Mostrando entradas con la etiqueta masonería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta masonería. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de marzo de 2025

EL MAESTRO DESCONOCIDO, CAGLIOSTRO , de MARC HAVEN


#Marchaven, #Cagliostro, #maestrodescoocido, #ritoegipcio, #masoneria, #martinismo,

Cagliostro y Marc Haven, vidas paralelas

En diciembre de 2024, EMInves reeditó el libro de Constantino Photiades, Vidas de Cagliostro. Ya en la introducción de aquella obra anunciamos la publicación de otras dos para completar una visión del poliédrico y controvertido “Conde de Cagliostro”. Habíamos renovado el interés por este personaje tras la edición de diversos artículos de Arturo Reghini que traducimos por primera vez al castellano y que publicamos con el nombre -también en EMInves- de Escritos sobre masonería, hermetismo y simbolismo. Nos sorprendió que, Reghini, en varios textos, insistiera en la personalidad de Cagliostro (que, para nosotros, hasta aquel momento, era un simple charlatán, sino algo peor). La credibilidad que dábamos a los trabajos de Reghini, nos obligaba a rectificar nuestra primera impresión y tratar de reevaluar la personalidad del “Conde de Cagliostro”.

Nos propusimos publicar tres obras, una, la última -y que aparecerá el breve en esta misma colección- compuesta por escritos del propio Cagliostro para que el lector pudiera hacerse una idea de su doctrina y la juzgara por sí mismo. Las otras dos serían sendas biografías del personaje: una de ellas, escrita con objetividad y provista de una buena construcción interior (las Vidas de Cagliostro de Photiadès) y otra, más en la línea de Reghini, la que el lector tiene en sus manos, El Maestro Desconocido, Cagliostro de Marc Haven.

Cabe decir que esta obra es favorable -muy favorable- al “Conde de Cagliostro”… Pero se diferencia de otras en la personalidad de su autor. Marc Haven tenía una buena formación científica (era doctor en medicina) y no era, en absoluto, un “creyente”, fanático, iluminado y, en cualquier caso, acrítico.

Las dos obras, la de Haven y la posterior de Photiadès, son complementarias. Una no anula a la otra: simplemente muestran las dos caras con que la historia ha tratado al personaje. Hemos excluido la traducción y edición de obras que, a favor o en contra, reproducen los aspectos ya conocidos del personaje, críticas poco fundamentadas o elogios demasiado gratuitos como para ser creíbles. No es que la verdad esté siempre a medio camino: es que las posiciones extremas, tanto a favor como en contra -en un tema como éste- ya no son propias de nuestra época.

El libro de Haven tiene como principal mérito, identificar el origen de la maledicencia que persiguió al “Conde de Cagliostro” desde su estancia en Londres. Como se sabe, allí tuvo frecuentes encontronazos con la justicia británica y, de estos problemas, surgió la versión del Cagliostro (o más bien, Giuseppe Balsamo) marrullero y estafador. El período londinense de Cagliostro es tratado por Haven con singular detalle y fue, leyendo esas páginas, cuando nos dimos cuenta de que esta biografía merecía ser reeditada. En efecto, hace unos años, rescatamos, tradujimos y prorrogamos una obra publicada en los años 30, sobre La masonería y la revolución intelectual del siglo XVIII (EMInves, Barcelona, 2019) de Bernard Faÿ. En esta obra, compuesta por un historiador muy alejado de las ideas y de los círculos de admiradores de Cagliostro, se describía a la sociedad británica del XVIII y, especialmente, el nivel de corrupción de la magistratura y de la sociedad británica de la época. Cuando hemos leído las vicisitudes de Cagliostro en Londres, hemos recordado inmediatamente aquellos datos cuidadosamente reunidos por Faÿ. De hecho, el tránsito de Cagliostro por Londres es la confirmación de que sufrió los estragos de una sociedad que había perdido cualquier norma moral y en la que la corrupción había impregnado a todos los sectores de la misma, incluidos los funcionarios judiciales y policiales. Esto nos confirmó en la “legitimidad” de la obra de Haven. De no haber conocido, previamente el trabajo de Faÿ, quizás nos hubieran parecido exageradas las anotaciones de Haven sobre los problemas que encontró Cagliostro en Londres. Pero, quien, previamente se ha aproximado a la sociedad inglesa de la época, el testimonio del propio Cagliostro sobre su estancia allí, parece de una sinceridad sólida e inconmovible. Era un extranjero, sorprendido, por la falta de honor de las instituciones y de elementos de distintas clases sociales, de jueces y sherifs, de la propia justicia británica y de sus funcionarios.

La obra de Faÿ no era conocida por Photiadès y, por tanto, tenía que aceptar que aquel lugar en el que se había desarrollado la Primera Revolución Industrial, era un paraíso de justifica, moral y civilización. Era, en realidad, todo lo contrario.

Claro está que no todo en la obra que el lector tiene entre sus manos es de la misma claridad y certidumbre. Su autor evita los viajes de Cagliostro durante su juventud, el período en el que insiste Photiadès. Tampoco resuelve de manera inapelable, su idea de que el “Conde de Cagliostro” y “Giuseppe Balsamo” eran dos personalidades diferentes y que solamente el odio del Rey de Francia y las malas artes del Papa, consiguieron fusionar. Haven, pasa por alto episodios y datos significativos. Defiende a la “Condesa de Cagliostro”, a pesar de que Photiadès demuestra que fue ella la que estuvo en el origen de su detención en Roma, de su juicio y de su condena final. Por el contrario, Haven se extiende en la extrañeidad del biografiado en el “asunto del Collar”, aporta muchos más datos que Photiadès en el tema de los “pupilos” y “palomas” y sobre el sistema iniciático de Cagliostro, sobre el ritual de la Masonería Egipcia.

Es comprensible, Marc Haven, muy desengañado, tanto por la masonería como por el ocultismo de su tiempo, apreció el intento de reforma de Cagliostro con su Rito Egipcio. Otro tanto le ocurrió a Reghini, unas décadas después. Para ellos, lo que legitima a Cagliostro, es, sobre todo, su percepción de que los distintos ritos masónicos e iluministas que habían aparecido en el siglo XVIII, especialmente en el ámbito alemán, se habían pervertido, cayendo en el terreno de las supersticiones y en la búsqueda de “fenómenos”. Habían olvidado -y Reghini se encargó de recordarlo en los pocos meses que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial- que el fin de la masonería no es el “perfeccionamiento de la humanidad”, sino, como se había establecido en las “old charges”, el “perfeccionamiento del ser humano”. Cagliostro, fue, seguramente, el primero que se dio cuenta de que la masonería se había desviado hacia un camino erróneo (lo que no implica, por cierto, que el suyo propio fuera el “camino correcto”). Quiso imprimir un nuevo curso a las logias. Y fracasó de manera inapelable, como han fracasado todos los que, posteriormente, lo han intentado (desde Arturo Reghini, a los “masones guenonianos” y a sus logias, en la estela de su inspirador, René Guénon). Julius Evola, en esta cuestión de la masonería fue mucho más realista: cuando una organización iniciática se ha pervertido, ya nada puede rescatarla del reino de la confusión.

