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martes, 13 de enero de 2026

LA IZQUIERDA CADA VEZ MÁS RACISTA… CONTRA LOS BLANCOS (1, Francia)

 

El pasado 12 de enero, Vozpopuli publicaba un artículo titulado Melenchón promueve el racismo contra los blancos en Francia para conseguir el apoyo de la minoría negra. Melenchón es el líder de la extrema-izquierda francesa, partido mayoritario en las pasadas elecciones generales francesas, el Nuevo Frente Popular… Se declara "magrebí europeo" (nació en Tánger en 1951) para no olvidar el caladero musulmán con orígenes norafricanos. Melenchon ha acentuado los rasgos etnocidas de la formación que ya no oculta su odio hacia la raza blanca. Pero no es solo Melenchon el que plantea unilateralmente esta política: vamos a pasar revista a las declaraciones e historiales de su círculo más íntimo sobre la cuestión del racismo antiblanco.

MELENCHON, LA HISTORIA PSICOLÓGICA DE UN ETNOCIDA

De joven, Jean Luc Melenchon, perteneció a la Organización Comunista Internacionalista, un grupo trotskysta dirigido por Pierre Lambert que entró en ruptura con el grupo mayoritario de la IVª Internacional y fundó un Comité Organizador para la Reconstrucción de la Cuarta Internacional en 1971. Todos estos grupos políticos han seguido malviviendo, fusionándose unos con otros, escindiéndose entre sí, extinguiéndose y lanzándose acusaciones mutuas. Sin duda, la que pareció más creíble en su momento fue la de que Lambert era un agente encubierto de la CIA durante la “guerra fría” cuya misión era atacar al estalinismo. Sea como fuere, el joven Melenchon inició en la OCI su actividad política a finales de los 60. Desde entonces no ha dejado de estar presente en todas las maniobras, coaliciones, e iniciativas destinadas a ampliar el poder de la izquierda dentro de la Vª República. Su pensamiento no ha cambiado nada desde los lejanos años 70. Lo que han cambiado son las formaciones políticas en las que ha militado.

La OCI y el resto de grupos trotskistas de los años 70, fueron los primeros en defender la inmigración masiva en Europa. Sostenían la quimérica idea de que, a la vista de lo sucedido en mayo del 68, el “proletariado francés” se estaba aburguesando y, por tanto, era preciso, contar con un “nuevo proletariado” como grupo sustitutivo: y lo encontraron en la inmigración.

Sesenta años después, lo que ha sucedido está reflejado en el rostro de Melenchon: no puede evitar que su expresión facial se haya convertido en una mueca de odio y desprecio, sin duda dirigido hacia los proletarios europeos que no han sabido entender la grandeza de la “lucha de clases”, que han carecido de “conciencia de clase” y que han abandonado a las organizaciones marxistas desde principios de los años 80, en beneficio de “partidos burgueses” y, muy en especial, de la “odiada extrema-derecha xenófoba y racista”. Las fotos de Melenchon, especialmente las espontáneas, denotan inequívocamente esa actitud vital.

Habría que añadir que si en las elecciones de 2024, el “Nuevo Frente Popular” fue el partido que venció en la segunda vuelta de las elecciones francesas, lo cierto es que fue gracias al pacto que realizó con la formación Macron; en efecto, ambas coaliciones acordaron retirar de la segunda vuelta a candidatos suyos en numerosos distritos electorales donde la división de votos entre ambas coaliciones hubiera dado como ganador a los candidatos de Marine Le Pen y de su Agrupación Nacional. De no haber hecho así, la Agrupación Nacional habría vencido en la competición electoral con algo más del 37% de los votos. Delicias del sistema electoral francés para mayor INRI de los macronistas y del propio Macron que, con posterioridad a las elecciones, le ha sido imposible estabilizar un gobierno.

El artículo de Vozpopuli del pasado 12.01.2026 que comentamos

Al igual que ha ocurrido en Alemania, cuando, tras las últimas elecciones generales, la derecha democristiana, tras realizar una furibunda campaña contra los socialdemócratas, pactó con ellos un gobierno de coalición, en Francia, Macron se ha visto obligado a ejercer como presidente teniendo al Frente Popular como grupo mayoritario en el parlamento, aunque minoritario en la sociedad y, sobre todo, contra el criterio de sus electores… Delicias del sistema democrático, acaso el más injusto de todos los sistemas políticos.

Volviendo a Melenchon, resulta muy claro que, a lo largo de sus 60 años de actividad política, ha visto, como, de año en año, disminuía el apoyo del proletariado francés a su causa, a medida que éste se volcaba hacia la derecha populista, “xenófoba y racista”. Y Melenchon es un hombre de convicciones marxistas clásicas. De hecho, parece más marxista que el propio Marx. Marxista africano, por supuesto…

El artículo de Vozpopuli aporta algunos datos interesantes sobre la sociología electoral francesa. Por ejemplo, el 60% de los magrebíes que votan en Francia, lo hacen al Nuevo Frente Popular. Malenchon interpreta este dato en términos de adhesión de los magrebíes a la izquierda francesa. Se equivoca por completo: votan a la izquierda porque creen que es la que les va a aumentar y mantener el comodísimo régimen de subvenciones de que disfrutan desde mediados de los 70. Es, incluso, posible, que el propio Melenchon sea consciente de esto y de que los magrebíes no se acercan al Frente Popular por “solidaridad de clase”, sino por puro interés personal. Y eso reforzaría, incluso, su expresión de hastiado a la que ya hemos aludido.

Así que, en las últimas semanas, Melenchon ha iniciado un nuevo giro -no menos inconsciente y suicida que el anterior- orientado hacia el votante negro.

ERIC COQUEREL (EL PACO SALAZAR FRANCÉS) y
SEBASTIEN DELOGOU (SI ERES NEGRO VOTA A UN NEGRO)

Eric Coquerel, diputado y hoy presidente de la comisión de Finanzas de la Asamblea y una de las principales voces del Frente Popular, afirma que "la representación política debe corresponder con el color de la piel de los habitantes de los territorios concernidos”. Es decir: que, en un distrito electoral con mayoría negra, el diputado debe ser, obligatoriamente, negro.

Pero hay un matiz: Coquerel es el Paco Salazar francés. En efecto, Coquerel, como el socialista español, no son precisamente dos “adonis”, y “presuntamente” han utilizado su poder e influencia para acosar mujeres. Coquerel está hoy procesado por acoso de Sophie Tissier, activista de “los chalecos amarillos” y también, en otro contexto, también muy habitual en la izquierda, por violencias hacia un policía.

Coquerel pertenece al entorno íntimo de Melenchon y sus declaraciones no han sido una excepción personal. Otro de los miembros de ese entorno, Sebastien Delogou, aspirante a la alcaldía de Marsella, se desplazó a Saint-Denis el pasado diciembre, para apoyar al candidato local, Bally Bagayoko, de origen maliense. Saint Denis, localidad con más de un 30% de población inmigrante, 130 nacionalidades representadas, y una mayoría de residentes de origen magrebí, ha sido desde los años 20 el talismán de la izquierda francesa. Y ya, por entonces, su dominio fue problemático, especialmente cuando Jacques Doriot, alcalde la ciudad y uno de los responsables de la III Internacional, se separó del estalinismo y dio un giro hacia el fascismo. Hoy es una zona colonizada por africanos magrebíes y negros.

