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martes, 6 de enero de 2026

2025-2040: LA MUTACIÓN DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL HA COMENZADO EN VENEZUELA (1). La perspectiva internacional

Venezuela es uno de los grandes países del hemisferio Sur. Hasta ahora, desde 1999 hasta 2025 nunca hemos hablado de Venezuela en Info-Krisis. Inicialmente, nos sentimos inclinados a apoyar a Hugo Chávez y su intención de romper el duopolio de los dos grandes partidos que gobernaron el país desde 1958 (los socialdemócratas de Acción Democrática) y los democristianos del COPEI). Esto generaba paralelismos con España y nos animaba examinar el proceso bolivariano con atención y prudencia. Sin embargo, a poco de llegar Chávez al poder, se hizo evidente que la esperanza que representaba se apoyaba solamente en partidos de izquierda y de extrema-izquierda.

Con el tiempo, España se llenó de emigrados políticos venezolanos. Más y más. Mientras, el régimen afianzaba sus lazos con Cuba. Cuando se produjo la sustitución de Chávez por Maduro, ya era muy evidente la deriva que estaba tomando Venezuela y que los hechos posteriores han ido confirmando: corruptelas, financiación de opciones de izquierda radical, elecciones trucadas, aumento del narcotráfico en el país, y, en lo que se refiere a España, colaboración cada vez más estrecha, tanto con la banda de desaprensivos-gansteriles que hoy gestiona el poder sanchista, como con la otra banda de desaprensivos-finolis, capitaneados por Zapatero.

Sin embargo, los sucesos que han llevado al secuestro de Nicolás Maduro y a la actual situación del régimen y de la oposición, nos obligan casi necesariamente a hablar sobre Venezuela. A estas alturas, se ha dicho todo lo que podía decirse sobre la cuestión, pero creemos que no estará de más formular una serie de preguntas y unas respuestas breves con las que resumiremos la cuestión y estaremos en condiciones de proporcionar a nuestros lectores una visión global del conflicto y del reordenamiento del orden internacional que se está produciendo.


1. ¿CUÁLES SON LAS LÍNEAS MAESTRAS DE LA POLITICA EXTERIOR USA?

Al cabo de un año, ya estamos en condiciones de entender las líneas maestras de la política exterior norteamericana impuesta por Donald Trump y que se basa en los siguientes postulados:

- Reconocimiento de que hay tres polos de poder mundial que poseen territorio, población, recursos y tecnología suficientes para seguir siendo grandes potencias en el siglo XXI: China, Rusia y EEUU. El tiempo del “unilateralismo” norteamericano ha concluido y, a partir de ahora, EEUU reconoce la existencia de tres “superpotencias regionales”.

- Reconocimiento de que la “globalización” favorece solamente a China y, por tanto, no hay que facilitar su implantación en otras partes del globo y, mucho menos, en los EEUU. Es el “America First”, tan repetido en la campaña electoral y su política arancelaria.

- Reconocimiento de que una guerra entre las tres superpotencias supondría el fin de la humanidad y, por tanto, necesidad de un reparto del mundo en “zonas de influencia”.

- Reconocimiento de la necesidad de extinguir los focos de tensión internacionales, especialmente los que afecten a los intereses de las tres grandes potencias, como garantía de una convivencia pacífica: cada superpotencia tiene sus intereses regionales y estos deben prevalecer.

2. ¿CUÁLES SON LAS “ÁREAS DE INFLUENCIA” 

DE CADA SUPERPOTENCIA?

- El área de influencia de China es el Sudeste Asiático.

- El área de influencia de Rusia son los territorios de la antigua URSS.

- El área de influencia de EEUU es el “hemisferio occidental” (eufemismo para aludir a América) desde Groenlandia y Canadá hasta la Tierra de Fuego.

Puestas así las cosas, parece muy claro que la intervención de los EEUU en Venezuela abre el camino para otras intervenciones que, sin duda, se producirán en los próximos meses:

- El ataque contra la Venezuela “bolivariana” deja prever que EEUU tolerará gobiernos de izquierdas o de derechas, mientras los intereses económicos y geoestratégicos de los EEUU no sean puestos en peligro. El ataque es, sobre todo, un aviso para la Colombia de Gustavo Petro y la Cuba poscastrista.

- El actual “proceso de paz” que se está intentando acabar con el conflicto ucraniano solamente puede terminar con la “neutralización” de Ucrania y la pérdida de las zonas reivindicadas (y, hoy ocupadas) por Moscú. Haga lo que haga la UE, el destino de Ucrania está sellado desde el inicio de los combates en 2014.

- Nunca como ahora, la República Popular China está tan cerca de resolver el contencioso con los hermanos separados de Taiwán para controlar el sudeste asiático.

3. ¿QUÉ ZONAS DEL PLANETA QUEDAN FUERA DE ESTA DISTRIBUCIÓN?

- La Unión Europea, que todavía se autoconsidera “protegida” por la OTAN y, por los EEUU, en estos momentos tiene muy poco interés para el Departamento de Estado. En Washington son conscientes de la debilidad de la UE, de que la colonización de Europa Occidental por africanos y árabes, especialmente, genera un negro futuro y que, entre 4 y 8 años, Europa está gobernada por partidos populistas, o bien se sumirá en una guerra civil racial, religiosa y social. A los EEUU no le interesa seguir apoyando a una UE que insista en políticos suicidas que lastran esa alianza. Colonizada en lo económico por China y progresivamente africanizada y arabizada, los gobiernos europeos no se han dado cuenta todavía de que el temido “decoupling” (desenganche de los EEUU de la “defensa occidental”) ya se ha producido.

