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lunes, 28 de octubre de 2024

REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO XCI – mayo|junio 2024

CONSPIROLOGÍA SEGUNDA PARTE: 

LAS CONSPIRACIONES DEL NEOFASCISMO

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ministerio de Propaganda del Reich difundió reiteradamente la idea de que el mundo anglosajón y el universo bol­chevique se habían aliado para cerrar el paso a los pueblos que luchaba por sus derechos y sus libertades. A fin de reforzar esta visión, se añadía que, el gobierno del Reich no había hecho otra cosa que defenderse; recordaba que había tendido la mano en innumerables ocasiones a los aliados occidentales para lograr la paz y que no había atacado a la URSS más que cuando ya era evidente que la URSS se preparaba para dar el primer golpe. Sólo entonces se inició “la cruzada antibolchevique”. Ahora, en 1943–45, se reiteraban propuestas de paz hacia oc­cidente y se resaltaba el compromiso alemán en la “lucha contra el bolchevismo en defensa de la libertad de Europa”. Tal fue el “relato” del Reich durante los años de la guerra. Y este “relato”, en realidad, era el de una “conspiración contra la paz” cuyos artífices habían sido Churchill, Roosevelt y Stalin. Cuando callaron las armas y se inició la Guerra Fría, los grupos neo–fascistas, no estuvieron en condi­ciones de reconstruir una nueva forma unitaria de ver las cosas. Desde entonces y hasta nuestros días, neo–fascistas, pos–fascistas y populistas, han armado un cierto número de visiones conspiracionistas, en ocasiones contradictorias, parcia­les en unos casos, de nivel planetario otras, algunas completamente erróneas, e incluso, a veces, capaces de encajar con precisión milimétrica con la realidad. Este es el resumen de buena parte de esas visiones conspirativas.

 

SUMARIO:

INTRODUCCIÓN

1. Salvador Borrego: la Segunda Guerra Mundial como conspiración

2. La Guerra Fría y el destino de Europa

3. El “Mundialismo” como conspiración

4. El “Plan Andinia”, Israel bis en el Cono Sur

5. Miguel Serrano, o el nazismo inexistente

6. El “Plan Kalergi”: una mala interpretación de la realidad

7. El “Gran Reemplazo”, la realidad hecha conspiración

8. “Eurabia”, una conspiración lanzada por Israel

Epílogo

 

CARACTERÍSTICAS:

Tamaño 15 x 21 cm.

Páginas 228

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jueves, 19 de octubre de 2023

EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN (11): Instituciones internacionales olvidables y responsables

Cuando España fue admitida en la ONU en 1955, diez años después de su fundación, se consideró que había concluido el período de “aislamiento internacional”. España entró en la ONU con el voto en contra de todos los países bajo la órbita soviética y con la abstención de países europeos como Dinamarca, Francia, Reino Unido, Noruega y Suecia. Había bastado que los EEUU precisaran el concurso de España para dar “profundidad” a la OTAN, para que la votación diera un vuelco. Eso era todo. Entrar en la ONU supuso un giro para el gobierno español que sintió que ya no era el “paria” europeo. Poco después se firmaban los acuerdos de defensa con los EEUU y a cambio se aprobaba la Ley de Inversiones Extranjeras que podía fin a la autarquía económica y entreabría las puertas a los capitales internacionales gracias a los cuales se financió el desarrollismo.

El problema era que, ni la ONU, ni la UNESCO, ni la OMS, ni la OIT, ni UNICEF, ni la FAO no eran, como se creía entonces -e, incluso como se sigue creyendo en la actualidad- “organizaciones formadas por todos los países dispuestos a preservar la paz y el progreso internacional. De hecho, no es así. Eran -y lo fueron desde el principio- organismo formados por élites funcionariales endógenas en el que eran mayoría individuos procedentes de organizaciones mundialistas (de carácter masónico, teosófico e iluminista que consideraban que con la creación de la ONU se había iniciado la “era de la luz”) a los que se confió la gestión del día a día de todos estos organismos. La orientación general de estos grupos puede ser considerada como “progresista utópica”. Pero era a esta casta funcionarial y no a las naciones que participaban en estas organizaciones y cuya presencia se limitaba a la “asamblea general”, a la que se confiaron las orientaciones y la política de todas estas organizaciones.

El resultado fue que, poco a poco, estas castas funcionariales fueron elaborando su propia línea política que no tenía nada que ver con la de los países miembros. Para operar con sus propios peones, estas organizaciones destinaron parte de sus abultadísimos presupuestos, a financiar ONGs que eran, ni más ni menos, que las quintacolumnas que operaban en el interior de los países miembros. Hay que añadir que esta financiación de determinadas ONGs se realizó de común acuerdo y con la ayuda de determinados consorcios y fundaciones capitalistas que aportaron también sus ilimitados recursos. Habitualmente, el “secretario general” de la ONU es un simple mascarón de proa, una especie de cara visible y relaciones públicas de la organización, pero la gestión siempre corre a cargo del “secretario técnico”.


Una idílica e inatacable panoplia de "objetivos" emanado por las "organizaciones internacionales", que ha penetrado a través de esa quintacolumna que son las ONGs subsidiadas y que ha sido entusiásticamente asumido por una izquierda que ha perdido a la clase obrera y cuya actuación quedó desenmascarada durante la crisis de 2007-2011.

En la década de los 90, la ONU se dio cuenta de que, a través de las ONGs podía ejercer una presión directa en el interior de los Estados Nacionales, de tal forma que condicionara la opinión y las decisiones de los gobiernos. Bruscamente se pasó de la “lucha contra el hambre en el mundo”, “la paz mundial”, “lucha contra la pobreza”, a temas relacionados -al menos teóricamente- con la ecología: “el agujero de la capa de ozono”, “el calentamiento global”, problemas importantes, efectivamente, pero que, poco a poco fueron tomando un cariz inesperado: ya no se trata de prevenir un cambio en el clima, sino de generar miedo entre la población y atribuir esa alteración del clima a la acción del ser humano. No se trataba tanto de reconocer que el clima del planeta estaba cambiando -el clima del planeta siempre ha estado sometido a ciclos y siempre ha cambiado- sino que el ser humano era el responsable y, por tanto, había que tomar medidas (lo cual está muy lejos de estar demostrado).

La campaña cristalizó en los llamados “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (o “Objetivos del Milenio”), ocho proposiciones a alcanzar en el año 2000 por los 189 países miembros de la ONU y que se prolongaron hasta el 2015: educación primaria universal, erradicación de la pobreza, igualdad de género, mortalidad infantil, cuestión del SIDA y defensa del medio ambiente. En España, un millar de ONGs, todas ellas subsidiadas, se unieron en la Alianza Española contra la Pobreza que impulsó la campaña Pobreza Cero. Aquella campaña se desarrolló con bastante indiferencia por parte de la población, pero sus impulsores y, especialmente, el centro de decisiones, la ONU, aprendió mucho. A pesar de que la ONU considerase que aquella campaña había sido un “éxito”. Lo cierto es que. Ni uno solo de los objetivos se alcanzó. Es más, avanzó la pobreza en el mundo y, especialmente en España y, por extensión, en el Primer Mundo, es decir, en la zona en donde hasta ese momento había sido menor o, incluso, residual.

