viernes, 14 de agosto de 2026

MARRUECOS ES MUCHO MÁS FRÁGIL DE LO QUE PARECE (1) El dramático historial clínico de Mohamed VI

La vida, inevitablemente, pasa tributo a los excesos cometidos durante la juventud y, muchos más, a los practicados en la madurez. Como mínimo desde 2009, al rey-sultán de Marruecos se le han ido acumulando problemas de salud cada vez más graves. A pesar del hermetismo propio del sultanato marroquí, no se ha podido evitar que algunas de estas crisis salieran a la superficie al desarrollarse en países europeos. Este no es todo el historial clínico de Mohamed VI, sino sólo el que (a duras penas) se ha podido conocer. Y no se puede ser muy optimista respecto a su futuro: esto y los problemas que derivan de su sucesión explican las “prisas” de Marruecos por hacerse con Ceuta y Melilla.

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En 2009, sonó la primera señal de alerta: la Casa Real emitió un comunicado inédito informando que el rey padecía una infección por rotavirus que le provocaba una severa deshidratación, obligándole a guardar cinco días de reposo absoluto. Este episodio disparó las primeras alarmas internacionales sobre la fragilidad de su sistema inmunitario. Se trata de un virus extremadamente contagioso que infecta el intestino delgado y representa la causa más común de gastroenteritis aguda y diarrea grave en niños menores de 5 años a nivel mundial. Aunque afecta principalmente a bebés y niños pequeños, los adultos también pueden contraerlo, manifestando generalmente síntomas más leves. Obviamente, el comunicado no informaba de cómo se podía haber contagiado con este virus habitual niños.

Luego siguió, en septiembre de 2017, la extirpación de un tumor en el ojo (pterigión). La enfermedad no pudo mantenerse en secreto debido a que Mohamed VI fue ingresado de urgencia en el Hospital Oftalmológico Quinze-Vingts de París. El tumor le había crecido en el ojo izquierdo e invadía la córnea, amenazando su visión. Las imágenes del rey paseando por París con un parche en el ojo se hicieron virales.

Otro tanto volvió a ocurrir seis meses después, cuando sufrió una fuerte crisis cardíaca provocada por un aleteo auricular (arritmia) y tuvo que ser intervenido de urgencia mediante una ablación por radiofrecuencia en la clínica Ambroise Paré de París. La foto oficial en la cama del hospital, rodeado de sus hermanos e hijos, dio la vuelta al mundo. Llamó la atención el que Mohamed VI no asistiera al funeral de Estado del expresidente Jacques Chirac. Luego se supo que los médicos se lo habían prohibido al estar aquejado de un cuadro severo de neumonía bilateral aguda de origen vírico, una crisis respiratoria que forzó un largo periodo de convalecencia debido a que sus pulmones ya estaban muy debilitados por el tabaquismo crónico y la sarcoidosis. Solo entonces se supo que el rey sufría esta última enfermedad y que estaba siendo tratado con corticoides. Se trata de un enfermedad crónica y degenerativa caracterizada por la formación de granulomas (pequeños cúmulos de células inmunitarias e inflamatorias que se agrupan en diferentes órganos del cuerpo, interfiriendo con su funcionamiento normal; en el 90% de los casos dañan los pulmones y los ganglios linfáticos del tórax. Provoca tos seca persistente, dificultad para respirar y dolor en el pecho. Aparecen bultos rojos o violáceos (eritema nodoso), manchas o llagas, especialmente en los tobillos, las espinillas, los brazos o la cara; genera inflamaciones, visión borrosa, dolor ocular, enrojecimiento y sensibilidad extrema a la luz.

Seguramente, la sarcoidosis está en el origen de los problemas cardíacos del monarca. Los granulomas en el tejido cardíaco alteran los impulsos eléctricos, provocando arritmias, insuficiencia cardíaca o miocardiopatías. Cuando se inflaman los nervios craneales, causa parálisis facial, dolores de cabeza o problemas de equilibrio. Otros rasgos habituales de la enfermedad son fatiga extrema, debilidad muscular crónica, fiebre leve o sudoración nocturna, pérdida de peso involuntaria, dolor e inflamaciones en las articulaciones: rasgos todos ellos que han están presentes en el cuadro clínico del monarca. Su origen reside -por lo que se sabe- en una respuesta inmunitaria anormal y se da en personas genéticamente predispuestas que reaccionan de forma exagerada ante una bacteria, un virus, polvo o sustancias químicas de origen desconocido), atacando a los propios tejidos del cuerpo.

