miércoles, 28 de octubre de 2026

!Pobre Europa¡ Algunas consideraciones ante la oleada de violencia de nuestro tiempo

En mayo de 1944, Pierre Drieu La Rochelle escribía estas líneas. Ochenta y dos años después, el drama europeo prosigue acentuado. Estamos lejos de los tiempos en los que había que elegir entre USA y URSS. Esta alternativa concluyó con el final de la Guerra Fría. Hoy, la auténtica elección, la única posible, es entre CIVILIZACIÓN o BARBARIE. Y no hace falta hacerse ilusiones: el enemigo, el salvajismo, lo estamos viendo estas semanas en las calles de Europa, ya está dentro de la fortaleza sitiada desde hace décadas. Salvar a Europa hoy solamente puede hacerse aceptando con serenidad y conciencia, que solamente siendo más despiadados que el adversario, lograremos salvar la herencia acumulada que recibieron nuestros pueblos desde la Grecia clásica. Ni las leyes, ni las fuerzas de seguridad del Estado, ni las instituciones, lograrán triunfar sobre una barbarie que desprecia como “fascista” todo aquello que es Orden, Autoridad y Jerarquía. Están bien las elecciones y está bien el entregar el voto a la opción más segura contra la barbarie. Y todos sabemos cuál es. Pero no es suficiente: hace falta prepararse mental y psíquicamente para las destrucciones que vendrán. Ser conscientes de los valores de nuestra tradición milenaria y que “vencer” no es negociar con el enemigo, sino aplastarlo y arrojarlo fuera de los límites de Europa. No hay, ni puede haber término medio. Y quien se sitúe en esas posiciones “centristas” debe ser considerado tan traidor como quien haga causa común con el enemigo y le haya abierto las puertas.


El texto de Drieu y los “nuevos elementos” a considerar

Quizás este texto de Drieu La Rochelle, sirva para que algunos reflexionen sobre el sentido de la barbarie y el salvajismo que estos días prolifera en las calles de Europa.

El texto puede parecer confuso en algunos puntos y fuera de lugar en otros, pero lo esencial es retener que hoy Europa ya no está amenazada ni por los carros soviéticos, ni por la ocupación USA. Europa está invadida y el enemigo está dentro. Francia, Bélgica, Italia y España (en Barcelona, en Galicia y en el País Vasco, por el momento y mañana en todo el territorio), países de Europa Occidental que han sufrido oleadas migratorias masivas en las últimas décadas son, precisamente, países en los que ha estallado una violencia incontrolable. Esta coincidencia no es ajena a lo que ha ocurrido. Vale la pena destacar algunos puntos:

1) Contrariamente a lo que plantean algunos “analistas de seguridad”, la “violencia revolucionaria” no ha sido la característica de la presente oleada de violencia, entre otras cosas porque ya no existen grupos revolucionarios organizados. Existen “grupos antisistema” que unen un deseo de “aventura” propia del final de la adolescencia y salen a la calle con cualquier excusa. Es un tipo de violencia que puede ser considerada como “rito de tránsito” de la adolescencia a la juventud

2) Luego está la “violencia reactiva” que aprovecha convocatorias sobre no importa qué cuestión: siempre hay alguna minoría dispuesta a aprovecharla para el ejercicio de su “gimnasia” favorita. Lo mismo vale una “huelga general” (como veremos el próximo día 11 de noviembre gracias a la irresponsabilidad de los sindicatos y del gobierno socialista), un proceso independentista, una reivindicación sobre la vivienda, un mitin de cualquier partido. No importa el motivo, lo que importa es salir a la calle a desfogarse arrojando piedras. Para practicar esta violencia reactiva, solamente hace falta una excusa.