Marc Haven -como nosotros mismos y cualquiera que se haya acercado a la vida de Cagliostro con apertura de miras- sitúa el énfasis de su exposición biográfica en el procedimiento adivinatorio con “pupilos” y “palomas”, en sus innegables cualidades como médico y en los remedios por él ideados, que no eran simples “placebos”, en sus fondos, en algunos momentos casi ilimitados, en sus experimentos alquímicos en el laboratorio y, finalmente, en sus “previsiones” o, si se prefiere, “profecías”. Hay en la vida de Cagliostro elementos que no son reductibles a simples bufonadas, charlatanerías o engaños para ganarse a los crédulos. Destacarlos es la tarea que se plantea Haven, además, de liberar al personaje de todas las cargas de desprestigio, sino de odio, que le rodearon hasta su muerte, a veces procedentes de gentes que no lo comprendieron, otras originadas por envidias, algunas por resentimientos personales y, por supuesto, por los enemigos habituales de la masonería, especialmente por el papado y también por la monarquía francesa que le atribuyó un protagonismo mucho mayor del que tuvo en el “asunto del collar”. Haven trata de demostrar en todos estos casos que la carga de odio y resentimiento contra Cagliostro se asentaba sobre un terreno muy débil y que las fuentes de toda esa literatura -especialmente en el caso de la revista editada por Morante en Londres, el Courrier de l’Europe- estaba pagada por la monarquía francesa.

Haven apenas apunta una idea que resultó muy perjudicial, para Cagliostro. Tanto en el último tercio del siglo XVIII como en nuestros días, está muy extendida la idea de que cuando aludimos a “la masonería”, nos referimos a una organización unitario, homogénea y jerarquizada extendida por todo el mundo y que obedece a un solo centro mundial. Idea errónea donde las haya. Nada tan florido e, incluso, divergente, como las distintas corrientes masónicas. La masonería alemana, por ejemplo, en el siglo XVIII, era un caladero en el que querían pescar todas las corrientes ocultistas. La francesa, era un producto de la Ilustración y las “luces”. La inglesa, una reacción conservadora contra el desorden anterior. Para colmo, en la época en la que Cagliostro apareció como co-protagonista -completamente involuntario- del “asunto del collar”, no hacía mucho, había estallado, al otro lado del Rhin, la “conspiración de los Iluminados" de Adam Weishaupt y las monarquías (y el papado) se sentían amenazadas por la masonería… Pero Weishaupt y los suyos, trataban de reclutar miembros entre la masonería, y si se les puede calificar de alguna manera es de “masones heterodoxos”, cuyo vínculo con la masonería regular era bastante tenue.

A Cagliostro le pesó extraordinariamente su afiliación a la masonería. Todas las culpas que se le atribuían en la época a las logias, recayeron también sobre él. Pero, si hemos de ser sinceros, lo que no fue nunca, fue un “líder masónico mundial”, ese “maestro desconocido de la masonería”. Le recibieron en las logias de toda Europa y parecía conocer bien la temática masónica, pero pretendía algo muy diferente a la masonería convencional. En aquellos momentos de floración lujuriosa de “ritos” y “obediencias”, Cagliostro no aspiraba a sumar el suyo al resto de los existentes. En realidad, su Rito Egipcio rompía verdaderamente con el resto de los existentes en la época.

La Iglesia no lo supo entender así, ni el Rey de Francia. Veían a la “masonería” como un todo, sin percibir matices y, lo que es más importante, sin darse cuenta de que en el interior de las logias cabía de todo: católicos, ateos, deístas, indiferentistas, liberales, conservadores, nobles y resentidos sociales… En este contexto, la idea de Cagliostro de crear una estructura iniciática para el “perfeccionamiento del ser humano” era algo que quedaba ya muy lejos de las intenciones del masón medio que se afiliaba a las logias con la esperanza de mejorar su posición, o bien, entre los más concienciados, con la idea de sustituir el “antiguo régimen” por otro inspirado en el lema masónico “libertad, igualdad, fraternidad”. Cagliostro quiso aprovechar su filiación a la masonería para impulsar su proyecto mágico-hermético, pero sus desgracias procedieron de su identificación “Cagliostro = masón”. Y con mejor o peor intención, sus enemigos realizaron un razonamiento lógico perverso: “si Cagliostro es masón y la masonería es demoníaca, Cagliostro es un agente del diablo contra la cristiandad”. Otros, paradójicamente, afirmaban que Cagliostro era “agente de los jesuitas” que intentaban infiltrarse en la masonería para perderla… Y, sin embargo, hoy, para todo aquel que examine con calma los datos aportados en esta obra o en la de Photiadès, parece claro que cuando el Papa y Luis XVI se referían a la masonería, aquel ente al que aludían tenía muy poco que ver con el Rito Egipcio de Cagliostro.

    

El libro de Haven es una defensa apasionada de Cagliostro. Haven cree en los poderes de Cagliostro. Haven cree que llegó para rectificar los caminos de la masonería. Haven no cree en la identidad entre Balsamo y Cagliostro (y éste es, seguramente, el punto más débil de su trabajo). Pero, si vale la pena leer la obra de Haven es para darse cuenta de que los sujetos excepcionales -y Cagliostro lo era- no son cosa de un pasado remoto. Han estado presentes hasta el anteayer histórico. Hoy, cuando sabemos a dónde pueden llegar los medios de comunicación a la hora de desprestigiar a un personaje, podemos pensar que estas técnicas también estuvieron presentes en tiempo de Cagliostro. Era, ciertamente, un personaje incómodo y entra dentro de lo probable que masones regulares de un lado, católicos devotos de otro, le tuvieran miedo: atentaba contra los principios de ambos. Y juraron destruirlo. Lo consiguieron. Luego, escritores como Goethe, los Dumas, más tarde películas (como la protagonizada por Orson Welles en la que asumía el papel de Balsamo) y finalmente dibujos animados llegados de Oriente (El castillo de Cagliostro), mantuvieron la confusión sobre el personaje. Con la traducción al castellano de esta obra queremos servir al proceso de clarificación que precisa el personaje.

 *      *      *

Cabe decir, ahora, algo sobre el autor y su entorno.

