miércoles, 9 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (24) OSWALD MOSLEY - PER ENGHAL Y EL PRIMER NEOFASCISMO EUROPEISTA


Oswald Mosley fue con Per Enghald, el único de los líderes de los partidos fascistas históricos que siguió en activo en sus países de origen tras el marasmo que supuso la Segunda Guerra Mundial. Personajes como Leon Degrelle u Horia Sima, debieron abandonar sus países, partir para el exilio y limitarse a mantener sus ideas, pero sin posibilidades de poder difundirlas en sus respectivos países. Resulta curioso constatar que, tanto Mosley como Enghald parecen estar en el origen del “neofascismo europeísta” por el que luego circuló Jean Thiriart y tantos otros. La apreciación no es completamente exacta. De hecho, a principios de los años 30, distintas revistas -especialmente Die Tat- afectas al área de la “revolución conservadora” alemana, ya habían mostrado esa tendencia europeísta que luego incorporaron al Tercer Reich. Seguir estas evoluciones es algo curioso.

Cualquier observador imparcial puede llegar a la conclusión de que, de no haber estallado la Segunda Guerra Mundial, Alemania, antes incluso de 1945, hubiera hecho gravitar toda la economía europea en torno suyo. Era el resultado de la política “racial” hitleriana que consistía en unir a todos los territorios poblados por ciudadanos de lengua alemana en una sola nación. Tras los acuerdos de Munich, este plan estaba casi completo, a falta de llegar al acuerdo sobre el “corredor de Danzig”. Parece evidente que un bloque de 100 millones de ciudadanos, unidos en torno a un régimen con una alta capacidad industrial y tecnológica y excepcionalmente estable, hubiera hecho que todas las economías europeas gravitaran en torno suyo, y eso implicaba también que Berlín hubiera sido -como, de hecho, se estaba convirtiendo- en el centro político de Europa.


El grupo Die Tat, desde finales de los años 20, ya contemplaba esta hipótesis en tres círculos:
- el primero el “germánico” (lo que luego sería el Tercer Reich),

- luego el danubiano (la llamada Mittleleurope) y, finalmente,
- un tercer círculo que abarcara a todo el continente europeo.
Tales eran las tres etapas de crecimiento económico en los que se basaba el Tercer Reich. El resultado final era una “Europa alemana”… ¿por conquista militar? No, por el peso de la economía alemana.

Cuando, durante la guerra, especialmente, tras la Operación Barbarroja, el Reich insistió en la idea de “nuevo orden europeo” y en la incorporación de voluntarios de todos los países europeos a la lucha antibolchevique, no estaba haciendo nada más que aportar un contenido político-emocional al proyecto económico continental. Per Enghald, presidente del Nysvenska Rörelsens y director del Vägen Framät, y Sir Oswald Mosley, presidente del Union Movement, después de 1945, asumieron la idea de construcción de una “Europa unitaria y comunitaria” en un momento en el que nadie hablaba aún, ni de Unión Europea, ni de Mercado Común y, solamente, el Movimiento Federalista Europeo, surgido al calor de los Coudenhove Kalergi en los años 20.

El fascismo sufrió una mutación al transformarse en neo-fascismo tras la derrota de 1945. El nacionalismo quedó en segundo plano en relación a la afirmación europeísta. Es cierto que, los partidos electoralistas (básicamente, el MSI, y más adelante el Socialistische Reichspartei, convertido luego en NDP) volvieron a utilizar el “nacionalismo” como argumento electoral (las masas siempre van más retrasadas en relación a las necesidades de su tiempo), pero lo cierto es que la gran aportación de Mosley y de Enghald después de 1945, fue recuperar el hilo paneuropeista presente en el nacional-socialismo y transformarlo en “nacionalismo europeo”.


Recientemente, hemos traducido para el número 63 de la Revista de Historia del Fascismo una serie de entrevistas realizadas a Mosley en la postguerra, así como una biografía sobre el personaje escrita por nuestro amigo quebecois, Rémy Tremblay. Mientras nos dábamos cuenta de la lucidez y de la novedad que aportó el personaje en cada momento de su vida, meditábamos sobre cómo fue posible que las masas que aplaudieron a Mosley en 1948 en su primer mitin de postguerra en Trafalgar Square, en el que proclamó la necesidad de la unidad europea, pasados los años, se convirtieran en primeros detractores de aquel proyecto y tomaran la vía del “brexit”.

Es fácil interpretar lo que ocurrió: Mosley no se equivocó en absoluto en sus apreciaciones, ni sobre el plano económico (veía la globalización y el multiculturalismo como los grandes peligros que aquejaban a Europa y, particularmente, al Reino Unido, desde principios de los años 30), ni sobre Europa (que sigue siendo hoy más necesaria que hace 70 años). Lo que Mosley en 1948 no podía prever es que la bandera de la “unidad europea” la asumieran los que han terminado siendo grandes valedores de la globalización en nuestro continente.

En efecto, después de un primer período en el que la Comunidad Económica Europea se “vendió” como un intento para racionalizar las relaciones económico-comerciales entre Francia y Alemania y evitar una guerra entre ambas generaciones, luego, ya en los años 70, pasó a ser una excusa para “democratizar” el Sur de Europa con el atractivo de ampliar las relaciones comerciales de países que iban más atrasados en el desarrollo económico, con mano de obra más barata y con la zanahoria de las subvenciones para el desarrollo. Luego cayó el muro de Berlín, y cuando parecía que la unidad europea estaba al alcance de la mano, bruscamente nos dimos cuenta de que la Unión Europea no era nada más que la pieza continental de la globalización.

El proyecto de crear una Europa libre, fuerte e independiente, autosuficiente en materia económica y que exportara excedentes de producción a cambio de las materias primas necesarias, quedó completamente desnaturalizado. Y entonces surgió la consigna: “Sí a Europa, no a esta Europa”.

Mosley, ya no pudo ver esta fase. Falleció en París en diciembre de 1980, ocho años después de haber abandonado la dirección de la Union Movement que dio vida al National Front, por un lado, y a la League of Saint Georges por otro. La traducción de textos de Mosley, nos ha dado ocasión para reflexionar sobre tres aspectos:
1) Las diferencias entre el fascismo y el neo-fascismo y la mutación histórica y doctrinal que supuso el tránsito de uno al otro.

2) El carácter europeísta del primer neofascismo, impulsado por Per Enghald y por Oswald Mosley que luego perfiló y recuperó Thiriart en el área francófona.
3) El juicio crítico que el neofascismo realizó del fascismo histórico y que Mosley resumió en las entrevistas que le realizaron en la posguerra medios de comunicación de primera fila.
El neofascismo tuvo que cargar con la losa de la derrota y de la criminalización. Pasará el tiempo, pasarán las décadas y los siglos y llegará el día en el que algún historiador, manejando biografías, documentos, declaraciones y manifiestos, llegará a la conclusión de que el primer neofascismo de la postguerra (el desarrollado entre 1948, fecha en que se inició la “guerra fría” y 1973, fecha en la que concluyó el período de expansión de la economía mundial y se inició el tiempo de las grandes convulsiones y transformaciones del capitalismo), fue excepcionalmente lúcido en sus previsiones, ponderado en sus críticas y realista en sus juicios. 

