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martes, 7 de diciembre de 2021

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (3 de 4) – Drumont y La Libre Parole

Drumont, uno de los autores más influyentes en la Francia de las dos últimas décadas del siglo XIX, había tenido un maestro y es lógico que le dediquemos unas palabras para situar su pensamiento: Alphonse Toussenel. En una obra escrita por Toussenel en 1886[1], había dicho: “la responsabilidad de la miseria obrera, de la debilidad y de la decadencia franceses incumbe al judío, rey por el capital en posesión de todos los privilegios que formaban en otro tiempo la estructura de la realeza”. En dicha obra presenta al judío como el “dueño incontestable de la finanza, de la industria y de la prensa” y añade que “su fortuna no puede hacerse más que con la ruina de los pueblos”. El judío, concluye, es el nuevo rey de Francia. Ante el judío y su poder, el parlamento es “impotente”[2]. Ve en la historia de Francia un proceso de decadencia generado por los judíos  y el parlamentarismo y explica que se ha llegado a un “feudalismo financiero” controlado por los judíos a través del cual se controla al Estado. Sternhell, al comentar la figura de Toussenel sentencia: “Por ello, los boulangistas, las bandas de Morés, los Amarillos de Biétry y los hombres de Action Française considerarán a Toussenel como su padre espiritual”[3]. Drumont será fiel a las ideas y los análisis de Toussenel y en realidad toda su obra no supone más que una actualización de la obra del maestro[4]. A pesar de que no entra dentro de la perspectiva de este artículo el comparar al “socialismo utópico” con el “socialismo nacional”, baste decir por ahora que existió toda una corriente de esta variedad de socialismo que derivó hacia las formulaciones que posteriormente compartiría desde Drumont, hasta Benoît Malon[5] pasando por Biétry. Pues bien, la inmensa mayoría de socialistas utópicos fueron antisemitas.

El nombre de Éduard Drumont está unido íntimamente a su periódico, La Libre Parole y este medio de prensa a la causa antidreyfusard. La Ligue Antisemitique de France fue la extensión de este formidable medio de prensa y de estas ideas nacionalistas y antisemitas. Maurras reconoció que el nacionalismo francés tuvo en Drumont su origen y Barrès y Barrès reconocieron también su tributo intelectual con él. Hijo de una familia flamenca campesina, viajó a París a los 17 años y trabajó para el ayuntamiento de la ciudad durante seis meses, pero su sueño era convertirse en periodista y escritor. Colabora inicialmente con el Moniteur du Bâtiment y luego en Diable à Quatre y en L’Inflexible. Finalmente recala en La Liberté en donde colaborará entre 1874 y 1886. Son innumerables las publicaciones que contendrán sus artículos (Revue de la Révolution, Le Bien Public, L'Univers, Le Nain Jaune, La Presse Théâtrale, La Chronique Illustrée, Le Contemporain, La Revue de France, Le Gaulois, Le Petit Journal). No publica artículos políticos sino literarios, su primera obra será una pieza de teatro de un acto, Je déjeune à midi (1875) y su primer libro, Mon Vieux Paris, apareció en 1878, al que seguirán Les Fêtes Nationales à Paris (1878) y Le Dernier des Trémolin (1879). La primera obra en la que demuestra ciertas tendencias políticas la escribe en 1880 dedicada a la muerte de Luis XIV. Sus detractores dirán que es la evidencia más palpable de su legitimismo monárquico. Un jesuita conseguirá convertirlo al catolicismo y convencerle para que escriba La France Juive que en pocos meses alcanzará las 150 ediciones[6] y le confirió una gran popularidad. Así mismo le conseguirá fondos para crear La Libre Parole. A partir de aquí escribirá varios libros y folletos antisemitas: La France Juive devant l'opinion (1886), La Fin d'un monde (1889), La Dernière Bataille (1890), Le Testament d'un antisémite (1891), Le Secret de Fourmies (1892). El éxito de todas estas obras le anima a constituir la Ligue Nationale Antisémitique de Francia. Todas estas obras tienen el mismo leit–motiv: la lucha permanente y la incompatibilidad entre nacionalismo y judaísmo.

La Libre Parole (cuyo nombre completo era La Libre Parole illustrée) apareció entre 1892 y 1924[7]. Sus redactores gustaban llamarse “socialistas” (y sin duda en esto prefiguran también el fascismo entendido como síntesis de nacionalismo y de socialismo). El diario se caracterizará por denunciar los escándalos de la III República y alcanzará fama internación al aportar datos fidedignos y espectaculares sobre el Escándalo de Panamá. Pero cuando las ventas de La Libre Parole llegaran a su cénit será durante los días del Caso Dreyfus. Esta revista es la primera en proponer un antisemitismo anticapitalista y percibir en el antisemitismo un factor de “unidad nacional”. Sin embargo, al hacerse mayor Drumont pierde la energía juvenil y se va moderando hasta converger con otras corrientes de la derecha nacionalista. Drumont consideraba que Daudet podía heredar la dirección de su revista así que intentó fusionarla con L’Action Française, sin embargo, el proyecto fracasó y en los últimos años la revista moderó muchos de sus contenidos y se fue alineando con las filas católicas conservadores lo que le restó mordiente y agresividad, las ventas se resintieron y finalmente terminó por desaparecer a finales de los años 20.

