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sábado, 9 de agosto de 2025

REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO Nº XIV: ALFRED ROSENBERG: TEÓRICO DE LA RAZA (antología de textos)

Si hoy viviera Alfred Rosenberg explicaría la liquidación de Europa y su desa­parición como uno de los actores de la política internacional, como efecto del caos étnico en el que está ha sumergido el continente. Podría alardear de ha­ber figurado entre los primeros en advertir las consecuencias de una de sus te­sis centrales: cuando se produce una mezcla racial, el espíritu de un pueblo se “apaga” y su “voluntad formativa” se extingue. Porque ese es, finalmente, el resumen del legado intelectual que nos ha dejado Alfred Rosenberg. Y que, se quiera o no aceptarlo, es uno de los temas de actualidad en nuestro tiempo. En este volumen de la Revista de Historia del Fascismo, no vamos a preocuparnos de las vicisitudes recientes de Europa y de la problemática posición con la que la Union Europea afrontar el futuro. Ya hemos dicho, donde corresponde –en nuestro blog Info|Krisis– que la UE amenaza con ser el “islote woke” mundial. El único. Es aquí, y solamente aquí, en el territorio de la Unión Europea, en donde se sigue creyendo en el ultraprogresismo, en la ideología “humanitarista” hecha de igual­dad a ultranza, de “cancelaciones” para quien no la comparte en su totalidad, de confusiones entre “sexo” y “género” y, por supuesto de “corrección política” cuya aplicación en el terreno étnico y antropológico es de obligado cumplimiento con el llamado “multiculturalismo” En otros continentes, el “wokismo” o bien nunca ha podido penetrar, o bien, tras hacerlo ha desencadenado en su contra la “revolución del sentido común”. Pues bien, en el extremo opuesto al wokismo de nuestros días, se encuentra el pensamiento de Alfred Rosenberg, elaborado hace un siglo. Con este volumen y las notas preliminares queremos ofrecer una panorámica sobre su vida y el análisis de las ideas del que fuera el ideólogo más conocido del NSDAP.

SUMARIO

Rosenberg: una vida y una obra al servicio del “Volk” (una introducción a su vida y su obra

ANTOLOGÍA DE TEXTOS

I. RAZA E HISTORIA DE LA RAZA

RAZA Y ALMA DE LA RAZA

II. LA RELIGION NÓRDICA

III. KULTUR: LA ESTETICA VOLKISH

BEETHOVEN

NIETZSCHE

GOETHE

LA PINTURA

LOS CAMINOS DEL ARTE

SOBRE LA LUCHA ACTUAL DEL ARTE

EL ARTE “VOLKISH”

¿REVOLUCION EN LAS BELLAS ARTES?

EL EXPRESIONISMO

EL ARTE ALEMÁN

EL CINE

IV. EL ENEMIGO

CODIGO MORAL JUDIO

V. EL ESTADO IDEAL

EL MOVIMIENTO NACIONALSOCIALISTA

 

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Páginas: 230

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sábado, 8 de marzo de 2025

Revista de Historia del Fascismo nº XCIV - ROSENBERG – TEÓRICO DE LA RAZA – ANTOLOGÍA DE TEXTOS

#HISTORIA, #ROSENBERG #NAZISMO, #RACISMO, #FASCISMO, 

Si hoy viviera Alfred Rosenberg explicaría la liquidación de Europa y su desaparición como uno de los actores de la política internacional, como efecto del caos étnico en el que está ha sumergido el continente. Podría alardear de haber figurado entre los primeros en advertir las consecuencias de una de sus tesis centrales: cuando se produce una mezcla racial, el espíritu de un pueblo se “apaga” y su “voluntad formativa” se extingue. Porque ese es, finalmente, el resumen del legado intelectual que nos ha dejado Alfred Rosenberg. Y que, se  quiera o no aceptarlo, es uno de los temas de actualidad en nuestro tiempo.

En este volumen de la Revista de Historia del Fascismo, no vamos a preocuparnos de las vicisitudes recientes de Europa y de la problemática posición con la que la Union Europea afrontar el futuro. Ya hemos dicho, donde corresponde –en nuestro blog Info|Krisis– que la UE amenaza con ser el “islote woke” mundial. El único. Es aquí, y solamente aquí, en el territorio de la Unión Europea, en donde se sigue creyendo en el ultraprogresismo, en la ideología “humanitarista” hecha de igualdad a ultranza, de “cancelaciones” para quien no la comparte en su totalidad, de confusiones entre “sexo” y “género” y, por supuesto de “corrección política” cuya aplicación en el terreno étnico y antropológico es de obligado cumplimiento con el llamado “multiculturalismo” En otros continentes, el “wokismo” o bien nunca ha podido penetrar, o bien, tras hacerlo ha desencadenado en su contra la “revolución del sentido común”. Pues bien, en el extremo opuesto al wokismo de nuestros días, se encuentra el pensamiento de Alfred Rosenberg, elaborado hace un siglo. Con este volumen y las notas preliminares queremos ofrecer una panorámica sobre su vida y el análisis de las ideas del que fuera el ideólogo más conocido del NSDAP.

 

Sumario:

Rosenberg: una vida y una obra al servicio del “Volk”

ANTOLOGÍA DE TEXTOS

I. RAZA E HISTORIA DE LA RAZA

RAZA Y ALMA DE LA RAZA

II. LA RELIGION NÓRDICA

III. KULTUR: LA ESTETICA VOLKISH

BEETHOVEN

NIETZSCHE

GOETHE

LA PINTURA

LOS CAMINOS DEL ARTE

SOBRE LA LUCHA ACTUAL DEL ARTE

EL ARTE “VOLKISH”

¿REVOLUCION EN LAS BELLAS ARTES?