En Saint Denis, el voto musulmán está asegurado para la izquierda. Ahora se trata de conquistar el voto negro. Y para eso fue Delogou quien reivindicó allí “la representación fundada en la pertenencia identitaria a una raza”, antes que una adhesión a un proyecto político común. O como dice el periodista de Vozpopui: “Es decir, y sin darle más vueltas, si eres negro, vota a un negro”. Pero, si eres negro, ni se te ocurra votar a un blanco

También aquí, el historial judicial de Delogu es rico en “incidentes”. En enero de 2025 compareció ante los tribunales por negarse a identificar durante un altercado el 10 de marzo de 2023. Se le acusa de causar incapacidad laboral total al propinar patadas en los tobillos al subdirector y al asesor superior de educación del instituto. Fue sentenciado por el tribunal de Marsella a una multa de 5.000  € por violencia intencionada contra miembros del personal de la Educación Nacional y a otras dos indemnizaciones de 1.600  € a dos funcionarios. No acaba ahí su historial: El 15 de mayo de 2025, el domicilio y la oficina parlamentaria de Sébastien Delogou fueron registrados como parte de una investigación preliminar abierta en octubre de 2024 a raíz de una denuncia presentada por Isidore Aragones, alegando que le habían robado documentos personales. En enero de 2026, fue remitido al tribunal penal por receptación de bienes robados, poner en peligro a terceros y violación de la confidencialidad de la correspondencia. El caso se refiere a una carpeta que contiene documentos privados y confidenciales robados a Isidore Aragonès, entonces director de una empresa de limpieza en Marsella durante un conflicto social.

MARTENS BILONGO, DIPUTADO NEGRO, O “LOS FRANCESES EN LA MIERDA”

Los datos sobre los líos judiciales de Delogu y de Coquerel han sido tomados de Wikipedia.fr y están perfectamente documentados, como los que afectan a Carlos Martens Bilongo, uno de los protegidos de Melenchon, hijo de congoleño y angoleña, quien refiriéndose a los franceses blancos dijo: “Vamos a enseñarles que somos más numerosos e inteligentes. Si tenemos más hijos, peor para ellos; nos han colonizado, ahora están en la mierda”

Martens Bilongo parece encarnar el modelo de “líder africano para Europa” que necesita Melenchon para atraer el voto africano. De momento, ya es diputado y su tendencia a victimizarse es notoria. En noviembre de 2022, mientras hablaba en la tribuna parlamentaria sobre el barco negrego Ocean Viuking que no podía atracar en puertos italianos, un diputado lepenista le interrumpió gritando “¡Que vuelvan a África!”. Bolongo presentó denuncia contra el diputado afirmando que había dicho la frase en singular y refiriéndose a él: “¡Que vuelva a África!”

Frecuentemente, Martens Bilongo ha estado en el centro de incidentes con la extrema-derecha e, incluso, contra población magrebí. En 2023 recibió un golpe en la cabeza por parte de un magrebí cuando se solidarizaba con la muerte de otro magrebí que intentaba huir de la policía tras robar un vehículo. Dado que la agresión había partido de magrebíes, su partido, incluso, se negó a hacer declaraciones y condenarla. Poco después se le vio apoyar a la organización antifascista Jeune Garde (disuelta en 2025 por incitar a actos violentos contra individuos, provocaciones que a menudo tuvieron consecuencias”). En las fotos que el propio Martens Bilongo publicó en redes sociales se le veía en un entrenamiento de boxeo en un gimnasio de la Jeune Garde.

Y, como era de esperar, Martens Bilongo, como probo dirigente de izquierdas, también se ha sido acusado de delitos económicos. En Mayo de 2023, fue objeto de una investigación por blanqueo de capitales y fraude fiscal, malversación de activos corporativos y omisión de declaración ante la Alta Autoridad para la Transparencia de la Vida Pública. Se le sospecha, en particular, de haber ocultado 200.000 euros a las autoridades y es objeto de un proceso abierto a mediados de abril tras un informe de la inteligencia francesa. El 17 de mayo de 2023, BFMTV que Carlos Martens Bilongo se había beneficiado hasta diciembre de 2022, seis meses después de su elección como diputado, de una “vivienda social” ubicada en el Valle del Oise, que había subarrendado a una de sus hermanas cuando ya era propietario de dos apartamentos, y que cobraba alrededor de 7.500 € brutos al mes como todos los diputados. En enero de 2025 la investigación que se le seguía por presunto fraude fiscal concluyó que no existía delito

Para colmo, este modelo de diputado africano, en diciembre de 2025, en el curso de una entrevista en el canal de YouTube "La Librairie africaine", Carlos Martens Bilongo realizó comentarios sexistas y misóginos sobre Rachida Dadi, afirmando que su carrera se forjó acostándose con hombres, lo que le permitió convertirse primero en ministra de justicia y luego de cultura. Cabe decir que Rachida Dadi es de origen magrebí. Podríamos seguir con otras muestras del “estilo político” de este africano.

Vozpopuli ha mencionado también otras declaraciones de Bilongo en las que considera a los habitantes de la región francesa de Nord, como “intelectualmente pobres” y acusándoles de racistas. ¿Motivo? Allí, se encuentra el feudo electoral de Marine Le Pen y, los únicos inmigrantes han optado por esta región son polacos, españoles e italianos.

DANIÈLE OBONO: DEL “FUCK FRANCE” A LOS “TALLERES RACIALIZADOS”

No termina aquí el repertorio de “glorias del nuevo frente popular francés”. La guinda, por supuesto, no podía sino estar representada por una diputada negra del Frente Popular, Danièle Obono. El escenario para su declaración ha sido a fiesta de “L’Humanité”, el antiguo diario del Partido Comunista de Francia. Obono, nacida en Libreville (Gabón), dijo que uno de los problemas de la fiesta del “Huma” es que “es la fiesta de la izquierda blanca”. Vozpopuli resaltaba que Obono, además, mostraba su indignación porque en esa celebración vio cómo se asaba un cochinillo, lo que para ella no encajaba con el “ecologismo descolonial”.

El 21 de junio de 2017Danièle Obono fue invitada al programa de TV donde criticó una petición firmada en 2012, lanzada por la revista cultural Les Inrockuptibles a favor de la libertad de expresión de los artistas. La petición denunciaba la acusación contra el cantante del grupo ZEP, y del sociólogo Saïd Bouamama tras una queja de la asociación de extrema derecha AGRIF, que objetó el uso de la expresión «Fuck France» (Jódete Francia) en una canción de 2010 . Para Obono insultar y denigrara a Francia formaba parte de “la libertad de expresión de estos artistas”. El tema de la “libertad de expresión” parece interesarle mucho. En octubre de 2017, una polémica sobre este tema la enfrentó a Obono con Manuel Valls. Relatar todos los incidentes de trasfondo racista en los que ha participado duplicaría la extensión de este artículo; pero uno merece ser mencionado.

En noviembre de 2017, SUD Educación 93 organizó un curso de formación sindical en Seine-Sain-Denis que incluyó dos «talleres no mixtos», «reservados para personas racializadas». Estos talleres generaron una amplia polémica en Francia por -en palabras del ministro de Educación Joan-Michel Blanquer- «transmitir claramente racismo». Incluso dentro de su propio partido, estos “talleres” fueron criticados: varios miembros del Frente Popular declararon que una actividad sindical debe desarrollarse sin preguntar a sus miembros por su raza o dejándolos o no entrar según el color de su piel. A esto hay que unir sus declaraciones tras el asesinato de varios miembros de Charlie-Hebdo, en las que decía “haber llorado” a las víctimas, pero también llorar por las “víctimas” que nadie llora y que se ofendieron por las caricaturas de Mahoma en dicha revista de humor.

