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sábado, 9 de agosto de 2025

REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO Nº XIV: ALFRED ROSENBERG: TEÓRICO DE LA RAZA (antología de textos)

Si hoy viviera Alfred Rosenberg explicaría la liquidación de Europa y su desa­parición como uno de los actores de la política internacional, como efecto del caos étnico en el que está ha sumergido el continente. Podría alardear de ha­ber figurado entre los primeros en advertir las consecuencias de una de sus te­sis centrales: cuando se produce una mezcla racial, el espíritu de un pueblo se “apaga” y su “voluntad formativa” se extingue. Porque ese es, finalmente, el resumen del legado intelectual que nos ha dejado Alfred Rosenberg. Y que, se quiera o no aceptarlo, es uno de los temas de actualidad en nuestro tiempo. En este volumen de la Revista de Historia del Fascismo, no vamos a preocuparnos de las vicisitudes recientes de Europa y de la problemática posición con la que la Union Europea afrontar el futuro. Ya hemos dicho, donde corresponde –en nuestro blog Info|Krisis– que la UE amenaza con ser el “islote woke” mundial. El único. Es aquí, y solamente aquí, en el territorio de la Unión Europea, en donde se sigue creyendo en el ultraprogresismo, en la ideología “humanitarista” hecha de igual­dad a ultranza, de “cancelaciones” para quien no la comparte en su totalidad, de confusiones entre “sexo” y “género” y, por supuesto de “corrección política” cuya aplicación en el terreno étnico y antropológico es de obligado cumplimiento con el llamado “multiculturalismo” En otros continentes, el “wokismo” o bien nunca ha podido penetrar, o bien, tras hacerlo ha desencadenado en su contra la “revolución del sentido común”. Pues bien, en el extremo opuesto al wokismo de nuestros días, se encuentra el pensamiento de Alfred Rosenberg, elaborado hace un siglo. Con este volumen y las notas preliminares queremos ofrecer una panorámica sobre su vida y el análisis de las ideas del que fuera el ideólogo más conocido del NSDAP.

SUMARIO

Rosenberg: una vida y una obra al servicio del “Volk” (una introducción a su vida y su obra

ANTOLOGÍA DE TEXTOS

I. RAZA E HISTORIA DE LA RAZA

RAZA Y ALMA DE LA RAZA

II. LA RELIGION NÓRDICA

III. KULTUR: LA ESTETICA VOLKISH

BEETHOVEN

NIETZSCHE

GOETHE

LA PINTURA

LOS CAMINOS DEL ARTE

SOBRE LA LUCHA ACTUAL DEL ARTE

EL ARTE “VOLKISH”

¿REVOLUCION EN LAS BELLAS ARTES?

EL EXPRESIONISMO

EL ARTE ALEMÁN

EL CINE

IV. EL ENEMIGO

CODIGO MORAL JUDIO

V. EL ESTADO IDEAL

EL MOVIMIENTO NACIONALSOCIALISTA

 

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Dimensiones: 15 x 23 cm

Páginas: 230

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lunes, 28 de octubre de 2024

REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO LXXXIX – febrero|marzo 2024

PERONISMO: TRIUNFO Y TRAGEDIA DE LA “TERCERA POSICIÓN”

En el número 87 de la Revista de Historia del Fascismo, dedicado a la Re­pública Argentina, en varios momentos apareció la figura emergente del general Perón, especialmente cuando aludimos a la última etapa de la “década infame”. Aquellas pinceladas fueron suficientes para presentar a nuestros lectores una idea suficientemente clara de los primeros pasos de Perón en política. Sin embargo, aquellas notas estaban justificadas para encuadrar algunos movimientos de carácter fascista o fascistizante que aparecieron en Argentina a finales de los años 30 del siglo pasado y durante los años 40. No se trató de un análisis específico sobre la apari­ción del peronismo. Ahora, en un primer capítulo, regresaremos a esos años, dedicando nuestro estudio en exclusiva a la figura de Perón y del peronismo y a su trayectoria hasta la subida al poder. Posteriormente examinaremos el papel de Eva Duarte en la formación del peronismo y lo que aportó al movimiento. Trataremos, más adelante, de hacernos una idea de los elementos esenciales que constituyeron la doctrina pe­ronista y resumiremos su acción de gobierno hasta la llamada “revolu­ción libertadora” de 1955. En una última parte, trataremos de exponer los años de exilio de Perón, su regreso a la República Argentina y su se­gundo mandato y, finalmente, lo que quedó del peronismo a su muerte. En un anexo, a modo de conclusión, nos plantearemos la pregunta de si fue o no un régimen y una ideología fascista.

 

SUMARIO:

La trayectoria del peronismo

Eva Duarte de Perón. “Evita de los descamisados”

La Doctrina peronista

El concepto de “Tercera Posicion”

La integración iberoamericana

Las realizaciones del peronismo

El peronismo ¿fue una forma de fascismo?

La prehistoria del peronismo

La primera legislatura peronista

La segunda legislatura peronista

La caída de Perón: la “revolucion libertadora”

Exilio y retorno

El neo-peronismo en democracia

 

CARACTERÍSTICAS:

Tamaño 15 x 21 cm.