No existe mucha información en Internet sobre “Marc Haven”, ni siquiera en francés. Hemos reunido los pocos datos que constan sobre él. La mayor fuente de informaciones sobre Haven es el libro de Víctor Émile Michelet, Les compagnons de la hiérophanie, una especie de catálogo del ocultismo francés del siglo XIX. Muchos de los citados habían sido amigos del autor en uno u otro momento de su vida y todo ellos figuraban en las filas de eruditos del ocultismo. Gracias al historiador romántico y republicano, sabemos que el verdadero nombre de “Marc Haven” era Emmanuel Marc Henry Lalande. “Marc Haven” sería, pues, su “nombre iniciático”. “Marc” como el resto del “hombre viejo”, lo que le recordaba su origen; en cuanto a “Haven” era el concepto que había encontrado en la obra de Apolonio de Tiana, el Nuctemeron, con el que éste designaba al “espíritu de la dignidad”.

Es fácil intuir como Marc Haven pasó de la lectura de Apolonio de Tiana a interesarse por la figura de Cagliostro: en efecto, ambos eran “nobles viajeros”. “La Tierra entera es mía, me ha sido dada para viajar”, había escrito Apolonio, y también: “La mejor forma de liberarse de las riquezas es usarlas para servir a la felicidad y a la virtud de los hombres”, o esta otra: “No le es posible al hombre no cometer errores: sólo un carácter noble reconoce haberlos cometido”. Seguramente, Haven había leído la biografía de Apolonio escrita por Filostrato y, en el momento en el que empezó a interesarse por Cagliostro se dio cuenta de los paralelismos entre ambas trayectorias. El propio Cagliostro a la inquisitiva pregunta del tribunal que lo juzgó: “¿Quién sois vos?”, había contestado “Soy un noble viajero”.

Tampoco se le escapó a Haven esos enriquecimientos súbitos de Cagliostro y su prodigalidad, tanto a la hora de curar enfermedades sin remuneración alguna y de realizar obras de caridad. Y esto contrastaba con la imagen que la Historia nos ha transmitido del personaje: estafador, charlatán, vividor, falsario… No hay ninguna biografía de Cagliostro -al menos, ninguna que contenga visos de credibilidad- en la que no aparezca como médico eficiente, que no se resalte su generosidad y en la que no se aluda a sus obras de caridad. A la vista de todo esto, Haven debió preguntarse con cuál de los dos personajes era el “verdadero”:  o bien el descarado, zafio, pendenciero y vividor, “Giuseppe Balsamo”, o bien el aristocrático, desprendido y caritativo “Conde de Cagliostro”.

La conclusión a la que llega Haven es que se trataba de dos personajes distintos y que solamente las necesidades de la Inquisición para justificar su proceso, los resentimientos que el justo siempre deja detrás de sí entre quienes son conscientes de su superioridad moral y consideran una afrenta el que se les recuerde su bajeza e iniquidad, la situación de la época (marcada por la Revolución Francesa y por las sospechas que generaba la acción masónica entre bastidores), todo ello contribuyó a que Cagliostro pasara a la historia con la peor de las imágenes. La obra de Haven, tiende, pues, a restituir el verdadero perfil del personaje.

No hay que olvidar, tampoco, que Haven, desde muy joven, se había interesado por el hermetismo y la tradición alquímica. No le cabía la menor duda de que Cagliostro había ejercitado el “noble arte de la alquimia” en el laboratorio. Menciona varias transmutaciones de mercurio en plata a los que asistieron personajes de relieve y a los que no era fácil engañar. Así pues, Cagliostro debía pertenecer a un “círculo de hermetistas” de no se sabe dónde. Porque, a fin de cuentas, en todos los “nobles viajeros” existe esa aura de misterio: nunca se sabe, ni su origen, ni su nombra verdadero, ni su edad. Sólo se sabe que, allí por donde pasan, tratan de hacer el bien. Era inevitable, para Haven, incluir entre los “nobles viajeros” a lo Rosacruces y ver en Cagliostro a uno de los “maestros ocultos” de esa hermandad.

A partir de todo esto, ¿puede extrañar que dedicara dos de sus mejores obras a la figura de Cagliostro? La biografía que prologamos ahora cubre todo el período desde en el momento en el que Cagliostro aparece como tal en la historia, hasta su muerte en la fortaleza de San Leo. La segunda obra, fue la recopilación de documentos y escritos (que tenemos intención de traducir y publicar en los próximos meses) entre los cuales destaca L'Évangile de Cagliostro.

Haven-Lalande había nacido en Nancy el 24 de diciembre de 1868. Era un tipo austero, físicamente delgado, con barba, atraído por la ciencia, pero también por lo fantástico, extremadamente intuitivo, erudito, deportista (practicaba el alpinismo y se sentía en las montañas -en especial en los Alpes- como en su propia casa). Durante su infancia y juventud viajó por toda Francia, allí donde los distintos destinos de su padre, llevaban a toda la familia. Ya instalado en París, fue un buen alumno de Medicina y alternó sus horas dedicadas al estudio con su participación en animadas tertulias.

En 1891, junto con un amigo, llegó a la Librairie du Merveilleux, de Lucien Chamuel quien, en torno suyo había creado un círculo de estudiosos del hermetismo. Haven se introdujo en él. Allí conoció al doctor Gérard d’Encausse, alias Papus, cuya obra estudió. Éste le presentó a Stanislas de Guaita, fundador de la Orden Cabalística de la Rosa Cruz. A diferencia de los grupos “ocultistas” posteriores, estas organizaciones y grupos, si bien estaban abiertos a todos los “buscadores”, prestaban especial atención a aquellos que estaban dotados de determinadas características “espirituales”: una intuición superior a la normal, una alta capacidad intelectual, un fino espíritu para discriminar realidad y posibilidad, de fantasía y alucinación, y, sobre todo, haber iniciado una “búsqueda espiritual”, tanto mediante en estudio como a través de la práctica.

Estas características se mantendrían en las décadas siguientes en este tipo de hermandades y, que nos conste, el Grupo de Ur, fue el último “círculo de estudios” que las practicó y exigió a sus miembros. Este dato es importante porque nos lleva de Cagliostro a Marc Haven y de Marc Haven a Arturo Reghini. Como se sabe, Reghini fue, junto con Julius Evola y Guido de Giorgio, el fundador del Grupo de Ur. En este círculo, fundado en la segunda mitad de los años 20 del siglo pasado, teoría y práctica, marchaban junto. Lamentablemente, los miembros del grupo que aspiraban a mantener con vida la francmasonería prohibida por el régimen fascista, se enfrentaron a los demás miembros poco o nada favorables a la masonería. El resultado fue la ruptura del grupo. Reghini encabezó a la fracción masónica y sus trabajos para rescatar la figura de Cagliostro fueron notorios tanto antes como después de la experiencia de “Ur”. Fue, precisamente, la lectura de la obra de Haven, la que inspiró a Reghini su búsqueda particular. En tanto que masón, y consciente de que el Gran Oriente italiano había caído a lo largo de su historia, en sucesivas desviaciones, vio en el proyecto regenerador de la masonería elaborado por Cagliostro con su Rito Egipcio, la posibilidad de rectificar los rumbos erróneos.

