Mostrando entradas con la etiqueta fascismo español. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fascismo español. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de febrero de 2022

La Falange “de izquierdas” o los delirios del ocaso (1 de 8) - INTRODUCCIÓN

 

En la formación de la “falange de izquierdas” existen tres tiempos perfectamente diferenciados.

El primero es el período 1937–1956, esto es, el situado entre el Decreto de Unificación y los acuerdos de cooperación suscritos por Franco con los EEUU. En esa fase, el factor diferencial de unos falangistas (que todavía ni se llamaban, ni se consideraban “de izquierdas) con otras fuerzas del régimen (“derecha radical” alfonsina y carlista y “derecha conservadora” procedentes de la CEDA–JAP) era la actitud en relación a dos factores: el capitalismo y la monarquía. Los falangistas disidentes de la época, aspiraban a una “revolución nacional”, similar a la que había tenido lugar en Alemania e Italia, actitud que encontraba resistencias en otras componentes del régimen.

Existieron dos tendencias: los que actuaban desde “dentro” del Movimiento Nacional de FET y JONS y los que lo hacían desde fuera. En ambos casos y, aun alegando, que su “revolución nacional” era “española”, tenían a identificare con los fascismos. Cuando estos desaparecieron, se abstuvieron de realizar críticas a las potencias y a los regímenes vencidos y siguieron con su proyecto de “revolución nacional”. Entre los que actuaban en el interior del régimen figuran los nombres de Ridruejo, Laín Entralgo, Antonio Tovar y el grupo de intelectuales que habían figurado hasta 1942 en el entorno de Serrano Suñer. Fuera del régimen, aparecen unas siglas anecdóticas de las que se sabe poco: Ofensiva de Recobro Nacional Sindicalista, Falange Española Auténtica, etc.

En una segunda fase que abarca desde 1960 a 1973, la izquierda empieza a dominar entre la juventud estudiantil. El recuerdo de los regímenes “fascistas” de los que Falange era la versión española, ha quedado muy atrás. Las nuevas generaciones han crecido de espaldas a los fascismos y todo lo que saben de ellos es simplemente hostil o muy hostil. En ese momento, ya se empieza a utilizar el término “falange de izquierdas”, no tanto por los propios falangistas como por la oposición democrática que los califica así. También existe una disidencia intramuros del franquismo que da lugar a posiciones de lo que podría reconocerse como una “izquierda del régimen”, mientras que extramuros del mismo aparecen distintas tonalidades de izquierda “azul”, incluso variaciones altamente radicalizadas: dentro del régimen, Cantarero del Castillo y el diario SP; fuera: el FSR, el FNAL, y el FES relativamente que jamás aceptó la catalogación como grupo "de izquierdas".

La tercera fase abarca el período que media entre 1973 y 1979, es decir, entre la formación de los primeros núcleos que luego darán vida a la Falange Española de las JONS (Auténtica) y su desintegración. En cuanto a los núcleos moderados que hasta ese momento actuaban en el interior del régimen, prácticamente tienden a difuminarse a medida que este período va avanzando. Cuando se producen las primeras elecciones democráticas, en junio de 1977, los moderados desaparecen definitivamente y los radicales sufren el primer batacazo electoral que constituirá para ellos el punto de inflexión que los pulverizará completamente dos años después. Por nombres y siglas: Reforma Social Española entre los surgidos del interior del régimen y FE–JONS(A) surgida fuera del mismo.

Todos los grupos citados hasta aquí eran completamente diferentes entre sí: no sólo tenían distintas sensibilidades, sino que ni siquiera eran convergentes. Podemos establecer tres variedades, aun a riesgo de penetrar en un terreno extremadamente confuso y en el que, prácticamente, cada miembro de estos grupos, aportaba un matiz distinto: 1) los “socialistas–sindicalistas”, 2) los “sindicalistas autogestionarios” y 3) los “hedillistas”:

Los socialistas–sindicalistas (Cantarero) aspiraban a constituir la “izquierda del régimen”. Sostenían que los ideales sociales del nacional–sindicalismo y del socialismo eran los mismos, a pesar de partir de distintas perspectivas. Su posición puede sintetizarse así: en la medida en que Falange había sido una de las fuerzas que habían dado origen al régimen, de lo que se trataba era de “perfeccionarlo”, actuando dentro de la más estricta legalidad y a través de los cauces representativos que existían: aparato sindical, estatuto de asociaciones políticas, “tercio familiar” en las Cortes franquistas, etc.

Los sindicalistas autogestionarios, por su parte, surgieron de la necesidad de “profundizar” ideológicamente en la parte social de la doctrina joseantoniana. Expurgando las Obras Completas del fundador, habían advertido lo poco que se había concretado en este terreno y, aprovechando una serie de ideas generales allí contenidas, intentaron completarlas con experiencias que en ese mismo momento estaban teniendo lugar en Yugoslavia, Argelia y durante la Primavera de Praga). De ahí surgió una tendencia que miraba con interés cualquier experiencia realizada en el Tercer Mundo que intentara reorganizar la producción en un sentido social.

No hay que confundir esta tendencia con el “hedillismo”, o lo que entonces recibió este nombre y se identificó con la sigla FE–JONS(A) a la que se aludía erróneamente como “los hedillistas”. Tendremos ocasión de insistir en las ideas de Hedilla. En cualquier, caso, su rentré política no se hizo desde el “falangismo”, sino desde una posición política nueva, si bien, los que rodeaban a Hedilla creían que iba a reivindicar el espíritu de la Falange antifranquista.

Esto nos lleva a dos actitudes fundamentales en relación a la “izquierda falangista”: la de aquellos que asumieron posiciones de izquierda manteniendo su identidad falangista –por ejemplo, FE–JONS(A) que, en todo momento, y paradójicamente, seguía ostentando los signos que hacían de este partido un hermano español de las formaciones fascistas de los años 30 (uniformidad, organización, cánticos, estilo)– y aquellos otros que, desde el principio, negaban esa identidad, convencidos de que el nombre de Falange había quedado indisolublemente ligado al franquismo y que era necesario partir de otra sigla y de otra estética para poder realizar una tarea política de futuro. Entre los primeros podemos situar a FE–JONS(A), y uno de sus precedentes, el FENS; en la otra al FSR, al FNAL y al entorno de Cantarero del Castillo. También aquí es preciso advertir que, en su interior, todos estos grupos no eran homogéneos y tenían distintas sensibilidad y actitudes: desde los que sinceramente creían que era preciso introducir correcciones a la Falange histórica y que, por tanto, no valía la pena utilizar esa referencia y aquellos otros para los que la nueva sigla era una mera cobertura para enmascarar lo que realmente eran. Actitudes de este tipo hacen extraordinariamente difícil el seguimiento de todos estos grupos: los mismos personajes que participaban en estas actividades, iban cambiando de criterio con el paso del tiempo y no siempre en la misma dirección.

