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martes, 14 de diciembre de 2021

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (4 de 4) – Organizaciones antisemitas: Las ligas antisemitas

Lo que en La Libre Parole habían sido ideas, artículos y letra impresa, en la Ligue Antisémitique de France (LAF a partir de ahora) es de intentar aprovechar el potencial del antisemitismo y transformarlo en impulso político. La LAF se crea justo en el momento en el que el boulangismo está viviendo sus días álgidos y cuando Francia ha sido anegada por el éxito de las obras de Drumont. El 5 de septiembre de 1889 aparecen los primeros carteles de la LAF en los muros de París. Desde las oficinas de la rue Lepic el comité organizador hará pública su intención: “abatir el poder de Rothschild”. Pocos meses después participa en las elecciones municipales con resultados extremadamente pobres. Al frente está el Marqués de Morès y sus candidatos, presentes en las listas boulangistas, se presentan como “socialistas–revisionistas”. El 1º de mayo lanzan un “Llamamiento a los trabajadores de Francia” en el que aluden a las “virtudes ascendentes del socialismo”. Drumont no albergaba mucha confianza en el boulangismo y en particular en su grupo dirigente, sin embargo a través suyo el antisemitismo se convierte en una fuerza política popular. En esa época el antisemitismo “no es más que una variante del socialismo (…) que conduce de forma natural a las capas populares”[1]. La campaña antisemita de la LAF y del boulangismo arrastrará especialmente a los medios católicos. El diario La Croix se integrará tardíamente y de manera oportunista en las campañas contra los judíos e incluso intentará competir con La Libre Parole para ver cuál es el “diario más antisemita de Francia”. Sin embargo, la caída del boulangismo arrastraré el cese de las grandes campañas antisemitas salvo en los barrios populares y entre los carniceros de La Villette. Y es entonces cuando Drumont lanza La Libre Parole en un momento en el que la mayoría de la prensa popular es antisemita. El “escándalo de Panamá” y las revelaciones que Drumont aporta hacen que el éxito de la iniciativa sea enorme. En ese momento casi toda la prensa popular[2] es antisemita. Eso impulsa a Drumont a abandonar la acción política y centrarse en su iniciativa periodística.

El campo queda libre para el grupo Morès et ses amis que sustituye a la LAF que se disuelve tras la dimisión de su presidente Jacques de Biez[3]. A pesar de que la sede del grupo está en el Distrito I, sobre todo donde reclutará es entre los carniceros de La Villette entre los que goza de enorme popularidad y que lo seguirán de manera fanática. Sin embargo, la partida de Morès hacia Argelia y su muerte hacen que el movimiento popular antisemita se quede sin su jefe más activo y carismático. Su sucesor Jules Guérin[4]  resucitó la Liga Antisemita de Morès de la que Barrés fue el presidente de honor, e intentó  iniciar una carrera política en el Distrito XIX, un barrio popular parisino verdadero feudo del boulangismo. Lanzó la revista quincenal Le Réveil du XIXe y afrontó la preparación de las elecciones municipales de 1893. Poco antes de la cita en las urnas la revista se convirtió en semanal con el nombre de Réveil Social y terminó siendo el órgano boulangista de los barrios populares de París. Se aproximó en esos meses a los blanquistas de izquierda y a los anarquistas, lo que le valió un primer choque con Drumont.

Los tres objetivos de la Ligue Antisémitica eran proteger el “trabajo nacional”, “liberar a los franceses y a la nación del yugo judío” y “prohibir a los judíos el acceso a todas las funciones públicas”. El programa tuvo éxito a partir de 1897. Constituyeron secciones en todos los distritos parisinos y ese año ya contaban con 8.000 adheridos que en julio del año siguiente serían 11.000 distribuidos en 130 secciones; la policía indicó que en 1899 sus efectivos habían llegado a los 20.000 afiliados. Ese año fue el álgido para la Ligue: los éxitos de los candidatos antisemitas en las elecciones legislativas de 1898, los disturbios, la intentona golpista del 23 de febrero, los procesos que siguieron y la agitación en la calle situaron al antisemitismo francés en la cresta de la ola. En ese momento la Ligue tenía 270 secciones, algunas importantes: Nancy con 2.800 afiliados, Marsella con 1.600, Lyon con 1.200, etc. También en las ciudades del Este, la Ligue prosperará, pero será en la región de Burdeos en donde conseguirán enviar a dos diputados antisemitas al parlamento. En Argelia cuatro diputados antisemitas serán elegidos en 1898 con Drumont a la cabeza. Un total de 23 diputados antisemitas los que se sentarán en el parlamento elegido en 1898. En París los barrios populares de la Bastilla, Nation, Ternes, République, Belleville, Pigalle, Batignole, Gar du Nord, serán los de mayor actividad antisemita.

Es curioso constatar que justamente en el barrio parisino en el que se había producido más inmigración judía procedente de Europa central, la Liga no tiene particular implantación. Sternhell aporta una explicación a este fenómeno: “El antisemitismo popular no es una reacción a la presencia judía”[5]. En efecto, ese antisemitismo apunta contra los judíos propietarios del capital, no contra el judío de a pie que llega pobre y que, por tanto, no están en condiciones de competir con la población francesa autóctona.

Pronto se producirán conflictos entre Drumont y Guérin. Éste acusará a su maestro, pero oponente, de ser “demasiado clerical” (algo en lo que, efectivamente tiene razón). Le lanzan el reproche de que a fuerza de acusar a los judíos de enriquecerse, él mismo se ha enriquecido con los derechos de autor de sus obras (innegable casuística). Le acusa también de no pretender salir a la calle más que para distribuir La Libre Parole (lo que también parece cierto). Y finalmente, lanza sobre él la acusación de ser “viejo” (obviamente discutible a la vista de que en ese año Drumont apenas tenía 54 años…). Terminarán por enfrentarse y la escisión entre ambos se producirá tras las elecciones de 1898. Los cargos electos de la Ligue permanecerán junto a Drumont, mientras que los carniceros de La Villette y las Juventudes Antisemíticas seguirán a Guérin.

