Mostrando entradas con la etiqueta incendio del Reichstag. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta incendio del Reichstag. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de enero de 2021

Arde el Reichstag. Del 30 de enero al 5 de marzo de 1933 - Conclusión

 

En los últimos años el edificio del Reichstag ha sufrido distintas modificaciones y se ha constituido una famosa cúpula acristalada. La ejecución de estas obras sirvió para que se revisara el proceso contra Van der Lubbe, a petición de su hermano Jan, y se modificara la sentencia que pasó a ser de ocho años de prisión por estragos… Posteriormente el gobierno democrático alemán la derogó en 2008[1] e incluso se encontró un pasillo subterráneo (que en la actualidad está mostrado al público en el museo del inmueble), por el que se considera que entraron los incendiarios… En realidad, el haber derogado la condena a Marinus Van der Lubbe ha tenido como resultado el que un crimen resuelto haya dejado de estarlo por consideraciones políticas.

A pesar de todas estas muestras de oportunismo político y de “memoria histórica” parcial y sesgada, lo cierto es que la mayoría de historiadores imparciales y que procuran mantener la objetividad en sus trabajos coinciden en afirmar que “políticamente los grandes beneficiarios del suceso fueron los nazis y que el responsable confeso del incendio fue Marinus Van der Lubbe”. Y esta conclusión nos parece que responde a la realidad histórica, mucho más que los efectos de la propaganda de guerra que todavía se reaviva en nuestros días.

ENLACES:

Arde el Reichstag 1Del 30.01.33 al 5.03.33, semanas decisivas
Arde el Reichstag 2 – Llamas en el Reichstag
Arde el Reichstag 3 – La conspiración indemostrable
Arde el Reichstag 4 – Las elecciones de marzo de 1933
Arde el Reichstag 5 – Las modificaciones constitucionales
Arde el Reichstag 6 – El juicio, absoluciones y condenas
Arde el Reichstag 7 – Moscú miente y la mentir se institucionaliza
Arde el Reichstag 8 – Conclusión



[1] La justificación legal para lograr esta anulación de la condena fue la ley aprobada en 1998 que permitía a rehabilitación de algunos condenados entre 1933 y 1945.


sábado, 9 de enero de 2021

Arde el Reichstag. Del 30 de enero al 5 de marzo de 1933 (4 de 8) - Las elecciones de marzo de 1933

El incendio del Reichstag tuvo dos consecuencias inmediatas: el llamado Decreto del incendio del Reichstag, emitido el 28 de febrero de 1933 con las cenizas aún calientes y la Ley Habilitante aprobada por el nuevo parlamento alemán el 23 de marzo de 1933. A no olvidar que entre ambas fechas se celebraron elecciones el 5 de marzo de 1933. Así pues, la Ley Habilitante fue una de las primeras medidas de la VIIIª Legislatura del Reichstag. La cuestión histórica que se plantea es si aquellas elecciones fueron libres y, por tanto, las medidas tomadas por ese parlamento fueron legales o bien si se trató de elecciones que no tuvieran todas las garantías democráticas, con la correspondiente ilegitimidad de las leyes aprobadas en la legislatura. Empecemos pues por la cuestión de las elecciones.

El 10 de febrero de 1933 se había iniciado la campaña electoral. El canciller Hitler la inauguró con un importante discurso en el Sportpalast de Berlín (1). Era su primer discurso como canciller (2) y en él enunció su programa electoral: hablar claro al país sobre la gravedad de la situación, la reconstrucción del país solamente la podrá realizar el propio pueblo alemán, con su esfuerzo y su voluntad, sin ayudas exteriores; el objetivo era que siguiera existiendo el pueblo alemán; la fuerza es garantía única de la paz mundial; destrucción de los partidos que siembran el odio de clase; política de unidad nacional con el apoyo del campesinado y la reintegración de la clase obrera a la tarea; respaldo a la creatividad del individuo; fin de la corrupción y restauración del “honor alemán”; educación de los jóvenes en las tradiciones del pasado; programa de resurgir alemán e intolerancia con quien “peque contra la nación”; petición de cuatro años para poner en práctica este programa…

El discurso terminó con un dramático llamamiento dirigido a los que nunca antes habían votado al NSDAP y terminó con estas palabras: “… me mantengo firme como una roca en la convicción de que acabará llegando el día en que los millones que hoy nos odian nos respalden y den la bienvenida con nosotros a los que juntos crearemos, aquello por lo que lucharemos superando dificultades, que lograremos con tesón y esfuerzo: el nuevo Reich alemán de la grandeza y el honor, la fuerza y la justicia. Amén”.

