miércoles, 24 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (177) – MEDITACIONES DESDE MI RETRETE 2.0.


Les decía el otro día que el Pronto es mi revista de cabecera en esas horas del día en las que aligero mi carga intestinal. Les confesaré hoy que no suelo mirar en esa revista los artículos “del corazón”. En general, los personajes y las situaciones (la Preysler, el último presentador de moda, la chica que se ha estrenado en una serie del tres al cuarto y que su agencia quiere promocionar, el último divorcio o arrejuntamiento del famoso, algún sarao de campanillas, la última boda real), me resultan siempre cargantes. Algún sujeto habitual en esas páginas, es incluso siniestro. Miguel Bosé, sin ir más lejos. Miren las fotos que hay de él en Google y díganme si no ha ido adquiriendo con el paso del tiempo, un aire siniestro; de esos que si uno se lo cruza en la calle, mejor pasar a la otra acera (dicho sin segundas). Al parecer el fulano se ha separado y se han repartido con su ex chorbo a los hijos, como si de una pedrea se tratase. Y de eso es de lo que me quejo.

Tiene gracia porque hace unos días, a raíz de que se estrenada en el Festival de Cine de Sitges, un remake de la película de Darío Argento, Suspiria (1977), volví a ver este “clásico” del terror italiano de los setenta (sobrevalorado y que podría rivalizar con las películas de nuestro entrañable Paul Naschy). La película me pareció floja y pretenciosa, un spagheti-terror que solamente comento ahora porque aparecía en un papel secundario Miguel Bosé, cuando apenas tenía 21 años. Era entonces un tipo andrógino, de belleza femenina, que debía causar entusiasmos en los ambientes atraídos por ese tipo de objetos eróticos. Durante la transición se definió como bisexual, pero lenguas viperinas decían que no, que asomaba por la puerta entreabierta de la ebanistería.

Nació español, pero luego adquirió la nacionalidad panameña. Se cansó de ella y se hizo colombiano. Hoy, algunos dicen que aspira a la nacionalidad mexicana. Además de la italiana por parte de madre. En fin… Nunca me interesó ni su música, ni cuando se dio a lo kitsch, ni su época experimental, ni la causa común que hizo con Pedro Almodóvar y con la progresía en su etapa de “crítica social”, ni cuando se entregó a la música comercial. De verdad: ni me ha interesado su música, ni considero que su participación en el cine (recuerdo un horroroso film medievalizante que protagonizó (El caballero del dragón) o el papelón que le dio Almodóvar como “juez travestí”. Y, claro está, me la traen al fresco los hábitos sexuales del personaje y la marca de rimmel que utiliza para sus fotos más intranquilizadoras.



Hay personajes en los que uno intuye algo enfermizo. Me di cuenta el otro día viendo su intervención en Suspiria. Supongo que el sueño erótico de Almodóvar era travestirlo y lo realizó, finalmente. En aquellos tiempos era el chico encantador y andrógino que gustan a ciertos gays. De esa época data su unión con un “escultor valenciano” del que, al parecer se sabía muy poco. Se convirtió en su “pareja” a lo largo de casi tres décadas, lo que no es poco, sobre todo si tenemos en cuenta, que entre heterosexuales, esa duración, hoy, ya es casi un récord. A lo largo de esa relación, Bosé y Cía adoptaron cuatro niños, Diego, Tadeo, Ivo y Telmo.

Y esta es la cuestión: que separada la pareja se han repartido a estos niños. Dos para cada uno, y tan contentos. Me pregunto lo que sentirán esos niños (ni Colombia, ni Panamá son países en los que papá y mamá del mismo sexo sea algo habitual) y si una pareja gay es lo mismo que un “matrimonio” y, por tanto, puede admitirse como marco más adecuado para una adopción. Será porqué empiezo a darme cuenta de que “soy antiguo”, pero estas situaciones ni me gustan, ni las entiendo, por mucho que me esfuerce. Igual es que no hay nada que entender, salvo la estupidez propia de la modernidad..

Miren, si el Bosé y su chico se han querido durante casi tres décadas, me parece muy bien y no es de mi incumbencia, como tampoco lo es que un buen día se tiren los abogados a la cabeza. Lo que dudo -y nunca antes se me habría ocurrido de no llegar Zapatero y sus fastuosas leyes de ingeniería social- es que una pareja del mismo sexo sea el marco más adecuado para la educación de los hijos. Recuerdo que no hace tanto, para adoptar un niño, hacía falta cumplir requisitos y más requisitos: hoy parece que nos niños se compran con tanta facilidad como quien adquiere una mascota. Y no confundamos: tener hijos, educarlos, criarlos, formarlos, es algo muy serio.

Tener hijos es la modulación de nuestro instinto de supervivencia: teniéndolos (esto es, uniéndonos a otra persona de sexo opuesto), garantizamos la supervivencia de la especie y la de nuestro propio linaje. Claro está que eso implica que estamos orgullosos de nuestro linaje: que hemos tenido por gigantes a nuestros padres, que los hemos amado y que mantenemos un recuerdo emocionado por nuestros abuelos, que miramos nuestro árbol genealógico y decimos: “Coño -porque yo digo coño- venimos de aquí, este es nuestro linaje, esta es nuestra identidad, tengo que prolongarla en mis hijos y que ellos hagan otro tanto”. Eso, en mi óptica de conservador consciente de que no queda mucho por conservar, es lo que considero “normal”.

Comprar un niño a una agencia, pagar por él, incluso cometer la frivolidad de decir “Uy, me falta en la colección un niño de color amarillo” o alardear de “tengo una pareja de negritos y son preciosos”, me parece algo siniestro, indigno y reflejo de la vacuidad y de la estupidez de nuestro tiempo. Sobre todo, porque nadie piensa en lo que pasa por la cabeza del niño arrancado de su entorno cultural y trasplantado a otro, sin arraigo alguno.

Presumo que es lo que les pasará a los dos niños con los que se han quedado Miguel Bosé y su compañero de tres décadas. Y lo siento, no por la pareja rota, sino por esos chavales para los que, sin comerlo ni beberlo, también ha empezado una nueva vida.

Algo no funciona en nuestra sociedad. Se dirá todo lo que se quiera sobre la familia: se dirá que hay “nuevos modelos familiares”, se dirá que la familia tradicional está obsoleta y periclitada, se dirá que hay muchas familias heterosexuales infelices, que las rupturas están a la orden del día y se dirá todo lo que se quiera sobre la libertad que cada uno tiene de formar una nueva “célula” social a su gusto y a su medida. Pero, vale la pena no olvidar que, en nuestro ámbito cultural la familia heterosexual y la procreación dentro del marco de la familia, ha “funcionado” durante milenios, mientras que los “nuevos modelos familiares” fallan más que una escopeta de feria (es significativo que no se elaboren estadísticas sobre duración de matrimonios gay o resultados de las adopciones) y, de momento, no están resultando el marco más adecuado para la crianza y educación de los hijos.

De hecho, esos “nuevos modelos” no resuelven los problemas de la familia convencional, sino que prolongan y radicalizan aún más la crisis de la familia tradicional. Porque esa crisis existe: hoy no solamente se tienen pocos hijos, sino que los pocos que se tienen, reciben -por lo general- una educación antiautoritaria y liberal que en absoluto garantiza buenos resultados. ¿Demostración? Si quiere usted una demostración mire en su entorno…, seguro que lo entiende rápidamente.

Lo de Miguel Bosé y “su chico” es algo anecdótico. El drama es el destino de los cuatro niños que vivían bajo su techo. Y el gran drama el destino de nuestra sociedad que ha renunciado a tener hijos, ha renunciado al marco históricamente más adecuado para criarlos y se limita a ir al super y comprarlos como quien compra un frasco de lentejas, unos chocokispis, o unos yogures.  