Páginas 230

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viernes, 2 de junio de 2023

Revista de Historia del Fascismo nº LXXXV - ALBANIA - KOSOVO Y SU REVOLUCIÓN NACIONAL (1919-1945)

Los Balkanes son, sin duda, la zona más compleja de Europa. Todavía hoy, con cierta frecuencia, aparecen fricciones, disputas fronterizas y problemas aplazados o resueltos con paños calientes. Desde el ámbito hispanoparlante, sin duda, el país más “misterioso” de Europa es Albania, incluso en nuestros días. Prácticamente no existe ningún estudio sobre el “fascismo albanés” y muy pocos sobre la historia del país a partir de la retirada otomana. Este volumen aspira a cubrir este vacío.

El autor de estas páginas es Michele Rallo, antiguo militante del MSI, diputado en el parlamento italiano en varias legislaturas y especialista en los fascismos de Mitteleuropa y de los Balcanes. La edición original de esta obra fue publicada en 2002 por las Edizioni Settimo Sigillo con el título de L’Epoca delle Rivoluzioni Nazionali in Europa (1919-1945), Volumen IV - Albania e Kosovo. Entre los méritos de este trabajo figura, no solo la descripción e interpretación de los sucesos ocurridos desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta 1945 en Albania, sino que, además, el autor aprovecha para presentar lo que fue la política balcánica de Mussolini.

Esperamos que la publicación de esta obra contribuya a llenar este agujero en los estudios históricos en lengua española.

SUMARIO

CAPÍTULO I

La independencia y la Primera Guerra Mundial (1912–1918)

CAPITULO II

La posguerra y la Asamblea Nacional de Lushnja (1919–1920)

CAPÍTULO III

Guerra civil y revolución nacional (1921–1924)

CAPÍTULO IV

La república zoguista (1925–1927)

CAPÍTULO V

El revisionismo italiano y la restauración de la monarquía albanesa (1928–1930)

CAPÍTULO VI

La primera crisis ítalo—albanesa (1931–1935)

Capítulo VII

A la sombra de la Italia Fascista (1935–1938)

Capítulo VIII

La segunda crisis ítalo-albanesa y el empleo (1938–1939)

CAPÍTULO IX

Los comienzos del régimen fascista albanés (1939–1940)

CAPÍTULO X

Guerra del Epiro y nacimiento de la Gran Albania (1940–1941)

CAPÍTULO XI

El gobierno de Kruja (1941–1942)

CAPÍTULO XII

Los gobiernos de Libohova y Bushati (enero-septiembre 1943)

CAPÍTULO XIII

Los primeros meses de la ocupación alemana (septiembre-diciembre 1943)

CAPÍTULO XIV

La consolidación del régimen nacionalista (enero-junio 1944)

CAPÍTULO XV

El fin de la Gran Albania (1944–1945)

 


CARACTERISTICAS:

Tamaño: 15 x 21 cm.

Páginas: 228

Impreso en papel de 80 gr.

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miércoles, 22 de junio de 2022

EL TIEMPO DE LOS FASCISMOS (2 DE 3): EL FASCISMO Y LA TÉCNICA

 

Claro está que había hijos de trabajadores entre los dirigentes socialistas de todos estos países, pero lo esencial es establecer que los programas y las estrategias fueron elaboradas por hijos de burgueses provistos de una formación cultural muy por encima de los propios de la clase trabajadora.  Fueron estos intelectuales quienes, para “enlazar” con la clase obrera se vieron obligados a relacionarse con movimientos sindicalistas y reivindicativos, surgidos en las fábricas, de donde procedieron los partidos de izquierda que estuvieron vigentes durante todo el siglo XX y alguno de los cuales todavía sobrevive hoy.

Los mecanismos que habían hecho posible que miembros de la burguesía acomodada se decantaran por la causa de las clases trabajadoras eran muy diversos: de un lado, el ya mencionado miedo que sentían a la “proletarización”; si esta se producía era necesario que la clase obrera experimentara una mejora en sus condiciones de vida. Se trataba de un mecanismo psicológico que resulta muy evidente, especialmente, en los escritos fabianos. Otros de estos burgueses se identificaron por el proletariado por simple resentimiento a los que eran de su propia clase (las acusaciones de Bakunin a Marx y a Engels por este motivo son elocuentes: trataba a ambos de “resentidos” y “profesionales del odio”). Y luego estaban aquellos otros que habían asumido ideales humanistas y estaban extremadamente sensibilizados con las malas condiciones de vida de las clases trabajadoras. A algunos les enfurecía la situación sanitaria de los barrios más pobres, a otros su indigencia cultural y educativa, los había que no podían soportar las injusticias y los malos tratos a los que eran sometidos los trabajadores por sus capataces, mientras los accionistas de las sociedades anónimas miraban a otra parte.

Era esto último lo que indujo al fundador de Falange Española cuarenta años después, a certificar que “el nacimiento del socialismo fue justo”. Y si hemos traído esta frase de José Antonio Primo de Rivera aquí es porque sintetiza y resume perfectamente el criterio de todos los doctrinarios del fascismo y del mismo espíritu del movimiento.