Si no fue más lejos, si Mosley nunca recuperó su escaño en la Cámara de los Comunes y si Per Enghald tuvo que contentarse con presidir la creación del Movimiento Social Europeo en 1951 que falleció víctima del electoralismo de unos y del extremismo verbalista de otros. Pero, sobre todo, porque sobre ellos pesaba el estigma de la derrota.


martes, 8 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (23) EL “CEREBRO ECONÓMICO DEL PROCÉS”, LAS “TETAS MÁS GRANDES” Y LA HISTORIA MAS BAJA


Lluis Salvadó es uno de esos que se salvaron de la primera tanda de procesados por el 1-O, nadie sabe bien el por qué. Salvadó pasaba por ser “el cerebro económico del procés”. Ahora se ha publicado que está siendo investigado por el TSJC que le atribuye un “papel básico” en cuatro proyectos destinados a una futura Cataluña independiente: sostenibilidad financiera (esto es, impuestos), Banco Central de Cataluña, supervisión del sistema financiero, etc. De hecho, la Operación Anubis empezó con él y en la consellería de economía (él era secretario de “hacienda”) se encontró material más que suficiente para procesarlo. Este “mártir” de la independencia más locatis de todos los tiempos, puede alegar en su palmarés de víctima el haber estado ¡dos días detenido! En la actualidad se encontraba en un “limbo judicial” y todo induce a pensar que tendrá su propio proceso. El hecho de que esté siendo investigado estos días así lo confirma.

La operación policial iniciada a primera hora del 20 de septiembre de 2017 por la Guardia Civil,  fue bautizada como Operación Anubis. Los registros en las dependencias de la Generalitat y los interrogatorios a los 14 detenidos sirvieron sólo para escenificar que el gobierno del Estado no reconocería el referéndum, ni, por supuesto, sus resultados. Pero convenció de algo más: la alusión a los “30.000 millones” llegados de no se sabe dónde simplemente era uno de tantos argumentos ficticios utilizados por los promotores del proyecto para tranquilizar y dar confianza a la población catalana el 1–O (“Tot era mentida”, y esto también lo era).

Lluís Salvadó reconocía que eran necesarios 5.000 millones de euros “encima de la mesa” cada mes (esto es, 60.000 al año) para que toda la estructura burocrático–administrativa (faraónica, en realidad) de la Generalitat siguiera funcionando. Los famosos “30.000 millones” era el dinero que Salvadó decía “tener apalabrado” y que procedería del exterior (y que eventualmente podrían proceder de dinero sucio, del narcotráfico, de actividades ilícitas o de fondos de capital–riesgo opacos vinculados a todo lo anterior). El Estado pensó en la presencia de “aventureros económicos” en las oficinas de la gencat.

No es la primera vez que aventureros económicos y vendedores de humo han llamado a la puerta de la Generalitat. En noviembre de 1931, mientras se debatían los límites del Estatuto de Autonomía republicano, Lazare Bloch, financiero de origen judío y miembro del Gran Oriente de Francia, visitó Barcelona. Bloch se relacionó inmediatamente con la cúpula política de Cataluña: se entrevistó primeramente con el alcalde de Barcelona, Aiguader (fundador de ERC y miembro de la Logia La Justicia de la masonería barcelonesa). Bloch ofrecía reservas de oro que facilitarían la creación de un banco emisor de moneda catalana tras la aprobación del Estatuto. Ofrecía también abultados créditos para el Ayuntamiento de Barcelona y para la Generalitat. Parecía ser un “mirlo blanco” que precisaba el independentismo.

Macià lo conocía porque, durante su exilio parisino, Bloch formaba parte del “grupo de banqueros” a los que recurrió el “Avi” para financiar la “gloriosa aventura de Prats de Molló” (el intento de “invadir Cataluña” desde Francia con 140 anarquistas italianos y algún que otro catalán). Luego Bloch fue detenido por estafa y, tras ser puesto en libertad, fue cuando visitó Cataluña y se entrevistó con Macià, por entonces presidente provisional de la gencat. Éste, a la vista de lo peligroso del personaje, derivó la relación con Bloch hacia Lluis Companys, presidente del grupo parlamentario independentista en Madrid y, por entonces, enemigo político de Macià... Si alguien se quemaba con la relación que fuera Companys (los indepes se llevaban tan bien entonces como ahora y las peleas Macià-Companys-Dencás fueron solo el precedente de las disputas ERC-PDcat-CUP).

Ocurrió lo que era de esperar. Bloch volvió a hacer de las suyas. Invirtió los fondos de los que disponía comprando valores industriales españoles, apostando a la baja, y especulando con la devaluación de la peseta. La bolsa, muy sensible a las declaraciones políticas, debía registrar la conmoción que esperaba Bloch, gracias al círculo de Companys (su intento de que sin necesidad se devaluara la peseta, puede ser considerado como simple traición). El 10 de noviembre de 1931, Casimir Giralt i Bullich  (Gran Maestre Adjunto de la Gran Logia Española, iniciado en la Logia Adelante nº 8 de Barcelona, nombre simbólico “Platón”), consejero de finanzas de la Generalitat de Catalunya, aludió a la “debilidad de la peseta y a la conveniencia de que fuera devaluada”… lo que, casualmente, ¡beneficiaba a las inversiones de Bloch¡ Unos días después, el diario La Publicitat, denunció a Lazare Bloch y a políticos catalanes que estaban “conspirando para conseguir una devaluación de la moneda española”. El mismo diario publicó también una nota sobre política económica tomada del diario La Humanitat, dirigido por Lluís Companys (miembro de la masonería, iniciado en la Logia Lealtad nº 9 de Barcelona), que era el texto de una carta de Bloch traducida al catalán que evidenciaba la existencia de los contactos con Bloch que se había intentado negar.

Fue el primer gran escándalo económico de la Segunda República. Las hagiografías escritas sobre Companys, suelen pasar de puntillas este episodio o, simplemente, no lo mencionan. Y puede entenderse el motivo. Bloch y su esposa tenían antecedentes por el mismo delito (en diciembre de 1928 habían resultado detenidos y condenados por estafa –evaluada en 170 millones de francos– y abuso de confianza). El dinero que se había invertido en la bolsa española procedía del conocido “truco de Ponzi”, una estafa piramidal que llevó a Bloch y a su esposa nuevamente a prisión dos años después de su entrevista con la cúpula del independentismo catalán. Toda una inspiración para la “hisenda catalana” que debía de surgir del “procés”…

Se habló poco de Salvadó desde que la Guardia Civil se hizo con el programa de supervivencia económica del “procés”. Y era raro, porque parecía muy claro que él era uno de los miembros del “núcleo duro” del 1-O. Hay que decir, que Salvadó procede del BEI (el bloque de estudiantes independentistas) y que pasó unos años en Catalunya Lliure-MDT, que pretendía ser el “brazo político” de Terra Lliure. De ahí saltó a ERC. En marzo de 2018, Antena 3 reprodujo una conversación de Salvadó con Jose María Jové, ex secretario de la presidencia de la gencat, en donde aludía a la oportunidad de que una mujer ocupara la consejería de enseñanza. En un momento dado de la conversación aparece la mujer de Puigdemont: “¿La mujer de Puigdemont no es rumana? Supongo que ella sí que accederá”. Los dos interlocutores prorrumpen en carcajadas (y todos sabemos el porqué). Salvadó responde: “Están buscando a una rumana, vía la mujer de Puigdemont, o a una brasileña que son resultonas”. Luego ambos coinciden en que encontrar mujeres responsables es “misión imposible”, añadiendo Salvadó, “es más fácil inaugurar un auditorio que encontrar mujeres” para rematar con un “Pues mira, a la que tenga las tetas más gordas se lo das y ya está. Y te quedas tan ancho”. Y el otro, se ríe.