Al acabar la carrera en 1886, Haven realizó su doctorado sobre Arnaldo da Vilanova, en tanto que médico y alquimista. No ejerció la carrera durante varios años, ocupado por otros proyectos y, sobre todo por su “construcción interior” mediante la meditación y el estudio. Ya, por entonces, en el cerebro de Haven había nacido el interés por Cagliostro y, especialmente, por su Rito Egipcio. El propio Haven se había afiliado a la masonería y al Rito de Misraim, junto con otros ocultistas de su tiempo. Por entonces ya había adquirido un conocimiento profundo de la ora de Jacob Boheme, la cábala y la mística medieval, pero había alcanzado también un conocimiento profundo de otras tradiciones más remotas: de la India védica al Egipto de los faraones, de la filosofía presocrática a la escuela de Alejandría y de la gnosis cristiana de los primeros siglos, al rosacrucianismo y al neoplatonismo renacentista.

Orgánicamente, Haven y el pequeño grupo de amigos que lo rodeaban, habían evitado pertenecer a los grupos ocultistas de moda en aquellos tiempos. Eran espíritus libres, sin embargo, en el curso de sus búsquedas, se habían aproximado al martinismo, aun reconociendo que se trataba de una organización muy débil y poco implantada. Así que, si querían disponer de una organización ya estructurada que fuera capaz de constituir una caja de resonancia para sus experiencias, se vieron obligados a pensar en la masonería, tal como había hecho Cagliostro un siglo antes. Y dentro de la masonería, optaron por el Orden Oriental de Misraim que se presenta como la depositaria de la “alta iniciación” En París existía una Gran Logia Misrainita, fundada por la fusión de tres logios del rito que habían caído en la decadencia y debieron unirse para evitar su desaparición. El proyecto era muy similar al del Rito Egipcio: regenerar a la masonería y, con ella, a sus miembros, para lo cual era necesario introducir una estricta práctica personal, junto al simbolismo originario y a un desinterés por los asuntos mundanos (que tanto preocupaban a la masonería francesa durante ese período.

Casi siguiendo el periplo de Cagliostro, Haven residió durante un tiempo en Lyon, la capital francesa del ocultismo, en donde conoció al “Maître Philippe” que se convertiría en su guía espiritual y, de paso, en su suegro. En efecto, el 2 de septiembre de 1897, Marc Haven se casó con la hija del Maître Philippe y ejerció la medicina. Para éste, Cagliostro era una inspiración. Siete años después, su esposa murió y al poco tiempo, también se extinguió la vida de su suegro. Por entonces -eran 1905- ya había cortado cualquier vínculo con estructuras ocultistas organizadas. Tras la muerte del Maître Philippe, se había convertido en un buscador solitario. Y fue en este período en el que aparecieron sus obras sobre Cagliostro. En 1912 publicó el libro que ahora el lector tiene entre sus manos: Le Maître Inconnu: Cagliostro. Étude historique et critique sur la Haute Magie (París, Dorbon, 1912, gran in-8° con 330 págs).

Se volvió a casar, ahora con Marie Olga Chestakoff que se convertiría en compañera intelectual y emocional hasta su muerte. Se trasladó a Niza en donde abrió una clínica radiológica, hasta que, en 1924, con la salud ya muy quebrantada, ya jubilado, se instaló en la banlieu parisina. Allí lo visitó Chamuel, su amigo de juventud, de quien proceden los últimos testimonios sobre Haven.

Murió el 31 de agosto de 1926 en París. Su compañera Marie Lalande hizo trasladar sus restos al cementerio de Lyon, donde reposaban los cuerpos de Maître Philippe y de su primera esposa Victoire.

Barcelona, 18 de febrero de 2025


INDICE DE LA OBRA

Introducción del editor Cagliostro y Marc Haven, vidas paralelas

INTRODUCCIÓN Cagliostro y la Alta Magia

PREFACIO

CAPÍTULO I Primeros viajes — El aventurero

CAPÍTULO II Retrato — El impostor

CAPÍTULO III Londres, primera estancia — El estafador

CAPÍTULO IV Rusia — El hechicero
Mitau - San Petersburgo - Varsovia

CAPÍTULO V Estrasburgo — El empirista

CAPÍTULO VI Lyon — El charlatán
Masonería egipcia

CAPÍTULO VII París — El falso profeta

CAPÍTULO VIII Londres, segunda estancia — El explotador de la credulidad

CAPÍTULO IX Suiza y Roma — El profanador del único culto verdadero
Suiza — Basilea y Biel
Rovereto – Trento - Roma

CAPÍTULO X Observaciones sobre la vida y la muerte de Cagliostro.
El espíritu de las tinieblas

CAPÍTULO XI Giuseppe Balsamo y el Conde de Cagliostro

Epílogo: El maestro desconocido


CARACTERÍSTICAS

Tamaño 15 x 23

Páginas: 386

Impreso en papel blanco de 80 grs.

Cubierta en cuatricomía

Previo de Venta al público: 32,24 €

Compra en Amazon: EL MAESTRO DESCONOCIDO

Pedidos EMInves: eminves@gmail.com










sábado, 22 de febrero de 2025

LIBROS: VIDAS DE CAGLIOSTRO de Constantin Photiadès - Edición e introducción de Ernesto Milá

La primera referencia que tuve sobre el “Conde de Cagliostro” fue en una olvidable película de finales de los años 40, rodada en Italia en la postguerra que retransmitió aquella pequeña, pero casi heroica, Televisión Española a poco de iniciar sus emisiones. Orson Welles asumió el papel protagonista en una película, Cagliostro (1949), película en la que no creía, ni le interesaba, pero gracias a la cual pudo rodar otras mucho más interesantes. La película, muy mediocre, por lo demás, tiene el mérito de que sirvió como trasfondo para rodar en 2006 Fade to Black (Fundido en negro) en el que Danny Houston interpretaba al propio Welles y estaba ambientada en la Italia maltrecha y neorrealista donde se filmó la cinta de 1949.

La imagen que nos da Welles en su Cagliostro, es el de un gitano charlatán, estafador y vividor que terminó mal. Y esa, en el fondo, es una imagen muy parecida a la que se tiene hoy del extraño personaje. Creo recordar que, a principios de los años 70, volví a toparme con la figura de Cagliostro en alguna de las varias historias de la alquimia que leí en aquellos años. Y otra vez en París, volvió a llamarme la atención ver su nombre en una revista esotérica que compré en una librería de lance, dedicada a “los nobles viajeros”.

