La vida, inevitablemente, pasa tributo a los
excesos cometidos durante la juventud y, muchos más, a los practicados en la
madurez. Como mínimo desde 2009, al rey-sultán de Marruecos se le han ido
acumulando problemas de salud cada vez más graves. A pesar del hermetismo
propio del sultanato marroquí, no se ha podido evitar que algunas de estas
crisis salieran a la superficie al desarrollarse en países europeos. Este no es
todo el historial clínico de Mohamed VI, sino sólo el que (a duras penas) se ha
podido conocer. Y no se puede ser muy optimista respecto a su futuro: esto y
los problemas que derivan de su sucesión explican las “prisas” de Marruecos por
hacerse con Ceuta y Melilla.
* * *
En 2009, sonó la primera señal de alerta: la Casa
Real emitió un comunicado inédito informando que el rey padecía una
infección por rotavirus que le provocaba una severa deshidratación,
obligándole a guardar cinco días de reposo absoluto. Este episodio disparó las
primeras alarmas internacionales sobre la fragilidad de su sistema
inmunitario. Se trata de un virus extremadamente contagioso que
infecta el intestino delgado y representa la causa más común de gastroenteritis
aguda y diarrea grave en niños menores de 5 años a nivel mundial. Aunque afecta
principalmente a bebés y niños pequeños, los adultos también pueden contraerlo,
manifestando generalmente síntomas más leves. Obviamente, el comunicado no
informaba de cómo se podía haber contagiado con este virus habitual niños.
Luego siguió, en septiembre de 2017, la
extirpación de un tumor en el ojo (pterigión). La enfermedad no pudo
mantenerse en secreto debido a que Mohamed VI fue ingresado de urgencia en el
Hospital Oftalmológico Quinze-Vingts de París. El tumor le había crecido en
el ojo izquierdo e invadía la córnea, amenazando su visión. Las imágenes
del rey paseando por París con un parche en el ojo se hicieron virales.
Otro tanto volvió a ocurrir seis meses después,
cuando sufrió una fuerte crisis cardíaca provocada por un aleteo auricular
(arritmia) y tuvo que ser intervenido de urgencia mediante una ablación por
radiofrecuencia en la clínica Ambroise Paré de París. La foto oficial en la
cama del hospital, rodeado de sus hermanos e hijos, dio la vuelta al mundo.
Llamó la atención el que Mohamed VI no asistiera al funeral de Estado del
expresidente Jacques Chirac. Luego se supo que los médicos se lo habían
prohibido al estar aquejado de un cuadro severo de neumonía bilateral aguda
de origen vírico, una crisis respiratoria que forzó un largo periodo de
convalecencia debido a que sus pulmones ya estaban muy debilitados por el
tabaquismo crónico y la sarcoidosis. Solo entonces se supo que el rey sufría
esta última enfermedad y que estaba siendo tratado con corticoides. Se
trata de un enfermedad crónica y degenerativa caracterizada por la formación
de granulomas (pequeños cúmulos de células inmunitarias e inflamatorias que se
agrupan en diferentes órganos del cuerpo, interfiriendo con su funcionamiento
normal; en el 90% de los casos dañan los pulmones y los ganglios linfáticos del
tórax. Provoca tos seca persistente, dificultad para respirar y dolor en el
pecho. Aparecen bultos rojos o violáceos (eritema nodoso), manchas o llagas,
especialmente en los tobillos, las espinillas, los brazos o la cara; genera
inflamaciones, visión borrosa, dolor ocular, enrojecimiento y sensibilidad
extrema a la luz.
Seguramente, la sarcoidosis está en el origen de
los problemas cardíacos del monarca. Los granulomas en el tejido cardíaco
alteran los impulsos eléctricos, provocando arritmias, insuficiencia cardíaca o
miocardiopatías. Cuando se inflaman los nervios craneales, causa parálisis
facial, dolores de cabeza o problemas de equilibrio. Otros rasgos habituales de
la enfermedad son fatiga extrema, debilidad muscular crónica, fiebre leve o
sudoración nocturna, pérdida de peso involuntaria, dolor e inflamaciones en las
articulaciones: rasgos todos ellos que han están presentes en el cuadro clínico
del monarca. Su origen reside -por lo que se sabe- en una respuesta
inmunitaria anormal y se da en personas genéticamente predispuestas que reaccionan
de forma exagerada ante una bacteria, un virus, polvo o sustancias químicas de
origen desconocido), atacando a los propios tejidos del cuerpo.