El 2001, los ataques del 11-S demostraron algo que ya se sabía experimentalmente: que una población sometida a una campaña de miedo y de terror (como la norteamericana que fue sometido a un bombardeo continuo de alarmas, a la campaña de terror fomentada por “ántrax” y a continuos rumores de nuevos ataques terroristas) es capaz de aceptar cualquier limitación a sus libertades y cualquier renuncia, con tal de que le aseguren que saldrá de la crisis.

Posteriormente, el crac económico del período 2007-2011, evidenció otros elementos: la socialdemocracia mundial quedó desprestigiada después de medio siglo de prometer defender a los trabajadores y lograr una conquista gradual de sus intereses y un “domesticación” del capitalismo. La Internacional Socialista demostró haber perdido por completo el norte, cuando, sistemáticamente, allí donde estaba el poder adoptó medidas para ¡salvar a la banca! E, incluso, como fue el caso español con los planes E-2010, salvar a los empresarios de la construcción amigos del poder, e, detrimento de la economía e iniciando la espiral de la deuda que todavía dura hoy. Así pues, la socialdemocracia, huérfana de ideología, habiendo renunciado en Bad Gobesberg (1959) al marxismo, renunció completamente a la reforma del capitalismo, lanzando un nuevo tipo de “ideología” que recogía el “buenismo”, la “corrección política”, se unía al “progresismo” de siempre, se le deba otra orientación, se incorporaba, no solo el feminismo radical sino “los estudios de género” (el complejo LGTBIQ+), incorporando teorías mal elaboradas -incluso por “doctrinarios” absolutamente perturbados-, que, se unió a la doctrina de la “memoria histórica”, esto es, a la pérdida de la memoria de la propia historia, a una reescritura “progresista” de los hechos históricos e, incluso a una torsión y deformación de 180º en relación a la verdad histórica.

Así pues, por una parte, tenemos la “estrategia del miedo” (la amenaza constante de peligros propios del fin de los tiempos… que nunca terminan concretándose, pero que siempre son presentados como  punto de destruir a la humanidad), centrada en la concepción del “cambio climático antropogénico”, tenemos las temáticas reunidas por la ONU en la Agenda 2030 -redactada de una manera zafia, ignorante, en el que cualquier problema se remite al “cambio climático” (incluido el Covid y la violencia doméstica…); mientras que, por otra parte, se promocionan nuevas ideas en materia de sexualidad, uniones, que tienden sobre todo y por encima de todo, a destruir la idea de matrimonio heterosexual estable con un objetivo de procreación. Con estas ideas de “ingeniería social”, la izquierda encubre el vacío de haber perdido sucesivamente el marxismo primero y la socialdemocracia después como patrones ideológicos.

Todo esto ocurre, precisamente, cuando la marcha del neoliberalismo se muestra arrollador y cuando entramos en la Cuarta Revolución Industrial. Para los gestores del sistema mundial, los grandes consorcios capitalistas y los centros de poder mundial con sus instituciones (ONU, UNESCO, OMS, etc.) era necesario alumbrar nuevos objetivos, nuevas formulaciones ideológicas que “vender” a unas sociedades que, como la española, han visto como se les robaba y falseaba su identidad nacional, que ya habían perdido el sentido de la “solidaridad de clase” o de la “solidaridad nacional”, con unos niveles de educación cada vez más bajos y alimentados de una “cultura basura” (tanto en música, como en entertaintment, como en alimentación, como en todas las formas de ocio) y con una sociedad transformada en un tablero de ajedrez en el que, además del repliegue individualista que pudo observarse desde los años 80, se veían fracturadas por nuevos elementos (desde las autonomías hasta la presencia de inmigrantes de 150 países distintos). Sociedades inorgánicas así concebidas nunca tendrán la fuerza ni la potencia, ni la unidad necesaria para afrontar protestas contra las decisiones más absurdas de sus gobiernos o las políticas más suicidas.


El programa impuesto por aquellos a los que nadie ha elegido y cuya redacción demuestra que ni siquiera han participado "especialistas", es un disparo contra el corazón de los pueblos y un impulso al mundialismo: gobierno mundial, religión mundial, mestizaje, pérdida de cualquier identidad (incluso de la identidad sexual).

Dado que la Agenda 2030 -que contiene lo esencial de los programas socialdemócratas de los países occidentales- venía promovida por un organismo “intocable” como la ONU, sus objetivos, a pesar de no haber sido redactados por nadie elegido democráticamente, sino por una élite funcionarial, sin experiencia de gobierno y revalidada por las ONGs financiadas por la propia ONU y por sus agencias, por los gobiernos y por las grandes fundaciones capitalistas, sus directrices se han convertido en casi obligatorias para los países occidentales (los únicos que han asumido los objetivos de la Agenda 2030.

El resultado es que el gobierno español ni es “soberano” (depende directamente de los tenedores de la deuda cómo ya hemos dicho), ni es “nacional” (aplica un programa de gobierno basado en la Agenda 2030, hoy por el bloque de izquierdas, mañana, quizás con alguna reticencia, por el bloque de las derechas). Cabe preguntarse para que convocar elecciones, salvo los rostros, los programas no cambian.

El problema, en cualquier caso, no es quién elabora un programa de gobierno y unos objetivos, nacionales o globales, sino si esos objetivos son razonables o llevan a formas indeseadas de dominación o, simplemente, al caos. Es significativo que Pedro Sánchez luzca la escarapela de la Agenda 2030, pero nunca haya explicado globalmente lo que supone. Hace falta consultar la página de la ONU en la que está traducido al castellano, para ver la superficialidad, la fatuidad e, incluso, los destellos de locura, la inconsecuencia, que destila todos los puntos, incluso cuando su enunciado pueda resultar, inicialmente, justo o atractivo. A fin de cuentas, se trata de un plan malthusiano de reducción de la población y de atomización de las sociedades en nombre de la “libertad, la inclusión y la diversidad”, valores de la “nueva era” que han sustituido al viejo y gastado lema de “libertad, igualdad y fraternidad” y que se impuso sobre aquel que había sido asumido por las sociedades de todo el mundo durante milenios: “orden, autoridad, jerarquía”.


La salud mundial está en manos de empresas cuya negocio es la enfermedad...

Un programa como la Agenda 2030, por mucho que venga avalada por la ONU y por sus agencias (de las que solamente vale la pena recordar que la OMS fue responsable de la catastrófica gestión del Covid con vacunas sin tastar, poco eficientes y con efectos secundarios sobre los que se han realizado estudios aceptables, con protocolos que facilitaron el tránsito del virus de la garganta a los pulmones -mediante la entubación- y de ahí a los problemas de insuficiencia respiratoria), por la socialdemocracia (obligada por sus carencias), por los intereses de las corporaciones multinacionales, es un programa, en primer lugar, imposible de cumplir y que está poniendo en graves aprietos a los países occidentales (los únicos que lo han asumido) y, en segundo lugar, que marcará a fuego a las sociedad del mañana, modificando hábitos, borrando absolutamente cualquier signo de identidad comunitaria, haciendo imposible la constitución de parejas estables y, sobre todo, empobreciendo, debilitando y atomizando las sociedades de los países en donde los gobiernos nacionales, como el español, sigan sus orientaciones.