- Países como Canadá, Australia, India, Pakistán, carecen en estos momentos de una línea clara en política exterior. Canadá (que entra dentro del concepto de “hemisferio occidental”) y Australia, en el fondo, son prolongaciones de Europa con problemas muy parecidos. En cuando al conflicto indo-pakistaní inhabilita a ambos países para jugar un papel internacional decisivo en las próximas décadas.

- África negra sigue siendo la zona más atrasada, corrupta y primitiva del planeta, a la que resulta inútil ayudar a la vista de que en los 60-70 años de independencia, la “ayuda al desarrollo” enviada termina inevitablemente en bolsillos particulares. La política actual de las grandes potencias en África es explotar sus riquezas naturales y desentenderse de cualquier pretensión “desarrollista”, inviable en el estercolero africano.

- El Magreb y el mundo árabe son ajenos a las tres grandes superpotencias: ninguna de las tres aprecia ni considera al islam como integrable y las tres coinciden en desconfiar de las ideas político-religiosas de esta religión. A esto se une el que tres potencias de tamaño medio se disputan la hegemonía en el mundo islámico (Turquía, Irán y Arabia Saudí). La actitud de las grandes potencias dependerá de la orientación en política exterior que adopten cada una de estas potencias de tamaño medio. Serán ellas las que tendrán que decidir a cuál de las tres superpotencias apoyarán o que cuotas de poder económico cederán a cada una de ellas.

Solo el tiempo dirá si en alguna de estas zonas se erigen nuevas potencias regionales capaces de ejercer el liderazgo en estas zonas o de recuperar, como es el caso de la UE, el prestigio y el terreno perdido desde 1945.

4. ¿QUÉ PAPEL TIENEN LAS INSTITUCIONES INTERNACIONALES 

EN EL “NUEVO ORDEN MUNDIAL”?

Tanto la ONU como sus agencias asociadas han ido cosechando fracaso tras fracaso en los últimos 20 años. En la actualidad se encuentran en una situación muy similar a la que se encontraba su precedente, la Sociedad de Naciones, tras la invasión de Etiopía por parte de Italia: ha demostrado su absoluta incapacidad para resolver problemas realmente existentes y su extrema habilidad para generar problemas: no hay que olvidar que la “crisis COVID” vino avalada por la Organización Mundial de la Salud y que, de esa institución, partieron todas las medidas absurdas para contener la pandemia, de las que la vacunación fue, sin duda, la más aventurera y poco meditada, eso sí, para mayor gloria del sector farmacéutico mundial.

Por su parte, la ONU, que debía salvaguardar la “paz mundial” no ha resuelto ni un solo conflicto en décadas y, sin embargo, ha perdido el tiempo lanzando iniciativas “ideológicas” más que cuestionables: Agenda 2030, matriz del wokismo y de todos los estupefacientes “progresistas” hoy en distribución, antes los Objetivos del Milenio, incluso la muy zapateriana Alianza de Civilizaciones, sigue teniendo una existencia larvada en el edificio de las Naciones Unidas y, por supuesto, la “ideología del cambio climático”, hasta no hace mucho eran incuestionables y dogmas seguidos por todos los gobiernos. Hoy, han pasado a ser símbolos del fracaso de unos organismos internacionales caídos en manos de alucinados, elementos sectarios, negociantes de pocos escrúpulos y ONGs de pobres espabilados.

Los organismos internacionales creados en 1945, siguen existiendo, pero están cada vez más desprestigiados e inoperantes. Solamente algunos “progresistas” europeos y lo que queda de la socialdemocracia, siguen albergando algún respeto hacia ellos.

 









martes, 4 de marzo de 2025

La nueva geopolítica mundial (II): ¿Qué es lo que está cambiando?

 

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¿Qué es lo que ha cambiado en la geopolítica mundial?

La geopolítica nació para justificar (mucho más que para explicar) los distintos expansionismos nacionalistas del siglo XIX y, por tanto, está vinculada a la Segunda Revolución Industrial, período en el que aparecieron los distintos nacionalismos y fue la época dorada del colonialismo. A partir de 1945, la única geopolítica válida y aplicable a la realidad fue la enunciada desde los EEUU: es decir, “el atlantismo”. Fue la victoria del “poder marítimo – comercial” sobre el poder estatal terrestre. Y, entre 1989 y 2001, esa victoria fue total y coincide con el inicio del período globalizador que entraría en crisis en 2007 y se desmoronaría definitivamente con el inicio del conflicto ucraniano. A partir de 2021, los paquetes de sanciones impuestos por EEUU a Rusia, tenderían a estrechar la alianza de los “países BRICS” y a enterrar las fantasías de un “mercado único global”.

En esa nueva situación, la administración Biden (que estaba aupada por el “dinero viejo”, por las dinastías económicas vinculadas al capital especulativo, al mundo de la banca y de las finanzas, a las multinacionales y al complejo militar-industrial) siguió considerando a Rusia como el “único enemigo geopolítico”, fieles de estricta observancia de la geopolítica enunciada en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Pero se trataba de una visión esclerotizada de la política mundial que ignoraba los elementos nuevos que se habían incorporado a la ecuación.