Cuando se llega a estos extremos, un conservador como yo, tiende a pensar que nuestra sociedad no tiene futuro porque se ha instalado en la locura.

martes, 23 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (176) – BARCELONA KAPUT: INVADIDA POR DELINCUENCIA Y EPIDEMIAS

Si yo viviera en Barcelona estaría alarmado. No sólo por las noticias que van apareciendo y por los cambios en la vida ciudadana y del propio paisaje urbano que se vienen produciendo en los últimos años, sino porque, los medios municipales que hacían todo lo posible por simular optimismo y sembrar tranquilidad, finalmente, han reconocido que la ciudad se está viendo arrasada por la delincuencia. Y para colmo, empiezan a extenderse enfermedades propias del Tercer Mundo ¡en las escuelas y parvularios! Me quejo de que, habitualmente, los “poderes públicos” tardan en reconocer la existencia de problemas y, cuando lo hace, ya es demasiado tarde para resolverlos.

No es por falta de policías, sino por ineficiencia del “sistema” y por la politización de algunos cuerpos de seguridad. En Cataluña existen en estos momentos 10.631 policías locales y 16.869 miembros de la policía autonómica. Solamente en Barcelona (ciudad con 1.500.000 habitantes) hay 9.208 “mozos de escuadra”: es decir ¡un agente por cada 162 ciudadanos! Si a esto unimos, los 2.745 agentes de la Guardia Urbana, podemos decir que, en teoría, Barcelona es una de las ciudades más protegidas del mundo. Una zona que no debería ser preferencial para la delincuencia. Y, sin embargo, ocurre todo lo contrario. Lo acaba de reconocer el ayuntamiento a la vista de que la opinión pública percibe ya hace demasiado tiempo que la seguridad se está deteriorando aceleradamente.

El gobierno municipal, ha publicado una estadística oficial de delitos. Ciutat Vella está superando a los peores barrios de Marsella o de Molenbek y empieza a parecerse a Secondigliano, en Italia, donde la Camorra gobierna más que el ayuntamiento. El estudio ha sido elaborado por la “comisión de delitos del distrito de Ciutat Vella” (barrios del Raval, Gótico, Sant Pere de les Puelles, Santa Caterina, Barrio de la Ribera y la Barceloneta), han superado el número de actos violentos, robos al descuido, robos con intimidación, agresiones, tráfico de drogas y asesinatos, cometidos en los momentos más lúgubres de la Ciudad: no hace tanto en 2009-2011. Entonces se dijo que el repunte de la delincuencia estaba causado por la “crisis económica” … ¿y hoy…? ¿qué genera hoy esa delincuencia?

Por lo demás, la delincuencia no es un fenómeno nuevo en Barcelona: desde 1996 se advirtió la entrada en una nueva fase: entre 1997 y 2003, las bandas albano-kosovares saqueaban polígonos industriales y oficina. Utilizaban a menores para evitar que, en caso de ser detenidos, tuvieran que afrontar una condena. Luego, en 2001-2003, se estableció en la Ciudad Condal una colonia de “niños marroquíes”, vivían en las calles, y cada día durante años eran puntualmente detenidos por las distintos servicios policiales tras haber cometido tirones, robos al descuido, robos con intimidación, llevados ante el juzgado de menores, enviados al centro de menores, vestidos, merendados, cenados, desayunados… para fugarse luego y volver a repetir el mismo ciclo al día siguiente.

Así que la cosa no es nueva, pero si que resulta más alarmante que en otros momentos: en primer lugar porque si hay una ciudad española que debe cuidar las formas y mantener a raya a la delincuencia es Barcelona, cuyos ingresos más importantes, proceden del turismo, ese turismo que resulta el más azotado por la delincuencia. Se calcula que para finales de año se habrán cometido en torno a 40.000 delitos en el Distrito (a lo que habría que sumar una cifra que todavía no ha sido publicada, de toda la ciudad). Lo que resulta alarmante es que, solamente en un año, en toda la ciudad, los delitos de robos con fuerza en domicilios han aumentado un 31% y que los hurtos lo han hecho en un 22,7%. Para colmo, los robos con intimidación a pie de calle han crecido un 12%.

Estos datos son muy importantes, porque si bien en el Raval la delincuencia está, visiblemente relacionada con los “narcopisos”, en la totalidad de la ciudad no puede separarse de la llegada cada vez más masiva de inmigración que puede verse en las calles deambulando de un lugar a otro, en horas que deberían ser laborales… No es un problema generado por “los barceloneses”, sino,  por la inmigración masiva y descontrolada que se ha instalado en Barcelona, y en medio de la cual han llegado delincuentes de todo el planeta. Hoy Barcelona es una ciudad en la que se dan las condiciones ideales para una “tormenta perfecta”: policía politizada, alerta antiterrorista permanente de nivel 4 sobre 5, ayuntamiento incompetente, escasa eficacia de algunos cuerpos policiales, inmigración masiva, turistas despistados y, para colmo, un sistema judicial sobreprotector que hace inútil el trabajo policial.


Barcelona se hunde, esa es la realidad. Los precios de la vivienda y del alquiler siguen subiendo, y el turismo sigue llegando, pero ¡qué turismo! En mi estancia en el Norte de Portgual he podido ver ciudades como Oporto o Braga en las que abunda en turismo británico. Se trata de un turismo interesado por monumentos, vistas, historia local, ocio, comida… Reconozco que me sorprendí de lo reposado y sereno que era aquel turismo que procede de las mismas islas que envían a Barcelona, hooligans, practicantes del balconing, turismo de chancleta, porro y litrona, y que han convertido las vidas de los barceloneses en un infierno. ¿Por qué el turismo de calidad va a otros países y la morralla llega hasta Barcelona? Respuesta: porque la Ciudad Condal les da lo que buscan: medio millar de clubs de cannabis, cerveza a 26 céntimos lata, litrona a 75 céntimos y silencio y vista gorda ante borracheras, peleas, excesos y gamberradas. Esto explica porqué el turismo se ha mantenido en Barcelona, a pesar de la crisis independentista, pero porqué ¡han disminuido un 10% los ingresos por turismo en la ciudad!

¿Hasta cuándo podrá Barcelona resistir esta situación? Imposible decirlo. Pero lo que sí puede afirmarse es que no es solamente en el frente del “orden público” en donde la vida ciudadana se va degradando. Hace unos meses me quejaba de la invasión de chinches en la ciudad de Sabadell. Luego, un amigo me indicó que también por Ciutat Vella se ha producido la misma invasión de parásitos. Pero hoy, La Vanguardia publica otra noticia alarmante para los barceloneses, especialmente para los padres: se ha registrado un brote de impétigo en las escuelas de la ciudad. Se trata de una enfermedad infecciosa, de fácil contagio, que produce excemas en la piel, especialmente en el rostro y en torno a la boca, y que se ha propagado como una mancha de aceite en las “últimas semanas”. La infección se extiende más y más por los centros de enseñanza.

La gencat, preocupada por el embarrancamiento del proceso independentista y las trifulcas a navajazos entre fracciones, no está para prestarle mucha atención al brote. De hecho, un padre que fue a quejarse en persona porque su hijo se había visto afectado, asegura que la Agencia de Salud Pública le reconoció que “hay casos de impétigo por toda la ciudad”. No es grave, pero sí molesta. Se trata con antibióticos. ¿Origen? ¡Falta de higiene! En este momento, la gencat afirma no saber cuántos niños están infectados y trata de quitar hierro a la situación: dice que cada año se producen en otoño… sí, pero nunca han alcanzado los niveles de epidemia de este año.

La epidemia se une a los problemas generados por la superabundancia de perros en la Ciudad Condal. El año pasado, el colegio de veterinarios, tenía censados 149.000 canes. Es decir, 1 de cada 10 barceloneses tiene perros “censados”… luego está un número indeterminado de “no censados” y luego están los perros callejeros. De estos perros, 4.000 aproximadamente, pertenecen a razas particularmente agresivas y “potencialmente peligrosas”.

No parece absurdo pensar que entre perros y otros animales de compañía (33.052 gatos censados, 798 hurones, 537 animales exóticos de otras especies), hay en torno a 250.000 animales en la ciudad. Luego están las cacatúas que escaparon a sus propietarios y que han creado enjambres en determinados parques de la ciudad. Todo esto genera, además, parásitos (pulgas, piojos y garrapatas) que impiden a los barceloneses sentarse en algunos parques sin verse asaeteados.