EL EXPRESIONISMO

EL ARTE ALEMÁN

EL CINE

IV. EL ENEMIGO  

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domingo, 3 de enero de 2021

MEMORIA HISTÓRICA: Arde el Reichstag. Del 30 de enero al 5 de marzo de 1933 (1 de 8). Semanas decisivas

 

En la noche del 27 de febrero de 1933, cuando aún no se cumplía un mes del nombramiento de Hitler como Canciller, el Reichstag quedaba convertido en cenizas. Aun hoy subsiste en debate sobre quién incendió el edificio e incluso el autor material, Marinus van der Lubbe, ha sido rehabilitado en 1998. La respuesta del gobierno consistió en presentar una ley especial para la represión de estos actos de terrorismo que tuvo como consecuencia la prohibición del Partido Comunista Alemán (KPD) y sucesivas modificaciones legales que concentraron el poder en manos de Hitler. Presentamos la cronología de los acontecimientos y un análisis crítico del episodio.

 

El 23 de marzo de 1933, Hitler pronunciaba un discurso ante el Reichstag reunido provisionalmente en Potsdam, cuando los ánimos ya se habían tranquilizado. De ese discurso entresacamos esta frase relativa al incendio:

“Partiendo del liberalismo del siglo pasado, este proceso encuentra naturalmente su término en el caos comunista. La movilización de los instintos primitivos lleva a una conexión entre las concepciones de una idea política y los actos de verdaderos criminales. Empezando por los saqueos, los incendios, los siniestros ferroviarios, los atentados, etc. todo encuentra en la idea comunista su sanción moral. Sólo los métodos de terrorismo individual de la masa han costado en pocos años al movimiento nacionalsocialista más de 350 muertos y decenas de miles de heridos.

El incendio del Reichstag, abortado intento de una vasta acción, no es más que un signo de lo que Europa tendría que esperar del triunfo de esa diabólica doctrina. Si hoy determinada prensa, especialmente fuera de Alemania pretende iden­tificar con esta infamia el levantamiento nacional en Alemania, conforme a la falsedad política que el comunismo elevó a prin­cipio, esto no puede hacer más que confirmarme en mi resolu­ción de no omitir nada, para que, con la mayor rapidez, se expíe este crimen con la ejecución pública del incendiario culpable y de sus cómplices.

Ni el pueblo alemán ni el resto del mundo se han dado suficiente cuenta de las proporciones que tenía la acción premeditada por esa organización. Sólo la fulminante intervención del Gobierno impidió una evolución que de haber tenido una salida catastrófica hubiera conmovido a toda Europa. Muchos de los que hoy fraternizan, dentro y fuera de Alemania, con los in­tereses del comunismo, por odio al resurgimiento nacional, hu­bieran sido ellos mismos víctimas de semejante evolución.

La suprema misión del Gobierno nacional será extirpar por completo y eliminar de nuestro país este fenómeno, no sólo en interés de Alemania, sino en interés del resto de Europa” (1).

De esta cita se extraen algunas conclusiones sobre cuál era el pensamiento de Hitler en aquel momento:

1) Liberalismo y comunismo están íntimamente unidos, el segundo es consecuencia directa del primero  (2).

2) Atribución al marxismo de una naturaleza criminal y amoral  (3).

3) Recordatorio de los 350 muertos que tuvo el NSDAP en su etapa de ascenso al poder ante a un enemigo despiadado.

4) Consideración del incendio del Reichstag como inicio de un golpe comunista.

5) Declaración de la voluntad del gobierno de eliminar al comunismo.

El teorema oficial del incendio es, pues, que se trató del desencadenante de lo que debía ser un golpe comunista y el gobierno actuó para desarticularlo. ¿Puede sostenerse tal versión? Históricamente, está hoy fuera de duda –y solamente los pequeños grupos antifascistas o bien gentes poco avisadas– que el autor material del incendio fue Marinus Van der Lubbe, un “comunista” del que hará falta matizar su origen y tendencia. Harina de otro costal es considerar que el episodio formaba parte de un complot más amplio en el que estaban implicados los directivos de la sección alemana de la III Internacional, Dimitrov y sus compañeros. Estos fueron juzgados y absueltos (4). La exageración de la importancia del episodio y su vinculación a un complot, o bien fue una suposición de las autoridades alemanas fuertemente influidas por los sentimientos anticomunistas o bien una invención de los mismos que serviría para proclamar la primera ley de excepción. En nuestra opinión, la primera posibilidad es la cierta y respecto a la segunda, no existen pruebas concluyentes, ni siquiera los Juicios de Nuremberg (en los que se buscaban afanosamente pruebas para demostrar la maldad concretamente de Göring) lograron obtener el más mínimo testimonio en dirección a que se tratara de una operación false flag (5).

Así pues no parece que haya demasiados “enigmas históricos” en todo este episodio del que vamos a procurar dar solamente los datos objetivos, reservándonos el derecho, finalmente, de elaborar una hipótesis elaborada a la vista de los hechos.

Del 30 de enero al 27 de febrero de 1933

El día después de la llegada de Hitler al poder el diputado socialdemócrata Julius Leber (6), hablando en nombre “de los trabajadores alemanes” decía que éstos “no tenían miedo de afrontar la lucha” y terminaba su declaración diciendo que el nuevo gobierno no era el de Hitler, sino el de Alfred Hugenberg (7) … nombre que no dirá mucho a la mayoría de lectores y del que hay que recordar que era el líder del partido nacionalista DNVP (8), considerado por los socialistas como el “dueño de la situación” a la vista de sus relaciones con el gran capital y la industria pesada (9). Era evidente, que los socialistas se engañaban sobre la situación. Por otra parte, el Zentrum, partido del Vaticano en Alemania, se preocupaba solamente de que ni se tomasen medidas anticonstitucionales, ni se fomentasen enseñanzas anticristianas. La jerarquía católica permaneció muda a la vista de que la mayoría de votantes del NSDAP eran protestantes, mientras que estas iglesias saludaron la llegada de Hitler sin reservas. Finalmente, los comunistas afirmaban que el nuevo gobierno traería otra “guerra imperialista” y que los derechos de los trabajadores serían pisoteados. A decir verdad, este repaso a cómo las fuerzas políticas alemanas acogieron la llegada del “gobierno de concentración nacional”, indica la debilidad de sus análisis. En cuanto a la opinión pública, presionada por años de crisis y por los ensayos de todas las combinaciones posibles de coalición, estaba harta de inestabilidad y percibió que, al menos, el gobierno “de Hitler” tenía la posibilidad de ser algo diferente a cuanto habían visto hasta entonces.