En 2020, Mohamed VI sufrió una recaída en su
arritmia cardíaca en plena pandemia. A diferencia de en ocasiones
anteriores, al existir restricciones sanitarias y no poder viajar, fue el
equipo médico francés el que se trasladó al palacio real de Rabat, donde se le
practicó una segunda cirugía cardíaca para normalizar su ritmo cardíaco. Dos
años después, cuando el Covid ya se había desdibujado, el médico personal del
rey confirmó que Mohamed VI había dado positivo en COVID-19. No era nada
grave, pero las patologías respiratorias previas del monarca, lo que le obligó
a aislarse por completo durante semanas. Fue en ese momento, febrero de 2022,
cuando se supo que también sufría de EPOC (Enfermedad
Pulmonar Obstructiva Crónica) una enfermedad pulmonar progresiva y crónica que
dificulta la respiración al causar una obstrucción permanente del flujo de aire
en los pulmones. Tampoco tiene cura. El origen de esta dolencia se encuentra en su
historial como fumador durante su juventud y buena parte de su vida adulta.
Esta situación, ahora se complica debido a que la sarcoidosis también ataca
predominantemente a su sistema respiratorio.
Por si todo lo anterior no fuera poco, a finales
de 2024, el monarca sufrió un accidente doméstico mientras realizaba
actividad física rutinaria. La caída le provocó una fractura en el húmero
izquierdo que requirió una intervención quirúrgica inmediata y un reposo
absoluto estricto de 45 días, apartándolo por completo de la agenda pública de
fin de año. Aparentemente se trataría de un problema menor, pero dadas las
anteriores patologías, en sí mismas, cada una de ellas, bastante graves, es muy
probable que aparecieran algunas complicaciones posteriores; incluso aunque
se produjera una buena consolidación ósea, la inmovilización prolongada del
brazo puede dar lugar a pérdida de la capacidad para levantar por completo el
hombro o estirar el codo, pérdida de masa muscular y pseudoartrosis (con riesgo de que los
fragmentos óseos no se unan correctamente, lo que genera dolor crónico.
Todos estos rasgos pueden ser intuidos por las recientes fotos realizadas al
monarca y por filtraciones a los medios.
Las enfermedades crónicas y las dolencias físicas
del rey han provocado una reducción drástica de su agenda oficial, prolongadas
ausencias del país y la transferencia progresiva de funciones públicas a su
hijo Muley Hassan. Su estado de salud le ha obligado a suspender citas
tradicionales clave de la monarquía alauí: en 2025, suspendió formalmente todas
sus actividades programadas para el mes sagrado del Ramadán debido a
complicaciones de salud y problemas de movilidad. En 2020, la “La Reunión
de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos” que debía celebrarse el 17 de
diciembre de 2020 en Rabat, fue suspendida de forma drástica apenas una semana
antes. La excusa oficial fue el Covid, pero la inteligencia española y las
fuentes diplomáticas marroquíes, confirmaron que la suspensión se debió al
agravamiento de la salud de Mohamed VI.
No era la primera vez que ocurría algo parecido:
en 2014, estaba programada una “cumbre estratégica” y una visita de Estado
oficial a la República Popular de China que fue pospuesta por prescripción
facultativa, a la vista del cuadro de “gripe aguda con fiebre alta” que se
complicó con una severa afonía, imposibilitando sus traslados y
comparecencias públicas.
Este amplio catálogo de enfermedades, inédito
en personas de apenas 62 años y que, para colmo, disponen de cuidados médicos
de altísima calidad constantes, combina factores de predisposición autoinmune,
causas de origen desconocido (idiopático) y el desgaste propio de sus antiguos
hábitos de salud, sumados al propio envejecimiento que se van agravando cada
vez de manera más acelerada.