Mussolini, por ejemplo, había militado durante años en el socialismo y su paso por esas filas no se limitó a ser un simple militante: ocupó puestos de dirección. Hitler, por su parte, conocía de primera mano la experiencia de la pobreza. Ambos, por lo demás, eran hijos de familias de clase media baja, pero eran lectores empedernidos, autodidactas, que no desdeñaban ninguna ocasión para absorber conocimientos y forjarse ellos mismos ideas propias sobre lo que está sucediendo en los primeros años del siglo XX. Se vieron afectados por el mismo miedo a la “proletarización” que experimentaron todos los doctrinarios de la izquierda. De no haberse producido la revolución de 1917 en Rusia y las oleadas bolcheviques sobre Europa del Este en el período 1918-1923, es incluso posible que hubieran militado en formaciones de izquierda. Pero lo que vieron, tanto en Rusia como en Alemania y el caos que se instaló en Europa Central especialmente en 1919-22, les convenció de la necesidad de romper con el “socialismo marxista”. Antes de esa fecha, para ellos, el enemigo eran los “grandes capitalistas” y los “señores del dinero”. A partir de percibir las masacres que estaban ocurriendo en Rusia, los efectos de la “revolución húngara” de Bela Kuhn, el caos que se instaló en Alemania, con la “revolución de los consejos obreros” en Baviera, la insurrección de los “espartaquistas” en 1919, los distintos alzamientos bolcheviques hasta 1922 y, sobre todo, al identificar la acción de la izquierda como uno de los factores que llevó al hundimiento de los frentes alemanes, de enero a noviembre de 1918, les convenció de la necesidad de añadir a la búsqueda de la “justicia social”, otro elemento. Lo encontrarían en los “valores nacionales”. Y, de ahí, era inevitable que derivaran otras interpolaciones ideológicas: el antisemitismo, en la medida en que identificaron a los dirigentes de la izquierda comunista y socialistas de la época, en toda Europa, como de “origen judío” (a decir verdad, lo eran), el anticomunismo (en Alemania, los núcleos socialistas y espartaquistas fueron considerados como los principales actores de “la puñalada por la espalda”). Formados por excombatientes que habían luchado durante cuatro años bajo la bandera de su patria, identificaban en ésta, los “valores nacionales” que había que defender y restaurar a la vista de que los “regímenes parlamentarios” habían sumido a las naciones en el ciclo parlamentarismo – corrupción – caos – elecciones… Había surgido, en el seno de la Segunda Revolución Industrial, un movimiento nuevo: los fascismos que, además de buscar “justicia social”, aspiraban a la “integración nacional”, por encima de las clases sociales; defendían que el Estado era la encarnación jurídica de la nación y, por tanto, la defensa de la integridad y salvaguarda del nivel de vida de los ciudadanos, dependía del Estado. Y que el Estado y el Pueblo, considerado como una unidad por encima de las clases sociales, debían de ser “fuertes”, “unidos” y trabajar para realizar el “destino nacional”. Con ligeras variantes y añadidos, los fascismos irradiaron en todo el mundo, obteniendo adhesiones crecientes en el período 1928-1939.

Los fascismos nacieron como respuesta a las injusticias del capitalismo (que, en grandísima medida, sus dirigentes habían experimentado en su propia piel) y a las brutalidades del bolchevismo. Pero, pronto descubrieron la imposibilidad táctica de combatir en dos frente al mismo tiempo. La alternativa era: o se aliaban con la derecha conservadora para combatir a la izquierda, o lo hacían con esta última para desalojar del poder a la derecha. Allí donde el fascismo tuvo éxito, se impuso la primera opción. En realidad, Hitler realizó un hábil cálculo estratégico. Dividió al mundo no-nacional-socialista en dos fracciones: el “enemigo principal” y el “enemigo secundario”. A partir de aquí, la mecánica era simple: aliarse con el segundo, para combatir al primera. Liquidada esta fase, se trataba de deshacerse el “enemigo secundario”. El fascismo alemán fue quien más brillantemente aplicó esta estrategia “gradualista”: al no poderse realizar la “revolución nacional-socialista” en una sola fase, era preciso descomponer este proceso en tramos sucesivos, como si se tratara de subir por una escalera: en el peldaño inicial se encontraba Hitler al salir de la cárcel tras el frustrado golpe de Estado de noviembre de 1923. El primer peldaño fue la reconstrucción del NSDAP, operada entre 1926 y 1927. El segundo fue iniciar el coqueteo con la derecha y, concretamente, con el sector más interesante, el DVNP (Partido Nacional del Pueblo Alemán) una formación conservadora de extrema-derecha, cuyo interés no era su fuerza, ni su programa, ni siquiera sus objetivos, sino el hecho de que su dirigente más característicos, Alfred Hugenberg, fuera el propietario de una cadena de prensa, el Grupo Hugenberg, que controlaba el 50% de la prensa alemana de la época y buena parte de la industria del cine a través de la UFA. Durante la campaña realizada conjuntamente por el DVNP y el NSDAP para la celebración de un plebiscito contra el “Plan Young” en 1928-29, Hitler apareció por primera vez en todos los medios de comunicación del Grupo Hugenberg publicados a lo largo de todo el país. De ser el líder local de un partido desintegrado y presente especialmente en Baviera (como era el NSDAP antes de noviembre de 1923), pasó a ser un personaje conocido en toda Alemania, mucho más carismático que los dirigentes del DVNP y con un programa más realista y claro.