3) El salvajismo que se percibe hoy en las manifestaciones que están teniendo lugar en Europa Occidental (incluso en España), es un elemento nuevo e inédito. No hace falta ser un sociólogo experto para advertir a través de las imágenes que los rostros de los saqueadores es casi siempre el mismo: africanos, magrebíes o subsaharianos… con DNI español la mayoría, pero el ADN es como “el pelo de la dehesa”, sale a flote antes o después. Lo que hacen es hacerse con el botín que son incapaces de ganar con sus salarios. Es el precio a carecer de interés por la formación profesional, haber abandonado los estudios en primaria y dedicarse al trapicheo o al cobro de paguitas como solución vital.

Con Drieu, debemos decir: “¡Pobre Europa!”.

No albergamos la menor duda de que no existe una “inteligencia” que guíe todas estas revueltas y si alguien quisiera ejercer el control, pronto se vería superado: lo que existe es un ADN que lleva implícito el odio hacia Europa, hacia los europeos, propio de aquellos que creían que aquí ataban los perros con longaniza y que solo con llegar, tendrían coches de alta gama, relojes de lujo, zapatillas de marca y que los europeos trabajaríamos para ellos, unos porque “se lo merecían” como pago al colonialismo, otros porque su dios del desierto es el único verdadero y a él se pliegan las naciones, sino voluntariamente, que sea por la yihad…

Pero nosotros, europeos del siglo XXI, no somos culpables del colonialismo y, por otra parte, si bien es cierto que hubo explotación colonial, también es cierto que, a cambio, se enseñó a estos pueblos lo que era el siglo XX. Sin olvidar que la descolonización supuso una masacre de colonos europeos (no de “colonialistas”), masacre que todavía continúa en Sudáfrica.

Por regla general, el africano, tanto el subsahariano como el magrebí, parecen ignorar que solamente la preparación profesional, esto es, la educación, permite coger el “ascensor social”. En toda Europa Occidental los niveles elevadísimos de fracaso escolar de los adolescentes africanos, y el pensar que jugando a fútbol como Yamal o como Mbapé o trapicheando, lograrán ganarse la vida, es el pasaporte para vivir de una “paguita”, llámese “Salario Mínimo de Inserción” y el “Ingreso Mínimo Vital” que dan para vivir sin trabajar, pero no para permitirse ningún lujo. De ahí el odio social y el salvajismo que destilan las protestas de estos días. Se les ha enseñado a recibir sin dar nada a cambio: y, como es lógico, piden más: Piden poder igualar los niveles de consumo más elevados, o, de lo contrario, creen que su miseria se debe a discriminación, xenofobia y racismo.


Del “socialismo” de izquierdas a la “justicia social”

Drieu habla de “socialismo”: en realidad, hoy, el término equivalente es el de “justicia social”, unión de derechos y deberes del ser humano con la sociedad. Ésta le da algo y a cambio, el receptor entrega su esfuerzo a la comunidad. El “socialismo” de hoy consiste en dar algo a cambio de nada; el socialismo del que habla Drieu es que la sociedad da a cambio de un esfuerzo en beneficio de la comunidad. La peor pedagogía es la practicada por las ONGs, repartir migajas gratis, en una “justicia distributiva” en la que “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte”. Quien dice “ayuda humanitaria”, en la inmensa mayoría de los casos, debería decir con mayor propiedad “estafa humanitaria”. Las aportaciones de dinero público que reciben las ONGs, son destinadas, en primer lugar y sobre todo, a repartirse entre sus propios “funcionarios”. Lo que queda, se reparte entre publicidad (de tanto en tanto, algún incauto, envía alguna aportación) y una mínima parte de lo recibido, se emplea en la tarea “humanitaria” para la que ha sido creada la ONG.

De hecho, cuando el PSOE y sus aliadas hayan desalojado los ministerios, será el momento en el que habrá que “levantar las alfombras” y someter a todas las ONGs a inspecciones sobre el destino de los fondos recibidos. Es algo que está incluido en la ley que regula la actividad de las ONGs… pero que nunca se aplica.  