Y son esos nuevos elementos los que han sido, finalmente, reconocidos por la nueva administración norteamericana, mucho más realista, mejor orientada de cara al futuro y con apoyo electoral suficiente como para imponer una nueva línea en política exterior. Una línea que se traduce en un nuevo diseño geopolítico, basado en los siguientes principios:

1. Rusia ha dejado de ser “el enemigo”

Para la nueva administración norteamericana, Moscú ya no es el enemigo. No solamente no propone un sistema comunista, sino que no muestra ninguna ambición expansionista. Pero, eso sí, es extremadamente celosa con su seguridad y con su soberanía. La administración norteamericana, por primera vez desde 1945, ha podido constar que Moscú ni desea exportar una ideología, ni incorporar otros territorios y que, todos aquellos que acusan a Rusia de querer “incorporar a Polonia” a su territorio o de preparar la “invasión de Rumania”, no son más que patanes, loros que repiten lecciones que otros han redactado, o simplemente mentirosos que diariamente son desmentidos por los hechos. Y lo que es aún mas importante para los EEUU: Rusia no aspira a la hegemonía mundial, ni siquiera a desestabilizar a adversarios geopolíticos. Los territorios de los que dispone son inmensos, interminables, especialmente en Siberia, absolutamente inexplotados, reservas naturales de petróleo, gas, tierras raras y demás minerales estratégicos. Todo lo que necesita para impulsar su crecimiento económico está en el interior de sus fronteras. En buena lógica, ni el gobierno Putin, ni los gobiernos que le sustituirán aspirarán jamás a desestabilizar a adversarios geopolíticos o a imponer gobiernos “comunistas”.

2. Si Rusia no es “el enemigo”, la OTAN no es tan importante para EEUU

Este reconocimiento de que Rusia ya no es el enemigo geopolítico, devalúa la importancia de la alianza atlántica: si Rusia no tiene aspiraciones territoriales, Europa no está en peligro, por mucho que sus élites al servicio del “dinero viejo”, repitan una y otra vez que el Viejo Continente está amenazado por Rusia. Los envíos de gas de Rusia a Europa han demostrado suficientemente que, desde Moscú, se mira a la UE como un “cliente”. Lo único que Rusia no está dispuesta a ceder es en la instalación de los misiles de la OTAN en las puertas de su frontera y a 15 minutos de sus objetivos en Moscú. La administración Trump no está dispuesta a disolver la OTAN, pero si a sumirla en la irrelevancia estratégica. De ahí la necesidad tantas veces proclamada por Donald Trump de que “Europa debe aumentar su presupuesto de defensa”… lo que, en otras palabras, quiere decir que “Europa debe defenderse a sí misma”. A diferencia de las anteriores administraciones norteamericanas, Donald Trump no está dispuesto a ejercer críticas a sus aliados, pero tampoco a romper con ellos. Por el momento, todo se reduce a pedirles que aumenten sus presupuestos de defensa y se rearmen… consciente de que ese rearme supondrá un incremento de ingresos para el complejo militar-industrial que, al menos en una generación, no tendrá necesidad de nuevas guerras para dar salida a lo producido en sus fábricas: Europa pagará su defensa… que nunca será “ofensiva” frente al poder ruso. Por lo tanto, la paz quedaría asegurada en Europa.

3. Y, por tanto, la OTAN no es una prioridad, ni Ucrania una necesidad

La OTAN seguirá existiendo, aunque languidecerá. La falta de liderazgo en Europa, la ausencia de cualquier sentido de realismo por parte de los distintos jefes de Estado y de gobierno europeos, garantiza la irrelevancia de Europa en las próximas décadas. Ni el rearme se consigue de un día para otro, ni Europa está en condiciones de afrontar enemigos exteriores, a la vista de que, como se encargó de recordar J.D. Vance, vicepresidente de los EEUU, en la Conferencia de Seguridad de Múnich: el enemigo de Europa “ya está dentro de Europa”. La triste realidad es que Volodimir Zelensky creyó en las promesas de la administración Biden y en las seguridades dadas por el “dinero viejo” que le aconsejaron entrar en la OTAN y en la UE, sin pensar que las elecciones celebradas cada cuatro años, podrían dar un vuelco a la situación internacional. La alianza entre el sector tecnológico (el “dinero nuevo”) y el nuevo conservadurismo, ha roto las esperanzas de una integración de Ucrania en la OTAN y alejado el sueño del complejo militar-industrial y del “dinero viejo”: ampliar la guerra, multiplicando las destrucciones y la quema de armamentos, para aumentar la cuenta de beneficios, tanto durante la guerra como en la posterior reconstrucción. Pero, el “dinero viejo” ha sido derrotado en las pasadas elecciones norteamericanas y solo tiene peso en los países europeos. Zelensky, ante esta realidad, se ha quedado en la cuerda floja: abandonado por los EEUU, sostenido solamente por países europeos que no han advertido todavía su irrelevancia, sin ninguna as en la manga, con las peores cartas de la baraja y sin posibilidades de ligar ninguna alternativa (como se encargó de recordarle Trump), recibe abrazos de Starmer, Macron y Sánchez, que no pueden aportarle ninguna ayuda efectiva, sino créditos a devolver y un plan de paz irreal que básicamente consiste en que fuerzas pertenecientes a países de la OTAN constituirían la “fuerza de paz” presente en Ucrania… justo lo que desencadenó la guerra en febrero de 2022.

4. Sólo el “dinero viejo” sigue considerando a Rusia como su enemigo.

En anteriores artículos hemos señalado la contradicción entre dos formas de capitalismo avanzado: el “dinero viejo” y el “dinero nuevo”. En otras palabras, a un lado, el dinero procedente de las multinacionales, de los fondos de inversión, del préstamo con interés, del complejo militar-industrial de los EEUU y de la actividad financiera clásica; de otro, el dinero procedente del capital-riesgo y de las empresas tecnológicas. Ambas representan dos estadios sucesivos del capitalismo: el vinculado a la Segunda y Tercera Revolución Industrial y el vinculado a la Cuarta, actualmente en curso. El “dinero viejo” apoya las políticas clásicas surgidas desde 1945 y, tiene una concepción surgida de la Guerra Fría: “Rusia es culpable”. Necesita “enemigos” y guerras para multiplicar sus beneficios. Por otra parte, está vinculada al comercio mundial y precisa un sistema globalizado cuyos garantes son las estructuras internacionales surgidos de la derrota de 1945: la ONU y sus agencias, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional. El “dinero viejo”, políticamente, mantiene a los partidos de centro-derecha y centro-izquierda como únicas alternativas y tiende a adjetivar todo lo que escapa a su control como “extrema-derecha”, o “gobiernos antidemocráticos”. Su discurso es inmovilista en relación a la Guerra Fría, sin advertir que la Cuarta Revolución Industrial está afectando radicalmente a las sociedades y que las fórmulas que en otro tiempo fueron eficientes, están hoy esclerotizadas, especialmente las políticas (partidocracia, subordinación de la política a la economía). El “dinero viejo”, en particular, teme que Rusia, a través de los BRICS, precipite el final del orden económico mundial.