A finales del siglo XIX, Drumont, tanto en La Francia Judía como en su periódico consiguen “cristalizar los sentimientos de enfermedad, frustración y decadencia ampliamente extendidos en la época. Ha sabido traducir maravillosamente los sentimientos de temor frente a un mundo en plena mutación, frente a un progreso técnico que rompe los marcos tradicionales de vida. El éxito de Drumont es alimentado por este miedo a la inestabilidad, a los cambios, a la desintegración (…) El antisemitismo moderno canaliza y encuadra el conjunto de estos sentimientos, facilita una causa única a un conjunto de fenómenos misteriosos, permite poner el dedo sobre un único factor de explicación”[8]. Lo que se ha limitado a hacer Drumont es utilizar el antisemitismo para atacar a la modernidad. Drumont ataca todos los aspectos que han irrumpido con la modernidad y ve tras todos ellos la mano siniestra de los judíos. Su concepción del mundo es orgánica, de ahí la fuerza y la coherencia de la ideología antisemita que conduce al nacionalismo y se dirige a las distintas clases sociales y familias espirituales que la constituyen: todas, la nación misma, tienen como adversario al judío. Cuando aparezca el Círculo Proudhom[9] todavía tenía vigencia el marco conceptual creado por Drumont cuarenta años antes. Hay en Drumont un impulso “totalitario” en el mismo sentido en el que luego aparecerá en el fascismo histórico: integrar a todos los grupos y clases sociales, a las distintas confesiones religiosas y actitudes ante la vida, en el aparato del Estado. Es evidente que su obra es altamente tributaria de las esperanzas suscitadas por los tres años de boulangismo y que su pensamiento puede ser calificado en rigor como “socialista nacional” apto para “obreros revolucionarios” y para “cristianos conservadores”.

Con Drumont se percibe claramente la mutación que ha tenido lugar en el pensamiento de la derecha a lo largo del siglo XIX: ya no se está ante una derecha monárquica y tradicionalista, sino ante un nacionalismo plebeyo que solamente alimenta desprecio por la vieja aristocracia y se siente distanciado de la monarquía pre–revolucionaria. Ese tránsito lo realiza cuando percibe que los “grandes señores” se pelean por ser recibidos en casa de los Rothschild y, finalmente, porque “los conservadores no tienen el valor de unirse a nosotros para intentar reconstruir la sociedad francesa sobre las bases de la justicia, han preferido asociar su causa a la de la judería moribunda para hundirse con ella”[10]. Uno de los dirigentes antisemitas y colaboradores de la Drumont, noble a su vez, el Marques de Morès[11] exige “tender la mano a los trabajadores”. Para ambos, el judío es el responsable de la miseria obrera: “Dueño absoluto de la finanza, es también el origen de las desgracias de la pequeña burguesía; inventor de la Revolución, ha destruido las estructuras tradicionales que aseguraban la armonía de las relaciones entre las clases”[12] y Drumont añade: “ya que los judíos han creado una cuestión social, se resolverá cargándola sobre sus espaldas”[13] porque en el origen de la cuestión social se encuentra el judío como también se le encuentra en la base de cualquier crisis económica. De ahí que la liberación del judío sea para Drumont y el Marqués de Morès la exigencia previa para lograr cualquier tipo de liberación nacional y social.

Las ideas económicas de Drumont son simples: recurre al ejemplo de San Luis Rey de Francia del que dice que “puso directamente en relación al productor y al consumidor, poniéndolos frente a frente y relegando al intermediario a un plano secundario”. Y ve en la economía actual y en el papel del judío la antítesis de este sistema económico. Percibe pronto que los más afectados por este modelo económico basado en el papel preponderante de los intermediarios y especuladores serán las capas de la pequeña burguesía, aprisionadas por la gran industria y las grandes redes comerciales. Es pues este grupo social el que será, necesariamente más receptivo a las tesis antisemitas. Llega a escribir que este sector, “los vencidos de la burguesía”, serán “la vanguardia del ejército socialista”[14].

Cuando Drumont se muestra como un gran visionario que augura la aparición del cesarismo propio de los fascismos es cuando escribe que “un día vendrá un hombre del pueblo, un jefe socialista que habrá rechazado imitar a sus camaradas y dejarse subvencionar, como ellos, por la sinagoga, continuará nuestra campaña; agrupará en tono a él a millares de seres despertados, instruidos por nosotros expoliados de todas las clases, estos pequeños comerciantes arruinados por los grandes almacenes, estos obreros de la ciudad y del campo aplastados bajo los monopolios y a los que hemos mostrado donde estaba el enemigo”[15]. Lo que está planteando Drumont una vez más es un mensaje dirigido a las capas de la sociedad más afectadas por las mutaciones que tenían lugar a finales del siglo XIX y experimentaban dificultades para adaptarse al ritmo de mutaciones sociales que se estaban produciendo. Sternhell escribe: “el antisemitismo social es una forma de revuelta contra el liberalismo económico y la sociedad burguesa”[16]. La imagen del “judío generador de crisis” le permite establecer un puente de unión entre la Francia tradicional y la Francia socialista, “lo nacional” y “lo social” se ven así unidos por primera vez, tal como lo estarán posteriormente en los escritos del Cercle Proudhom[17] y, definitivamente, convertidos en potencial político ofensivo, en los fascismos.

En 3 de noviembre de 1892, Drumont ingresa en la prisión de Saint–Pélagia por una acusación contra el banquero Alphonse de Rothschild quien habría pagado un soborno a la Banca de Francia para renovar sus privilegios. En el curso de esta condena, Drumont recibió documentos confidenciales del barón de Reinach sobre el escándalo de Panamá que publica en su revista añadiendo que “casi todo el sistema político–financiero está en manos judías”. Cuando se celebre el segundo proceso Dreyfus, Drumont se opondrá y reclamará sanciones contra Zola. Ese mismo año se convierte en diputado por Argel poco después de que estallaran graves disturbios antisemitas en aquella ciudad. En 1902, siempre infatigable en sus iniciativas antisemitas, lanzará el Comité Nacional Anti Judío para evitar, según explica, que impida que la República “verdaderamente francesa”, sea sustituida por una “República judía”. Tras perder su acta de diputado retorna a su oficio de periodista y en los últimos meses de su vida se retira a una pequeña población del Yonne en donde muere en 1917. Casi un siglo después, su memoria sigue siendo conservada y defendida por intelectuales y patriotas franceses[18].