Y es que, cuando Cagliostro fue detenido en París y arrojado a la Bastilla, respondió en el curso de su proceso en el Parlamento, a la pregunta de “¿Quién es usted?” provocadoramente: “Soy un noble viajero”, que suscitó risas de solidaridad en el auditorio. Y, sin embargo, la respuesta era muy profunda, incompatible con la vida de un simple charlatán vendedor de remedios curalotodo.

Para René Guénon, el famoso doctrinario tradicionalista, los "nobles viajeros" tienen su origen en los héroes clásicos cuyas aventuras adquieren frecuentemente la forma de un viaje: Jasón y sus argonautas afrontarán mil peligros antes de alcanzar la Cólquida, Ulises, igualmente de la raza de los héroes, recorrerá todo el Mediterráneo hasta regresar a su amada Itaca; Hércules, paradigma de las virtudes heroicas, recorrerá el cosmos a través de sus doce trabajos o escalones de perfección.

También, es rigurosamente cierto que la alquimia está jalonada de "nobles viajeros". Nicolás Flamel el famoso alquimista francés, abandonó sus hornos y su oficio de escribano, se despidió de su mujer Perrenelle y viajó hasta Santiago de Compostela; a lo largo de su peregrinación comprendió el camino para fabricar la piedra filosofal. Otros muchos, después de él, han seguido idénticos periplos. Se conocen las cualidades viajeras de Alejandro Sheton, alquimista inglés, que fue llamado "El Cosmopolita", pero también de Valentín Andreae, Robert Fludd, Ireneo Filaleto y Bernardo, príncipe de la Marca Trevisana, alquimistas de los que están documentadas transmutaciones de plomo en oro, cruzaron Europa de Norte a Sur y llegaron incluso al Medio Oriente. Del último se sabe que visitó Italia, España, Turquía, Grecia, Egipto, Palestina y Persia, en una época en la que la dureza de los caminos y la dificultad de comunicaciones no favorecían ninguna empresa viajera.

Los auténticos rosacruces, por su parte, asumieron los valores inherentes al “viaje iniciático”. Del fundador de esta escuela, el mítico Christian Rosenkreutz, se afirmó que había conocido Chipre, Damasco, Fez, Egipto y España. También circuló la leyenda según la cual, antes de iniciarse la guerra de los Treinta Años, los últimos auténticos rosacruces habrían emigrado "hacia Oriente" a un punto que se identificaba con el mítico reino del Preste Juan al que aludían los relatos del Grial.

El más famoso "noble viajero" de la antigüedad no fue otro que Apolonio de Diana. Su biografía se conoce a la perfección gracias a Flavio Filostrato en la que presente a Apolonio como un santo pagano, contemporáneo de Jesús y con rasgos muy parecidos. Como Jesús sorprende a los sabios, no del Templo de Jerusalén, sino del Templo de Esculapio en donde es iniciado en los misterios pitagóricos; si Jesús viaja a Egipto, Apolonio lo hace a Babilonia, India y Tíbet; Jesús es juzgado, condenado, muerto y resucita. Apolonio abrevia este periplo; juzgado, exclama ante el tribunal: "Podéis detener mi cuerpo, pero no mi alma y añado, ni siquiera mi cuerpo podéis detener"; al decir estas palabras desapareció envuelto en un cegador resplandor...

El caso de Apolonio es particular por la abundante documentación que existe sobre él, pero no fue el único caso. Demócrito, iniciado en los secretos de la alquimia por los sacerdotes egipcios, movido por su ansia de conocimiento viajó a Egipto y Caldea. Pitágoras, otro "noble viajero" a medio camino entre la historia y el mito; en las Galias conoció la sabiduría druídica, en Persia fue instruido por el mago Zaratas; se afirma también que sus desplazamientos le llevaron a India y China. Tales de Mileto, otro de los grandes presocráticos, fue formado al calor de los templos egipcios y caldeos.

Más recientemente, en el siglo XVI, el médico alquimista Teophrastus Bombast Paracelso, miembro de la orden rosacruz, adquirió conocimientos por las rutas de Francia, Austria, Alemania, España y Portugal, y permaneció largos años en el Este europeo, recorriendo Valaquia, Dalmacia, Rusia, Polonia, Lituania; su afán de saber le llevó incluso a Turquía. Otro alquimista Balthasar Walter se instruyó durante de seis años en las ciudades de Arabia, Siria y Egipto.

Los grandes sabios de la antigüedad consideraban el viaje como una oportunidad excepcional para absorber conocimientos de los lugares que visitaban. Probablemente su sabiduría derivaba de este espíritu viajero.

Con el Renacimiento aparecen los descubridores y grandes conquistadores de los que Francisco Pizarro es el arquetipo. Se trata, más que de héroes, de aventureros en el sentido propio de la palabra; no son "guerreros" sino "soldados" (es decir, los que luchan por la "soldada", el sueldo). El viaje no es para ellos una pedagogía educativa o un recorrido iniciático, sino una aventura tan intensa como lucrativa.

Quizás fuera aquel heroico soldado de Lepanto, Miguel de Cervantes, quien escribiera la mejor descripción de lo que era un “noble viajero”, representado por su Quijote: "Soy caballero. Como tal viviré y moriré si place al Altísimo. Marcho por el sendero estrecho de la Caballería errante, despreciando las riquezas, pero no el honor. He vengado las injurias, he enderezado entuertos y castigado insolencias. No tengo intención que no sea recta y no intento más que hacer el bien a todo el mundo. Un hombre que piensa, un hombre que actúa de esta suerte, ¿merece ser tratado de loco? Os lo pregunto a Vuesas Mercedes".

Todavía aparecerán algunos nobles viajeros, a título póstumo en los siglos XVII y XVIII. El misterioso conde de Saint-Germain será uno de ellos; Giuseppe Balsamo, conocido como conde de Cagliostro, muestra ya rasgos problemáticos y rasgos propios del charlatán rufianesco y desaprensivo. Y así aparece interpretado por Orson Welles. Yo mismo lo consideré hasta hace poco.

*     *     *

Recientemente -en 2024- traduje una selección de ensayos escritos por Arturo Reghini en los años 20 y 30 del siglo XX, que EMInves publicó con el título de Escritos sobre masonería, hermetismo y simbolismo. Reghini, miembro cofundador del Grupo de Ur y maestro de la masonería italiana, puede ser considerado como una “opinión autorizada” en toda esta temática. Además de ser un gran erudito y un hombre sistemático y riguroso en sus estudios, nunca fue un masón gregario y oportunista: en realidad, quería rescatar a la masonería de los procesos de degradación que había sufrido a partir del siglo XVIII y ponía los puntos sobre las íes en los grandes hitos de esta desviación. Su opinión, merecía ser tenida en cuenta y sus puntos de vista eran dignos de ser considerados. En dicho volumen, dos ensayos giraban en torno a la personalidad de Giuseppe Balsamo, también conocido como “el Conde de Cagliostro”.

