esta confrontación y aliarse con él: alianza a cambio de manos libres en la zona turcófona y buenas relaciones con el mundo árabe e iranio. En cuanto a la posición de Israel, más que de él, dependerá de la actitud de los EEUU. La pérdida de interés del presidente Trump por la zona, induce a pensar que la posición de Tel Aviv se ha debilitado. El hecho de que, Irán haya concitado entusiasmos en el mundo islámico por su programa nuclear -cuya intención era presentada como anti-israelí- le ha hecho ganar puntos como “líder en la lucha contra el expansionismo sionista”. Si la victoria de Irán se confirma a lo largo de esta década y la inhibición de los EEUU se convierte en permanente, parece claro que Israel deberá encontrar algún acuerdo con sus vecinos o arriesgarse a un conflicto en una situación muy diferente a la de las anteriores guerras árabe-israelíes.

Pero, lo más sorprendente de esta situación es que ni Irán es cómo habitualmente se suele pensar que es, ni Arabía Saudí quiere permanecer eternamente con la imagen que tiene hoy. Y, si bien, en su interior hay más resistencias a los cambios hasta el punto de que no puede afirmarse que los objetivos del “Plan 2030” pueden ser alcanzados, al menos existen sector que buscan una “modernización” efectiva, acorde con el siglo XXI. Por el contrario, en Irán la “modernización” ya no es una novedad, estuvo presente desde los tiempos del Sha Reza Palhevi, con altibajos, y, en la actualidad el país está mucho más coagulado en torno a sus dirigentes y estos más próximos al mundo occidental que en cualquier otro país de Oriente Medio, con la excepción turca.

Estas diferentes situaciones se deben a tres factores:
- Factores étnicos: Irán es un pueblo ario y Arabia Saudí es un pueblo de mayoría semita.
- Factores religiosos: Irán es el portaestandarte del islam chiíta, mientras que Arabia difunde el wahabismo sunnita.
- Factores históricos: lo anterior ha generado distintas evoluciones históricas que han tenido en común la presencia turca en un momento dado.
Siguiendo todos estos elementos podrá entenderse mejor la situación actual, como veremos.

martes, 28 de enero de 2020

REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE SIRIA (2 de 3)


> EEUU Y LA “ESTRATEGIA DEL CAOS”

Desde que se inició el mandato de Donald Trump, el primer presidente que no pertenecía al “stablishment” (al menos desde el presidente Eisenhower quien ya denunció en el acto de traspaso de poderes, la asfixiante presencia del “complejo militar-industrial”), este nuevo ciclo de la política norteamericana se ha convertido en una lucha dialéctica por desmantelar las políticas anteriores impuestas desde la primera “era Bush” y las dificultades para llevar a cabo tal desconexión. Las resistencias que ha encontrado Trump son muchas y en su núcleo esencial proceden del viejo “complejo militar-industrial”. Trump, en tanto que empresario, es consciente de algo que no puede asumir el “stablishment”: que es preciso renovar infraestructuras públicas en el país (EEUU se ha quedado atrasado en este terreno), que eso implica detener las intervenciones militares en el exterior (generan excesivo gasto y nunca terminan con victorias claras), que es preciso crear puestos de trabajo para los norteamericanos (y que esto pasa por adoptar medidas proteccionistas).

Pero todo esto no se puede realizar de un día para otro, especialmente porque nuevas políticas, insertadas en un país que arrastra dinámicas perniciosas desde la independencia y en donde el lobbysmo y la presencia de grupos de presión, suponen barricadas infranqueables y con las que la misma presidencia debe bregar. Para colmo, el “stablishment” ha optado por tratar de ganar en los tribunales (mediante el “empeachment”) lo que no ha ganado en las urnas.

Solamente teniendo en cuenta estos elementos, puede entenderse las oscilaciones de la política exterior norteamericana.

Trump ha reconocido que la intervención en Afganistán e Irak no ha servido absolutamente para nada bueno. Los EEUU han perdido en ambos conflictos más de 7.500 hombres y por el país deambulan 15.000 mutilados (físicos o mentales) que son el recordatorio visible de aquel desastre que solamente beneficio a contratistas del Pentágono y a caciques locales. Trump es perfectamente consciente, también, de que la intervención en Siria se ha saldado con el tercer fracaso… a pesar de haberse implicado infinitamente menos que en los dos conflictos anteriores. Y esta es la clave: “implicación”. Rusia se ha implicado en la defensa de su aliado. EEUU no. Por eso, Rusia ha vencido y los EEUU han salido derrotados.