[1] Les Juifs, rois de l’époque. Histoire de la féodalité financière, Ed. Marpon et Flammarion, París 1886, 3ª edición

[2] Ibid., t. I, pág. 5-

[3] La Droite Revolutionnaire…, op. cit., pág. 185.

[4] Alphonse Toussenel (1803-1885) pasará a la historia como socialista utópico y uno de los discípulos de Fourier, del cual, verosímilmente, había heredado su antisemitismo (Fourier había escrito que “el judío, fatalmente, es el enemigo de la humanidad” a causa de su religión y el propio Toussenel en su libro sobre los judíos –op. cit., t. I, pág. XL- dice textualmente: los judíos que se arrogan el título de pueblo de Dios han sido el verdadero pueblo del infierno”, en lo que no es más que uno de los excesos antisemitas propios de casi todo el socialismo utópico francés). Sternhell dice que “el antisemitismo de Toussenel es, en muchos aspectos, un modelo casi perfecto del antisemitismo moderno” (op. cit., pág. 186). Redactor del diario La Paix, es conocido en Francia, además de cómo periodista y antisemita, por sus trabajos sobre naturalismo.

[5] Benoît Malon (1841-1893), hijo de campesinos pobres y se adhiere a la Asociación Internacional de Trabajadores (de la que llegaría a ser su máximo dirigente en Francia) en 1865 organizando distintas huelgas en Puteaux a partir de 1866. La prohibición de la AIT entraña su encarcelamiento de 1868 a 1870. Cuando sale empieza a trabajar en La Marsellaise de Henri Rochefort (el cual participa en la Comuna de París, nacionalista, antidreyfusard, boulangista y antisemita, siendo otro de los nombres del “socialismo nacional”. Condenado a varios años de prisión es liberado al proclamarse la República en 1870. En 1871 es diputado “socialista-revolucionario” pero dimite como protesta por la cesión de Alsacia-Lorena a Alemania. Tras la experiencia de la Comuna se exilia en Lugano. En 1871 se une a los bakuninistas de la AIT. En 1882 preside el congreso socialista de Saint-Etienne en donde rompen los “reformistas” con los “marxistas” de Guesde. Funda la Revue Socialiste con la intención de unir a todas las fracciones del socialismo francés) y publica diversas obras ideológicas que influyen en toda la primera generación de “socialistas nacionales”.

[6] Para Z. Sternhell, el libro “constituye el mayor éxito literario de su siglo”, La Droite… op. cit., pág. 196.

[7] En los años, el antisemita francés Henry Coston que inicio su carrera en el Partido Francista de Bucard publico en los años 1930-1936 un período mensual con el mismo título e incluso una orientación similar, salvo por el hecho de que se trataba de una revista explícitamente fascista. En 1937 fue reemplazada por Le Siècle Nouveau. La Libre Parole de Coston se subtituló inicialmente La libre parole politique et sociale (1930-1932), pasando luego  a ser La Libre Parole Populaire, revista mensual continuadora de la obra de Édouard Drumont (1933-1934), más tarde cambió el nombre por Libres Paroles, revista de propaganda nacionalista (1934-1935), para cambiar de nuevo y regresar casi al título originario La Libre Parole, “revista semanal” (1935-1937). En 1937 la revista dejó de aparecer a causa de las constantes denuncias, confiscación de archivos, registros en sus oficinas y multas a las que se hizo acreedor por sus posiciones antisemitas. La revista volvió a aparecer, también de la mano de Coston, en 1940 bajo la ocupación alemana y a partir de 1943 se vio reforzado por el Bulletin d'information anti-maçonnique, y el Bulletin d'information sur la question juive. Hay una relación completa de las obras escritas por Coston en http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_Coston. Datos sobre Coston en castellano pueden encontrarse en una obra fácilmente accesible: El antisemitismo en España, Gonzalo Álvarez Chillida. Marcial Pons Ediciones de historia. Madrid 2002, pág. 342 y sigs.

[8] La Droite… op. cit., pág. 196-197

[9] Cfr. Revista de Historia del Fascismo – VIII, artículo Georges Valois y Le Faisceau.

[10] É. Drumont, Le Testament d’un antisemite, citado por Z. Sternhell, La Droite…, op. cit., pág. 198.