A esto habría que sumar lo que la prensa española
ha llamado “espantadas” presidenciales. Aunque técnicamente no se llegó a
posponer la fecha de la cumbre, la mala salud y los periodos de reposo del
monarca provocaron que la Reunión de Alto Nivel de febrero de 2023 se
celebrara de una manera totalmente descafeinada. Mohamed VI se ausentó
de Marruecos y despachó la cita internacional mediante una llamada telefónica
con la delegación española en lugar de recibirlos presencialmente. A pesar
de que los resultados de esta reunión fueron modestos, tirando a nulos, Pedro
Sánchez, definió el encuentro telefónico como “histórico” y dijo que “sella una
relación de confianza, ambos reconocen la soberanía del otro sobre el
Sáhara Occidental y sobre Ceuta y Melilla” (aunque el cambio de postura del
gobierno español ante el Sáhara databa del año anterior), comprometiéndose a
evitar las “ofensas” y cerrando “importantes acuerdos comerciales”, lo cierto
es que la sensación generalizada fue que se trató de una cumbre
descafeinada que se comenzó a deslucir el día antes de comenzar tras
conocerse la negativa de Mohamed VI a recibir al jefe del Ejecutivo español… En
realidad, el giro que le interesaba al gobierno marroquí sobre el Sáhara se
había producido el año anterior, así que lo que pudiera aportar Sánchez a la
reunión era completamente irrelevante. Con todo, Sánchez siguió con sus
muestras de euforia y sus datos, más o menos, manipulados: "Vamos a
evitar todo aquello que sabemos que ofende a la otra parte, especialmente, en
lo que afecta a nuestras respectivas esferas de soberanía", señaló el
presidente al inicio del plenario. Tres años después, estallaba la “crisis
de Ceuta”… “Gracias
a esta asociación, que comenzó a intensificarse hace diez meses, España es el
único país europeo del Mediterráneo que ve cómo descienden las cifras de
llegadas de inmigrantes irregulares”[1]:
seguramente por eso, en 2026 se abrió la nueva regularización masiva con
1.400.000 solicitudes. Las esperanzas en esta reunión eran altísimas. Sánchez
desplazó a Rabat a 11 de los 23 ministros. Lo cierto es que el malestar,
transformado en “euforia” por los “grandes acuerdos”, no consiguió convencer a
la prensa. Ahora bien, no está claro si la ausencia de Mophamed VI se debió a
una nueva crisis de salud, o bien a que lo que buscaba la diplomacia marroquí
ya lo había logrado el año anterior...
Lo cierto es que estas “espantás” son cada vez
más frecuentes y el “Rey de Marruecos”, tiende a pasar períodos cada vez más
largos fuera de su país, recuperándose de sus muchas dolencias o, simplemente,
disfrutando de sus muchas residencias en Francia o en Gabón.

Otra de sus enfermedades, acaso generadas
directamente por la sarcoidosis, es la lumbociática mecánica y las
frecuentes contracturas musculares. Según el profesor Lahcen Belyamani,
tienen un origen puramente mecánico y degenerativo, directamente vinculadas al
desgaste óseo por la edad (62 años), contracturas musculares agudas por
tensiones de la agenda, y de forma muy notable al efecto secundario de la
cortisona. Los tratamientos con corticoides con los que afronta la sarcoidosis
debilitan la densidad de los huesos (osteoporosis) y la masa muscular, lo que
favorece lesiones en la columna y dolores lumbares intensos. En todas las
ocasiones en las que se ha visto a Mohamed VI utilizar muletas o bastón,
se ha debido a estas dolencias, no particularmente graves, pero sí molestas y,
lo que es mucho peor, degenerativas.
A la misma edad en la que Franco seguía pescando
salmones y truchas de río y atún rojo cuando navegaba a bordo del yate Azor,
Mohamed VI arrastra como puede un trailer de enfermedades, algunas de
ellas degenerativas. Es más que
probable que Mohamed VI no llegue a la edad de 71 años, la misma en la que el NO-DO
informaba que Franco, con un arpón había pescado un cachalote de 40 toneladas.
Por el momento, hoy, sus actividades institucionales, se reducen a presidir
el Consejo de Ministros, nombrar altos cargos, pronunciar el “Discurso del
Trono” o estar presente en celebraciones religiosas como la Fiesta del
Sacrificio, “el holocausto de los corderos”.
En julio de 2025, el Majzén anunció
oficialmente que el rey Mohamed VI padece leucemia linfocítica crónica (LLC) en
fase avanzada; había comenzado un tratamiento de quimioterapia en el mes de
mayo y, tras las celebraciones
del Día del Trono, a finales de julio, abandonó Rabat para seguir su
tratamiento en París[2].
La falta de noticias a lo largo de todo el año ha aumentado las especulaciones
y la preocupación en círculos políticos y diplomáticos.
El pasado 29 de julio de 2026, Mohamed VI apareció
por última vez en público, después de meses de “perfil bajo”. Su imagen no
dejaba lugar al optimismo. Quedaba confirmado su deterioro físico y sus
problemas de movilidad crónicos. Apenas unas horas después, 80.000 marroquíes
entraban en Ceuta ante la pasividad del gobierno español y el apoyo tácito de
las autoridades marroquíes…
[1] “Sánchez sella su
alianza con Marruecos con una descafeinada cumbre en la que faltaron Mohamed VI
y compromisos firmes”, Javier López Macías, 2 de febrero de 2023, diario 20
minutos. También puede consultarse la versión triunfalista dada por el
gobierno español en la web: https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/industria/paginas/2023/020223-acuerdo-marruecos.aspx
[2] A esta dolencia,
ya de por sí grave y degenerativa, se suman otras muchas que ha ido acumulando
el sultán