Es preciso señalar que los medios de prensa del NSDAP no calificaron la formación del “gobierno de concentración nacional” como “toma del poder”, sino como “recepción del poder” para destacar la escrupulosa legalidad que había presidido el proceso. Si esto es cierto, no es menos cierto que ese día puede ser inscrito en la historia como el de la muerte de la República de Weimar. A partir de ahí, y en las seis semanas siguientes, se produjeron cambios vertiginosos en medio de los cuales hay que insertar el incendio del Reichstag; tomar en consideración tales cambios es esencial si aspiramos a comprender cuál era la situación en aquel momento en Alemania y cómo se desarrollaron los hechos a partir de entonces. Este primer período del gobierno de Hitler, en realidad, podría prolongarse hasta la muerte del mariscal Hindenburg cuando asumió los poderes de canciller y presidente del Reich, sin embargo, limitaremos nuestro recorrido ahora a las semanas anteriores y posteriores al incendio del Reichstag.

Todos los historiadores que hemos consultado insisten en que, en esas primeras semanas de gobierno, Hitler se mostró dialogante, acogió consejos y sugerencias y siguió buscando apoyos en la sociedad alemana. Intentó por todos los medios rebajar las tensiones y actuar por consenso mucho más que mediante decretos–ley. Incluso en lo que respecta a la prohibición del KPD –para la que no faltaban motivos–, Hugenberg se mostraba mucho más favorable a la medida que Hitler quien argüía que podría desencadenar una incómoda huelga general. Tendió especialmente la mano al Zentrum (10) y se entrevistó con sus líderes a los que ofreció incluir a un miembro en el gobierno (les ofreció el ministerio de justicia). Estos rechazaron, así que el gobierno carecía de mayoría para acometer las reformas constitucionales que había propuesto en su programa de gobierno. Este rechazo hizo que debieran convocarse nuevas elecciones generales. Von Papen, pidió garantías de que fueran las últimas, a lo que Hitler y Göring respondieron que “se evitaría definitivamente al vuelta al sistema parlamentario” (11).

Es importante señalar que cuando Hindenburg disolvió el Reichstag y convocó nuevas elecciones, nadie absolutamente ignoraba que lo que se iba a dirimir en esa consulta era una modificación constitucional que aboliese el régimen de Weimar y se adoptaran medidas excepcionales ante la crisis socio–política que vivía el país. Es cierto que el procedimiento para modificar la constitución correspondía al parlamento, pero tal como estaba configurado en ese momento el Reichstag era imposible, y que la forma elegida para la reforma parecía más un plebiscito, pero legalmente, nada impedía que el Presidente Hindenburg tomara la medida de disolver el Reichstag. Y eso fue lo que se hizo en la noche del 31 de enero de 1933 y se comunicó a la sociedad el 1 de febrero.

El lema elegido por el NSDAP para afrontar la campaña tampoco llamó a engaños: “¡Contra el marxismo!”; ni lo que se pretendía era oscuro: a la vista de los “actos de terrorismo” cometidos por los comunistas, se trataba de promulgar un decreto que von Papen no se había sentido con fuerza suficiente para aplicar cuando los comunistas ordenaron la huelga general contra su gobierno en 1932. El 1 de febrero, por la tarde, se reunió el gobierno y Hitler leyó la proclama dirigida al pueblo alemán que se emitió por la noche. Parte de la redacción se debía a Papen  (12). Era, en realidad, un manifiesto político, en el que se denunciaba la dependencia del sistema político de la actitud comunista: “Catorce años de marxismo han arruinado Alemania. Un año de bolchevismo la aniquilaría”. Se proponía la restauración de la unidad nacional, la defensa del cristianismo “fundamento de nuestra moralidad” y la familia “germen de la nación” (13). Se combatiría el nihilismo político y cultural. Para resolver el problema del paro se proponían dos planes cuatrienales y la “reorganización de la economía” que deberían resolver la situación del campesinado y absorber la totalidad del paro. Se pedía el establecimiento del servicio del trabajo, asentamientos campesinos y estabilidad financiera. El documento terminaba: “Pueblo alemán, danos cuatro años, juzga luego y senténcianos”.

En la noche del 3 de febrero, a invitación del general Von Blomberg, Hitler se reunió con el comandante general del ejército, barón Kurt von Hammerstein–Equord a la vista de que algunos sectores militares no parecían del todo convencidos de cuál iba a ser la gestión del nuevo gobierno. Hitler lo tranquilizó: se fortalecería las fuerzas armadas que se mantendría al margen de la política y por encima del NSDAP (detrás de esta suspicacia de las esferas militares se encontraba la sospecha de que Rohem y sus SA aspiraban a ser “el nuevo ejército alemán”. Hitler tranquilizó a Hammerstein–Equord. Hitler dio seguridades y a cambio pidió serenidad a la vista de la situación internacional y especialmente de la actitud de Francia. Habló de “la conquista de espacios vitales en el Este” pero no aludió a la preparación de un plan de guerra. Los militares presentes acogieron de diversa manera el planteamiento de Hitler, pero ninguno se opuso frontalmente y las posiciones variaron desde la frialdad (Ludwig Beck), el desdén (von dem Bussche–Ippenburg), la preocupación (von Fritsch), el distanciamiento (von Leeb) y la admiración (Erich Raeder)… todos callaron en aquel momento su opinión. Von Reichenau  (14), jefe de gabinete del ministerio de von Blomberg, elaboró las conclusiones: “coincidencia parcial” e “incorporación de las fuerzas armadas al nuevo Estado para ocupar el puesto que les corresponde”. Unas semanas antes, Göring había abierto esta vía asegurando que el NSDAP se bastaba solo para destruir al marxismo y que las fuerzas armadas podrían permanecer en “actitud de descanso”. Y luego estaba el tema de la dotación para el gasto militar.

