Las cosas, desde el principio, salieron así de mal. No soy de los
que me quejo, consciente de que pudieron salir aún peor. Así que la sociedad
española, optó aceptar por la “versión oficial”: “el Rey salvó la democracia
el 23-F y se evitó una nueva guerra civil; unos y otros dieron muestras de
responsabilidad y pactaron la mejor salida posible: la Constitución de 1978”.
Era la letanía más fácil de aceptar. Pero murieron 200 personas entre el final
de la larga agonía de Franco y el día en que los socialistas llegaron al poder.
Más de 800 si sumamos las víctimas de Los Rodeos y del Hotel Corona de Aragón
que, en rigor, fueron también víctimas de la transición…
Ese período, con su principio y su final, en total se prolongó
2.534 días, o lo que es lo mismo, 6 años, 11 meses y 8 días… es lo que se ha
llamado “la transición española”. Le cuadran
adjetivos como “esperpéntica”, “criminal”, “caótica”, “desordenada”, “improvisada”,
“estado de inestabilidad e inquietud permanente”, y seguramente no tendríamos
dificultad en encontrar dos o tres docenas de calificativos más, todos por
igual denigrantes; cualquiera de ellos le conviene más que el de “modélica” con
el que se la ha aureolado de manera narcisista.
Nunca en aquel período se contaron tantas y tantas mentiras, nunca
las cadenas mediáticas de la época propagaron, con la bendición oficial, tal
número de “fakes” elaborados en oscuros laboratorios de operaciones
psicológicas nacionales y extranjeros.
Nunca unos y otros protagonizaron tantos episodios de hipocresía, ni se
cambiaron tantas chaquetas.
Los que vivimos aquella época y la recordamos como el período más
turbulento generado en la segunda mitad del siglo XX en España, creo que
estaremos de acuerdo en que la “democracia” no partió bien en nuestro país.
La entropía ha hecho lo demás. Si el nivel inicial de nuestra “joven
democracia española” ya era lamentable en sus orígenes, el tiempo no ha hecho
nada más que acentuar aquellos lastres.
La entropía… El palabro resume la Segunda Ley de la Termodinámica,
pero puede aplicarse a cualquier otro campo. A la política, por ejemplo. Se
dice que un sistema es entrópico cuando tiene una tendencia natural a volverse
caótico y disperso en el tiempo. La “democracia” (o, mejor, la “partidocracia”
que efectivamente vivimos desde 1979) cree que de lo inferior (el voto) puede
salir lo superior (el poder de dirigir una comunidad). La ley de la “entropía”
nos dice que todo sistema, lejos de “mejorar”, va perdiendo, poco a poco, su
cohesión interior de manera irremediable. Un huevo (lo superior) puede
romperse (cayendo en una degradación inferior a su estado originario), a partir
del cual, una vez roto, solamente podrá acelerar su putrefacción, nunca
recuperará la frescura originaria, ni servirá para incubar nueva vida; así
mismo, una habitación abandonada por un propietario apático y desordenado, cada
día se volverá más caótica y nunca tendrá posibilidades de recuperar el aspecto
originario… como su propietario no “resetee” el sistema. Las habitaciones no se
ordenan solas, se desordenan más y más cuando su ocupante hace gala de
negligencia; los huevos rotos nunca hacen otra cosa que pudrirse: de ellos
nunca parte nueva vida.
Hemos sido benévolos con la “versión oficial”. Hemos evitado
recordar el hecho de que en el verano de 1981 tuvo lugar el “síndrome tóxico”,
malamente explicado y peor resuelto judicial y periodísticamente, en el curso
del cual fallecieron 330 personas en las primeras semanas, que se elevaron a
otras 400 más al año siguiente, para, finalmente, acumular a lo largo de las décadas debido a las graves
patologías crónicas y degenerativas derivadas del envenenamiento (como la
hipertensión pulmonar o la esclerodermia), los registros del Instituto de Salud
Carlos III y diversas asociaciones de víctimas elevan la cifra total a cerca
de 5.000 personas fallecidas, mientras que otras 20.000 personas permanecieron
afectadas con secuelas crónicas. ¿Quién recuerda el “síndrome tóxico” y sus
víctimas? También aquí, a la “teoría oficial” del “envenenamiento por
aceite de colza desnaturalizado”, se opone la tesis, mucho más razonable, del
“envenenamiento por organofosforados”. Gobernaba UCD que fue duramente atacada
por el PSOE por este motivo…, pero, los socialistas tras llegar al poder unos
meses después, bloquearon cualquier nueva investigación sobre el envenenamiento
masivo. Así, los intereses bursátiles de la principal empresa multinacional que
fabricaba organofosforados para consumo agrícola, permanecieron en pie.