ALY DIUARA: CÓMO HACER MÉRITOS MELENCHONISTAS

La izquierda francesa no advierte el formidable enredo en el que se ha metido al cortejar el voto inmigrante y del que ya nada va a poder sacarla. El artículo de Vozpopuli destaca las declaraciones de Fabien Roussel, secretario general del Partido Comunista Francés que osó decir que, efectivamente, en Francia existe un racismo antiblanco: “por supuesto que sí”, respondió ante la pregunta de un periodista el año pasado. Los mélenchonistas tronaron de rabia: Roussel les estaba rompiendo su estrategia de ganar el voto africano, así que le acusaron de “hacer el juego a la extrema derecha”.

Aly Diuara, otra de las joyitas de la bancada de diputados del Nuevo Frente Popular, de origen gambiano, reaccionó a las palabras del comunista afirmando que “ese señor no será nunca ni mi socio político ni mi camarada”. Pero Diuara, en sus mítines, se dirige sólo a “nuestra gente”, entendiendo por ello, aquellos que son del mismo color negro. Vozpopuli destaca que “ser anti-blanco y anti-judío como Diuara, méritos para llegar lejos en el mélenchonismo”.

PRIMERAS CONCLUSIONES

Todos estos personajes de primera línea en el Nuevo Frente Popular y en La France Insoumisse, su columna vertebral, reflejan perfectamente el drama de la izquierda francesa: necesita colocar en primera línea a personajes de raza negra y elije a los que más se hacen notar, sin reparar ni en su capacidad intelectual, ni en el fondo de sus ideas, ni en sus aspiraciones, ni siquiera en su historial que, por sí mismo es suficiente como para seguir expulsando al voto “europeo” en la izquierda francesa, sin generar el entusiasmo esperado entre los votantes negros, salvo como no sea a título revenchista.

Por otra parte, en algunos de estos casos, el “voto negro” y el “voto magrebí” son incompatibles. La “racialización del voto” genera estos problemas inesperados para la izquierda. Lo que les une a ambos es la posibilidad de que el gobierno que salga de unas elecciones aumente subsidios y medidas paternalistas que… por supuesto, deberá pagar la clase media blanca. El resto, literalmente, les trae al fresco.

Para los Melenchon, Coquerel, Degolou y su entorno, el único problema es cómo ganar votos, a costa de lo que sea, incluso de traicionar sus orígenes culturales, su grupo étnico y sumir a la sociedad francesa en una fase de guerra civil multiétnica. Porque, no sólo son incompatibles “blancos” originarios con magrebíes y negros, sino que también resultan incompatibles, negros con magrebíes.

La charca en la que se ha metido la izquierda de Europa Occidental con la cuestión de la inmigración es notable y solamente tiene parangón con la que la derecha ha aceptado incorporar a más y más inmigrantes, aunque ni fuera necesario, ni siquiera recomendable desde el punto de vista de la cohesión de las sociedades. Izquierda y derecha, ahora, se encuentran en la fase de llanto y crujir de dientes…

La incorporación de las, hasta ahora minorías que hacia 2050 serán ya mayorías, en las sociedades occidentales, lejos de hacer desaparecer el racismo y la xenofobia, han generado un nuevo frente racista: el racismo antiblanco. Para los políticos “nativos” de la izquierda, el lema es “todo por un voto”. Para la nueva clase política procedente de la inmigración, en Europa puede hacerse de todo, porque Europa es la “tierra de la libertad”, y por tanto, ni existen leyes, ni existen normativas que regulen la libertad de expresión o la fiscalidad: de hecho, han venido a Europa pensando que en la “tierra de la libertad” cada cual hace lo que le da la gana.

El artículo de Vozpopuli termina con un párrafo del filósofo y politólogo francés, Pierre André Taguieff, extraído de su libro publicado en 2025, Du racismo en général et du racismo anti-Blancs en particulier: “Todos los racismos son denunciados públicamente salvo el racismo anti-blancs. Solo es reconocido como realidad social por una minoría de intelectuales y de actores políticos. (…) El nuevo moralismo politizado consiste en controlar y castigar a todos los que no son considerados como ‘anti-racistamente’ correctos. La corrección política implica ahora estigmatizar y criminalizar a los blancos como racistas, al tiempo que se niega la existencia del racismo anti-blancos”. Taguieff llega tarde: nosotros mismos habíamos traducido y publicado el libro de Bruno Gheerbrant titulado Racismo contra los Blancos. Estrategia y tácticas publicado en Francia en 2018.

Atizar un racismo antiblanco por conveniencias electorales es la más innoble, suicida, ciega y repugnante de las políticas de la izquierda (una charca enfangada de políticas innobles, ciegas y suicidas aureoladas con el sentimiento de una pretendida superioridad moral). Y no es solamente en Francia donde se ha adoptado. La izquierda española, no ha tenido ocasión de llegar a tanto, pero es cuestión de tiempo (como veremos en la segunda parte de este artículo).

Particularmente, uno de los elementos que merecen una consideración más detenida es la opinión del diputado negro Martens Bilongo de que en las zonas en donde la Agrupación Nacional es mayoritaria, se trata de zonas de “baja cultura”… Dejando aparte que se trata de zonas de trabajadores, pescadores y mineros, se trata de regiones con un aceptable nivel cultural. Compárese, si vamos a eso, con la historia africana, situada en el neolítico hasta la colonización europea. Y no queremos ser racistas ni xenófobos, pero el que se achaque a una región europea “falta de cultura” nos permite realizar un ejercicio de “memoria histórica”: África sigue siendo, incluso en el siglo XXI, la zona más atrasada de la humanidad, y si no está más atrasada aún ha sido gracias a la colonización y si no es más pobre es gracias a los miles de millones vertidos por los Estados europeos desde la independencia y que han servido para muy poco, casi para nada.

La izquierda, sometida a los tópicos de la “corrección política” sigue pensando que todos los humanos y todas las razas son “iguales”. La historia, la memoria, la antropología e, incluso, la genérica, dice, justamente, todo lo contrario. La desigualdad es, más bien, la norma de todo lo que está vivo. Así que, si hay que comparar, comparemos…

 








lunes, 28 de febrero de 2022

YA NO QUEDA NADA POR DECIR SOBRE UCRANIA, ASÍ QUE VAMOS A LO IMPORTANTE

Parece como si los blogueros estemos obligados de hablar sobre Ucrania, tanto como hace unas semanas parecías “negacionista”, si no aludías al Ómicron, y antes tenían que lanzar piropos hacia el complejo LGTBIQ+ o eran un “machista homófobo”, y antes era obligatorio hablar sobre la crisis económica, y más atrás, sobre el “terrorismo internacional”, etc, etc, etc. Y, en realidad, los blogueros solamente estamos obligados a hablar de los que nos apetece: si fuéramos tributarios de la actualidad estaríamos trabajando para algún medio y no de manera independiente. Sinceramente, creo que ya no se puede decir nada más -al menos por nuestra parte- sobre la “crisis ucraniana”. Lo resumiré así:

CÓMO ESTÁ EL CONFLICTO UCRANIANO EN SU FASE DESCENDENTE

La actual fase de la crisis fue iniciada por Occidente formulando una invitación a Ucrania, para ingresar en el club OTAN-UE.