Un programa de este tipo tenía la virtud de ser atractivo para el DNVP, los nacionalistas y hacer dudar a simpatizantes de la izquierda, sobre si aquel hombre, Hitler, no era el llamado a levantar al país y resolver el problema del paro que se extendía sobre 8.000.000 de trabajadores como Hitler recordó en ese mismo discurso. En todo el discurso no apareció ni por un momento una alusión a los judíos.

Se suele olvidar que en aquel momento, la República de Weimar estaba dividida en Länders que gozaban de una gran autonomía. El NSDAP gobernaba con mayoría en algunos, mientras que en otros estaba en minoría. El control de las fuerzas policiales dependía de los “ministros del interior” de los Länder. Cuando Hitler fue nombrado Canciller, nadie en el NSDAP dudaba de que el sistema parlamentario sería abolido por otro y, realmente, muy pocos en Alemania a la vista de quince años de corruptelas, luchar partidarias y crisis sucesivas, creía que fuera el mejor de los sistema de representación posibles.

En ese momento, especialmente en los Länders gobernados por el NSDAP algunas bases militantes del partido creyeron que su hora había llegado. Hermann Göring, ministro prusiano del interior, ordenó el 7 de febrero que la policía “trabajase coordinada con las asociaciones nacionales”, aludiendo a las SA, las SS y el Stahlhelm (Casco de Acero liga de excombatientes vinculada al DNVP) apoyando la “propaganda nacional y combatiendo las actuaciones de organizaciones hostiles al Estado”, autorizando el uso de armas de fuego (3). Dada la naturaleza de esta orden (que, en principio, no tenía nada de antidemocrática), es fácil entender que, voluntaria o involuntariamente, encerraba una relativa ambigüedad: ¿quiénes eran las “organizaciones hostiles al Estado”?; era evidente que solamente podían ser los comunistas. Pero, también aquí, hay que situarse en la época: la izquierda estaba organizada también en milicias, algunas de ellas extremadamente agresivas y preparadas para el combate urbano y la guerra. Lo habían comprobado apenas 10 años antes los freikorps cuando debieron de combatir a las insurrecciones espartaquistas y, un poco por toda Europa –especialmente en Alemania– la eficacia de las milicias armadas comunistas contra sus adversarios, era algo que estaba muy presente y no cabe ninguna duda sobre la existencia de un desdoblamiento terrorista clandestino en el interior del KPD (4).

Los libros de historia reconocen que los incidentes electorales más graves se produjeron en Prusia, pero también añaden que a lo largo de la campaña, Hitler llamó al orden a sus propios partidarios. Ian Kershaw escribe: “Hitler hizo el papel de moderado (…). Dio la impresión al gabinete de que los radicales del movimiento estaban desobedeciendo sus órdenes pero que los pondría bajo control y pidió paciencia y que le dejaran disciplinar a los sectores del partido que se habían excedido” (5).

Se dio también el caso de que algunos alborotadores habían interrumpido reuniones del Zentrum cuyo presidente protestó ante Hindenburg y von Papen. Hitler emitió una declaración del NSDAP atacando a los “elementos provocadores” que habían protagonizado esos incidentes y ordenó una “disciplina extrema”. A lo largo de la campaña, “muchos de los que habían sido inicialmente escépticos o críticos estaban empezando a pensar, en febrero, que [Hitler] era el hombre adecuado y que debería dársele una oportunidad” (6). La sociedad alemana temía un nuevo levantamiento comunista (a fin de cuentas los ecos de las insurrecciones comunistas de 1919–1922 en Hamburgo, el Rhur y Berlín, o de la “acción de mayo” ordenada de manera irresponsable por el Komintern en el Rhur, estaban a 10 años de distancia) y las declaraciones violentas, unidas a las acciones armadas del Apparat del KPD estaban ahí para mantener vivo ese temor: no se trataba tanto de que el NSDAP denunciara la proximidad de una insurrección comunista, ¡sino de que los mismos comunistas estaban dando muestras de que su “aparato armado” gozaba de buena salud y seguía actuando!

El 4 de marzo terminó la campaña electoral. Hitler habló desde Königsberg en un discurso que fue radiado a toda la nación. Aludió a que Hindenburg, vencedor en Tannenberg y, por tanto, “liberador de la Prusia Oriental” y él mismo, el “soldado raso que había cumplido con su deber en el frente occidental”, se habían dado la mano. El discurso terminó con el canto del Niederländisches Dankgebet (7) en honor de las victorias de Federico el Grande mientras las campanas de la catedral de Königsberg repicaban.