Esta lucha reviste también ciertos caracteres ideológicos: los “drumonistas” se sitúan a la derecha, mientras que Guérin y los suyos se expresan como socialistas–nacionales. Cuando se produce la escisión y enfrentándose al precipicio que supone carecer de medios suficientes para mantenerla, aparece en escena el Duque de Orleans que apoyará económicamente a Guérin. A partir de ahora el antisemitismo popular estará subvencionado por el duque de Orleans cuyos asesores le indicarán la convivencia de utilizar el antisemitismo popular para crear un amplio movimiento que controle las calles y que pueda ser utilizado en vistas a una restauración monárquica. El propio duque de Orleans escribe de su puño y letra el llamado Manifiesto de San Remo en el cual defenderá las mismas tesis del antisemitismo popular, a saber, que la lucha contra los judíos es un factor de unidad y consenso nacional.

Desde el verano de 1898 hasta abril de 1903, el duque de Orleans pasará todos los meses entre 20 y 30.000 francos además de donativos de hasta 300.000 francos para el lanzamiento del Gran Occidente de Francia. En la sede de este grupo en rue Chabrol se albergará también el semanario L’Antijuif cuya tirada pasará a 40.000 ejemplares a 90.000 en pocas semanas para alcanzar los 120.000 en enero de 1899. Allí instalará un verdadero cuartel general dotado de sala de reuniones para 500 personas, gimnasio, corredor de tiro, con 50 “liberados” que acuden allí en donde aparecen crisis susceptibles de ser aprovechadas por los propagandistas antisemitas. Pero en ese tiempo, el proyecto más interesante de la Ligue es el lanzamiento de una “Sociedad Mutua de Proteccion del Trabajo Nacional”, una verdadera bolsa del trabajo capaz de rivalizar con la puesta en marcha por los socialistas marxistas. Con ella, la Ligue sienta las bases de la que luego será el sindicalismo antimarxista que ampliará su radio de acción con los mineros y ferroviarios del norte que constituirán lo esencial del “movimiento amarillo”[6].

Uno de los aspectos más interesantes del movimiento de Guérin es su obsesión por localizar y abortar las infiltraciones policiales. Por eso se preocupa por seleccionar a los nuevos militantes: cada aspirante debe ser avalado por un par de militantes conocidos; cada dos meses distribuye nuevos carnés para evitar que los robados puedan ser utilizados por infiltrados. Las insignias se modifican ligeramente cada cuatro meses por lo mismo y tanto este material como el correo es siempre entregado en mano y nunca dejado a los porteros de los inmuebles. Esto les garantiza un razonable sistema de seguridad. Luego están los ensayos de movilización general. Para Guérin se trata de contar con miles de afiliados militarizados y encuadrados en apenas cinco horas. Todas las informaciones confidenciales sobre la organización están en posesión de Guérin y de su hermano Louis.

Y no es raro que se preocupe de todo esto. Cuando le preguntan cuál es su programa explica: “La agitación y la violencia”, explicará un agente de la policía que consiguió infiltrarse entre los liguistas, el cual añade: “Guérin no dudará en emplear la fuerza donde la crea necesario (…) para él la Ligue es un instrumento de agitación revolucionaria”[7].

Los carniceros de La Villete y los agitadores de Argel

Entre enero de 1898 (cuando Zola publica su artículo J’Acuse y el coronel Henry se suicida) y agosto de 1899 (cuando se ve el segundo juicio a Dreyfus) se produjeron en Francia disturbios constantes de carácter antisemita. Es difícil establecer el papel que jugó el “antisemitismo organizado” (en la Ligue) pero se sospecha que fue importante. El clima antisemita que estaba en la calle aumentó las ventas de la prensa de este carácter y reforzó las organizaciones que sostenían esta posición. Hacia mediados de enero de 1898, la policía francesa preveía el estallido de disturbios en París, tal como había ocurrido poco antes en Argelia. Justo cuando se publica J’Acuse, estallan incidentes “de extrema gravedad”[8] en las principales ciudades francesas metropolitanas incluyendo en París y Marsella. Los incidentes se inician en París y luego se trasladas a las plazas fuertes del boulangismo, más tarde se desplazan hacia el Este de Francia. En ocasiones se trata solamente de lanzamiento de piedras sobre comercios judíos por parte de jóvenes y adolescentes, en otras de verdaderas revueltas populares que degeneran en disturbios que duran varios días. Las manifestaciones marchan con gritos de “Muerte a los judíos” a los que añaden “Viva el ejército” (alusión a la actitud del Estado Mayor durante el Caso Dreyfus). En París, los incidentes durante una semana y en Marsella cinco días seguidos: se atacan sinagogas,  comercios e incluso puestos de policía. En Argelia, a la salida de un mitin, se producen dos muertos a cuchilladas, uno entre los manifestantes, otro, en represalia, entre los judíos. Es allí, precisamente, en donde se producen los incidentes más violentos de todo el Imperio, especialmente entre el 22 y el 24 de enero de 1898 y que estallan en todas las ciudades del territorio argelino e incluso en pequeños pueblos. Los almacenes y comercios judíos resultan saqueados y se producen 47 heridos graves; los incidentes apenas se calmarán en las semanas siguientes. Entre febrero y abril del año siguiente “no pasa un día sin que haya una manifestación en Argel o en los alrededores”[9].

En ese clima de violencia antisemita emerge un líder, Max Régis[10]. Régis ha golpeado a su profesor (judío), se ha batido en duelo con quienes defendían la preponderancia judía, es joven, es atractivo y es un exaltado orador. Además es un periodista de talento que lanza la revista L’Antijuif en la senda de las ideas de Drumont. Pronto tirará 20.000 ejemplares siendo uno de los periódicos argelinos de mayor tirada. Crea un himno para sus hueses: La Marsellesa antijudía (Muerte a los judíos / Es preciso colgarlos /sin esperar más / es preciso colgarlos / por las napias). Gracias a Régis y a su atractivo personal, el antisemitismo argelino se convierte en un verdadero movimiento de masas.

Entre 1898 y 1899 todos los líderes antisemitas, conservadores o socialistas–nacionales, aspiraban a que Régis reforzara sus organizaciones uniéndose a ellos. Pero Régis carecía de inteligencia política y le faltaban cualidades intelectuales, su carrera se agotó pronto entre denuncias, duelos, condenas y líos de faldas. No era, desde luego el líder que hacía falta para imponer un rostro y una autoridad indiscutible a todo el magma antisemita, un rostro que sustituyera al marqués de Morès y que, por lo mismo, tuviera más personalidad y prestigio político que él. Fue la agitación desarrollada por Régis desde L’Antijuif lo que generó buena parte de los disturbios a los que hemos aludido en la colonia argelina. Predicó con saña el boicot a los establecimientos judíos: “El boicot implacable debe ser la táctica utilizada por los franceses deseosos de defender su patria amenazada por los judíos”[11]… acto seguido en treinta ciudades argelinas se sucedieron acciones de boicot en medio de un clima de violencia generalizado.