Hace falta añadir algo sobre los motivos de esa falta de implicación: cuando el presidente Obama llegó al poder, cambió la estrategia de Bush adoptada en 2001: ya que era imposible estabilizar una presencia norteamericana en Afganistán e Irak, se trataba de impedir que estos países pudieran reconstruirse y caer en manos del adversario geopolítica. Por tanto, había que crear una situación que garantizara inestabilidad permanente. A fin de cuentas, la historia demostraba que, si Israel seguía incólume a pesar de estar rodeada por enemigos, se debía a que estos mantenían altos niveles de conflictividad en sus políticas interiores e incluso en sus relaciones internacionales. A esto se le ha llamado “estrategia del caos”: allí donde no puedas dominar e imponerte, siempre el caos para que nadie más lo haga.

Esto explica el por qué los EEUU, directamente o, en su momento a través de Turquía, han trabajado para crear movimientos islamistas que luego han escapado a su control y se han convertido en actores de una estrategia que no era la suya: la del “caos”.

Pero Trump es mucho más realista (e incluso “humano”): es un hombre de negocios y sabe que los negocios huyen de la inestabilidad. Sabe que invertir en generar y mantener el caos en Siria es demasiado costoso y que, la proximidad rusa y su alianza con Siria, harán que el gasto, por mucho que crezca, siga siendo improductivo. Sin olvidar que la “estrategia del caos”, por sí misma, ha debilitado a la OTAN en su flanco sur: Turquía.


> TURQUÍA O CÓMO PASAR DE UN BANDO A OTRO

Convertir Siria en un nuevo escenario de la “estrategia del caos”, ha supuesto reavivar el por fantasma turco: el terrorismo kurdo y el movimiento separatista dirigido por el PKK. Los turcos temen que se establezca un “corredor del terror” en la zona norte de Siria, controlada por las milicias kurdas que afecte a su propia integridad nacional.

El efecto de la “estrategia del caos” ha sido perjudicial para Turquía país que ha oscilado de ser en 2011 uno de los que más firmemente apoyaron a la oposición siria, entregando armas y medios, para desandar lo andado en los últimos 75 años con la OTAN y aproximarse inequívocamente a las posiciones rusas: a mediados de 2019, Turquía decidió comprar un sistema antimisiles de fabricación rusa, valorado en 2.000 millones de dólares. Dicho sistema será operativo en 2020. El acuerdo había sido torpedeado por todos los medios por los EEUU y desaconsejado por la OTAN y por las cancillerías occidentales. Los EEUU, incluso anularon la presencia turca en el programa del super-caza F-35, del que debían construirse más de 100 unidades en Turquía con un coste de 9.000 millones de dólares.

Trump se apresuró a tratar de confirmar el “vínculo estratégico” que unía a su país con Turquía, pero el mensaje no ha sido recogido en Ankara. Las conversaciones entre Putin y Erodgan se han saldado con arreglos que permiten a Turquía traspasar la frontera siria sin inquietar al gobierno de Damasco, para perseguir, golpear y conjurar a las milicias kurdas, siempre y cuando las tropas regresen a sus bases de partida tras la operación. Erdogan tiene suficiente con tener garantizada la integridad de sus fronteras y su seguridad interior. En cambio, la “estrategia del caos” garantizaba la creación de una franja en el norte del país en donde se asentaría un Estado Kurdo independiente, que constituiría el verdadero santuario para las operaciones independentistas en el interior del Kurdistán turco.

Hay también que tener presente, que solamente después de estos acuerdos, la flora rusa ha realizado maniobras y desembarcos espectaculares en Tartus. Ahí está una base naval rusa que da salida al Mediterráneo Oriental a su flota. La potencia de esa flota todavía está por debajo del de la VIª Flota de los EEUU que opera en las aguas mediterráneas, pero es, en cualquier caso, especialmente significativa para Turquía.

¿Por qué las maniobras de Tartus? Es simple: Siria, Rusia y Turquía han elaborado el proyecto de un gaseoducto que atraviese territorio sirio desde las bolsas de petróleo y gas del Este del país (consideradas como una de las reservas más importantes del mundo), hasta el mediterráneo, sin pasar por el Canal de Suez, ni por el Estrecho de Ormuz. Es la vía más directa y más corta para que el petróleo sirio llegue al Mediterráneo.