Cabe hablar de “tránsitos”. En efecto, para la inmensa mayoría de quienes participaron en todas estas iniciativas, la ubicación política en la “falange de izquierdas” no fue un punto de partida. Todos tenían una historia previa, esto es, un punto de partida a partir del cual fueron evolucionando, directamente o a través de etapas intermedias. Así mismo, para muchos, alcanzar ese punto no significaba llegar a un punto final, sino tan solo a una nueva etapa en una migración política que terminaría mucho más lejos. Todo esto marca distintos itinerarios personales mucho más que orgánicos. No podemos hablar, en efecto, de itinerarios colectivos debido a la escasa coherencia interior de estos grupos y a las distintas opiniones que sostenían sus miembros que, por otra parte, siempre fueron unos pocos centenares. Hemos identificado cinco de estos itinerarios:

1) Del “fascismo revolucionario” a la “oposición democrática”.– Es el camino seguido por los Ridruejo, Tovar, Laín, etc. Partieron de la voluntad de emular la revuelta de las juventudes europeas lideradas por los fascismos y tratar de materializar esta posición en el interior del régimen franquista, no habituarse a la convivencia con sectores monárquicos y reaccionarios y, finalmente, para terminar, dejando atrás el impulso inicial y asumir los valores democráticos y parlamentarios.


2)  De la burocracia del Movimiento franquista a la derecha liberal.– El punto de partida de este itinerario no era la Falange histórica (partido al que quienes lo siguieron no habían podido pertenecer por cuestiones de edad; fue, un itinerario habitual para algunos “falangistas de segunda generación”) sino el inicio de una carrera en el interior de la burocracia franquista, bien en el Frente de Juventudes o en el SEU de la postguerra. La actitud de los que realizaron este tránsito indica una voluntad “adaptacionista” y el reconocimiento de que había que modificar algunos de los postulados de la Falange histórica. Su objetivo era constituir una especie de “izquierda” del régimen franquista, pero cuando éste descarriló al morir Franco, se produjo una reorientación; el tránsito terminó en la etapa final: la derecha liberal. Fue el recorrido seguido por Cantarero del Castillo y su RSE.

3)  De las organizaciones juveniles franquistas al sindicalismo libertario.– Fue el recorrido realizado por algunos falangistas de “tercera generación”: iniciaron su andadura en la Organización Juvenil Española en donde recibieron una formación nacional–sindicalista. Cuando la quisieron ampliar –se trataba de jóvenes universitarios– fue frecuente que advirtieran problemas de inadecuación y espacios vacíos. Trataron de completarlos en función de las modas radicales de la época: renunciaron a cualquier forma de “nacionalismo” y les interesó solamente la parte “sindicalista”. Los que persistieron en este camino terminaron en lo que parecía su destino lógico: dejaron atrás el nacional–sindicalismo y pasaron al anarcosindicalismo que intentó reconstruirse en la transición. Fueron las gentes del FSR y de la ARS (Acción Revolucionaria Sindicalista).

4)  De la búsqueda de la ortodoxia a la desmovilización pasando por el activismo compulsivo.– Protagonizado por falangistas de “segunda y tercera generación” fue uno de los tránsitos clásicos: habitualmente, quienes lo siguieron formaban parte de alguna organización del Movimiento (OJE, Frente de Juventudes, Guardia de Franco, Falanges Juveniles). En un momento dado experimentaron cierto rechazo hacia el aparato franquismo y se embarcaron en iniciativas disidentes. Todas estas iniciativas –FE–JONS(A), especialmente– carecían de estrategia y la suplían con un activismo compulsivo. Esto hacía necesariamente que estuvieran poco tiempo en activo (“la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo”). Cuando el cansancio hizo mella –al conocerse la pobreza de un resultado electoral o como resultado de interminables tensiones internas– simplemente abandonaban la lucha política para no volver jamás.




5)  El itinerario cíclico.– Se trata de trayectorias en las cuales las etapas que van quedando atrás son nuevamente recorridas al cabo de unos años y casi en los mismos términos. El paso del tiempo hace que estos ciclos no se recorran ni a la misma velocidad, ni tengan el mismo seguimiento. Siempre, en estos casos, se deben a falta de autocrítica sobre las experiencias pasadas (lo que permitiría ver las causas objetivas de un fracaso) y a creer que han fallado por causas subjetivas o voluntaristas. La imagen geométrica no es el círculo sino la espiral centrípeta, en la que cada vuelta indica un repliegue sobre sí misma. Es habitual entre falangistas de “cuarta generación” y responde más a una actitud psicológica que a una reflexión política (que cuando existe es superficial y limitada): el ejemplo algunos miembros de FE–JONS(A) que años después de haber concluido esta experiencia (a la que dedicaron energías y los mejores años de su vida) vuelven a intentarlo otra vez, sin terminar nunca de reconocer el fracaso.

Si tales son los itinerarios, quedaría ahora por intentar establecer algunos rasgos comunes a todas estas actitudes. Un intento de esta naturaleza se enfrenta a la multiplicidad de estas corrientes. En realidad, globalmente consideradas, solamente podemos encontrar unas pocas características comunes:

 El reconocimiento implícito de que era necesario completar el nacional-sindicalismo con aportaciones exteriores a su doctrina pero que se consideraba que podían cubrir los agujeros que el paso del tiempo había ido dejando.

  Tendencia a priorizar el aspecto “sindical” sobre el aspecto “nacional” de la síntesis nacional-sindicalista, lo que implicaba un máximo interés en “lo social”; recuérdese la consigna “Menos patria y más justicia” difundida por FE-JONS(A).

 Intento de integrar experiencias sindicalistas surgidas fuera del nacional-sindicalismo pero que no consideraban en contradicción con él (todo lo relativo a la autogestión de moda en los 60 y en la primera mitad de los 70).

  Complejo de inferioridad ante la construcción marxista (entonces en su máximo esplendor) y ante la simplicidad efectiva de la doctrina anarquista (enunciada en forma de consignas).

 Complejo de inferioridad al carecer de base social en el medio obrero. Buscaban a la clase obrera porque creían que la presencia de este grupo social era lo que aportada una entidad “de izquierdas”.