En 2020, Mohamed VI sufrió una recaída en su arritmia cardíaca en plena pandemia. A diferencia de en ocasiones anteriores, al existir restricciones sanitarias y no poder viajar, fue el equipo médico francés el que se trasladó al palacio real de Rabat, donde se le practicó una segunda cirugía cardíaca para normalizar su ritmo cardíaco. Dos años después, cuando el Covid ya se había desdibujado, el médico personal del rey confirmó que Mohamed VI había dado positivo en COVID-19. No era nada grave, pero las patologías respiratorias previas del monarca, lo que le obligó a aislarse por completo durante semanas. Fue en ese momento, febrero de 2022, cuando se supo que también sufría de EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) una enfermedad pulmonar progresiva y crónica que dificulta la respiración al causar una obstrucción permanente del flujo de aire en los pulmones. Tampoco tiene cura. El origen de esta dolencia se encuentra en su historial como fumador durante su juventud y buena parte de su vida adulta. Esta situación, ahora se complica debido a que la sarcoidosis también ataca predominantemente a su sistema respiratorio.

Por si todo lo anterior no fuera poco, a finales de 2024, el monarca sufrió un accidente doméstico mientras realizaba actividad física rutinaria. La caída le provocó una fractura en el húmero izquierdo que requirió una intervención quirúrgica inmediata y un reposo absoluto estricto de 45 días, apartándolo por completo de la agenda pública de fin de año. Aparentemente se trataría de un problema menor, pero dadas las anteriores patologías, en sí mismas, cada una de ellas, bastante graves, es muy probable que aparecieran algunas complicaciones posteriores; incluso aunque se produjera una buena consolidación ósea, la inmovilización prolongada del brazo puede dar lugar a pérdida de la capacidad para levantar por completo el hombro o estirar el codo, pérdida de masa muscular  y pseudoartrosis (con riesgo de que los fragmentos óseos no se unan correctamente, lo que genera dolor crónico. Todos estos rasgos pueden ser intuidos por las recientes fotos realizadas al monarca y por filtraciones a los medios.

Las enfermedades crónicas y las dolencias físicas del rey han provocado una reducción drástica de su agenda oficial, prolongadas ausencias del país y la transferencia progresiva de funciones públicas a su hijo Muley Hassan. Su estado de salud le ha obligado a suspender citas tradicionales clave de la monarquía alauí: en 2025, suspendió formalmente todas sus actividades programadas para el mes sagrado del Ramadán debido a complicaciones de salud y problemas de movilidad. En 2020, la “La Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos” que debía celebrarse el 17 de diciembre de 2020 en Rabat, fue suspendida de forma drástica apenas una semana antes. La excusa oficial fue el Covid, pero la inteligencia española y las fuentes diplomáticas marroquíes, confirmaron que la suspensión se debió al agravamiento de la salud de Mohamed VI.

No era la primera vez que ocurría algo parecido: en 2014, estaba programada una “cumbre estratégica” y una visita de Estado oficial a la República Popular de China que fue pospuesta por prescripción facultativa, a la vista del cuadro de “gripe aguda con fiebre alta” que se complicó con una severa afonía, imposibilitando sus traslados y comparecencias públicas.

Este amplio catálogo de enfermedades, inédito en personas de apenas 62 años y que, para colmo, disponen de cuidados médicos de altísima calidad constantes, combina factores de predisposición autoinmune, causas de origen desconocido (idiopático) y el desgaste propio de sus antiguos hábitos de salud, sumados al propio envejecimiento que se van agravando cada vez de manera más acelerada.