Reghini demostraba tener en alta consideración al personaje. A fin de cuentas, con su Rito Egipcio, Cagliostro había pretendido reorientar a la masonería de su tiempo; incluso, a través del Cardenal de Rohán, trató de que el Vaticano lo reconociera y lo pusiera al margen de las interdicciones papales que se habían arrojado contra la masonería inglesa y francesa. Se entendía bien que Reghini, que, en el fondo, también había pretendido ser un “reformador de la masonería” (e incluso había creado el Rito Filosófico Italiano) se identificara con la figura de Cagliostro.

Reghini comentaba que algunas de las acusaciones contra Cagliostro durante el proceso que le incoó en Roma el Santo Oficio, habían quedado en el aire (la cuestión de “los pupilos” y “las palomas” y el método adivinatorio que le llevó a formular predicciones que, efectivamente, se cumplieron). No mencionaba, en cambio, las curaciones que había logrado administrando fármacos ideados por él (un tema en el que el autor de la presente obra que estamos prologando, si incide casi de continuo).

Todos estos elementos fueron suficientes como para que reconsiderase la figura de Giuseppe Balsamo (a) “Conde de Cagliostro”. Tras la lectura de dos obras -Vidas de Cagliostro de Constantin Photiadès que el lector tiene entre sus manos y Cagliostro, el maestro desconocido de Marc Haven (que aparecerá a finales de febrero de 2025 en esta misma colección- creemos que estamos en condiciones de plantear una nueva valoración del personaje. Hay que decir, que, estas dos obras son el resultado de dos prodigiosas investigaciones, del hurgar de dos autores, cada uno por su parte, en documentos olvidados y archivos casi inéditos, con la particularidad de que el estudio de Marc Haven, está realizado por un partidario acérrimo del personaje (Haven, seudónimo de Emmanuel Lalande, había sido miembro de la masonería, formaba parte del entorno más cercano al ocultista Papus y era yerno del “Maître Philippe de Lyón”, además de ser miembro de la dirección de la Orden Martinista). Por su parte, el estudio de Photiadès, es irreprochablemente neutral: el personaje no sale bien parado, desde luego, pero las informaciones que aporta son tan contundentes que resulta inevitable, a poco que se medite sobre lo leído, que el “enigma Balsamo-Cagliostro” no se agota afirmando lo evidente, que se trataba de un charlatán. Era algo más.

No vamos a examinar las transmutaciones de mercurio en plata que varios testigos presenciaron. Nos detendremos solamente en las curaciones y en las visiones precipitadas sobre sus “pupilos” y “palomas”. Las curaciones fueron incuestionables. Y no puede afirmarse que les administraba meros placebos. Sus “gotas amarillas” y sus “gotas blancas”, sus “polvos rosa”, fueron efectivos en numerosos casos de los que hay constancia y testimonios sobrados. También realizaba fármacos con elíxires vegetales. No desdeñaba experimentar en el laboratorio y pasar horas quemando carbones en el athanor.

La sensación que da es que alguien le había introducido en las prácticas espagíricas (alquimia realizada con elementos vegetales) y en procesos alquímicos clásicos. El propio Balsamo-Cagliostro aludió durante su proceso en París que había conocido a un “sabio”, al que llama “Althotas”, en Oriente; éste lo había tratado como un hijo y que le enseñó todo lo que sabía. También alude, en otras ocasiones, a determinados libros desconocidos de recetas y formularios de los que extraería lo esencial de sus remedios espagíricos. No consta de él ninguna transmutación de plomo en oro, sino, pero sí de mercurio en plata.

Es cierto que no siempre estos remedios “funcionaban”. Algunos enfermos sanaban permanentemente, otros recaían al cabo de unos días o meses y, alguno, murió poco después sin experimentar ninguna mejoría. Lo mismo que ocurre hoy con la ciencia médica… Pero, algunas curaciones fueron tan sorprendentes como varias de sus visiones proféticas o de sus simples predicciones.

Luego está el tema de los “pupilos” y las “palomas”. Se trataba de niños menores de 10 años (aunque también utilizó, como mínimo, a una adolescente de 15) que, “veían” en el vidrio de una damajuana llena de agua, escenas que tenían como protagonistas a personajes sobre los que Balsamo-Cagliostro les preguntaba. Solo estaban en condiciones de tener estas visiones después de que él formulara un ritual en el que no faltaban fórmulas imperativas. Y nadie, ni siquiera la Inquisición, pudo establecer en qué se basaba el método de adivinación, ni él tampoco le confesó siquiera a su compañera, Lorenza Feliziani, cómo obtenía visiones proféticas de niños (“pupilos”) y niñas (“palomas”) con los que nunca antes había tenido relación. La Inquisición se conformó con pasar de soslayo este episodio e interpretarlo como una “intervención demoníaca”. Pero las cosas no son tan simples: nada más lejos de “la niña del Exorcista”, estos “pupilos” y “palomas” que nunca dieron muestras de alteraciones de carácter, comportamientos estrábicos o síntomas de posesión.

Y, puestos a buscar elementos extraños en la vida de Cagliostro, la mencionada Lorenza Feliziani, es quizás uno de los más perturbadores. Le acompañó durante casi toda su vida e hizo de ella la Gran Maestre de sus logias de adopción (logias femeninas), a pesar de que conoció a mujeres más bellas, mucho mas inteligentes (hasta su encierro en la Bastilla, la Feliziani no aprendió a leer) y con mucho mas carácter y habilidades sociales. Su comportamiento con ella oscilaba entre lo rufianesco y el amor más arrebatado; no era, en el fondo, ni una víctima ni una cómplice. Era, más bien, un “instrumento” del que no podía prescindir, como Nicolás Flamel no había prescindido de su esposa Perrenelle, ni como Dante prescindió de su Beatriz, ni el caballero de su Dama. Ni siquiera, cuando era consciente de que Lorenza había entrado en contacto con la Inquisición para perderle, renunció a ella.

El lector, a medida que avance en estas páginas, se irá dando cuenta de que los datos que Constantin Photiadès presenta, son, en muchas ocasiones, contradictorios, pero siempre enigmáticos. Hay un “misterio” en el personaje que dista mucho de estar resuelto. Con la obra de Haven ocurre otro tanto, a pesar de que ambas, siguen caminos que raras veces se cruzan.

Sin embargo, creemos estar en condiciones de dar presentar una tesis de conjunto (que Reghini no estuvo en condiciones de culminar a causa de su fallecimiento y que Haven no intentó por su tendencia a ver en Balsamo-Cagliostro, al anhelado y venerado “maestro desconocido” de los martinistas.