5. Y el “dinero viejo” es el que marca la agenda política europea.

El orden mundial surgido en 1945 se aplicó especialmente en Europa, y durante ocho décadas, el continente fue dirigido por partidos de centro-derecha y de centro-izquierda (democristianos y socialdemócratas), primero la Europa Occidental y después de 1989, el resto del continente. Pero, poco a poco, los efectos negativos de la globalización y de su “pata europea”, la UE, ha ido restando apoyo electoral a estas opciones que, finalmente, con la estrategia del “cinturón sanitario” han revelado lo que verdaderamente son: un “partido único” en el que todas sus tendencias están de acuerdo en lo esencial: mantener el statu quo mundial, aceptar la globalización y sus instituciones (la UE, en concreto), ver a Rusia -el país más refractario al poder del “dinero viejo” y de las instituciones internacionales- como “el enemigo” y mantener como apestados y marginados a todos aquellos que critiquen la decadencia europea, la llegada masiva de inmigración, la multiculturalidad. En la práctica, el “dinero viejo”, hasta ahora, ha tenido una orientación política única: ha priorizado a las opciones “progresistas” frente a las “conservadoras”·(la única derecha a la que apoyaban era la “derecha progresista”) que era, justo lo que proponían los centros de poder económico: la Comisión Trilateral, el Foro de Roma, el Club Bildelberg, el Foro de Davos. El poder político en Europa está, en la actualidad, ligado directamente a opciones dependientes de todas estas instituciones económicas. Y este es el principal factor de degradación de la vida político-económica y cultural en Europa

6. Las fortalezas del “dinero viejo”: ONU, Agenda 2030 y UE.

A partir de los años 90, resultó evidente que las organizaciones internacionales, concluida la Guerra Fría, estaban asumiendo un papel para el cual no habían sido creadas: si hasta ese momento, se habían limitado a intervenir en algunas situaciones de crisis internacional, a enviar “fuerzas de interposición” en “zonas calientes” y su organismo esencial era el “Consejo de Seguridad”, a partir de mediados de los 90, pasaron a ser instrumentos para impulsar un “gobierno mundial” y laboratorios del “nuevo orden mundial”: establecieron, inicialmente, “objetivos del milenio”, tras cuyo fracaso, optaron por transformar en “Agenda 2030”. El “prestigio internacional” de la ONU y de sus agencias, hizo que, de ser un foro de gobiernos de los distintos países, pasaran a ser un laboratorio de ideas y de propuestas progresistas que emanaban de gentes a las que nadie había elegido (una burocracia funcionarial) y que proponían a los gobiernos nacionales tomas de posición que iban en contra de sus intereses nacionales y de la propia lógica. La ONU estableció las prioridades del “progresismo” a través de la Agenda 2030: multiculturalidad, idea del cambio climático antropológico, de la “huella de carbono”, de las energías verdes, de la libre circulación mundial de personas, de los “estudios de género”. Pues bien, solamente la UE ha asumido la totalidad del programa suicida incluido en la “Agenda 2030” que ha pasado completamente desapercibido en otros continentes. Y esto ha supuesto lo que algunos han definido como “la soga verde” que está liquidando con pasos agigantados, la industria, la prosperidad y el trabajo en Europa para mayor gloria de la “Agenda 2030”. En la medida en que es en Europa donde se han conquistado más derechos sociales, el “dinero viejo” ha optado por destruir el tejido industrial (mediante la deslocalización y la conversión en una zona de servicios) y social (a través de la inmigración masiva y la multiculturalidad) europeo. Y esto se ha hecho y se está haciendo a través de la UE.