 Falta de comprensión estratégica que les llevó al ejercicio de un mero tacticismo. Ninguna de las tendencias falangistas (de izquierdas, disidentes del movimiento o integradas en éste) fue capaz de elaborar una estrategia política autónoma, problema que se remonta a las fuentes del nacional-sindicalismo. El mismo José Antonio, solamente en un momento avanzado de su andadura política (en agosto de 1935) estuvo en condiciones de elaborar una estrategia (una estrategia que era golpista).


 

A estas características comunes (que se manifestaban con diferente intensidad en cada una de las fracciones y personajes) se unen otras específicas, presentes en unos y ausentes en otros:

 La obsesión antimonárquica no estaba presente, por ejemplo, en la tendencia encabezada por Cantarero del Castillo que omitía pronunciarse sobre la cuestión, dando por sentado que en su aceptación de la “legalidad vigente” emanada de la Ley Orgánica del Estado de 1967, aceptaba al franquismo como un estado de regencia hasta que se produjera la instauración de la monarquía en la persona del entonces Príncipe Juan Carlos. Sin embargo, el antimonarquismo fue un rasgo habitual entre los grupos “disidentes” del Movimiento: FES, Círculos Doctrinales José Antonio y los grupos que dieron vida a FE-JONS(A).

  Necesidad de escapar a la sensación de aislamiento. La inferioridad numérica en la que se encontraban los grupos falangistas especialmente en la universidad ante los grupos de izquierda o extrema-izquierda, su carencia casi absoluta de base obrera, y la incomprensión creciente en la que desarrollaban su acción, les daban una sensación de aislamiento que aspiraban a suplir adoptando algunos rasgos externos y consignas de estos grupos de extrema–izquierda en un desesperado intento de evitar su aislamiento. Esta actitud fue muy clara tanto en el FSR como en la ARS como prueba el hecho de que finalmente terminaran integrándose unos en el Partido Sindicalista y otros en la CNT.

— Revolucionarismo: esto es, utilización constante de una fraseología ultrarrevolucionaria con el intento de superar a la izquierda en ese terreno, es decir, ser más “revolucionarios que la izquierda más revolucionaria”. Creían con este subterfugio poder hacer olvidar los vínculos de la Falange con el régimen franquista. De la misma forma que la Falange histórica intentó adaptar el fenómeno mundial de los fascismos, lo que podemos llamar la “extrema–izquierda” falangista trató de asimilar su doctrina a la “nueva izquierda” que estuvo en boga a partir de mayo de 1968. Los elementos propiamente fascistas de la doctrina originaria fueron sustituidos por elementos extraídos de la ultraizquierda.


 


 

 

 


[Escrito 10 años después: sobre la "izquierda nacional"]


sábado, 30 de enero de 2021

La concepción estratégica de Ramiro Ledesma (3 DE 8) - Las etapas en la evolución estratégica de Ledesma

 

En el pensamiento estratégico de Ramiro Ledesma pueden identificarse cinco fases sucesivas en el curso de las cuales va afinando su idea de cómo debe desarrollarse la acción política. En ese tiempo (otoño de 1930) Ledesma ya ha superado su limitación inicial, la de teórico y doctrinario. Ha aceptado, seguramente tras haber cotejado la experiencia del fascismo italiano, el pensamiento de Mussolini y las conversaciones con Giménez Caballero, que Ledesma sabe ya que en el fascismo el pensamiento sin acción no tiene sentido. El fascismo no es una mera reflexión teórica sobre la modernidad, ni una forma de analizar el pasado o proyectar el futuro, el fascismo es, según Mussolini “pensamiento y acción” (1). La acción política, para ser efectiva precisa modularse mediante la elección de una estrategia.

Ledesma entre 1930 y 1936 va cambiando de estrategia a medida que debe desarrollar su actividad política sobre un panorama siempre cambiante. Distinguimos lo que podríamos llamar cinco “períodos” en estos seis años:

1930-31: “etapa nuclear”, formación del equipo revolucionario en torno a la redacción de La Conquista del Estado. .

1931-32: “etapa de construcción del partido”, formación de las JONS y fusión con el grupo de Valladolid.

1934-35: “etapa unitaria”, fusión con Falange Española.

1935: “segunda etapa de construcción del partido”, tras la ruptura con Falange Española.

1936: “segunda etapa unitaria”, distensión con Falange.

En la primera etapa en la que en la España de 1930 apenas existía otra cosa remotamente similar al fascismo que el Partido Nacionalista Español (2), una especie de sincretismo entre el nacionalismo conservador y católico, y las formas más anticomunistas del fascismo italiano. No era raro que este grupo no satisficiera los “criterios de calidad” de Ledesma. Por lo tanto, se trataba, no tanto de “construir el partido” como de constituir un equipo revolucionario.

Podríamos haber creado un “denominador común” a las cuatro fases siguientes que, en realidad, son una sola, la de “construcción del partido”, pero en este período dilatado que iría desde los últimos números de La Conquista del Estado hasta el estallido de la guerra civil, es demasiado diverso y rico en episodios e incidentes como para que pueda ser considerado como una sola forma estratégica. De hecho, Ledesma si bien mantiene que es preciso disponer de un “partido revolucionario”, en ocasiones se siente tentado por la vía insurreccional. Acto seguido, como veremos, su rigor (3) intelectual se impone y retorna a la ley de hierro de los partidos radicales (aquellos a los que Malaparte llama “los catilinarios”): “No hay revolución sin doctrina revolucionaria”, “No hay revolución sin partido revolucionario”. Y de eso es de lo que trata de 1931 en adelante: de disponer de lo uno (la doctrina) y de lo otro (el partido).

Inicialmente cree da a ambos el nombre de JONS, a la revista doctrinal en la que se deben de elaborar las ideas y a la formación política que las encarnará. ¿No había escrito Mussolini que el fascismo es “pensamiento y acción”? así pues, él, Ramiro Ledesma construye paralelamente lo uno y lo otro.

Luego la realidad se impone. Las JONS carecen de medios y ya es la segunda vez que Ledesma experimenta dramáticamente el no disponer de recursos suficientes. Ha entendido tanto en la experiencia de La Conquista del Estado como en el período de las JONS independientes y revolucionarias, que hace falta “carburante” para la lucha política. Lo tienen sus “amigos vascos”; es cierto que son de derechas e incluso monárquicos alfonsinos, pero de algún lugar tienen que salir los fondos y no hace ascos a las donaciones limitadas que le ofrecen desde 1930 hasta su penúltima iniciativa periodística tras la ruptura con Falange Española.