Los litros de orina vertidos diariamente en las calles por estos miles de animales hacen que determinados barrios de la ciudad huelan a diablos. ¿Por qué los propietarios, si recogen los zurullos con bolsa de plástico, no tratan de disolver en agua las meadas de sus canes? Sería deseable. En algunos barrios de Ciutat Vella, el olor a orines se funde con aroma a porros y sus calles, estrecha, oscuras e insanas, encuentran en el pestazo a gasolina quemada y a fritanga con aceites requemados, la guinda del pastel.

¿Qué hace el Ayuntamiento ante todo esto? De momento, mañana se verá un pleno en el que la CUP ha propuesto que se recuse al Rey… Ah, y la gencat ha anunciado que a pesar del aumento de delitos en Barcelona no destinará más “mozos”. Si cada día el parlamentito del parque de la Ciudadela resultara amenazado, se convocarían oposiciones a “mozos”, pero ¿qué es el bienestar y la tranquilidad en Barcelona ante el sueño de la independencia.cat?





lunes, 22 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (175) – CRONICAS DESDE MI RETRETE


Sí, voy de “anarca” contrario al pensamiento masificado, pero tengo a gala leer la revista de mayor tirada en España. Reconozco que la única revista que entra en mi casa es el Pronto. Hace ya tiempo que dejé de leer Le Monde Diplomatique o el Viejo Topo, por aburridas y facciosas. Si algo une a los españoles, muy por encima del Boletín Oficial del Estado, es la revista Pronto, realizada en Cataluña y cuyo contenido tiene un valor “universal”. Va por el millón de ejemplares. Créanme que entra en casa porque es una buena revista en la que se habla de todo. Frivolidad, la hay, consejos para los padres, psicología, recetas, noticias de todo tipo, biografías. Se fundó en el tardo-franquismo, allá por 1972 y se dice de su promotor, Mariano Nadal, que su caja fuerte guarda los secretos impublicables e impúdicos de media España (que él, hombre que aborrece los escándalos, cree, juiciosamente, que si tiene que haber prensa del colorín, no tiene porqué ser necesariamente amarillista) comprados pero no difundidos. 

Le dedico al Pronto, esos momentos del día en los que, inevitablemente, nos sentamos y, si tenemos buena digestión, dejamos que la gravedad actúe sobre la taza del retrete. En ese trance, mejor una publicación ligera que el último ensayo de Alain de Benoist o la Historia de las Ideas Políticas de Jean Touchard, créanme. Me quejo de lo que veo en Pronto.

Además, el Pronto es un termómetro de la temperatura de nuestro tiempo. Es una revista, técnicamente muy bien hecha y muy estudiada. Toca todos los temas y lo hace con leves pinceladas que resultan accesibles a toda la población. Me recuerda aquel bachillerato de los años 50 y 60, que daba un razonable nivel de cultura general y que, a medida que pasa el tiempo, se va consolidando como el “plan educativo integral”, más eficiente que se haya aplicado en España. Permitía saber un poco de todo y conocer rudimentos de historia, de filosofía, de latín y de griego, de biología, mineralogía, economía, arte, poesía y literatura en general, matemáticas, física y química… a partir de ahí, que cada cual se especializara en lo que quisiera. ¿Enseñanza franquista? Las clases de Formación del Espíritu Nacional suponían tres cuartos de hora sobre un total de 23 horas didácticas semanales y no siempre eran “ideológicas”. Los rudimentos de economía los recibí en esas clases y el libro de Torrente Ballester, utilizado en la asignatura, para segundo o tercero de bachillerato, era inmejorable y podría seguir siendo hoy libro de texto muy por delante de los textos de “educación para la ciudadanía”.

El problema es que, con frecuencia, leyendo el Pronto, te das cuenta de lo mal que está el mundo y de lo locos que están sus habitantes, de las banalidades que persiguen, y del nivel de inquietud que pueden suscitar algunas noticias en mentes estables o al advertir que la estupidez se están enseñoreando cada vez más de nuestra vida.

S

Siempre empiezo a leer el Pronto por el final. Les voy a resumir algunas de las noticias que leo en un número, al azar, en un solo número de esta revista (el 2422):

“Desafío Total en Milán” (nos cuenta que con la excusa de que hay que aceptar todo tipo de cuerpos, una firma de moda italiana ha organizado un desfile en el que las modelos tenían tres pechos). Debajo, por cierto, está la foto de Jordi Cruz de pequeño y en la actualidad. El baranda de Masterchef, ni entonces ni ahora ha podido evitar esa mirada de psicópata integrado que le adorna. Otra noticia: “En España hay cuatro millones de pobres” (eso es casi un 10%), me parecen pocos. Leyendo el artículo se redimensiona: sobre 46.000.000 de habitantes (8.000.000 inmigrantes o hijos de inmigrantes o inmigrantes nacionalizados), 8.600.000 padecen “exclusión social” y de estos, la mitad se encuentran en situación “de pobreza o de exclusión severa”. Si este es el balance de 40 años de democracia, parece evidente que algo está fallando

Otras noticias (en páginas 103 y 103) son igualmente alarmantes: “El roce también es delito de abuso” (me parece bien, pero, a partir de ahora, cuidado con quien te rozas en un transporte público o en un ascensor). La noticia que sigue, parece contrapesar a la anterior: “Detector contra las denuncias falsas” (parece que, en cuestión de violencia doméstica se han disparado). Más sobre temática social: “no paran de crecer los casos de custodia compartida” (los divorcios y las disputas matrimoniales, las rupturas y la lucha por el control de los hijos, son otro éxito de estos 40 años: si no hemos aprendido a convivir en pareja o a elegir pareja ¿cómo vamos a elegir políticos o a mantener la convivencia social?). Otra noticia “alarmante”: no dejan de crecer las sentencias desfavorables a los bancos.  Y otras más de carácter internacional. Selecciono dos: “Colombia batió su récord de cultivo de coca”. En pag. 99: “Los robots podrían hacer desaparecer 75 millones de empleos en cuatro años”.

Más noticias: en pag. 97: “Victoria Federica ilusionada con su primer amor” (la hija de la infanta Elena). Bien por ella. José Andrés, el cocinero vasco, establecido en Nueva York y que va triunfando en aquellas tierras, es hoy el español más popular de los EEUU. Bien por él. Cebrián celebró con mariachis su tercera boda, mientras PRISA sigue en pérdida. Donatella Versace, ese rostro esculpido a base de bótox y hachazos de cirugía, ha vendido la firma. Y, para colmo, dos “performers” con aspecto de giliflús, posan desnudos en el Museo del Prado como "acto de protesta por el machismo occidental”. Depardieu, que quiere ahora pasaporte turco y se lo pedirá a Erdogan. Y luego, noticias de casas reales: La hija menor de Mohammed VI sustituye a su madre en un acto oficial. Al parecer también en Marruecos el divorcio causa estragos. Una joven mormona que “escapó del infierno”, anda promocionando su libro sobre las paranoias apocalípticas de esta secta.

En las páginas 76 y 77, pueden leerse cartas de los lectores sobre sus problemas. Una de ellas es antológica: una madre se queja de que sus hijos solamente piensan en “triunfar”, apareciendo en el Gran Hermano. ¿Estudiar? ¿Para qué? Y puedo entender la desesperación de la madre. Un artículo de Peñafiel sobre los tatuajes en las casas reales. Al parecer los de Don Juan de Borbón eran de campeonato y rivalizaban con los de Estefanía de Monáco; aunque el rey Federico de Dinamarca era el mas tatuado entre las cabezas coronadas europeas. Curiosamente, Peñafiel habla también de los tatuajes de Sofía Cristo, la hija de Bárbara Rey. 

Pág. 69: “Ana Julia Quejada: hay claros indicios de que mató a su hija”. Como sacada de un culebrón, parece que antes de asesinar al niño almeriense Gabriel Cruz, también realizó la misma faena antes con su propio hijo y, presuntamente, con otros novios y maricos que fallecieron posteriormente y le permitieron cobrar las jugosas pólizas de seguros. La negra Julia va a resultar que asesina en serie. Otra que va de asesinos más amables: “en EEUU se sirve una panatagruélica hamburguesa de seis kilos con carne picada, tocino, chile, queso y salsas".