7. Los BRICS: como alternativa al dólar y la hegemonía norteamericana.

Hasta la administración Biden, los EEUU consideraban a Europa como su “protectorado”. Los propios gobernantes europeos se consideraban “aliados” de los EEUU, olvidan que los “imperios” no tienen aliados: tienen “súbditos”. Estaban convencidos de que la globalización prosperaría sin menoscabo para Europa y, por tanto, sin alteraciones en su relación con los EEUU. Sin embargo, la situación mundial estaba cambiando y solamente la narcosis en la que habían caído los gobiernos europeos provocada por los “objetivos del milenio” o por la Agenda 2030, les impedía ver una realidad mundial cambiante: el inicio del conflicto ucraniano en 2022 evidenció algunos de estos problemas: los dieciséis “paquetes de sanciones” ordenados por la administración Biden contra Rusia, generaron más dificultades a la UE que a Rusia: el precio del gas y del petróleo se encareció. Amparados en la creencia de que “todo el mundo” respaldaba a Ucrania no advirtieron que la mayor parte del mundo estaba, precisamente, apoyando, activa o pasivamente, la posición rusa. Países como China, India, Irán, se ubicaban en una posición neutral que, de hecho, era favorable a los intereses rusos. Los países BRICS, ralentizaron -pero no descartaron- la creación de una nueva moneda de cambio internacional que compitiera con el dólar (que siguen teniendo como proyecto). No hay que olvidar que los países BRICS, tienen como objetivo un mundo multipolar que no era, precisamente, el diseño del progresismo norteamericano: un mundo globalizado con un único gendarme mundial y una única moneda de cambio internacional, el dólar. Sueño en el que los EEUU han persistido hasta el cambio de administración y se ha impuesto el realismo y el sentido común. Es significativo que, en este contexto, la voz de la UE haya estado completamente ausente y los distintos gobiernos europeos hayan seguido las órdenes de la administración Biden en el tema de las sanciones a Rusia: pero es más significativo todavía que los medios de comunicación de la UE insistieran en la “soledad de Putin”, en que “la invasión de Ucrania ha aislado a Rusia”, cuando en realidad, lo que había ocurrido es que la globalización había saltado por los aires: de repente, desapareció el “mercado único mundial”, el comercio volvió a tener fronteras (generadas por las sanciones a Rusia, adoptadas solamente por la UE). ¿Qué había ocurrido? Acaso el “dinero viejo” no buscaba un modelo globalizado. Sí, pero cuando hablamos de “capitalismo” y de “dinero viejo”, no debemos pensar que éste es una realidad homogénea: en su interior existen distintos intereses: el conflicto ucraniano fue el resultado de la presión del complejo militar-industrial norteamericano, por una parte, y del sector energético para aumentar sus ventas en la UE.

8. El intento trumpista: aproximarse a Rusia para que se aleje de China

El “American First” de Donald Trump no puede extrañar a nadie. Es una consigna lógica: mucho más absurdas son las políticas europeas de “Europa tierra de acogida” o el “Welcome refugies”, por no hablar de renunciar a la autonomía alimentaria para promover la economía marroquí... En realidad, los países BRICS habían descubierto el trumpismo ante litteram: sus países primero, por encima de un orden mundial querido por el “dinero viejo” que les perjudicaba. Si en política interior, la administración Trump ha marcado claramente sus prioridades (reconstrucción de infraestructuras, relocalización empresarial, crear puestos de trabajo en el sector industrial), falta definir una política internacional que considere a los países BRICS como actores internacionales y potencias emergentes. Y aquí el vuelco ha sido histórico: el conflicto ucraniano ha dado la excusa a los EEUU para cambiar sus alianzas y sus prioridades geopolíticas. Europa ya no es el aliado preferencial. La política trumpista está tratando de aproximarse a Rusia para hacer que este país sea equidistante tanto de EEUU como de China y evitar así que el frente de los países BRICS erosione para siempre el poder del dólar y, por tanto, sea un menoscabo para los EEUU. Es una apuesta arriesgada, pero que confirma una realidad: EEUU, Rusia y China son el tríptico sobre el que descansa la geopolítica mundial. La capacidad de producción industrial china es muy superior a lo que su propio país puede absorber y, por tanto, precisa de exportaciones. Esto choca con la política de relocalizaciones y rearme industrial de la administración Trump. La esperanza de la administración Trump es que un parón en la actividad comercial china, genere problemas en el interior del país y obliguen a China a cambiar su política comercial al tiempo que aumentan las contradicciones entre el Partido Comunista y las empresas tecnológicas chinas. Pero, el punto débil de esta estrategia es si Rusia optará por aproximarse a EEUU o bien mantendrá su cooperación con China dentro de los BRICS. Para Rusia, lo esencial, seguirá siendo su seguridad y la exportación de productos energéticos a cualquiera que se lo solicite. China, por su parte, mantiene fundadas esperanzas en alcanzar la hegemonía mundial en los próximos años: para ello cuenta con población homogénea, territorio, riquezas en minerales estratégicos y tecnología, pero su debilidad es la dependencia del comercio mundial. Debilidad que no afecta a Rusia y de la que los EEUU quieren protegerse relocalizando industrias e impulsando la reforma del sector primario para alcanzar autonomía alimentaria.

9. La globalización añorada por el “dinero viejo”

Hasta ahora, el principal beneficiario de la globalización ha sido, en términos nacionales, la República Popular China. Esto genera una alianza objetiva entre el “dinero viejo” (partidario de la globalización y las deslocalizaciones) y el conjunto chino (Partido Comunista y empresas tecnológicas). China es consciente de que su gran enemigo, no es, en realidad, el conservadurismo norteamericano, sino la alianza de éste con las empresas tecnológicas de EEUU y que es en el terreno de las nuevas tecnologías en donde se dirimirá la hegemonía mundial. Pero hay contradicciones importantes: el “dinero viejo” nació de la explotación capitalista durante la primera y en los orígenes de la segunda revolución industrial. Esta explotación generó dos fenómenos opuestos como protesta y reivindicación de las clases trabajadoras: el fascismo (nacido en las clases medias, con vocación nacionalista y social) y el comunismo (nacido en la clase obrera, con vocación internacionalista y social). El actual gobierno chino ha unido lo peor del capitalismo (consumismo, derechos sociales disminuidos, grandes acumulaciones de capital) a lo peor del comunismo (sometimiento al Estado, falta de libertades cívicas, pensamiento único obligatorio). Tal es la realidad del eslogan: “un país, dos sistemas”. Por su parte, el “dinero viejo”, tendía hacia una realidad similar a escala mundial: sometimiento del Estado a la economía, gobierno de las grandes acumulaciones de capital, consumismo, recorte creciente a las libertades, pensamiento único. Su eslogan, en la práctica, era “un mundo globalizado, un único sistema mundial”… pero, en el fondo, lo que más se parece al proyecto globalizador es lo realizado por China, su máximo beneficiario junto con las élites mundialistas propietarias del “dinero viejo”. De ahí que, el problema no sea la política exterior y comercial china, sino su alianza objetiva con las élites occidentales propietarias del “dinero viejo”, el enemigo jurado de la alianza temporal entre el conservadurismo norteamericano y los propietarios de las empresas tecnológicas. Aquel que logre romper primero las alianzas del contrario, es el que saldrá victorioso de este conflicto: o la alianza entre el Partido Comunista Chino y las tecnológicas del país, o la alianza entre los conservadores y las tecnológicas norteamericanas.