De Argelia los disturbios se extenderán a París y Nantes encabezados por pequeños comerciantes movilizados por la Ligue Antisémitique que defienden la “forma leal de hacer negocios” y proponer “defender sus intereses contra los judíos”. Se difunde la consigna: “por el honor y la salvación de Francia, no compréis a los judíos”. En mayo de 1899 la Liga Antisémitique imprime un millón de carteles destinados a identificar los comercios judíos y prohibir el acceso a los franceses[12]. En el parlamento, el grupo antisemita realiza proposiciones de ley que, aun siendo derrotadas, consiguen apoyos por parte de diputados adscritos a otros grupos[13].

Estas corrientes antisemitas son republicanas pero antijacobinas. Ofrecen otro sistema de valores que se identifica con los de la extrema–derecha y con los de la extrema–izquierda. En ellos, “lo nacional” y “lo social” caminan íntimamente unidos. No buscan restaurar el Antiguo Régimen, como había aspirado hasta ese momento las derechas, sino crear un nuevo marco en el que ambos conceptos –nacional y social– caminen juntos. Esto entraña ciertas dificultades y los tiempos todavía no están maduros para este tipo de fórmulas para que se impongan. Además existe otro factor que contribuirá a que el antisemitismo se deshinche como fenómeno de masas: el impacto del catolicismo.

En efecto, el antisemitismo seguía teniendo una parte importante de componente católica y la Iglesia era, como puede intuirse, una fuerza eminentemente conservadora. Drumont, siendo católico, tenía horror al confesionalismo, a los obispos y a ese pragmatismo vaticano que solía alternarse con el dogmatismo más acrisolado. Al igual que Maurras, Drumont reconoce que Francia es un país de tradición católica, pero eso no le impide despreciar a la jerarquía eclesiástica. Y los católicos seguidores de la “Santa Madre Iglesia” no ahorran invectivas contra Drumont y los “socialistas nacionales” a los que frecuentemente ven acompañados por anarquistas, sindicalistas y socialistas, todos ellos sospechosos ante los ojos de Roma. Juzgan, además, que los hombres de  La Libre Parole no tiene fe y, por tanto, la publicación es peligrosa en tanto que indiferentista ante el fenómeno religioso. Y atacan a Drumont como atacan a cualquier otra cosa que no acepte los dogmas católicos, la jerarquía y la primacía del papado. Y, como se sabe, la Iglesia era solamente antisemita en la medida en que Cristo había sido asesinado por judíos… El hecho de que existiera una colusión entre capitalistas y judíos era secundario para la Iglesia. La Iglesia –a través de su prensa, especialmente de La Croix– no necesita una “doctrina antisemita”, se contenta con extender un “sentimiento antisemita” entre sus fieles. Es más, la Iglesia, nominalmente al menos, no se declara en ningún momento “antijudía”, ni nada parecido. Para ellos, las revueltas antisemitas de la época tienen lugar, no para liberar a los trabajadores de la tiranía de los “capitalistas judíos”, sino “a la mayor gloria de Dios”, pero también para liquidar la herencia de la revolución francesa. Se trata, pues, de un antisemitismo limitado a lo estrictamente religioso y que oscila entre la defensa del antiguo régimen y la defensa pura y simple del “capitalismo católico francés”. Ni regeneración de la república, ni unión de lo nacional y lo social, ni nada parecido…

En este contexto los “socialistas nacionales” se ven forzados a elegir entre colaborar con otras fracciones de la izquierda no antisemita o bien alinearse con los católicos en la común lucha contra los judíos. En realidad, Sternhell recuerda que la izquierda socialista francesa mantuvo en enero de 1898 una actitud hostil a la reapertura del caso Dreyfus y que en ese mismo año algunas federaciones guesdistas[14] adoptaran posiciones antisemitas. Incluso socialistas nacionales y socialistas de izquierdas habían tomado la palabra juntos en mítines (Guesde y Lafargue hablaron en reuniones en las que también tomaron la palabra Drumont, Morès o Guérin[15]) que permitían pensar que ambas corrientes formaban parte de la misma familia de pensamiento. La Libre Parole publicaba constantemente artículos sosteniendo las huelgas de mineros y la figura de Jean Jaurès e incluso Clemenceau se ven obligado a recordar que es un error pensar que el antisemitismo tiene aspectos positivos porque “nos libra de Rothschild”. Más aún: cuando los dirigentes de la izquierda socialista alemana, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, toman partido contra Dreyfus (les resulta imposible concebir que un miembro de la clase dirigente haya podido ser condenado injustamente…), Clemenceau les ataca y define que la izquierda debe aceptar colaborar con la “República burguesa” y “aceptar estas ofertas del destino y estas aperturas de la historia”.

Las ligas antisemitas han conseguido controlar amplias masas populares, pero lo han podido hacer, en buena medida, porque los católicos tienen posiciones similares a las suyas. A partir de ese momento, la dirección socialista internacionalista empieza a difundir una explicación, inspirada en el marxismo ortodoxo, según la cual el Caso Dreyfus supone el choque entre distintas fracciones de la burguesía; el “partido del proletariado”, por tanto, debe de abstenerse en tomar partido por unos o por otros. Su lucha está en otro lugar y nada tiene que ganar ni que perder en las manifestaciones antisemitas. La división entre socialistas nacionales y socialistas internacionalistas se ha consumado. Los primeros se aproximarán a los católicos perdiendo vigor y credibilidad ante las masas trabajadoras y los segundos abandonarán los temas antisemitas y darán otra versión de la estructura del capitalismo en el que el hecho de que una parte sustancial de la gran patronal y de la alta finanza, esto es, de “los explotadores”, sea de origen judío no tiene sentido en tanto que son capitalistas mucho antes que judíos…

Esta decantación se produce cuando llega al poder Waldeck–Rousseau el 22 de junio de 1899, estabilizando la política francesa que se había visto constantemente convulsionada por las consecuencias del Caso Dreyfus. Waldeck–Rousseau se rodeó de progresistas, radicales y socialistas, se dio a sí mismo el cargo de Ministro del Interior y abordó la lucha contra los sectores antisemitas del ejército, de la iglesia y de la política. Adoptó igualmente leyes de carácter social y en 1902 ganó las elecciones legislativas. Entre otras medidas reprimió con dureza la actividad de los grupos antisemitas. Déroulède y Guérin sufrieron sus iras y el grupo de los carniceros de La Villette fueron vigilados estrechamente para evitar el más mínimo exceso, en especial los dirigentes de la Jeunesse Antisémite. Así mismo se cortó la financiación de los monárquicos legitimistas a las ligas antisemitas. Despues del “Fort Chabrol”, Guérin es condenado el 4 de enero de 1900 a 10 años de cárcel y Déroulède a 10 de destierro.