[11] Antoine-Amédée-Marie-Vincent Manca-Amat de Vallombrosa, más conocido públicamente como el marqués de Morès (1858-1896) miembro de una familia originaria de Cerdeña de origen español, ingresó en la ademia militar de Saint Cyr obteniendo los galones de teniente de caballería y siendo compañero de pupitre del mariscal Petain. Enviado a Argelia participa en diversas operaciones contra los rebeldes. En 1882 abandona el ejército y se casa con la hija de un rico banquero norteamericano. En 1883 se estableció en EEUU y se establece en Dakota del Norte en donde fundará una ciudad a la que bautizará con el nombre de su mujer, Medora. Crea un rancho y una compañía de diligencias. Participó en varios duelos con pistola causando la muerte de sus oponentes. Se batió en duelo también con Theodore Roosevelt. Gana enormes cantidades de dinero criando ganado y edificando un matadero. En esa época se enfrenta a la coalición de “barones del ganado” y de banqueros judíos que quieren tener un monopolio de la carne. En 1886 vuelve a Francia arruinado, aun así se recupera y logra amasar cierta fortuna. En 1887 se embarca para Bombay, luego visitará Calcuta y finalmente el Nepal volviendo a Francia. Al año siguiente se establece en Tonkin en donde intenta construir un ferrocarril desde la frontera china al golfo de Tonkin. En Hong-Kong se batirá en duelo con otro aventurero francés, Charles David de Mayrena, llamado el “rei de los Sedangs”. De retorno a Francia empieza a dedicarse a la política fundando con Drumont la Ligue Antisémitique de France y en 1891, al periclitar esta, crear el grupo Morès et se samis. Mantiene contactos estrechísimos con los carniceros y matarifes de La Villette que luego serán las tropas de choque siempre le acompañarán en sus aventuras políticas. Se convierte en un hombre popular en el barrio de La Villette en donde se le ve frecuentemente con sombrero de ala ancha y camisa roja de cow-boy. En 1892 denuncia en La Libre Parole a un grupo de carniceros judíos de haber vendido carne en mal estado al ejército. Mantiene duelos con diputados y militares de origen judío a los que acusa de traicionar a Francia. En 1894 se establece en Argelia en donde funda el Parti Antisémite Algérien. Ahí fragua la idea de una alianza entre Francia, España y el islam norteafricano orientada contra el Reino Unido. Su proyecto consiste en aprovechar las tribus nómadas argelinas para combatir la influencia inglesa en el norte de África. Engañado por tuaregs es asesinado en la frontera entre Túnez y Libia. Sus asesinos fueron condenados a muerte pero la viuda del marqués de Morès solicitó el indulto. La mejor y más accesible biografía sobre el Marqués de Morès que puede consultarse es la escrita por Alain Sanders, Le Marquis de Morès, un aventurier tricolore 1858-1896, Ediciones Godefroy de Bouillon, París 1999. Sternhell dice de él que “representaba la vieja Francia heroica, viril y altruista frente al egoísmo burgués y a la explotación capitalista” (op. cit., pág 218).

[12] Drumont, La France Juive, citado por Z. Sternhell, La Droite, op. cit., pág. 198.

[13] Ibidem., pág. 199.

[14] Drumont, La Fin d’un monde, citado por Z. Sternhell, La Droite, op. cit., pág. 200.

[15] Ibidem., pág. 200.

[16] La Droite, op. cit., pág. 201.

[17] Cfr. Revista de Historia del Fascismo – VIII, artículo Georges Valois y Le Faisceau

[18] En 1963 se fundó la asociación Les amis d'Édouard Drumont impulsada por Maurice Bardèche en colaboración con Xavier Vallat, Jacques Ploncard d'Assac, Abel Manouvriez, Hubert Biucchi et Henry Coston, reconociendo todos ellos ser discípulos de Drumont. Buena parte del centenar de afiliados que tuvo procedían de las filas de Action Française o de la extrema-derecha de la época. Se reeditaron alguna de sus obras, en especial sus análisis sobre los Protocolos de los Sabios de Sión (cfr. Revista de Historia del Fascismo, nº VI, artículo Un siglo de los Protocolos de los Sabios de Sión). A lo largo de los años 90 fallecieron la mayor parte de los miembros que habían fundado la asociación. En 2005 la asociación se reconstruyó instituyendo el premio literario Édouard Drumont y logrando que se repusiera la placa que fue profanada por desconocidos sobre su tumba en el cementerio del Pêre-Lechaise.



jueves, 2 de diciembre de 2021

Cuando Francia era antisemita - 1880–1906 “antisemitismo popular” en Francia (1 de 4) – ANTISEMITISMO Y BOULANGISMO

 

En la Francia de hace 120 años los portaestandartes del antisemitismo, una doctrina que había reaparecido hacia 1880, estaban presentes en todos los ángulos de la escena política. Boulangistas, socialistas nacionales, blanquistas y comuneros estaban todos unidos por su percepción de que los judíos dominaban el capitalismo y si de lo que se trataba era de liberar a la clase obrera y reivindicar los derechos de los trabajadores, era preciso enfrentarse a “los judíos” poseedores del capital y de los medios de producción. Este antisemitismo apareció sobre un mapa político y doctrinal radicalmente diferente del actual y estalló en un país como Francia en el que la izquierda marxista tenía una incidencia mucho menor que en Alemania o el Reino Unido. Así pudo progresar un “antisemitismo popular” que dejará huellas en la sociedad francesa y que algunos autores han considerado como precedente del fascismo histórico. Estos son sus pasos…

Antisemitismo y boulangismo

La formación de una mentalidad que puede ser considerada próxima al fascismo se inicia en Francia en el último cuarto del siglo XIX. Ya en el fenómeno boulangista se empiezan a percibir los primeros ecos de esta corriente, incluido el antisemitismo. Vale la pena analizar brevemente lo que fue este punto de arranque si bien en algunas formas de socialismo utópico previo (especialmente en el fourierismo) ya estaban presentes ecos antisemitas.

En 1886, en torno al General Boulanger [1] se reunieron republicanos radicales, bonapartistas y monárquicos. Cuando Boulanger, desde su cargo de ministro de la guerra, asume algunas reformas del ejército (servicio militar obligatorio para los sacerdotes, mejora en el armamento y en el tiempo de servicio y confraternización de soldados y mineros durante las huelgas de Dacazeville) obtiene incluso el apoyo de la extrema–izquierda que lo había visto con buenos ojos desde que expulsara del ejército a los príncipes de Orleans. La izquierda creía que gracias a la energía de Boulanger conseguiría establecer una república estable y duradera. Este, por su parte, manejaba dos mitos movilizadores que prefiguran los fascismos que aparecerían décadas después: la patria y el pueblo.