- Existía una guerra irregular en las republicas que hace ocho años se escindieron de Ucrania al estar compuestas por rusos y que, como Crimea, manifestaron su decisión en referendos irreprochables.

- Era, visiblemente, un pulso propagandístico entre la OTAN y Rusia, absurdo, porque la Rusia de Putin, no solamente no ha formulado ninguna ambición o reivindicación territorial sobre Europa del Este, ni por supuesto es comunismo, ni tiene intenciones de restaurar un régimen bolchevique, ni siquiera de extender el “izquierdismo”, ni ha manifestado ningún tipo de agresividad, sino porque Europa depende en grandísima medida de la energía vendida por Rusia.

- La escalada de agresividad, especialmente de Biden, la grandilocuencia del “defenderemos a Ucrania”, se ha saldado con el inicio de una operación LOCALIZADA y limitada por parte de las FFAA rusas que ha sido presentada en “Occidente” como una “invasión” y un ataque a “todo” el territorio ucraniano y como si se combatiera encarnizadamente en cada esquina y en cada ciudad. Y para ello, se han utilizado imágenes de otros conflictos, de videojuegos o simples montajes ad hoc.

- Después del tercer día, cuando Zelensky experimentó la certidumbre de que los cantos de sirena de Occidente no tenían la más mínima posibilidad de traducirse en una intervención militar efectiva a su favor, optó por lo que, desde el principio, era la solución más racional al conflicto: proponer el cese del conflicto, a cambio de la neutralidad de Ucrania. Asunto zanjado.

- Esta solución, sobre la que se está trabajando, redimensiona a la OTAN, reducida, de aparato “militar” a simple organismo de “operaciones psicológicas” y a los dirigentes de la UE -empezando por Borrell- como verdaderos bocazas. El problema es que,

Putin, quiere a Zelensky fuera de la jefatura del Estado, no sea que, dentro de unos meses, dé una nueva pirueta. Y la presencia de Zelensky y de la oligarquía ucraniana en el poder, es lo que va a hacer que las “operaciones psicológicas” de la OTAN, sigan dando la murga y distribuyendo fakes durante unas semanas.

Sobre los refugiados y sobre la “acción humanitaria”, ya se ha hablado suficiente: total, 5.000.000 más de “refugiados” -como ha anunciado la UE- llegados a Europa, no son nada nuevo. Lo que ocurrirá, lo sabemos todos: cuando cese el conflicto, la mayoría de ucranianos, retornarán -salvo los que tengan algún tipo de responsabilidad política pendiente- y los 5.000.000 de refugiados procederán de Asia, de África y del mundo árabe, y nadie se sorprenderá por ello.

Y ESTO NOS LLEVA A OTRO PUNTO: EL ADOCTRINAMIENTO CULTURAL

Y esto nos llega al tema que hoy, verdaderamente, me interesa. Porque, sobre Ucrania, como suele decirse, “está todo el pescado vendido”. Como saben algunos lectores, paralelamente al Info-Krisis, llevo una web de “series de televisión”, seriesTVinfo, que os invito a visitar. Tiene audiencias aceptables y lleva cinco años en activo y a fecha de hoy se han analizado y criticado 2.375 series emitidas por las televisiones (desde los años 50) y por los streamings actualmente existentes. Una de ellas, La vuelta al mundo en 80 días, estrenada el 24 de febrero de 2022, en Movistar+, ha colmado mi paciencia.

En efecto, el clásico de Julio Verne ha sido convertido en un instrumento de adoctrinamiento -otro más- en favor de la “corrección política”, “de la igualdad” y de todos y cada uno de los ideales del “nuevo orden mundial”. Os sugiero que leáis la crítica que me he visto obligado a hacer a esta serie: La vuelta al mundo en 80 días, “revisión” infame.

La serie (y cientos de productos que, especialmente, en los últimos tres o cuatro años, han invadido los streamings y que he renunciado a comentar, no tanto por su mensaje de adoctrinamiento sino por su bajísima calidad) tiende a difundir una serie de ideas pervertidas de las que podemos extraer un patrón:

1) Cualquier relato clásico de la literatura europea, o, incluso, episodios históricos, ocurridos o situados en siglos anteriores, se interpretan con la lógica del siglo XXI y, no solo eso, sino con la intencionalidad de mostrar que SIEMPRE ha ocurrido eso: Zeus era negro, la corte la Princesa Española estaba formada por árabes y negros, Ana Bolena -la pobre Ana Bolena- era una africana de tomo y lomo, Arsenio Lupin, por supuesto, era también africano, etc, etc, etc.

2) Cuando el crítico resalta estas incoherencias “étnicas”, siempre sale el talibán de la corrección política, argumentando que se trata de un “comentario racista”. Y la palabra, suele inmovilizar al crítico que decide dar explicaciones. En realidad, “explicaciones” existen: en general estos productos culturales, son, simplemente, malos (y otro tanto ocurre con las series LGTBIQ+), su intención adoctrinadora, es superior a sus cualidades estéticas o narrativas, hemos visto a actores geniales fracasar en series de este tipo (David Tennant, por ejemplo, se hunde en su interpretación del Phileas Fogg de La vuelta al mundo en 80 días).

3) Estas series no torpedean solamente la identidad europea, sino la propia historia y el pasado europeo. Tienden a demostrar que “negros” siempre han existido en Europa (hemos llegado a ver series en las que las legiones romanas, tenían un alto contingente de árabes y negros, o incluso poblaciones de la Anglia romana en la que los más respetados de la tribu eran africanos… Britannia, por ejemplo). Se trata, repetimos, de presentar la excepcionalidad étnicas del siglo XXI (solamente hay mezcla étnica en “Occidente”, en absoluto en Asia o África (que se considera un continente “negro”… mientras que Europa no puede, de ninguna manera, ser presentada como el continente “blanco”), como si otras razas hubieran estado siempre presentes y, mediante esta “mentira piadosa”, facilitar la “integración” de grupos étnicos que ni se sienten europeos, ni quieren serlo, ni les interesa serlo.

4) Este tipo de cine tiende a criminalizar todo lo europeo y, muy especialmente, el colonialismo europeo, especialmente en África y Asia. La serie que comentamos sobre el clásico de Verne, es un paradigma: Phileas Fogg es una especie de sparring para todas las razas de color, presentado, además, como un perfecto imbécil (rasgo con el que Verne jamás lo pinto), permanentemente sacado de apuros por su criado (Passepartout, convertido, como no podía ser de otra forma en un “francés negro”) y por la periodista que les sigue (la igualdad feminista exige que junto a un protagonista varón blanco, vaya una mujer, como si Don Quijote fuera acompañado por una escudera regordeta, sarcástica y bonachona, Doña Sancha Panza). La cuestión es que se da por supuesto que todas las “colonizaciones” fueron idénticas y que la acción depredadora de los anglosajones por todo el mundo o de Leopoldo de Bélgica en el Congo, es el paradigma de cualquier colonización, incluso de la española en América. La idea a transmitir es: “vosotros, europeos, hicisteis daño a los países que colonizasteis y ahora debéis de pagar admitiendo todo tipo de inmigración”. El problema es que los europeos de hoy, no tenemos porqué pagar los errores y las culpas reales o supuestos de nuestros tatarabuelos, especialmente porque África y Asia son independientes desde hace décadas y, al menos, en lo relativo a África, no parece que les vaya muy bien.