En la reunión del gobierno del 8 de febrero, Hitler confirmó que “los próximos años tienen que estar consagrados a la restauración de la capacidad de defensa del pueblo alemán”. Se estableció el primer plan de empleo y se formó el Comité para la Creación de Empleo con un presupuesto de 500 millones. En esa reunión Hitler declaró que para combatir el paro lo mejor era realizar “encargos públicos” y a ese fin se dedicó esa primera cantidad. Es importante destacar que los vectores de creación de empleo en ese momento fueron tres: de un lado la “obra pública” (lo que en la reunión del 8 de febrero se había llamado “encargos públicos”), la industria de defensa y el sector de la automoción. La combinación de estos elementos dio como resultado “el milagro alemán”.

El gobierno contaba entre los campesinos con apoyos masivos, en primer lugar de la Reichslandbund (Liga Agraria del Reich) que desde finales de los años 20 ya era extremadamente favorable al NSDAP y había sido uno de los elementos de acercamiento entre el NSDAP y el DNVP. En ese terreno, las primeras medidas tomadas consistieron en defender de los acreedores y usureros a los propietarios agrícolas endeudados, proteger la producción agrícola (mediante impuestos a las importaciones) y mantener una estabilidad en los precios del grano que fuera favorable para la producción.

Luego estaba la industria pesada con el omnipotente Gustav Krupp von Bohlen und Halbach (15) presidente del mayor consorcio siderúrgico alemán y al mismo tiempo jefe de la patronal. El 20 de febrero Krupp y la patronal se reunión con Hitler en casa de Göring. Al parecer, Krupp tenía preparado un discurso protestando contra las medidas adoptadas para defender al campesinado (en aquel momento existían históricas diferencias entre la patronal agrícola y la industrial sobre cual de las dos debía priorizar el gobierno). Hitler prometió ayuda al comercio exportador y estabilidad monetaria. La reunión duró hora y media. Hitler tomó la palabra y presentó su proyecto: les tranquilizó a todos. Se trataba de destruir definitivamente al marxismo en las urnas y se respetaría la propiedad privada y la empresa individual. Insistió mucho en la subordinación de la economía a la política. Krupp no pudo leer su discurso y al terminar la reunión, cuando Hitler ya se había ido, los industriales presentes “pasaron por caja” dando a Göring para la tesorería del NSDAP, tres millones de marcos destinados a sufragar la campaña electoral. Poco después, la asociación patronal presidida por Krupp se disolvió siendo sustituida por la Reichsstand der Deutschen Industrie (RDI, Asociación del Reich para la Industria Alemana) vinculada al nuevo régimen.

A partir de esta reunión, y a pesar de las reticencias de Krupp, la patronal alemana fue variando su posición hacia el régimen y del escepticismo pasó al entusiasmo e incluso terminaron aceptando que fuera el Estado, y no el mercado, quien dictara la política económica. Sí, es cierto que el capitalismo se mantenía donde estaba… pero dejaba de ser el árbitro de la situación que pasaba a manos del Estado, relegando al capital a mero auxiliar del mismo. El historiador Ian Kershow pasando revista a estas decisiones comentada: “Es indudable que Hitler acariciaba la idea de una sociedad alemana próspera, en la que los viejos privilegios de clase hubieran desaparecido, que disfrutase los beneficios de la tecnología moderna y de un nivel de vida más alto” (16). De ahí que el otro vector de crecimiento fuera la industria automovilística.

En efecto, el 11 de febrero Hitler se había reunido con los empresarios de la industria del motor. Simplemente les cautivó con sus planes transmitidos en el discurso de apertura de la Exposición Internacional de Automóviles y Motocicletas en el Kaiserdamm de Berlín. Los motivos de tal entusiasmo estaban justificados por las medidas que el gobierno les comunicó que iba a adoptar en las próximas semanas: un plan de disminución gradual de impuestos para la industria del automóvil y un plan para la creación de 5.000 kilómetros de autopistas que recorrerían el Reich de un extremo al otro. Hitler demostró ser un gobernante moderno, un visionario que percibía que el automóvil en el futuro no sería ya, como había sido hasta ese momento, el objeto de consumo de una clase económicamente privilegiada, sino algo popular y que el aumento del tráfico por carretera solamente podía ser absorbido por un nuevo modelo de vía. Dado que un proyecto de este tipo no podía ser realizado por la empresa privada, correspondía al Estado asumir esa tarea.

La idea de cubrir Alemania con una red de autopistas, en realidad, no era de Hitler sino del ingeniero de caminos, Fritz Todt (17), un muniqués que ya en diciembre de 1932 había enviado a Hitler un memorándum proponiendo el proyecto. Totd preveía que el plan podía absorber 600.000 parados y que la revitalización de la industria del automóvil, con todo lo que implicaba para la industria auxiliar, absorbería otro tanto. Es decir, solamente el decidido impulso del Estado a este sector haría que desapareciera el 25% del paro en Alemania.

Hitler añadió que la época de los Rolls–Royce y de los vehículos para las élites debían de ceder el puesto a la era del “coche del pueblo” (el Volksauto) (18). Los empresarios salieron entusiasmados de aquel acto y se pusieron a la tarea: en el segundo cuatrimestre de 1933, se logró duplicar la producción de vehículos en relación al mismo período del año anterior. A final de año, Fritz Totd disponía de amplios poderes y solamente debía de rendir cuentas de su trabajo y de sus necesidades al Führer desde su cargo de Inspector General de las Carreteras Alemanas.

Y entonces, ardió el Reichstag.


NOTAS

(1) Cfr. Obras Completas, Adolf Hitler, Vol. I, edición digital, pág. 30.