Aquello fue importante porque demostró que el
Estado estaba dispuesto a salvaguardar los intereses de una multinacional de
químicas, antes que defender la salud de la población. Desde entonces, las cosas no han mejorado. Y
no tendríamos dificultad en recordar los “misterios” irresueltos que se han
producido en el casi medio siglo constitucional: ¿el GAL? ¿quién era su “señor
X”? ¿La estatización de RUMASA? ¿Cómo fue que benefició especialmente al
círculo del poder? La versión oficial sobre el 11-M ¿resolvió todas las dudas?
De hecho, ¿resolvió alguna duda? ¿Era necesario negociar con ETA, cuando esta
banda estaba completamente vencida? La integración en Europa ¿cómo se hizo de
la peor manera posible y por qué ningún gobierno español ha vetado medidas que
atentaban y atentan gravemente a nuestros intereses económicos? ¿Cómo es
posible que, en el momento actual, un gobierno cercado por la corrupción, con
giros en política exterior, inexplicables e inexplicados, con una parálisis
creciente de los servicios públicos, y que ni siquiera ganó las elecciones, sin
presupuestos, ni posibilidad de tenerlos, pueda seguir gobernando sin que pase
absolutamente nada? ¿Cómo ese gobierno absurdo regulariza a 1.200.000-1.500.00 inmigrantes irregulares sin preocuparse, ni
dónde vivirán, ni el hecho de que desbordarán los servicios sanitarios,
educativos y sociales y alterarán gravísimamente el sustrato étnico, cultural, laboral,
social y religioso de nuestro país? ¿En manos de que especie de bandidos
irresponsables e ignorantes sin escrúpulos estamos? ¡¡Pues claro que lo estamos!!
¿O es que alguien con dos dedos de frente puede seguir durándolo!!
En síntesis: el proceso entrópico que se inició
con la transición, está llegando a su final.
* * *
En las notas que preceden hemos removido nuestros
recuerdos y vivencias, nuestros errores del pasado, las equivocaciones que
cometimos, lo que pensábamos entonces en nuestra candorosa juventud… pero todo
ello palidece ante el “régimen” que se gestó en aquellos años, surgido de
situaciones deshonestas, de acumulación de mentiras, de manipulación miserable
de la opinión pública, de engaño deliberado sobre engaño deliberado, de
maniobras de maquiavelos de bolsillo y de un sistema constitucional que empezó mal
y solo ahora empezamos a darnos cuenta de que su nivel de podredumbre y fetidez
se encuentra en el límite.
Si el principal error hasta ahora, ha sido aceptar
la “versión oficial”, para evitar males mayores, el error que cometerá la
actual generación, será adoptar una postura pasiva y conformista, sumisa. A
fuerza de intentar salvar lo personal, eludiendo lo comunitario, se corre el
riesgo de que lo personal se hunda también con lo comunitario. Hoy nos encontramos en ese punto. Lo que empezó
mal -y creemos haber aportado algunas pinceladas suficientes como para quien
nos haya seguido hasta aquí coincida con nosotros en que la “democracia” empezó
mal- solamente puede ir a peor… mientras la entropía no demuestra lo contrario.
Y ahora, tú tienes la palabra: ¿Crees que el “sistema”
nacido en 1978 debe ser reseteado y superado? Si lo crees, estás obligado a
actuar en conciencia, como nosotros lo hicimos hace medio siglo. Y espero que
tengas más suerte de la que tuvimos nosotros. Estas líneas te las he escrito para
ti que sientes que este “sistema” no es el tuvo y quieres algo mejor para ti y
para los tuyos. Esta fue nuestra experiencia. No la repitas, por favor.