Y las ONGs, desde el momento, en el que un ilegal pone pie en España, empiezan a entregarle todo lo necesario para que su estándar de vida sea “europeo”: zapatillas y ropa de marca, teléfono móvil. Luego, el Estado se encarga del resto, introduciéndolo, sin nada a cambio, por supuesto, en el uso y disfrute de los “servicios públicos”: no es de extrañar que, tanto la educación como la sanidad estén literalmente desahuciados en Europa y, particularmente, en España: jóvenes que no valores lo que se les ofrece en las aulas y que se convierten desde el primer día en un lastre para la buena marcha del curso; gentes que han entrado sin que se les hiciera un examen médico previo, que están cada día más presentes en los hospitales, cuando deberían ser atendidos en su países de origen, independientes y soberanos…

Negar el derecho a la “sanidad universal” no es una muestra de egoísmo y falta de solidaridad con los enfermos, es el reconocimiento lógico y natural de que España no puede ser el hospital de toda África, entre otras cosas, porque los africanos quisieron ser independientes, tienen sus Estados y sus sistemas sanitarios. Si no funcionan, es un problema de estos mismos Estados, de sus gobiernos y de sus ciudadanos, no de Europa. En el Titanic se salvaron 712 personas en los botes salvavidas… 1.512 perdieron la vida. Lo más seguro es que, de haberse intentado subir todos los pasajeros y tripulantes a los botes, nadie se hubiera salvado. Pues bien, esto mismo es lo que pasa con la sanidad pública. Ni está concebida para prestar un “servicio universal”, ni puede pensarse en que lo esté.


¡Pobre Europa! Víctima de las “élites europeas”… 

Y los rectores de Europa desde 1945, les han ido abriendo las puertas y otorgándoles más y más derechos. Sin límite, sin control, sin ninguna exigencia previa. Y ahora nos aproximamos ya al final del ciclo: cuando, la deuda pública resulta impagable, cuando ya no se puede exprimir más al contribuyente europeo, cuando Europa Occidental se está convirtiendo en un estercolero, rodeado de campamentos improvisados de gentes que deberían estar en sus países de origen y no vegetando en Europa, esperando el día 25 para cobrar la “paguita”. Y, si se da la oportunidad de movilizarse para saquear una calle comercial, mejor que mejor.

Ningún analista duda de que la absurda, inoportuna, fantasmal y chiripitifláutica convocatoria de "huelga general" por parte de los comegambas que están al frente de sindicatos parasitarios, será la gran ocasión para extender la violencia a todo el territorio nacional. Si Pedro Sánchez piensa que la población hará lo que en otras ocasiones, ponerse bajo el paraguas protector del Estado y votar por el partido que ha detentado las riendas en los últimos nueva años, se equivoca. 

Hay que votar masivamente en las próximas elecciones generales y hay que votar considerando las necesidades de nuestro tiempo: restablecer la autoridad y el prestigio del Estado y expulsar a la escoria socialista y a sus muñidores, de los puestos de responsabilidad y de las instituciones. no basta con que la sigla PSOE sea derrotada: lo que hay que derrotar para siempre es el "sanchismo" y que renazca, bajo esa sigla o bajo cualquier otra "progresista y de izquierdas". Y para ello es preciso:

1. Que el PSOE quedé por debajo de los 100 diputados.

2. Que la derecha controle el 80% del senado.

3. Que la izquierda radical y el independentismo queden reducidos a la mínima expresión.

4. Que el gobierno de coalición que surja, sea un gobierno fuerte y aplique políticas decididas y radicales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

5. Que el gobierno que surja levante las alfombras y proceda a una auditoria general en los ministerios y quede claro el destino que en estos últimos nueve años ha tenido hasta el último céntimo de dinero público. 

Y para ello es preciso entregar el voto al único partido que hasta ahora está limpio de acusaciones de corrupción y que existe la seguridad que se esforzará en convertir su programa en política de Estado. Hoy por hoy, Vox supone el voto más seguro contra la inmigración masiva, contra la corrupción, contra el despilfarro del dinero público y contra las políticas suicidas de la UE.