10. Del Atlántico Norte al arco del Pacífico.

Pero el elemento más destacado de la nueva situación internacional es el reconocimiento explícito de que el eje de la economía mundial, ya no se sitúa, como durante todo el siglo XX en el eje Europa-Estados Unidos (esto es, en el “Atlántico Norte”), sino en el eje Asia-Pacífico. Y allí nuevos actores entran en juego: Taiwán, Australia, Filipinas, Japón, Corea, el sudeste asiático… además, naturalmente, de los dos polos de atracción, EEUU y la República Popular China. En esa zona es donde se encuentra concentrada la mayor parte de la población mundial y, por tanto, los nuevos y más prometedores mercados de consumo. La administración Trump ha entendido perfectamente que, para tratar de emancipar a Rusia de la amistad con China, es preciso acabar con la guerra de Ucrania que, desde el principio, solo ha tenido interés para el complejo militar-industrial norteamericano. Esa actitud pacifista, muestra de mano tendida de EEUU hacia Rusia, mientras que los gobiernos europeos, todos ellos debilitados por la mezcla étnica, la partidocracia terminal y la ignorancia del rechazo a sus políticas (que se muestra en el crecimiento del “euroescepticismo” y en el voto a los partidos “populistas”, sometidos al cerco del “cinturón sanitario”), todavía no han entendido que ya no representan nada en el contexto político mundial. Siguen viéndose a sí mismos, como las potencias coloniales que fueron en el siglo XIX o con pretensiones de ganar protagonismo en política internacional que haga olvidar sus errores, sus omisiones y sus fracasos, tanto en sus respectivas políticas nacionales, como en la política de la UE. Derrotado en EEUU, derrotado por la política cotidiana cada vez en más países europeos e iberoamericanos, derrotado por el fin de la globalización, el “dinero viejo” tenderá a hacer de la UE su refugio: convertir a la UE en el “islote woke mundial”, seguir manteniendo los objetivos de la Agenda 2030, y esperar mejores tiempos para que el “cordón sanitario” pueda mantenerse por tiempo indefinido y a despecho del electorado europeo que cada vez con más fuerza pide un cambio radical. Cambio que, por supuesto, ni los Sánchez, ni los Draghi, ni los Von der Leyen, ni los Schwab, ni los Macron, ni los Merz, ni los Trudeau en Canadá, todo ellos “hijos de Soros”, ni están dispuestos a llevar a cabo, ni sabrían cómo hacerlo sin traicionar al “dinero viejo” del que son sus últimos valedores.

                  













lunes, 28 de febrero de 2022

YA NO QUEDA NADA POR DECIR SOBRE UCRANIA, ASÍ QUE VAMOS A LO IMPORTANTE

Parece como si los blogueros estemos obligados de hablar sobre Ucrania, tanto como hace unas semanas parecías “negacionista”, si no aludías al Ómicron, y antes tenían que lanzar piropos hacia el complejo LGTBIQ+ o eran un “machista homófobo”, y antes era obligatorio hablar sobre la crisis económica, y más atrás, sobre el “terrorismo internacional”, etc, etc, etc. Y, en realidad, los blogueros solamente estamos obligados a hablar de los que nos apetece: si fuéramos tributarios de la actualidad estaríamos trabajando para algún medio y no de manera independiente. Sinceramente, creo que ya no se puede decir nada más -al menos por nuestra parte- sobre la “crisis ucraniana”. Lo resumiré así:

CÓMO ESTÁ EL CONFLICTO UCRANIANO EN SU FASE DESCENDENTE

La actual fase de la crisis fue iniciada por Occidente formulando una invitación a Ucrania, para ingresar en el club OTAN-UE.

- Existía una guerra irregular en las republicas que hace ocho años se escindieron de Ucrania al estar compuestas por rusos y que, como Crimea, manifestaron su decisión en referendos irreprochables.

- Era, visiblemente, un pulso propagandístico entre la OTAN y Rusia, absurdo, porque la Rusia de Putin, no solamente no ha formulado ninguna ambición o reivindicación territorial sobre Europa del Este, ni por supuesto es comunismo, ni tiene intenciones de restaurar un régimen bolchevique, ni siquiera de extender el “izquierdismo”, ni ha manifestado ningún tipo de agresividad, sino porque Europa depende en grandísima medida de la energía vendida por Rusia.

- La escalada de agresividad, especialmente de Biden, la grandilocuencia del “defenderemos a Ucrania”, se ha saldado con el inicio de una operación LOCALIZADA y limitada por parte de las FFAA rusas que ha sido presentada en “Occidente” como una “invasión” y un ataque a “todo” el territorio ucraniano y como si se combatiera encarnizadamente en cada esquina y en cada ciudad. Y para ello, se han utilizado imágenes de otros conflictos, de videojuegos o simples montajes ad hoc.

- Después del tercer día, cuando Zelensky experimentó la certidumbre de que los cantos de sirena de Occidente no tenían la más mínima posibilidad de traducirse en una intervención militar efectiva a su favor, optó por lo que, desde el principio, era la solución más racional al conflicto: proponer el cese del conflicto, a cambio de la neutralidad de Ucrania. Asunto zanjado.