La guerra franco–prusiana había causado una profunda frustración en la sociedad francesa, Boulanger pedía simplemente “revancha”. Esto por lo que se refería a la patria. En cuando al pueblo, él y los radicales (socialistas boulangistas y blanquistas) aspiraban a aplicar una política social en defensa de las clases más modestas. Nacionalismo y socialismo estaban unidos por primera vez bajo los colores del boulangismo [2]. Evidentemente un fenómeno de este tipo distaba mucho de ser un movimiento unitario. También aquí, como en los fascismos, existía unanimidad en torno a la personalidad del líder y una multiplicidad de tendencias en las bases.

El boulangismo descansaba especialmente sobre una figura de personalidad indiscutible, pero asentada sobre una peligrosa ambigüedad: algunos de sus partidarios querían construir una república sólida y estable, mientras que otros querían simplemente derribar a la república provisional de 1875 y reinstalar un régimen monárquico. Tras abandonar el ejército, Boulanger se presentó en varias elecciones como candidato con un programa que proponía la formación de una Asamblea Constituyente. El 12 de julio de 1888 fue elegido diputado obteniendo un gran apoyo popular. El 27 de enero de 1889 se presentó como candidato en París obteniendo 245.236 votos muy por encima de sus otros dos adversarios. Celebró su victoria junto con 50.000 parisinos, mientras que algunos de sus consejeros le sugerían dar un golpe de Estado. Ese año la mitad de sus diputados procedían de la izquierda y de la extrema–izquierda. En París. Boulanger dominaba en los barrios populares, no en los burgueses, mientras que en provincia consiguió introducirse en los feudos de la derecha tradicional: si ofrecía a las clases populares justicia social, a las gentes de derecha les aseguraba que restauraría la autoridad del Estado.

Sintiéndose acosado, el Estado respondió con una orden de detención por “complot contra la seguridad del Estado” y le obligó a huir a Bélgica, impidiendo que se presentaran la mayoría de candidaturas boulangistas. En las elecciones del 22 de septiembre de 1889 apenas obtuvieron 72 actas frente a 138 monárquicos y 366 republicanos. Fue el canto del cisne del boulangismo que no resistió este fracaso derivado de la represión. El propio general, muy afectado por este episodio se suicidó el 30 de septiembre de 1891. El grupo parlamentario boulangista estalló el 22 de junio de 1893 cuando sus diputados adoptaron posiciones diferentes ante un escándalo protagonizado por un par de boulangistas.

Está fuera de dudas que el boulangismo utilizó por primera vez en la acción política propuestas antisemitas. Las obras en las que se dan pistas abundantes para establecer este hecho no faltan e históricamente se aceptan sin sombra de dudas. Véanse apenas unos ejemplos, entre otros muchos, de opiniones dadas por especialistas: “El boulangismo y el antisemitismo eran como dos corrientes salidas casi al mismo tiempo de fuentes diferentes y que, rodando por el mismo puente, terminaron por confluir” [3]. Siguiendo la tesis de Sternhell, Serge Leobivici en su análisis “psicobiografíco” de Drieu la Rochelle reconoce: “El antisemitismo hizo su aparición en la escena política con el boulangismo y el descubrimiento de su poder movilizador y de su fuerza revolucionaria” [4]. El profesor Sternhell apunta por su parte: “Autoritarismo, culto al jefe, anticapitalismo, antisemitismo cierto romanticismo revolucionario, tales son los elementos esenciales del boulangismo barresiano”, añadiendo unas líneas más adelante: “Esta síntesis, mucho más moderna que el boulangismo oficial, el sostenido por el General y su Estado Mayor, construida en nombre del interés nacional considerado como prioridad sobre cualquier otra forma de interés, anuncia extrañamente algunas formas de fascismo” [5]. Y, finalmente, un especialista en la historia de los movimientos sociales en Francia, como Gerges Weill sentenció con razón.  “Vencido el boulangismo, el antisemitismo entra en escena” [6]. Veamos a través de quién….

Maurice Barrès, un “socialista nacional” antisemita…

En las elecciones de 1893 el fenómeno boulangista desapareció completamente. Uno de los diputados boulangistas, Maurice Barres [7], luego se convertirá, como veremos, en uno de los adversarios más encarnizados del capitán Dreyfus. De su mano el “antisemitismo popular” alcanza su madurez.

En el antisemitismo moderno, Barrés cree haber encontrado el mejor medio de integrar al proletariado en la comunidad nacional, ve el terreno ideal que permitiría en fin superar las diferencias sociales, movilizar a la nación entera: es así que Barrès transforma simples sentimientos xenófobos y antijudíos en un concepto político de primera importancia. Es el primer pensador político francés en emplear este arme nueva despojando de todo significado confesional y, contrariamente a Drumont (de quien hablaremos un poco más adelante), sin ninguna referencia a la vieja Francia monárquica.

Barrès se configura pronto como el gran teórico del antisemitismo dentro del heteróclito frente boulangista. Pero ¿por qué el antisemitismo? ¿qué hace que Barrès insista tanto en él? Es una simple estrategia. Barrès atribuye importancia al antisemitismo como factor de unidad de la comunidad nacional: todo el mundo está de acuerdo en enfrentarse a los especuladores, a los explotadores… esto es, a los judíos, por tanto, es un factor objetivo que sirve para estimular la unidad nacional y la cohesión nacional, mucho mas que el tema de Juana de Arco o las propuestas del boulangismo de estricta observancia que aspiran a crear una “nueva República” pero que no logran constituirla jamás. Por eso Barrès escribe en uno de los medios boulangistas: “el boulangismo debe ser antisemita en tanto que partido de reconciliación nacional” [8]. El motivo de su antisemitismo no es, pues, religioso o étnico: puesto que los judíos suscitan el encono universal de todos los sectores de la sociedad francesa, este tema es axial para unir al pueblo francés…

Es significativo, por ejemplo, que Barrès se oponga al habitual antisemitismo del que hace gala la “derecha tradicionalista” motivado por cuestiones religiosas. Afirma y asume un “antisemitismo popular” y define el boulangismo como una “concepción progresista que debe servir de plataforma para un movimiento de masas”. Se quiere “portavoz de los pequeños” o defensor de un “boulangismo plebeyo” al que también llama “un nacionalismo de los pequeños”, es decir, de aquellos que no tienen nada más que su condición de franceses.

