¿Llevamos tres días de infarto en
Cataluña? Claro está que son de infarto si se miran los informativos. Pero, a
pesar de algunas fracturas preocupantes en grupos de amigos y de vecinos, para
la inmensa mayoría de la población catalana todo sigue como el 18 de
septiembre: aquí no pasa nada y lo que es más interesante: la mayoría no quiere
que pase nada. Pero sí es rigurosamente cierto que los medios de comunicación y
determinadas noticias se obstinan en sembrar una inquietud que la mayoría de
catalanes siguen sin tener. Porque este
contencioso solamente afecta a los “españolistas–constitucionalistas” de un
lado y a los “nacionalistas–independentistas” de otro: a los demás, nos coge
por medio, siendo perfectamente conscientes de que no ganamos ni perdemos nada
en la partida, ni nada esencial se juega en ella: la España constitucional era,
desde el origen, una “España rota”, la “República Catalana” es, simplemente, un
aborto imaginario. Los que mantenemos “otras posiciones”, no contamos y
ninguna de estas dos pueden ser asumidas sin grandes reservas mentales. Luego
está una amplia gama de la izquierda (“referéndum
sí” y “referéndum sí, pero no así”)
y lo que es el grupo mayoritario, el de los “no
sabe–no contesta”. Finalmente algunos, como es mi caso, que lo único que
queremos es que termine toda esta comedia (que cada vez corre más el riesgo de
pasar a ser tragicomedia).
Ni me pienso manifestar por la “España constitucional”, ni la
“República Catalana” contará jamás con mi adhesión. Vaya esto por delante.
Ahora trataré de explicar el porqué sigo en mi estado de “exilio interior”
(tremendamente satisfecho, hay que decirlo, con mi condición de “apolítico”: no
ignorante de la política, sino distanciado de ella).
PRIMERA CONSTATACIÓN: UN “REFERÉNDUM” NO ES “DEMOCRACIA”
Los hay que tienen tendencia a
utilizar la palabra “democracia” como un puñetazo al estómago de su rival: “yo soy demócrata porque convoco un
referéndum. Tu eres fascista porque me lo impides”. Tal es el razonamiento
de “Puchi” y de los suyos. Ejem… si
convocar un referéndum imprimiera el marchamo democrático, habría que reconocer
que el franquismo fue, incluso más democrático que la Generalitat (con dos
referéndums con Franco vivo, en 1947 y 1966 y otro para hacerse el hara–kiri en
1976).