Hugenberg, cuya fortuna hacía estado relacionada con la Casa Krupp, participó en el primer gobierno de Hitler como “ministro de agricultura y alimentación”. Renunciaría pocos meses después, en junio de 1933, siendo sucedido por Walter Darré, mucho más popular y carismático entre los agricultores. La izquierda comunista, con su habitual esquematismo maniqueo, durante muchos antes (entre 1929 y junio de 1933), difundiendo la visión, absolutamente increíble e inverosímil, de que Hitler era un “títere” de Hugenberg y que, en realidad, la Casa Krupp era quien decidía, primero, los destinos del NSDAP y luego, tras el nombramiento de Hitler como jefe de gobierno, dirigiría ¡a través de Hubengerg!, el Tercer Reich. Un desenfoque así era el tributo a la idea de que la burguesía y el proletariado estaban en guerra y que los representantes de los primeros, la industria monopolista, siempre estaban en la dirección del Estado allí donde no se había producido la toma del poder por los bolcheviques.








miércoles, 9 de octubre de 2019

Acaba de aparecer el nº 63 de la REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO MONOGRÁFICO: OSWALD MOSLEY Y EL FASCISMO BRITÁNICO



Supone un inmenso placer el haber traducido la obra de nuestro amigo Rémy Tremblay sobre Sir Oswald Mosley. Debemos reconocer que mientras traducíamos esta obra (publicada, inicialmente en la Revue d’Histoire du Nationalisme) hemos rectificado muchas de nuestras opiniones sobre el fascismo británico. A nadie se le escapará, tras la lectura de estas páginas, que Mosley, además de fascista, fue un adelantado a su tiempo y un correcto analista de la economía, de la política y de la sociedad del Imperio Británico, hasta el punto de adelantarse en sus previsiones más de sesenta años, a las líneas básicas de lo que hoy conocemos como “globalización” y “multiculturalismo”. Posiblemente, entre los dirigentes del fascismo internacional sea una de las figuras más preclaras. Hemos considerado necesario traducir e incluir como anexo las entrevistas realizadas a Mosley después de la Segunda Guerra Mundial y en la que expone su juicio sobre los fascismos y su mutación de nacionalista británico fascista a militante neo-fascista europeo. Estas entrevistas han sido extraídas de la obra Oswald Mosley: du fascisme au nationalisme européen (Ed. Ars Magna, 2019)

Contenido

> Cronología        7
> Introducción    9
> Origen y niñez               11
> La guerra para acabar con todas las guerras    16
> El Tory (laborista)        21
              Los inicios en el parlamento.      24
              El matrimonio con Cynthia.         25
              Los irlandeses cuestión que entorpece  27
              Independiente, contra la finanza              30
              Una campaña electoral difícil      33
              Un viaje al país del “tío Sam”      34
              Las acusaciones de su padre       35
              La cuestión social             38
              Un “notable” discurso de renuncia          40
> El Nuevo Partido          45
              Apenas creado, atacado por todas partes             47
              La unidad a realizar         48
              Una tentación que no es unánime           50
              Los rojos están atacando              52
> El fascista        55
> La British Union of Fascists (BUF)         72
              La camisa gris será para jóvenes              74
              La muerte de Cynthia     76
              El último encuentro con Hitler   78
> Una cierta respetabilidad         82
              Enfrentándose a los agitadores. 83
              Una oposición pagada   86
              En el punto de mira de algunos judíos    87
> Hacia Westminster     90
              Desarrollar su propia prensa      92
               Adaptar estructuras militantes 93
               Una nueva cita con los votantes              95
               Los tumultuosos amores del rey              96
               La batalla en los barrios rojos    99
               Las municipales de marzo de 1937          104
               Separaciones dolorosas               106
> Hacia la guerra              110
               Una campaña por la paz              112
               Pedir el rearme no es un delito 114
               Mujeres en acción          117
> Durante la guerra        120
               Ante una opinión pública belicista          121
               No se colabora sin entregar nada            123
               El campo de concentración inglés           125
               Rumore contra Mosley y sus amigos      128
               La enfermedad que le dio la libertad     129
> El Europeo      132
               Escribir para justificar   133
               Defendiendo una concepción de Europa             135
               ¿Superar el corporativismo?      137
               La raza primero               138
               Primero Irlanda               141
               La internacional de Malmoe      142
               La revista The European              144
               Anticipándose a Enoch Powell  146
          La declaración de Venecia 147
> Bibliografía     151
> Oswald Mosley: Las entrevistas de postguerra               155
               LA ÚLTIMA GUERRA (The Last War, 1961)             156
               ATAQUE Y CONTRAATAQUE (Attack and Counterattack, 1965)    166
               HITLER Y MUSSOLINI (Hitler and Mussolini, 1965)             173
               SOBRE RAZAS, JUDÍOS Y OTRAS COSAS (About Races,
              Jews and other Things!, 1967)        186
              ENTREVISTA PARA FIRING LINE (por William F. Buckley Jr,
              el 25 de marzo de 1972)           214