Y en esto, no hay término medio: o se está con la Agenda 2030 y con sus delirios o se está en contra y se le cierra las puertas, con todo lo que ello implica. 
 

lunes, 28 de febrero de 2022

YA NO QUEDA NADA POR DECIR SOBRE UCRANIA, ASÍ QUE VAMOS A LO IMPORTANTE

Parece como si los blogueros estemos obligados de hablar sobre Ucrania, tanto como hace unas semanas parecías “negacionista”, si no aludías al Ómicron, y antes tenían que lanzar piropos hacia el complejo LGTBIQ+ o eran un “machista homófobo”, y antes era obligatorio hablar sobre la crisis económica, y más atrás, sobre el “terrorismo internacional”, etc, etc, etc. Y, en realidad, los blogueros solamente estamos obligados a hablar de los que nos apetece: si fuéramos tributarios de la actualidad estaríamos trabajando para algún medio y no de manera independiente. Sinceramente, creo que ya no se puede decir nada más -al menos por nuestra parte- sobre la “crisis ucraniana”. Lo resumiré así:

CÓMO ESTÁ EL CONFLICTO UCRANIANO EN SU FASE DESCENDENTE

La actual fase de la crisis fue iniciada por Occidente formulando una invitación a Ucrania, para ingresar en el club OTAN-UE.

- Existía una guerra irregular en las republicas que hace ocho años se escindieron de Ucrania al estar compuestas por rusos y que, como Crimea, manifestaron su decisión en referendos irreprochables.

- Era, visiblemente, un pulso propagandístico entre la OTAN y Rusia, absurdo, porque la Rusia de Putin, no solamente no ha formulado ninguna ambición o reivindicación territorial sobre Europa del Este, ni por supuesto es comunismo, ni tiene intenciones de restaurar un régimen bolchevique, ni siquiera de extender el “izquierdismo”, ni ha manifestado ningún tipo de agresividad, sino porque Europa depende en grandísima medida de la energía vendida por Rusia.

- La escalada de agresividad, especialmente de Biden, la grandilocuencia del “defenderemos a Ucrania”, se ha saldado con el inicio de una operación LOCALIZADA y limitada por parte de las FFAA rusas que ha sido presentada en “Occidente” como una “invasión” y un ataque a “todo” el territorio ucraniano y como si se combatiera encarnizadamente en cada esquina y en cada ciudad. Y para ello, se han utilizado imágenes de otros conflictos, de videojuegos o simples montajes ad hoc.

- Después del tercer día, cuando Zelensky experimentó la certidumbre de que los cantos de sirena de Occidente no tenían la más mínima posibilidad de traducirse en una intervención militar efectiva a su favor, optó por lo que, desde el principio, era la solución más racional al conflicto: proponer el cese del conflicto, a cambio de la neutralidad de Ucrania. Asunto zanjado.

- Esta solución, sobre la que se está trabajando, redimensiona a la OTAN, reducida, de aparato “militar” a simple organismo de “operaciones psicológicas” y a los dirigentes de la UE -empezando por Borrell- como verdaderos bocazas. El problema es que,

Putin, quiere a Zelensky fuera de la jefatura del Estado, no sea que, dentro de unos meses, dé una nueva pirueta. Y la presencia de Zelensky y de la oligarquía ucraniana en el poder, es lo que va a hacer que las “operaciones psicológicas” de la OTAN, sigan dando la murga y distribuyendo fakes durante unas semanas.

Sobre los refugiados y sobre la “acción humanitaria”, ya se ha hablado suficiente: total, 5.000.000 más de “refugiados” -como ha anunciado la UE- llegados a Europa, no son nada nuevo. Lo que ocurrirá, lo sabemos todos: cuando cese el conflicto, la mayoría de ucranianos, retornarán -salvo los que tengan algún tipo de responsabilidad política pendiente- y los 5.000.000 de refugiados procederán de Asia, de África y del mundo árabe, y nadie se sorprenderá por ello.

Y ESTO NOS LLEVA A OTRO PUNTO: EL ADOCTRINAMIENTO CULTURAL

Y esto nos llega al tema que hoy, verdaderamente, me interesa. Porque, sobre Ucrania, como suele decirse, “está todo el pescado vendido”. Como saben algunos lectores, paralelamente al Info-Krisis, llevo una web de “series de televisión”, seriesTVinfo, que os invito a visitar. Tiene audiencias aceptables y lleva cinco años en activo y a fecha de hoy se han analizado y criticado 2.375 series emitidas por las televisiones (desde los años 50) y por los streamings actualmente existentes. Una de ellas, La vuelta al mundo en 80 días, estrenada el 24 de febrero de 2022, en Movistar+, ha colmado mi paciencia.

En efecto, el clásico de Julio Verne ha sido convertido en un instrumento de adoctrinamiento -otro más- en favor de la “corrección política”, “de la igualdad” y de todos y cada uno de los ideales del “nuevo orden mundial”. Os sugiero que leáis la crítica que me he visto obligado a hacer a esta serie: La vuelta al mundo en 80 días, “revisión” infame.

La serie (y cientos de productos que, especialmente, en los últimos tres o cuatro años, han invadido los streamings y que he renunciado a comentar, no tanto por su mensaje de adoctrinamiento sino por su bajísima calidad) tiende a difundir una serie de ideas pervertidas de las que podemos extraer un patrón:

1) Cualquier relato clásico de la literatura europea, o, incluso, episodios históricos, ocurridos o situados en siglos anteriores, se interpretan con la lógica del siglo XXI y, no solo eso, sino con la intencionalidad de mostrar que SIEMPRE ha ocurrido eso: Zeus era negro, la corte la Princesa Española estaba formada por árabes y negros, Ana Bolena -la pobre Ana Bolena- era una africana de tomo y lomo, Arsenio Lupin, por supuesto, era también africano, etc, etc, etc.

2) Cuando el crítico resalta estas incoherencias “étnicas”, siempre sale el talibán de la corrección política, argumentando que se trata de un “comentario racista”. Y la palabra, suele inmovilizar al crítico que decide dar explicaciones. En realidad, “explicaciones” existen: en general estos productos culturales, son, simplemente, malos (y otro tanto ocurre con las series LGTBIQ+), su intención adoctrinadora, es superior a sus cualidades estéticas o narrativas, hemos visto a actores geniales fracasar en series de este tipo (David Tennant, por ejemplo, se hunde en su interpretación del Phileas Fogg de La vuelta al mundo en 80 días).

3) Estas series no torpedean solamente la identidad europea, sino la propia historia y el pasado europeo. Tienden a demostrar que “negros” siempre han existido en Europa (hemos llegado a ver series en las que las legiones romanas, tenían un alto contingente de árabes y negros, o incluso poblaciones de la Anglia romana en la que los más respetados de la tribu eran africanos… Britannia, por ejemplo). Se trata, repetimos, de presentar la excepcionalidad étnicas del siglo XXI (solamente hay mezcla étnica en “Occidente”, en absoluto en Asia o África (que se considera un continente “negro”… mientras que Europa no puede, de ninguna manera, ser presentada como el continente “blanco”), como si otras razas hubieran estado siempre presentes y, mediante esta “mentira piadosa”, facilitar la “integración” de grupos étnicos que ni se sienten europeos, ni quieren serlo, ni les interesa serlo.