Incapaz de soportar un nivel tan duro de represión y la limitación de sus actuaciones, las ligas antisemitas entraron en un prolongado período de descomposición. Para colmo, la falta de recursos, la disputa por los lectores y por la clientela, ocasionaron duras polémicas entre las distintas fracciones, pérdidas de lectores, escándalos indecorosos por rivalidades del más bajo nivel, etc. Las tiradas de las revistas que sobrevivieron bajaron considerablemente, incluida la de La Libre Parole.  Otros, como L’Antijuif, simplemente desaparecieron sin dejar rastros. En cuanto a las organizaciones se fracturaron en grupúsculos con cifras muy bajas de militancia. Incluso los terribles carniceros de La Villette sufrieron problemas. Prohibida la Jeunesse Antisémite, se reorganizó con el nombre de Volontaires de la Liberté y otros lo hicieron como Parti National Antijuif, mientras que el brazo derecho de Guérin constituyó el Groupe des Antijuifs Indépendents. Hacia 1903 todo esto estaba reducido a la mínima expresión.

Los ecos del Caso Dreyfus quedaban lejos y la polémica se había saldado con la victoria de los dreyfusards. En 1906 desaparecen los últimos diputados de la derecha radical presentes en la Asamblea Nacional. La primera generación de “socialistas nacionales” ha pasado a la historia. En esas mismas elecciones de 1906 obtiene su acta de diputado Pierre Biétry[16]. Valois y Sorel entran también en escena y lanzan las bases de lo que será el Cercle Prudhon. Pero esta ya es otra historia, en otra época, una historia que, por lo demás, ya hemos repasado.



[1] Cfr. La Droite… op. cit., pág. 216.

[2] Z. Sternhell da una relación de estos medios: “L’Intransigeant de Rochefort, La Cocarde de Barrès –en el que cohabitan socialistas, anarquistas y futuros maurrasianos- La Patrie de Millevoye, L’Eclair, La Presse, Le Petit Journal son en este último decedio del siglo, antisemitas” (cfr. La Droite… op. cit.., pág. 217).

[3] Jacques de Biez (1852-1915), periodista e historiador, republicano y antisemita, fue uno de los fundadores de la LAF y al disolverse esta siguió colaborando en los medios de prensa antisemitas después de retirarse a su castillo de Vienne, en especial en La Libre Parole, Gil Blas y La Terre de France. Se trataba de un personaje excéntrico y exótico que no dudaba en abordar constantemente la el tema del origen celta de Cristo. El cristianismo sería, sostenía Biez, una forma de druidismo exportado desde la Galia. El argumento estrella era que Galilea tiene el prefijo “Gal” lo que indicaría su origen galo…

[4] Jules Guérin (1860-1910), periodista francés, director del semanario L’Antijuif, nació en Madrid, al regresar con su familia a París se identificó con los ideales de los antiguos comuneros. Pronto trabará amistad con el marqués de Morès. Fue arrestado en 1893 y los anarquistas hicieron causa común con él.  Enemigo de la masonería constituye la Ligue Antimaçonique et Antisémite du Gran Occidente de France, financiada por el duque de Orleans y activa durante el caso Dreyfus. Esta liga colaboraba con la LAF. Fue también miembro de la Ligue de la Patrie Française de Paul Dérouléde, se caracterizó como antidreyfusard y fue director de la Ligue Antisémite. La sede del Gran Occidente está en la rue Chabrol y será allí en donde Guérin y una docena de hombres armados que habían conspirado contra la seguridad del Estado junto al Duque de Orléans, se atrincheran durante 38 días. La prensa llamará a esta sede “Fort Chabrol”. Al entregarse fue condenado junto a Déroulède al exilio.  Emprendió algunos negocios con los que consiguió arruinar a sus socios a pesar de que él se presentó siempre como símbolo “de la pequeña patronal vencida por los señores de la finanza”. Llegó a incendiar su propia planta de refinado de petróleo para cobrar el seguro. Hasta su muerte proseguirá realizando propaganda antisemita y anti-dreyfusard. Louis Ferdinand Céline le rendirá un sentido homenaje en Maudits soupirs pour une autre fois. Datos sobre Jules Guérin extraídos de http://fr.wikipedia.org/wiki/Jules_Gu%C3%A9rin

[5] La Droite… op. cit., pág. 224.

[6] La Droite, op. cit., pág. 228.

[7] Ibidem., pág. 230.

[8] S. Wilson, The antisemitic riots in France, The historical Journal, vol I, nº 4, 1973, pág 789.

[9] S. Wilson, The antisemitic riots… op. cit., pág. 189.

[10] De verdadero nombre Massimiliano Milano (1873-1950) fue elegido alcalde de Argel con solamente 25 años en la lista “antijudía” (en Argelia no se utilizaba el término “antisemita” pues, no en vano, los árabes son también semitas), su padre era un masón originario de Milán. En Argelia, además de las convulsiones del Caso Dreyfus existía un clima de protesta por la concesión de la nacionalidad francesa a los judíos allí residentes que actuaban en bloque apoyando a los republicanos de Gambetta y Ferry. El ala izquierda republicana, los “radicales” realiza campañas antijudías y mide su impacto en la opinión pública. En enero de 1897 un apellidado Levy es nombrado profesor de derecho romano ante la protesta de los estudiantes, entre ellos Max Régis.