El resultado fue bueno para las candidaturas del NSDAP que obtuvieron el 43,9% de los votos y 288 escaños (92 escaños más que en las anteriores elecciones) de los 647 totales del Reichstag y los nacionalistas del DNVP el 8% permaneciendo con los mismos 50 escaños que tenían antes. Los socialdemócratas perdieron un escaño y quedaron con 7.000.000 de votos ¡a 10.000.000 de votos de distancia del NSDAP! Por su parte, los comunistas del KPD obtuvieron un 12% y perdieron 19 escaños. El Zentrum con el 11% de votos pasó de 70 a 73 diputados. En síntesis: el NSDAP + DNVP habían obtenido 20.413.000 votos y ganado 92 diputados (todos del NSDAP), mientras que el SPD + KPD obtuvieron 12,364.000 votos, perdiendo 20 diputados.

La victoria de Hitler era clara, si bien no había obtenido la mayoría absoluta, para lo cual seguía dependiendo de los votos nacionalistas conservadores. Hay que preguntarse de dónde procedieron los votos que dieron a Hitler 92 diputados más. Los analistas han destacado que se debió a la excepcionalmente alta participación, un 88% del total y que procedían de votante que hasta ese momento se habían abstenido. Es posible que una parte sustancial procediera de allí, pero no hay que olvidar que el KPD había perdido un 20% de los votos que no iban a parar al SPD (que también perdía), así pues, hay que pensar que el millón de votos perdidos por los comunistas desde las anteriores elecciones parlamentarias celebradas en noviembre de 1932 (apenas cuatro meses antes), al menos una parte importante habían ido a parar al NSDAP y los socialdemócratas solamente habían subido 250.000 votos. En esos cuatro meses, el NSDAP había pasado de 11.737.395 votos a 17.277.180, es decir, más de 5.500.000 de progresión. Algunos resultados eran particularmente espectaculares y no pueden explicarse por los incidentes generados por los miembros más radicales del NSDAP: en Baja Baviera el voto del NSDAP pasó del 18,5% en noviembre de 1932 al 39,2%, en Colonia–Aquisgrán, del 17,4% al 30,1%. Hay que recordar, así mismo, que estas eran zonas católicas en las que siempre la implantación del NSDAP había sido débil, siendo lo esencial de sus votantes de confesión protestante. En Prusia Oriental las candidaturas del NSDAP llegaron al 56% de los votos, y en Frankfurt del Oder al 55%, en Pomerania el 56%, en Schleswig–Holstein el 56% y en Hannover Oriental el 53%, el 50% en Breslavia y el 54% en Liegnitz. Los peores resultados se habían obtenido en Berlín con el 31% (los comunistas obtuvieron el 30%, con mucho el mejor resultado del KPD) y en Colonia–Aquisgrán con el 30%. El mapa electoral nos muestra un norte y un Este de Alemania completamente pardo, un centro de Alemania con resultados iguales o superiores al 40% y un oeste y un sur con resultados entre un 30 y un 40%.

A la vista de los resultados se percibe que, efectivamente, el NSDAP había recuperado la trayectoria ascendente que había sufrido un parón en las elecciones de noviembre de 1932; no tenía todavía la mayoría absoluta pero se aproximaba a ella.

NOTAS

(1) El texto completo del discurso está reproducido en Obras Completas, Adolf Hitler, Vol. I, En el Sportpalast de Berlín, 10 de febrero de 1933, op. cit., págs. 16–22.

(2) Hitler (1889.1936), Ian Kershaw, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona 1999, pág. 446 y sigs.

(3) I. Kershaw, op. cit., pág. 448.