También apelará a la necesidad de un “antisemitismo social” capaz de atraer a las masas que no se adhieren ni al marxismo ni a la democracia liberal, al mismo tiempo que una solución para superar las diferencias sociales [9]. El antisemitismo de derechas, clerical, no le interesa, ni percibe su interés (para él, no todos los franceses son católicos, pero sí todos los franceses sanos son antisemitas). El 9 de febrero de 1889, los boulangistas de Nancy, con Barrès al frente, convocan una gran manifestación que se desarrollará a los gritos de “¡Abajo los judíos”” y “Viva Boulanger” [10]. Pocos días antes Barrès reprochará a su jefe político el no ser suficientemente antisemita y una parte de la prensa del Este de Francia le apoyará y reproducirá sus palabras. Barrès, finalmente, atribuirá a los judíos la responsabilidad en la caída de Boulanger.

Elegido diputado boulangista por Nancy cuando tenía 27 años, él mismo se situaba en la extrema–izquierda de la asamblea y se consideraba “socialista francés”. Como tal ingresará en la Liga de la Patria Francesa [11] en 1899 y en la Liga de los Patriotas [12]. Al estallar el escándalo Dreyfus tomará partido por los detractores del oficial de raza judía: “El que Dreyfus sea capaz de traicionar, lo sé por su raza” había escrito en un artículo. Compartirá la mayor parte de doctrinas de Charles Maurras [13] sin adherirse nunca a Action Française ni aceptar sus ideas monárquicas. En contrapartida, tanto Maurrás como los escritores de su escuela (Bainville, Vaugeois, Daudet, Massis, Bernanos, Maritain, Maulnier, etc) reconocerán un tributo intelectual con él. Derrotado en sucesivas elecciones volverá al parlamento como diputado por París en 1906 y seguirá siéndolo hasta su muerte.

NOTAS

[1] Georges Ernest Jean-Marie Boulanger (1837-1891), militar francés y dirigente político del movimiento que llevo su nombre y que conmovió la existencia de la III República Francesa. Graduado como oficial en la academia de Saint-Cyr, participó en las campañas de Kabyllia como teniente y obtuvo pronto la Legión de Honor, máxima condecoración francesa al valor. Participó luego en la Campaña de Cochinchina. En 1866 fue profesor de la Academia Militar participando en la defensa de París en la guerra franco-prusiana de 1870 resultando nuevamente herido. Como coronel participó en la represión contra la Comuna de París siendo nuevamente herido y condecorado. En 1882 el ministro de la guerra le nombra director de infantería realizando reformas que lo vuelven muy popular entre la tropa. Ascendido a general en 1884 participará en la ocupación de Túnez. Georges Clemenceau (de quien había sido compañero de estudios en el liceo de Nantes) lo nombra Ministro de la Guerra en 1886. Su primera medida es ordenar la fabricación del fusil Lebel Mle 1886, un arma revolucionaria en la época. Aprueba también que los militares lleven barba lo que le confiere gran popularidad entre la oficialidad. Acude directamente como pacificador a lugares donde se han producido huelgas obreras y a donde el ejército había sido enviado como fuerza represora. Esto le dará un gran prestigio en la izquierda. Otra medida que le dará fama como republicano intransigente será la prohibición de que las familias reales sirvan en el ejército e incluso permanezcan en territorio nacional. Su popularidad irá en aumento a lo largo de 1886 avalado por sus heridas de guerra y su aspecto imponente. A partir de ese momento empieza a prodigarse en mítines reivindicativos y en actos de protesta cuyas intervenciones sirven para que se gane el apoyo laudatorio de “General Rechazo”. Participa con Déroulède en un gran mitin de la Liga de los Patriotas en el Circo de Invierno en París tras el cual una manifestación de 10.000 personas corea su nombre: “Es Boulange, Boulange, Boulange, es Boulanger a quien necesitamos”. En esa época multiplica gestos y provocaciones hacia Alemania que llevan incluso a que éste país movilice a 70.000 reservistas en 1887. Llegará a constituir una red de información propia en el interior de Alemania sin informar al presidente del gobierno que empezará a considerarlo peligrosos. En el gobierno formado el 31 de mayo de 1887 ya no figura como ministro provocando las iras de los nacionalistas. A partir de ese momento el movimiento boulangista cobrará forma. En 1888 se entrevistó en secreto con el príncipe Napoleón que la asegura su apoyo. Abandonará el ejército y se presentará en varias elecciones obteniendo siempre victorias resonantes. Protagonizará un sonoro duelo contra el presidente del Consejo Charles Floquet que lo hiere. Ese mismo año, además de los bonapartistas, otros sectores monárquicos contactarán con él en vistas a derribar al régimen republicano. Recibirá medios económicos de la familia Orleans.  En las elecciones de 1889 se presenta con un programa resumido en tres palabras: “Disolución, Revisión, Constituyente”. Saldrá elegido pero en la celebración cometerá el error de decepcionar a sus partidarios que le piden que marche sobre el Elíseo, él prefiere permanecer con su amante Marguerite de Bonnemain. A partir de ese momento, el gobierno se concentrará en destruir al boulangismo: la Liga de los Patriotas (a la que apoya Boulanger) es disuelta en virtud de una ley sobre las sociedades secretas, luego el propio general se verá golpeado por una orden de busca y captura y el gobierno le levanta la inmunidad parlamentaria obligándole a huir a Bruselas acompañado de su amante. Acusado de conspiración el senado le condena por contumacia “deportación en un penal fortificado”. Marguerite morirá de tuberculosis el 15 de julio de 1891. El 30 se septiembre, Boulanger se suicidará sobre la tumba de su amante.