Este es el nivel del que fue y es considerado como el “cerebro económico del proceso” y el ideador de la sostenibilidad económica de la non nata República Catalana. Como hemos visto, tiene antecedentes e inspiración histórica en las relaciones de Macià y Companys. Por ahí anda esperando el procés y su oportunidad para victimizarse.

Lo que me sorprende, además de que Salvadó no fuera incluido en el primer proceso por el 1-O, es que, cuando realizó esas desafortunadas, toscas y ofensivas declaraciones, las FEMEN no realizaron ninguna protesta como lo hicieron anteayer en Vistalegre antes de comenzar el mitin de Vox (a ninguno de cuyos dirigentes, desde luego, se le puede acusar de chabacanerías, groserías y opiniones chuscas, contra la mujer).

Cada vez que observo el panorama humano y político del independentismo me pregunto: ¿Y estos quieren ser independientes?

lunes, 7 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (22) LA MORENETA , ÚLTIMA ESPERANZA INDEPE


Jamás perdonaré a los padres escolapios el que durante mucho tiempo me hicieran creer que la Virgen de Montserrat era la “única virgen negra y era catalana”. Luego resultó que había decenas en todos los idiomas europeos. Era a finales de los 50 y el Monasterio gozaba de buena salud como “corazón espiritual de Cataluña”. Luego, claro está, vino el polémico abad Escarré, lo que hoy se llamaría “mal rollo” en el interior de la abadía, su transformación en reducto del “nacionalismo moderado”, el olvido de los 23 monjes de la abadía fusilados durante la guerra civil mientras Companys miraba a otro lado, el declive de la abadía durante el periodo de gobierno de Jordi Pujol, la exaltación de los “monjes sodomitas” y la “normalización” del “lobby gay” compuesto por una fracción de monjes (ser escolanet en Montserrat tiene más peligro que un menor en el jardín de infancia de Michael Jackson…). Tal es el resumen de 80 años de historia del otrora “corazón espiritual de Cataluña”, que hoy no pasa de ser un destino turístico: la historia de una triste e irremediable decadencia.

Lejanos están los tiempos en los que los aplecs carlistas celebrados en Montserrat superaban en número y asistencia a los independentistas. Lejanos están los tiempos en los monjes se dedicaban al estudio y a la meditación lejos del “mundanal ruido”, siendo ejemplo de lo mejor de la regla benedictina. Porque el pasado 7 de octubre de 2019, Montserrat se convirtió en el escenario de la última payasada del independentismo que permite añadir nuevas comparaciones jocosas a la recopilación que ofrecimos: “eres más falso que Jordi Pujol rezando en Montserrat”, o esta otra, casi obligada, de “Tiene más fe que Torra esperando que la Moreneta dulcifique la condena del 1-O”.


El acto fue hasta tal punto bochornoso, inoportuno y grotesco que incluso la propia abadía se vio obligada a desvincularse del sarao: “El Monestir no vol ni por posicionar-se a favor o en contra d’opcions polítiques concretes”. En el mismo comunicado se recalcó que la misa era organizada por un “grup de cristians”, en absoluto de una misa vinculada al monasterio, para concluir que Monserrat es la “casa de tothom”.

El acto se convocó como “velada en solidaridad con los presos políticos y exiliados” y el plato fuerte, a parte de la presencia de Jordi Pujol (que seguramente acudió para rezar que la UDEF no le descubriera más bolsas de basura repletas de millones de euros en paraísos fiscales), fue la lectura de una oración escrita por el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer (que tras su regreso de EEUU empezó a proclamar al “Cristo Negro” entre la iglesia luterana alemana, con el éxito que cabía esperar). La lectura de la oración en la que se llama al “diálogo” y al “escrutinio de las urnas”, se acusa a los “débiles” de arroparse en la “arrogancia” y pide que “ni siquiera una chispa de odio invada nuestros corazones”, se cerró con enfervorizados aplausos de los asistentes.

Al acto asistió Quin Torra, el clan de los Pujol presididos por su godfather, y algunos consellers en plan de guardianes de las esencias del “procés”, incluidos los líderes del Institut de Nova Historia de Catalunya, esos que van diciendo que De Vinci era catalán y Cervantes era "Sirvent" antes de ser Shakespeare, catalán of curse. 

El acto no es casual. Llega solamente unos días después de que la gencat conmemorara el segundo aniversario del 1-O encendiendo 131 bombillas en las cumbres de Montserrat para conmemorar a los 131 presidentes de la Generalitat de Cataluña… entre los que se cuenta el godfather, su sucesor condenado por los tribunales y cuya multa ha sido pagada por la ANC, el pobre diablo de Walterloo, el lamentable Maragall y el irrelevante Montilla.

Confundir a la Generalitat histórica con la gencat que sufrimos hoy es algo aventurado. A fin de cuentas, la Generalitat era una institución tradicional de Cataluña, estamental y sus presidentes fueron de muy distinto valor y relieve. 

Afortunadamente, la mayoría no fue como Pau Clarís que separó a Cataluña de España, vendiéndola a Francia -y pagando la cama, porque Clarís tuvo que pagar la manutención, honorarios y envío de 3.000 soldados franceses a ocupar la región- ni, desde luego, como Macià cuya proclamación de independencia tampoco duró más allá de unas horas, o Companys, en 1939 el político catalán más criticado por los suyos al haber convertido a Cataluña en un campo de tiro de la FAI contra la derecha catalana, de los independentistas contra la CNT, de los psuqueros contra la CNT-FAI y de los chekistas rusos contra los trotskystas autóctonos y foráneos… en un todos contra todos, ante el que Companys, simplemente, miró quién era más brutal en cada momento para apoyarse en él a despecho de las barbaridades y crímenes que hicieran (y él mismo también aprovechó la confusión para solventar algún pleito personal). Joyitas, algunos de estos “presidents”…

Y ahora, en 2019, segundo aniversario del 1-O, sin masas, y con pocas luces fuera de las bombillas encendidas en Montserrat. Con una sentencia que se prevé durilla y ante la cual la ANC no tiene claro si podrá o no pagar las multas sumadas de todos los condenados (a las que se suman las que generarán los segundos y terceros juicios que vendrán en breve y luego las responsabilidades del “perjudicado” de Waterloo y de su clique). “Ho tornarem a fer…”. Si, ya, claro…

Sin masas, en retirada, lo que queda del “procés” ya no cree ni en el pueblo de Cataluña, ni siquiera en los resultados de un referéndum pactado, solamente cree en el “milagro”. Al igual que algunos solamente se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, en Cataluña, lo que queda de los indepes, tiene que recurrir a desenterrar el “corazón espiritual de Cataluña” (que se ha hundido como tal, no durante el franquismo, sino durante el período democrático posterior) en un momento de crisis extrema del independentismo. Si esto no lo salva la Moreneta, no lo salva nadie.