La página de consultorio para padres es antológica: “Mis dos hijos se unen para ir en contra de mí”, “Cuando mi hijo se enfada se va con su padre”, “Acaba de empezar el curso y ha decidido que lo quiere dejar”, “Mi marido se pone de parte de mi hijo y éste siempre se sale con la suya”. Y cada semana, cartas del mismo jaez que demuestran la necesidad de una “Escuela de Padres” (si es que se quiere que la familia no desaparezca en los próximos 20 años). Otro consultorio sobre temas jurídicos es también sintomático: “reclamación tras compra por internet”, “devolución del IRPF” (por cierto ¿sabían que en el Tercer Reich se cobrara un IRAPF del 1% sobre los ingresos? Supongo que no, me ha venido de repente el dato). Otro que pregunta: “¿es legal consultar el móvil de mi pareja?”.

¿La gilipollez del ejemplar? (porque en todos los números hay media docena de titulares que figuran entre los más tontorrones: “Víctor Manuel: sigo siendo un rebelde”. Lo que me recuerda aquella canción que le dedicó a Franco a finales de los 60. Véase el clip.

¿La noticia más irrelevante? Que Ortega Cano se ha casado (ahora resulta que es un peso pesado de Vox), que la hija de Terelu está agobiada por la fama. Que Eugenia Martínez de Irujo vuelve a estar enamorada y que Isabel Pantoja y Chabelita  estuvieron distanciadas, pero no hay problema, porque vuelven a ser madre e hija adoptiva… Y la más irrelevante de todas: que “La mujer de Pedro Sánchez se estrena como primera dama” junto a Melania Trump. La foto indica que la “primera dama” tiene un dudoso gusto a la hora de elegir modelitos: caros, pretenciosos, de marca… pero horteras-horterísimos.

Así está España. Así está el mundo. Y así lo refleja Pronto. Patético ¿verdad? Yo creo que, más que leer ensayos sobre el fin de nuestro tiempo, las crisis de la modernidad, el negro futuro que espera a nuestros hijos, habría que leer el Pronto para advertir que una sociedad así planteada es inviable a corto plazo. A mí me ayuda a entender el mundo y a facilitar las defecaciones cotidianas.

domingo, 21 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (174) – INDEPES.CAT DE ESPALDAS A LA BELLEZA


No me voy a quejar de que la estética que ha acompañado al proceso independentista oscile entre el amarillo (habitualmente asociado a la mala suerte), las cruces amarillas (ya de por sí suficientemente siniestras), el flequillo de Puigdemont, y el flequillo cortado al hachazo de algunas exponentes antipatriarcales de la CUP, o la cara de energúmenos de algunos y algunas (aquí si que vale la pena hacer el distingo), exponentes del proceso soberanista. Y no me voy a quejar de eso, porque hacer broma con el aspecto de la gente se puede volver contra lo que se defiende: en todas partes cuecen habas y la fealdad parece acompañar a la modernidad, tanto como el look, los latigazos de botox, los remiendos estéticos de tetas y culo o los braquets. No; me voy a quejar, ya que en el proceso soberanista casi todo es simbólico, de que también los símbolos apuntan contra él. Y me refiero a los símbolos de la belleza.

Dos cosas me han llamado particularmente la atención en dos lugares de la ciudad de Barcelona asociados a la historia del independentismo. Sería difícil encontrar un monumento más feo y más mazacote en la Ciudad Condal que el alzado en recuerdo de Francesc Macià en la Plaza de Cataluña. El monumento, fue realizado por Josep Maria Subirachs en 1991 y está situado en el centro neurálgico de la ciudad. Casi en la desembocadura con Las Ramblas.

Se trata de una peana de hormigón armado en la que puede leerse “Catalunya a Francesc Macià”, aunque debería decir “Algunos catalanes a Francesc Macià, que, por cierto, se creyó representar a toda Cataluña cuando sólo representaba a una parte”. Pero, en fin, ahí está. Lo sorprendente es lo que se levanta sobre la peana: un segundo mazacote de hormigón, triangular, con el perfil de una escalera en la parte inferior e inacabado en la superior. Decía el escultor -porque el monumento hacía falta explicarlo- que eso era “Cataluña” (y, ciertamente, algunos dirigentes nacionalistas están hechos de la misma materia: hormigón armado, en especial su rostro). La escalera era una alegoría para decir que “Catalunya estaba siempre en marcha” y la parte superior, como inacabada, sugiriendo que la “construcción nacional de Cataluña” es la historia interminable. Delante de estos metros cúbicos de hormigón está un pequeño monolito con el rostro de Francesc Macià, del que Vázquez Montalbán me decía que parecía inspirado en el monstruo del Doctor Frankenstein. Algo de eso hay, en efecto. En la parte trasera del triángulo superior, se encuentra una placa de hierro, con las cuatro barras. Decía el pobre Subirachs que era el símbolo y el escudo de Cataluña…



Item más: miren el monumento -o sus fotos- y miren la escalera que colocó Subirachs. ¿No les parece que al estar en la parte inferior, no es una escalera “ascendente”, sino “descendente”, como si en lugar de llevar a lugares más elevados, condujera precisamente a los abismos y al inframundo?  

Pero esto no es lo más sorprendente. El monumento, en sí mismo, es horrible, un verdadero pegote en la plaza de Cataluña; sin más. Pero oculta algo mucho más importante: detrás, dándole la espalda se encuentra una de las más hermosas estatuas que puedan verse en la Ciudad Condal: “La Diosa” de Josep Clará. Se encontraba desde hacía muchos años en aquel espacio, pero en 1991, el alcalde de Barcelona -Pascual Maragall- en algún estado de euforia tan habitual en él desde primera hora de la mañana (era famoso que sus mejores ideas se le ocurrían con un gin-tonic a primera hora de la mañana en su despacho del ayuntamiento), se le ocurrió instalar el mazacote allí. De espaldas a la diosa. Si ustedes miran esa estatua de belleza clásica, de frente, lo que verán es el “símbolo” del “escudo de Cataluña” que puso Subirachs, protegiéndolo de… la Belleza: de espaldas al fundador del independentismo político, Francesc Macià.

Es como para meditar. Pero, ya se sabe, que “testimonio único, testimonio nulo” y que, solamente esto no bastaría para establecer una ley estética aplicable a Cataluña: “la Belleza y los indepes.cat se dan la espalda”. Otra estatua merece ser tenida en consideración.

Ignoro los motivos por los que el llamado “Parlament de Catalunya”, que debería ser más bien, “el parlamentito que utilizan algunos catalanes para apretar las clavijas a otros”, se encuentra en el Parque de la Ciudadela. Supongo que los indepes lo habrán elegido por aquello de los símbolos que tanto les motivan. Allí, hasta mediados del siglo XIX estuvo instalado el fuerte de la Ciudadela construido después de la derrota del candidato austriacista en la Guerra de Sucesión y tras la caída de Barcelona en manos borbónicas. En la zona del Barrio de la Rivera, cuentan, que tuvieron lugar los combates más duros y que, en represalia, al triunfar los partidarios de la Casa de Borbón sobre la Casa de Habsburgo, parte del barrio fue derribado y sobre sus ruinas se construyó la fortaleza. No estoy seguro de si esta leyenda es cierta, porque, más bien, la Ciudadela estaba algo así como 100 metros más allá de la zona derribada (lo que hoy es el Borne), pero, en fin, pecata minuta en cualquier caso. Sea como fuere ahí está instalada la institución, en un edificio que conocí cuando era Museo de Arte de Cataluña y que ahora es para los indepes.cat el símbolo de la “soberanía del pueblo catalán” y, para otros, un lugar que sirve para poco y que en sus cuarenta años de existencia, ha hecho poco, pero, eso sí, ha facilitado una vida tranquila y próspera a los que han calentado sus bancadas.



Y lo sorprendente viene a ser, aquí también, que justo en medio del estanque que se encuentra ante este edificio, otra estatua, igualmente sugerente, está instalada: El Desconsol, también de Josep Llimona que recibió un premio en la V Exposición Internacional de Arte de 1903. Es un desnudo femenino en posición de increíble tristeza y abandono. Ni siquiera tiene fuerza y ánimo para mostrar su rostro cubierto por una larga melena lacia. Es la melancolía y la tristeza personificada. Hubiera sido difícil encontrar una estatua más adecuada para instalarla justo delante de esa institución que jamás ha gozado de excesivo prestigio y que el poco crédito que tenía lo ha dilapidado en el malhadado “procés”.