DATOS TÉCNICOS

Revista de Historia del Fascismo nº 63 - Dossier Monográfico
Páginas 252
Tamaño: 15 x 21 cm
Cubierta: cuatricomía, plastificada y con solapas
Impreso en papel offset blanco de 80 grs.
25 ilustraciones
Precio de Venta al Público: 20,00 € (+4,00 gastos de envío)
Precio distribuidores: 50% descuento por pedidos superiores a 9 ejemplares del mismo número.
Pedidos: eminves@gmail.com




martes, 6 de marzo de 2018

François Duprat, visto desde España




Reproducción del artículo publicado en la obra"François Duprat - le prophète du nacionalisme-révolutionnaire",
Ediciones Ars Magna - Colección Le devoir de la mémoire.

No conocí personalmente a Français Duprat, sin embargo, estuve en contacto con él desde 1972 ó quizás 1973. Me fue enviando periódicamente las revistas que iba publicando y leía los artículos que firmaba con su nombre y con varios seudónimos (“François Solchaga”, entre otros) en La Défense de l’Occidente y en alguna otra revista menor. Cuando empezó a publicar unas hojas semanales cyclostiladas (Les Cahiers Nationalistes Revolucionaires) me suscribí y las estuve recibiendo durante dos años seguidos hasta que se interrumpió su publicación al ser asesinado.

Así mismo, me interesé particularmente por los estudios que había publicado en dos números especiales de la revista de Maurice Bardéche, sobre las “jornadas de mayo de 1968” y sobre la revuelta estudiantil, así como los dos libros que publicó en las Ediciones NEL sobre el mismo tema. Leí, igualmente, las distintas obras que publicó en torno a la historia del fascismo y, de hecho, debo reconocer que ellas están en el origen de que en septiembre de 2010 yo mismo iniciara la publicación de la Revista de Historia del Fascismo que va por su número 53. Su historia sobre el MSI, publicada por Les Septs Couleurs, fue el primer esbozo sobre la evolución de este movimiento que me resultó accesible.

Recuerdo también que la imagen inicial que me hice de Ordre Nouveau fue a partir de la lectura del libro publicado con motivo del congreso de este partido, con las tesis que él mismo elaboró y presentó, con el manifiesto que incluía y sobre el que me extenderé más adelante. Ignoro si Duprat tenía relaciones con algún otro militante español de la época (no lo creo), pero estoy convencido de que yo fui uno de los que leyó, al sur de los Pirineos, con más interés sus publicaciones en esa época y, por tanto, si bien nunca nos conocimos personalmente, sí conocía su obra y estaba familiarizado con ella.

En la distancia física que existía en los años 70, y en la distancia temporal que existe entre aquella época y nuestros días, puedo distinguir tres vertientes en François Duprat: la política, la histórica y la doctrinaria.

EL DUPRAT “POLÍTICO”

Por azares de la vida, fue dos meses después de su asesinato cuando empecé a viajar regularmente a París y tuve ocasión de conocer a gentes que había militado con él en Ordre Nouveau y, anteriormente, en Occident. A partir de ese momento, empecé a reordenar mis ideas. En efecto, una cosa era la versión que Duprat quería dar de los movimientos en los que militaba y otra muy diferente la tendencia mayoritaria que mostraban.

Cuando tuve ocasión de conocer al antiguo equipo de dirección de Ordre Nouveau, advertí pronto que el movimiento no había sido en ningún momento “nacional–revolucionario”, sino un simple partido de la “derecha nacional”. Lo mismo podía decir de Occident y, por supuesto, del Parti des Forces Nouvelles que siguió. Así mismo, el Front National de Jean Marie Le Pen, aunque contuviera en su interior una pequeña tendencia nacional–revolucionaria, fue desde el principio un partido de “derecha nacional”. Así pues, existe en todo esto una confusión: una cosa es la tendencia que quiso imprimir Duprat a estos movimientos y otra muy diferente, la que tuvieron en realidad.

Hay que reconocer que el asesinato de Duprat impidió saber qué hubiera ocurrido en el futuro y cómo hubieran influido los Groupes Nacionalistes Révolutionnaires de Base, especialmente, cuando Le Pen dejó de ser “monsieur 1%” y se convirtió en un fenómeno político. A nadie se le escapa que era una difícil convivencia: habitualmente Jean Marie Le Pen se mostraba como un nacionalista de la vieja escuela, atlantista y especialmente anticomunista; era evidente que Duprat y sus GNRB iban mucho más lejos y que, solamente la convivencia fue posible dada la situación de extrema debilidad en la que había quedado Le Pen tras disolución gubernativa de Ordre Nouveau, cuando el Front National que auspiciaba esta organización quedó privado de su elemento motor.