6) La conclusión final a la que nos pretenden llevar los adoctrinadores no es otra que la creación de una sociedad multiétnica e igualitaria, mestiza en todos los sentidos (como si entre las sinfonías de Beethoven y el tam-tam pudiera establecerse una “fusión”), en la que no hay espacio, no solamente para criterios de “superioridad” e “inferioridad”, sino que cualquier desigualdad, incluso la propia “diferencia”, debería ser proscrita en beneficio de un mestizaje igualitario homogeneizado. El problema es que, tal como podía preverse, el avance hacia ese modelo de sociedad, no se realiza, ni pausada, ni esperanzadoramente, sino que, cada vez, se evidencia más su imposibilidad. Basta con leer la prensa o, simplemente, acercarse a un bar y oír las conversaciones: la delincuencia está a la orden del día, la peligrosidad de los “recién llegados”, desdice por completo su voluntad de integración (el 80% de los detenidos en la ciudad de Barcelona proceden de grupos étnicos extraeuropeos). Por eso, en todos los países europeos están prohibidas las estadísticas con base “étnica” (lo que resulta imprescindible a la hora de establecer “perfiles” delictivos). Y lo que es todavía más grotesco: nadie se llama a engaño. Es un secreto a voces que la llegada masiva inmigración, ha generado un aumento de todos los problemas en el interior del continente europeo: desde bajas salariales, hasta delincuencia con todo lo que conlleva, pasando por problemas de convivencia en los barrios, problemas culturales, sobrecargas en el sistema sanitario, en el sistema educativo, en las subvenciones y ayudas sociales (porque, a fin de cuentas, las bolsas de inmigrantes son grupos clientelares subvencionados que paga la clase media europea), etc, etc, etc.

7) No se pretende “convencer”, SINO INTIMIDAR, a la mayoría de la opinión pública. No se aspira a que la población acepte el “adoctrinamiento” acelerado en materia étnica, sino algo todavía peor: acallar, mediante las palabras clave (“racismo”, “discriminación”, “odio”, etc) a cualquiera que perciba la naturaleza del problema y alerte sobre ella.

LA ABOLICIÓN DE IDENTIDADES COMO OBJETIVO FINAL

La única cuestión es porqué en los últimos años todo esto, que no es más que una consecuencia del delirio mundialista y universalista promovido por algunos centros de poder real (en especial el Foro Económico Mundial y su punta de lanza mundialista, la UNESCO) ha acelerado el paso en los últimos años, en cuatro terrenos: antirracismo, cambio climático, LGTBIQ+, e “igualdad”. La respuesta está muy clara: a corto plazo, el sistema económico mundial globalizado es inviable. El desplome económico que puede producirse en cualquier momento (con una economía lastrada por la deuda y por procesos inflacionistas que repercuten en la bajada de poder adquisitivo de los salarios, el aumento constante de cargas fiscales para satisfacer la ambición desmedida de la clase política y las bolsas neutralizadas en tanto que subsidiadas), hay que llegar a ese momento -a la vuelta de la esquina- con todas las “identidades” (nacionales, étnicas, sociales, sexuales, religiosas), abolidas, o de lo contrario, cualquiera de estas “identidades” podrá ser utilizada para reconstruir una situación de normalidad, lo que implicaría el enterramiento del proyecto mundialista.

Por eso hay que estar pendientes de los nuevos productos culturales que se van lanzando, especialmente en los streamings propiedad de los grandes fondos de inversión, de las dinastías económicas tradicionales y del “dinero nuevo” surgido al calor de las nuevas tecnologías de Silicon Valley.

Y eso me preocupa mucho más que el futuro de Zelensky o la operación de castigo de Putin que, por mucho que lo diga Borrell -¿os habéis fijado que cada vez tiene los ojos más cerrados, hasta el punto de que cabe preguntarse si su miopía política no es fruto de algún trastorno de la edad?- no llegará ni a Salt, ni a las rías gallegas, ni a Cádiz… que por cierto tienen problemas muy graves de los que la marejada Covid, la LGTBIQ+, la ideología del cambio climático y el “terrorismo internacional”. Creo que, si en el tema ucraniano está todo el pescado vendido, ahora hace falta volver la vista a problemas reales y cotidianos, que, por lo demás pueden resolverse fácilmente. Porque al campo si se le pueden poner puertas y porque 25 años de inmigración masiva (la cosa empezó en España con Aznar en 1996) ya han demostrado a lo que lleva. Ahora es el momento, de recuperar nuestra identidad en todos los terrenos. Solo de eso. Nada más que de eso.

 

jueves, 21 de abril de 2016

¿Cómo nos ven los inmigrantes?


Infokrisis.– En el repaso de viejos textos olvidados en discos duros perdidos me encuentro este artículo que creo que publiqué hará diez años en la revista IdentidaD. Tiene gracia como el problema que abordo aquí –¿cómo nos ven los recién llegados?– ha conservado su actualidad. Solamente me he permitido pulirlo y añadirle algún párrafo. Se verá que no hay en estas líneas ni pizca de racismo, xenofobia ni nada parecido, pero tampoco concesiones. Ha que llamar a las cosas por su nombre y no hacer concesiones a lo políticamente correcto. Cuando haces una, estás perdido. Luego terminas aludiendo a Al Capone “presunto gánster”  o “subsaharianos” a los negros y magrebí a los moros.

¿Cómo nos ven los inmigrantes?

He tenido muchas relaciones con magrebíes y andinos, tanto en España, como inmigrantes, como en sus países de origen en donde el inmigrante era yo. Lo que sigue son los juicios recogidos de una muestra lo suficientemente amplia de testimonios como para pensar que es posible llegar a conclusiones empíricas razonables y significativas. Así nos ven los inmigrantes... Las opiniones de estas personas son siempre subjetivas, pero basadas en algunos datos reales y, en cualquier caso, suponen una línea de tendencia.

Nos ven como: 

1. “Débiles y atontados”

En la cárcel de la Santé –me enteré tarde de que eso de ir por Francia con tres pasaportes, tres carnés de conducir y tres DNI italianos, todos con foto pero ninguno con mi nombre, estaba mal visto; problemas de la clandestinidad y el exilio– conocí a un tunecino detenido por pequeño tráfico de drogas. Era joven y se había criado en Francia. Francia le había ofrecido lo que no existía en su país: educación, subsidios, posibilidades de formación. Era mucho más fácil comprarse un BMW último modelo a sus 20 años, traficando con cocaína. Además, despreciaba a los franceses. “Son débiles y atontados”, me decía. Me ponía como ejemplo que, cuando era tironero en Les Halles, sabía que si un ciudadano lograba detenerlo solamente tenía que gritar “racistes” histéricamente para que lo soltaran. Hubo un tiempo en el que la clase media francesa se asustaba con sólo la posibilidad de que alguien pueda llamarles “racistas”. Todos los delincuentes magrebíes lo saben. En el Raval de Barcelona ya ha ocurrido el mismo episodio: al grito de “racistas”, una pareja de policías debió soltar al delincuente marroquí, intimidados por la reacción de los viandantes. Por eso los inmigrantes consideran a los europeos atontados.