¡Ah, y lo más importante! El Desconsuelo está también, como no podía ser de otra manera, de espaldas al parlamentito.

Así que si los indepes.cat quieren símbolos y todos sus gestos son simbólicos (Macià apareció por la ventana del Ayuntamiento y desde ahí proclamó la “República Catalana” el 14 de abril de 1931, creyéndose que, a partir de ese día, Cataluña ya sería una “república independiente” y teniendo, ominosamente, que declarar cuatro días después que se había tratado de un “símbolo”… ¿a que les suena la situación?) y, si para ellos, los símbolos son el amarillo y sus colgajos, los sellos con la imagen del Rey invertidos y las declaraciones rimbombantes pero “simbólicas”… ahí tienen otros símbolos: dos estatuas de espaldas a lo que representa para los indepes.cat el rien ne va plus de la excelencia: Macià y el parlamentito.

Para mí, estos dos símbolos son el indicativo de que la Belleza y el “procés” se llevan mal y se dan la espalda uno al otro. El símbolo es la expresión sensible de una idea y estos dos símbolos me parecen mucho más contundentes y universales que si tal o cual “lideresa” indepe se corta el flequillo al hachazo, no se depila y considera el támpax como un símbolo patriarcal o si esta o aquella no han llegado tarde al reparto de caras, o si Quim Torra hubiera podido presentarse al concurso de Mister Neanderthal con sólidas esperanzas de alzarse con el galardón, o si la Gispert hubiera ganado el casting de madre de Dani de Vito en Tira a mamá del tren

¿De verdad creen que un proceso “simbólico” puede tomarse en serio? ¿Sí…? Pues también en este terreno pueden dar la batalla por perdida.

sábado, 20 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (173) – SI ES QUE ME OBLIGAN A SER MONÁRQUICO


Me quejo de la “recusación” que realizó el parlamentito independentista de Cataluña apoyado por En Comú-Podemos, de la figura de Felipe VI. Esto último me obliga a quejarme en primer lugar de un parlamentito independentista que ya solo sirve para escenificar “gestos” y encontrar tontorrones útiles que los apoyen. Pero mucho más me quejo de que tonterías de este tipo me llevan cada vez más a sentirme monárquico, incluso a mi pesar.

Reconozco que nunca me he sentido republicano y que, como máximo, he sostenido lo de “gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones”: República o Monarquía, lo importante es que todos seamos felices y el país lleve una vida estable, sin sobresaltos y en bienestar y que éste quede garantizado para nuestros hijos y nietos.

Reconozco, igualmente, que, entre mis mentores doctrinales, la obra de Julius Evola fue decisiva y que este pensador era monárquico tradicionalista y, junto con Charles Maurras, los dos puntales de la doctrina monárquica en el siglo XX, como los Balmes o los Donoso fueron exponentes de la misma corriente en el XIX español, o Maeztu y Menéndez Pelayo.

Así mismo, reconozco que -contrariamente, a lo que se tiene tendencia pensar- José Antonio Primo de Rivera, no solamente no fue antimonárquico, sino que siempre estuvo en contacto con monárquicos, especialmente alfonsinos y que, para los que lo ignoren, el servicio de orden en el exterior del Teatro de la Comedia, en el acto fundacional de Falange estuvo compuesto por tradicionalistas y en el interior, sentados en la platea, abundaban los alfonsinos, justo en un momento en el que el propio José Antonio se presentaba en Cádiz, junto a Pemán y Carranza, como candidatos por la derecha alfonsina. Así que muy republicano no era y desafío a quien sea a que me saque una sola línea antimonárquica en las Obras Completas. El respeto de José Antonio a la monarquía alcanzó hasta los días en los que se instruía contra él el proceso de Alicante, exigiendo al secretario del tribunal que rectificara su alusión “al Borbón” (refiriéndose a Alfonso XIII) y "tratara con respeto al que había sido Rey de España". El choque Falange – Monarquía se produjo tras la guerra civil, cuando los falangistas que figuraban en el entorno de Serrano Suñer (los Ridruejo, los Merino, los Tovar, los Laín) advirtieron que, la embajada inglesa estaba pagando a los generales monárquicos para evitar que España entrara en guerra junto a Alemania. Los falangistas “legitismistas”, los Girón, los Raimundo, los Primo de Rivera, evitaron pronunciarse. Los primeros consideraban que solamente la entrada en guerra, garantizaría la posibilidad de realizar la “revolución nacional”. En una segunda fase, tras 1945, los alfonsinos de ayer, fascistizantes y fascistizados hasta ese momento, se convirtieron en “demócratas de casi toda la vida” y con ese talante figuraron en el “consejo asesor” de Don Juan de Borbón. Eso acarreó la hostilidad falangista.


Pero esta es otra historia y lo es porque ni Don Juan de Borbón, ni su hijo Juan Carlos I, fueron lo que se dice “grandes reyes” de España. Del primero solamente se conocen dos o tres manifiestos redactados por otros; y del segundo la contradicción de ver restaurada la monarquía por Franco, de ser elegido por el mismo Franco como candidato a la sucesión en la jefatura del Estado “a título de Rey”, y, al mismo tiempo de ser él quien estampara su firma en la Constitución que venía a ser la negación de todo lo anterior.

El otro día en el retrete leía en el Pronto (en ese trance, servidor recurre al Pronto o a los cuadernos de crucigramas) un largo artículo de Peñafiel en el que ponía de chupa de dómine a Juan Carlos I, le recordaba todas sus infidelidades conyugales, la pillada que le hizo la Reina Sofía regresando a la Zarzuela antes de tiempo, cuando el monarca estaba con el putoncillo de turno, luego el asunto de la periodista suiza que hizo que durante 15 días las leyes y decretos aprobados por el felipismo fueran firmados por un ploter y, finalmente, el asunto Corina. Recordaba Peñafiel que la familia Real griega no quiere ni oír hablar de Juan Carlos I y que el ex Rey Constatino no quiere ni verlo. Juan Carlos I, se mire como se mire, no fue un gran rey y posiblemente figure entre Fernando VII e Isabel II en la lista de catástrofes borbónicas.

Ayer se dieron los Premios Príncipe de Asturias. Me llamó la atención un hecho: el que Felipe VI no solamente no leyera su alocución, sino que modulara perfectamente sus palabras y que el discurso fuera, indudablemente, mejor que el de cualquier político mitinero en campaña. Sin olvidar que fue el Rey el que terminó apuntillando institucionalmente la charada del 1-O y declarándose inequívocamente por la unidad del Estado y contra el proceso secesionista.

Hoy, es difícil poner la mano en el fuego por nada ni por nadie y mucho menos por una institución que ha tenido como exponentes a verdaderos mentecatos. Sería absurdo negar que resulta imposible ver en la consorte a una reina Hay, pues, luces y sombras en la Zarzuela. Pero no es menos cierto que, España ha sido hecha por la monarquía y por el catolicismo. Del segundo queda poco y nada en el terreno político, casi se diría que el Vaticano está en liquidación por fin de temporada. La Corona sigue ahí. Frente a ello, hasta ahora, los períodos republicanos han sido de confusión, dolor, inestabilidad permanente, conflictos, centrifugación y, para rematarlo, masacres. No me pidan que me sienta republicano porque ésta no es la República Romana de los Escipiones y de César, de Cicerón y del Senado Romano (de la que un embajador griego decía que esperaba ver un foro de bárbaros y encontró una asamblea de reyes). Las Repúblicas nacidas en este desgraciado rincón del planeta han oscilado entre el fracaso y la catástrofe.

Si Juan Carlos I no fue un buen rey se debió a tres factores: su debilidad de carácter que le hizo oscilar como una caña al viento (justificando, además, esa actitud alegando que el rey debía estar por encima de las partes), su desinterés por lo que ocurría en el país puesto de manifiesto en una vida disipada, su círculo de amistades entre lo que podemos encontrar a los protagonistas de muchos escándalos financieros ocurridos en sus casi 40 años de reinado (desde Ruiz Mateos a Mario Conde,  pasando por el príncipe de Chokutua). Reconozco que siempre consideré a la reina mucho más seria y mucho más persona que a su esposo. El otro día en el retrete, me lo confirmó el artículo de Pronto. Pero no nos equivoquemos: Felipe VI no está hecho de la misma pasta que su padre.