(4) A este respecto, la lectura de la voluminosa obra de Jean Valtin, La noche quedó atrás (Editorial Luis de Caralt, Barcelona 1966) aporta datos sobre la “organización militar” del KPD –y debía saberlo porque él era uno de sus miembros– en pág. 273 en donde alude a que esta rama estaba dirigida directamente por la GPU (policía política de la URSS). Escribe Valtin: “… seguían funcionando las brigadas del Frente Rojo armado. Cierta noche de marzo de 1933, un jueves, una concentración de tropas de asalto fue arrastrada a una emboscada en un barrio obrero de Hamburgo por un destacamento de Edgar Andrée. Los invasores fueron echados. Nueve camisas pardas cayeron bajo las balas comunistas” (pág. 275). Este testimonio es importante porque corresponde a pocos días después del incendio del Reichstag. El testimonio de Valtin no es único, sino que viene reforzado por el de otro antiguo militante del KPD, Arhur Koestler en su Autobiografía (Vol. 3, Euforia y Esperanza, Alianza Editorial, Madrid,, 1975), quien alude a los muchos crímenes cometidos por los grupos terroristas del partido: “…Werner participó en un osado coup para procurar armas al partido y como consecuencia de ello tuvo que huir al extranjero” (pág. 141) y más adelante: “… Como miembro del Apparat cumplió varias empresas clandestinas la última de las cuales fue el asesinato de un hombre que se había convertido en traidor. Werner hablaba del asesinato cometido sin emoción visible”… Estos testimonios –de los que no habría dificultades en encontrar otros muchos procedentes como estos de las mismas filas del KPD– bastan para evidenciar que el KPD era una fuerza antidemocrática una de cuyas ramas estaba especializado en asesinatos y demás operaciones de terrorismo, lo que redimensiona y da su verdadera dimensión al interés de Hitler por desarticular definitivamente a dicho partido.

(5) I. Kershaw, op. cit., pág. 449.

(6) Idem.

(7) Una versión musicada puede escucharse en http://www.youtube.com/watch?v=9pVFJ7fmARA

ENLACES:

Arde el Reichstag 1Del 30.01.33 al 5.03.33, semanas decisivas
Arde el Reichstag 2 – Llamas en el Reichstag
Arde el Reichstag 3 – La conspiración indemostrable
Arde el Reichstag 4 – Las elecciones de marzo de 1933
Arde el Reichstag 5 – Las modificaciones constitucionales
Arde el Reichstag 6 – El juicio, absoluciones y condenas
Arde el Reichstag 7 – Moscú miente y la mentir se institucionaliza
Arde el Reichstag 8 – Conclusión

 

 

viernes, 8 de enero de 2021

Arde el Reichstag. Del 30 de enero al 5 de marzo de 1933 (3 de 8) - La conspiración indemostrable (por inexistente)

Se conocen perfectamente los movimientos de Hitler, Göring y Goebbels en la noche del 27 de febrero y en los días inmediatamente anteriores y posteriores. Todos los historiadores serios reconocen que no existen indicios de que la dirección del NSDAP o del “gobierno de concentración nacional” esperasen algún acontecimiento de carácter terrorista (1). Ya hemos descrito los primeros movimientos de los tres dirigentes nacionalsocialistas a poco de enterarse del incendio. Lo que ocurrió allí es significativo del estado de ánimo en el que se encontraban.

Cuando Diels comunicó a Hitler les indicó que se había detenido a un hombre que parecía haber actuado solo, acaso la obra de un loco, éste, lejos de creerle, montó en cólera. Visiblemente nervioso (2), Hitler le interrumpió, espetándole que el atentado había sido “reparado meticulosamente”, añadió que había que ahorcar a los diputados comunistas como traidores. “No estaba fingiendo”, añade Kershaw (3), lo que equivale a decir que verdaderamente creía que estaba asistiendo a los primeros chispazos de una insurrección comunista. Esta opinión cristalizó espontáneamente en todos ellos en esos primeros momentos. Göring, aun antes de que llegara Hitler, a poco de iniciarse el fuego, ya expresó a sus colaboradores esa misma convicción y así se la transmitió también a Hitler cuando éste llegó a las 10:30, añadiendo que los últimos en abandonar el edificio antes de que prendieran las llamas habían sido algunos diputados comunistas. Este hecho y la detención del incendiario que había confesado su filiación comunista, eran suficientes para que Göring considerase que se estaba en el inicio de una conspiración comunista. Hitler compartió este criterio y así se lo comunicó, a su vez, a Von Papen inmediatamente llegó: “¡Esto es una señal que envía Dios, Herr Vicecanciller! ¡Si este incendio es, tal como creo, obra de los comunistas, entonces debemos aplastar a esa plaga asesina con puño de hierro!” (4). Diels no se sintió con valor para contradecirles a la vista del clima de excitación que había llegado al máximo.