En un momento dado, Ledesma percibe que se ha formado otro partido fascista, Falange Española y que su crecimiento quedará estancado por la nueva formación que dispone de más recursos que él. Es cierto que el Marqués de Estella le parece más un último representante de la dictadura primorriverista que el primer revolucionario que precisa el nacional-sindicalismo, pero confían en que su superioridad intelectual le permita tener cierta libertad de movimientos en el nuevo partido que concibe como el “gran partido fascista”.

Las cosas se tuercen y Ledesma empieza a dudar que Falange Española pueda llegar a buen puerto. Comete el error de conspirar contra Primo de Rivera e intentar la escisión, pensando que sus antiguos camaradas de las JONS están ocupando puestos destacados, especialmente entre la juventud universitaria y que la mayor y la mejor parte de Falange (el grupo de Valladolid, los sindicatos y los estudiantes) se irá con él. Es un error de cálculo, un fallo garrafal que le dejará huérfano de estrategia durante unos meses.

Tras la salida de Falange, el semanario La Patria Libre comienza a atacar a la formación falangista. Se producen incluso incidentes en la calle entre jonsistas y falangistas. La tensión dura unos meses hasta que, finalmente, se impone la realidad: en la escisión, Ledesma ha perdido la partida y de lo que se trata ahora es de reconstruir una estrategia. Se dedica entonces a la elaboración teórica alcanzando su máxima brillantez en el Discurso a las Juventudes de España. Unos meses después regresa a la lucha. Es su última etapa.

La situación política se ha radicalizado en extremo. El país vive en la antesala de la guerra civil. Falange ha logrado superar sus problemas interiores y a partir de febrero de 1934, incluso en la clandestinidad lograr ir royendo las filas de las JAP. En cuanto a Renovación Española pasa de “fascistizada” a “crecientemente fascista” hasta que se produce el trauma del asesinato de Calvo Sotelo, entonces ya no queda más vía que la lucha armada. Pero unos meses antes de adquirir esta convicción, Ledesma ha reconstruido sus relaciones personales con Falange y en especial con Primo de Rivera. Todo induce a pensar que si no se hubiera producido el estallido de la guerra civil, Ledesma y Primo de Rivera se hubieran encontrado de nuevo en el mismo partido. En esa última etapa Ledesma reúne algunos medios para publicar su nueva revista Nuestra Revolución. En ella están completamente ausentes los ataques a Falange Española y la reivindicación de las JONS como organización autónoma. Todo induce a pensar que quería elaborar un órgano de prensa que pudiera aportar orientaciones a los incipientes grupos falangistas.

Tal es el recorrido estratégico de Ramiro Ledesma entre 1930 y 1936. Es cuestión ahora de examinarlo con cierto detenimiento. Vamos a intentar, pues, detallar el recorrido que acabamos de resumir apresuradamente.

NOTAS

(1) “El FASCISMO COMO DOCTRINA: Como toda concepción política vital el fascismo es práctico y es pensamiento, acción animada por uno doctrina inmanente, y doctrina que, surgiendo de un sistema dado de fuerzas históricas, no se desliga de él, sino que, obra en él desde dentro. Tiene, pues, una forma correlativa a las contingencias de lugar y de tiempo, pero a la vez posee un contenido ideal que, en la historia superior del pensamiento, es fórmula de una verdad. En el mundo no es posible actuar espiritualmente como voluntad humana dominadora de voluntades, sin poseer un concepto de la realidad transeúnte y particular sobre la cual se debe obrar, y de la realidad permanente y universal en la cual tiene la primera la razón de su ser y de su vida. Para conocer a los hombres, es preciso conocer al hombre; y para, conocer al hombre, es preciso conocer la realidad y sus leyes. No existe concepto del Estado que no sea fundamentalmente concepto de la vida: filosofía o intuición, sistema de ideas que se desarrolla en una construcción lógica o que se recoge en una visión o en una fe, pero que, por lo menos virtualmente, será siempre una concepción orgánica del mundo.” (La doctrina del fascismo. Benito Mussolini, edición digital http://www.upf.edu/materials/fhuma/nacionalismes/nacio/docs/mussolini.pdf)

(2) Cfr. Prefascismo: Albiñana y el Partido Nacionalista Español (I) Ernesto Milá, Revista de Historia del Fascismo, nº XVI, noviembre 2012  págs. 94-143 y Prefascismo: Albiñaba y el Partido Nacionalista Español (II) Ernesto Milá, Revista de Historia del Fascismo, nº XVII, diciembre de 2012, págs. 69-93.

(3) “Rigor” es una palabra que suele aparecer en múltiples ocasiones en los escritos de Ledesma, sin duda, la que se repite con más frecuencia en su obra: “finalmente, sin embargo, [Ledesma] quedó convencido de que España no podía encontrar solución tratando de regresar a su pasado cultural y llegó a la conclusión de que necesitaba una moderna revolución de unidad, autoridad y liderazgo, central y con un programa económico revolucionario, que volviera a integrar a las masas con la firme disposición de afirmar ka fuerza de la voluntad, la violencia y la conquista de un nuevo lugar en el mundo. Lo que España necesitaba era algo parecido al fascismo (…) Todo el año fue un período de autodebate en el cual la palabra “rigor” apareció frecuentemente en sus escritos”, S. Payne, op. cit., pág. 143).

ENLACES DE LA SERIE:

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (1 de 8) – Objetivos y métodos del fascismo español

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (2 de 8) – Paralelismos entre Ledesma y la Técnica del Golpe de Estado

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (3 de 8) – Las cuatro etapas en la evolución estratética de Ledesma

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (4 de 8) – La etapa “nuclear”: La Conquista del Estado

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (5 de 8) – La etapa de construcción del partido: las JONS

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (6 de 8) – La etapa de unión del “fascismo español”. La fusión con Falange

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (7 de 8) – La pérdida de la iniciativa estratégica: de la ruptura del Falange al final de La Patria Libre

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (8 de 8) – Las dudas finales: ¿construcción del partido o lucha armada?

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA – Conclusión

 


miércoles, 29 de mayo de 2019

365 QUEJÍOS (312) – REVISANDO “GERMÁNICOS O BEREBERES”, EL ÚLTIMO ENSAYO DE JOSÉ ANTONIO


Ejerzamos “memoria histórica”. La vida de la Falange histórica se prolonga desde el 29 de octubre de 1933 hasta el 18 de julio de 1936. Es, por tanto, breve. Sin embargo, existen miles de libros sobre su historia y sobre la de José Antonio Primo de Rivera. Así pues, ésta debería conocerse al dedillo. Y, sin embargo, lo que se dispone, en realidad, es de un anecdotario en el mejor de los casos y en el peor de una serie de ataques formulados por historiadores que mantienen “prejuicios ideológicos” ante el movimiento. En cualquier caso, es cierto, que la historia de Falange Española es vertiginosa y que en apenas en 33 meses se produjeron distintas orientaciones y bandazos. Hemos dedicado varios volúmenes a estudiar lanaturaleza de estos cambios y a los protagonistas de ese período y hemos intentado hacerlo desde un punto de vista abierto, evitando todo tipo de trabajo hagiográfico y procurando entender lo que sentían y lo que pasaba por la cabeza de los que participaron en aquel intento de traer a nuestro país una nueva fuerza política inspirada en modelos europeos.