No les cabe en la cabeza que los gobiernos europeos puedan dar subsidios y ayudas de todo tipo a gentes como ellos que tienen muy claro lo que buscan: “pillar”. Piden una mezquita y las autoridades se la dan, delinquen una y mil veces y nunca terminan encerrados cuando en su país les cortarían la mano, después, por supuesto, de la conveniente paliza en comisaría… Vulneran la ley de extranjería, violentan las fronteras y les obsequian con ropa nueva –además de marca, alimentos gratuitos y les trasladan a la península en avión de lujo.

Todo esto les da la perspectiva a los inmigrantes de que los europeos somos DÉBILES y ATONTADOS. Débiles porque no sabemos defender lo nuestro, abrimos la puerta a delincuentes ue vienen a robarnos y ni siquiera hay valor para encerrarlos en las cárceles; y atontados porque no nos damos cuenta de que ellos cada vez son más fuertes y los europeos menos, más sumergidos en la oleada migratoria, retirándonos de barrios enteros en los que la “limpieza étnica” es realizada con extrema eficacia y, todavía, subvencionando al invasor. ¿Cabrían más muestras de debilidad y tontería? Los inmigrantes tienen razón en percibirnos así.

2. “Depravados y afeminados”

El hijo de un gobernadorcillo local en Costa de Marfil nos intentaba explicar, mal que bien, que el SIDA era un invento europeo para acabar con los africanos. Textual. No añadimos ni una coma a la frase que nos soltó a la sombra del único tugurio de Pangamo donde se podía conseguir una cerveza fresca. Y además añadía: ¿por qué los europeos no se mueren del sida si se pasan la vida dándose por el culo? En francés, la frase sonaba sólo levemente menos homófoba. En el fondo, el marfileño en cuestión estaba diciendo algo que todos sabemos: hay una evidente depravación de las conductas en Europa.

Jonas Savimbi, líder de la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA) nos dio en cierta ocasión una lección que recordamos bien: “Para mí Europa es la cuna de la civilización: Grecia, Roma, las catedrales, el Renacimiento, la ciencia… pero vuestra Europa de hoy está en otro sitio, no es la mía”. Es triste que un africano tenga que dar lecciones a unos europeos sobre cómo ser europeos. Lo grave era que compartíamos el punto de vista de Savimbi. En el fondo, él se había criado en Europa, había conocido Portugal, Francia, Suiza. Y era un hombre inteligente y valiente: en uno de sus viajes a Europa pudo percibir el derrumbe moral del continente. Pornografía a gogó, ausencia completa de valores éticos y morales, ridiculización de quien pretendiera tenerlos o defenderlos. Savimbi no era el único africano que tenía esta visión de Europa. Era cristiano, pero los islamistas no piensan diferente.

No me gusta el Islam, bebo moderadamente alcohol y los tacos de jamón me impiden tomarme en serio una religión que proscribe una y otra cosa. Pero reconozco que los niveles actuales de alcoholismo y drogadicción en Europa han rebasado límites alarmantes. Sin hablar de la ingesta de comida basura y el sobrepeso que de ello eriva. Y, por supuesto, sin hacer referencia a la ruina ética del continente. Los inmigrantes tienen razón en vernos como depravados.

En todo el continente africano, cuando se logra entablar amistad con sus habitantes y se crea un mínimo lazo de confianza, la primera pregunta –inevitable– que te formulan es si en Europa todos somos “pedés” (homosexuales). La imagen del hombre y de la mujer europea que remiten los inmigrantes africanos a su país de origen es de que aquí los hombres se casan con hombres y las mujeres con mujeres, se besan en público (algo que los africanos te cuentan siempre entre carcajadas y muecas de asco). La homosexualidad es una infamia en el África negra e incluso en buena parte de la población magrebí. Lo cierto es que en estos horizontes la familia tiene todavía un gran peso en la sociedad y sigue siendo su “célula básica”.

A los africanos no les cabe en la cabeza que aquí la homosexualidad reciba los parabienes legales y sociales, mientras que el aborto y la eutanasia se consideran algo normal, pan de cada día en esta civilización decadente. Y lo que no entienden, sobre todo cuando perciben que tú, en el fondo, piensas lo mismo, es cómo permites esta situación y por qué no haces algo. Es difícil explicarles que tienen razón y que, en el fondo, la sociedad europea se ha relativizado primero y feminizado después y, lo que ha quedado, finalmente, es una mezcla de depravación y afeminamiento global.

Triste percibir que los inmigrantes no se han equivocado mucho en su percepción de Europa.

3. “Se preocupan sólo más por sus mascotas”

Los islamistas tienen manía a los perros. Los perros son “haram” que es lo contrario de “halal”. En El Corán se habla de “los perros del infierno”, esto es del perro como animal diabólico. De hecho, los incidentes entre propietarios de perros y musulmanes son frecuentes en las zonas con alto grado de islamización. Pero, qué queréis que os diga, me da la sensación de que en esto, también, tienen razón. Y lo dice alguien que siempre que ha vivido en el campo se ha procurado perros como compañía imprescindible.

En Europa y particularmente en España la gente tiene demasiadas mascotas. Para muchos es la alternativa a tener hijos. No hay que gastar mucho en su educación, y se acaban entre 10 y 14 años, justo cuando un adolescente empieza a ser problemático. Tiene gracia que muchos propietarios de mascotas, primero compren un animalico de un sexo, luego, al ver que se aburre, compren otro de la misma especie, preferentemente del sexo opuesto. Así pueden olerse el culo mutuamente y, parece, que eso les entretiene. Es el sucedáneo de “la parejita” que todo matrimonio de los buenos viejos tiempos aspiraba. Los hay con 10 y 14 gatos. Algunos propietarios de tres y cuatro perros no dan abasto en recoger cacas cuando los sacan de paseo. En algunos barrios de Barcelona, el olor a meado de perro es notorio. Hay domicilios particulares en los que el aroma a perro (o a gato), eclipsa a cualquier otro. Así que creo que en esto, los inmigantes tienen algo de razón.

También tienen razón cuando se preguntan qué será de esos singles que viven solos a la vuelta de unas décadas. Ahora les va bien, pero cuando ni con viagra se les empine o cuando las lorzas tapen cualquier otro encanto y se pueda sembrar en sus arrugas, ¿dónde tendrán los hijos para acompañarlos? Ellos en cambio, no tienen miedo al futuro, saben que en su ancianidad tendrán apoyo de una familia numerosa. Saben, en definitiva, que los hijos son el futuro de una pareja, de una sociedad y de un país.  

4. “Viven bien y comen mejor”

Según los estándares africanos y andinos, la vida del grueso de la población europea es una ganga. He conocido andinos para los que calzar abarcas era un lujo, y muchos más que no conocieron el calzado hasta que fueron llamados para su servicio militar. Y tiene gracia, porque en todos los países andinos los jóvenes están orgullosos de servir a su país en el Ejército. Allí reciben ropa digna, comida y educación. No pueden concebir por qué en Europa se abomina de las FFAA y se renuncia a servir a la Patria. Y, justo es reconocer que, una vez más, tienen razón.

Pero se equivocan en lo de la comida y el vivir bien. Aquí radica su error. Han llegado a lo que pensaban era una tierra de promisión y el problema es que, ni para los de aquí ni para los recién llegados, atan los perros con longaniza. Aquí viven bien los que viven bien, el resto viven a salto de mata. Ese es el futuro que les espera a la mayoría de inmigrantes. Un búlgaro que conocí en Madrid, de etnia turca, cobraba unos 600 euros al mes, en el año 2000, como peón no cualificado de la construcción. Se quedaba con 200 y enviaba los otros 400 a su familia. Dormía en un parque público en verano y en una caja de cartón en invierno. Con los 400 euros, su familia podía vivir seis meses (hace veinticinco años) en Bulgaria. Vivir bien… No me negarán que hay algo de triste y primitivo, pero, al mismo tiempo, de heroico en todo esto. No creo que muchos de nosotros nos sacrificáramos así por nuestras familias. En cierto sentido, tienen razón: vivimos bien; incluso los que viven mal, viven mejor que las clases medias de los países africanos y andinos.