A las 10:45, Hitler convocó una reunión a la que asistieron Göring, Goebbels y Frick (ministro del interior del Reich) en el domicilio del primero. Fue Göring quien dio las primeras órdenes y Diels quien las recibió: alerta policial en todo el Reich, autorización para utilizar armas de fuego al más mínimo indicio de agitación, detenciones preventivas de los agitadores comunistas más conocidos. De aquella reunión se tiene noticia por Diels quien, una vez “desnazificado”, en sus memorias (5) describió el ambiente extraordinariamente tenso e incluso disparatado en el que se adoptaron las medidas y que excluye de partida, la posibilidad de una operación false flag con el objetivo de acabar con la oposición comunista (6).

A la mañana siguiente, Wilhelm Frick presentó al gobierno el borrador del decreto “Para la Protección del Pueblo y del Estado” que daba al gobierno del Reich plenos poderes para intervenir en los länders ante amenazas insurreccionales. En caso de motines y disturbios correspondía al ministerio del interior del Reich tomar la iniciativa, algo que hasta ese momento correspondía a los poderes regionales o bien –dependiendo de la gravedad de la situación– a la Reichswehr (7). La cuestión del decreto fue el último tema tratado en la reunión del “gobierno de concentración nacional” en la mañana del 28 de febrero. Se aprobó sin discusión después de que Frick leyera su texto y de que Hitler lo defendiera. El Führer explicó que había llegado la hora del enfrentamiento final con los comunistas y que “no tenía sentido esperar más”. La pieza se conocería como “Decreto del incendio del Reichstag” y el Mariscal Von Hindenburg no dudó ni un momento en firmarlo, después de que fuera revisado por sus asesores legales; estos concluyeron que el Artículo 48 de la Constitución habilitaba al Presidente de la República a tomar “las medidas necesarias para salvaguardar la seguridad pública”. Así pues, se trataba de un decreto completamente legal, a la vista de la importancia del episodio terrorista.

El decreto contaba de seis artículos y puede resumirse así:

Artículo 1. – Se suspendía “hasta nuevo aviso” el ejercicio de las libertades básicas (expresión, prensa, asociación, reunión y secreto de las comunicaciones), se permitía a las autoridades practicar registros.

Artículos 2 y 3. – El Ministerio del Interior asumía las facultades de orden público que hasta ese momento correspondían a los länders.

Artículos 4 y 5. – Establecían las penas para “actos contrarios a la seguridad pública” que iban desde multas de 15.000 Reichsmark hasta la pena de muerte según la gravedad del delito y la resistencia que opusieran a las autoridades del Reich.

Artículo 6. – Fijaba la entrada en vigor del decreto.

No se trataba de una legislación específicamente “hitleriana” sino que unos meses antes, Kurt von Schleicher, antecesor de Hitler en el cargo de canciller, ya había amenazado al KPD con medidas “duras” a la vista de su participación en acciones terroristas y de violencia urbana: “Confieso que no creo que fuera desastroso si a largo plazo no aplicásemos estas disposiciones duras en Alemania. Por ello, he pedido al Presidente del Reich medidas excepcionales para tranquilizar la situación del país. El presidente del Reich ha puesto como condición que estas medidas se basen en el buen sentido de la población respetuosa con la ley, pero manifestó que no dudaría en adoptar un reglamento fuerte para la protección del pueblo alemán, si se viera engañado en sus expectativas. Los alborotadores profesionales, así como algunos instigadores, la prensa que envenena la atmósfera, recibirán una advertencia con este reglamento. Espero que no sea necesaria su utilización, como espero que no sea necesario utilizar al ejército. Pero no quiero que se dude que el gobierno nacional va a ahorrar medidas para evitar que prospere la subversión comunista” (8).