Desde este punto de vista, cualquier detalle resulta significativo. Y es por eso que nos llamó la atención el último ensayo escrito por José Antonio pocas semanas antes de ser fusilado: Germánicos contra bereberes. Es significativo, tanto por el contenido, como por la intencionalidad, como por el momento en el que se escribió. Puede ser clasificado como una de las muestras que permitirían conocer al “último José Antonio” y sus meditaciones en prisión. Porque el texto fue escrito en prisión, cuando la guerra civil ya había comenzado.

Si se desconoce este texto, se desconoce la última evolución de José Antonio. De ahí la importancia de aquellas páginas. Este ensayo no es un simple islote, en la misma época, José Antonio escribió otro que igualmente merece atención y que, frecuentemente, ha sido olvidado por los exégetas del pensamiento joseantoniano: Aristocracia y aristofobia.

En las primeras ediciones de las Obras Completas de José Antonio, estos textos están ausentes. No es por negligencia, sino porque se conocieron mucho más tarde, cuando la familia de José Antonio, recibió, la maleta con las pertenencias y los papeles que había tenido en prisión. Entonces se supo de la existencia de este texto, si bien tardó en ser incorporado a las Obras Completas. Algunos pusieron en duda, inicialmente, su autenticidad. Hoy no cabe la menor sombra de dudas de que fue obra del “último José Antonio”.

Hace ahora tres años, escribimos un pequeño ensayo titulado “Germánicoso bereberes. Las meditaciones del último José Antonio” cuyo índice era el siguiente

- Introducción  -  pág. 5
- La hipótesis de trabajo - pág.18
- Las tesis de Germánicos contra bereberes - pág.21
- Consideraciones previas - pág.33
- Aristocracia y aristofobia: José Antonio aristocrático y elitista  - pág. 49
- ¿Spengler y la teoría falangista de la historia? - pág. 67
- Berdiaeff y la concepción histórica de José Antonio - pág. 72
- Algunas conclusiones - pág. 81


Después de escribirlo, debemos reconocer que nosotros mismos fuimos los primeros sorprendidos por las conclusiones a las que habíamos llegado, que contradecían buena parte de los estudios sobre José Antonio y que, en cualquier caso, tendían a demostrar la fluidez de sus concepciones y sus intentos de responder políticamente a las nuevas situaciones.

El estudio fue el resultado de nuestro intento de realizar una interpretación del movimiento nacional-sindicalista, no en sí mismo, sino en relación a las distintas corrientes de pensamiento, a los distintos movimientos afines y dentro de la historia de la Segunda República. Entonces, las conclusiones a las que llegamos en este ensayo están mucho más claras. Si, en lugar de eso, nos mantenemos en el terreno hagiográfico o compartimos el “prejuicio ideológico”, o simplemente, descontextualizamos la historia de Falange Española de todo lo que le rodeó políticamente, el riesgo es alejarnos de las concepciones y de las intenciones de sus dirigentes.

Presentamos a continuación, la hipótesis de trabajo con la que abordamos este ensayo
1) El ensayo titulado Germánicos contra bereberes es un intento de interpretación étnico–racial de la historia de España en el que el autor intenta establecer la contradicción marcada por aportaciones, “germánicas” y “bereberes”, y cómo se manifiestan e influyen a lo largo de nuestra historia desde el siglo VIII hasta la victoria del Frente Popular. Intenta cubrir la ausencia de una interpretación falangista de la historia.

2) En agosto de 1936, un intento de este tipo solamente podía estar inspirado en un movimiento político que atribuía un papel axial a la composición étnica del Volk, el pueblo: el nacional–socialismo. Era frecuente que en la retórica de los grupos de la “derecha radical”, “de la derecha autoritaria” y del “fascismo español”, se aludiera al término “raza” (la “raza hispana”, “el genio de la raza”, “nuestra raza”…), en tanto que recurso ampuloso y grandilocuente, pero nunca nadie había tratado de demostrar el papel del factor racial en la historia de España. Tal es el intento del mencionado ensayo.

3) El 16 de agosto de 1936, fecha en la que está firmado el texto, España vivía la primera fase de la Guerra Civil: habían llegado los primeros aviones alemanes para apoyar la causa de Franco. En prisión, José Antonio ya había declarado su interés por las políticas sociales y anticapitalistas del Tercer Reich. Conocía personalmente a Hitler y a otros altos dirigentes del movimiento nacional–socialista. Verosímilmente, intentó adaptar la componente racial que hacía del “fascismo alemán” algo diferente de la versión italiana, para completar la “teoría de la historia” de la doctrina nacional–sindicalista cuyo único texto hasta ese momento era El Discurso a las Juventudes de España de Ramiro Ledesma.

4) El Tercer Reich apoyó a Franco en la Guerra Civil, pero, políticamente, sus afinidades y simpatías  estaban más próximas a la Falange. Esa sintonía era recíproca. A pesar de que, por activa y por pasiva, José Antonio y los falangistas repitieran que “no eran racistas”, lo cierto es que, a medida que aumentaba la importancia del “fascismo alemán”, los falangistas españoles –algunos de cuyo dirigentes tenían formación intelectual “germánica” (Ledesma) o habían visto el ascenso del NSDAP (Redondo)– fueron aproximándose a la versión alemana (en un fenómeno similar al que sigue todo el fascismo europeo y, finalmente, la propia Italia de Mussolini a partir de 1937–38).

5) En conclusión, el ensayo Germánicos contra bereberes tendría como intención:

a) Redondear una “teoría de la historia” para uso del movimiento nacional–sindicalista,
b) Adaptar una doctrina racial a España y
c) Mejorar las relaciones con el NSDAP y el Tercer Reich a la vista del apoyo alemán a la causa defendida por José Antonio (la “España nacional”).

Tal es la hipótesis que intentamos demostrar -y que creemos haber conseguido demostrar- en esta breve obra.