Luces e ideas de pocos watios, discursos de luteranos olvidados y apelaciones a un "corazón espiritual" que fue y ya no es, para llamar a un milagro que, como cualquier milagro, nunca se producirá… Los indepes cavan trincheras en el terreno de lo irracional, última defensa de un proyecto que destilaba irracionalidad desde que Pascual Maragall empezó a dar la brasa con su “nou estatut”. ¿O es que en el fondo de todo nacionalismo romántico no existe un poso de irracionalidad?

domingo, 6 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (21) – TRUMP: UNILATERALISMO YES - GLOBALIZACIÓN NEIN


Vaya por delante que el que llega a presidente de los EEUU no es un tipo normal: es el que, durante toda su vida se ha preocupado por llegar al límite del sueño americano (ser más que nadie) y, finalmente, lo ha conseguido, a costa de no tener vida personal, a costa de aceptar el hecho de que no es él quien manda en su totalidad sino sólo en una parte (y que, por tanto, debe tener en cuenta a otros actores: el complejo militar-industrial, el complejo petrolero-energético, la voluntad de las sectas mundialistas y, claro está, el poder de la alta finanza, sectores con los que debe convivir y compartir el poder), y a costa de que determinadas decisiones le entrañen ataques inmisericordes de enemigos políticos y económicos. Eso es lo que le ha pasado a Donald Trump que -como en el caso de Putin- tiene luces y sombras.

La diferencia de calidad entre Putin y Trump con los presidentes que les han precedido en sus respectivos países, Eltsin y Obama, es tal que apenas merece comentarse. Putin logró reconstruir un país convertido en ruinas por el mal hacer de un alcohólico bendecido en Washington. Y, en cuanto a Obama, defraudó a los que creían que un presidente negro sería algo diferente a un esclavo del capital financiero multinacional. Al menos, Trump, desde el principio, planteó su programa político en términos mucho más realistas: reconstrucción de infraestructuras, relocalización empresarial e impulso de la economía nacional. Lo va cumpliendo.

A pesar de lo que la prensa tiene tendencia a pensar, en las pasadas elecciones norteamericanas, la “halcón” era Hillary Clinton y su insidiosa manía de amenazar y declarar la guerra a quien no cumpliera las exigencias democráticas: es decir, a quien no aceptara la globalización y el unilateralismo norteamericano como irreversibles. Para Trump, en cambio, la globalización era un problema en la medida en que EEUU debía afrontar la competencia desleal de otras potencias. Es decir, Trump sigue siendo “unilateralista”, pero desconfía de las mieles de la globalización, especialmente cuando la desregulación obliga a EEUU a estar en una mala situación en el mercado de algunos productos.

De ahí la “guerra comercial” con China y la multiplicación de aranceles que, por primera vez, esta semana, ha afectado a España. La primera medida, adoptada hace y meses, ha tenido como consecuencia de “desaceleración de la economía mundial”, es decir, del conjunto de intercambios comerciales entre los distintos países. Se tiene tendencia a pensar que ese es un índice fiable de la “salud económica” mundial. No lo es. Si cada país fuera autárquico, ese índice, tal como se concibe hoy, quedaría reducido a cero, pero eso no implicaría, necesariamente, que hubiera menos actividad económica mundial (sólo que ésta, en lugar de ser una cifra absoluta, sería la suma de la actividad económica de las distintas naciones).


No estoy muy seguro de que Trump tenga muy claro lo que es la globalización, lo que sí tengo claro es que defiende a la economía de su país y los puestos de trabajo. Eso es más que decir, “cerremos las fábricas de vehículos de los EEUU y traigamos coches de China o de India donde se fabrican mas baratos”, como también es más que decir: “convirtamos en leña los olivos del sur de los EEUU porque el aceite español es más barato”... Puedo entender a Trump y su política, lo que ya me resulta más difícil es entender la reacción del gobierno español.

Porque ante una subida de aranceles, la respuesta del otro país debe ser del estilo: “bien, no hay problema, pero, por cierto, el alquiler de las bases del Pentágono en España ha experimentado un repunte, o mire, Amazon tendrá que pagar un impuesto para trabajar en España”. ¿Qué la “guerra comercial” puede desembocar en “guerra política”? Evidentemente. A los aranceles contra productos europeos, se responde con menor participación de Europa en la OTAN, sin ir más lejos. ¿Y eso? Para reconocer que el mundo “unipolar” en inviable y que Europa apuesta por una política mundial multipolar. A fin de cuentas, una mesa se apoya mejor sobre cuatro patas que sobre una.

Pero, claro, todo eso perjudica a los grandes beneficiarios de la globalización cuyo terror es: ¿y qué ocurre si a la reimplantación de aranceles lleva al restablecimiento de fronteras para el movimiento de capitales? Eso sería el fin de la globalización. Y nos congratularíamos de que así ocurriera. El período de la globalización se inició con la caída del Muro de Berlín y la segunda guerra de Irak, llegó hasta el estallido de las subprimes, la crisis bancaria y la crisis de la deuda del período 2007-2012. Luego no se superó, se enmascaró: pero aquella crisis demostró que la globalización planetaria era imposible por la sencilla razón de que la Tierra es un planeta demasiado diverso y con muy distintos niveles de desarrollo para considerarla como un mercado único de producción y consumo. El suicidio mundialista ignoraba esta realidad y partía de la base de que lo ideal era un mundo uniformizado en el que, naturalmente, la economía fuera nuestro destino y la satisfacción de la cúpula de diosecillos de las finanzas se extrapolara al destino de toda la humanidad.

Por eso, cuando estalló la crisis de 2007 dijimos: no es una crisis puntual, es, más bien, la crisis de la globalización, “¿sistémica?” como le llamaron algunos. Lo sorprendente fue que nada se hizo para evitar que se reprodujeran crisis de este tipo: los paraísos fiscales siguieron siéndolo, la economía se desregularizó cada vez más, el capital financiero no encontró límites para migrar y extender sus sífilis, la deuda de los Estados aumento entre un tercio y el doble en apenas diez años… Y, finalmente, la inestabilidad económica ha ido reapareciendo: chispazos en Argentina, desaceleración en Alemania (en dos meses, recesión y, por tanto, recesión en todo el marco de la UE), disminución de la actividad económica mundial, guerra comercial con China, proximidad de nuevos repuntes en el precio del petróleo, etc, etc, etc. Y, en España, pensando en la sentencia del 1-O y en las elecciones del 10-N…

Tampoco me extraña que la figura de Trump sea objeto estos mismos días de un nuevo asalto por parte de los demócratas (en donde existe unanimidad globalizadora). Creo que fracasará, como han fracasado los anteriores, pero sería un error considerar que este ensañamiento se debe a los errores presidenciales y no a que sus medidas tienden a reducir los efectos de la globalización. Algo que la alta finanza internacional nunca le perdonará.

No sé de ningún partido que manifieste, clara y rotundamente, su oposición a la globalización y que contenga medidas para revertirla. Nadie, en ningún partido, piensa en un Plan B: un mundo que se haya desembarazado del mundialismo y de la globalización, sífilis ideadas en el siglo XIX, consagradas en 1945, construidas entre 1989 y 2007 y en crisis permanente desde entonces.



viernes, 4 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (20) 50 COMPARACIONES GRACIOSAS. LO QUE QUEDA DEL “PROCÉS” (a)



Hoy es viernes y no tengo ganas de trabajar, tan solo de reírme un poco de aquello que merezca más risas que preocupación. Me han salido de corrido en 30 minutos así que supongo que estas 50 comparaciones de uso común podrían mejorarse (preveo que son interminables):