En pocas jornadas Régis se convierte en la figura mas conocida de Argelia y al ser recibido en París por los “padres del antisemitismo” declarará: “Con la sangre de los judíos se regará el árbol de la libertad”, a raíz de lo cual deberá huir a España. Será condenado a cuatro meses de prisión y a otros meses más a causa de un duelo que mantuvo con el capitán Oger que le había presentado una denuncia a raíz de un artículo suyo publicado en L’Antijuif. Desde este medio (que aparece tres veces por semana) exige la abolición del “decreto Cremieux” (que concede la nacionalidad francesa a los judíos argelinos) y la expulsión de los judíos de Argelia. Es precisamente Régis quien convence a Drumont de presentarse como candidato por Argel. La llegada de Drumont a Argelia provoca una oleada de entusiasmo… y el recrudecimiento de la agitación antisemita. Régis llega a publicar los nombres de las mujeres que se proveen en las tiendas judías. Drumont logrará ser elegido diputado el 8 de mayo de 1898 junto a seis diputados más por la lista antijudía. El consejo de ministros deberá revocar las condenas a que se han hecho acreedores los protagonistas de los incidentes, incluido Régis. Sin embargo, a raíz de declaraciones posteriores de violencia inusitada, Régis será acreedor de otra condena por agresión, lo cual no será obstáculo para que en las elecciones municipales de octubre de 1898 la lista antijudía obtenga 36 puestos. La audacia y el verbalismo de Régis le llevan incluso a proponer la escisión de Argelia de la metrópoli: “Si Francia rechaza liberarse de los judíos, que el pueblo argelino tome en sus manos su propio destino”. Esta declaración es suficiente para suspenderlo de sus funciones como Alcalde de Argel. Es reelegido en 1901 pero no logra tomar posesión del cargo a causa de pasadas condenas no cumplidas. Será el final de la experiencia antisemita argelina: la represión impide el desarrollo del programa antisemita y por tanto no hay razón para votarle. En las elecciones de 1902, la candidatura antijudía alcanzará un número irrisorio de votos. Perseguidos por numerosas denuncias y procesos, Régis vendrá a España (en donde, contactará con miembros de la Liga Regionalista de Cataluña; sobre estos contactos véase La raza catalana: el núcleo doctrinal del catalanismo, Francisco Caja, Ediciones Encuentro SA, Madrid 2009, pág. 225. El núcleo original de este tema está extraído de la obra El catalanisme conservador devant de l’affaire Dreyfus 1894-1906, Curial, Barcelona 1994, págs. 124 y sigs.) y se retirará de la política activa. Vivirá en el anonimato los últimos 50 años de su vida. Roger Peyrerife escribirá en Les Juifs ( que Régis era hijo de judíos italianos. En cuanto a Louis Ferdinand Céline será a él a quien tendrá en mente cuando escriba: “Si en Francia hubiera una asociación antisemita, el presidente, el secretario y el tesorero serían judíos”.

[11] La Droite, op. cit., pág. 235.

[12] La Droite, op. cit., pág. 236. Z. Sternhell explica que estos incidentes “no son otra cosa más que una puesta en acción de la ideología antisemita de Toussenel y Proudhom hasta Drumont, Barrès, Rochefort y Maurras”.

[13] La petición de que no se admita en la administración, en el ejército o en la marina, solamente a franceses como oficiales o a personas procedentes de familias que se hayan nacionalizado franceses tres generaciones antes, recibe 158 votos a favor en la sesión del 10 de enero de 1898. Un mes más tarde otra propuesta presentada por el diputado antisemita de Dax sobre las medidas a tomar para detener la preponderan de los judíos en la administración recibe el apoyo de 198 parlamentarios.

[14] Seguidores de Jules Guesde, uno de los primeros difusores de las ideas marxistas en Francia y fundador junto con Paul Lafargue del Partido Obrero Francés. Constituyó el ala izquierda y marxista del socialismo francés que terminó fusionándose con el Partido Socialista de Francia en 1902. Durante la Primera Guerra Mundial se situó en posiciones nacionalistas.

[15] La Droite, op. cit., pág. 240. Sternhell utiliza datos extraídos de la obra de A. Zévaès, Histoire du socialisme et du communisme en France de 1801 a 1914, Ed. France-Empire, Paris 1947, pág. 258.

[16] Sobre Biétry ver el artículo publicado en la Revista de Historia del Fascismo, nº VIII, titulado Georges Valois y Le Faisceau. En aquella ocasión nos faltó espacio para dar algunos datos biográficos sobre el fundador de los sindicatos amarillos franceses. Pierre Biétry (1872-1918) viajó a lo largo de toda su vida por los más diversos continentes y países y se adhirió durante su juventud al Partido Obrero Francés de Jules Guesde para el que organizó los sindicatos. Al frente de estos promovió manifestaciones reivindicativas que en 1899 degeneraron en algún motín que obligó al ejército a intervenir. Separado de Guesde, en 1901 se unió al Sindicato Amarillo fundado por Paul Lenoir a cuya cabeza se colocó rápidamente. Se trataba de un movimiento que puede considerarse como integrante de la corriente antisemita. En 1902, Biétry, tras romper con Lenoir, fundó la Fédération Nationale des Jaunes de France y luego el Parti Socialiste National. Su propuesta no difiere en absoluto del resto de “socialistas nacionales”: 1) renacimiento nacional, 2) reconciliación de las clases, 3) justicia social, 4) antisemitismo. Sobre el “sindicalismo amarillo” y sus relaciones con los socialistas nacionales puede leerse Idéologie, mythologie et structure du Mouvement Jaune, Z. Sternhell, La Doite…, op. cit., pág 284-316. Lamentablemente no existe ninguna obra accesible en lengua castellana en donde se trate específicamente el tema de los sindicatos amarillos (que también tuvieron en España cierto impacto).

Cuando Francia era antisemita

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (1 de 4) – Antisemitismo y boulangismo

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (2 de 4) – El Caso Dreyfus y la eclosión del antisemitismo

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (3 de 4) – Drumont y La Libre Parole

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (4 de 4) – Organizaciones antisemitas: Las ligas antisemita

martes, 7 de diciembre de 2021

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (3 de 4) – Drumont y La Libre Parole

Drumont, uno de los autores más influyentes en la Francia de las dos últimas décadas del siglo XIX, había tenido un maestro y es lógico que le dediquemos unas palabras para situar su pensamiento: Alphonse Toussenel. En una obra escrita por Toussenel en 1886[1], había dicho: “la responsabilidad de la miseria obrera, de la debilidad y de la decadencia franceses incumbe al judío, rey por el capital en posesión de todos los privilegios que formaban en otro tiempo la estructura de la realeza”. En dicha obra presenta al judío como el “dueño incontestable de la finanza, de la industria y de la prensa” y añade que “su fortuna no puede hacerse más que con la ruina de los pueblos”. El judío, concluye, es el nuevo rey de Francia. Ante el judío y su poder, el parlamento es “impotente”[2]. Ve en la historia de Francia un proceso de decadencia generado por los judíos  y el parlamentarismo y explica que se ha llegado a un “feudalismo financiero” controlado por los judíos a través del cual se controla al Estado. Sternhell, al comentar la figura de Toussenel sentencia: “Por ello, los boulangistas, las bandas de Morés, los Amarillos de Biétry y los hombres de Action Française considerarán a Toussenel como su padre espiritual”[3]. Drumont será fiel a las ideas y los análisis de Toussenel y en realidad toda su obra no supone más que una actualización de la obra del maestro[4]. A pesar de que no entra dentro de la perspectiva de este artículo el comparar al “socialismo utópico” con el “socialismo nacional”, baste decir por ahora que existió toda una corriente de esta variedad de socialismo que derivó hacia las formulaciones que posteriormente compartiría desde Drumont, hasta Benoît Malon[5] pasando por Biétry. Pues bien, la inmensa mayoría de socialistas utópicos fueron antisemitas.