Los problemas que hubieran podido aparecer en los años 80 en el interior del FN de haber sobrevivido François Duprat al atentado que le costó la vida, hubieran sido muy similares a los que ya se habían generado en el interior de Ordre Nouveau: una tendencia radical y “revolucionaria”, difícilmente puede convivir de manera estable y durante mucho tiempo con una tendencia exclusivamente nacionalista de vieja escuela.

Es peligroso fiarse de lo que queda en las publicaciones. Si leemos el libro sobre el Congreso de Ordre Nouveau, nos llevaremos la impresión de que se trataba de una organización “nacional–revolucionaria” y activista, en consonancia con la imagen que Duprat dio de ella. Cuando en 1978–81 me pude relacionar con el núcleo que había estado presente tanto en Occident como en Ordre Nouveau, lo que me sorprendió fue el carácter extremadamente moderado de sus posiciones políticas que, en el fondo, se podían reducir a dos: anticomunismo y nacionalismo. Nada más.

Es fácil adivinar que, si Duprat hubiera sobrevivido, el enfrentamiento con Jean Marie Le Pen hubiera tardado poco en llegar. De lo que no me cabe la menor duda es que el equívoco entre nacional–revolucionarios y moderados no se hubiera prolongado hasta el infinito. A diferencia de Jean Pierre Stirbois (que debió integrarse en el FN a partir de grupos solidaristas hacia 1977 o, en los primeros meses de 1978), Duprat era más doctrinario y activista, y mucho menos “político” en el sentido convencional de la palabra. Duprat ocupó el cargo de Secretario General del FN en los tiempos de la “travesía del desierto”, en los que el partido apenas podía aspirar a otra cosa que a sobrevivir y a tratar de ser “hegemónico” entre los grupos de extrema–derecha. Mientras que el PFN parecía disponer de más efectivos, especialmente juveniles, el FN obtuvo mejores resultados electorales y pudo presentar más candidatos (aunque con un promedio que no ascendió del 0’2%...).

A pesar de que el PFN había conseguido trenzar una alianza con Fuerza Nueva en España y con el Movimiento Social Italia, en el marco de la “euroderecha”, lo cierto es que este partido nunca llegó muy lejos, ni logró estabilizarse y prácticamente desapareció a principios de los años 80, dejando el campo libre al FN ya sin Duprat y sin su adjunto, Alain Renault, pero con Stirbois en la Secretaria General. Desaparecido Duprat, los GNRB ya no tenían acomodo dentro del FN y se perdieron en pocos meses. Cuando se celebró el primer aniversario del asesinato de Duprat, su “obra política” ya se había desdibujado completamente.

EL DUPRAT “HISTORIADOR”

Mayor eco ha tenido su obra como historiador del fascismo y, no solamente del fascismo, sino de los aspectos más relevantes de su tiempo. En efecto, Duprat escribió varios libros de carácter histórico a finales de los años 60 y en los 70. Ciertamente, con posterioridad sus estudios históricos se han visto superados, pero hay que reconocer que en 1968 no disponíamos de ninguna historia sobre el Movimiento Social Italiano, lo ignorábamos todo sobre los orígenes de aquel partido y Duprat nos facilitó un esbozo de apenas 200 páginas, en pequeño formato, que aclaró nuestras dudas.

Otro capítulo de su obra trató sobre los sucesos de mayo de 1968: dos libros, L’International Étudiante Révolutionnaire y Les journés de mai 68, publicados poco después de que sucedieran los hechos y dos números especiales de La Défense de l’Occident, escritos junto a Maurice Bardèche, consagrados al mismo tema, dieron una perspectiva muy amplia, ilustrativa y de urgencia sobre aquel movimiento. Duprat, efectivamente, sabía de lo que hablaba y aportaba datos extraordinariamente precisos que solamente había podido salir de evaluaciones y seguimientos de estos grupos elaborados en medios de algún servicio de la “defensa nacional”. En Les journés de mai 68, Duprat alude a un tema que ha estado completamente ausente en los estudios sobre aquellos incidentes: las relaciones que tuvieron los servicios especiales del régimen gaullista, la extrema–derecha y los ambientes militares. Resultaba evidente que, Duprat en persona, había participado en aquellas conversaciones o que, al menos, conocía de primera mano los contactos.

Buena parte de su producción estuvo destinada a reconstruir la historia de los fascismos. En la actualidad existen estudios históricos, tesis doctorales y trabajos muy bien documentados elaborados en distintas universidades sobre, prácticamente, todos los movimientos de extrema–derecha y sobre los fascismos en cualquier país del mundo. Pero en los años 60 y durante la primera mitad de los años 70, era muy frecuente que los propios militantes ignoraran las vicisitudes del fascismo histórico en su propio país (y puedo confirmar que en España, los propios falangistas entonces ignoraban casi por completo cómo había sido la historia del partido entre 1933 y 1936 y jamás dispusieron de una “historia canónica”). Duprat realizó un esfuerzo en esa dirección: supimos así de la existencia de un partido “baasista” y panarabista extendido en varios países de Oriente Medio, nos ilustró sobre la extrema–derecha chilena que floreció durante el período de Salvador Allende y de la Unidad Popular, escribió sobre los fascismos centro–europeos y sobre la Alianza Popular Revolucionaria Americana del Ecuador…

En este sentido, debo agradecer a Duprat el que me indicara un camino a seguir: el del testimonio histórico y el del conocimiento de la trayectoria de los fascismos en muchos países. Es cierto que Duprat era rápido al escribir, no se entretenía mucho en profundizar o redondear tesis históricas y que sus libros no solían estar escritos con rigor académico y con las referencias que se exigen en los trabajos y tesis universitarias, pero sus artículos y el material que elaboró sobre el tema eran fuentes preciosísimas de información que nos abrieron a muchos la posibilidad de entender, trabajar y profundizar los temas de los que él mismo nos abrió la puerta.