Por si me quedara alguna duda, la recusación formulada por eso que se llama abusivamente “parlament de Catalunya”, me confirma en que algo bueno tendrá la monarquía cuando estos hooligans se sientes obligados a condenarla.

viernes, 19 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (172) – INDEPES.CAT NUNCA JAMÁS


Me quejo de que lo peor que podría ocurrir es que remitiera la crisis independentista catalana y todo quedara como si aquí no hubiera pasado nada. Y claro que ha pasado: ha pasado que una banda de irresponsables, arrastrados por la irracionalidad y la locura, han roto a la sociedad catalana en dos, tienen paralizadas a las instituciones catalanas desde hace más de una década y se niegan a reconocer la realidad: que se han quedado solos, que el proyecto ha embarrancado y que, mientras ha durado esa fiebre, Cataluña se ha empobrecido, su sociedad se ha debilitado y, paradójicamente, ha terminado siendo “menos catalana”. Como para que ahora venga el “negociador” de turno y todo concluya con unos millones de euracos de más para compensar la sensación de fracaso de los indepes.cat y se ponga de nuevo en contador a cero. Tal es la salida por la que opta, inequívocamente, Pedro Sánchez y por la que los indepes.cat menos enloquecidos firmarían también.

Pues bien, de todas las salidas posibles a la crisis indepe, esta es la más onerosa: pan para hoy y hambre para mañana. Un Estado moderno, debe tender a la estabilidad e impedir, ante todo, los sobresaltos que suponen el que cualquier banda de indigentes mentales, generen. En España, tenemos una amplia experiencia. El tema ETA no se trató de manera conveniente... por tanto, su resolución se demoró medio siglo. Y todavía colea. Otro tanto puede decirse de la crisis indepe.cat que jamás hubiera existido si en 1978 la ponencia constitucional hubiera colocado como irrenunciable e irreversible la “unidad del Estado”, por más que les molestara, especialmente a nacionalistas catalanes y vascos. ¡Hacía falta ser irresponsable para confiar el papel moderador en el régimen de bipartidismo imperfecto creado entonces, a nacionalistas catalanes y vascos! Era un simple suicidio cuyas consecuencias estamos pagando.

Bien ¿y ahora qué? Sánchez es partidario de declarar la partida en tablas y cambalachear uno o dos años de congelación del “procés” a cambio de unos milloncejos de nada a repartir en Cataluña. Error. Hace falta tener el valor de adoptar medidas correctivas para que esta situación -en donde, finalmente, es el vecino el que termina enfrentado con el vecino y la familia o el grupo de amigos el que se rompe- no se vuelva a repetir nunca más. Y, para ello, hace falta tener claro, como hemos llegado hasta este extremo y apuntar soluciones concretas:

1) El “nacionalismo moderado” ni existe, ni puede existir. Como máximo puede existir el “regionalismo” (enfatizar los rasgos e proximidad), pero, o nos situamos ahí o nos situamos en el independentismo. La Lliga de Cambó no era la CDC de Pujol. Una era “regionalista” y la otra “nacionalista”. Sí, los dos eran “moderados”, pero el “nacionalismo” opinando que, Cataluña es una “nación”, lleva directamente a la exigencia de dotarla de un “Estado” (una nación sin Estado es una nación oprimida, por tanto, la exigencia de construcción de un Estado Nacional es inseparable de la de nacionalismo). Así que lo que ha ocurrido ahora, era previsible desde 1978. Así pues, lo primero que una “reforma constitucional” debe de realizar es introducir de manera clara e inequívoca la afirmación de unidad del Estado y no basta con el eufemismo de decir que la “soberanía corresponde al pueblo español”, sino que hay que ser más precisos, precisamente, para evitar la ambigüedad. La palabra “unidad del Estado” acompañado del adjetivo “irreversible” parece mucho más retunda y corta cualquier discusión.



2) La Generalitat ha fracasado en su intento de “nacionalizar” a toda la población catalana. Hoy, solamente habla catalán como lengua vehicular el 35%, apenas un poco más que en 1975. Se enseña en las escuelas y es la única lengua utilizada en las oficinas de la gencat. Pero no prospera a pesar de que se trata de una lengua subvencionada. La cuestión lingüística es clave porque desde el siglo XIX los primeros catalanistas reconocían que el único “factor diferencial” en Cataluña era la lengua (diferencia muy relativa porque el catalán como el castellano son lenguas hispano-romances). Parece natural que en Cataluña se enseñe en lengua catalana… a los que estén interesados en ello. Pero también parece lógico que en una parte del Estado exista enseñanza en la lengua vehicular de ese mismo Estado. Especialmente, cuando el castellano tiene una indudable mayor proyección mundial y hoy es ya una de las tres lenguas más habladas del mundo (junto al inglés y al mandarín). Así pues, en esta materia, lo normal hubiera sido la enseñanza, preferentemente en catalán o en castellano, pero en absoluto esa odiosa inmersión lingüística que ha operado la salvajada de que muchos padres y abuelos no puedan ayudar a sus hijos o nietos en sus estudios. Así pues, aquí y ahora, tenemos dos opciones:
  • la “moderada” consiste en establecer una “línea de enseñanza en castellano” en las escuelas catalanas. En las escuelas privadas que cada centro elija su “línea”, en las escuelas públicas, o bien la gencat acepta que en cada barrio el 50% de los centros ofrezcan una “línea en castellano” o bien el Estado crea en Cataluña una red de escuelas propias en lengua castellana.
  • la “radical” que consistiría en que el Estado, a la vista de los problemas creados, no solamente en Cataluña, sino de las desingualdades en materia de enseñanza entre las distintas regiones (ayer se publicaba que en Andalucía los niños de 10 años saben lo que en Castilla corresponde a niños de 8 años), recuperara íntegramente las competencias en materia de educación y el sistema de enseñanza pasara al Ministerio de Educación.
Sea cual sea la opción: lo que está claro es que no se puede seguir enseñando en Cataluña una historieta “nacional” de ficción, que desemboca en la creación de una mentalidad nacionalista e independentista.

3) Hoy, cuando se ven los informativos de TV3 o se escucha Catalunya Radio, se entiende el porqué las cosas han llegado hasta el extremo límite actual: simplemente, las emisoras de titularidad pública -al igual que las propias instituciones de la Generalitat- se han convertido en portavoces partidarios de una opción política concreta: el independentismo. Y pueden hacerlo, simplemente, porque son medios subvencionados. Ahora bien, si se apoyan en el dinero de todos… es evidente que deberían de responder a la realidad de la sociedad catalana:
  • esta sociedad no es ni siquiera mayoritariamente independentista, sino que, además, del independentismo, existen otras opciones que nunca en 40 años han tenido acogida en los medios de comunicación de la gencat.
  • lingüísticamente, estos medios se han expresado solamente en catalán, cuando hay una masa de población que se expresa en Cataluña en otra lengua.


Lo sorprendente es que la actitud de la gencat ha consistido en decir: “subvencionamos a lo que se escribe y dice en catalán porque es la lengua oficial de Cataluña”… Eso está bien y estaría mucho mejor si no se vehiculizara -tal como se hace hoy- el nacionalismo ayer y el independentismo en la lengua. Pero, por lo mismo, los medios de comunicación del Estado estarían obligados a emitir en la lengua vehicular de ese Estado en lugar de hacer que TVE tenga espacios en catalán… en donde la presencia independentista es notable.