El nombre de Éduard Drumont está unido íntimamente a su periódico, La Libre Parole y este medio de prensa a la causa antidreyfusard. La Ligue Antisemitique de France fue la extensión de este formidable medio de prensa y de estas ideas nacionalistas y antisemitas. Maurras reconoció que el nacionalismo francés tuvo en Drumont su origen y Barrès y Barrès reconocieron también su tributo intelectual con él. Hijo de una familia flamenca campesina, viajó a París a los 17 años y trabajó para el ayuntamiento de la ciudad durante seis meses, pero su sueño era convertirse en periodista y escritor. Colabora inicialmente con el Moniteur du Bâtiment y luego en Diable à Quatre y en L’Inflexible. Finalmente recala en La Liberté en donde colaborará entre 1874 y 1886. Son innumerables las publicaciones que contendrán sus artículos (Revue de la Révolution, Le Bien Public, L'Univers, Le Nain Jaune, La Presse Théâtrale, La Chronique Illustrée, Le Contemporain, La Revue de France, Le Gaulois, Le Petit Journal). No publica artículos políticos sino literarios, su primera obra será una pieza de teatro de un acto, Je déjeune à midi (1875) y su primer libro, Mon Vieux Paris, apareció en 1878, al que seguirán Les Fêtes Nationales à Paris (1878) y Le Dernier des Trémolin (1879). La primera obra en la que demuestra ciertas tendencias políticas la escribe en 1880 dedicada a la muerte de Luis XIV. Sus detractores dirán que es la evidencia más palpable de su legitimismo monárquico. Un jesuita conseguirá convertirlo al catolicismo y convencerle para que escriba La France Juive que en pocos meses alcanzará las 150 ediciones[6] y le confirió una gran popularidad. Así mismo le conseguirá fondos para crear La Libre Parole. A partir de aquí escribirá varios libros y folletos antisemitas: La France Juive devant l'opinion (1886), La Fin d'un monde (1889), La Dernière Bataille (1890), Le Testament d'un antisémite (1891), Le Secret de Fourmies (1892). El éxito de todas estas obras le anima a constituir la Ligue Nationale Antisémitique de Francia. Todas estas obras tienen el mismo leit–motiv: la lucha permanente y la incompatibilidad entre nacionalismo y judaísmo.

La Libre Parole (cuyo nombre completo era La Libre Parole illustrée) apareció entre 1892 y 1924[7]. Sus redactores gustaban llamarse “socialistas” (y sin duda en esto prefiguran también el fascismo entendido como síntesis de nacionalismo y de socialismo). El diario se caracterizará por denunciar los escándalos de la III República y alcanzará fama internación al aportar datos fidedignos y espectaculares sobre el Escándalo de Panamá. Pero cuando las ventas de La Libre Parole llegaran a su cénit será durante los días del Caso Dreyfus. Esta revista es la primera en proponer un antisemitismo anticapitalista y percibir en el antisemitismo un factor de “unidad nacional”. Sin embargo, al hacerse mayor Drumont pierde la energía juvenil y se va moderando hasta converger con otras corrientes de la derecha nacionalista. Drumont consideraba que Daudet podía heredar la dirección de su revista así que intentó fusionarla con L’Action Française, sin embargo, el proyecto fracasó y en los últimos años la revista moderó muchos de sus contenidos y se fue alineando con las filas católicas conservadores lo que le restó mordiente y agresividad, las ventas se resintieron y finalmente terminó por desaparecer a finales de los años 20.

A finales del siglo XIX, Drumont, tanto en La Francia Judía como en su periódico consiguen “cristalizar los sentimientos de enfermedad, frustración y decadencia ampliamente extendidos en la época. Ha sabido traducir maravillosamente los sentimientos de temor frente a un mundo en plena mutación, frente a un progreso técnico que rompe los marcos tradicionales de vida. El éxito de Drumont es alimentado por este miedo a la inestabilidad, a los cambios, a la desintegración (…) El antisemitismo moderno canaliza y encuadra el conjunto de estos sentimientos, facilita una causa única a un conjunto de fenómenos misteriosos, permite poner el dedo sobre un único factor de explicación”[8]. Lo que se ha limitado a hacer Drumont es utilizar el antisemitismo para atacar a la modernidad. Drumont ataca todos los aspectos que han irrumpido con la modernidad y ve tras todos ellos la mano siniestra de los judíos. Su concepción del mundo es orgánica, de ahí la fuerza y la coherencia de la ideología antisemita que conduce al nacionalismo y se dirige a las distintas clases sociales y familias espirituales que la constituyen: todas, la nación misma, tienen como adversario al judío. Cuando aparezca el Círculo Proudhom[9] todavía tenía vigencia el marco conceptual creado por Drumont cuarenta años antes. Hay en Drumont un impulso “totalitario” en el mismo sentido en el que luego aparecerá en el fascismo histórico: integrar a todos los grupos y clases sociales, a las distintas confesiones religiosas y actitudes ante la vida, en el aparato del Estado. Es evidente que su obra es altamente tributaria de las esperanzas suscitadas por los tres años de boulangismo y que su pensamiento puede ser calificado en rigor como “socialista nacional” apto para “obreros revolucionarios” y para “cristianos conservadores”.