Ese gaseoducto desembocaría en el puerto de Tartús apenas a 160 kilómetros de Damasco. Con estas maniobras, Rusia intentaba, simplemente, contener la “estrategia del caos”, demostrar que tenía fuerza y recursos suficientes para hacerlo y defender su “espacio vital”, ofreciendo a Turquía que hiciera otro tanto.

Además, muchas cosas han cambiado en ese país en los últimos 20 años. Hasta 2010, Turquía insistió una y otra vez en llamar a la puerta de la Unión Europea. Pero Turquía no podía estar dentro del “espacio común europeo” porque eso significaba la marcha de 20 millones de turcos hacia Europa Occidental, acelerando una islamización que ya había causando suficiente alarma social. A los sucesivos portazos sufridos por Turquía, se ha unido la parálisis de la Unión Europea y su mala respuesta ante la crisis económica de 2008. Y así ha ocurrido que Turquía, cuya opinión pública pensaba en 1989 que la disolución del Pacto de Varsovia implicaría una remodelación y una disolución de la OTAN, pero que la permanencia en ella mientras durase, era necesario para avalar su ingreso en la UE (como le ocurrió a España en los 80).

Ahora Turquía permanece más distante de la UE y en la práctica ha estructurado una política exterior no centrada en el ingreso en la UE, y por tanto, su presencia en la OTAN constituye más un riesgo que una ventaja. Si a esto unimos, las consecuencias deletéreas de la “estrategia del caos” y la habilidad del presidente Putin para sentar a Erdogan en la mesa de negociaciones y ofrecerle propuestas sólidas, claras y concretas, a nadie le puede extrañar el cambio de actitud turca.


> NO ES UNA DERROTA TÁCTICA,
ES UN FRACASO ESTRATEGICO

En cuanto a EEUU, la renuncia a la “estrategia del caos” de Obama, indica la tendencia de este país a replegarse en sí mismo, que ya estaba anunciada e implícita en la campaña electoral de Donald Trump.

Ahora bien, la salida progresiva pero constante de EEUU de la zona de Oriente Medio, supone, no solamente una disminución de su paso militar en el mundo, sino también de su poder económico: habitualmente, potencia militar y poder económico caminan juntos, si uno disminuye, el otro merma igualmente. Y esta es la cuestión: que EEUU, tardíamente, ha reconocido que la “unilateralidad” que nació después de la Guerra Fría, ya no es viable y que el mundo va a entrar en una “multilateralidad” en la que los EEUU solamente pueden aspirar a ser uno de los actores importantes, pero no el único, ni siquiera el más importante (China se ha propuesta alcanzar la hegemonía económica mundial entre 5 y 10 años).

Por tanto, la importancia del conflicto sirio evidencia que los EEUU son, hoy, un “imperio cansado”. Ni están dispuestos, ni pueden, ni tienen posibilidades de seguir manteniendo bases en todo el mundo, ni siquiera tienen la “decisión” de seguir siendo el “único poder global”.  La cuestión es: ¿podemos olvidar que el dólar sería hoy una moneda que habría perdido el 80% de su valor de no estar avalada por los marines, los B-52 y el poder nuclear de los EEUU? Porque, a fin de cuentas, la crisis militar de los EEUU preludia y es, al mismo tiempo, un reflejo de su crisis económica.

PRIMERA PARTE : CONFLICTOS SUPERPUESTOS
SEGUNDA PARTE : VENCEDORES YPERDEDORES

domingo, 8 de marzo de 2020

PARA ENTENDER NUESTRO TIEMPO - INDICES


Desde hace unas semanas y, como ya explicamos, para huir de las miserias de la política española, protagonizada por enanos en el poder y en la oposición, decidimos poner al día nuestros conocimientos en geopolítica e inicial, escalonadamente, un recorrido por las distintas regiones del globa, empezando, como no podía ser de otra manera, por la más “caliente” del planeta: ORIENTE MEDIO. Progresivamente, iremos sirviendo artículos sobre este tema que, en el plazo de dos o tres meses, permitirán al lector disponer, en una sola web y de manera, sistemática, y resumida, de los elementos básicos para comprender lo que está ocurriendo, sin dejarse llevar por digitales de medio pelo, informaciones sesgadas o simplemente por las vías predeterminadas por los equipos de “operaciones psicológicas” de las grandes potencias. Estos apuntes deberían ser considerados como herramientas para disponer de un patrón interpretativo de la realidad y de la geopolítica mundial.