4) Este tipo de cine tiende a criminalizar todo lo europeo y, muy especialmente, el colonialismo europeo, especialmente en África y Asia. La serie que comentamos sobre el clásico de Verne, es un paradigma: Phileas Fogg es una especie de sparring para todas las razas de color, presentado, además, como un perfecto imbécil (rasgo con el que Verne jamás lo pinto), permanentemente sacado de apuros por su criado (Passepartout, convertido, como no podía ser de otra forma en un “francés negro”) y por la periodista que les sigue (la igualdad feminista exige que junto a un protagonista varón blanco, vaya una mujer, como si Don Quijote fuera acompañado por una escudera regordeta, sarcástica y bonachona, Doña Sancha Panza). La cuestión es que se da por supuesto que todas las “colonizaciones” fueron idénticas y que la acción depredadora de los anglosajones por todo el mundo o de Leopoldo de Bélgica en el Congo, es el paradigma de cualquier colonización, incluso de la española en América. La idea a transmitir es: “vosotros, europeos, hicisteis daño a los países que colonizasteis y ahora debéis de pagar admitiendo todo tipo de inmigración”. El problema es que los europeos de hoy, no tenemos porqué pagar los errores y las culpas reales o supuestos de nuestros tatarabuelos, especialmente porque África y Asia son independientes desde hace décadas y, al menos, en lo relativo a África, no parece que les vaya muy bien.

6) La conclusión final a la que nos pretenden llevar los adoctrinadores no es otra que la creación de una sociedad multiétnica e igualitaria, mestiza en todos los sentidos (como si entre las sinfonías de Beethoven y el tam-tam pudiera establecerse una “fusión”), en la que no hay espacio, no solamente para criterios de “superioridad” e “inferioridad”, sino que cualquier desigualdad, incluso la propia “diferencia”, debería ser proscrita en beneficio de un mestizaje igualitario homogeneizado. El problema es que, tal como podía preverse, el avance hacia ese modelo de sociedad, no se realiza, ni pausada, ni esperanzadoramente, sino que, cada vez, se evidencia más su imposibilidad. Basta con leer la prensa o, simplemente, acercarse a un bar y oír las conversaciones: la delincuencia está a la orden del día, la peligrosidad de los “recién llegados”, desdice por completo su voluntad de integración (el 80% de los detenidos en la ciudad de Barcelona proceden de grupos étnicos extraeuropeos). Por eso, en todos los países europeos están prohibidas las estadísticas con base “étnica” (lo que resulta imprescindible a la hora de establecer “perfiles” delictivos). Y lo que es todavía más grotesco: nadie se llama a engaño. Es un secreto a voces que la llegada masiva inmigración, ha generado un aumento de todos los problemas en el interior del continente europeo: desde bajas salariales, hasta delincuencia con todo lo que conlleva, pasando por problemas de convivencia en los barrios, problemas culturales, sobrecargas en el sistema sanitario, en el sistema educativo, en las subvenciones y ayudas sociales (porque, a fin de cuentas, las bolsas de inmigrantes son grupos clientelares subvencionados que paga la clase media europea), etc, etc, etc.

7) No se pretende “convencer”, SINO INTIMIDAR, a la mayoría de la opinión pública. No se aspira a que la población acepte el “adoctrinamiento” acelerado en materia étnica, sino algo todavía peor: acallar, mediante las palabras clave (“racismo”, “discriminación”, “odio”, etc) a cualquiera que perciba la naturaleza del problema y alerte sobre ella.

LA ABOLICIÓN DE IDENTIDADES COMO OBJETIVO FINAL

La única cuestión es porqué en los últimos años todo esto, que no es más que una consecuencia del delirio mundialista y universalista promovido por algunos centros de poder real (en especial el Foro Económico Mundial y su punta de lanza mundialista, la UNESCO) ha acelerado el paso en los últimos años, en cuatro terrenos: antirracismo, cambio climático, LGTBIQ+, e “igualdad”. La respuesta está muy clara: a corto plazo, el sistema económico mundial globalizado es inviable. El desplome económico que puede producirse en cualquier momento (con una economía lastrada por la deuda y por procesos inflacionistas que repercuten en la bajada de poder adquisitivo de los salarios, el aumento constante de cargas fiscales para satisfacer la ambición desmedida de la clase política y las bolsas neutralizadas en tanto que subsidiadas), hay que llegar a ese momento -a la vuelta de la esquina- con todas las “identidades” (nacionales, étnicas, sociales, sexuales, religiosas), abolidas, o de lo contrario, cualquiera de estas “identidades” podrá ser utilizada para reconstruir una situación de normalidad, lo que implicaría el enterramiento del proyecto mundialista.

Por eso hay que estar pendientes de los nuevos productos culturales que se van lanzando, especialmente en los streamings propiedad de los grandes fondos de inversión, de las dinastías económicas tradicionales y del “dinero nuevo” surgido al calor de las nuevas tecnologías de Silicon Valley.

Y eso me preocupa mucho más que el futuro de Zelensky o la operación de castigo de Putin que, por mucho que lo diga Borrell -¿os habéis fijado que cada vez tiene los ojos más cerrados, hasta el punto de que cabe preguntarse si su miopía política no es fruto de algún trastorno de la edad?- no llegará ni a Salt, ni a las rías gallegas, ni a Cádiz… que por cierto tienen problemas muy graves de los que la marejada Covid, la LGTBIQ+, la ideología del cambio climático y el “terrorismo internacional”. Creo que, si en el tema ucraniano está todo el pescado vendido, ahora hace falta volver la vista a problemas reales y cotidianos, que, por lo demás pueden resolverse fácilmente. Porque al campo si se le pueden poner puertas y porque 25 años de inmigración masiva (la cosa empezó en España con Aznar en 1996) ya han demostrado a lo que lleva. Ahora es el momento, de recuperar nuestra identidad en todos los terrenos. Solo de eso. Nada más que de eso.

 

viernes, 20 de marzo de 2020

DOSSIERS DE LA HISTORIA - LA ORDEN DE LOS ILUMINADOS DE BAVIERA



DOSSIERS DE LA HISTORIA – Nº1 – Primavera 2020

LA ORDEN DE LOS ILUMINADOS DE BAVIERA

Los “iluminati” están de moda… lamentablemente, los que más hablan de ellos son los que ignoran más su verdadera historia. De ahí que hayamos decidido traducir tres textos que consideramos capitales para entender la naturaleza del “fenómeno illuminati”: el texto escrito por Henri Coston relatando el nacimiento, los orígenes de la secta, sus primeros doctrinarios, sus objetivos, organización y métodos, su desenlace, su relación con la masonería y las dudas sobre su supervivencia después de la revolución francesa. Dos textos de Jacques Bordiot, también traducidos del francés, nos pondrán en la pista de las relaciones entre iluminismo y marxismo, con la demostración de que el segundo procede directamente del primero; por otra parte, la Panorthosia, el sistema de enseñanza creado por el rosacruz Jan Amos Comenius, precursor de la Orden de los Iluminados y que ha sido reiteradamente elogiado e incorporado a la UNESCO desde su fundación. Los Iluminados siguen presentes en el siglo XXI.