(2) Unos meses después, el 29 de octubre de 1933, José Antonio Primo de Rivera dirá en el Discurso del Teatro de la Comedia exactamente lo mismo y ligará “el nacimiento del socialismo” a la injusticia del liberalismo. Versión on line: http://www.rumbos.net/ocja/jaoc0011.html

(3) En sus fracciones más antisemitas, el NSDAP consideraba que las desviaciones amorales del comunismo, su facilidad para recurrir al terrorismo y su falta de escrúpulos eran altamente tributarias de su “origen judío”. Julius Streicher –quien sin duda representaba el sector más extremista del NSDAP en materia de antisemitismo– solía citar en su revista, Der Sturmer, párrafos del Talmud para demostrar que el judaísmo albergaba un odio secular hacia los “goims” (gentiles). Cfr., por ejemplo, estos dos artículos de Streicher reproducidos por una web antisemita actual http://der–stuermer.org/spanish/dos%20articulos%20del%20diario%20der%20sturmer%20sobre%20el%20talmud.pdf, o bien cfr. http://www.nizkor.org/hweb/people/s/streicher–julius/streicher–pornographer–01.html, en donde las citas son elegidas por un grupo judío. Para datos sobre la vida de Streicher puede recurrirse a Todos los hombres del Führer, Fernando Gallego, Capítulo 2, Julius Streicher: mirando hacia atrás con ira, pág. 73–102, Libro de Bolsillo, Random–House–Mondadori, Barcelona 2008.

(4) Las campañas que incluso en nuestros días reivindican el nombre de van der Lubbe y su inocencia, parecen no tener en cuenta que él fue condenado en el mismo proceso en el que otros personajes resultaron absueltos… así pues, el juicio se celebró con las garantías jurídicas normales en un Estado del Derecho y la falta de pruebas implicó la absolución de Dimitrov y de sus compañeros, a pesar de la opinión de Hitler atribuyendo el episodio a una conspiración.

(5) False flag: bandera falsa, dícese de aquel tipo de operación de provocación en la que el emisor de la misma deriva la responsabilidad del episodio a sus oponentes políticos.

(6) Leber, alsaciano, ingresó pronto en el SPD y se enroló como voluntario en 1914, ascendido a teniente, fue herido dos veces, luego continuó sus estudios en Friburgo. En 1921 dirigió el diario socialdemócrata Lübecker Volksboten  y fue concejal de Lübeck siendo Willy Brandt uno de sus colaboradores. En marzo de 1933 fue arrestado y permaneció hasta 1937 detenido como “oponente peligroso”. Al ser puesto en libertad siguió conspirando contra el régimen contactando con oficiales de la Wehrmacht como von Stauffenberg y el círculo de Kreisau formado en torno a Helmuth von Moltke quienes lo designaron como ministro en caso de triunfar la conspiración. Leber intentó incluir al KPD en la conspiración, sin embargo, un agente de la Gestapo se infiltró en la dirección comunista logrando que fuera arrestado el 5 de julio quince días antes de la fecha prevista para el golpe. Juzgado como traidor fue ejecutado el 20 de octubre. Sobre Leber en relación a la conspiración: cfr. Operación Walkiria, Jesús Hernández, Editorial Nowtilus, Madrid 2008, pág. 140 y una biografía básica en Who’s Who in Nazi Germany, Robert S. Wistrcih, Rouletge, Nueva York, 1995, pág. 151.

(7) Economista y abogado militó en partidos nacionalistas desde muy joven  y a partir de 1909 se dedicó a los negocios. Trabajo para Krupp como asesor financiero, ganando la confianza y la amistad del jefe de la familia de siderúrgicos. En 1918 creó su propia empresa periodística que tras la guerra llegó a ser la más importante del país; tras la guerra se afilió al DVNP (Partido Popular Nacional de Alemania), siendo diputado en 1920 y asumiendo la dirección del partido en 1928. A partir de 1929 y a la vista del éxito electoral del NSDAP buscó una aproximación en la lucha común contra el referéndum sobre el Plan Young. A partir de 1932, cuando cayó el gobierno de Von Papen, Hugenberg impulso una alianza con el NSDAP, siendo ministro de economía en el “gobierno de concentración nacional”. El 29 de junio renunció al cargo y poco después el DNVP se auto disolvía entrando la mayoría de sus miembros en el NSDAP. En 1945 sería detenido e internado como “colaborador con el nazismo”. No fue procesado y murió en 1951. Cfr. Who’s Who…, op. cit., pág. 127.

(8) Sobre las relaciones entre los “nacionalistas” y los “nacional–socialistas”, con reservas, puede recomendarse la obra de Hermann Beck, The Fateful Alliance: German Conservatives and Nazis in 1933 Berghahm Books, 2008.

(9) Cfr. Hitler, 1889–1936, Ian Kershaw, Círculo de Lectores, Barcelona 1999, pág. 426.

(10) Para insertar al Zentrum en su tiempo y disponer de una somera historia del mismo, puede leerse en castellano Historia de la Iglesia en la época contemporánea, Vicente Cárcel Orti, Ediciones Pelícano, Madrid, 2003, especialmente págs. 187–188 y 227–228.

(11) Idem., pág. 433.

(12) Idem, 434.

(13) Cfr. El Reich Sagrado, Richard Steigmann–Gall, Akal, Tres Cantos, 2007, pág. 160.

(14) Para situar a todos los militares alemanes citados hasta aquí, puede leerse la monumental Histoire de l’Armée Alemagne (tres volúmenes), de Jacquest Benoist–Mechin, Éditions Albin Michel, París 1964, especialmente el Capítulo III, especialmente págs. 62–157.

(15) Para una historia completa de la familia Krupp puede consultarse Krupp: A History of the Legendary German Firm, Harold James, Princeton University Press, Princeton, 2012, especialmente págs. 187–196.

(16) Cfr. Op. cit., pág. 442.

(17) Recientemente se ha publicado la hasta ahora mejor biografía de Fritz Totd, Hitler’s Engineers: Fritz Todt and Albert Speer, Master Builder of the Third Reich, Blaine Taylor, Newbury, 2010.

(18) Para una historia completa del Volksauto puede consultarse Hitler’s Chariots, Volkswagen, from Nazi People’s Car to New Beetle, Blaine Taylor, Schifing Publishing, Londres, 1011.