08.03.2020


SERIE SOBRE EL
ENFRENTAMIENTO ENTRE IRÁN Y ARABIA SAUDÍ



SERIE SOBRE LAS
NUEVAS ORIENTACIONES GEOPOLÍTICAS DE TURQUÍA


SERIE DE PUESTA AL DÍA
SOBRE LA CUESTIÓN KURDA


SERIE SOBRE
LA GUERRA DE SIRIA EN SU FASE ACTUAL



viernes, 31 de enero de 2020

PARA ENTENDER LA CUESTIÓN KURDA (1 de 3) - ORIGEN Y ASPIRACIÓN KURDA


Entender lo que pasa en el mundo, a la vista de lo surrealista que ocurre en España, porque, a fin de cuentas, lo que pasa en España es un reflejo de las tendencias e influencias que se suceden en el mundo. De ahí mi interés renovado por los conflictos internacionales y el rápido repaso que he iniciado. Si he partido de Oriente Medio y de la guerra de Siria es, simplemente, por que es hoy la zona más “caliente” del planeta. El estudio del conflicto sirio lleva directamente a la “cuestión kurda”. Analizar esta cuestión será el objetivo de los tres artículos que siguen. Vale la pena explicar que ni nos interesa pronunciarnos sobre la cuestión kurda, ni tomar partido a favor en contra: aspiramos a entender simplemente, en este tema como en todos los de esta serie, lo que ocurre en el mundo y conocer las claves, a partir de las cuales resulta más fácil el seguimiento de la información diaria.

En su conocida obra, El gran tablero mundial (Paidós, Barcelona, 1998), el que fuera Secretario de Estado con Jimmy Carter y creador de la Comisión Trilateral, Zbigniew Brzezinsky, menciona en una sola ocasión al Kurdistán y no le otorga absolutamente ningún valor estratégico, ni siquiera lo considera como una pieza importante o desestabilizadora de la zona. Se limita a presentar un mapa de “los Balcanes euroasiáticos” (que constituyen nuevas repúblicas emancipadas de la antigua URSS (Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia y Georgia) a los que suma Afganistán. Tiene razón, Brzezinsky en identificar a Turquía e Irán como países que en los próximos años se disputarían la hegemonía en la zona. Se equivoca al desconsiderar a la URSS como futuro árbitro de la situación en la zona y piensa (o quiere pensar) que, tras el desmantelamiento de la URSS, con la centrifugación de las repúblicas asiáticas y después del luctuoso período en el que la Federación Rusa estuvo dirigida por Boris Eltsin, Moscú ya no tenía nada que decir en la zona. Así mismo, desconsidera (casi seguro prefiere ignorar), los movimientos del entonces gran aliado de los EEUU, Arabia Saudí, rival geopolítico de Irán. Brzezinsky apenas menciona el terrorismo islámico y su libro se limita a enumerar los intereses estratégicos de los EEUU en el mundo euroasiático.


El ex secretario de Estado norteamericano sitúa al Kurdistán fuera de “los Balcanes asiáticos”, pero dentro de una zona mayor de inestabilidad que abarca a Turquía, el sur de Rusia, toda la península Arábiga, Pakistán y sus fronteras con India, el Oeste uigur de China, y la orilla oriental del mar Rojo. Claro está que la obra fue escrita en 1997. Si comparamos la inestabilidad que registraba la zona en la época en la que se escribía este libro, con la que existe en la actualidad, puede comprobarse que se han producido especialmente un desplazamiento de la inestabilidad y que, en realidad, los “Balcanes asiáticos”, o bien se han reacomodado al nuevo poder ruso, mejorando sus relaciones y, en cualquier caso, no se ha producido la oleada de convulsiones que preveía el autor. De hecho, lo mas significativo en estos últimos 20 años ha sido la reconstrucción del poder ruso y la recuperación de influencia en esa zona, y el desplazamiento de la inestabilidad a la otra orilla del Mar rojo: Egipto, Sudán, Etiopía, Somalia, y por la orilla sur del Mediterráneo (en Libia y Argelia, especialmente). Si en 1997, el conflicto palestino suponía la gran “zona candente” de Oriente Medio, le cabe a los EEUU, y a las políticas de las administraciones Bush y Obama, el haber extendido la inestabilidad desde Afganistán hasta el Mediterráneo sirio y desde el Kurdistán hasta el golfo de Adén. Un mérito exclusivo de la política exterior norteamericana.