A esto habría que sumar lo que la prensa española ha llamado “espantadas” presidenciales. Aunque técnicamente no se llegó a posponer la fecha de la cumbre, la mala salud y los periodos de reposo del monarca provocaron que la Reunión de Alto Nivel de febrero de 2023 se celebrara de una manera totalmente descafeinada. Mohamed VI se ausentó de Marruecos y despachó la cita internacional mediante una llamada telefónica con la delegación española en lugar de recibirlos presencialmente. A pesar de que los resultados de esta reunión fueron modestos, tirando a nulos, Pedro Sánchez, definió el encuentro telefónico como “histórico” y dijo que “sella una relación de confianza, ambos reconocen la soberanía del otro sobre el Sáhara Occidental y sobre Ceuta y Melilla” (aunque el cambio de postura del gobierno español ante el Sáhara databa del año anterior), comprometiéndose a evitar las “ofensas” y cerrando “importantes acuerdos comerciales”, lo cierto es que la sensación generalizada fue que se trató de una cumbre descafeinada que se comenzó a deslucir el día antes de comenzar tras conocerse la negativa de Mohamed VI a recibir al jefe del Ejecutivo español… En realidad, el giro que le interesaba al gobierno marroquí sobre el Sáhara se había producido el año anterior, así que lo que pudiera aportar Sánchez a la reunión era completamente irrelevante. Con todo, Sánchez siguió con sus muestras de euforia y sus datos, más o menos, manipulados: "Vamos a evitar todo aquello que sabemos que ofende a la otra parte, especialmente, en lo que afecta a nuestras respectivas esferas de soberanía", señaló el presidente al inicio del plenario. Tres años después, estallaba la “crisis de Ceuta”… “GFinal del formularioracias a esta asociación, que comenzó a intensificarse hace diez meses, España es el único país europeo del Mediterráneo que ve cómo descienden las cifras de llegadas de inmigrantes irregulares”[1]: seguramente por eso, en 2026 se abrió la nueva regularización masiva con 1.400.000 solicitudes. Las esperanzas en esta reunión eran altísimas. Sánchez desplazó a Rabat a 11 de los 23 ministros. Lo cierto es que el malestar, transformado en “euforia” por los “grandes acuerdos”, no consiguió convencer a la prensa. Ahora bien, no está claro si la ausencia de Mophamed VI se debió a una nueva crisis de salud, o bien a que lo que buscaba la diplomacia marroquí ya lo había logrado el año anterior...

Lo cierto es que estas “espantás” son cada vez más frecuentes y el “Rey de Marruecos”, tiende a pasar períodos cada vez más largos fuera de su país, recuperándose de sus muchas dolencias o, simplemente, disfrutando de sus muchas residencias en Francia o en Gabón.

Otra de sus enfermedades, acaso generadas directamente por la sarcoidosis, es la lumbociática mecánica y las frecuentes contracturas musculares. Según el profesor Lahcen Belyamani, tienen un origen puramente mecánico y degenerativo, directamente vinculadas al desgaste óseo por la edad (62 años), contracturas musculares agudas por tensiones de la agenda, y de forma muy notable al efecto secundario de la cortisona. Los tratamientos con corticoides con los que afronta la sarcoidosis debilitan la densidad de los huesos (osteoporosis) y la masa muscular, lo que favorece lesiones en la columna y dolores lumbares intensos. En todas las ocasiones en las que se ha visto a Mohamed VI utilizar muletas o bastón, se ha debido a estas dolencias, no particularmente graves, pero sí molestas y, lo que es mucho peor, degenerativas.

A la misma edad en la que Franco seguía pescando salmones y truchas de río y atún rojo cuando navegaba a bordo del yate Azor, Mohamed VI arrastra como puede un trailer de enfermedades, algunas de ellas degenerativas. Es más que probable que Mohamed VI no llegue a la edad de 71 años, la misma en la que el NO-DO informaba que Franco, con un arpón había pescado un cachalote de 40 toneladas. Por el momento, hoy, sus actividades institucionales, se reducen a presidir el Consejo de Ministros, nombrar altos cargos, pronunciar el “Discurso del Trono” o estar presente en celebraciones religiosas como la Fiesta del Sacrificio, “el holocausto de los corderos”.

En julio de 2025, el Majzén anunció oficialmente que el rey Mohamed VI padece leucemia linfocítica crónica (LLC) en fase avanzada; había comenzado un tratamiento de quimioterapia en el mes de mayo y, tras las celebraciones del Día del Trono, a finales de julio, abandonó Rabat para seguir su tratamiento en París[2]. La falta de noticias a lo largo de todo el año ha aumentado las especulaciones y la preocupación en círculos políticos y diplomáticos.

El pasado 29 de julio de 2026, Mohamed VI apareció por última vez en público, después de meses de “perfil bajo”. Su imagen no dejaba lugar al optimismo. Quedaba confirmado su deterioro físico y sus problemas de movilidad crónicos. Apenas unas horas después, 80.000 marroquíes entraban en Ceuta ante la pasividad del gobierno español y el apoyo tácito de las autoridades marroquíes



[1] “Sánchez sella su alianza con Marruecos con una descafeinada cumbre en la que faltaron Mohamed VI y compromisos firmes”, Javier López Macías, 2 de febrero de 2023, diario 20 minutos. También puede consultarse la versión triunfalista dada por el gobierno español en la web: https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/industria/paginas/2023/020223-acuerdo-marruecos.aspx

[2] A esta dolencia, ya de por sí grave y degenerativa, se suman otras muchas que ha ido acumulando el sultán