ENLACES:

Arde el Reichstag 1 – Del 30.01.33 al 5.03.33, semanas decisivas
Arde el Reichstag 2 – Llamas en el Reichstag
Arde el Reichstag 3 – La conspiración indemostrable
Arde el Reichstag 4 – Las elecciones de marzo de 1933
Arde el Reichstag 5 – Las modificaciones constitucionales
Arde el Reichstag 6 – El juicio, absoluciones y condenas
Arde el Reichstag 7 – Moscú miente y la mentir se institucionaliza
Arde el Reichstag 8 – Conclusión

 

sábado, 5 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (235) – EL “BRENNERO IDEOLÓGICO” DEL FASCISMO Y LA FALANGE


El paso del Brennero (o Brenner) es la frontera entre el mundo germánico y el latino. En los años 30 este lugar tuvo una connotación “ideológica” y definió la diferencia entre el fascismo italiano y el fascismo alemán. Es cierto que en 1923, cuando Hitler protagonizó el llamado “golpe de la cervecería” o “Golpe de Munich”, tenia en mente la Marcha sobre Roma de Mussolini, pero no es menos cierto que entre 1930 (cuando el fascismo italiano estaba consolidado en el poder y el NSDAP hitleriano ya era un partido de masas) y 1937 (cuando los gobierno alemán e italiano acercaron definitivamente sus posiciones a raíz de la Guerra Civil Española), existió en todo el mundo lo que se llamó “el Brennero ideológico” que separaba a los movimientos fascistas de cada país -porque en cada país de occidente floreció en aquellos años un movimiento de este tipo- entre los que eran de “simpatías” italianas y aquellos otros que tenían a Berlín y a Hitler como inspiración. En España, esta frontera existió igualmente, si bien, aquí, como en casi todo, nuestro país supuso un punto y aparte en esta polémica.

Lo que en la primera mitad de los años 30 y, más especialmente a partir de 1933, estaba en juego era el liderazgo del fascismo mundial. En tanto que su cuna originaria era Italia, los partidos fascistas que florecieron en toda Europa y en el continente americano, inicialmente, tenían todos como faro y guía a Roma: el líder del fascismo rumano dijo en su primera intervención como diputado: “Somos de los que creemos que el Sol nace por Roma y no por Moscú”. Pierre Drieu La Rochelle, en Francia, había escrito lo mismo y vale la pena recordar que el primer partido fascista con cierta importancia que nació fuera de Italia apareció en Francia: Le Faisceau de Georges Valois, dos años después de la Marcha sobre Roma. El problema fue que hasta 1933 y al no tener competencia, el apoyo que Italia había prestado a los partidos fascistas extranjeros, había sido mínimo. Cualquier partido fascista que aparecía se reclamaba de pro-italiano, sin necesidad de un estímulo económico. Es más, cuando Italia fue visitada por una comisión monárquica española, en 1934, para tratar sobre las posibilidades de que el régimen fascista apoyara un pronunciamiento político-militar en España, el apoyo inicial italiano se debió, no tanto a la afinidad ideológica con los “fascistizados” alfonsinos y tradicionalistas, sino más bien, a los designios geopolíticos (debilitar a Francia y ampliar la hegemonía italiana en el Mediterráneo Occidental).

En esto, el nacional-socialismo fue mucho más intuitivo: entre sus miembros se encontraban algunos antiguos comunistas y, especialmente en las filas de las SS, se había estudiado en profundidad el papel del Komintern: lo que para todos era un intento de extender el comunismo a todo el mundo (lo cual fue cierto hasta la llegada del Stalin), a partir de ese momento, había ido derivando cada vez más en su transformación como pieza de la política exterior soviética. En efecto, cada partido comunista nacional, ya no trabajaba para el proletariado de ese país, sino para la “capital del proletariado mundial”: Moscú. El NSDAP imitó al Komintern en esta cuestión: la Ausland Organization (NSDAP-AO) entendió pronto que, se trataba de obtener alianzas políticas en cada país para conseguir disponer de propagandistas que avalasen la causa del Reich en esa nación. Y en ese sentido, especialmente, a partir de 1935, cuando las circunstancias económicas empezaron a ser muy favorables para la economía alemana, la ayuda del Reich a las formaciones fascistas se convirtió en mucho más efectiva que la italiana y cuantitativamente mucho más generosa.

Cuando Mussolini se dio cuenta en julio de 1933 de que algo estaba variando y que muchos fascistas empezaban a mirar con más interés a la revolución alemana que al régimen fascista,  impulsó la creación de los Comités de Acción por la Universalidad de Roma que debían ser una red de enlace del fascismo mundial en su versión italianizante. Fue a estos CAUR a los que se adhirió Falange Española en el primer congreso de Montreux (1934) en nota entregada por el entonces responsable de prensa del partido, Ernesto Giménez Caballero. Sin embargo, en esa ocasión, José Antonio desmintió su participación en el congreso y el que Falange tuviera nada que ver con una “internacional”. 

Las cosas variaron al año siguiente, cuando los alfonsinos interrumpieron su ayuda a Falange Española y José Antonio se vio obligado a solicitar ayuda italiana: ésta llegó puntualmente y equivalía a 60.000 euros mensuales actuales que luego se redujeron. El propio José Antonio iba a recoger estas cantidades a la Embajada Italiana en París. Cuando fue detenido la ayuda se fue acumulando y en noviembre de 1936, las cantidades acumuladas fueron devueltas de nuevo al Ministerio de Exteriores italiano. A cambio de esta ayuda, José Antonio movilizó a los “camisas azules” para realizar campañas callejeras contra las sanciones propuestas por el Reino Unido a Italia a raíz de la invasión de Etiopía, él mismo pronunció en sede parlamentaria un discurso sobre “política exterior” en la misma dirección y redactó un informe sobre la situación política española y sus previsiones de victoria de la izquierda en las elecciones de febrero de 1936; finalmente, asistió en persona al Segundo Congreso de Montreux e intervino en el plenario.

Hay que añadir que todas estas informaciones están bien documentadas y son irrebatibles. En los archivos italianos de la policía y del Ministerio de Exteriores se ha conservado la documentación de la época que acredita todos estos extremos y que permite decir que, desde su fundación hasta el verano de 1936, Falange miró con esperanza a Roma y se situó a su lado en el contexto del fascismo internacional. Ahora bien, existen algunas pistas para establecer el que, durante su estancia en prisión, y a lo largo del verano de 1936, José Antonio fue rectificando su posición.