Con Drumont se percibe claramente la mutación que ha tenido lugar en el pensamiento de la derecha a lo largo del siglo XIX: ya no se está ante una derecha monárquica y tradicionalista, sino ante un nacionalismo plebeyo que solamente alimenta desprecio por la vieja aristocracia y se siente distanciado de la monarquía pre–revolucionaria. Ese tránsito lo realiza cuando percibe que los “grandes señores” se pelean por ser recibidos en casa de los Rothschild y, finalmente, porque “los conservadores no tienen el valor de unirse a nosotros para intentar reconstruir la sociedad francesa sobre las bases de la justicia, han preferido asociar su causa a la de la judería moribunda para hundirse con ella”[10]. Uno de los dirigentes antisemitas y colaboradores de la Drumont, noble a su vez, el Marques de Morès[11] exige “tender la mano a los trabajadores”. Para ambos, el judío es el responsable de la miseria obrera: “Dueño absoluto de la finanza, es también el origen de las desgracias de la pequeña burguesía; inventor de la Revolución, ha destruido las estructuras tradicionales que aseguraban la armonía de las relaciones entre las clases”[12] y Drumont añade: “ya que los judíos han creado una cuestión social, se resolverá cargándola sobre sus espaldas”[13] porque en el origen de la cuestión social se encuentra el judío como también se le encuentra en la base de cualquier crisis económica. De ahí que la liberación del judío sea para Drumont y el Marqués de Morès la exigencia previa para lograr cualquier tipo de liberación nacional y social.

Las ideas económicas de Drumont son simples: recurre al ejemplo de San Luis Rey de Francia del que dice que “puso directamente en relación al productor y al consumidor, poniéndolos frente a frente y relegando al intermediario a un plano secundario”. Y ve en la economía actual y en el papel del judío la antítesis de este sistema económico. Percibe pronto que los más afectados por este modelo económico basado en el papel preponderante de los intermediarios y especuladores serán las capas de la pequeña burguesía, aprisionadas por la gran industria y las grandes redes comerciales. Es pues este grupo social el que será, necesariamente más receptivo a las tesis antisemitas. Llega a escribir que este sector, “los vencidos de la burguesía”, serán “la vanguardia del ejército socialista”[14].

Cuando Drumont se muestra como un gran visionario que augura la aparición del cesarismo propio de los fascismos es cuando escribe que “un día vendrá un hombre del pueblo, un jefe socialista que habrá rechazado imitar a sus camaradas y dejarse subvencionar, como ellos, por la sinagoga, continuará nuestra campaña; agrupará en tono a él a millares de seres despertados, instruidos por nosotros expoliados de todas las clases, estos pequeños comerciantes arruinados por los grandes almacenes, estos obreros de la ciudad y del campo aplastados bajo los monopolios y a los que hemos mostrado donde estaba el enemigo”[15]. Lo que está planteando Drumont una vez más es un mensaje dirigido a las capas de la sociedad más afectadas por las mutaciones que tenían lugar a finales del siglo XIX y experimentaban dificultades para adaptarse al ritmo de mutaciones sociales que se estaban produciendo. Sternhell escribe: “el antisemitismo social es una forma de revuelta contra el liberalismo económico y la sociedad burguesa”[16]. La imagen del “judío generador de crisis” le permite establecer un puente de unión entre la Francia tradicional y la Francia socialista, “lo nacional” y “lo social” se ven así unidos por primera vez, tal como lo estarán posteriormente en los escritos del Cercle Proudhom[17] y, definitivamente, convertidos en potencial político ofensivo, en los fascismos.

En 3 de noviembre de 1892, Drumont ingresa en la prisión de Saint–Pélagia por una acusación contra el banquero Alphonse de Rothschild quien habría pagado un soborno a la Banca de Francia para renovar sus privilegios. En el curso de esta condena, Drumont recibió documentos confidenciales del barón de Reinach sobre el escándalo de Panamá que publica en su revista añadiendo que “casi todo el sistema político–financiero está en manos judías”. Cuando se celebre el segundo proceso Dreyfus, Drumont se opondrá y reclamará sanciones contra Zola. Ese mismo año se convierte en diputado por Argel poco después de que estallaran graves disturbios antisemitas en aquella ciudad. En 1902, siempre infatigable en sus iniciativas antisemitas, lanzará el Comité Nacional Anti Judío para evitar, según explica, que impida que la República “verdaderamente francesa”, sea sustituida por una “República judía”. Tras perder su acta de diputado retorna a su oficio de periodista y en los últimos meses de su vida se retira a una pequeña población del Yonne en donde muere en 1917. Casi un siglo después, su memoria sigue siendo conservada y defendida por intelectuales y patriotas franceses[18].


[1] Les Juifs, rois de l’époque. Histoire de la féodalité financière, Ed. Marpon et Flammarion, París 1886, 3ª edición

[2] Ibid., t. I, pág. 5-

[3] La Droite Revolutionnaire…, op. cit., pág. 185.

[4] Alphonse Toussenel (1803-1885) pasará a la historia como socialista utópico y uno de los discípulos de Fourier, del cual, verosímilmente, había heredado su antisemitismo (Fourier había escrito que “el judío, fatalmente, es el enemigo de la humanidad” a causa de su religión y el propio Toussenel en su libro sobre los judíos –op. cit., t. I, pág. XL- dice textualmente: los judíos que se arrogan el título de pueblo de Dios han sido el verdadero pueblo del infierno”, en lo que no es más que uno de los excesos antisemitas propios de casi todo el socialismo utópico francés). Sternhell dice que “el antisemitismo de Toussenel es, en muchos aspectos, un modelo casi perfecto del antisemitismo moderno” (op. cit., pág. 186). Redactor del diario La Paix, es conocido en Francia, además de cómo periodista y antisemita, por sus trabajos sobre naturalismo.

[5] Benoît Malon (1841-1893), hijo de campesinos pobres y se adhiere a la Asociación Internacional de Trabajadores (de la que llegaría a ser su máximo dirigente en Francia) en 1865 organizando distintas huelgas en Puteaux a partir de 1866. La prohibición de la AIT entraña su encarcelamiento de 1868 a 1870. Cuando sale empieza a trabajar en La Marsellaise de Henri Rochefort (el cual participa en la Comuna de París, nacionalista, antidreyfusard, boulangista y antisemita, siendo otro de los nombres del “socialismo nacional”. Condenado a varios años de prisión es liberado al proclamarse la República en 1870. En 1871 es diputado “socialista-revolucionario” pero dimite como protesta por la cesión de Alsacia-Lorena a Alemania. Tras la experiencia de la Comuna se exilia en Lugano. En 1871 se une a los bakuninistas de la AIT. En 1882 preside el congreso socialista de Saint-Etienne en donde rompen los “reformistas” con los “marxistas” de Guesde. Funda la Revue Socialiste con la intención de unir a todas las fracciones del socialismo francés) y publica diversas obras ideológicas que influyen en toda la primera generación de “socialistas nacionales”.