Quien esto escribe, ni es miembro de Vox, ni aspira a serlo. Nos limitamos a ser observadores imparciales y es, precisamente, esa imparcialidad la que nos obliga automáticamente, tras detectar la naturaleza de los problemas y los distintos programas políticos, 

Pero, si creemos que, con votar una vez cada cuatro años, ya hemos cumplido, nos equivocaríamos. La situación del país es tal que, además del voto, hace falta una movilización nacional y una presión desde la calle para que el gobierno que sustituya al sanchismo, se decida a adoptar las medidas radicales (en el sentido de que tiendan a extirpar las raíces del os problemas) necesarias en estos momentos y que son condiciones sine qua non, para una reconstrucción nacional.

Los “años decisivos” han llegado: ¡estemos al altura del legado recibido!

Nos acercamos a tiempos decisivos. Lo más triste es que, va a ser inevitable que paguen justos por pecadores, pero hace alta LIMPIAR EUROPA y para ello, hace falta:

1. Tomar conciencia del problema. No todos los europeos son conscientes de lo que está pasando. Muchos creen que con “la educación” se alcanzaría la “igualdad” entre autóctonos y “nuevos europeos”. En realidad, ocurre justo lo contrario: los jóvenes inmigrantes desconsideran la educación y la formación profesional y sus compañeros de clase menos dotados, hacen causa común con ellos. Así que no: la “educación” no es la solución, porque la educación está quebrada en Europa Occidental (y no digamos en España).

2. Tomar conciencia de que solamente soluciones radicales y definitivas, sin medias tintas, ni contemplaciones, son las que pueden solucionar los problemas. Los “grandes valores democráticos” (libertad, igualdad, fraternidad) no son los que necesita esta lucha final, sino: Orden, Autoridad, Jerarquía. Y no hay punto medio. Restablecer el Orden, el principio de Autoridad y la Jerarquía, es algo que no admite “centrismos”, ni “diálogos”: o se acepta, o se rechaza. Si se acepta, se está del lado de Europa, si se rechaza, se está del lado de África y del desierto.

3. Quien crea que “defender la democracia” es el eslogan del momento parece olvidar que la barbarie ha llegado con la democracia, se ha expandido con la democracia, ha encontrado su abono en la democracia y ofrece con la democracia. Si queremos seguir defiendo una “democracia europea”, hace falta un alto en el camino, un electroshock breve, pero contundente, que permita partir de una nueva normalidad. Eso, o de lo contrario, dentro de las democracias seguirá creciendo el salvajismo.


4. El problema no es “qué hacemos con las bolsas de inmigración”, sino lo que implicaría expulsar progresivamente estas bolsas del territorio europeo. Y sobre este tema, vale la pena hacer algunas reflexiones:

- La inmigración llegó sin que nadie la llamara: sólo las élites políticas que creían en la “globalización” recurrieron al “ejército de reserva del capital” para abaratar los costes en el tramo final de la Tercera Revolución Industrial. Para sostener el crecimiento económico y los buenos negocios era necesario contar con mano de obra barata: y esa se reclutaba en el Tercer Mundo.

- Pero, esta idea, propia de los años 90 y ya resulta indefendible: lo propio de la Cuarta Revolución Industrial es la irrupción de nuevas tecnologías (ingeniería genética, criogenia, computación cuántica, robótica, inteligencia artificial, etc.) que, en síntesis, no precisan aluvión de inmigrantes, sino personal técnico cualificado.

- La ley de hierro de esta revolución industrial (la única “revolución” posible en nuestro tiempo) es: “hacer más con menos mano de obra”… por tanto, incluso en los trabajos agrícolas, la inmigración (y su descendencia) son completamente innecesarios… a menos que se trate de científicos, técnicos y expertos, no de aspirantes a una paguita, la condición de nin-nis, o a emular a Yamal o a Zidane…