En efecto, volvemos al “Brennero ideológico”. Hasta 1935-36 la influencia del NSDAP y sus temáticas (especialmente la importancia atribuida a la cuestión racial) había sido compartida únicamente y de manera creciente por los fascismos nórdicos. En países como Hungría y, por supuesto, Austria, se había ido imponiendo una forma de fascismo calcada del alemán. Se dieron, entonces, distintas circunstancias. En el Reino Unido, Mosley, inicialmente posicionado al lado de la Italia fascista, con el paso del tiempo, fue escorándose del lado del Reich. A partir de ese momento, existieron países, como Bolivia, en los que una formación (el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz) estuvo financiado por la Embajada Alemana y otro (como la Falange Socialista Boliviana de Oscar Únzaga de la Vega) que recibía apoyo italiano. En otros países, como Rumania, la Guardia de Hierro se declaró siempre favorable a Roma, pero nunca aceptó ayuda italiana y el CAUR de Bucarest de formó con personalidades “fascistizados” entre los que no se encontraba ningún miembro de la Guardia de Hierro. Incluso cuando en el Segundo Congreso de Montreux, en el que tomó la palabra Ion Motza (que luego moriría en combate en la Guerra Civil Española) presentando una moción antisemita, ésta fue modificada para evitar que existiera similitud con el fascismo alemán.


Como puede verse, en tanto que el fascismo era un fenómeno “nacional”, existieron muchas forma de entenderlo y muchas situaciones diferenciadas: pro-alemanes, pro-italianos, pro-italianos que se deslizaron hacia el lado germánico, convivencia entre dos partidos de distintas orientaciones en el mismo país (tal fue, además, el caso de Francia, con un PPF de Doriot, progresivamente ganado por el bando germánico y una Action Française decantada hacia Italia). ¿Cuál fue, pues, el caso español?

Es indudable que hasta la primavera de 1936, Falange Española estuvo decantada del lado “romano”. Las pruebas son abrumadoras. Sin embargo, entre el encarcelamiento de José Antonio y los meses posteriores al Decreto de Unificación (abril 1937) en función del cual se formó el “partido único”, empezó a producirse en Falange Española una situación muy parecida a la que había vivido la British Union Fascists de Sir Oswald Mosley: inicialmente pro-italiana, se decantó, poco a poco, hacia el Reich. Existen datos puntuales que muestran una similar actitud por parte de Falange Española y de José Antonio. Los resumimos:

- la redacción del último ensayo de José Antonio en el mes de agosto de 1936 en prisión, titulado “Germanos y Bereberes” en el que intenta una reconstrucción de la historia de España en clave étnica, un esquema que respondía a la doctrina del NSDAP. Hitler se negó, incluso, a aceptar los 12.000.000 de pesetas de la época de que disponían los “rebeldes” para pagar la ayuda y recomendó que se entregaran como paga a los combatientes del frente.  En cualquier caso, el texto es muy importante porque indica la evolución doctrinal del “último José Antonio”, decantado visiblemente hacia el Reich. No es que se hubiera convertido en “racista”, sino que había realizado -y ahí está el texto para evidenciarlo- una interpretación racial de la historia de España. Es igualmente significativo que el texto se escribiera inmediatamente después de la celebración de las Olimpiadas de Berlín que supusieron un evento internacional de máxima importancia en el curso del cual se exteriorizaron los logros de la “revolución alemana” que fascinaron a todo el mundo.

- el apoyo decidido que Hitler prestó, a partir del 23 de julio de 1936 a la causa de los sublevados en España y que se tradujo en la llegada de pertrechos militares, fondos y voluntarios, no solamente de la Legión Cóndor, sino expertos en el manejo de blindados y que fue anterior a la decisión italiana de comprometerse en el conflicto al lado de Franco. Todo esto constituyó la llamada “Operación Sigfrido” a cuyo frente estuvo Göring.

- los contactos que tuvieron lugar en Burgos entre Manuel Hedilla y la embajada alemana. Ésta veía a Hedilla como el único hombre de la Falange con extracción popular y capaz de transformar el partido en un movimiento de masas. El NSDAP recelaba de los militares y de los reaccionarios de derechas que circundaban a Franco y optó por apoyar a Hedilla y a su sector. Hitler y el NSDAP despreciaban a los militares y derechistas que, desde 1923, habían constituido el principal obstáculo para la progresión de la “revolución alemana” y vieron en Franco y en los derechistas monárquicos a sus equivalentes en España.

- el compromiso alemán en los intentos de rescate de José Antonio de la prisión de Alicante que contó, incluso, con la complicidad del cónsul alemán en esa provincia y que previó la participación de un “acorazado de bolsillo” en la operación (que no llegó a realizarse).

Todo esto permite intuir que, Falange Española, fue deslizándose del lado italiano del “Brennero ideológico”, al lado alemán por la simple dinámica de los hechos. Es cierto que en el pensamiento joseantoniano entraron otros muchos factores (el pensamiento de Charles Maurras, la influencia de Ortega y Gasset, la influencia de los no-conformistas franceses de los años 30 -por donde entró el personalismo en su ecuación personal-, el pensamiento conservador español del siglo XIX, la doctrina del fascismo italiano, etc.). Pero, a todas estas influencias, cabe añadir, esta otra, tardía pero muy real, llegada de Alemania.

Lo cierto es que, a partir del verano de 1936, mientras Falange miraba cada vez con más esperanza e identidad al fascismo alemán, los medios monárquicos y alfonsinos, seguían con la mirada puesta en Roma, esperando construir un régimen en el que conviviera la monarquía con el partido único. Así pues, también hubo un “Brennero ideológico” en España...

lunes, 7 de noviembre de 2016

HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL SOCIALISTA (Volumen II) – La marcha inexorable hacia el poder


El primer Volumen de esta serie de tres estuvo dedicado a describir la doctrina del movimiento nacional-socialista y a seguir su historia desde su fundación hasta la salida de Hitler de la cárcel de Landsberg y la reconstrucción del partido, es decir, el período que abarca desde 1919 hasta 1928. En esa primera época, el NSDAP no es un movimiento de masas. Hasta 1923 fue solamente un fenómeno bávaro protagonizado especialmente por ex combatientes de los freikorps y criado en su clima. Pero, a partir de 1928 se transforma en un movimiento de masas que empieza a obtener éxitos electorales, convirtiéndose en 1932 en el primer partido de la República de Weimar. El período comprendido entre ese momento y hasta el 30 de enero de 1933 constituyen la materia tratada en este segundo volumen, HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL SOCIALISTA (Volumen II) – La marcha inexorable hacia el poder.