El estudio sobre la guerra civil siria, nos lleva de forma natural al estudio de la cuestión kurda que no puede pasar desapercibida y que, por cierto, revista ciertas similitudes coyunturales con el problema independentista catalán.


> EL KURDISTAN, LA MAYOR NACION SIN ESTADO

La gran diferencia entre Cataluña y el Kurdistán es que en esta zona si ha existido una cultura perfectamente identificada, histórica, étnica y antropológicamente diferente a la del resto de pueblos de la zona que convierte el “factor diferencial” catalán en relación al español, en uno de esos juegos de los “siete errores” en los que dos dibujos apenas se diferencian por unas minucias intrascendentes e irrelevantes que el jugador deberá buscar con lupa.

No hizo falta, efectivamente, que los dirigentes kurdos actuales generaran un “factor diferencial” y que lo fueran ampliando a golpes de historia de ficción como ha ocurrido en Cataluña desde finales del XIX. La cultura kurda era preexistente a la irrupción del Islam en la zona y, a pesar de que en la actualidad la mayoría son musulmanes sunitas, todavía no ha desaparecido, sino que goza de buena salud en algunas zonas, el jasidismo, religión ancestral cuyas raíces se remontan a hace 4.000 años y que aun subsiste en las inmediaciones de Mosul, en Siria, Turquía y en zonas del Cáucaso hasta sumar un total de 800.000 adeptos. Se trata de una religión emparentada con el zoroastrismo y que luego incorporará influencias sufíes. Seguramente se trata de una religión que ha cambiado con el paso del tiempo y que ha ido incorporando sincréticamente influencias, especialmente del sufismo. Sus relaciones con el Islam no han sido buenas: a partir del siglo VII, cuando el islam invade la zona, se ven obligados a convertirse, pero la religión jasidita sobrevivirá, aunque mermada. La llegada de los turcos ampliará la persecución contra ellos entre el siglo XVI y el XIX. Y esta tradición se prolongará hasta más allá de la invasión norteamericana de Irak en 2003, cuando los fundamentalistas islámicos primero y el DAESH en 2014, traten de desembarazarse de ellos.


Todavía se discute cuando empezó su historia como pueblo. Algunos lo remontan a 600 años antes de JC, otros la sitúan 400 años antes de esa fecha y los hay que no dudan en fijarla 3.000 años antes de JC. Étnicamente los kurdos son indoeuropeos, descendientes de los antiguos medos que hablan una lengua específica, vinculada al persa, dividida en varios dialectos a causa de su dispersión geográfica. Es posible que en la actualidad sean en torno a 45-50 millones distribuidos en cinco países (además de la inmigración a Europa, también en número significativo, en Alemania, Reino Unido y Suecia): Turquía con 20 millones, Irán con 12, Irak con 8 millones, Siria con algo más de 3 millones y Armenia con 100.000.

No existe en “Estado Kurdo”, pero si, como hemos visto una especificidad étnica, antropológica, lingüística y religiosa que permite distinguir a los kurdos de cualquier otro grupo de la zona. El hecho de que el 80% de ellos, sean de confesión sunita no implica que hayan renunciado a su lengua ni a su cultura preislámica, lo que hace de ellos algo radicalmente diferente al islam iraní (chiita) o a los sunnitas de origen árabe o semita.

Cuando la derrota de los Imperios Centrales en la Primera Guerra Mundial, selló el destino del Imperio Otomano (que históricamente era aliado de Alemania desde Bismark), los kurdos creyeron que serían unificados en una sola nación, que, desde luego merecían mucho más que otras que naciones que se crearon a raíz de los acuerdos Sykes-Picot en 1916. Esta promesa quedó reflejada, por lo demás, en el tratado de Sévres de 1920.

