Info|Krisis.- La pasividad de Rajoy ante el referéndum soberanista catalán, hace que
lo fíe todo en el recurso ante el Tribunal Constitucional. No hay más
iniciativas, ni plan C (el A era desarmar la ofensiva nacionalista ofreciendo
al big boss Pujol como carnaza ante la opinión pública y el B el citado recurso
a presentar). Más allá de eso, todo será improvisación y negociación. Pero el
problema no terminará ni con la sentencia al recurso ni con una negociación que
generará malestar y crispación en las dos partes. Y es que la Cataluña
autonómica no tiene solución… como tampoco la tiene, por otras razones,
Andalucía. Posiblemente, la solución a ambos problemas consista en situarlos en
el mismo plano y resolverlos, como habría que haberlos resuelto desde hace
años, cuando se tuvo la conciencia clara de que en ambos casos, la corrupción
se había hecho el elemento más característico de ambas autonomías.
Cataluña – Andalucía, amigos para siempre en la corrupción
En Cataluña, la madre de todas
las corrupciones fue Banca Catalana. A partir del momento en el que Pujol
entendió que podía utilizar el sentimentalismo y la emotividad en su defensa y
suscitar manifestaciones populares de amplio seguimiento al grito de “No me atacan a mí, atacan a Cataluña”,
adquirió la conciencia plena de ser el big
boss de la política catalana al que le todo le sería permitido. Unido al
hecho de que las simetrías electorales creadas por la Constitución hacían de
los votos “catalanes” algo imprescindible cuando un partido estatalista quería
gobernar sin mayoría absoluta.