¿Comer bien? Realmente, no es así: comemos mal. La dieta mediterránea es tan cara como nutritiva para quien quiere seguirla a rajatabla. Realmente, es mucho más caro el fast–food, pero también mucho más adictivo. Si el sobrepeso avanza a velocidad mayor que la inmigración es gracias a la comodidad que los europeos nos hemos forjado a la hora de comer: los consejos de Arguiñano, el “Canal Cocina”, o programas como “Todos contra el chef”, [hace diez años se iniciaba lo que ahora es tendencia con Master Chef y sus secuelas] apenas logran que algunos desocupados y ociosos europeos, a menudo solteros, trabajen elaborados platos en sus cocinas de diseño. La mayoría prefieren llamar por teléfono a la pizzería, al distribuidor de hamburguesas o comida china más próxima y renunciar a elaborar platos de cocina tradicional.

El resultado no puede ser más catastrófico. Esta mañana he podido ver delante de mí a un tipo aquejado de obesidad mórbida castigando a una Vespino que desaparecía bajo su peso y entre los pliegues e sus nalgas y de sus muslos. La obesidad es una plaga en Europa. Así pues, ¿comemos bien? No, desde luego, pero sí, si tenemos en cuenta la cantidad y la proliferación de fast–food. De hecho, este tipo de establecimientos han recibido un refuerzo con los inmigrantes andinos que los han convertido en sus santuarios. El Kentucky de la calle de la Montera, donde estuve hace quince días, parecía una sucursal de Quito o La Paz.

Así pues, también aquí, en cierto sentido, los inmigrantes tienen razón: comemos “bien”, esto es, comemos “mucho”, y engordamos aún más. Un pueblo de gordos es un pueblo con colesterol en las venas y el cerebro pastoso. Ni deportes de riesgo, ni población sana y atlética, sino freaky y constreñida a una vida sedentaria…

Esta consideración tiene un trasfondo: el inmigrante está convencido que ha llegado a la meca del consumo. Aquí en Europa hay oro y recursos infinitos. No ha venido –contrariamente a la versión políticamente correcta– a contribuir con su esfuerzo a pagar las pensiones de nuestros abuelos, sino a beneficiarse él mismo de una pensión por baja laboral, invalidez que arrastra de su país de origen, o simplemente para tratarse alguna enfermedad. Se percibe a Europa como la meca de la abundancia y el continente que puede pagar cualquier exigencia que se le formule. Cuarenta millones de africanos con SIDA tienen a España como objetivo privilegiado. Y lo mismo puede decirse de los 50.000 albinos que pueblan el continente negro. Si no alcanzan España, se los comen sus conciudadanos.

5. “Sin nosotros no sabrían vivir”

A fuerza de la cantinela progre de que la inmigración es necesaria en Europa, los inmigrantes han terminado por creérsela. Para ellos, si los inmigrantes se fueran de Europa –que no se irán– el continente se hundiría –algo que no ocurriría– y este razonamiento, falso y mendaz, les crece en la sensación de que son protagonistas de algo. Ellos están salvando a Europa. Luego vendrá el tío Paco con las rebajas y pedirán una compensación que, desde luego, no merecen.

La inmigración está salvando, solamente, la cuenta de beneficios de las patronales de la construcción  y la hostelería. Su papel no es determinante en ningún otro sector económico, ni siquiera en el campo. Hablando de campo…

En estos momentos estamos en la recogida de la ciruela, como hace meses y medio estábamos en temporada de la cereza y dentro de un mes vendrá la vendimia, casi completamente mecanizada. Es tiempo de vacaciones. Hubo un tiempo en que los jóvenes estudiantes, de vacaciones, nos desplazábamos al campo y trabajábamos en alguna de estas campañas de recogida. Ganábamos lo suficiente para poder comprar la Lambretta o viajar a Europa, o simplemente, no sangrar a nuestros padres con una permanente petición de fondos. Ahora todo eso se ha acabado: nuestros jóvenes, incluso los que quieren trabajar en verano, no encuentran trabajo porque está cubierto por la inmigración. Tampoco es un drama para ellos: “papá y mamá nos mantienen, tranquilos y si fallan, siempre el Estado nos dará una paguita”. Así, las nuevas generaciones, en lugar de endurecerse, se van ablandando progresivamente.

De ahí que, también en este terreno, la opinión de los inmigrantes por subjetiva que pueda parecer, no es del todo falsa: hoy podemos vivir sin inmigrantes, dentro de unos pocos años, no. Nos habremos acostumbrado a que nuestros hijos–mascota no hagan nada más que vivir en un dolce fare nien-te, apático y alejado de cualquier esfuerzo y sacrificio, incluido el de buscarse la vida en los meses de verano. Y, entonces, sí que será cierto que la sociedad europea no sabrá vivir sin inmigrantes. El problema es que los inmigrantes no han venido aquí para sustituir a papá y mamá, sino para ganarse la vida. Llegará el día en que ocurra algo parecido a cuando Odoacro, Rey de los Hérulos, depuso a Rómulo Augústulo de una patada y asesinó a su papaíto que tanto quería y que lo colocó a la cabeza del Imperio Romano. Se dice que estamos al comienzo de una “nueva edad media”. En realidad, no: estamos reviviendo la caída de Roma la Grande.

6. “Son muy racistas”

El inmigrante tiene un vago concepto de lo que es el racismo. Racismo es toda prevención, hostilidad o reserva contra gentes como él, de otro color. Hasta no hace poco, España no era un país racista. Franco, incluso, tuvo una “guardia mora” y la especie de los “militares africanistas” estaba muy extendida en el ejército. Si un país se vuelve racista, no es por una reflexión meditada, ni tras haber asumido las tesis del Conde de Gobineau, Chamberlain o del Ku–Klux–Klan, sino por haber acumulado experiencias traumáticas. Un constructor muy próximo me decía: “contraté a una docena de ecuatorianos, todos iban de “oficiales primera”, cuando en realidad nunca habían trabajado en una obra. Solamente podían trabajar llevando carros de escombros”. Un colombiano que contraté, también como oficial primera, se negó a cobrar el sueldo de un peón cuando a las tres horas de trabajar percibí que su cualificación máxima era la de peón novel. Así que abandonó la empresa. Dos semanas después, él había cambiado la orientación de “su” negocio. Me llamó por si me interesaba comprarle cocaína colombiana “que no está tocada”. Le colgué. Seguramente, para él, eso era ser racista.

También he contratado marroquíes –nunca argelinos, cuya “fama” les precede–; eran buenos chicos e, incluso, algunos muy simpáticos y amables. Sólo que con simpatía y amabilidad no se construye una casa. Su velocidad de trabajo era propia de una tortuga paralítica y, en cuanto a su habilidad profesional, era de otro tiempo. Sus técnicas de trabajo anticuadas y superadas. Su rendimiento profesional, ruinoso. Para colmo, vino el Ramadán. Sus encomiables deberes religiosos hicieron bajar aún más su productividad. Y luego estaba la mentalidad de zoco: el regateo constante de las condiciones salariales y la imposibilidad de establecer pactos innegociables a corto plazo.