1. Estás más desesperado que Artur Mas buscando quien le pague las multas de sus juicios.

2. Estás más histérico que Quin Torra oyendo el Himno Nacional el 11-S.

3. Miente más que un informativo de TV3.

4. Es más falso que la historia de Cataluña enseñada por la gencat.

5. Estás más borracho que el que cuenta los asistentes a las manis indepes.

6. Tiene más peligro que un militante de Terra Lliure armando una bomba en casa.

7. Estás más acabado que el proceso soberanista.

8. Tienes un pasado más negro que la mujer de Puigdemont.

9. Está más confundido que un Mosso d’Esquadra esperando órdenes de la gencat.

10. Está más desubicada que una militante de la CUP en el concurso de Miss España.

11. Tiene más guasa que los resultados del 1-O.

12. Estás más olvidado que el 1-O dos años después.

13. Es más sucio que el clan Pujol administrando una ONG

14. Es más cursi que el aurresku catalán (el “ball d’homenatge”).

15. Es más ambiguo que un socialista catalán.

16. Es más primitivo que Quim Torra explicando su ideario político.

17. Es más optimista que Romeva llamando a la puerta de la Unión Europea.

18. Es más despistado que Puigdemont que le hablaron de Austerlitz y se fue a Waterloo.

19. Es más inútil que las “leyes de desconexión” aprobadas por el parlament.

20. Eres más falso que el independentismo de Dante Fachín.

21. Eres más ambiguo que los editoriales de La Vanguardia.

22. Estás más equivocado que la interpretación indepe de la Guerra de Sucesión.

23. Eres más aburrido que Junqueras contando un chiste de Chiquito de la Calzada.

25. Eres más irrelevante que un diputado de ERC en el Parlamento Español.

26. Hay más moros que en una conselleria de ERC.

27. Genera más náusea que un indepe hablando de “libertad”.

28. Enseña menos historia que una escuela de la gencat.


29. Estás mejor pagado que un MENA de la gencat.

30. Recibes más ayudas que un islamista en Cataluña.

31. Eres más cotilla que la Consellería de Educación en un recreo de EGB.

32. Tienes menos futuro que un independentista violento.

33. Vale menos que el “Proyecto de Constitución de la República Catalana”.

34. Era tan idiota que le tuvieron que recordar que la República Catalana no existía.

35. Es más soso que la “revolución de las sonrisas”.

36. Eres más obsesivo-compulsivo que la letanía indepe de TV3.

37. Estás más desesperado que un indepe viendo una manifestación unionista.

38. Es más largo que la “construcción nacional de Cataluña”.

39. Tiene menos neuronas que el autor intelectual del “procés”.

40. Tiene menos valor que Carmen Forcadell proclamando la independencia 8 segundos

41. Es más vago que un presidente del gobierno tratando de resolver la crisis indepe.

42. Estás más histérico que la Rahola el día que advirtió que algo había fallado en el “procés”.

43. Dices más gilipolleces que la web del Institut de Nova Historia de Catalunya.

44. Eres más lento que el fiscal que investiga al Clan Pujol.

45. Es más siniestro que un CDR sembrando de cruces las playas en temporada alta.

46. Eres más blando que Rajoy aplicando el 155.

47. Eres más breve que el historial universitario de Puigdemont.

48. Te han tomado el pelo más veces que los partidos indepes a su electorado.

49. Recibió más hostias que uno de la CUP que llamó “botifler” a un Mosso.

50. Eres más tacaño que un indepe dando dinero para pagar las multas a los líderes del procés.

(seguimos, cuando no tengamos nada mejor que hacer, porque este tema tiene pero que mucha guasa).

jueves, 3 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (19) CÓMO LOS PARTIDOS PIERDEN LA PERSPECTIVA


Hace cien años, René Guénon, el maestro del “tradicionalismo integral” teorizaba sobre las “civilizaciones que devoran el espacio” y las “civilizaciones que devoran el tiempo”. Las primeras estarían guiadas por una “fiebre de movimiento” y de “conquista del espacio”, producirían medios mecánicos capaces de reducir distancias, acortar intervalos y unir puntos que están dispersos a través del globo. Se verían favorecidas por la técnica y facilitarían los intercambios de comunicaciones, la velocidad, la transmisión de información etc. Los cambios tecnológicos tienen, especialmente, como objetivo “acortar distancias”, “acelerar tiempos”, “facilitar comunicación”, “conectar”, en una palabra.

Las otras, en cambio, las “devoradoras de tiempo”, en la medida en que aspiran a la serenidad interior y parecen volcadas a prolongarse en la eternidad, consumiendo tiempo. Las primeras, claro está, son vertiginosas e inestables, las segundas serenas e inalterables. Nuestra generación no ha conocido a estas últimas de las que solamente tenemos constancia mediante el análisis histórico. Hoy vivimos un período de “aceleración” (concepto íntimamente vinculado a la velocidad y al espacio) histórica que hará que el mundo, no solamente sea muy diferente, casi irreconocible, del período que recordamos de nuestra infancia, sino, incluso, de los últimos veinte años. Sería en esos momentos en los que más necesario sería prever, anticiparse, establecer planes de futuro, en definitiva, cuando los Estados y los gobiernos más deberían de pensar en el futuro… Sin embargo, son devorador por el espacio y optan por ignorar el paso del tiempo. Lo vemos, especialmente, en períodos electorales.

En momentos en los que se produce un cambio acelerado en la civilización, los sistemas políticos, no solamente, no se adaptan a tales cambios, sino que permanecen anclados en una rigidez suicida. Hagamos una progresión de fechas:
- en 1849, la llamada “primavera de las naciones”, una oleada revolucionaria que confirma las “revoluciones burguesas” de naturaleza democrática. Momento de formación de muchas naciones europeas, de reforma de los sistemas políticos de otras, de confirmación de los avances de la primera revolución industrial (vapor) y de transformación hacia la segunda (motor de explosión e hidrocarburos).

- en 1929, se produce la gran crisis del capitalismo. La “segunda revolución industrial” está en su apogeo. La ciencia vive un momento de expansión que se traduce en aplicaciones técnicas nunca antes soñadas: la radio se ha consolidado como medio, se están haciendo las primeras pruebas con la televisión, la aviación ya no tiene secretos y se configura como un medio de transporte seguro, el automóvil empieza a ser un fenómeno de masas.

- en 1989, se produce otra mutación histórica: el orden mundial establecido tras la derrota de los fascismos, y que había llevado al hundimiento del imperio británico, a la derrota de las naciones formadas a raíz de la “primavera de las naciones”, a “empequeñecer” el mundo y dividirlo en dos zonas de influencia, lideradas por los EEUU y la URSS, cae. El “bilateralismo” de la postguerra, es sustituido por un breve “unilateralismo” de EEUU, pero, inmediatamente por la globalización. Se entra en la “tercera revolución industrial”, la de la microinformática.
- en 2019, se viven los efectos de la primera crisis de la globalización -de intensidad máxima entre 2007 y 2012- se experimentan todavía y muestran que la complejidad del mundo y sus riquezas son difíciles de superar por la existencia de un sistema económico mundial. La suma de ingeniería genética, inteligencia artificial, criogenia, robótica, etc, nos introduce en la “cuarta revolución industrial” que, entre 2030 y 2050, configurará un mundo completamente diferente al que hemos conocido.

Podemos establecer una secuencia matemática en todas estas fechas. De 2019 a 1989, apenas han pasado 30 años. Pero entre 1989 y 1929, transcurrieron 60 años. Y entre esa última fecha y las revoluciones de la “primavera de las naciones”, transcurrieron 120 años. Así pues, la secuencia es 120 – 60 – 30… y esto permite confirmar lo que ya hemos apuntado: que la cuarta “revolución industrial” entrará en su apogeo en apenas 15 años, es decir, que lo veremos en 2034… Es, claro está, una teoría y, como tal, susceptible de variar, pero que confirma lo escrito por Guénon sobre la civilización que devora el espacio y que, a su vez, es devorada por un tiempo que también se acelera y acorta sus plazos.