La obra se abre con el hecho capital de aquel período: la crisis de 1929 que afectó especialmente a Alemania, país que debía pagar indemnizaciones de guerra y cuya economía y posibilidades de desarrollo estaba íntimamente ligada a las bolsas y a los créditos llegados desde los EEUU. Ciertamente, el movimiento nacional-socialista operó sobre unos fermentos previos existentes en la sociedad alemana y que ya fueron descritos en la introducción al primer volumen, pero fue la crisis de 1929, el factor objetivo que precipitó la transformación en apenas cinco años de un partido marginal en partido imprescindible para gestionar la estabilidad política alemana y la superación de los efectos de la crisis económica.

lunes, 16 de junio de 2014

Revista de Historia del Fascismo nº XXI - Sumario



Acaba de aparecer el nº XXXI de la Revista de Historia del Fascismo con los siguientes contenidos:


Dossier
Chile: acerca del nacionalismo durante la Unidad Popular
No es la primera vez que en esta publicación aludimos a los fascis­mos iberoamericanos, pero sí la primera vez en la que publicamos un artículo de Erwin Robertson a quien conocimos precisamente en el período que narra en su ensayo. El trabajo alude especial­mente a la revista Tacna, pero es inevitable que lo haga también, no solamente a la situación del nacionalismo chileno entre finales de los años 60 y principios de los 70, sino también y muy especial­mente a a época de Unidad Popular. El artículo alude igualmente a movimientos similares en Iberoamérica que subyugaron al equipo de jóvenes redactores de Tacna. Habitualmente, la pobreza de datos y la ligereza de los análisis realizados por los ensayistas re­conocidos, alude sólo al Frente Nacionalista Patria y Libertad. En este ensayo reconoceremos un espacio mucho más rico doctrinal­mente e igualmente comprometido con su Patria y con su Pueblo.
págs. 6 a 76


Nacional-Socialismo
La fundación del NSDAP o cuando Hitler decidió “hacer política” (II de II)
En la primera parte de este estudio seguimos los pri­meros pasos del Partido Obrero Alemán, su fundación, la llegada de Hitler, el papel real de la Sociedad Thule y de su fundador el barón Sebotendorf y los momentos en los que Hitler se sintió atraído por la política y como por azar terminó afiliándose a aquel pequeño grupo. En esta segunda parte, veremos cómo y por qué consiguió hacerse con el control de la organización y hacia donde orientó sus primeros pasos. Por entonces era conocido como «el rey de Munich», él mismo se consideraba en esa época, solamente un agitador que «hablaba bien» y quería «hacer algo por su país». Son los primeros pasos de Hitler en política, cuando aún es discutido, cuando no goza de la confianza del partido, cuando algunos dudan de su maximalismo.
págs. 52 a 76


Nacional-sindicalismo
¿Hizo Franco todo lo necesario para salvar a José Antonio?
Franco y José Antonio (III de III)
En el anunciado de la tercera y última parte de este ensayo es posible entrever la respuesta: si Franco hubiera hecho todo lo humanamente posible por sal­var a José Antonio de ser fusilado en Alicante, éste hubiera sobrevivido al conflicto. Su muerte, demues­tra que alguien no hizo todo lo posible. Hoy nadie entre los historiadores duda que Franco realizó to­das las gestiones necesarias para que nunca nadie le hubiera podido acusar de negligencia y desinterés, pero no hizo todo lo posible como para que tales ges­tiones tuvieran el resultado esperado.
págs. 78 a 139


Testimonio
Memorias de Stefano delle Chiaie (capítulo final)
De Venezuela a Ciampino
Las memorias de Delle Chiaie llegan a la última etapa. En este capítulo se narran tres episodios sucesivos en el tiempo: la estancia de Delle Chiaie en Venezuela y su posterior detención, su envío a Italia y los pro­cesos que protagonizó y de los que salió absuelto, para terminar con sus últimas experiencias políticas y la percepción de que el clima en Italia había cam­biado completamente y las técnicas y el estilo de los años 50-80 ya no conseguían movilizar los mismos entusiasmos. Con esta última entrega concluimos, pues, este testimonio, único e imprescindible para conocer la historia del neo-fascismo italiano que, en buena medida, giró en torno a la figura de Stefano Delle Chiaie.
págs. 140 a 182 


Cultura
El Club de la lucha ¿una película fascista?
Tiene gracia que una película que inicialmente no causó un excesivo impacto –mesurable éste a través de la taquilla– haya terminado siendo una película de culto, quizás la que goza de mayor favor de un público devoto desde Blade Runner a principios de los 80. De tanto en tanto la industria del cine genera productos que superan con mucho la media miserable propia de nuestra época. Somos perfectamente conscientes de que El Club de la Lucha es una película susceptible de varios niveles de interpretación. Lo que intentaremos en las páginas que siguen es una desde nuestro particular punto de vista que no acabe en la misma película, sino que alcance a su matriz, la novela de Chuck Palahniuk sobre la que se construye el argumento original. Ambas, película y novela, son un canto a la Generación X. ¿Son aceptables las calificaciones que han descrito a esta película como «fascista»?
págs. 184-215

Ficha técnica:
Formato: 15 x 21 cm
222 páginas
Ilustrado
Portada en cuatricomía plastificada con solapas
P.V.P. 18,00 euros + 3,00 euros de gastos de envío
Suscripción: 6 números, 100 euros – 12 números, 200 euros
Correspondencia, información y suscripciones: eminves@gmail.com