Particular interés para mí tuvo su libro sobre la extrema–derecha francesa desde la postguerra hasta la fundación de Ordre Nouveau, publicado por las Editions Albatros. Por fin pude disponer de un conjunto de informaciones y datos que me indicaran en qué condiciones se había producido la depuración, cómo surgieron los primeros grupos nacionalistas en la postguerra, qué fue Jeune Nation, la OAS, Europe–Action, etc, etc, organizaciones de los que habíamos oído hablar, incluso de las que disponíamos de algunas revistas pero cuya trayectoria ignorábamos en una época en la que Internet no existía y los correos eran lentos y caros…

Duprat en la última etapa de su vida, tocó también el tema revisionista y es considerado como una de los máximos difusores de esa corriente en Francia. Posteriormente, otros tomarían el relevo y cada vez más, en un ambiente progresivamente más hostil e, incluso, peligroso, el revisionismo fue avanzando. Si hemos mencionado en último lugar esta componente, se debe a que enlaza con la última vertiente de Duprat, la “doctrinaria”. En efecto, para Duprat el “revisionismo” no tenía sólo un aspecto histórico, sino que albergaba un interés doctrinario en la medida en que suponía oponerse al sionismo, posición que no era una simple toma de posición política, sino especialmente una definición amplia de un enemigo que era a la vez geopolítico, ideológico y económico.

EL DUPRAT “DOCTRINARIO”

Valorar la obra de Duprat desde el punto de vista doctrinal es complicado, especialmente desde España. Él mismo se definía como “nacional–revolucionario”, pero en cada país esta palabra tenía una connotación diferente. En España, el “nacionalismo–revolucionario” era utilizado por la organización neo–nazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) como un eufemismo para aludir al nacional–socialismo. Así pues, en España, un nacional–revolucionario era, simplemente, un neo–nazi. En Italia, sin embargo, sectores del MSI y de la extrema–derecha activista y neo–fascista, se consideraban “nacional–revolucionarios”; frecuentemente, los nacional–revolucionarios italianos eran también “evolianos” y “tradicionalistas”. Luego estaba Jean Thiriart que había tratado de definir el “nacionalismo revolucionario” con unos términos muy diferentes y en una dimensión europea. La visión que dio Duprat de esta doctrina tenía mucho de “peronista”: era un nacionalismo de carácter social sin concesiones ni al comunismo ni al capitalismo.

El nacionalismo–revolucionario nunca fue unánime a la hora de establecer las bases de su doctrina, ni mucho menos a la hora de enunciar una estrategia viable. Eran los tiempos de la Guerra Fría, Europa estaba en el ojo del huracán, dividida y ocupada por las dos superpotencias que se disputaban la hegemonía mundial. Era frecuente que algunos nacional–revolucionarios italianos (Evola incluido) fueran “más anticomunistas” que “anticapitalistas” alegando que un régimen comunista en Europa Occidental supondría trabajar en unas condiciones políticas de persecución y clandestinidad mucho más duros de las que se daban en los años 60 y 70. Otros, por el contrario –el Thiriart posterior a la disolución de Joven Europa– tendió cada vez más había considerar a Rusia como aliada en la liberación de Europa. Ni siquiera en este punto, existió unanimidad en los medios nacional–revolucionarios.

Duprat fue quizás uno de los doctrinarios que intentaron por todos los medios encontrar equilibrio y ponderación a su “nacionalismo–revolucionario” e incluso expresarlo a través de unas propuestas estratégicas que difundió hasta su muerte. Pero había algo que no estuvo en condiciones de superar: la ambigüedad entre las distintas corrientes que se reclamaban del nacionalismo–revolucionario y lo limitado de su alternativa estratégica (que le llevó a militar, casi forzosamente, en organizaciones no específicamente nacional–revolucionarias, sino ancladas en la derecha–nacional).

Tenemos presente las tesis de Duprat expuestas en el Congreso de Ordre Nouveau que incluía un “Manifiesto Nacional Revolucionario”. Hoy las podemos calificar de “idealistas” en el sentido en que enunciaban ideas y tesis de manera rotunda pero que no iban a acompañadas de propuestas estratégicas capaces de hacerlas triunfar. Por otra parte, la lectura de las obras de Duprat no nos dejó claro algo que, al menos en España, ha costado el desgaste y la pérdida de generaciones de activistas: el reconocimiento de que en 1945 concluyó una época y los fascismos murieron de muerte violenta. Lo que debía seguir luego (lo que se llamó neo–fascismo y que se extinguió en los años 90) debía haber reconocido la derrota y reconocer que los fascismos habían entrado en la historia.