Todo esto puede discutirse más o menos, a la hora de elegir las fechas clave en la historia de la humanidad reciente. Podríamos afinar aún más la secuencia y retrotraernos a 240 años antes de la fecha de 1848, para encontrarnos al principio del siglo XVII, época en la que se asienta el “nuevo paradigma científico mecanicista” que se iniciará con Descartes y Francis Bacon, encontrando su concreción poco después con Newton. Y entonces tendremos una secuencia de 240 – 120 – 60 – 30 – 15 que nos llevará desde 1609 hasta 2034. Por eso puede establecerse que nuestra civilización “devoradora de espacio” es, a su vez, “devorada por el tiempo”.

Pero el problema es que, si bien, en las primeras fases del ciclo, las formas de organización social y política fueron variando y adaptándose, a partir del desenlace de la Segunda Guerra Mundial se produjo un estancamiento: los avances técnicos y científicos iban variando nuestro mundo sensiblemente, pero las estructuras políticas y representativas quedaban atrapadas en un dogmatismo que se remontaba al siglo XVIII, a los valores de la ilustración, el liberalismo y la revolución francesa. Y así hemos llegado hoy a la contradicción entre un mundo tecnológicamente situado en puertas de la “cuarta revolución industrial”, pero que se rige por los valores aparecidos en las fases iniciales de la “primera revolución industrial”. En otras palabras: se intenta dirigir el mundo del siglo XXI con valores y estructuras propias del siglo XVIII. Los EEUU con su sistema electoral, es el paradigma de lo que decimos.

La radicalización de esta tendencia ha sido la “corrección política” que remite a una observancia estricta del paradigma de la revolución francesa: “libertad – igualdad – fraternidad”, valores asumidos desde 1945 por las Organización de Naciones Unidas y por su laboratorio ideológico, la UNESCO.


Hoy podemos reconocer que, si bien las estructuras políticas representativas no han variado apenas desde principios del siglo XIX, si ha variado en cambio los valores: prácticamente a lo largo de los 100 años posteriores a 1789, la derecha era monárquica y la izquierda liberal, luego los monárquicos fueron desapareciendo del plano político y los liberales ocuparon el espacio de la derecha, mientras que a la izquierda los “partidos obreros” fueron desapareciendo y ese espacio se transformó en el paladín de la “corrección política” a nivel de valores, compartiendo desde el congreso de Bad Godesberg de la socialdemocracia alemana, la defensa del sistema liberal-capitalista, introduciendo únicamente pequeños correctivos sociales (en la actualidad, centrados exclusivamente en la inmigración). Salvo estos elementos, el sistema, devorador de espacio y, a su vez, devorado por el tiempo.

Todo esto, dista mucho de ser consideraciones teóricas. Tienen su aplicación política y su repercusión, especialmente, en períodos electorales. Votar -depositar un papel con una sigla en una urna- se considera un síntoma de libertad y la posibilidad de que decidamos sobre nuestro destino. Lo es, solamente, si aquel al que votamos tiene un “proyecto” político, económico, social, e incluso, histórico, concreto. No nos engañemos: nadie lo tiene. Ningún partido dispone de otro objetivo más que el de hacerse con el poder durante cuatro años y esperar no salir muy malparado para poder repetir otros cuatro. No hay ningún partido que piense en términos históricos, ni que, por tanto, adopte la más mínima medida para adoptar medidas que excedan esos cuatro años en los que va a estar en el poder.

Por ejemplo, hoy se sabe que, en apenas cinco años, 1 de cada 4 puestos de trabajo, un 25%, va a ser eliminado por la robótica. Los robots (o los drones) que hoy son novedades, mañana asumirán parte de los puestos de trabajo hoy existentes. Y es sólo el principio. No he leído en el programa de ningún partido, que se reconozca que amplios sectores de la población están abocados al paro total y para siempre. Es cierto que algún partido habla de “salario social”… eludiendo el espinoso tema de lo peligroso que es garantizar un mínimo para la supervivencia sin recibir nada a cambio y habitual a sectores amplios de la población a vivir subsidiados, o sin experimentar el más mínimo problema en reconocer que, en estos momentos, hay un excedente de más de 4.000.000 de inmigrantes improductivos que lastran cualquier sistema de ayudas sociales y cuyas posibilidades de reciclarse laboralmente, van decreciendo de día en día. Por citar solamente algunos ejemplos.

Los programas de los partidos no “prevén”, simplemente “proponen” algunas medidas inmediatas y, sobre todo, se preocupan de satisfacer a grupos “clientelares”: a los ancianos se les subirán las pensiones, a los jóvenes se les facilitará la vivienda, a los inmigrantes se protegerán sus derechos, a los funcionarios se les elevará el sueldo en función del coste de la vida, a las mujeres se las protegerá y se las impulsará, a los colgaos se les facilitará el consumo de droga y así sucesivamente. Y, todo esto, en medio de una ignorancia histórica creciente, en un momento en el que se acelera la historia, estamos en puertas de una “gran mutación” científico-social, ante la que los partidos ¡solamente piensan en arañar unos pocos votos que les permitan conservar el poder los cuatro próximos años en las condiciones que sea!

Ni hay responsabilidad histórica en NINGUNO de los actuales partidos, ni existen políticos que alberguen un mínimo de SENTIDO DE ESTADO, ni, por supuesto existen “estadistas”, sino tan solo mediocridades -en ocasiones lacerantes y muchas veces fácilmente diagnosticables como psicópatas en el peor de los casos, simples chorizos habitualmente o pobres oportunistas en el mejor- gestores accidentales de la “cosa pública”.

Cuando se producen desfases como los que estamos asistiendo en estos momentos, es imposible pensar que la situación podrá corregirse introduciendo reformas en el sistema político. De hecho, lo que estamos viendo es como la brecha entre sistema político y sistema económico se va ampliando, como más y más avances técnicos van modificando la sociedad y sus valores y… como el sistema político sigue con sus rutinas “democráticas”, idénticas en su fondo a las del siglo XIX.

Que gobiernen unos o que gobiernen otros, como demostró la alternancia del sistema canovista de la Restauración o como ha vuelto a demostrar la constitución de 1978, cambia poco, tan solo la velocidad a la que se avanza hacia el abismo. Por eso, a la hora de votar, lo primero es si vale la pena hacerlo, mucho más que a quién hacerlo.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (18) A LOS DOS AÑOS DEL 1-O NO QUEDA NADA DEL 1-O


El 1-O, no fue gran cosa, salvo para los engañados por TV3 que se hicieron ilusiones de que aquello era serio y serviría para algo. Y, claro está, para los que iban a votar pensando que aquello iba a ser la “revolución de las sonrisas” y se llevaron a algún zurriagazo. Siempre hemos dicho que ver TV3 es malo para la salud. Los locutores de aquella fábrica de perder dinero no advierten que vivir de espaldas a la realidad jurídica de un país, puede resultar peligroso para los que lo proponen (ahí están esperando sentencias e intentando animal al personal con el “ho tornarem a fer”… sí, seguro, “lo volverán a hacer”, pero con otros poncios en el candelero; candidatos al martirio no faltan en .cat) y para los que se lo creen. Y lo del 1-O si puede ser definido de alguna manera piadosa es como “iniciativa poco meditada para lograr un proyecto inviable y mal diseñado”.