El dossier se ha completado con una serie de estudios sobre la presencia de los iluminados de Baviera en alguna de las conspiraciones liberales del primer tercio del siglo XIX en España, en el fenómeno de la piratería y sobre las dos líneas del iluminismo: la “francesa” (o el iluminismo místico) y la “alemana” (o el iluminismo político).

Un dossier de 225 páginas en las que se encuentra todo lo que es preciso saber sobre el iluminismo, con el que inauguramos la publicación de estos dossiers trimestrales sobre temática histórica.

Ficha técnica:

Título: Dossiers de la Historia nº 1 – primavera 2020

Tema: La Orden de los Iluminados de Baviera
Autores: Henri Coston, Jacques Bordiot, Vicente de la Fuente, Ernesto Milá
Tamaño del volumen: 15 x 21 cm
Páginas: 225
Abundantemente ilustrado con fotografías y gráficos
Portada plastificada y en cuatricomía.
Precio de venta al público: 22,00 €
Distribuidor en todo el mundo: Amazon

https://www.amazon.es/Dossiers-Historia-Iluminados-Baviera-Primavera/dp/B0863TFDHX/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&keywords=dossiers+de+la+historia&qid=1584719126&s=books&sr=1-1


jueves, 17 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (31) 10 PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE LA CRISIS DE NUESTRO TIEMPO


En 2014, durante un período de estancia en Malta, pergeñamos la “teoría del mundo cúbico”. Empezamos a trabajar en este tema a la vista de la dificultad de integrar aspectos muy distintos presentes en la modernidad y aparente difíciles de interpretar conjuntamente, a pesar de coincidir en el mismo momento histórico. Cinco años después, aquellos apuntes que dieron lugar a un libro (Teoría del Mundo Cúbico – Riesgos y destino de la globalización) son de nuevo objeto de meditación. En primer lugar, porque parece como si cuatro descerebrados con un cóctel molotov pudieran generar inquietud y miedo. Hoy, el miedo es el rasgo distintivo de nuestra sociedad. De hecho, el miedo es un reflejo condicionado de la naturaleza que tiende y refuerza el instinto de conservación (se huye de algo para sobrevivir). Ahora bien, el problema consiste en distinguir aquello que vale la pena temer y aquello otro que no deja de ser espectáculo destinado a generar algún tipo de resultado inmediato (cócteles molotov para obligar a la otra parte a negociar). La ocasión de haber reimpreso esta obra nos da la ocasión para recordar su contenido en forma de preguntas y respuestas que, a fin de cuentas, suponen un viaje al final de la noche del momento histórico que nos ha tocado vivir

1. ¿Cuál es el gran problema de nuestro tiempo?
Es la sinergia entre globalización económica, mundialismo cultural y cambio tecnológico acelerado. Cualquier otro problema es mucho menor (independentismo catalán, traslado de los restos de Franco) o forma parte de alguno de estos (inmigración masiva, crisis económica, ideologías de género) o son consecuencia de las interacciones entre estos tres elementos críticos (inseguridad generalidad, precarización, problemas psicológicos de la población, degradación del medio biológico, del cultural).
2. ¿Globalización, mundialismo y cambio tecnológico, están unidos o son independientes unos de otros?
Globalismo y mundialismo son la cara y la cruz del mismo fenómeno, mientras que el desarrollo tecnológico es relativamente independiente de estos fenómenos. Han aparecido en distintos momentos de la historia. El mundialismo aparece en la segunda mitad del XIX y se confirma en 1945. La globalización económica se intuye desde los años 30 del siglo XX, pero se impone entre 1978-80 (irrupción de la Tatcher y Reagan) y 1989 (caída del Muro de Berlín). En cuanto al cambio tecnológico es algo impuesto por la misma evolución del capitalismo y por la acumulación de los avances científicos previos. La globalización, un fenómeno esencialmente económico, precisa de un marco cultural apropiado para ser aceptada por las poblaciones. Este marco lo aporta el mundialismo. Y, en cuanto a la innovación tecnológica, está a punto de dar el salto de la tercera a la cuarta revolución industrial.
3. ¿Puede decirse que estos tres fenómenos sean derivaciones de la evolución del capitalismo?
Lo son porque se producen en un mundo en el que el capitalismo es hegemónico, pero lo que nos afecta directamente es que la sociedad pintada por las novelas cyberpunk de los años 80 y 90 (máxima tecnología, mínima capacidad adquisitiva para la mayoría) está en puertas de hacerse realidad… De todas formas, nos equivocaríamos si viéramos en el capitalismo a un fenómeno único y monolítico que muestra las mismas características a lo largo de toda su historia. Y el capitalismo nacido en la Edad Media es muy diferente del capitalismo financiero actual. El capitalismo va cambiando a medida que se va generando más progreso tecnológico: no es que se adapte a él, es que lo incorpora siempre y cuando pueda ofrecer mejores beneficios a los propietarios del capital.
Conviene, por tanto, hablar de “revoluciones industriales”, mucho más que de “fases del capitalismo”. Las primeras preceden a las segundas: la primera fue la del motor de vapor, la segunda revolución industrial la del motor de explosión y la electricidad, la tercera la del microchip y la que tenemos ante las puertas, la de la inteligencia artificial, la biomecánica, la genética, la robótica y la criogenia. Mientras que las fases del capitalismo (artesanal, industrial, multinacional y financiero) no coinciden exactamente con las anteriores. Ahora bien, lo que cuenta es que en el momento actual estamos en la fase de colusión entre neocapitalismo globalizado e inicio de la cuarta revolución industrial. Tormenta perfecta porque lo que hasta ahora estaba al alcance de todos (la sanidad, por ejemplo), a partir de ahora estará solamente al alcance de quien pueda pagarla (al menos en sus resultados más novedosos) y porque muchos sectores que hasta ahora vivían del trabajo, a partir de ahora, se encontrarán con que un robot lo realiza.
4. ¿Cuál es el resultado del proceso?
El que ningún valor, ninguna experiencia histórica, ninguna estructura social o política que hayamos conocido se mantendrá en esta nueva época a cuyo nacimiento estamos asistiendo. Nada de lo que hayamos conocido o nos hayan enseñado en la escuela, servirá. La “cuarta revolución industrial” que tiende hacia la “singularidad” (la toma de conciencia de la máquina y el que ella misma genere “pensamiento”) se concretará entre el 2030 y el 2050, es decir, está a la vuelta de la esquina. Si ahora nos quejamos de “pérdida de identidad”, dentro de unos años nos quejamos de que incluso lo humano ha perdido identidad tal como proponen las ideologías transhumanistas. No olvidemos que los valores y las pautas por las que se mueve nuestra sociedad datan de un período situado entre el humanismo renacentista y la “revolución romántica” del XIX. A nadie se le escapa lo inviable de intentar regir el siglo XXI y su “cuarta revolución industrial” con los esquemas nacidos en el XVIII. A pesar de que dé la sensación de que este proceso es extremadamente fluido y movedizo, en realidad puede ser considerado como la “solidificación del mundo”.
5. ¿Qué significa “proceso de solidificación del mundo”?
Es el tránsito de la “esfera”, la figura más móvil y ágil de la geometría espacial, al “cubo”, la figura más estable e inmóvil. Lo que antes era fluido, ahora se convierte en estático e inamovible. Antes, en un mundo “esférico” era posible crear, rectificar y enderezar el mundo con esfuerzos a medida de lo humano. Ahora, sin embargo, en un mundo “cúbico” todo resulta inamovible y fiera del alcance de lo humano. En conclusión: el proceso de solidificación del mundo supone la exclusión del factor humano en el proceso de construcción y marcha hacia el futuro. En lugar de ser dueño de nuestro destino, globalización y mundialismo, se han apropiado del mismo de manera absoluta e inapelable.