Para Duprat y para muchos de nosotros, el nacionalismo–revolucionario era, de una forma u otra, la continuación de los fascismos históricos, el sector que podía considerarse heredero de aquellas formaciones políticas de los años 20 y 30, derrotadas en 1945. Yo creo que éste fue el principal problema de esta corriente: el tener entre sus filas a muchos de los “derrotados” que se negaban a admitir la derrota y querían continuar el combate por sus ideales de juventud con honor y lealtad. Y lo hicieron.

Duprat heredó esta vocación, intentó actualizarla y redefinirla en los movimientos en los que militó, pero sin éxito, hay que reconocerlo. No existe un terreno intermedio entre el testimonialismo y el pragmatismo: o se hace testimonialismo o se hace política. El triple aspecto de Duprat en su faceta de doctrinario, político e historiador, es muestra de que intentó ambos caminos y que el intento se saldó con el fracaso.

DUPRAT Y LOS “SERVICIOS SECRETOS”

Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre el trabajo realizado por Duprat para determinados servicios secretos. Incluso se ha aportado su nombre en código: “Hudson”… He de decir que, en lo personal, todos estos rumores me han parecido malintencionados. Todo tiene su explicación. Un viejo refrán español dice “el que quiere nadar tiene que mojarse”… Todo aquel que ha recorrido el mundo, que ha intentado hacer política, que ha jugado algún papel político mayor o menor en los años 60 y 70, siempre, antes o después, ha terminado conociendo a “alguien” vinculado a los servicios de inteligencia. Eso, era lo normal…

Lo importante no es eso, sino si esa persona ha traicionado a su ambiente político, si ha causado daños al ambiente en el que militaba, si algunos de sus compañeros de partido se han visto dañados por “delaciones”. Entonces, mantener contactos con servicios de inteligencia es, obviamente, algo reprobable y que entra de lleno en la “traición”. No he oído a ningún militante francés decir que se vio perjudicado en ningún sentido por la acción o los contactos de François Duprat. Quienes lanzan esas acusaciones se califican a sí mismos.

En cuanto al misterio sobre su muerte tampoco creo que se pueda olvidar que dado lo prolífico de sus escritos y el cargo político que desempeñaba en el FN en el momento de morir, es normal que la extrema–izquierda lo viera como una puntal de la extrema–derecha y, por tanto, como objetivo preferencial de la obsesión antifascista. En los años 70, determinados ambientes trotskistas creían que la revolución estaba a la vuelta de la esquina y practicaban una “gimnasia revolucionaria”: asaltos contra la extrema–derecha, creación de grupos de carácter terrorista que golpeaban al enemigo… o a quienes ellos creían que tenía un papel político muy superior a su papel efectivo en este sector, como era el caso de Duprat.

AGRADECIMIENTO A FRANÇOIS DUPRAT

A cuarenta años de distancia de su asesinato, la imagen de Duprat se encuentra extremadamente desdibujada. Es un icono. Pero a los iconos hay que darles contenidos o, de lo contrario, aparecen como cáscaras sin vida. En lo personal, el “icono Duprat” tiene un carácter muy concreto.

Los problemas de Francia y de Europa en los años 70, no tienen prácticamente ninguna relación con los que se viven en nuestros días. En estos últimos 40 años han cambiado muchas cosas: la Guerra Fría ha terminado, el equilibrio de partidos que se daba en los años 70 y que resultaba inamovible desde 1945, está cada vez más sometido a una erosión, el nacionalismo cada vez tiene menos sentido, salvo en el marco europeo, estamos en la época de la globalización y del ultraliberalismo, los problemas económicos y de identidad tienen hoy una incidencia extrema en la vida de las poblaciones europeas, así pues, los escritos políticos que dejó Duprat en el momento de su asesinato ya no pueden alumbrar esta nueva época.

Así mismo, los temas que tocó en sus libros de historia, han sido ampliados, recuperados y sistematizados. Duprat nos marcó el camino a seguir, un camino que han recorrido muchos historiadores dentro y fuera de nuestro ambiente político. Hoy se sabe mucho más sobre la historia de los fascismos de lo que se sabía en 1977. Ahora bien, para algunos de nosotros, la figura de François Duprat siempre estará presente en tanto que fue uno de los instigadores para interesarnos en el conocimiento del pasado y de la historia de nuestro ambiente político. La deuda que tenemos contraída con él es impagable y siempre la reconoceremos.

Finalmente, podemos aludir a la actitud vital de Duprat: tratar de encontrar en cualquier momento un camino para llevar adelante las ideas. Por difícil que sea para un nacional–revolucionario actuar en un medio que no es el propio, Duprat nos enseñó cierto realismo y pragmatismo. Ser revolucionario no es repetir más veces en menos tiempo las intenciones revolucionarias, sino encontrar caminos realistas para hacer posible la revolución.

Este es el Duprat con el que me quedo y esto es lo que me enseñó en la distancia François Duprat.

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