- Esta solución, sobre la que se está trabajando, redimensiona a la OTAN, reducida, de aparato “militar” a simple organismo de “operaciones psicológicas” y a los dirigentes de la UE -empezando por Borrell- como verdaderos bocazas. El problema es que,

Putin, quiere a Zelensky fuera de la jefatura del Estado, no sea que, dentro de unos meses, dé una nueva pirueta. Y la presencia de Zelensky y de la oligarquía ucraniana en el poder, es lo que va a hacer que las “operaciones psicológicas” de la OTAN, sigan dando la murga y distribuyendo fakes durante unas semanas.

Sobre los refugiados y sobre la “acción humanitaria”, ya se ha hablado suficiente: total, 5.000.000 más de “refugiados” -como ha anunciado la UE- llegados a Europa, no son nada nuevo. Lo que ocurrirá, lo sabemos todos: cuando cese el conflicto, la mayoría de ucranianos, retornarán -salvo los que tengan algún tipo de responsabilidad política pendiente- y los 5.000.000 de refugiados procederán de Asia, de África y del mundo árabe, y nadie se sorprenderá por ello.

Y ESTO NOS LLEVA A OTRO PUNTO: EL ADOCTRINAMIENTO CULTURAL

Y esto nos llega al tema que hoy, verdaderamente, me interesa. Porque, sobre Ucrania, como suele decirse, “está todo el pescado vendido”. Como saben algunos lectores, paralelamente al Info-Krisis, llevo una web de “series de televisión”, seriesTVinfo, que os invito a visitar. Tiene audiencias aceptables y lleva cinco años en activo y a fecha de hoy se han analizado y criticado 2.375 series emitidas por las televisiones (desde los años 50) y por los streamings actualmente existentes. Una de ellas, La vuelta al mundo en 80 días, estrenada el 24 de febrero de 2022, en Movistar+, ha colmado mi paciencia.

En efecto, el clásico de Julio Verne ha sido convertido en un instrumento de adoctrinamiento -otro más- en favor de la “corrección política”, “de la igualdad” y de todos y cada uno de los ideales del “nuevo orden mundial”. Os sugiero que leáis la crítica que me he visto obligado a hacer a esta serie: La vuelta al mundo en 80 días, “revisión” infame.

La serie (y cientos de productos que, especialmente, en los últimos tres o cuatro años, han invadido los streamings y que he renunciado a comentar, no tanto por su mensaje de adoctrinamiento sino por su bajísima calidad) tiende a difundir una serie de ideas pervertidas de las que podemos extraer un patrón:

1) Cualquier relato clásico de la literatura europea, o, incluso, episodios históricos, ocurridos o situados en siglos anteriores, se interpretan con la lógica del siglo XXI y, no solo eso, sino con la intencionalidad de mostrar que SIEMPRE ha ocurrido eso: Zeus era negro, la corte la Princesa Española estaba formada por árabes y negros, Ana Bolena -la pobre Ana Bolena- era una africana de tomo y lomo, Arsenio Lupin, por supuesto, era también africano, etc, etc, etc.

2) Cuando el crítico resalta estas incoherencias “étnicas”, siempre sale el talibán de la corrección política, argumentando que se trata de un “comentario racista”. Y la palabra, suele inmovilizar al crítico que decide dar explicaciones. En realidad, “explicaciones” existen: en general estos productos culturales, son, simplemente, malos (y otro tanto ocurre con las series LGTBIQ+), su intención adoctrinadora, es superior a sus cualidades estéticas o narrativas, hemos visto a actores geniales fracasar en series de este tipo (David Tennant, por ejemplo, se hunde en su interpretación del Phileas Fogg de La vuelta al mundo en 80 días).

3) Estas series no torpedean solamente la identidad europea, sino la propia historia y el pasado europeo. Tienden a demostrar que “negros” siempre han existido en Europa (hemos llegado a ver series en las que las legiones romanas, tenían un alto contingente de árabes y negros, o incluso poblaciones de la Anglia romana en la que los más respetados de la tribu eran africanos… Britannia, por ejemplo). Se trata, repetimos, de presentar la excepcionalidad étnicas del siglo XXI (solamente hay mezcla étnica en “Occidente”, en absoluto en Asia o África (que se considera un continente “negro”… mientras que Europa no puede, de ninguna manera, ser presentada como el continente “blanco”), como si otras razas hubieran estado siempre presentes y, mediante esta “mentira piadosa”, facilitar la “integración” de grupos étnicos que ni se sienten europeos, ni quieren serlo, ni les interesa serlo.

4) Este tipo de cine tiende a criminalizar todo lo europeo y, muy especialmente, el colonialismo europeo, especialmente en África y Asia. La serie que comentamos sobre el clásico de Verne, es un paradigma: Phileas Fogg es una especie de sparring para todas las razas de color, presentado, además, como un perfecto imbécil (rasgo con el que Verne jamás lo pinto), permanentemente sacado de apuros por su criado (Passepartout, convertido, como no podía ser de otra forma en un “francés negro”) y por la periodista que les sigue (la igualdad feminista exige que junto a un protagonista varón blanco, vaya una mujer, como si Don Quijote fuera acompañado por una escudera regordeta, sarcástica y bonachona, Doña Sancha Panza). La cuestión es que se da por supuesto que todas las “colonizaciones” fueron idénticas y que la acción depredadora de los anglosajones por todo el mundo o de Leopoldo de Bélgica en el Congo, es el paradigma de cualquier colonización, incluso de la española en América. La idea a transmitir es: “vosotros, europeos, hicisteis daño a los países que colonizasteis y ahora debéis de pagar admitiendo todo tipo de inmigración”. El problema es que los europeos de hoy, no tenemos porqué pagar los errores y las culpas reales o supuestos de nuestros tatarabuelos, especialmente porque África y Asia son independientes desde hace décadas y, al menos, en lo relativo a África, no parece que les vaya muy bien.