6. ¿Qué intenta explicar la teoría del mundo cúbico?
Si aceptamos que el cubo es la figura que corresponde a nuestro momento histórico, se trata de situar en cada una de las caras del cubo aquellos elementos políticos, sociales, económicos, científicos y culturales que correspondan:
- La cara superior será la de los beneficiarios de la globalización.
- La cara inferior, su opuesta, corresponderá a los damnificados por la globalización.
- En uno de los lados figurarán, los actores geopolíticos tradicionales.
- En el opuesto, los actores geopolíticos emergentes.
- En la otra cara lateral tendremos los recursos energéticos y el progreso científico y
- En la opuesto, lo que hemos calificado como “neodelincuencia”.
Al analizar someramente cada una se estas caras se percibe que no tienen una densidad y un impacto homogéneo ni siquiera en cada una de sus superficies. Al igual que en la figura del cubo, existen “zonas sensibles”, las doce aristas que es donde se producen los “contactos” más directos y, por tanto, más explosivos entre estas seos caras. Se identifican perfectamente porque, en cada una de estas aristas podemos situar todos los fenómenos que ocupan la actualidad cotidiana. Pensemos, por ejemplo, en la deslocalización industrial: el tránsito de las industrias del primer mundo genera “damnificados por la globalización” y beneficia a los “actores geopolíticos emergentes”, pero, a su vez, también genera desequilibrios interiores en estos dado que la industria llega por lo precario de los salarios, de tal manera que en esos países nunca se formará una clase media como la que generó Europa en el siglo XIX y XX. Este análisis se repite en cada una de las aristas y permite un análisis muy completo de la situación.
7. ¿Cuál es la conclusión de esa perspectiva?
La teoría del mundo cúbico no es solamente un método de análisis o una regla mnemotécnica para analizar la actualidad, sino, sobre todo y por encima de todo, un instrumento para prever la evolución futura e identificar los puntos de ruptura. Como se sabe, cuanto más duro es un mineral, más fácil es hacerlo estallar en mil pedazos: todo consiste en encontrar su “punto de ruptura”. Por tanto, a la vista de la realidad que muestran las seis caras del cubo, las doce aristas en las que se generan fricciones, hay que concluir que el “mundo solidificado” está sometido a tensiones extremas en sus ocho “vértices” y que, por tanto, aunque pudiera actuarse sobre alguno de ellos, no podría evitarse que el potencial explosivo acumulado en los otros, tienda a disgregar el conjunto.
En el libro se analiza cada uno de estos vértices sistemáticamente y se analiza si los vectores que se generan producen contradicciones, sinergias o repulsiones. Si el resultado de este análisis indicase que en los vértices se generan sinergias, la conclusión sería que las tendencias son “centrípetas”, que mantendrían la unidad del conjunto; pero el resultado es justamente el opuesto: vencen las tendencias “centrífugas” que garantizan en un plazo no excesivamente largo, crisis generalizada, inestabilidad y estallido. El diagnóstico final es que, siendo el cubo la figura más estable de la geometría espacial, en este caso, su potencial explosivo interior, no solamente neutraliza esta estabilidad, sino que asegura su ruptura. De hecho, la cristalización en cubos, en gemología, garantiza que una estructura grande puede ser partida en cubos menores y luego nuevamente fragmentada en la misma forma, hasta convertirse en polvo, con más facilidad que cualquier otra estructura mineral.
8. ¿Quién dirige el sistema?
Nadie. Existen, claro está, individuos y grupos de presión con más o menos poder, pero incluso ellos no tienen capacidad de decisión y previsión, sino que, a su vez, son dirigidos mecánicamente por 10 principios que les obligan a actuar de manera dogmática. Estos diez principios constituyen el credo de su “religión”: el neocapitalismo mundialista y globalizador. Son fácilmente identificables y constituyen la cúspide de la pirámide y el “ojo que todo lo ve” escrutador. Les hemos dedicado el capítulo final de nuestra Teoría del mundo cúbico, los hemos enumerado y descrito con precisión. Si según René Guènon, los principios que han regido el ciclo histórico que ahora termina, fueron enunciados como metafísica hacia el siglo VII a. JC, ahora nos encontramos con otros principios, radicalmente opuestos que podrían ser calificados como una “metafísica invertida”: no un ir más allá de la física, sino más bien un intento de dominar el terreno de la “phisis”. El “sistema” ya no lo dirigen personas físicas, lo dirigen dogmas económicos asumidos por un reducido núcleo duro de “señores del dinero”.  
9. ¿Cómo encuadrar este esquema e la crisis española?
Nuestro país llegó tarde al nacimiento del capitalismo por factores históricos muy concretos. El siglo XIX lo desgarró profundamente y terminamos de quedar descolgados del pelotón de cabeza envueltos en guerra civiles sin fin. La estabilidad franquista sirvió para acortar esta distancia, concentrar poder para poder ganar terreno perdido especialmente entre 1959 y 1973. Pero, a partir de ese momento, iniciada la transición y tras 40 años de democracia, se une en el país, los errores cometidos durante la transición, se han ido acumulando los problemas, agravados todavía más por la ruina del sistema educativo incapaz de formar espíritus críticos. La crisis española es idéntica a la que se da en otros países de Europa Occidental, agravada por la debilidad cada vez mayor de nuestra clase media y sin salida dentro de las pautas tradicionales por el hecho de que el “patriotismo español” se basa históricamente en dos principios: religión y monarquía, y ambos están en profunda e irrecuperable crisis.
10. ¿Qué puede hacerse o rectificarse y sobre qué principios podría basarse una contraofensiva contra la decadencia?
Personalmente, creo que poco. De todas formas, vale la pena distinguir entre la esfera personal y de proximidad y la esfera político-social. En esta última creo que todo esta perdido y que, como máximo, puede ralentizarse algún proceso de decadencia. Hoy el sistema nos sitúa ante una enormidad: la inmensidad de la tarea que supone rectificar la marcha errónea de tres siglos de civilización y lo ridículo que pone a nuestro alcance: el voto cada cuatro años. Evidentemente, para contener alguna amenaza hace falta terreno sólido en el que apoyarse. Pues bien, en la actualidad -a diferencia de en la primera parte del siglo XX- ya no existen ni fuerzas sociales, ni valores culturales tradicionales, ni estructuras que puedan ser consideradas como terreno sobre el que asentarse sólidamente, no ya para lanzar contraofensivas, sino para mantener posiciones.
Ahora bien, donde sí puede influirse es en el terreno personal, en la propia interioridad, y en los círculos familiares o sociales en los que nos movemos y sobre los que tenemos influencia. De todos los planteamientos enunciados hasta ahora en el siglo XXI, el más acertado me parece el “arqueofuturista” (aceptar y asumir, incorporar y ser maestros en las nuevas tecnologías y en los avances científico-tecnológicos, manteniendo, rescatando, viviendo y difundiendo los valores originarios que han dado lugar a los mejores momentos de la civilización. Esto implica realizar una síntesis entre una Tradición (valores que reencontrar y vivir) y una Revolución (que hoy es tecnológica, pero que luego deberá trasladarse al plano político). No es fácil. No solamente hay que partir del cero absoluto, sino también superar confusiones e ideas erróneas, incluso entre los que comparten el terreno de la disidencia. Y, claro está, en estos casos, siempre vale la pena recordar la frase de Hoffmanstal, esperar hasta el momento en que “los que han permanecido en vela en la noche oscura, den la mano a los que han nacido en el nuevo amanecer”.