A partir de ahí, las cosas no podían ir bien: ni para la audiencia de TV3, ni para los promotores del proyecto, ni para los crédulos que se lo tragaron. Claro está, que la izquierda  tampoco contribuyó a que las cosas salieran mejor. El interés del PSC que jugó a la ambigüedad a lo largo de todo el “procés”, se debía a que el origen del disparate se encontraba en aquel “nou estatut” con el que Maragall quiso pasar a la historia. Aquellas aguas, vale la pena no olvidarlo, trajeron estos lodos y la manipulación de la que fue objeto Maragall por parte de Carod Rovira solamente se explica por lo que, en aquel momento, sabía toda la cúpula socialista: que Maragall no estaba en condiciones mentales de asumir la presidencia del ente autonómico.


Luego vino aquella oleada de referéndums simbólicos, a partir del que tuvo lugar en Arenys de Munt. Y es curioso, porque se trata de una muy pequeña población catalana de apenas 8.000 habitantes en 2009, cuando tuvo lugar el “referéndum simbólico”, actualmente con 9.500, de los que 4.000 son inmigrantes. ¡Cómo para preocuparse de “símbolos” cuando el 40% de la población son “nuevos catalanes” apegados a sus religiones, cultura y menas! Allí, la CUP es el partido más votado. Pues bien, aquel referéndum de muy escaso interés por lo irrelevante de la población fue el que prendió la mecha de otros referéndum similares que culminaron in el 1-O.

Imitando a los indepes de Arenys de Munt de hace 10 años, los de otro pueblo (del que reconocemos que ignorábamos incluso su existencia), Sant Julià de Ramis, de 3.461 habitantes en 2018 (y que nos tememos, a la vista de su crecimiento demográfico en los últimos 20 años, que también es zona de inmigración masiva) han dado el paso al frente y convocado otro referéndum para decidir si el 1 de octubres sería feriado. Ha ganado el si por un 75%. Si el referéndum se hubiera celebrado en otros puntos de España, con el mismo tema, hubiera dado, incluso, un resultado superior (a fin de cuentas, el 1 de octubre, feriado hasta 1975, se conmemoraba la “exaltación de Franco a la Jefatura del Estado”). A los indepes, sobre todo, se pierden por los “gestos”.

Pero lo cierto es que, la segunda conmemoración del 1-O no ha registrado presencia masiva de apoyos y, si bien, hoy se reproducirán manifestaciones en Barcelona -con la consiguiente guerra de cifras-, los balcones, las fotos y lo que se percibe es elocuente: menos interés, menos presencia de público, pero, eso sí, más radicales, incluso más desesperados. A los dos años del 1-O, todavía hay algunos que siguen colgando carteles de “votamos y vencimos”. Es el freakysmo, enfermedad terminal de los procesos más descarrilados y peor desarrollados.

Pero lo cierto es que las próximas jornadas se prevén duras y que lo que pase aquí puede alterar el resultado electoral del 10-N: si Sánchez no hace gala de energía, a la situación en la calle se desmadra mínimamente, él será el responsable directo. Y, tanto su filial catalana, el PSC, como las baronías regionales del PSOE, pueden resultar afectadas electoralmente. En esa hipótesis, el que proponga mano dura y prometa acabar de una vez con los flecos del problema, será el que se lleve los votos.

Y luego está la economía que no pinta bien, no tanto por incapacidad del gobierno (a veces, un gobierno paralizado y en “funciones”, es mucho mejor para la economía que un gobierno con iniciativa) como por la coyuntura internacional. ¿O es que acaso os creísteis eso de que, al vivir unos años de crecimiento económico, había terminado la crisis que se inició en 2009? Recordamos que aquella crisis (primero de las subprimes, luego de la construcción, más tarde de la banca y, finalmente, de la deuda) fue la crisis de la globalización y demostró la imposibilidad de un sistema económico mundial globalizado, con áreas que trabajan en condiciones económicas y sociales muy diferentes y que, por tanto, practican “competencia desleal”, como por la fragilidad de un sistema basado en la inversión financiera y especulativa antes que en la producción industrial, el aumento y la distribución de la riqueza.


Pues bien, esa crisis nunca ha terminado de extinguirse. La prueba es que los Estados, incluido el español y, no digamos, el norteamericano, siguen acumulando deuda y más deuda, impagable e inextinguible y que los precios de la vivienda han repuntado desde 2011 y si no se reproducirá un estallido del sector inmobiliario que afecte a la banca, si que entre 2020 y 2023 se reordenará el sector y se detendrán las nuevas construcciones de inmuebles, aumentando consiguientemente el paro y la fiscalidad… sin que nadie logre ni quiera detener los flujos de inmigración masiva, verdadero lastre para nuestra economía y nuestros servicios sociales.
Cataluña + Economía, pueden ser la tumba de Sánchez o, al menos, alejarle de su objetivo de gobernar en solitario con lo que quede de Podemos o con el de lo que quede de Ciudadanos.
Y eso crea otro escenario: si la caída de votos del PSOE se confirma -y parece difícil que no se confirme, lo único que la contendría es mano dura y 155-, y la derecha recupera votos, estaremos de nuevo en una situación en la que podría resultar difícil formar nuevo gobierno. Nadie duda que ese “nuevo gobierno” tendría como único y prioritario objetivo gestionar la crisis económica que se avecina y liquidar el problema catalán, por este orden. Imposible pensar en la celebración de unas terceras elecciones generales, como imposible pensar que algún partido obtenga la mayoría absoluta. Y, además, hará falta ver el número de abstenciones.
Va creciendo la impresión de que, el gobierno que saldrá de las urnas del 10-N será débil si es un gobierno con el PSOE apoyado por grupúsculos perjudicados por las urnas y en vías de extinción. Solamente hay una combinación electoral que sería susceptible de aportar estabilidad por mucho tiempo: la “gran coalición”… PP+PSOE.
Lo que no está claro es cómo reaccionaría el electorado de ambos partidos ante tal posibilidad, especialmente, si han acudido a las urnas sin haber sido advertidos. Ni siquiera está claro que ambos partidos, que se profesan un “odio secular” desde los tiempos de Felipe y Fraga, estén dispuestos a pactar algo que en otros países sus partidos homólogos no dudarían en hacer. Además, esta sería la “coalición del 78” es decir, de los dos grandes beneficiarios de la constitución y que, por tanto, deberían ser sus principales defensores. ¿Es la solución? No, pero sería la coalición menos gravosa para el país.

Pero aquí se prefiere una opción provisional que irá consumiendo al Estado antes que admitir que la degradación del sistema político español, precisa un acuerdo de los dos grandes partidos en las grandes materias: autonomías y vertebración, reforma constitucional, política económica, inmigración, planificación del futuro…
Y la pregunta es: ¿hay gente en esos partidos consciente de lo que nos jugamos? Hoy, más que “Europa” somo “periferia europea”, debemos plantearnos si mañana queremos ser un país con iniciativa, seguridad en todos los aspectos, pujante, o bien una federación de taifas a la deriva, dirigidos por personajes irrelevantes.
Porque, si España pierde el paso de la modernidad (que es algo más que instalar kilómetros de fibra óptica y dotar a todos nuestros hijos de un terminal 5G), corremos el riesgo de africanizarnos, empezando por Cataluña, que tiene todos los puntos para convertirse en “nuevo país”… pero no europeo sino de la Liga Árabe”.





martes, 1 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (17) MOSOS: ¿O CON EL ESTADO O CON LOS INDEPES?