El origen del problema kurdo en su actual formulación hay que situarlo en estos dos acuerdos diplomáticos:
- Los acuerdos Sykes-Picot fueron suscritos por el Reino Unido y Francia para repartirse los despojos del antiguo Imperio Otomano cuando finalizara la Primera Guerra Mundial. Lo peor de este acuerdo era el intento de crear fronteras artificiales para pueblos y tribus que no las habían conocido nunca. Se definieron las fronteras de países como Irak y Siria y se crearon “zonas de influencia”: los británicos se quedaron Jordania, Palestina, Irak, y Francia estuvo presente en el sur-este turco, en toda Siria y Líbano y en el norte de Irak. Esta división artificial es considerada por muchos como el origen de todos los conflictos que han asolado Oriente Medio en los últimos 100 años. El movimiento sionista intentó que se reconocieran sus derechos históricos, pero estos, como los pueblos ya establecidos en la zona, sin excepción se vieron defraudados en sus expectativas.
- El Tratado de Sévres no fue mas que la formalización de los acuerdos Sykes-Picot que confirmó, ya en la paz, lo acordado durante la guerra. Ahí se trató directamente la cuestión Kurda y se recomendó la creación del Kurdistán como Estado independiente. Incluso se reflejo que debería estar instalado en el sur-este de Anatolia, integrando una cuarta parte del territorio y cuya administración, inicialmente, correspondería a los EEUU. Francia lo aceptó, negándose a que ese Estado incluyera los territorios kurdos bajo su control en Siria y el norte de Irak. Cuando se cerró la conferencia, a los kurdos les quedó la sensación de que estaban al borde de poder establecer un Estado propio que, al menos, abarcase un tercio de su territorio. No era la totalidad, pero era un comienzo. El problema fue que los acuerdos de Sévres nunca fueron ratificados por los gobiernos que los suscribieron y los kurdos -como el resto de pueblos de la zona, por unos y otros motivos- vieran decepcionadas sus esperanzas.
El origen del conflicto actual se encuentra pues en la frivolidad con la que fueron trazados los acuerdos Sykes-Picot, en el desconocimiento de la realidad antropológica de Oriente Medio (organizado en “tribus”, formadas por “clanes” y divididos estos en “familias” que pueden extenderse por territorios muy amplios y cuyos miembros están ligados por lazos de sangre y de fidelidad, mucho más que por pasaportes y fronteras).

La visión eurocéntrica del colonialista que aspira a modelar los territorios que ocupan en otras latitudes a imagen y semejanza de la organización en la metrópoli, indica un sentimiento racista y reduccionista de superioridad que ha causado un siglo de tragedias que todavía no han terminado.



> TRAS LA DECEPCIÓN, 
   LAS EFÍMERAS “REPÚBLICAS KURDAS”

Cuando el Imperio Otomano se reconstituyó como Estado Turco, gracias a la obra de Mustafá Kemal Ataturk, el primer objetivo fue lograr la liberación nacional y sacarse de encima la hipoteca que iba implícita con la derrota. Ataturk, dotado de una visión occidentalista, apeló a la superación de las diferencias étnicas y religiosas para constituir una nación, libre, fuerte y entera. A pesar de que defendía un Estado laico y una administración fuera de la influencia religiosa, lo cierto es que apeló en distintas ocasiones al sentimiento religioso de su pueblo, especialmente cuando se trató de expulsar a los griegos. Las potencias occidentales reconocieron al nuevo régimen griego para tratar de mantener el vínculo con ese país y evitar, en su búsqueda de un nuevo aliado, o bien revalidara sus antiguos lazos históricos con Alemania o bien se decantara hacia la nueva Unión Soviética, su vecino del Norte y cuyos destinos geopolíticos estaba indisolublemente ligadas, pues no en vano, controlaba los estrechos del Bósforo y los Dardanelos y, por tanto, podía regular la salida al Mediterráneo de la flota rusa del Mar Negro. Este papel creció todavía más tras la Segunda Guerra Mundial y con el estallido de la Guerra Fría.

En esas dos postguerras el papel geopolítico de Turquía fue creciendo, hasta el punto de que las democracias occidentales le dejaron hacer y deshacer a su antojo en su territorio. En el Tratado de Lausanne (1923) las potencias occidentales reconocieron al Estado Turco y la pertenencia de una parte del Kurdistán a este país. En dicho tratado no se menciona a los kurdos como “minoría no musulmana” y, por tanto, carecía de derechos propios (a diferencia de los armenios -que acababan de sufrir un verdadero genocidio- y de los griegos). En ese momento, las esperanzas kurdas en que en algún momento se hicieran valer los derechos que habían adquirido en el Tratado de Sévres se desvanecieron completamente: si querían la independencia, debían luchar por ella. Y a eso se dedicaron, divididos en dos corrientes: los partidarios de conformarse con una “autonomía” y los que veían la “independencia” como irrenunciable.