¿Medidas en este terreno?:
  • La primera medida sería declarar inconstitucional la política de cuotas lingüísticas que estableció la gencat a mediados de los años 80 y que obligaba a las radios a emitir programación en catalán, reforzado con el reparto de licencias de radiodifusión “a los amigos”.
  • La segunda medida saludable sería que los medios de comunicación, no solamente de Cataluña, sino de todo el Estado, dejaran de estar subvencionados. Medios de comunicación subvencionados, implica, medios de comunicación sometidos. Inaceptable. ¿Qué se hundirían algunos medios de comunicación? Evidentemente… es lo que tiene el “mercado” que hace falta ser competitivo y quien está subvencionado juega con ventaja.
  • -la tercera medida, la exigencia a la gencat de que los medios de comunicación catalanes estuvieran al servicio de la totalidad de Cataluña y de su población, no al servicio de una opción partidaria.
4) El déficit cero. Si el régimen autonómico no existiera en el Estado Español, en estos momentos, nuestro país dispondría, no de una deuda de algo más de un billón de euros, sino, probablemente, de un superávit equivalente a esa cantidad. Las autonomías no son el régimen más recomendable para un país en el que la economía no pasa por su mejor momento. Son indeseables cuando todas ellas, por afanes electoralistas, han caído en el faraonismo y han permitido la aparición de clases políticas regionales parasitarias que viven a la sombra del dinero público y que hacen del comisionismo su principal atractivo. Tanto ingresas, tanto debes pagar al Estado por infraestructuras y servicios, tanto te queda para gastar. Resultado del balance: cero. Lo que no se puede tolerar son unas autonomías, un ayuntamiento y un Estado que viven por encima de sus posibilidades. La prudencia y el control presupuestario es la garantía de que el ciudadano no va a ser permanentemente crujido por cargas fiscales cada vez mayores. En esto del despilfarro autonómico y de la corrupción, Cataluña y Andalucía están hermanos y demuestran cuál es el camino que debe evitarse: nunca presupuestos autonómicos con gastos superiores a los ingresos.

5) Reconsideración del papel de las autonomías. En 1975 era frecuente aludir al “centralismo”. En la transición se vendieron los regímenes autonómicos como formas de “descentralización”. Bien, era una opción aceptable: pero las administraciones de “proximidad”, infectadas por el nacionalismo, se convirtieron pronto en taifas autonómicas impulsadas por clases políticas parasitarias. Hoy, en 2018, no basta con proponer -como hace Vox- un irreal e inviable “supresión de todas las autonomías”, sino más bien, retornar al concepto inicial: las autonomías son entidades colaboradoras del Estado en la administración de las regiones que componen la Nación. Y esto es lo que debería figurar explícitamente en la constitución. Porque, el examen de las reivindicaciones independentistas desde los años 20 demuestran que, cuando los indepes.cat hablan de “Estatuto de Autonomía” lo consideran como una especie de “pre-constitución” cuyo único sentido es allanar el camino para la independencia. Y esto ha vuelto a ocurrir nuevamente, como ocurrió ya con el Estatuto de 1932 que fue percibido por Macià como el paso previo a la independencia o como una especie de independencia atenuada.

Estas son algunas de las medidas que impedirían que de aquí a unos años volvieran a repetirse crisis como la que arrastramos en la última década. Actualmente, Cataluña está gobernada por obtusos que todavía no han advertido la envergadura y la naturaleza de su fracaso. Pero es cuestión de tiempo el que caiga la venda y alguien en el medio indepe acepte la realidad de los hechos: han jugado, se han lanzado a la partida basados en una mala interpretación de la situación, pensando que tendrían más apoyos internacionales y más soporte de la población… y han perdido. O se despiertan de su fantasía o -como ha ocurrido en Québec- el electorado lo hará. Pero, en cualquier caso, el Estado tiene la responsabilidad de que no vuelvan a producirse crisis similares y para ello, las medidas apuntadas contribuirían a evitarlo¡, pero mucho más, a clarificar la situación. Porque, esta crisis ha enseñado la necesidad de hablar claro y de no tener miedo a tomar decisiones enérgicas.

jueves, 18 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (171) - ¿ES EL NEO-FEMINISMO UNA ENFERMEDAD MENTAL (o solamente una enfermedad?


En Sant Pere de Ribes, existe la Calle de la Milana. La llamada “Milana”, era mi bisabuela. Dejó huella en el pueblo hasta el punto de que se perpetuó su memoria en una calle situada junto a la casa en la que vivió, allá arriba casi al final de la Calle del Pino. Se trataba de una mujer enérgica, que diariamente se montaba en el caballo, lo espoleaba y al galope llegaba cubría los cuatro kilómetros distantes hasta la masía de Mas Milà de la Crivillera, donde cultivaba viña. Ni era sufraguista, ni mucho menos feminista: pero era respetada en el pueblo, mandaba, le obedecían hombres y mujeres y, para colmo, tuvo cinco hijos y un feliz matrimonio. Esta pequeña historia familiar me sirve para quejarme de esas neo-feministas de hoy, perdidas en sus delirios antipatriarcales y en sus neurosis sexuales que nunca, absolutamente nunca, serán ni tan libres, ni tan respetadas, ni tan femenina como fue “la Milana” en un pequeño pueblo de El Penedès en las últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX.

Creo interesante reconstruir una perspectiva histórica del recorrido realizado por las ideologías antipatriarcales desde el último cuarto del XIX hasta nuestros días.

La primera aparición de esta ideología fue el sufraguismo. Aquellas mujeres aspiraban a votar en un momento en el que solamente podían votar algunos varones (no todos, si sus ingresos eran inferiores a cierto tope). Parecía normal que lo reivindicaran. Aunque hubiera sido mucho más razonable reivindicar que el “sufragio universal” se extendiera a todos, hombres y mujeres. Pero a las sufraguistas solamente les interesaba su género. Es curioso que entre ellas encontremos a muchas que alternaban esta militancia con su presencia en las logias masónicas mas ubicadas a la izquierda (una de ellas, Marie Deraismés fue co-fundadora de la obediencia Derecho Humano que aún existe, incluso en España, como representante de la masonería más izquierdista) o bien a agrupaciones ocultistas que difundían las más peregrinas tesis “seudo espiritualistas” (la propia Annie Besant, presidenta de la Sociedad Teosófica, era una de ellas). Desde entonces, siempre ha existido una “componente mágica” en el feminismo. También encontramos feministas (o, mejor, sufraguistas, hablando con propiedad) en el espiritismo norteamericano y europeo situado en el gozne entre los dos siglos.


Seamos claros: es cierto que el papel de la mujer en la sociedad burguesa del XIX era muy secundario y que el drama estaba en el escalón social inferior: cuando la mujer proletaria tenía que trabajar en casa, cuidar de los niños y hacer otro tanto como empleada de cualquier hilatura. No fue éste el mejor momento para la mujer, especialmente para la “mujer proletaria”. Tampoco favorecía el mito bíblico del pecado original, transmitido por el Génesis mosaico a las religiones monoteístas en el que la mujer quedaba como la tontorrona que se comía la manzana y difundía el “pecado original” condenando a la humanidad a este valle de lágrimas.

Llegó la Primera Guerra Mundial y millones de hombres fueron movilizados en los frentes. La mujer debió de ocupar los puestos libres en las fábricas. No es extraño que, luego, tras la guerra se le reconocieran algunos derechos: en realidad, solo uno, de votar. Era poco, pero era algo. Y lo más interesante: se le concedió no gracias, precisamente, a las izquierdas, que preveían que el voto femenino favorecería a las fuerzas conservadores, como así ocurrió en la España de noviembre de 1933 que volcó el clima generado desde el 14 de abril de 1931, cuando el país quedó en manos de las izquierdas quemaconventos y matacuras (las calificamos así, simplemente, porque esta era la imagen de marca que les gustaba tener, especialmente tras los incendio de mayo de 1931 de iglesias).

Resulta difícil aceptar hoy que se llame “feminazis” a las feministas más odiosas, si tenemos en cuenta que la mujer se insertó completamente en la sociedad, yendo más allá de su derecho al voto, en la sociedad alemana construida durante el Tercer Reich. A ello contribuyó el que los “machonazis” prosperaron en grandísima medida gracias a la mujer: Hitler tenía un don especial para interpretar en sus discursos los problemas de las mujeres alemanas y les hablaba como alguien que las comprendía. Cuando algunas de ellas, se convirtieron en grandes personajes del Reich (imposible hablar de la documentalística y de la cinematografía alemana sin tener en cuenta a Leny Riefensthal o los progresos en la aviación a reacción sin recordar a Hanna Reitsch), o cuando se revisan las publicaciones de la época y se comprueba que en los campamentos de juventud y en los congresos del partido nazi, la igualdad parecía haberse conseguido y las jóvenes que lucían los emblemas de las organizaciones de juventud, todo induce a pensar que no se trataba precisamente de “feminazis” guardianas de siniestros campos de concentración, sino de, digámoslo ya, mujeres libres.