Las cifras de detenidos en virtud de la aplicación de este Decreto varían extraordinariamente: Kershaw alude a que “solamente en Prusia se detuvieron a 25.000 personas” (9), sin embargo, cuando Richard Julius Hermann Krebs (a) “Jan Valtin”, antiguo miembro del KPD y funcionario del Komintern, da unas cifras mucho menores: “Más de cuatro mil setecientos jefes comunistas y socialistas fueron arrestados en la noche del incendio del Reichstag” (10). Valtin aporta en estas mismas páginas otros dos datos significativos: las detenciones empezaron en Prusia (feudo de Hermann Göring, en donde el NSDAP era ampliamente mayoritario) y desde el primer momento los comunistas, aun sin pruebas, sin saber siquiera quién era el comunista detenido, acusaron a Göring de haber ejecutado el atentado. Valtin, en efecto, cuenta que en “en la madrugada ya se habían dispersado nuestros coreos para dar la orden de imprimir y distribuir grandes ediciones de octavillas encabezadas con las siguientes palabras: ‘El nazi Göring ha incendiado el Reichstag’” (11). Así pues, a poco de conocer la noticia, ignorando exactamente lo que había ocurrido, el KPD ya hacía circular la versión inculpatoria, lo que demuestra a las claras que si bien el “gobierno de concentración nacional” actuaba creyendo que efectivamente existía una conspiración comunista en marcha (y no solamente las llamas del Reichstag, sino las acciones del KPD desde su fundación les inducían a considerarlo como una organización terrorista), el KPD lanzó la versión de una operación false flag por simple conveniencia política. ¿Qué pretendían con ello? Valtin lo explica cuando da cuenta de las reuniones que el Secretariado Ejecutivo del KPD mantuvo con Dimitrov, el enviado del Komintern, en Hamburgo y en Berlín y en las que él mismo participó: “El Komintern exigía una ofensiva general en todo el frente y, antes que nada, la provocación de una huelga general contra el gobierno hitlerista (…) ¿Con qué propósito? El delegado del Komintern, un húngaro, contestó de forma agria: –Para echar a Hitler mediante la huelga general” (12). Se produjeron tensiones en ambas reuniones y Westerman, uno de los dirigentes, abandonó la reunión al no creer que la huelga general pudiera tener éxito. Al día siguiente fue expulsado del partido y en el verano de 1935 la Gestapo lo detuvo suicidándose poco después. Valtin–Krebs añade: “Nosotros aceptamos la orden del partido. En los primeros días de febrero de 1933, organizamos la distribución de millones de octavillas que llevaban el titular: “Obreros de Alemania. ¡Abajo Hitler! ¡La huelga general es la consigna del momento!”. Era evidente que se trataba de una política suicida: la del enfrentamiento directo con un enemigo que no solamente estaba organizado en poderosas Secciones de Asalto, sino que disponía de los recursos del Estado. Ya no se trataba de vencer a la “peste parda”, sino de vencer al Estado. Tal como Westerman y otros dirigentes comunistas conscientes de la situación pensaban, aquella estrategia supondría el hundimiento del KPD que un año después ya estaba completamente desintegrado.

Es evidente que tanto el “gobierno de concentración nacional” como el KPD no examinaron la situación con objetividad: los primeros, llevados por las experiencias habidas desde 1919 hasta la noche del 27 de febrero de 1933, vieron en las llamas que circundaban a la cúpula del Reichstag como si se tratara de otro atentado del Frente Rojo Armado, la organización militar del KPD. A ello contribuyeron las declaraciones de las que nos habla Valtin, los panfletos repartidos masivamente llamando a la huelga general y a la sublevación de la clase obrera para echar a los nazis. Para colmo, en la confusión de los primeros momentos, Van der Lubbe se había declarado voluntariamente comunista aun sosteniendo que había actuado en solitario, pero para quienes conocían el funcionamiento del KPD era difícil pensar que alguno de sus miembros podía acometer acciones terroristas sin orden superior. El hecho de que no existieran comunistas de tendencia “consejista” o “pannekoekista” en Alemania y la inquietud ante las reiteradas amenazas del KPD, hicieron todo lo demás.

Los comunistas no evaluaron bien la situación en Alemania desde finales de los años 20. A fuerza de proclamarse como “vanguardia de la clase obrera alemana” habían olvidado que solamente representaban a una fracción de la misma y si bien su presencia era masiva en algunas zonas (en Hamburgo el KPD llegó a tener 100.000 afiliados), en otras eran prácticamente inexistentes y en otras incluso, el NSDAP les había rebasado completamente atrayendo incluso a afiliados y cuadros… que conocían perfectamente cómo actuaba el KPD y el Komintern. Para estos no había duda: si había que mentir, se mentía y si había que lanzar el bulo de que Göring era el responsable del incendio – ¿acaso no había llegado antes que otros dirigentes nazis al escenario…?– ningún cuadro sentía el más mínimo escrúpulo en imprimir millones de octavillas con esta mentira, porque el fin –el avance de la subversión comunista– justificaba cualquier medio y la mentira no era más que otro elemento táctico de su arsenal maquiavélico.