- Dentro de poco tendremos una serie de servicios que se realizarán sin participación humana y que cada día se están implementando más y más: paquetería servida a través de drones y vehículos autónomos que, además, sustituirán a los taxis y a las empresas tipo Cabify, centros de logística sin empleados servidos por robots, bares y restaurantes sin camareros, empresas de seguridad que parecerán inspiradas en Robocop y que solamente contratarán a drones y robots de vigilancia, equipos agrícolas que controlarán todo el proceso de producción con un mínimo de empleados, robots domésticos de alquiler que sustituirán a las limpiadoras de hogar y a las trabajadoras de hoteles, reponedores de supers robóticos, entre 10 y 15 años más ni siquiera harán falta actores porno ni prostitutas, la IA y la robótica ejercerán como “trabajadores del sexo”…

- En este contexto, ¿qué necesidad tenemos de inmigrantes que llegan sin formación profesional, que lastran los servicios sociales y, en especial, la educación y que, en su inmensa mayoría, carecen incluso de interés por aprender oficios que en el futuro pueden tener alguna garantía de servirles para ganarse la vida?

- No importa que la población de Europa disminuya. Cada vez “menos, harán más”. Lo único que importa es que al frente estén políticos y administradores responsables, en lugar de cleptómanos o de pobres aprovechados deseosos de vivir a la sombra del dinero público. La mejor política económica es una política de austeridad y rigor en el gasto público y de realismo: disminuir la deuda, rebajar impuestos, achicar las dimensiones del Estado, liquidar los focos de gastos faraónicos, especialmente en ayuntamientos y autonomías, liquidar diputaciones provinciales y todos aquellos organismos y ministerios que no sean necesarios: y en cuanto a las ONGs, el que quiera vivir de ellas, que busque dinero en la empresa privada.

- Especialmente, es importante, abordar el proceso de REMIGRACIÓN. La inmigración ha sido un cáncer que ha generado la proliferación vermicular de patologías económicas y sociales: si ha subido el precio de la vivienda es, precisamente, porque, en pocos años han llegado 10 millones de inmigrantes que han superado la capacidad de construcción de vivienda pública, han encarecido su precio (al haber mucha demanda, tanto de compra como de alquiler) y han generado fenómenos tan perversos como alquileres y compra de pisos a precios desmesurados, la okupación ilegal como alternativa y procesos de gentrificación en las grandes ciudades.

- Hace falta que retornen a sus países de origen todos aquellos inmigrantes improductivos que, hoy están mantenidos a costa del Estado, de las Comunidades autónomas y de los Ayuntamientos. Eso, inmediatamente, supondrá una bajada en el precio del alquiler (lo que, unido a otras medidas, penalización de la okupación, desincentivación fiscal del alquiler de pisos turísticos, autorización para que los bajos de las viviendas -hasta ahora destinados a comercios- puedan venderse como pisos habitables) y en el de la compra.

- La salida de entre 5 y 7 millones de inmigrantes a sus países de origen, es lo que permitirá disminuir los gastos del Estado en servicios de seguridad, prisiones, juzgados, ayudas públicas, pagos a terceros países, subsidios y subvenciones a ONGs. Eso permitirá rebajar impuestos, mientras se reduce la deuda hasta liquidar cualquier déficit en las cuentas públicas. Es la única garantía de que, a la vuelta de 10 años, el Estado pueda disponer de un fondo suficiente para sufragar el gasto en pensiones.

- Finalmente, una política de REMIGRACIÓN, hace necesaria otra, paralela, de estímulos fiscales y ayudas a la paternidad entre autóctonos. Si esta política se hubiera iniciado hace 30 años, cuando en 1996, Aznar empezó a abrir las puertas a la inmigración masiva, hoy tendríamos a una generación de “jóvenes suficientemente preparados” de treinta años de edad. Y esa es la única garantía de futuro para España y para Europa Occidental.


La “Pobre Europa” de nuestro tiempo, debe convertirse en la “Gran Europa”, libre y fuerte, que recupere su lugar en el mundo del siglo XXI, y a la que solamente pueda llegarse mediante una reforma en profundidad de la Unión Europea, una especie de “refundación” en base a las enseñanzas aprendidas desde la conferencia de Maastrich de 1991 y desde el olvido de la Constitución Europea de 2005.

Ahora, damos paso a Drieu La Rochelle en un texto que, creemos, nunca antes había sido traducido al español.