[2] Tal es la teoría que sostiene el profesor Zeev Steernhell. Cfr. La droite Revolutionnaire. Les origines françaises du fascisme 1885-1914, Editions du Seuil, París 1978

[3] Revue des études juives, Volúmenes 53-54,   Société des études juives (France), École pratique des hautes études (France). Section des sciences économiques et sociales, École des hautes études en sciences sociales, Société des études juives (France). Pág XCI

[4] Le sang et l’encre, Pierre Drieu una psycobiographie, Solange Leibovici, Ediciones Rodopi, Amsterdam, 1994, pág. 277.

[5] Maurice Barrès et Le Nationalisme Français, Zeev Sternhell, Editions Complexe, París 1995, pág. 364.

[6] Georges Weill, Histoire du Mouvement social en France, 1852-1902, F. Alcan, París, 1904, pág. 350.

[7] Maurice Barres (1862-1923), uno de los fundadores del nacionalismo francés y famoso escritor. Es el gran teórico del “culto al Yo” (nuestro primer deber sería defender nuestro yo contra los “bárbaros”, es decir, contra todo lo que debilita nuestra sensibilidad). Su segundo eje son los principios conservadores: defensa de la tierra, de la familia, arraigo en la tierra natal, defensa del ejército, tradicionalismo y nacionalismo republicano.  En su juventud fue amigo del ocultista Stanistas de Guaita. Al llegar a parís en 1884 funda la revista Les Taches d’Encre que hace casi solo. A partir de ahí empieza su evolución hacia el nacionalismo. Influenciado en esos primeros años por Taine y Renan. En 1888 empieza a ser un escritor conocido cuando publica los tres volúmenes del Culto al Yo. Sus libros son especialmente leídos por jóvenes. En 1893 sigue los cursos de Jules Soury en la Sorbonne. Soury se convierte en su maestro intelectual y Barrès asume íntegramente sus principios: respeto a las tradiciones, defensa de la raza y sacralidad de la patria. Escribirá tres volúmenes titulados: Novela de la energía nacional. Al concluir la serie en 1902 puede decirse que ha alcanzado su madurez política y tiene muy claras las ideas que defenderá. En 1899 dará una conferencia en la Ligue de la Patrie Française en el curso de la cual afirmará la “necesidad de restituir a Francia una unidad moral, crear lo que nos falta desde la revolución: una conciencia nacional” y para forjarla apelará tanto a la razón como al sentimiento.  Junto a estas ideas defenderá a partir de 1871 la necesidad de una “revancha” contra Alemania. En 1906 será nombrado miembro de la Academia Francesa. Viajo habitualmente a España y a Grecia escribiendo varias obras sobre nuestro país. (Los datos sobre la biografía de Barres han sido extraídos de Maurice Bàrres, François Broche, Editorial J.C. Lattès, París 1987. Así mismo, en lo que se refiere a las ideas y encuadre histórico, cfr. Barres et le nationalisme Français, Zeev Sternhell, Editions Complexe, París 1985).

[8] Cfr. Nationalisme et antisemitisme en France (vers 1880-1914) , PDF de siete páginas publicado en http://www.banque-pdf.fr/fr_la-droite-en-france.html, pág. 3

[9] Cfr. Nationalisme et…, op. cit., pág. 4.

[10] Cfr. Nationalisme et…, op. cit., pág. 3.

[11] La Ligue de la Patrie Française (1898-1904), grupo nacionalista nacido a raíz del Caso Dreyfus, compuesto por intelectuales, artistas y personalidades relevantes de la sociedad francesa (los pintores Caran d’Ache, Jean-Louis Forain, Edgar Degas, Auguste Renoir, los académicos François Coppée, Jules Lemâitre y Paul Bouget, Su creación fue una reacción a la constitución de la Ligue des Droits de l’Homme. Estaba compuesta por boulangistas y bonapartistas. Se disolvió en 1904 tras la victoria electoral del Bloque de Izquierdas. Sus dos inspiradores principales fueron Maurice Barrès y Jules Lemaître. Para algunos historiadores, la formación de la Ligue responde al tránsito del “nacionalismo abierto” al “nacionalismo cerrado”. En efecto, el nacionalismo era a principio del siglo XIX cuestión de izquierdas y de liberales-demócratas, pero tras la experiencia boulangista quedó como patrimonio de las diversas derechas. Pues bien, La Ligue encarna esta mutación al estar dirigida por patriotas republicanos en busca de soluciones autoritarias. Sobre la Ligue de la Patrie Française pueden consultarse: Jean Pierre Rioux, Nationalisme et conservatisme : la Ligue de la patrie française (1899-1904), Paris, Beauchesne, 1977 y La droite Revolutionnaire. Les origines françaises du fascisme 1885-1914, Editions du Seuil, París 1978.