No se trataba solamente de que existieran dos partidos “extremistas”, opuestos hasta el tuétano, el KPD y el NSDAP, sino que lo que existían en Alemania en aquel momento eran dos puntos de vista, el del “gobierno de concentración nacional” que se mostraba temeroso –y con él millones de alemanes– ante la inmediatez de una subversión comunista, y la del KPD que aspiraba sobre todo a expulsar a Hitler del poder mediante la huelga general. El Decreto del incendio del Reichstag, es hijo de esta contradicción insalvable. El gobierno eligió la vía del aplastamiento de la subversión, cuando el KPD todavía no había comprendido su situación de inferioridad estratégica incluso entre la clase obrera y seguía pensando en términos de desafío al Estado.

El gobierno del Reich siempre sostuvo, incluso tras la emisión de la sentencia absolutoria para los representantes del Komintern, que Marinus Van der Lubbe no actuó solo y que el incendio fue el resultado de una conspiración comunista. Las pruebas nunca fueron presentadas, ni en el juicio que tendría lugar a finales de 1933, ni con posterioridad.

NOTAS

(1) Por ejemplo: “Nada indica que la dirección nazi tuviese pensado algo espectacular”, I. Kershaw, op. cit., pág. 459.

(2) Kershaw dice que se encontraba en “un estado semihistérico”.

(3) Idem, pág. 449.

(4) Idem, pág. 452.

(5) Philip Metcalfe, Confessions of Rudolf Diels, Permanent Press, 1990. Pág. 93.

(6) A pesar de que, como veremos, no se dispone de ningún dato que avale la hipótesis de una operación “bandera falsa” (false flag) esta versión sigue reproduciéndose insistentemente, especialmente en obras de divulgación. Véase, por ejemplo: “Hitler se había paseado por las ruinas humeantes del Reichstag, espíritu gótico y expresionista a la vez, meditando sobre los futuros eslabones de una historia de represalias. El fastuoso y estratégico incendio, que para la opinión mundial no cabía duda que había sido preparado por los propios nazis –particularmente por las SA– serviría para cimentar jornadas muy inmediatas de represión al partido comunista” (Filosofía de la conspiración: marxistas, peronistas y carbonarios, Horacio González, Ensayos de Punta, Colihue, 2004,  pág. 102). Hoy se sabe perfectamente que inmediatamente se conoció la noticia del incendio, aun sin disponer de ningún dato concreto en esa dirección, las imprentas del KPD ya daban esta versión.

(7) Se ha dicho que la introducción de este punto se debía a que si era el ejército el que recibía la iniciativa en la lucha contra la subversión, Hitler hubiera visto mermado su poder (I. Kershaw, op. cit., pág. 452), sin embargo la respuesta es mucho más simple: Hitler había garantizado en la reunión ya mencionada con los mandos militares el 3 de febrero, que no obligaría a intervenir a la Reichswehr para sofocar motines…

(8)  Cfr. http://de.wikipedia.org/wiki/Verordnung_des_Reichspr%C3%A4sidenten_zum_Schutz_von_Volk_und_Staat

(9) Op. cit., pág. 453.

(10) La Noche quedó atrás, op. cit., pág. 275. Es significativo que Valtin no se pronuncie sobre la autoría del atentado, sin embargo, cuando le comunican las órdenes de la Internacional (“todos los funcionarios tienen que cambiar sus domicilios en seguida”) explica que los primeros arrestos se produjeron en Prusia.

(11) Idem., pág. 275.

(12) Idem., pág. 265.

ENLACES:

Arde el Reichstag 1Del 30.01.33 al 5.03.33, semanas decisivas
Arde el Reichstag 2 – Llamas en el Reichstag
Arde el Reichstag 3 – La conspiración indemostrable
Arde el Reichstag 4 – Las elecciones de marzo de 1933
Arde el Reichstag 5 – Las modificaciones constitucionales
Arde el Reichstag 6 – El juicio, absoluciones y condenas
Arde el Reichstag 7 – Moscú miente y la mentir se institucionaliza
Arde el Reichstag 8 – Conclusión

 

 

jueves, 22 de noviembre de 2018

ACABA DE APARECER EL VOLUMEN III DE LA HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL SOCIALISTA


La Historia de la Revolución Nacional-Socialista ofrece una panorámica en tres volúmenes y un anexo sobre uno de los fenómenos más sorprendentes del siglo XX, tratando de responder a preguntas muy concretas ¿Cómo fue posible la irrupción de un movimiento de estas características en la historia de Alemania? Despojados de los prejuicios incrustados por la “propaganda de guerra”, liberado de las denigraciones sistemáticas y de las exaltaciones propias de los apologistas ciegos ¿qué fue el nacional-socialismo? ¿Cuál era su doctrina y las influencias que recibió? ¿Qué factores hicieron posible su ascenso y qué política imprimió al Reich una vez llegado al poder? La Historia de la Revolución Nacional-Socialista está dividida en tres partes y un Anexo
- Volumen I (El tiempo del despertar 1919-1928),
- Volumen II (El camino hacia el poder 1928-1933),
- Volumen III (El Tercer Reich 1933-1939).
- Anexo (Los grandes temas)