¿Qué por qué insistimos ahora en ello? Por que uno de los propósitos de la militancia nacional-sindicalista en el siglo XXI, en buena lógica, debería ser el conocimiento de su propia historia, a la vista de que las puertas para realizar una acción política bajo esa sigla y con esos colores está visible y notoriamente cerrada. No constituye, desde luego, el mejor planteamiento para ganar amigos en el ambiente falangista actual, pero sí una verdad difícilmente rebatible.

sábado, 5 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (235) – EL “BRENNERO IDEOLÓGICO” DEL FASCISMO Y LA FALANGE


El paso del Brennero (o Brenner) es la frontera entre el mundo germánico y el latino. En los años 30 este lugar tuvo una connotación “ideológica” y definió la diferencia entre el fascismo italiano y el fascismo alemán. Es cierto que en 1923, cuando Hitler protagonizó el llamado “golpe de la cervecería” o “Golpe de Munich”, tenia en mente la Marcha sobre Roma de Mussolini, pero no es menos cierto que entre 1930 (cuando el fascismo italiano estaba consolidado en el poder y el NSDAP hitleriano ya era un partido de masas) y 1937 (cuando los gobierno alemán e italiano acercaron definitivamente sus posiciones a raíz de la Guerra Civil Española), existió en todo el mundo lo que se llamó “el Brennero ideológico” que separaba a los movimientos fascistas de cada país -porque en cada país de occidente floreció en aquellos años un movimiento de este tipo- entre los que eran de “simpatías” italianas y aquellos otros que tenían a Berlín y a Hitler como inspiración. En España, esta frontera existió igualmente, si bien, aquí, como en casi todo, nuestro país supuso un punto y aparte en esta polémica.

Lo que en la primera mitad de los años 30 y, más especialmente a partir de 1933, estaba en juego era el liderazgo del fascismo mundial. En tanto que su cuna originaria era Italia, los partidos fascistas que florecieron en toda Europa y en el continente americano, inicialmente, tenían todos como faro y guía a Roma: el líder del fascismo rumano dijo en su primera intervención como diputado: “Somos de los que creemos que el Sol nace por Roma y no por Moscú”. Pierre Drieu La Rochelle, en Francia, había escrito lo mismo y vale la pena recordar que el primer partido fascista con cierta importancia que nació fuera de Italia apareció en Francia: Le Faisceau de Georges Valois, dos años después de la Marcha sobre Roma. El problema fue que hasta 1933 y al no tener competencia, el apoyo que Italia había prestado a los partidos fascistas extranjeros, había sido mínimo. Cualquier partido fascista que aparecía se reclamaba de pro-italiano, sin necesidad de un estímulo económico. Es más, cuando Italia fue visitada por una comisión monárquica española, en 1934, para tratar sobre las posibilidades de que el régimen fascista apoyara un pronunciamiento político-militar en España, el apoyo inicial italiano se debió, no tanto a la afinidad ideológica con los “fascistizados” alfonsinos y tradicionalistas, sino más bien, a los designios geopolíticos (debilitar a Francia y ampliar la hegemonía italiana en el Mediterráneo Occidental).

En esto, el nacional-socialismo fue mucho más intuitivo: entre sus miembros se encontraban algunos antiguos comunistas y, especialmente en las filas de las SS, se había estudiado en profundidad el papel del Kominternlo que para todos era un intento de extender el comunismo a todo el mundo (lo cual fue cierto hasta la llegada del Stalin), a partir de ese momento, había ido derivando cada vez más en su transformación como pieza de la política exterior soviética. En efecto, cada partido comunista nacional, ya no trabajaba para el proletariado de ese país, sino para la “capital del proletariado mundial”: Moscú. El NSDAP imitó al Komintern en esta cuestión: la Ausland Organization (NSDAP-AO) entendió pronto que, se trataba de obtener alianzas políticas en cada país para conseguir disponer de propagandistas que avalasen la causa del Reich en esa nación. Y en ese sentido, especialmente, a partir de 1935, cuando las circunstancias económicas empezaron a ser muy favorables para la economía alemana, la ayuda del Reich a las formaciones fascistas se convirtió en mucho más efectiva que la italiana y cuantitativamente mucho más generosa.

Cuando Mussolini se dio cuenta en julio de 1933 de que algo estaba variando y que muchos fascistas empezaban a mirar con más interés a la revolución alemana que al régimen fascista,  impulsó la creación de los Comités de Acción por la Universalidad de Roma que debían ser una red de enlace del fascismo mundial en su versión italianizante. Fue a estos CAUR a los que se adhirió Falange Española en el primer congreso de Montreux (1934) en nota entregada por el entonces responsable de prensa del partido, Ernesto Giménez Caballero. Sin embargo, en esa ocasión, José Antonio desmintió su participación en el congreso y el que Falange tuviera nada que ver con una “internacional”. 

Las cosas variaron al año siguiente, cuando los alfonsinos interrumpieron su ayuda a Falange Española y José Antonio se vio obligado a solicitar ayuda italiana: ésta llegó puntualmente y equivalía a 60.000 euros mensuales actuales que luego se redujeron. El propio José Antonio iba a recoger estas cantidades a la Embajada Italiana en París. Cuando fue detenido la ayuda se fue acumulando y en noviembre de 1936, las cantidades acumuladas fueron devueltas de nuevo al Ministerio de Exteriores italiano. A cambio de esta ayuda, José Antonio movilizó a los “camisas azules” para realizar campañas callejeras contra las sanciones propuestas por el Reino Unido a Italia a raíz de la invasión de Etiopía, él mismo pronunció en sede parlamentaria un discurso sobre “política exterior” en la misma dirección y redactó un informe sobre la situación política española y sus previsiones de victoria de la izquierda en las elecciones de febrero de 1936; finalmente, asistió en persona al Segundo Congreso de Montreux e intervino en el plenario.

Hay que añadir que todas estas informaciones están bien documentadas y son irrebatibles. En los archivos italianos de la policía y del Ministerio de Exteriores se ha conservado la documentación de la época que acredita todos estos extremos y que permite decir que, desde su fundación hasta el verano de 1936, Falange miró con esperanza a Roma y se situó a su lado en el contexto del fascismo internacional. Ahora bien, existen algunas pistas para establecer el que, durante su estancia en prisión, y a lo largo del verano de 1936, José Antonio fue rectificando su posición.