El final de la Segunda Guerra Mundial supuso una época de progreso indefinido (los “treinta años gloriosos”, de 1943 a 1973, en los que la economía mundial creció y creció más y más). Entonces se produjo un fenómeno interesante. La ley de la oferta y la demanda se empezó a aplicar al mercado laboral: si más trabajadores aspiraban al mismo puesto de trabajo, el patrono podía ofrecerles un salario más bajo que, de otra manera no aceptarían de optar solamente un trabajador a un puesto de trabajo. Y la cuestión era que la mujer suponía el 50% de la sociedad. Generar que ese 50% entrara en el mercado laboral suponía, simplemente, abaratar los costes salariales y tender a que los salarios se redujeran, aumentara el dinero circulante en forma de salarios y, por tanto, aumentara el consumo. No puede extrañar, por tanto, que tras la Segunda Guerra Mundial, en el mundo anglosajón especialmente se empezara a reivindicar la noción de “igualdad”. Dicho de otra manera: las mujeres en la segunda mitad del siglo XX, ocuparon el mismo papel que ocupa ahora la inmigración: depreciar el valor de la fuerza de trabajo, tirar a la baja de los salarios, para permitir rebajar los costos y aumentar los márgenes de beneficio.

Pero, a mediados de los años 60, era preciso transformar esa tendencia del capitalismo en ideología para la mujer. No puede extrañar el que, a partir de entonces, el nacimiento del feminismo moderno fuera auspiciado por las fundaciones capitalistas y por los círculos de influencia (Bildelberg, Trilateral, Club de Roma, etc.). Gracias a ello el feminismo vio cómo aumentaba su influencia y su peso. Era evidente que se apoyaba en algunas reivindicaciones realistas (en algunos países occidentales, la mujer era jurídicamente dependiente del marido, incluso para sacarse el carné de conducir, residuos todavía de la sociedad y del paternalismo burgués del XIX), pero el énfasis se ponía en “la mujer trabajadora”, es decir, se la estaba incitando a que ingresara en el mercado de trabajo, para que así -se decía- pudiera ser independiente económicamente y no tuviera que estar sometida a los caprichos del cabeza de familia que era quien traía el dinero a casa y quien lo administraba. Lo justo, ocultaba el interés ampliar el mercado de trabajo para garantizar salarios cada vez más bajos y beneficios cada vez mayores.

Hacia los años 80-90, daba la sensación de que el feminismo remitía, simplemente, porque se había logrado alcanzar la igualdad. Era cierto que la mujer cobraba menos… pero también era cierto que en las profesiones de mayor valor añadido y en las escuelas técnicas, la mujer estaba casi ausente (en 1975 en la Escuela de Ingenieros de Barcelona, sobre 2.000 alumnos, apenas figuraba media docena de chicas y, aún hoy, en profesiones técnicas la mujer sigue siendo minoritaria… a diferencia de entre el funcionariado, las carreras de letras, derecho y especialmente psicología en donde tiende a ser mayoritaria, es decir, en carreras excesivamente extendidas y, por tanto, con salarios más bajos. Así pues, en los años 90 daba la sensación de que el feminismo había perdido su razón de ser. Por lo demás, las manifestaciones feministas habían remitido.


Y, de repente, ocurrió lo inesperado. Empezó a hablarse de la violencia contra la mujer. Esa violencia existía… pero no en las sociedades occidentales, sino que estaba siendo traída por las oleadas de inmigrantes procedentes del Tercer Mundo en donde, la mujer era desconsiderada y frecuentemente sometida a condiciones medievales de vida, tiranizadas por maridos que las tenían como objetos de su propiedad (mundo magrebí), sociedades en las que el alcohol hacía estragos y generaba violencia (sociedades andinas) o simplemente, sociedades en las que la no existía el concepto de “familia” y la mujer esa, simplemente, un conjunto de agujeros para generar placer del varón (sociedades tribales africanas). ¿Violencia doméstica en Europa? Existía, pero residual: ninguna sociedad, por civilizada que sea, puede evitar tener un porcentaje mínimo de psicópatas que generen actos de violencia. El único elemento sociológico que permitía explicar la violencia doméstica era, simplemente, la llegada masiva de inmigrantes.

En 2004 la situación era la siguiente: ZP, sorprendió a todos con sus medidas: una nueva ley del aborto, una nueva ley sobre violencia doméstica, una revisión de la ley del divorcio, medidas para desvalorizar la familia heterosexual, medidas en favor del mundo gay (en especial en la sensible materia de adopción), pero, sobre todo, lo que sorprendió era el nuevo clima creado. En efecto, las reivindicaciones de la izquierda sobre los derechos de la clase obrera habían desaparecido y se centraban ahora en los derechos de la mujer y en los derechos de la inmigración. Eso era todo. Algo tan absurdo y tan inadaptado a las sociedades occidentales solamente podía tener otro origen, extraueropeo.

Peor fue en la década siguiente, la actual, en la que irrumpió un neo-feminismo, agresivo que parecía el extremo límite del que había llegado con el zapaterismo. Su teorización era inexistente, se reducía a un conjunto de consignas y, sobre todo, a suscitar imágenes de odio incondicional hacia el varón: ya no se trataba de igualar en derechos al varón, sino de castrarlo, de someterlo, de eclipsarlo y de… feminizarlo. Lo que está detrás de esa “ideología” no es una serie de razonamientos encadenados y concatenados, sino un impulso irracional y extremo, que entra dentro de las componentes culturales de la modernidad, no tanto por su calidad argumental, sino porque se le ha dado cancha en los medios de comunicación. La mayoría de sus exponentes precisan asistencia psiquiátrica a tenor de sus razonamientos. Son los síntomas de una enfermedad del siglo XXI: la irrupción del irracionalismo y la superstición en la vida social. Tenía, una vez más, razón Oswald Spengler cuando decía que, tras la caída de la religión tradicional, no sobrevendría un período de racionalidad, sino de supersticiones y creencias insensatas. Y, no menos razón tenía Julius Evola, al proclamar que nuestra civilización vivía de todo lo que las anteriores habían rechazado como simple basura.

¿Qué ha ocurrido para que esto sea así? Si el feminismo de los años 60 estaba aupado por las necesidades objetivas del capitalismo, éste es de otra pasta: sus impulsores son otros. Hay que buscarlos en las supersticiones de algunos mandatarios de la UNESCO, atrincheras en sus cargos burocráticos desde su fundación que opinan que estamos entrando en una “nueva era” (la famosa new age) y que esta era está marcada por la sustitución de los mitos de “Piscis” (el cristianismo) y su complementario, “Virgo” (la virgen que ocupa un papel central en el catolicismo tras el Vaticano II y cuyo papel creció desde el Vaticano I con la proclamación del “dogma de la Inmaculada Concepción”), por la nueva era de “Acuario” en donde regirá… la mujer y se tenderá a la desvalorización de lo masculino.

Estos delirios ideológicos son los que han dado pie a las “ideologías de género”. Basta con leer el boletín de la UNESCO y seguir las informaciones diarias para ver que, tras esa hojarasca de seleccionar “patrimonio de la humanidad”, “patrimonios inmateriales de la humanidad” y demás, lo esencial es la “ingeniería social” y lo que, en esos círculos se llama, “ayudar al parto de la nueva era”.

Se cierra, pues, un círculo: si las primeras sufraguistas eran, frecuentemente, ocultistas y espiritistas, si el feminismo norteamericano de los años 60 tendía con frecuencia a exaltar el papel de la “witch” (bruja) y la espiritualidad femenina, el neofeminismo actual, tiene como principal promotor a la secta, derivada del teosofismo y que tiene a Alice Ann Bailey como inspiradora (sus obras, decía, que estaban escritas por “clariaudiencia” y dictadas por los “guías espirituales de la humanidad”). De una superstición a otra, pasando por el mito de la bruja como quintaesencia de la mujer… 
¿Díganme si no es para quejarse de toda esta locura?