De alguna manera, ya sea a través del misterioso “Althotas” o de algún otro personaje con el que tuvo contacto durante su juventud y sus viajes, Balsamo-Cagliostro debió conocer antiguas técnicas de alquimia espagírica, magia operativa y técnicas de ascesis, lo suficientes como poder operar en el laboratorio y obtener remedios y elíxires con cierta capacidad de regeneración. Es posible, también, que estos conocimientos los obtuviera de algún manuscrito del que hay trazas -como comprobará el lector- en su biografía. Debió realizar una etapa de aprendizaje que, o bien se interrumpió por el fallecimiento de sus maestros (como cuenta en relación a “Althotas”), o simplemente, porque no estuvo en condiciones de liberarse de todas las ataduras humanas y materiales necesarias para abordar los trabajos alquímicos.

Balsamo-Cagliostro vivió en su propia carne el drama de aquellos que intentan abrir una puerta que les ponga en contacto con la trascendencia, pero no logran superar ni sus instintos, ni sus voliciones, ni sus tendencias “humanas demasiado humanas”. Se quedó a medio camino, en un terreno en el que consiguió algunos efectos sorprendentes que no están al alcance del común de los mortales, pero muy lejos de la meta final a la que tiende la enseñanza: la regeneración total del ser humano y la unión con lo absoluto. En todas las tradiciones hay testimonios de este tipo. En el antiguo brahamanismo se alude a que aquellos que han realizado progresos espirituales, pero a partir de un determinado momento ya no son capaces de avanzar más, se les cierra la puerta a estadios superiores y quedan convertidos en “magos negros” o bien en sujetos que logran algunos efectos sorprendentes en el mundo físico, pero también con graves carencias, lagunas y desequilibrios interiores.

Estos elementos negativos están muy presentes en la vida de Balsamo-Cagliostro. Son los que conforman la peor fama del personaje, junto a otros que cabría casi definir como “milagros” y que denotaban un profundo conocimiento de la salud, la enfermedad, las virtudes de las plantas y la forma de operar en el laboratorio, o bien cómo obtener visiones proféticas, mediante niños y niñas “puros”.

En la biografía que nos presenta Constantin Photiades, cabe decir que su título se corresponde perfectamente a lo que el lector está a punto de leer: no podemos hablar de una “vida” del personaje, sino, en plural, de varias. Una era la del individuo nacido en el sur de Italia, “Giuseppe, el pecador”, como quería que lo llamaran sus carceleros en el último tramo de su vida. Era ésta la de un charlatán, con poca compostura, escasa moralidad, tendencia a cometer los actos más réprobos y sin escrúpulo alguno; como nació, murió, mitómano, con rasgos de locura y cinismo; carne de horca y habitual de las prisiones. Pero, junto a este sujeto desagradable y zafio, existía otro, “el Conde de Cagliostro”, uno de los nombres que utilizó: refinado, hábil en el laboratorio, entregado a los demás, que curaba a los pobres sin exigirles pago alguno, que se codeaba con la más alta aristocracia europea, hábil conversador, erudito y cultivado, capaz de operar efectos contrarios a las leyes de la física y de la lógica, excitar en niños videncias y realizar sorprendentes gestos de ecuanimidad, generosidad y justicia.

No hay “una” vida de Cagliostro, hay “varias”, como sugiere el título de esta obra. Y estas personalidades estaban en lucha: unas veces, salía a la superficie una y eclipsaba a la otra; en unos momentos de su vida, estafaba, en otros realizaba prodigios, en unos aparecía como un rufián, en otros como alguien dotado de las más altas cualidades humanas. Tenía proyectos altruistas que, eran eclipsados poco después o se alternaban, con iniciativas desaprensivas y moralmente inaceptables e impías. Era capaz de engañar con la misma facilidad con que proclamaba verdades eternas. O, por decirlo de otra manera: a veces, era Giuseppe Balsamo quien “poseía” al Conde de Cagliostro y en otras ocasiones aquél era poseído por éste. Las últimas imágenes que Photiadès nos da sobre su estancia en prisión demuestran que estos dos personajes se fueron alternando hasta el fin de sus días.

Estos rasgos anómalos podrían ser interpretados como un simple desdoblamiento de personalidad, si no fuera porque esas prácticas implicaban también cambios bruscos en los hábitos de vida (pasar comidas opíparas a ayunos y maceraciones prolongadas) que acompañan también a las dos vías que “poseían” al personaje, facultades videncia y de magnanimidad indudables acompañadas de comportamientos erráticos, vulgares, ególatras y fatuos. Todo esto derivaría de prácticas y enseñanzas incompletas, o cuyo seguimiento no se ha llevado hasta el final o de una “vía” cuyo recorrido se ha interrumpido o, finalmente, en la que se ha fracasado.

Tal es nuestra interpretación personal sobre el personaje; digamos ahora algo sobre este libro y su autor.

Constantin Photiadès (1882-1949), nació en Atenas, pero vivió toda su vida en París donde estudió filología clásica. Colaboró en prestigiosas revistas franceses de su tiempo, acompañado de una fama de eruditos e historiador sistemático: Revue de París, Revue hebdomadaire, Revue de deux mondes, Le Figaro Littéraire, etc. Estaba emparentado con la condesa Anna de Noailles y sirvió a Francia durante las dos guerras mundiales, cumpliendo misiones como aviador en Oriente Medio. Recibió por sus obras históricas y por sus novelas, varios premios de la Academia Francesa.

Las Vidas de Cagliostro fue escrita en 1932 y publicada en París por Bernard Grasset. Cinco años después, se tradujo al castellano por Jaime Pasarell para la Editorial Apolo de Barcelona. Se lanzó a las pocas librerías que seguían abiertas en mayo de 1937. Es casi increíble, sino milagroso, que en plena guerra civil y en medio de la guerra civil que estaba teniendo lugar dentro del bando republicano esos mismos días, este libro pudiera ver la luz. Obviamente, a pesar de lo cuidado del texto y de lo refinado de la traducción, el libro no tuvo la menor repercusión, como podía suponerse desde el primer momento. No hemos encontrado ninguna mención al mismo en la prensa de la época, muy preocupada en explicar cómo era posible que anarquistas y comunistas combatieran en los pisos del edificio de la Telefónica en Plaza de Cataluña y desde los tejados de Barcelona, generando en una semana más muertos que durante la insurrección del 18 de julio de 1936. Sólo algunos interesados en la vida de Cagliostro, habitualmente miembros de distintas obediencias masónicas, se interesaron por la obra que hoy puede conseguirse con relativa facilidad en el mercado de ocasión.

Por nuestra parte, hemos decidido rescatar la obra del olvido, respetar la traducción, corriendo y actualizando aspectos del lenguaje que en los 77 años que han transcurrido desde su publicación han cambiado radicalmente. Hemos colocado como “Notas del Editor” [NdE], explicaciones a algunas palabras hoy en desuso en nuestro idioma y que servirán para facilitar la lectura de esta obra.