En efecto, volvemos al “Brennero ideológico”. Hasta 1935-36 la influencia del NSDAP y sus temáticas (especialmente la importancia atribuida a la cuestión racial) había sido compartida únicamente y de manera creciente por los fascismos nórdicos. En países como Hungría y, por supuesto, Austria, se había ido imponiendo una forma de fascismo calcada del alemán. Se dieron, entonces, distintas circunstancias. En el Reino Unido, Mosley, inicialmente posicionado al lado de la Italia fascista, con el paso del tiempo, fue escorándose del lado del Reich. A partir de ese momento, existieron países, como Bolivia, en los que una formación (el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz) estuvo financiado por la Embajada Alemana y otro (como la Falange Socialista Boliviana de Oscar Únzaga de la Vega) que recibía apoyo italiano. En otros países, como Rumania, la Guardia de Hierro se declaró siempre favorable a Roma, pero nunca aceptó ayuda italiana y el CAUR de Bucarest de formó con personalidades “fascistizados” entre los que no se encontraba ningún miembro de la Guardia de Hierro. Incluso cuando en el Segundo Congreso de Montreux, en el que tomó la palabra Ion Motza (que luego moriría en combate en la Guerra Civil Española) presentando una moción antisemita, ésta fue modificada para evitar que existiera similitud con el fascismo alemán.


Como puede verse, en tanto que el fascismo era un fenómeno “nacional”, existieron muchas forma de entenderlo y muchas situaciones diferenciadas: pro-alemanes, pro-italianos, pro-italianos que se deslizaron hacia el lado germánico, convivencia entre dos partidos de distintas orientaciones en el mismo país (tal fue, además, el caso de Francia, con un PPF de Doriot, progresivamente ganado por el bando germánico y una Action Française decantada hacia Italia). ¿Cuál fue, pues, el caso español?

Es indudable que hasta la primavera de 1936, Falange Española estuvo decantada del lado “romano”. Las pruebas son abrumadoras. Sin embargo, entre el encarcelamiento de José Antonio y los meses posteriores al Decreto de Unificación (abril 1937) en función del cual se formó el “partido único”, empezó a producirse en Falange Española una situación muy parecida a la que había vivido la British Union Fascists de Sir Oswald Mosley: inicialmente pro-italiana, se decantó, poco a poco, hacia el Reich. Existen datos puntuales que muestran una similar actitud por parte de Falange Española y de José Antonio. Los resumimos:

- la redacción del último ensayo de José Antonio en el mes de agosto de 1936 en prisión, titulado “Germanos y Bereberes” en el que intenta una reconstrucción de la historia de España en clave étnica, un esquema que respondía a la doctrina del NSDAP. Hitler se negó, incluso, a aceptar los 12.000.000 de pesetas de la época de que disponían los “rebeldes” para pagar la ayuda y recomendó que se entregaran como paga a los combatientes del frente.  En cualquier caso, el texto es muy importante porque indica la evolución doctrinal del “último José Antonio”, decantado visiblemente hacia el Reich. No es que se hubiera convertido en “racista”, sino que había realizado -y ahí está el texto para evidenciarlo- una interpretación racial de la historia de España. Es igualmente significativo que el texto se escribiera inmediatamente después de la celebración de las Olimpiadas de Berlín que supusieron un evento internacional de máxima importancia en el curso del cual se exteriorizaron los logros de la “revolución alemana” que fascinaron a todo el mundo.

- el apoyo decidido que Hitler prestó, a partir del 23 de julio de 1936 a la causa de los sublevados en España y que se tradujo en la llegada de pertrechos militares, fondos y voluntarios, no solamente de la Legión Cóndor, sino expertos en el manejo de blindados y que fue anterior a la decisión italiana de comprometerse en el conflicto al lado de Franco. Todo esto constituyó la llamada “Operación Sigfrido” a cuyo frente estuvo Göring.

- los contactos que tuvieron lugar en Burgos entre Manuel Hedilla y la embajada alemana. Ésta veía a Hedilla como el único hombre de la Falange con extracción popular y capaz de transformar el partido en un movimiento de masas. El NSDAP recelaba de los militares y de los reaccionarios de derechas que circundaban a Franco y optó por apoyar a Hedilla y a su sector. Hitler y el NSDAP despreciaban a los militares y derechistas que, desde 1923, habían constituido el principal obstáculo para la progresión de la “revolución alemana” y vieron en Franco y en los derechistas monárquicos a sus equivalentes en España.

- el compromiso alemán en los intentos de rescate de José Antonio de la prisión de Alicante que contó, incluso, con la complicidad del cónsul alemán en esa provincia y que previó la participación de un “acorazado de bolsillo” en la operación (que no llegó a realizarse).

Todo esto permite intuir que, Falange Española, fue deslizándose del lado italiano del “Brennero ideológico”, al lado alemán por la simple dinámica de los hechos. Es cierto que en el pensamiento joseantoniano entraron otros muchos factores (el pensamiento de Charles Maurras, la influencia de Ortega y Gasset, la influencia de los no-conformistas franceses de los años 30 -por donde entró el personalismo en su ecuación personal-, el pensamiento conservador español del siglo XIX, la doctrina del fascismo italiano, etc.). Pero, a todas estas influencias, cabe añadir, esta otra, tardía pero muy real, llegada de Alemania.

Lo cierto es que, a partir del verano de 1936, mientras Falange miraba cada vez con más esperanza e identidad al fascismo alemán, los medios monárquicos y alfonsinos, seguían con la mirada puesta en Roma, esperando construir un régimen en el que conviviera la monarquía con el partido único. Así pues, también hubo un “Brennero ideológico” en España...

lunes, 10 de diciembre de 2018

365 QUEJIOS (217) – FALANGE ESPAÑOLA Y LA GUARDIA DE HIERRO, PARALELISMOS Y DIVERGENCIAS (2 de 4)

Los liderazgos de Codreanu y de José Antonio Primo de Rivera fueron completamente diferentes. Corneliu Zelea Codreanu había nacido en 1899, era sólo ligeramente más mayor que José Antonio Primo de Ribera nacido en 1903. Sus partidarios los recordaron a ambos con similar carisma y energía interior. Los retratos que quienes los conocieron ofrecen de ambos son extraordinariamente similares: ambos causaron una particular sensación en su entorno, por lo tanto, cabría decir que se trató de “vidas paralelas”. Sin embargo, también aquí vale la pena hacer algunas matizaciones que pueden resultar interesantes.

Dos liderazgos diferentes para dos hombres diferentes

Al estudiar las biografías de ambos líderes, inmediatamente aparecen, junto a los paralelismos, las discrepancias: José Antonio es hijo de aristócratas y militares; la inmensa mayoría de sus amigos pertenecen a este medio y, en cualquier caso, a los medios acomodados; tenía tendencia a frecuentar y organizar tertulias eruditas en donde no faltaban intelectuales (lo que se llamó su “corte literaria”). Frecuentaba los restaurantes y clubs más conocidos del Madrid de la época y tenía las aficiones y gustos propios de un aristócrata de su tiempo. Su vocación política arranca de sus tiempos como estudiante.