La pregunta del millón es: ¿cuánto tiempo tardará Torra en ser vecino de Puigdemont en Waterloo o tendrá su celda en Can Brians? Cuanto más tarde en resolverse esta cuestión, más degradada estará la situación del orden público en Cataluña. Una muestra de eficiencia del orden público en Cataluña que prestigiaría a los Mossos d’Escuadra, sería algo tan simple como que fueran ellos los que arrojaran a la mazmorra fría al lunático que hoy se hace llamar “molt honorable president”.

Parece increíble que en estos momentos en los que estamos situados en el atrio de una nueva crisis económica (prolongación de la anterior, es decir, de la gran crisis de la globalización), este país esté preocupado por lo que ocurre en una Cataluña dirigida por fanáticos, ineptos e incapaces a los que todavía hay que explicarles que la quimera de la independencia y de los nacionalismos pertenece al siglo XIX y no al que vio la caída de las  Torres Gemelas. Parece increíble que, a estas alturas, la falta de temple político de los distintos gobiernos del Estado Español, se combine con la irresponsabilidad del independentismo.

Habrá malpensados que sostendrán que el “gobierno en funciones” prefiere que, en un período pre-electoral, miremos hacia la tensión independentista (una tormenta en un vaso de agua que puede resolverse aplicando, simplemente la ley), antes que a la tormenta perfecta que se está generando en la economía mundial y me merece en España un espacio secundario en los medios, que regala a Torra y a sus mamelucos prioridad en la información.

La gencat independentista siempre ha sostenido la quimera de que los Mozos de Escuadra, policía catalana, sería también algo parecido a la “guardia nacional” de algunos países bananeros que se jactan de carecer de ejército. Y no era eso, ni nadie, salvo los cerebros calenturientos del nacionalismo radical, querían que lo fuera: porque los nacionalistas lo que querían era disponer de una POLICÍA POLÍTICA a su servicio. Pero las cosas fueron mal desde el principio. De hecho, fueron mal, históricamente.

Tras el franquismo, en el que los Mozos siguieron siendo una especie de cuerpo de honores (me contaron que el 23-F, a ellos les correspondía detener a Jordi Pujol…), hasta que las negociaciones de “Mr. 3%” con Felipe González y con Aznar, los convirtió en la “policía de Cataluña”.

El tránsito de poderes fue largo, prolongado y absurdo (para cualquier gestión, durante un período, iban juntos un Mozo y un Policía Nacional, incluso para gestiones irrelevantes). Luego, los Mozos adquirieron en Cataluña, especialmente en las carreteras, fama de rígidos y de que, cuando te paraban, no dejaban de escarbar hasta que encontraban algún motivo para multarte (la falta de una bombilla de repuesto era un clásico). Entre las otras policías, incluso entre la guardia urbana de Barcelona, se les criticaba, simplemente, por ineficientes. Se consideraba una fortuna el que la Policía Nacional retuviera las competencias en inmigración lo que les daba excusa para justificar su intervención en asuntos de delincuencia y narcotráfico. Luego vinieron “consellers” de Interior de Iniciativa per Catalunya, más interesados en salvaguardar los derechos de los detenidos que los de las víctimas. Hubo sanciones a Mozos particularmente duros con la delincuencia y esto contribuyó a desmotivar a muchos. Cuando empezó la coña marinera del “procés”, casi existía un consenso generalizado en el que la experiencia de los Mozos había sido un fracaso.

Pero la gencat alegaba que necesitaba más y más medios. El problema, a partir del “procés” fue que no estaba claro a quién servirían esos Mozos, si al orden público en Cataluña o al proyecto independentista. La gencat los consideraba, no como una policía al servicio del ciudadano, sino como SU POLICÍA AL SERVICIO DE SU PROYECTO POLÍTICO.

Inicialmente, mientras no existían tensiones, la cosa era, incluso asumible para los Mozos. Eran los tiempos del “nacionalismo moderado” que no comprometía a nada ni a nadie y bastaba una simple negociación entre el baranda de la gencat y el poncio de Madrid, la inyección de unos cientos de millones de euracos, para que todo volviera al orden. Pero luego vino el “procés” y el empleo de los Mozos a cubrir acciones ingratas y consideras ilegales desde el punto de vista de la legislación vigente. Y, a partir de ahí, vino el descuadre.

Porque los profesionales de los Mozos, lo que quieren es que no se les mezcle en aventuras políticas -que, por lo demás, solamente los ciegos, sordos y tontos no terminan de dar por finiquitadas- Soy de los que opinan que los Mozos de a pie son chicos jóvenes, conscientes de que han sido contratados para que la sociedad catalana no se vea azotada por la delincuencia y no ejecutores de los designios políticos de una banda de chalados irresponsables. Trapero ya lo sufrió el drama en su propia carne el 1-O.

Y ayer se lo tuvieron que recordar al director de los Mossos: “Usted dedíquese a la política que nosotros garantizaremos la seguridad”, fue la idea que trasladaron los mandos de los Mozos a su director, Andreu Martínez. Los mandos no podían permitir que, en los próximos días, el orden público se resienta de las acciones de los últimos mohicanos del independentismo radical y de sus llamamientos a la “huelga general” (que siempre terminan siendo embotellamientos que pueden solucionarse a manguerazos). Los mandos han advertido que las indicaciones del “jefe político” tienden a permitir que los CUPs, CDRs y demás, hagan lo que les dé la gana en las calles, para revitalizar el proyecto independentista.

La dimisión de Martínez se ha producido tras una semana en la que los Mozos han tenido que soportar el bochorno de que las detenciones de radicales del CDR les fuera ocultada para evitar filtraciones y fugas de información, incluso ¡para evitar que el “jefe político” de los Mozos advirtiera a los implicados! Andreu Martínez estaba solo desde hacía tiempo. Sus subordinados ni siquiera le hablaban, se veía incapaz de cumplir las órdenes perentorias de su jefe el “conseller Buch” de “dejar hacer a los ciudadanos pacíficos de la CUP-CDR”. Además, sabe que, como Trapero, puede sentarse en el banquillo de los acusados a la que no cumple la legislación vigente. Sus mandos ya le advirtieron: “Los Mossos no hacen política”. Y le presentaron un despliegue, acertado desde el punto de vista técnico, para restablecer la normalidad, allí donde los radicales la rompan. El miedo, la pusilanimidad y la falta de apoyos, han forzado su dimisión.

Triste: por ahí anda un Mozo de Escuadra independentista, Alberto Deinaire, con aspecto de julay que se cree que la independencia es para pasado mañana, verdadera caricatura de lo que Torra y Buch quieren para el cuerpo. Afortunadamente, en los Mozos va ganando pasos, la necesidad de profesionalidad y de alcanzar un prestigio que el cuerpo precisa para afrontar la delincuencia.

Esta crisis ha demostrado que el espacio vital de los indepes se va a acortando cada vez más. En noviembre les sorprendió que los Mozos -y no la Policía Nacional- les dieran fuerte y flojo. Con el orden público fuera de control en Cataluña a causa de una criminalidad de espectacular crecimiento, ahora lo único que falta es un “poder político” que permita un mes de octubre de “vía libre” a los indepes. Los mandos de los Mozos son conscientes que el prestigio del cuerpo, ya actualmente erosionado, no soportaría un “octubre indepe”. Y parece claro que Torra y sus últimos mohicanos están buscando el muerto que les facilitaría el relanzar el “procés”.