Nunca he entendido por qué un marroquí, desde muy niño, si resulta detenido en España después de haber cometido un robo, termina considerando que todos –policías, jueces, víctimas, funcionarios de juzgados, el que pasaba por ahí…, todos– son “racistas”.

El inmigrante ha sido y sigue siendo el niño mimado de la sociedad progre. Y como todo niño mimado, está siendo malcriado. Un maestro de escuela me comentaba que un niño argelino le llamó racista en plena clase cuando le increpó para que dejara de jugar con los juegos del teléfono móvil. Además del insulto, me decía la maestra, estaba la “mirada de odio”. Sí, el niño malcriado termina odiando a papá y mamá porque ya no pueden acceder a sus nuevos caprichos. He visto ese mismo odio en muchos inmigrantes, y ese mismo odio es el que hizo estallar los sucesos de la “intifada” francesa de noviembre de 2005 y el que, finalmente, terminará haciendo estallar una guerra racial, étnica y social, en Europa. A la acusación de “racistas” le sigue el odio. Estamos en ese punto.

7. “Sus mujeres nos desean”

Resulta innegable que el comportamiento de algunos inmigrantes ha terminado generando un racismo galopante en la sociedad española. Si por azar, tras campañas y campañas de reeducación, la sociedad española desterrara ese racismo incipiente, nada cambiaría. El “otro” es mucho más racista y, lo es con mucha más intensidad. Recuerden la “mirada de odio” del niño argelino de la historia anterior. No es una excepción. Un africano me decía que ellos eran más racistas que cualquier otro (toda África está estratificada por tonos de piel: piel clara por arriba, negro azabache en las profundidades; se da el caso de que un negro achocolatado me preguntó en cierta ocasión porqué hablaba con “negros” refiriéndose a que le había dirigido la palabra a otro con la piel más oscura que él).

La sexualidad y los estereotipos sexuales cabalgan muy frecuentemente con los tópicos racistas: que “los negros la tienen grande”, que “las orientales tienen un chumi estrecho”, o que si “las negras huelen” y “a los magrebíes les gusta dar por culo” y así sucesivamente. De todo tiene que haber, claro está. No es bueno utilizar estos tópicos sexuales que cosifican a las personas, y luego resulta que no se adaptan a la realidad: el inmigrante tomado individualmente suele ser un tipo excelente, cordial, trabajador… pero “él” no es el problema. El problema para un país y para un continente es que han llegado decenas de millones como él y en poco tiempo. A esto el Diccionario de la Real Academia tiene un palabro que lo define: “invasión”.

Una amiga china me comentaba que entre ellas hablan sobre las dimensiones del pene de los europeos y les da miedo. No es para tanto. Luego, cuando experimentan, ese miedo se va diluyendo. Por otra parte, es evidente que las andinas que trabajan en puticlubs se tienen por mujeres fatales deseadas por todos. Tampoco es eso, ni a todos les gusta que le digan aquello de “¿Qué te hago papito?”, con otro acento. Pero el hecho es que una inmigración femenina, buena parte de la cual está trabajando en puticlubs, tiende a creerse que es irresistible para los autóctonos. Y, por otra parte, el primitivismo de algunos inmigrantes, especialmente magrebíes y africanos, resulta insultante para la mujer española, además de suponer una total ignorancia de técnicas sexuales, cuando no un desprecio absoluto por el placer de la mujer. He recogido incontables testimonios de mujeres que dicen sentirse ofendidas por las miradas de los moros. Lo menciono porque no es un tic racista de quien esto escribe, sino que, seguramente, todos habremos oído juicios similares que son susceptibles de llevar a establecer modelos empíricos de comportamiento.

Lo cierto es que, en la mentalidad del inmigrante, la sexualidad ocupa un papel muy destacado. Y se termina de comprender. Realmente, ver a una mujer magrebí enfundada en esa especie de traje antiestético y, antifemenino y hasta la saciedad, coronado con el velo, es uno de los espectáculos más antieróticos que pueden verse. No es de extrañar que el hombre magrebí en Europa vaya como una moto a la vista de los reclamos eróticos que su propia cultura le niega.

En nuestros viajes “a lo largo y ancho del mundo” hemos podido constatar que, cuanto más primitivo es un país, el sexo ocupa un lugar más destacado. Existen países donde resulta difícil no entablar una conversación en la que el sexo no aparezca en un momento u otro, o constantemente. Brasil es uno de ellos. Resulta, literalmente, agobiante y cansa el primer día que se experimenta. En Ghana, la conversación no gira solamente en torno a la sexualidad hombre–mujer, sino que incluso abarca a los monos, o a las monas… y recuerdo que en la reserva de Silvertown de Costa de Marfil, el guía miraba con una lubricidad indisimulada a las monas que podían verse a uno y otro lado del recorrido.

Los estereotipos sexuales son, en definitiva, una marca de racismo. Pero, me da la sensación, de que el problema es que están mucho más arraigados entre la inmigración que entre nuestra gente. Y aquí está el origen del problema. A lo largo de la historia, los grandes incidentes raciales han tenido su origen, frecuentemente, en actitudes sexuales de unos que resultaban ofensivas (o que, directamente, eran ofensivas) para otros. Hay hombres magrebís que se sienten “deseados”; en realidad, recibir la mirada de una mujer, en su horizonte antropológico y cultural, implica ya “deseo”, y ese presunto “deseo” abre las puertas a cualquier posibilidad. Incluida las relaciones sexuales no consentidas. Igualmente, en ese mismo entorno, una mujer con minifalda o pantalones ceñidos es, por este mismo hecho, una “sharmuta” (puta, vamos). Y dejando aparte lo atractivo de las mujeres llegadas del Este –verdadera reserva genética de Europa– lo cierto es que la mujer inmigrante magrebí y andina no goza de particular predicamento entre los heterosexuales carpetovetónicos. Las razas son lo que son y no son otra cosa. Por cierto, que una querida amiga italiana me decía en París que un argelino la llamó racista, y atacó por ahí cuando ella se negó a mantener relaciones sexuales con él. Supongo que habréis oído historias similares. Demasiadas, y todas en la misma tendencia como para ser sólo tópicos racistas.

Historias, en definitiva, que el Ministerio de Igual-da, nunca ha tenido en cuenta para sus campañas contra la violencia sexual.

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Hay otros muchos juicios, pero estos son, desde luego, los más habituales y los que hemos oído, en España y en el extranjero, en más ocasiones. Es bueno saber lo que piensan de ti. Aunque saberlo no contribuya a deshacer los prejuicios que unos y otros grupos étnicos tienen trabados entre sí. Este es el quid de la cuestión: ayer no había racismo porque no había inmigración; hoy hay racismo porque hay inmigración. El problema es que nos da la sensación de que el racismo importado es muy superior al de origen que, en el fondo, ha surgido de un mero empirismo realizado en pocos años.

Razón tenía aquel que sostenía que las etnias están hechas para vivir en su entorno, en su territorio y en su marco natural. La inmigración, querida e instigada por la globalización, es cualquier cosa menos un fenómeno natural. En el fondo, rechazar la inmigración masiva y el efecto llamada no es sino una de las caras del rechazo a la globalización

© Ernesto Milà – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto en formato digital sin mencionar origen.