El caso de Codreanu fue completamente diferente: Codreanu era hijo de la clase media rumana. Su padre era profesor universitario. Se trató de un hombre austero que ayunaba dos veces por semana. Solía vestir -antes de adoptar la camisa verde como uniforme del partido- el traje tradicional rumano en celebraciones y actos públicos. Desde siempre fue nacionalista y estuvo vinculado desde muy joven a los partidos de carácter nacionalista. A los 17 años militaba en la Guardia de la Conciencia Nacional, una organización patriótica.
José Antonio perteneció a la Asociación de Estudiantes de Derecho que dirigía Serrano Suñer y que era la alternativa a la Asociación de Estudiantes Católicos de Herrera Oria. Pero no destacó en aquel momento como líder estudiantil, a diferencia de Codreanu que pronto fue considerado como líder estudiantil, primero de su facultad (Derecho), luego de su distrito universitario (Cluj) y, finalmente, tenido como jefe indiscutible del movimiento estudiantil.

En este sentido: la vocación política de Codreanu es mucho más temprana, y a una edad en la que José Antonio, concluía brillantemente sus estudios de derecho, pero todavía no ejercía una decidida militancia política.

José Antonio comenzó a actuar políticamente en las filas de la Unión Monárquica Nacional, es decir, del movimiento monárquico alfonsino y lo hizo en 1930. En ese momento, Codreanu ya era un político extremadamente conocido en toda Rumania. Cuando contrae matrimonio en 1924 (tenía entonces 25 años), asisten a la boda entre 75.000 y 80.000 personas. Dicho de otra manera: Codreanu vivió en vida un “baño de masas” y fue el jefe de un movimiento fascista que agrupaba a un alto porcentaje de la opinión pública rumana que, con él en vida, constituía una alternativa sólida para los partidos democráticos y de la derecha nacionalista. José Antonio, en cambio, solamente se convirtió en mito tras su muerte y, en vida dirigió un partido que solamente en la primavera de 1936 dejo de ser un grupúsculo activista para convertirse en un prometedor movimiento de masas (lo cual solamente fue a partir del 18 de julio de 1936).

Por otra parte, en la biografía de José Antonio, tal como resalta, entre otros, Stanley G. Payne, su liderazgo fue “atípico”: tuvo algunas crisis, pensó en abandonar el mando en algunas ocasiones y si no lo hizo fue por la responsabilidad contraída con los camaradas asesinados. Al mismo tiempo, su pensamiento político está en formación y en evolución e incorpora distintas fuentes a lo largo del período entre 1933 y 1936. José Antonio no es líder indiscutible del partido hasta el Primer Consejo Nacional en octubre de 1934, cuando se disuelve en triunvirato que formaba junto con Ledesma y Ruiz de Alda. Codreanu, a la inversa, tiene, desde muy joven la vocación, la actitud y el papel de líder universitario. Su liderazgo no ofrece nunca lugar a dudas, ni nunca tiene la tentación de retirarse o renunciar a este papel. Su pensamiento tampoco evoluciona: el mismo Codreanu que forma la Legión de San Miguel Arcángel es el que resulta asesinado en 1938 por órdenes del Rey Carol. Desde muy joven sus ideas: nacionalismo, corporativismo, adaptación del fascismo a Rumania, anticomunismo, antiliberalismo y concepción cristiana de la vida, se manifiestan y coagulan en un conjunto que permanece inalterable.


Sus biógrafos suelen destacar también que se trató de líderes de gran personalidad, atractivo físico, que no nunca pasaron desapercibidos en los ambientes que frecuentaron: ambientes que, como hemos visto, eran completamente diferentes. Ahora bien, las observaciones sobre los dos líderes nos llevan a considerar algunos elementos que están ligados a sus personalidades.

Terrorismo y violencia política

La posición de Codreanu y de José Antonio en relación a la violencia es, paradójicamente, muy próxima y, al mismo tiempo, distante. José Antonio, a pesar de la retórica inicial sobre “los puños y las pistolas”, demostró haberse lanzado al ruego político, sin tener una idea exacta de lo que implicaba la creación de un “partido fascista español”. Cuando las primeras actividades falangistas excitaron la agresividad de la izquierda, José Antonio se negó a realizar represalias. Ese mismo gesto es el que vemos en Codreanu que durante mucho tiempo, retiene a su Guardia de Hierro para evitar un enfrentamiento directo con la Corona. Así pues, hay en este mucho paralelismo.
También existe paralelismo en el hecho de que en Falange Española existía una franja más combativa y agresiva (la Primera Línea) que en alguna ocasión actuó por cuenta propia, mientras que en la Guardia de Hierro el Grupo de Obreros Legionarios, especialmente tras el asesinato de Codreanu empezaron a actuar por su cuenta y a generar disturbios en los barrios judíos de la periferia de Bucarest.

En ambos casos, y en tanto que partidos “fascistas”, Falange Española y la Guardia de Hierro eran organizaciones paramilitares, que no desdeñaban el entendimiento con la violencia, cuando era menester. Ahora bien, una cosa es la violencia política y otra el terrorismo. Éste último puede ser considerado como la estrategia que utiliza la premeditación para la comisión de algún acto violento, especialmente atentados con bomba o asesinatos políticos.

En el caso de Falange Española, el atentado frustrado cometido contra el vicepresidente de las Cortes, doctor Jiménez de Asúa, en represalia por la agresión el día anterior a dos estudiantes, uno tradicionalista y otro falangista, tiene su equivalente en el asesinato que el propio Codreanu realizó pistola en mano, asesinando al jefe de policía Manciu, conocido torturador en 1924. Posteriormente, se produjeron otros atentados, nunca indiscriminados y siempre selectivos, contra responsables de la represión contra la Guardia de Hierro. En 1933 un comando legionario asesinó al presidente del consejo de ministros, Ion Duca, y, posteriormente, tras el asesinato de Codreanu, otro comando ejecutó al presidente del consejo de ministros, Armand Calinescu. En ambos casos, y siempre que los codreanistas cometían un atentado de este tipo, se entregaban inmediatamente a la policía: su ética prescribía que, en tanto que cristianos, matando cometían un pecado que se expiaba en la tierra entregándose a la justicia civil. En España, los atentados cometidos por falangistas no registraron un punto de vista similar. Los que atentaron contra Jiménez de Asúa, por ejemplo, o fueron detenidos o pudieron escapar a Francia gracias a los buenos oficios del alfonsino Ansaldo que, a petición de Ruiz de Alda, los sacó del país en su avioneta.