viernes, 18 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (246) – ALGO ESTÁ CAMBIANDO EN EL MUNDO (2 de 3)


Si las cifras macroeconómicas indican que la globalización está en retirada y si el sentido común nos dice que es un sistema perverso que jamás debió ver la luz, hay que reconocer, también, paralelamente, que existen muchas fuerzas que todavía lo apoyan y que creen en sus virtudes. El que la globalización emprenda la retirada no quiere decir que haya sido vencida, ni remotamente. E, incluso, en la actualidad, el problema estriba en intuir las consecuencias que puede tener este cambio de rumbo para las naciones europeas.

Lo cierto es que hoy, solamente China apuesta decididamente por la globalización amparada en el hecho de que se trata de un mercado enorme y atractivo para las importaciones y que solamente ofrece garantías a los países que tienen abiertas sus puertas a los productos chinos. A partir de los 90 se produjeron deslocalizaciones masivas, fueron los años del petróleo barato y la época dorada del comercio mundial. Los optimistas defendían el sistema mundial globalizado diciendo que cada país se especializaría en la producción de algunos bienes y pintaban un armonioso cuadro de importaciones y exportaciones en todas direcciones y en todo el planeta. El resultado fue: 1) que las plantas de producción industrial se desplazaron progresivamente a China, 2) que China se confirmó en la “factoría mundial”, 3) que la economía de los países occidentales se desplazó del sector industrial al sector servicios y 4) que se produjeron nuevas deslocalizaciones de China a Vietnam, con mano de obra más barata aún. Pero no hay que olvidar el fenómeno más perverso y que precedió a todo esto: desde el final de la Guerra Fría ya se observó una “financiarización” de la economía: los inversores no buscaban generar riqueza con su capital, sino especular en unos mercados económicos, progresivamente más volátiles. Los neoliberales abrieron las puertas a la libre circulación de capitales, que precedió a la libre circulación de mercancías. Y este es el problema: que aunque el tránsito de mercaderías propio de la globalización tienda a disminuir, la economía financiera sigue viva y activa. Y este es el gran peligro del siglo XXI.

El riesgo de una economía basada en la especulación es que imposible de estabilizar: tan pronto el capital mundial inversor se concentra en un país que en ese momento ofrece las mejores posibilidades para obtener beneficios, como unos meses después, ese mismo capital migra a otros horizontes en los que los beneficios son mayores. Tenemos así un capital en permanente fuga a la búsqueda del máximo rendimiento y que ni siquiera es controlador por brokers o por grandes inversores, sino por sistemas de software. Y los programadores no han considerado más criterio que la optimización de los beneficios. Hasta ahora, ningún país ha habilitado defensas contra el capital especulativo. Hacerlo, podría suponer el que bolsas inmensas de capital financiero se retiraran de las bolsas del país que osara modificar las reglas del juego y precipitarlo en la falta de fondos incluso para sobrevivir como Estado. No hay que olvidar que uno de los productos financieros seguros es la deuda pública (que en España ha llegado a los dos billones y que en EEUU está por los ¡¡30 billones de dólares!!).

Pero si los reductos del capital financiero (grupos bancarios, consorcios financieros, fondos de inversión, fondos de capital-riesgo) apuestan todavía por la globalización y parecen intocables, hay otras fuerzas que también apuntan en dirección contraria a la economía real. Distinguirmos entre “globalización” y “mundialismo”. El primero es un concepto exclusivamente económico, el segundo, por el contrario, afecta a la cultura, a los valores y a las orientaciones de la sociedad. No son lo mismo, ni tampoco están promovidos por los mismos centros de poder: su coincidencia es meramente táctica, van en la misma dirección, pero no por los mismos carriles. El mundialismo está facilitado por distintas organizaciones internacionales nacidas en 1945: fundamentalmente la UNESCO, laboratorio ideológico del “nuevo orden mundial”. La UNESCO promueve valores “universalistas”, lo que implica homogeneizar las cultural regionales en beneficio de un “mestizaje” cultural, étnico y religioso. Con frecuencia se suele confundir el carácter de la UNESCO: su tarea como defensora del patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad es su tarea oficial, pero oficiosamente, la secta que controla el organismo tiende a extender un mensaje ideológico construido a partir del puro sincretismo y de la idea de que la humanidad ha entrado en una nueva fase de “unificación mundial” y que todas las actividades, cultura, raza, lengua, religión, sexo, deben servir a este propósito mediante la palabra más habitual utilizada en sus foros: “multiculturalidad” que ha sustituido a aquella otra que tiene connotaciones más negativas: “mestizaje”.



Así pues, la realidad obliga a constatar que:

1) Las poblaciones están reaccionando contra la globalización y el mundialismo en Europa y en el continente americano. Así pues, se está produciendo un cambio de rumbo político que es visible por la aparición de opciones populistas en Europa y por la victoria electoral de Donald Trump y de Jair Bolsonaro en EEUU y Brasil.

2) El comercio mundial remite, pero no así la economía financiera y, hasta ahora, ningún gobierno está en condiciones de poner el cascabel al gato: ¿cómo desmontar la economía financiera? ¿cómo actuar contra las grandes acumulaciones de capital sin generar una desplome de las inversiones? ¿cómo romper la santa alianza entre el capital financiero y los medios de comunicación que posibilita la realización de campañas en contra de gobiernos y formaciones políticas contrarias a la globalización? En una palabra: ¿cómo desactivar la economía financiera mundial?

3) Los factores geopolíticos cuentan en la ecuación: si bien Rusia comparte la idea de que la globalización es inviable y en esto existe un acuerdo tácito con las posiciones de Trump o de Bolsonaro, incluso con las de parte de los “populismos” europeos, no es menos cierto que, mantiene su alianza con China, principal beneficiario de la globalización y lo hace por razones geopolíticas.