Sugerimos, finalmente, para los interesados en la materia, la comparación de esta obra con la de Marc Haven Cagliostro, el maestro desconocido y que, sin duda, es el complemento a esta biografía, escrita desde un punto de vista radicalmente diferente.

Barcelona, 25 de enero de 2025

Ernesto Milá

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

I. EN ROVERETO

II. LA NOCHE DE CLEMENTINO VANNETTI

III. EL QUIOSCO CHINO

IV. SEGÚN PLANUDIO

V. AVENTURAS DE GIUSEPPE BALSAMO

VI. EL COLLAR DE LONDRES

VII. LOS VIAJES DEL CONDE DE CAGLIOSTRO

VIII. TRES AÑOS EN ESTRASBURGO

IX. EL GRAN COPTO Y LA GRAN MAESTRA

X. EL COLLAR DE LA REINA

XI. POR TODAS PARTES SE VA A ROMA

XII. UNA PRISION EN EL CIELO


CARACTERÍSTICAS

Tamaño: 15x23 cm.

Páginas 445

Portada en cuatricomía,

Impreso en papel blanco de 80 grms.

Pedidos Amazon: VIDAS DE CAGLIOSTRO

Pedidos EMinves: eminves@gmail.com

P.V.P. 36,40 €









viernes, 10 de junio de 2016

El Gran Oriente de Francia se reúne… en Zaragoza


Este fin de semana se reúne en el Hotel Goya de Zaragoza el Gran Oriente de Francia. La noticia es curiosa porque habitualmente se cree que todos los masones de un país están adscritos a alguna Gran Logia Nacional de ese mismo país. Y no es así. Eso explica, por ejemplo, que cuando se dice que en la Gran Logia de España o en la Gran Logia Simbólica de España, no existen masones que tengan una notoria relevancia social y política, eso quiere implica que la masonería española no tiene a ningún personaje influyente. En realidad, no es así: por ejemplo, en España existen masones –nacidos en nuestro país- adscritos a “obediencias masónicas” extranjeras.

Los más selectos y discretos son miembros de la Gran Logia Alpina (suiza) que garantiza mucha más confidencialidad y, especialmente, buenas relaciones para los negocios. Pero también otras logias masónicas europeas acogen a masones españoles y, a la inversa, masones extranjeros pertenecen a la Gran Logia de España. Ernest Lluch, el político del PSC asesinado por ETA pertenecía a una logia francesa. A la inversa, la Logia Ramón Llull de Palma de Mallorca y casi cuarenta logias más de la Gran Logia de España están compuestas por ingleses residentes en nuestro país, especialmente en Levante, Baleares, Canarias y Andalucía. Existe, incluso dos logias danesas (en Nerja y en Fuengirola, Málaga) , dos holandesa (en Teulada y en Alfaz del Pi, Alicante), una francesa (la Nova Scotia en Figueras, Gerona), dos alemanas (en Fuengirola y en Rojales) e incluso una logia portuguesa itinerante (la Logia Encontros).

lunes, 6 de junio de 2016

CUBA Y LA CONSPIRACION MASÓNICO-BOLCHEVIQUE


La logia masónica Los Maceo abrirá sus puertas en La Habana el próximo 14 de junio. Lleva el nombre de una de las familias que más se comprometieron con la independencia cubana en el siglo XIX. La noticia es doblemente llamativa porque hacía 84 años que no se abría una nueva logia masónica en Cuba y porque, tradicionalmente, la isla ha sido el único país comunista que ha permitido la actividad masónica.

En rueda de prensa, los “venerables” de la logia Los Maceo explicaron el origen de la masonería en Cuba. Debió ser hacia mediados del siglo XVIII cuando aparecieron los primeros masones en la isla. Fueron franceses que se trasladaron a vivir a Cuba quienes llevaron el mensaje masónico a la isla. Estos masones franceses procedían de Haití en donde huyeron al producirse la sublevación de los independentistas africanos. En Haití funcionaban varias logias masónicas que pasaron a Cuba hacia el año 1798. Después de un interregno oscuro, durante la primera mitad del siglo XIX, la masonería volvió a reaparecer en Cuba de la mano de “indianos” (españoles que iban a vivir y trabajar en la isla) y de la mano de la población criolla.

lunes, 23 de mayo de 2016

MASONERÍA DE VALENCIA A PALENCIA


Valencia ha acogida una reunión de la masonería española el pasado fin de semana. Trescientos masones de la Gran Logia de España y de su Gran Consejo Rector,  se han reunido aprovechando para visitar el histórico edificio de la Lonja. Asistieron masones de Canarias, Mallorca, Alicante, Madrid, Guadalajara, como invitado, el Gran Maestre de la Masonería de Marruecos. La reunión fue presidida por el anfitrión, el Gran Maestre de la GLE, Óscar de Alfonso. La noticia llega el mismo día en el que se ha publicado también la novela “Don Quijote iniciado” escrita por el abogado Guillermo de Miguel Amievaha. El argumento nos muestra a Cervantes iniciado en una logia. La presentación de la novela tuvo lugar en el Café Librería Ateneo convocado por la tertulia Paco Vighi de Palencia. El autor es miembro de la Logia Paz y Conocimiento nº 119  que “levantó columnas” en septiembre del año 2000. El autor es una de las pocas personas que reconoce públicamente en Palencia.

viernes, 13 de mayo de 2016

HOY NO VA A SER UN GRAN DÍA (13.05.2016)



TINTÍN Y LOS COCHES O POR QUÉ LAS AVENTURAS DE TINTIN NOS SIGUEN FASCINANDO
¿Quién no conoce el célebre Fort T de Tintín en el Congo, o el famoso Jeep azul de la cubierta de Objetivo: la Luna, o incluso el pequeño Bugatti rojo de Abdallah? Hergé era un fanático de los coches y colocó a los que había tenido a lo largo de su vida en las aventuras del personaje que creó. Ese elemento contribuye a que los personajes y las aventuras de Tintín estén muy próximos al documental. Dentro de unos siglos, cuando se quiera tener una idea clara de cómo fue el siglo XX, una de las fuentes documentales serán los relatos de Hergé. Desearíamos que algún cómic actual hubiera tomado el relevo de la “línea fina”, pero el estilo es demasiado difícil de copiar y el método de trabajo de Hergé resultaría hoy anti-económico… Las aventuras de Blake y Mortimer, de Bob de Moor y Jacobs, o los cómics de Roberto Giardino (“Las aventuras de Max Friedman”) o la revista Caira fueron los últimos coletazos del género. Todo esto viene a cuento de que se ha publicado Tintín y los coches en donde se incluye todo lo que puede saberse del tema. De lectura recomendada para tintinófilos.