[6] Para Z. Sternhell, el libro “constituye el mayor éxito literario de su siglo”, La Droite… op. cit., pág. 196.

[7] En los años, el antisemita francés Henry Coston que inicio su carrera en el Partido Francista de Bucard publico en los años 1930-1936 un período mensual con el mismo título e incluso una orientación similar, salvo por el hecho de que se trataba de una revista explícitamente fascista. En 1937 fue reemplazada por Le Siècle Nouveau. La Libre Parole de Coston se subtituló inicialmente La libre parole politique et sociale (1930-1932), pasando luego  a ser La Libre Parole Populaire, revista mensual continuadora de la obra de Édouard Drumont (1933-1934), más tarde cambió el nombre por Libres Paroles, revista de propaganda nacionalista (1934-1935), para cambiar de nuevo y regresar casi al título originario La Libre Parole, “revista semanal” (1935-1937). En 1937 la revista dejó de aparecer a causa de las constantes denuncias, confiscación de archivos, registros en sus oficinas y multas a las que se hizo acreedor por sus posiciones antisemitas. La revista volvió a aparecer, también de la mano de Coston, en 1940 bajo la ocupación alemana y a partir de 1943 se vio reforzado por el Bulletin d'information anti-maçonnique, y el Bulletin d'information sur la question juive. Hay una relación completa de las obras escritas por Coston en http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_Coston. Datos sobre Coston en castellano pueden encontrarse en una obra fácilmente accesible: El antisemitismo en España, Gonzalo Álvarez Chillida. Marcial Pons Ediciones de historia. Madrid 2002, pág. 342 y sigs.

[8] La Droite… op. cit., pág. 196-197

[9] Cfr. Revista de Historia del Fascismo – VIII, artículo Georges Valois y Le Faisceau.

[10] É. Drumont, Le Testament d’un antisemite, citado por Z. Sternhell, La Droite…, op. cit., pág. 198.

[11] Antoine-Amédée-Marie-Vincent Manca-Amat de Vallombrosa, más conocido públicamente como el marqués de Morès (1858-1896) miembro de una familia originaria de Cerdeña de origen español, ingresó en la ademia militar de Saint Cyr obteniendo los galones de teniente de caballería y siendo compañero de pupitre del mariscal Petain. Enviado a Argelia participa en diversas operaciones contra los rebeldes. En 1882 abandona el ejército y se casa con la hija de un rico banquero norteamericano. En 1883 se estableció en EEUU y se establece en Dakota del Norte en donde fundará una ciudad a la que bautizará con el nombre de su mujer, Medora. Crea un rancho y una compañía de diligencias. Participó en varios duelos con pistola causando la muerte de sus oponentes. Se batió en duelo también con Theodore Roosevelt. Gana enormes cantidades de dinero criando ganado y edificando un matadero. En esa época se enfrenta a la coalición de “barones del ganado” y de banqueros judíos que quieren tener un monopolio de la carne. En 1886 vuelve a Francia arruinado, aun así se recupera y logra amasar cierta fortuna. En 1887 se embarca para Bombay, luego visitará Calcuta y finalmente el Nepal volviendo a Francia. Al año siguiente se establece en Tonkin en donde intenta construir un ferrocarril desde la frontera china al golfo de Tonkin. En Hong-Kong se batirá en duelo con otro aventurero francés, Charles David de Mayrena, llamado el “rei de los Sedangs”. De retorno a Francia empieza a dedicarse a la política fundando con Drumont la Ligue Antisémitique de France y en 1891, al periclitar esta, crear el grupo Morès et se samis. Mantiene contactos estrechísimos con los carniceros y matarifes de La Villette que luego serán las tropas de choque siempre le acompañarán en sus aventuras políticas. Se convierte en un hombre popular en el barrio de La Villette en donde se le ve frecuentemente con sombrero de ala ancha y camisa roja de cow-boy. En 1892 denuncia en La Libre Parole a un grupo de carniceros judíos de haber vendido carne en mal estado al ejército. Mantiene duelos con diputados y militares de origen judío a los que acusa de traicionar a Francia. En 1894 se establece en Argelia en donde funda el Parti Antisémite Algérien. Ahí fragua la idea de una alianza entre Francia, España y el islam norteafricano orientada contra el Reino Unido. Su proyecto consiste en aprovechar las tribus nómadas argelinas para combatir la influencia inglesa en el norte de África. Engañado por tuaregs es asesinado en la frontera entre Túnez y Libia. Sus asesinos fueron condenados a muerte pero la viuda del marqués de Morès solicitó el indulto. La mejor y más accesible biografía sobre el Marqués de Morès que puede consultarse es la escrita por Alain Sanders, Le Marquis de Morès, un aventurier tricolore 1858-1896, Ediciones Godefroy de Bouillon, París 1999. Sternhell dice de él que “representaba la vieja Francia heroica, viril y altruista frente al egoísmo burgués y a la explotación capitalista” (op. cit., pág 218).

[12] Drumont, La France Juive, citado por Z. Sternhell, La Droite, op. cit., pág. 198.

[13] Ibidem., pág. 199.

[14] Drumont, La Fin d’un monde, citado por Z. Sternhell, La Droite, op. cit., pág. 200.

[15] Ibidem., pág. 200.

[16] La Droite, op. cit., pág. 201.

[17] Cfr. Revista de Historia del Fascismo – VIII, artículo Georges Valois y Le Faisceau

[18] En 1963 se fundó la asociación Les amis d'Édouard Drumont impulsada por Maurice Bardèche en colaboración con Xavier Vallat, Jacques Ploncard d'Assac, Abel Manouvriez, Hubert Biucchi et Henry Coston, reconociendo todos ellos ser discípulos de Drumont. Buena parte del centenar de afiliados que tuvo procedían de las filas de Action Française o de la extrema-derecha de la época. Se reeditaron alguna de sus obras, en especial sus análisis sobre los Protocolos de los Sabios de Sión (cfr. Revista de Historia del Fascismo, nº VI, artículo Un siglo de los Protocolos de los Sabios de Sión). A lo largo de los años 90 fallecieron la mayor parte de los miembros que habían fundado la asociación. En 2005 la asociación se reconstruyó instituyendo el premio literario Édouard Drumont y logrando que se repusiera la placa que fue profanada por desconocidos sobre su tumba en el cementerio del Pêre-Lechaise.