4) La reducción del comercio mundial globalización no puede hacer olvidar el hecho de que treinta años de deslocalizaciones han generado desertización industrial en Europa y en América del Norte (EEUU ha perdido desde 2008, 5 millones de puestos de trabajo en el sector industrial).

5) Europa, cuya clase política que emergió en 1945 está desgastada y avejentada, huérfana de nuevas ideas, cree que el futuro sigue siendo de la globalización y que ésta tiende al mejor de los mundos. De ahí que se vea incapaz de reformar la UE y de convertirla en algo muy diferente a lo que es hoy: la pieza europea de la globalización. Esta inadecuación creciente es lo que explica que, por todas partes, aparezcan “populismos”, más o menos conscientes de la necesidad de rectificar el rumbo. Pero el problema para los “populismos” una vez lleguen al poder es que les va a resultar difícil recuperar la industria perdida en los años dorados de la deslocalización, especialmente en sectores estratégicos.

6) Nunca hay que perder de vista que la China Popular actual representa una contradicción insuperable entre en un sistema de producción capitalista y el régimen de estructura comunista. A medida que la población china vaya ganando nivel de vida y se vaya formando una burguesía lo suficientemente densa como para generar cambios políticos, aumentará la inestabilidad interna: pero el conflicto es insuperable y conduce directamente al conflicto civil. Hará falta ver si el gobierno chino no opta por la táctica habitual en EEUU: “ante conflictos interiores, mejor optar por aventuras bélicas en el exterior”.

En conclusión: la situación, a diferencia de hace cinco años cuando parecía que el “nuevo orden mundial” estaba solidificado, es extraordinariamente fluida. Y mucho más en España.


martes, 8 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (9): ¡PERO QUE PASA CON TANTO BAR DE CHINOS…!



Hasta ahora, aquel que quería zamparse un rollito de primavera, un chop-suey con gambas, un pollo agridulce o un pato laqueado, no tenía nada más que irse al restaurante chino de la esquina y por un módico precio saciarse. Igualmente, quien deseaba una herramienta de baja calidad, un cacharro de cocina poco sofisticado o un juguete para el Terminator de turno, solamente tenía que ir a un “Todo a 100” chino y ahí sabía que podría hacerse por unos pocos euros con unas objetos que prácticamente quedarían inservibles a poco de estrenarlos. Nos habíamos habituado a eso y lo dábamos como normal. Así que no me quejo de nada de todo ello.

El problema es que China tiene, más que cualquier otro país del mundo, una población excedentaria y sus dirigentes están contentísimos con que abandonen las fronteras nacionales y se busquen la vida en cualquier otro país del mundo. Por aquello de las reglas no escritas de la globalización, parece como si China tuviera la venia para exportar cualquier volumen de inmigrantes vulnerando las leyes nacionales de inmigración, especialmente en algunos países como España. Por otra parte, estos nuevos recién llegados cobran salarios de miseria, pero, de manera increíble, han conseguido hacerse con miles y miles de bares en todas las ciudades españolas. No han cambiado apenas la decoración, intentan servir lo mismo que antes y hacer como si nada hubiera cambiado.

De dónde llegan los capitales para pagar los traspasos de los bares, es un misterio que nadie parece interesado en explorar. Y sería interesante. Pero lo cierto es que, un buen día, en cientos de barrios de esta España entristecida y cuernilarga, uno va a tomar el café con leche de todas las mañana y se encuentra con que, en lugar del camarero que conocíamos desde siempre, nos encontramos con un chino hermético que apenas conoce las palabras: “café con leche”, “café solo”, “cubata”, “cerveza” y poco más. Los nuevos camareros de estos bares no parecen haber seguido ningún curso de “manipulador alimentario”, ni desde luego han salido de las aulas de ninguna escuela de hostelería. Y ahí están. De eso me quejo.

Las tapas les llegan por catering. Si antes podía identificarse por el sabor un bar propiedad de gallegos o de andaluces, si en los bares de extremeños el jamonaco partía con la pana, e incluso las cazuelas de habas a la catalana podían encontrarse en muchos bares del reino de Puigdemont, lo cierto es que ahora, se tome la tapa que se tome, en la provincia que sea, si detrás de la barra hay un rostro chino, todas saben igual y todas parecen haber salido de la misma factoría.

ME QUEJO DE QUE INCLUSO NUESTROS BARES ESTÁN PERDIENDO LAS SEÑAS DE IDENTIDAD. Se dirá que es el signo de los tiempos: globalización, mundialismo y clientela poco exigente.

Es así, pero no necesariamente debería serlo. De hecho, no es bueno que así sea. La mayoría de bares chinos tienen a un personal contratado subpagado. Ni les interesa hacer clientela, ni les interesa nada de lo que pueda interesar a los clientes. Sin olvidar que, buena parte de los que están al  otro lado de la barra –vale la pena recordarlo, y me resisto a llamarlos “camareros”- apenas sabe hablar castellano. Aquí tenemos otra muestra de empobrecimiento de la vida urbana (de la urbana y de la rural, porque nos hemos encontrado bares chinos en pueblos del interior de apenas 100 habitantes).

El cliché étnico y el tópico dice que los chinos son “guarros”. No sé si será cierto o no e incluso afirmarlo podría ser delictivo en esta España políticamente correcta, paraíso del pensamiento único. Pero la fama de “guarros” les acompaña y contribuye a disuadir a muchos, entre ellos a mí, de frecuentar bares con chinos al otro lado de la barra. Además, de tanto en tanto, me gusta conversar con el camarero. Sobre todo si lo veo todos los días. No me gusta tener a un chino hermético al que sé de sobras que no le importo nada, ni que comparte nada de aquello que me pueda interesar.
Los hijos del mandarinato tienen poco que ver con los hijos de la Vieja Europa.

¿Boicot a los bares chinos? Si quiero un restaurante indonesio, tengo un restaurante indonesio; si quiero cocina balinesa, seguro que encuentro algún local y si me apetece un kebab como los servidor en Siria o en Ankara, no faltarán. PERO COMO MUESTRA DEL ABSURDO DE LA MODERNIDAD Y DE LA GLOBALIZACIÓN, SI EN EL ENSANCHE BARCELONÉS, EN EL BARRIO EN EL QUE NACÍ, QUIERE UNAS TAPAS ESPAÑOLAS ¡¡NO LAS ENCONTRARÉ!! 

A cambio, eso sí, tendrá decenas de bares en donde me servirán el mismo café aguado, la misma ensaladilla rusa amazacotada, olivas del mismo sabor, cubatas de garrafón, todo eso sí, servido con expresión hermética. Ni siquiera podré discutir de Lao-Tsé o de Confucio con el que está al otro lado de la barra: porque apenas le interesa otra cosa más que el juego y los culebrones chinos, es hijo de su tiempo, ni siquiera de la China de siempre.

Me quejo de todo eso: de que ni siquiera los chicos de los bares son los descendientes de los constructores de la Gran Muralla o los educados en las filosofías contemplativas.

¿BAR CON CHINOS? SERÁ TU BAR, NO EL MÍO.