[12] La Ligue des Patriotes ha pasado a la historia como el primer partido de masas que se estructuró en Francia. Fue un producto del traumatismo generado por la derrota de Sedán y la pérdida de Alsacia y Lorena a manos de la Alemania recién unida. Fundado por Paul Déroulède en 1882 su ciclo vital se extinguió en 1889 para reorganizarse en 18978 antes de que estallara el asunto Dreyfus. A finales de 1981, Déroulède inició una campaña de agitación “destinada a extirpar las raíces de la derrota y de la decadencia”. La carrera de Déroulède había comenzado cuando el ministerio de educación quiso promover los valores patrióticos y creó una comisión de la que él formaba parte. La comisión apenas pudo hacer gran cosa pero siguió trabando y promoviendo esos mismos constituyendo la Liga de los Patriotas. Déroulède creó inmediatamente un semanario, Le Drapeau, en el que Víctor Hugo llegó a publicar un poema. La irrupción de la liga fue un éxito y en pocas semanas contaba con varios miles de miembros la mayoría republicanos. Déroulède se convirtió pronto en un personaje popular y extremadamente conocido. La Liga tenía asociados numerosos gimnasios que sirvieron para difundir los valores de los quera portadora y que contribuyeron a darle un aspecto paramilitar, siendo en esto un precursor de los fascismos posteriores. Déroulède defendía un sistema educativo para los jóvenes basado en la religión de la patria y en la visión militar de la vida (unidad, autoridad, valor, defensa de la comunidad, etc.), valores que habrá que transferir a toda la organización social. Participó como voluntario durante la guerra franco-prusiana siendo herido y hecho prisionero aunque logró evadirse. Luego participó en la represión contra la Comuna de París. Influyen en su pensamiento Reman y Taine.

Su doctrina es simple: un nacionalismo que sitúe a la propia nación por encima de las demás. Es partidario de la revancha contra Prusia, eso supondrá “crear una nueva Francia” y eso solamente se hará cuando exista una sociedad disciplinada dotada de un elevado principio de autoridad y que tenga presentes el resto de valores militares. Déroulède evoluciona en esa dirección (anti-republicana y autoritaria) junto a una parte de la Liga, mientras que la otra se mantiene fiel a los valores originarios nacionalistas y republicanos. Esta división entrañará la caída y la desintegración de la Liga. En 1885, Déroulède se declaró contra el liberalismo y las debilidades del régimen parlamentario. A partir de entonces buscó al “hombre providencial” que debía salvar a Francia y le reconoció en el general Boulanger. Pero no todos en la Liga aprobaron esa opción, a pesar de que la Liga facilitó el servicio de orden y su organización para Boulanger.

En ese tiempo Déroulède replanteó sus objetivos para evitar la escisión interior: se declaró a favor de una república plebiscitaria cuyo jefe fuera elegido por sufragio universal y cuyos ministros serán elegidos entre los mejores ciudadanos aunque no fueran parlamentarios que solamente rindieran cuentas al jefe del Estado no al parlamento. Denunció las injusticias en la distribución de la riqueza a favor de una “democracia social” (fue el primero en utilizar este término) y propuso una democracia directa frente al parlamentarismo. Pero no pudo evitar el que la Liga sufriera una grave crisis interior por la división entre republicanos parlamentarios y plebiscitarios. Déroulède queda en minoría y se produce una escisión que da lugar a la Unión Patriótica de Francia. La Liga perdió 100.000 afiliados solamente en 1898. En diciembre de 1887 los miembros de la Liga organizarán grandes manifestaciones de apoyo a Boulanger y protagonizarán choques con la policía. Ellos serán los artífices del triunfo electoral boulangerista de 1889.

A partir de entonces, la liga será sometida a represión policial y judicial que entrañará su disolución en marzo de 1889 cuando Déroulède es elegido diputado por la candidatura boulangerista. Ese período será el de las grandes convulsiones interiores en la Liga que perderá la mayor parte de sus secciones provinciales. El final de la crisis económica y la Exposición Internacional de París en 1889 entrañarán su pérdida de influencia. En 1994-5 será reconstruida de nuevo. En 1896 será autorizada de nuevo, pero el puesto de presidente reservado a Déroulède quedará vacante y no jugará ningún papel a partir de ahora. La liga reivindica en primer lugar la recuperación de Alsacia y Lorena, la abolición del régimen parlamentario y la recuperación de la dignidad nacional.

Cuando estalle el caso Dreyfus, la Liga se convertirá en la punta de lanza del movimiento antidreyfusard, movilizando entre 30 y 60.000 afiliados en París. Su objetivo es apoyar un golpe de Estado militar. El 23 de mayo el 3 de octubre de 1901 organizarán verdaderas demostraciones de fuerza. Ese año, tras la muerte del presidente Félix Faure, Déroulède, que ha recuperado la dirección del movimiento cree que ha llegado un ciclo parecido al de Boulanger. Intenta junto con el general Roget un golpe de Estado que fracasa y sus protagonistas resultan arrestados y procesados. Las legislativas de 1902 se saldan con un éxito para los candidatos de la Liga. Nuevamente la liga vive un segundo período de vitalidad. Pero a este período de vitalidad seguirá un nuevo bache al que seguirá un período de colaboración con la Liga de la Patria Francesa que se saldará con una ruptura irremediable. A partir de 1905 la liga perderá definitivamente fuerza y se verá absorbida progresivamente por otras corrientes de la derecha tradicional. Cuando Déroulède muere en 1914, le sustituye Barrès al frente de la Liga que es prácticamente una organización aletargada y en regresión.

[13]  Sobre las relaciones de Charles Maurras con los movimientos antisemitas de los años 80 del siglo XIX, puede leerse Le maurassisme et la culture: L'action française. Culture, société, politique (III), Michel Leymarie, Olivier Dard, Jacques Prévotat, Neil McWilliam, Preses Nationales du Septentrion, Villeneuve d’Ascq 2007, especialmente pág. 20 y sigs.