La llamada República de Ararat que, a puras penas pudo subsistir entre 1927 y 1930 en el Este de Turquía, fue el resultado de la rebelión dirigida por Nuri Pasha. Una vez instaurada realizó un llamamiento internacional para lograr su reconocimiento que saldó con el silencio generalizado, incluso de la Sociedad de Naciones, hasta que, en diciembre de 1930, el ejército turco liquidó los últimos focos de resistencia.

En Irán, la minoría kurda, situada en una pequeña franja en el nor-oeste del país, en el llamado Azerbaiyán Oriental, estuvo en condiciones de proclamar en 1946, una efímera República de Mahabad o también como República del Kurdistán que apenas pudo subsistir durante seis meses, de octubre de 1946 a finales de marzo de 1947. Fue la obra de Qazi Muhammad, en el momento en el que el país seguía ocupado por las tropas rusas, presentes desde 1941, cuando se temía que el movimiento nacionalista iraní se decantara a favor del Tercer Reich (en Irak los agentes alemanes intentaron una sublevación apoyados por nacionalistas locales).

La operación tenía mucha más base que la efímera República de Ararat, porque los dirigentes kurdos iraníes querían crear una república que se asociara a la URSS, tal como en ese momento habían hecho en Azerbaiyán. Pero el programa del “Gobierno Popular Kurdo”, era excesivamente nacionalista como para que los soviéticos pudieran aceptarlo y, además, corría el riesgo de vulnerar los acuerdos internacionales suscritos al final de la Segunda Guerra Mundial entre los EEUU y la URSS. Esto, unido a la hostilidad de Irak y Turquía, contribuyó al aislamiento de la República de Mahabab que, al retirarse los soviéticos, quedó reducida a grupos de guerrilleros en las montañas hostilizados por las tropas iraníes, mientras algunas tribus kurdas decidían emigrar a Azerbaiyán e instalarse allí al amparo de la URSS. Otros optaron con alinearse con la tribu Barzani, cuyo jefe Mustafá Barzani era partidario de la resistencia armada y de la guerra de guerrillas, mientras que Qaza, mucho más realista, era consciente de que sin el apoyo soviético la República se extinguiría, como así fue. En cuanto a Barzani y a sus “últimos mohicanos”, lograron asilo político en la URSS.

Sería el hijo de Barzani, Massoud, el que, como presidente del Partido Demócrata del Kurdistán (PDK) y jefe de su tribu, luchó contras las fuerzas de Saddam Hussein tras la paz entre Irán e Irak, para luego, en la década de los 90 aliarse con él y abandonarlo en el momento de la invasión norteamericana de 2003. En ese momento, el PDK y la Unión Patriótica Kurda (UPK) establecieron un gobierno autónomo con capital en Erbil. Barzani escaló puestos en la administración controlada por los EEUU, llegando a ser presidente del Consejo de Gobierno de Irak, en 2004 y luego regresando al Kurdistán iraquí asumiendo la presidencia de la autonomía en junio de 2005, siendo reelegido en 2009, esta vez por el voto popular (su hijo dirigió las fuerzas de seguridad en la región y su sobrino fue primer ministro de la autonomía).

En 2017 los kurdos de todo el mundo pensaban que Barzani y, con él los kurdos iraquíes, habían logrado un altísimo nivel de autonomía que incluía el control de los pozos petrolíferos, de los aeropuertos y de las fuerzas del orden en la zona. Inflamado por el “ejemplo catalán”, a Barzani se le ocurrió la peregrina idea de convocar un “referéndum por la independencia” con la “original” consigna de “Kurdistán is not Irak”. El resultado de las urnas le fue favorable como era de esperar, pero el gobierno iraquí optó por aprovechar la ocasión para recuperar el control de todas las parcelas de la administración que hasta ese momento estaban en manos kurdas y ocupar militarmente zonas en disputa. Barzani dimitió de su cargo el 1 de noviembre de 2017. El tema de la independencia volvió a la casilla de partida y el de la autonomía sufrió un retraso en relación a lo conquistado en 2004.