6) La conclusión final a la que nos pretenden llevar los adoctrinadores no es otra que la creación de una sociedad multiétnica e igualitaria, mestiza en todos los sentidos (como si entre las sinfonías de Beethoven y el tam-tam pudiera establecerse una “fusión”), en la que no hay espacio, no solamente para criterios de “superioridad” e “inferioridad”, sino que cualquier desigualdad, incluso la propia “diferencia”, debería ser proscrita en beneficio de un mestizaje igualitario homogeneizado. El problema es que, tal como podía preverse, el avance hacia ese modelo de sociedad, no se realiza, ni pausada, ni esperanzadoramente, sino que, cada vez, se evidencia más su imposibilidad. Basta con leer la prensa o, simplemente, acercarse a un bar y oír las conversaciones: la delincuencia está a la orden del día, la peligrosidad de los “recién llegados”, desdice por completo su voluntad de integración (el 80% de los detenidos en la ciudad de Barcelona proceden de grupos étnicos extraeuropeos). Por eso, en todos los países europeos están prohibidas las estadísticas con base “étnica” (lo que resulta imprescindible a la hora de establecer “perfiles” delictivos). Y lo que es todavía más grotesco: nadie se llama a engaño. Es un secreto a voces que la llegada masiva inmigración, ha generado un aumento de todos los problemas en el interior del continente europeo: desde bajas salariales, hasta delincuencia con todo lo que conlleva, pasando por problemas de convivencia en los barrios, problemas culturales, sobrecargas en el sistema sanitario, en el sistema educativo, en las subvenciones y ayudas sociales (porque, a fin de cuentas, las bolsas de inmigrantes son grupos clientelares subvencionados que paga la clase media europea), etc, etc, etc.

7) No se pretende “convencer”, SINO INTIMIDAR, a la mayoría de la opinión pública. No se aspira a que la población acepte el “adoctrinamiento” acelerado en materia étnica, sino algo todavía peor: acallar, mediante las palabras clave (“racismo”, “discriminación”, “odio”, etc) a cualquiera que perciba la naturaleza del problema y alerte sobre ella.

LA ABOLICIÓN DE IDENTIDADES COMO OBJETIVO FINAL

La única cuestión es porqué en los últimos años todo esto, que no es más que una consecuencia del delirio mundialista y universalista promovido por algunos centros de poder real (en especial el Foro Económico Mundial y su punta de lanza mundialista, la UNESCO) ha acelerado el paso en los últimos años, en cuatro terrenos: antirracismo, cambio climático, LGTBIQ+, e “igualdad”. La respuesta está muy clara: a corto plazo, el sistema económico mundial globalizado es inviable. El desplome económico que puede producirse en cualquier momento (con una economía lastrada por la deuda y por procesos inflacionistas que repercuten en la bajada de poder adquisitivo de los salarios, el aumento constante de cargas fiscales para satisfacer la ambición desmedida de la clase política y las bolsas neutralizadas en tanto que subsidiadas), hay que llegar a ese momento -a la vuelta de la esquina- con todas las “identidades” (nacionales, étnicas, sociales, sexuales, religiosas), abolidas, o de lo contrario, cualquiera de estas “identidades” podrá ser utilizada para reconstruir una situación de normalidad, lo que implicaría el enterramiento del proyecto mundialista.

Por eso hay que estar pendientes de los nuevos productos culturales que se van lanzando, especialmente en los streamings propiedad de los grandes fondos de inversión, de las dinastías económicas tradicionales y del “dinero nuevo” surgido al calor de las nuevas tecnologías de Silicon Valley.

Y eso me preocupa mucho más que el futuro de Zelensky o la operación de castigo de Putin que, por mucho que lo diga Borrell -¿os habéis fijado que cada vez tiene los ojos más cerrados, hasta el punto de que cabe preguntarse si su miopía política no es fruto de algún trastorno de la edad?- no llegará ni a Salt, ni a las rías gallegas, ni a Cádiz… que por cierto tienen problemas muy graves de los que la marejada Covid, la LGTBIQ+, la ideología del cambio climático y el “terrorismo internacional”. Creo que, si en el tema ucraniano está todo el pescado vendido, ahora hace falta volver la vista a problemas reales y cotidianos, que, por lo demás pueden resolverse fácilmente. Porque al campo si se le pueden poner puertas y porque 25 años de inmigración masiva (la cosa empezó en España con Aznar en 1996) ya han demostrado a lo que lleva. Ahora es el momento, de recuperar nuestra identidad en todos los terrenos. Solo de eso. Nada más que de eso.

 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Entrevista a Ernesto Milá...


Entrevista realizada hace algunos meses con cuestionario realizado por Ediciones Camzo para incluir en un texto de su fondo editorial.

¿Podría resumirnos cuál es el núcleo de su idea sobre la renovación de España?

Es muy simple y se puede resumir en unos cuantos puntos muy esquemáticos:

1) Desde la Generación del 98 no se ha realizado una actualización de los principios del patriotismo español ni se ha realizado una revisión en profundidad de la idea de España. Esto ha generado que esa idea haya quedado envejecida, que sea inadecuada para el tiempo presente y que resulte urgente replantearla.

2) Se suele aceptar que el Imperio de los Austrias es el momento culminante de la historia de España, pero se olvida la falta de sentido geopolítico de Carlos I y en especial de Felipe II que obligaron a España a combatir en dos frentes incompatibles entre sí: en Europa y en la colonización de América.