El autor, Ernesto Milá, periodista y escritor, es director, así mismo, de la Revista de Historia del Fascismo y ha escrito numerosos trabajos sobre estos movimientos y sobre política internacional. Acaba de publicar una trilogía sobre el “fascismo español” y Milicia en dos volúmenes sobre la Tradición Guerrera.

En este volumen III se aborda la descripción de los primeros meses del régimen en el capítulo I, lo que implicó el incendio del Reichstag para abordar las reformas constitucionales y el proceso de “sincronización”. Luego se describe la oposición interior al régimen y los acontecimientos que llevaron a la Noche de los Cuchillos Largos a partir de la cual, Hitler tuvo el control completo del aparato del Estado y consiguió controlar la disidencia de las SA. En los dos capítulos siguientes se describen las dos fases de la Revolución Nacional Socialista: la que resolvió la cuestión económico-social y la que, una vez logrado este objetivo, se enfocó hacia la reconstrucción nacional y la unificación de todos los países de lengua alemana.

En un volumen de anexos incluiremos distintos aspectos de la Revolución Nacional Socialista, tanto en política interior, como en política cultural, en las relaciones entre el partido y las fuerzas armadas y en su proyección exterior.

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

Capítulo I
Llamas en el Reichstag
Marinus van der Lubbe: historia de un comunista
La conspiración indemostrable
Las elecciones de marzo de 1933
Las modificaciones legales.
El juicio: absolución y condena
La propaganda de guerra entra en acción

Capítulo II
La noche de los cuchillos largos
Alemania 1933–1935: la “sincronización”
Apuntes sobre las tendencias internas del NSDAP
El capitán Rohem
Caminando hacia el abismo: los prolegómenos del drama
Matanza en el Edén: Bad Wiesse
Una represión contra el “ala izquierda”... y contra “la reacción”
La “versión oficial”

Capítulo III
La primera fase de la Revolución Nacional Socialista:
La solución al problema económico-social
¿Herejía económica o aplicación del principio de racionalidad?
El lugar de la “cuestión económico–social” en la Revolución Nacional Socialista    
Las concepciones de Hitler en materia económica
Principios de la economía nacionalsocialista:
1) Economía social para evitar la lucha de clases
2) Sustitución del “valor oro” por el “valor trabajo”
3) Planificación económica frente a libremercado
4) Inversión pública como motor de la recuperación
5) Innovación tecnológica como aliciente
6) Fuerte sector público
7) Autarquía
8) Organización Corporativa
9) Dimensión económica europea
La aplicación de los principios 
          1) Los bonos MEFO          
          2) La herejía modelando Alemania             
          3) La política monetaria 
          4) El control sobre los precios      
¿Una “economía de guerra”?     
Algunas medidas sociales             
Conclusiones     

Capítulo IV
La segunda fase de la Revolución Nacional Socialista:
La reunificación de los territorios de lengua alemana
Europa en la segunda mitad de los años 30
La reunificación nacional: de la “pequeña” a la “Gran Alemania”
El Sarre de nuevo parte del Reich
El rearme alemán como garantía de una política de independencia nacional
El Anchluss como tránsito de la “pequeña Alemania” a la “Gran Alemana”
La cuestión de los Sudetes y los acuerdos de Múnich
La traición a Alemania de la derecha conservadora
El “partido de la guerra”
El acuerdo germano–lituano sobre Memel
Danzig y la polémica Hitler–Roosevelt
El pacto germano–soviético
Polonia: satisfecha y orgullosa hacia el matadero


CATACTERISTICAS TÉCNICAS

Tamaño: 15 x 23 cm
Páginas: 276 páginas
Portada: cuatricomía y con solapas
Papel: 80 grms.
PVP: 23 euros (+ 4€ gastos de envío)
Consultar descuentos por pedidos superiores a 5 ejemplares
Envíos internacionales consultar los gastos de Correos. 
Pedidos eminves@gmail.com
Los tres volúmenes: 60 euros (sin gastos de envío para España)